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El crecimiento económico mata

 Iñigo Antepara - Desazkundea y Gasteiz en Transición

Contra el crecimiento económico se han dicho algunas cosas; que en vez de servir para distribuir la riqueza generada se termina acumulando en pocas manos, que nos ha llevado a toparnos con los límites físicos del planeta… pero además, en España (y en otros países capitalistas) en épocas de expansión muere más gente que en épocas de crisis.

No en todas las ocasiones, pero lo que suelen mostrar las investigaciones es que la mortalidad general aumenta en épocas de expansión y se reduce en momentos de crisis (Dávila y López-Valcárcel, 2009). La política social (la educación infantil, la calidad de vida familiar, la calidad del empleo, política salarial, etc.) es clave para que esto sea así, o no. Pere Boix lo explica muy bien en su artículo de Viento Sur, “Toxieconomía y salud en tiempos de crisis”. Por ejemplo, en la Gran Depresión la mortalidad general cayó un 10% (la ley seca estaba en vigor), mientras que en el caso de la desintegración de la URSS se incrementó en un 20% (los cambios fueron muy rápidos, y el alcohol no estaba prohibido). En la crisis del sudeste asiático de los 90, la mortalidad se incrementó a corto plazo en Tailandia e Indonesia, pero no experimentó cambios en Malasia (“casualmente” no siguió las indicaciones del Banco Mundial). 

No hay ninguna duda (científica) de que las crisis económicas generan situaciones de riesgo que afectan de forma selectiva a las personas pertenecientes a los grupos más vulnerables: desempleados, pobres, minorías étnicas, madres que viven solas –y sus hijos- personas mayores o discapacitadas. Tampoco hay duda de que la desocupación está relaciona con un aumento de la mortalidad. En parte debido a que se cae en factores de riesgo al estar desempleado: mala alimentación, tabaquismo, y consumo de alcohol y de drogas. El desempleo provocaría en Europa 5,4 muertes por enfermedad cardiovascular por cada 100.000 habitantes por cada 1% de incremento del paro. También empeora la salud mental. Un estudio reciente señala que el aumento del 3% de desempleo en Europa irá aparejado con un aumento del 4,45% de muertes por suicidio. Además, la salud autopercibida empeora, aumentan días con problemas de salud, las migrañas, y hay más trastornos del sueño. Pero en épocas de crisis como la que vivimos, en el otro lado de la balanza pondríamos un descenso de la incidencia de lesiones de origen laboral y de tráfico.

Independientemente de si hay crisis o no, en opinión de Peter Butterworth, miembro del Centro de Investigación de Salud Mental de la Universidad Nacional de Australia, un mal empleo es tan malo para la salud como el paro. Estamos entonces sometidos a una variedad de riesgos como son: jornadas extenuantes, altos ritmos de trabajo, bajo control sobre la tarea, amenazas de despido, condiciones ambientales nocivas y alta exposición a situaciones peligrosas. Así, el impacto en la salud va desde la fatiga crónica con altos niveles de estrés, que conlleva padecimientos crónicodegenerativos y cardio-vasculares –infarto, hipertensión y diabetes–, el incremento de intoxicaciones y cáncer, hasta el aumento de accidentes.

En épocas de expansión, el trabajo asalariado bueno o malo es un elemento determinante de la vida de las personas: estrés y siniestralidad laboral, presión del tiempo de trabajo, reducción de las horas de sueño y de ocio… El karoshi o muerte súbita por exceso de trabajo, un fenómeno bien estudiado en Japón, sería un ejemplo extremo en este sentido. El exceso de trabajo actuaría también en detrimento de las relaciones familiares y sociales, reduciendo el apoyo social, un elemento de primer orden para la salud integral. El aumento de la densidad de tráfico en épocas de crecimiento económico explicaría el aumento de la mortalidad por accidentes de tráfico que es una de las asociaciones estadísticas más significativas que se detectan en todos los estudios. Además, la expansión económica no sólo incrementaría el riesgo de muerte en personas anteriormente sanas, sino que también lo hace en el caso de los enfermos crónicos. La asociación entre estrés, descenso de la inmunidad y enfermedades transmisibles, explicaría el aumento de la mortalidad infecciosa en enfermos crónicos. La contaminación industrial y por tráfico es también un factor condicionante en la mortalidad de enfermos crónicos. Se han demostrado efectos adversos del ruido en la salud cardiovascular. También se ha relacionado la expansión económica con hábitos menos saludables como mayor consumo de grasas, incremento del consumo de tabaco y alcohol en el conjunto de la población, o reducción del ejercicio físico, todo lo cual se relacionan con enfermedades crónicas a largo plazo.

Estudiado el caso de España (datos del período 1980-97, Tapia Granados (2005)) se ha cuantificado esta relación inversa entre paro y mortalidad afirmando que un aumento del 5% en la tasa de paro estaría asociado a una reducción de alrededor del 0,5% en la mortalidad general de la población. Podríamos decir, tal como afirma el propio autor, que un aumento del 5% en el paro “salvaría” unas 1800 vidas. O de forma resumida, las crisis del capitalismo matan, pero sus expansiones mucho más.

Evidentemente, no se trata de defender el desempleo (¿quizá sí frente a subempleos?). La relación entre desempleo y mortalidad para el conjunto de la población es de signo contrario a la que se da para la mortalidad de una persona individual desempleada. Los desempleados tienen individualmente más factores de riesgo de enfermedad y muerte. Pero en una expansión económica aumenta el estrés y la siniestralidad laboral, etc. y con ellos la mortalidad general de la población. La paradoja del aumento de la mortalidad en épocas de crecimiento pone en cuestión el argumento lineal de que el progreso económico es siempre una fuente de bienestar.

Para el mundo cooperativo, seguro que es digno de estudio el hecho de llegar a socio, por ejemplo, que confiere mucha seguridad personal y por tanto mucho menos estrés. Pero, sería también interesante saber los índices de accidentabilidad, para saber si es similar a empresas capitalistas por haber importado sus sistemas de producción (trabajo por objetivos, etc.), o indicio de autoexploración. O si la morbi-mortalidad está relacionada con el índice de la valoración.

BIBLIOGRAFIA

Dávila C. D., López-Valcárcel, B. G. “Crisis económica y salud”, Gaceta Sanitaria 23 (4) p. 261-265 (2009)
Boix, P., “Toxieconomía y salud en tiempos de crisis”, Viento Sur 120, Enero 2012
Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, “Los efectos del desempleo sobre la salud”, Febrero de 2012
EFE, “Un mal empleo, tan malo para la salud como el paro”, 14 de Abril de 2011
Tapia Granados, J. A., “Recessions and mortality in Spain, 1980-1997”, European Journal of Population 21 p. 393-422, 2005

Este artículo se publicará en el número 32 de la revista Ahots Kooperativista

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