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El miserable humanitarismo del desastre


"En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca (...) La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.”

Eduardo Galeano


Estados Unidos ha movilizado su poderío militar nuevamente en 2010 y miles de soldados han llegado a Haití, no empuñando sus armas como en 1994, ni formando los escuadrones de la muerte ‘tonton-macoute’, sino cargados de ayuda y con el compromiso de apoyar las tareas de rescate de víctimas y la reconstrucción de la nación luego del terremoto del pasado martes.

Los EEUU que no ayudaron a su propia población cuando la catástrofe ocasionada por el huracán Katrina, se precipitan en una invasión militar disfrazada de ayuda humanitaria.

Se está instrumentalizando un supuesto estado de caos en Haití, al que también podría contribuir la premeditada descoordinación en la distribución de la ayuda humanitaria. El objetivo aquí sería el de crear una imagen de caos y violencia que justifique la invasión ante la opinión pública, y para eso hay que contar con la colaboración estrecha de los grandes medios de información

El objetivo según Heritage Foundation (una fundación o "think-tank" de la elite de la clase dominante estadounidense que formula las políticas e ideologías implementadas por los gobiernos de turno) sería:

"En medio del sufrimiento, la crisis en Haití ofrece oportunidades a EEUU. Además de proporcionar ayuda humanitaria inmediata, la respuesta de EEUU ante el trágico terremoto ofrece la oportunidad para reestructurar el gobierno y la economía de Haití, disfuncionales desde hace tiempo, además de mejorar la imagen de EEUU en esa región"

El pueblo haitiano ha demostrado un alto grado de solidaridad, coraje y compromiso social, ayudándose unos a otros y actuando con conciencia: bajo condiciones muy difíciles, inmediatamente después del terremoto, se formaron espontáneamente equipos de rescate formados por diferentes grupos de personas.

La militarización de las operaciones de ayuda debilitará las capacidades autoorganizativas de los haitianos, y su talento para crear nuevas condiciones de vida. No cabe duda que el apoyo mutuo, en estos momento de dolor, es la receta que mejor cubriría las necesidades personales y materiales del pueblo haitiano.

La realidad


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Las personas intentamos acercarnos a la “realidad” para comprender el mundo en que vivimos, a través del entendimiento, la intuición, el arte, la poesía, la religión, la mitología, la filosofía, la ciencia, …

Cuando intentamos aproximarnos a esta “realidad”, nos encontramos con que cada una de nosotras vive una 'forma de estar en un lugar' que nos proporciona nuestro 'yo', 'lo que somos'; y este 'yo', y este 'lo que somos' es una construcción histórica que empezó con la aparición del Universo.

Este devenir nos configura a nosotras, a la vez que a nuestra “realidad”; con lo cual es imposible construir un 'afuera' para poder ver una 'realidad objetiva'. Entonces podemos convenir que vivimos múltiples realidades, en las cuales habitamos todas las personas.

Nombrar “la realidad” que percibimos es un acto subjetivo, pues depende de lo que 'somos', y como construimos mediante 'imágenes mentales' el 'mundo percibido'; esto es, como elaboramos un 'imaginario colectivo', para poder compartir mediante el lenguaje simbólico una “realidad”.

Cada grupo humano, cada sociedad, está atravesada por diferentes ideas, representaciones, modelos, paradigmas, propósitos..., que conforman una forma de mirar el mundo, siendo la imposición de la 'verdad absoluta' una forma de aleccionamiento orientada a la defensa de determinados intereses de las élites dentro de un grupo social, para la salvaguardia de privilegios y ventajas.

Arma nuclear

Este ‘arma nuclear’ es el LGM-30 Minuteman, un misil balístico intercontinental con tres cabezas nucleares, de 32 toneladas de peso, 18 metros de largo y 1, 67 metros de diámetro, capaz de alcanzar un objetivo a 9650 kilómetros y la capacidad de destrucción de vida humana de manera inmediata contabilizable en decenas de millones de personas.

Este arma nuclear tiene además una serie de cualidades que los científicos, los políticos y la ciudadanía en general suele pasar por alto.

La primera consideración se refiere a la inocuidad de la imagen que nos representa esta máquina de destrucción; su aspecto, la forma en que se nos presenta no da lugar  a comprender su poder de aniquilación, es a simple vista inofensiva, una parte más de nuestro dispositivo tecnológico, un paso más en el camino del progreso.

Una segunda singularidad tiene que ver con los fundamentos de nuestra existencia moral y política. Es desproporcionado lo que defendemos (principalmente nuestro modo de vida occidental), con los medios con lo que lo defendemos. Esto es la causa de una enfermedad mental colectiva que destruye todos los valores y todo el derecho, vaciando de contenido la democracia, pues ponen las decisiones más importantes en manos de unos cuantos y producen un embrutecimiento generalizado de quienes las poseen, que siempre han de estar decididos y dispuestos a todo. Estas armas logran que los países que cuentan con armamento nuclear pierdan la fe en su propia humanidad y moralidad.

Una tercera reflexión nos lleva a persuadirnos de que las personas no somos responsables de las consecuencias de nuestros actos. Ante la magnitud de las consecuencias de una catástrofe nuclear, nosotros, como humanos, no podemos asumir esa responsabilidad  porque estamos implicados en hechos cuyos efectos somos incapaces de representarnos.

Una cuarta cuestión tiene que ver con la imposibilidad de dar marcha atrás, aunque destruyésemos estas armas y borrásemos su programación, esto no sería más que un aplazamiento de la amenaza nuclear; su fabricación puede llevarse a cabo en cualquier momento. La humanidad está condenada a vivir eternamente bajo la amenaza del monstruo que ella misma ha creado.

Texto basado en ideas de Günter Anders y su libro ‘El piloto de Hiroshima’. Más allá de lo límites de la conciencia.

¿Es asumible el riesgo nuclear?


El 11 de marzo de 2011 tuvo lugar en Japón un terremoto de 8,9 en la escala Ritcher que provocó un maremoto, a consecuencia de ello se desencadenó un accidente nuclear múltiple. El mensaje de los partidarios del negocio nuclear basado en una energía nuclear limpia, barata y segura se vino abajo.

Se pone en evidencia el elevado grado de vulnerabilidad en el que se encuentran las sociedades contemporáneas y la escasa importancia que se concede a un elemental principio de precaución.

El sociólogo alemán Ulrich Beck propuso el concepto y el término de ‘sociedad del riesgo’, para referirse al hecho de que en numerosas sociedades el proceso de modernización y desarrollo ha ido creando nuevas amenazas que suponen nuevos riesgos de los que estas sociedades no son conscientes, o minimizan de modo interesado.

La catástrofe nipona ofrece un nuevo escenario en el cual los actores mediáticos ofrecen dos alternativas:

Por un lado el ‘riesgo nuclear asumible’; esto es, la civilización no puede perder el tren teconológico, en juego está el desarrollo, el crecimiento y el progreso de los seres humanos.

Por otro lado, se pone encima de la mesa la sustitución de la energía nuclear por las energías renovables; esto es, 50 parques eólicos por cada reactor nuclear.

En ningún medio se habla de decrecer, consumir menos o ir a formas de vida más sencillas, ya no digamos plantearnos otro estilo de vida u otro modelo económico. El discurso del decrecimiento no aparece.

¿Estamos condenados a un riesgo nuclear asumible?

El capitalismo es crecimiento


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El capitalismo es un modo de producción económica que basa su lógica en la circulación de mercancías mediante el comercio; por ello necesita producir para vender (producción), y de vender para comprar (consumo). Emplear mano de obra y utilizar recursos naturales para producir mercancías, y fomentar el consumo entre la población para circularlas.

La motivación del sistema para generar toda esta circulación de mercancías y su apropiación es la plusvalía (excedente o beneficio).

En este sistema productivo las mercancías tienen un doble valor:

  • Por un lado el valor de uso; es decir la aptitud que tiene un objeto para satisfacer una necesidad.
  • Por otro lado el valor de cambio que es cómo se denomina a la proporción en que se intercambian diferentes valores de uso; para ello se utiliza el dinero.

La suma de los valores de cambio en manos de un sujeto es lo que se denomina capital y es acumulable.

Los capitalistas (dueños del capital), mediante la apropiación de la plusvalía en la circulación de las mercancías, acumulan más capital; es decir cada vez que el circuito se completa el sistema crece; y este crecimiento es necesario para que el sistema siga fluyendo. El crecimiento es intrínseco al capitalismo, sin él, el sistema se muere.

La crisis

La crisis que nos aqueja es el indicativo de un tiempo que expira, un rito de paso hacia una nueva época; presentada como una burbuja financiera, una regulación de mercados o un crash económico, para mejor digestión de unas masas aturdidas por los acontecimientos mediáticos, en realidad nos hallamos inmersos en la metamorfosis de una civilización que se descompone.

Crisis: ‘momento decisivo, situación inestable’. Del latín crisis. Del griego krísis, ‘punto decisivo’, de krinein, ‘separar, decidir’, del indoeuropeo krin-yo, de kri, de krei, variante de skeri-, ‘cortar, separar’.

El mundo moderno-occidental-capitalista se ha sentido reconfortado por la creencia de que el progreso material nunca concluirá - el mito del crecimiento ilimitado-. La medidas que se toman para seguir manteniendo el sistema con vida no son más que el intento de mantener la actividad de un moribundo.

Este mundo sin 'afuera' al cual todo le pertenece y que se nutre de su misma esencia, no está siendo liquidado por vanguardias revolucionarias ni por fuerzas externas, se consume devorándose a sí mismo.

Enfocada la crisis como una faceta de transformación, resulta esclarecedor que el ideograma chino para 'crisis' [wei-ji] se construya por yuxtaposición de los correspondientes a 'peligro' y 'oportunidad'.

Ciertamente el peligro existe, tengamos en cuenta que los campos de concentración nazi o los gulags soviéticos fueron producto de la civilización occidental; que no hacerse preguntas y obedecer es una actitud muy común en las sociedades actuales, o que el miedo invade los espacios...

Pero quizás, por donde menos se espera, una luz ya alumbra el camino...

Estructuras de dominación

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Existen estructuras sociales, económicas y políticas o culturales que producen sufrimiento, opresión y el mal por el propio funcionamiento de su lógica, independientemente de las intenciones de las personas involucradas en estas estructuras.



Estas estructuras de dominación se articulan en un determinado contexto histórico. Las diferentes estructuras de clase, racismo, género, sexualidad… no pueden tratarse como «variables independientes» porque la opresión de cada una está inscrita en las otras —es constituida por y es constitutiva de la otras.

Para considerar a alguien inferior es preciso que, de algún modo, despreciemos algo inherente a su condición, como un motivo o razón por el que pueda ser objeto de desprecio. En el caso del racismo sería el color de la piel o en el caso de la mujer sus estados sexuales, su potencial de maternidad.

¿Dónde se adquieren los sentimientos que un negro inspira a un blanco? ¿O los sentimientos que una criatura pequeña inspira a un adulto? La misoginia y el racismo, como el adultismo se transmiten inconscientemente, allí donde se aprende que tus semejantes no son como tú; que los hay unos superiores y otros inferiores, unos que mandan y otros que son sumisos a los que mandan.

La miseria que padecen los pueblos llamados subdesarrollados está engendrada por las relaciones de dependencia en que son mantenidos por los países poderosos o ‘más desarrollados’ del centro, a consecuencia de el sistema capitalista internacional mediante la existencia de mecanismos económicos, financieros y sociales que acumulan riqueza en unos lugares y desencadenan una acción destructora de pueblos, familias y personas en los restantes.

Las estructuras de poder que impiden desplegar en toda su amplitud las facultades de las personas y de los pueblos convierten las diferencias en desigualdades, la diversidad en formas de opresión

¿Qué es el humanismo?

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El humanismo es una corriente de pensamiento que se pregunta como puede el hombre convertirse en un ser humano verdadero y real a través de los instrumentos de comunicación y comunión que usan los propios hombres en eso que pueden ser y que serán.

¿Qué otra cosa significa esto, sino que el hombre (homo) se torna humano (humanus)? Pero en este caso, la humanitas sigue siendo la meta de un pensar de este tipo, porque eso es el humanismo: meditar y cuidarse de que el hombre sea humano en lugar de no-humano, «inhumano», esto es, ajeno a su esencia. Pero ¿en qué consiste la humanidad del hombre?.

La humanitas es pensada por vez primera bajo este nombre expreso y se convierte en una aspiración en la época de la república romana. El ‘homo humanus’ se opone al ‘homo barbarus’. El ‘homo humanus’ es ahora el romano, que eleva y ennoblece la ‘virtus’ romana al «incorporarle» la ‘paidea’ (educación) tomada en préstamo de los griegos. En la Edad Moderna se define al hombre como ‘animal rationale’; esto es, se define a lo humano a partir de una perspectiva zoológica o biológica oponiéndolo al animal.

Las escuelas, las viviendas, los hospitales, los centros de trabajo… son los instrumentos de comunicación y comunión que intentan ‘domesticar’ al ser humano para hacer de él un hombre nuevo. El trágico fracaso del camino de la humanidad en el siglo XX (tanto del fascismo, del comunismo, como del capitalismo), abren las puertas a un nuevo humanismo. ¿Qué amansará al ser humano, si, después de todos los experimentos que se han hecho con la educación del género humano, sigue siendo incierto a quién o a qué educa para qué el educador?. ¿Qué dirección ha de tomar la cría de los hombres?.

La domesticación del hombre es el gran tema olvidado. Actualmente nuevos artefactos en combinación con los antiguos aparatos se disponen a amaestrar al zoológico humano: el mundo virtual (internet, el cine, los videojuegos, la televisión…), los nuevos centros de ocio, la biotecnología…

Una vez eliminados los dioses, ya retirados los sabios en los viejos libros, asesinadas las brujas, nuestra vida es la confusa respuesta a preguntas que hemos olvidado.

Para saber más: Normas para el parque humano. Peter Sloteddijk.
Para saber más: Carta sobre el humanismo. Martín Heidegger.

El Estado y el Decrecimiento




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En el tema de si es el Estado, quien debe llevar a cabo medidas adecuadas para encauzar a esta sociedad hacia el decrecimiento económico, o bien se debe luchar para que el Estado desaparezca y crear organizaciones autónomas locales, existen divergencias entre los diversos colectivos decrecentistas

Personalmente, en principio, veo de forma positiva que el Estado tienda a buscar medidas para la reducción del consumo, aunque soy bastante escéptico sobre que esto así suceda; Las instituciones suelen difundir mensajes para utilizar bombillas de bajo consumo, televisores más eficientes o coches ecológicos, pero el mensaje nunca es ‘No consumas’; digamos que el Estado entra en la lógica del desarrollo sostenible, lo cual consideramos que es un oximorón (el desarrollo nunca será sostenible).

Ya el Estado en su nacimiento hace unos 5.000 años lleva el germen de la violencia tanto hacia el exterior mediante las conquistas para explotar a otros pueblos, como hacia el interior con la creación de una sociedad jerarquizada que permitía el control de los recursos de forma centralizada a través de las elites (soldados, sacerdotes y burócratas)

El Estado en el mundo moderno responde a una ideología que fue construida sin un sentido de los límites del mundo y de los sistemas sociales. Para explicitar la ideología de lo ilimitado es necesario explorar el pensamiento social que imposibilita pensar en los límites de la biosfera (ecológicos y energéticos) y de la sociedad.

Actualmente los Estados (hijos de la Revolución Francesa y su división de poderes) a través de los Tratados Internacionales, subordinan su soberanía a otras organizaciones supraestatales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o la Organización Mundial de Comercio, o bien se atan a través de tratados de libre comercio a la lógica del mercado.

En estas condiciones las decisiones que rigen la vida de las personas quedan en manos de las grandes compañías multinacionales que tienen la capacidad de manejar los hilos de la economía mundial a su antojo, dejando al Estado la gestión de los ajustes económicos que imponen de manera ‘blanda’ a través de los medios de comunicación, los fármacos…, o bien de manera ‘dura’, a través del represión policial-militar.

La pregunta que se plantea es: ¿Puede la Institución del Estado, transformarse y recoger los valores que impregnan una sociedad del decrecimiento?.

Pienso que el Estado si que puede transformarse en una sociedad ecofascista, es decir, una sociedad jerarquizada que viva del expolio de otros pueblos en un contexto de recursos decrecientes; pero un decrecimiento sereno, amable, convivencial…

Igualdad en la diferencia

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Vivimos en una sociedad estructurada por la dominación. El dominio de unas personas sobre otras, que permite transformar la diferencias en desigualdades.

Ejemplos para reflexionar: ¿Por qué en nuestra sociedad esta mal visto el cotilleo, sin embargo hablar de fútbol está considerado una asunto serio?.¿Por qué está más penalizado socialmente comprar en un mercadillo que en un gran centro comercial?. ¿Por qué tener vehículo privado da más prestigio que utilizar transporte público?

El poder permite poder mandar, poder hacer, poder ser, dominar y administrar los recursos, permite elegir el modo de estar en el mundo.

Si todos tenemos que ser iguales, a que sujeto nos tenemos que igualar; en el mundo que nos ha tocado vivir está claro todas deberíamos ser: hombre/blanco/rico/heterosexual/urbano/joven/sano/ciudadano/universitario/propietario/con patria…

Que ocurre entonces con el modo de ser mujer, ser negra, ser gitana, ser pobre, ser campesina, ser vieja, ser niña, ser enferma, ser sin papeles, ser apartida, ser precaria, …

Lo genérico engendra identidades que es lo opuesto a las diferencias.

Si la aspiración es que las personas lleguemos a ser sujetos con todas las prerrogativas del ‘sujeto universal’, estaremos legitimando las leyes que hacen invisible el dominio social.

Pienso que hay que construir el ‘sujeto diferencial’ capaz de pactos y transacciones, reclamamos la diferencia porque somos diferentes frente al modelo hegemónico.

Soñamos voluptuosamente con “un paraíso perdido” en el que comernos todas las manzanas prohibidas. La vida no es negociable. Nuestra libertad nace de nuestra naturaleza, que la dota tanto de posibilidades como de límites. Han utilizado nuestras diferencias para someternos. Las diferencias de edad, de raza, de religión, de lengua, de etnia, de clase y de sexo han dado lugar a múltiples desigualdades. Pero la diferencia nada tiene que ver conceptualmente con la desigualdad. Esta ha sido una consecuencia perversa.

En nuestra civilización jerarquizada, los que están arriba son los que han ido construyendo un modelo en el que lo significante, lo valioso, es aquello que se ajusta más fácilmente a los esquema a la clases hegemónicas. La valoración que se hace de determinadas funciones, roles, actitudes o aptitudes es lo que define que el fútbol es un asunto serio, que los centros comerciales son los nuevos templos sagrados y el vehículo privado es un nuevo dios. El esquema del triunfador está muy cerca del financiero, del político con éxito, del presentador mediático, del futbolista goleador.

Existe, no sólo una dominación real, sino también una dominación simbólica que ni siquiera la vemos porque anida en nuestro inconsciente. Vemos, pues, que existen explotaciones visibles y materiales que son posibles porque previamente existe una dominación tácita y simbólica que consigue hacer pasar por normal lo que es aberrante.

El imponderable por el que se decide lo que existe y lo que no, lo que es valioso y lo devaluado, el éxito y el fracaso no es otro que el código implícito en las sociedades de dominación.

Por esto reclamamos la igualdad en la diferencia

El Campeonato del Mundo de Fútbol

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“- ¿Cómo explicaría usted a un niño lo que es la felicidad?
-No se lo explicaría -respondió-. Le tiraría una pelota para que jugara.”
 Eduardo Galeano




A pesar de que la RAE define el fútbol como “un juego entre dos equipos de once jugadores cada uno, cuya finalidad es hacer entrar un balón por una portería conforme a reglas determinadas, de las que la más característica es que no puede ser tocado con las manos ni con los brazos”, el próximo 12 de junio tendrá lugar en Rusia el Campeonato del Mundo de Fútbol; y lo que es un simple juego se transforma es un espectáculo deportivo, en una exhibición mundial al servicio de un mercado financiero y mediático.

El Campeonato del Mundo de Fútbol recrea un escenario que sirve de estrategia a los Centros de Poder (empresas multinacionales, centros financieros, conglomerados mediáticos…) para asentar unas relaciones de jerarquía y dominación que representan y reactivan prácticas por las cuales se genera un imaginario colectivo que cimenta las bases de una identidad individual y colectiva que da salida a una lógica sociocultural que permite inscribirse en la mitología diseñada por la élite capitalista.

Competición

Los Equipos Nacionales son los grandes protagonistas del acontecimiento. Selección de los mejores jugadores que compiten entre sí, y que representan a los 32 países que superaron las fases previas. A lo largo de la cita irán superando eliminatorias los ‘vencedores’ hasta quedar únicamente el campeón. Cada equipo representa a un Estado.

Los gobiernos utilizan el campeonato para hacer propaganda nacionalista de sus respectivos países identificando al equipo del país con su propio proyecto político nacional.

Fiel a la tautología darwinista el mejor equipo es el que ‘gana’, y ¿quién gana?: el mejor equipo. El campeonato es una metáfora del discurso socialdarwinista donde sólo los mejores, los superiores, los dominantes, los aventajados, los mejor adaptados sobreviven.

Cada selección tiene un cuerpo técnico formado por hombres que le dan una dimensión experta al grupo; diseñan la táctica a seguir y gestionan el vestuario. Tienen como misión buscar la eficacia del grupo mediante la especialización de cada uno de los miembros del equipo.

El árbitro es un hombre que representa la justicia en la sociedad, un elemento más al servicio del juego. Antes vestían de luto (negro), ahora también se iluminan con brillantes colores. Si el equipo (tú equipo) es derrotado, quizás entonces ‘roba’ el partido, y se puede protestar y también insultar de manera libre y catártica.

En el ‘Mundial’ se busca siempre un Dios (un jugador de prestigio que reúne los valores que se pretenden transmitir), anteriormente Pelé, Maradona o Zidane.

Los hombres-masa en su fervor necesitan de líderes carismáticos que admirar encarnados en unos determinados futbolistas (con los ingresos más elevados) para proyectar sobre ellos sus vacíos existenciales o espirituales; mitos que se materializan en torno a imágenes en las cuales todos puedan reconocerse, figuras emblemáticas efímeras que cristalizan toda una serie de sueños, deseos y placeres presentes en el inconsciente moderno.

Estos ídolos encarnan valores que son necesarios proyectar para el buen funcionamiento del engranaje de la sociedad; se redefinen a la luz del acontecimiento palabras como compromiso (con el país), fidelidad (con los colores de la bandera nacional), lealtad (con la camiseta), la humildad (origen sencillo, del barrio, del pueblo…), honradez (con sus sentimientos), valentía (en el juego), solidaridad (para los compañeros del equipo).

Los valores se reinventan en cada momento según las circunstancias (victoria, derrota…), son formulas que se idean para dirimir y concretar valores que rigen y recrean las propias sociedades que son representadas en el terreno de juego.

Estos mitos deben cumplir una primera condición, su origen humilde o popular, para simbolizar un triunfo al que pueda aspirar cualquiera; porque este ‘buen muchacho’, escupe, puede dar un cabezazo a un adversario, conducir un vehículo a una velocidad que ponga en peligro vidas humanas o flirtear con la cocaína; siempre puede entregar su imagen de una manera desinteresada para luchar contra alguna enfermedad, el hambre, o cualquier causa humanitaria, aunque gana dinero a raudales y rinda culto al becerro de oro postrándose ante los amos.

Exhibición

Se trata de una reunión en un mismo escenario de miles de personas (el campo de juego), y millones a través de los medios multimedia (televisión, internet, prensa, radio…) - la inmensa mayoría hombres- para presenciar sobre la hierba el ‘enfrentamiento’ de unos ‘hombres’ que ponen a prueba su capacidad de trabajo y entrega, su habilidad en el manejo del juego y su inteligencia.

A partir de un juego se fabrica un acontecimiento consumible. Al juego se le elimina su propia esencia como actividad lúdica y se transforma en un objeto fabricado, una herramienta para representar una realidad artificial creada e inventada por periodistas y publicistas, una elaboración mítica con apariencia natural.

Los Medios de Comunicación de Masas disponen de dispositivos técnico-organizativos que transmiten mensajes significativos planificados mediante elementos técnicos y personales, están en manos de sus dueños que forman parte de los grupos de poder capitalistas y aseguran una intención comunicativa adecuada a los fines que persiguen.

El transmisor del mensaje selecciona, codifica, interpreta las diferentes informaciones en función de patrones determinados cuyos instrumentos forman parte de un aparato de regulación social. Al espectador sólo le queda la ilusión comunicacional cuando envía un mensaje sms o participa en algún sorteo o encuesta.

La producción de imágenes y comentarios para la televisión, la prensa, la radio o internet orientan su trabajo para la construcción de la representación del evento, seleccionando determinadas imágenes, utilizando diferentes montajes y encuadres, elaborando las narraciones; facturando la explotación simbólica y económica de las victorias y las derrotas.

El ‘Mundial’ es en sí mismo un objeto publicitario, que transmite una forma de vida; un objeto de consumo emocional; una experiencia efímera en busca del siguiente acontecimiento. Cada espectador puede tener la ilusión de ver el espectáculo en su ‘verdad’, pero cada medio de comunicación otorga diferentes espacios de la representación en función de sus intereses políticos, sociales, económicos…

Miles de periodistas de todo el mundo llegan a un fastuoso centro de prensa y muestran un país a ritmo de samba, alegre y feliz, ocultando un realidad desoladora de pobreza y miseria víctima de una colonización europea. Sólo una huelga de metro incomoda la libre circulación de personas del evento y unos "disturbios violentos" trastornan el acontecimiento universal.

“Mediante una hábil variante táctica de la estrategia prevista, nuestra escuadra se lanzó a la carga sorprendiendo al rival desprevenido. Fue un ataque demoledor. Cuando las huestes locales invadieron el territorio enemigo, nuestro ariete abrió una brecha en el flanco más vulnerable de la muralla defensiva y se infiltró hacia la zona de peligro. El artillero recibió el proyectil, con la diestra maniobra se colocó en posición de tiro, preparó el remate y culminó la ofensiva disparando el cañonazo que aniquiló al cancerbero. Entonces el vencido guardián, custodio del bastión que parecía inexpugnable, cayó de rodillas con la cara entre las manos, mientras el verdugo que lo había fusilado alzaba los brazos ante la multitud que le ovacionaba.”Galeano

Espectáculo

El ‘Campeonato del Mundo’ es un suceso global que afecta a todo el planeta, en el cual las selecciones nacionales se enfrentan entre sí para dar sentido a un destino común de la humanidad. Cada territorio recrea y adquiere entidad gracias a las interrelaciones que se elaboran entre los diferentes equipos de hombres.


Retransmitido a todo el planeta, no hay lugar, por recóndito que sea, donde hombres ataviados con los colores de los vencedores miren, lean u escuchen la voz que propaga el aparato tecnológico, una voz que transmite la ideología del deseo, la exaltación de occidente.

“El espectáculo entendido en su totalidad es a la vez el proyecto y el resultado del modo de producción existente. No es un suplemento del mundo real, una decoración sobreañadida. Es el núcleo del irrealismo de la sociedad real. Bajo todas sus formas particulares –información o propaganda, publicidad o consumo directo de diversiones- el espectáculo constituye el modelo actual de vida socialmente dominante. Es la omnipresente afirmación de una opción ya efectuada en la producción, es su consumación consecuente. La forma y el contenido del espectáculo son, del mismo modo, la justificación total de las condiciones y de los fines del sistema existente.”
Guy Debord

Se trata de un hecho cultural perteneciente al mundo simbólico, que une ideas y pulsiones al servicio de una fusión de la estructura económica y la estructura política. No existe posibilidad de réplica ante una realidad implacable. Se puede criticar algunos hechos aisladamente, pero el ‘Mundial’ en sí mismo no puede ser cuestionado.

Cada Mundial es el principio y el fin de sí mismo, se trata de una realidad omnipresente, una banalidad que pretende ocultar una realidad compleja, de difícil acceso e insatisfactoria. El espectáculo organiza la ignorancia de lo que sucede en la realidad, e inmediatamente después, deviene saber estéril (anécdotas, estadísticas, incidentes…)

Se fabrica una realidad que pretende eliminar la memoria histórica – entendiendo ésta como el conocimiento duradero capaz de ayudar a comprender, al menos, parcialmente lo que va a suceder y nos ayuda a comprender la realidad -.

Una diversión, una válvula de salvaguarda de los sistemas represivos, una cana al aire compatible con una sumisión reverenda.

Mercado

“Yo he venido a vender un producto llamado fútbol”
Joao Havelange. Ex-Presidente de la FIFA

La actividad directamente visible del ‘Campeonato del Mundo’ oculta la acción de los otros agentes del evento, el espectáculo sirve de soporte a la actividad comercial. El acontecimiento es un utensilio de una empresa comercial FIFA, dominado por una camarilla de tecnócratas que controlan los derechos de retransmisión y patrocinio; las grandes empresas multinacionales (Adidas, Coca-cola, MacDonals, Sony…) compiten por los derechos de asociación en exclusiva de sus productos con el ‘Campeonato del Mundo’ como proveedores oficiales.

Miles de millones de dólares son las magnitudes económicas en los que se mueve esta actividad. Un espectáculo de luz y color que esconde tras las bambalinas un negocio multimillonario.

“Los deslumbrantes colores de las banderas esconden tras de sí un mugriento olor a dinero”

El Palco en los estadios es el lugar de los elegidos – dirigentes deportivos, políticos, famosos, nuevos ricos, patrocinadores… Se confronta a la élite con la masa y de esta manera se visualiza la jerarquía. Los que juegan, los que controlan, los que dominan y al otro lado, la muchedumbre, espectadores pasivos con derecho a berrear que ejercen la servidumbre voluntaria.

Elaboración de un discurso patriarcal

El ‘campeonato’ elabora un discurso universal que se define como masculino, en el cual los jugadores son hombres, los espectadores son hombres, los dirigentes son hombres, los árbitros son hombres, los técnicos son hombres; desprendiéndose de tal hecho la incapacidad de la mujer para representar un lugar relevante en el contexto del fútbol; y por ello se asume su incapacidad para recrear y decidir sobre los asuntos colectivos que allí se dirimen.

De una manera u otra los hombres tienen su espacio en este espectáculo, pueden gestionar su vivir a través del fútbol; la mujer aparece de vez en cuando con la imagen de alguna aficionada con los colores de su país para goce de la mirada masculina; el sexo se utiliza de esta manera como herramienta de jerarquía y dominio, ya que las cuestiones que se recrean en el campo son de alta importancia para el vivir cotidiano de la colectividad.

Así una elaboración cultural como el ‘Campeonato del Mundo de Fútbol’ define relaciones de jerarquía y dominio sobre las mujeres que se presentan como naturales.

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En el año 1982 en un Instituto de Bachillerato se exponen los trabajos sobre el Mundial de Fútbol de España. Un grupo de chicas elabora una cartulina a la que pega unos cromos con los jugadores más famosos.
A la hora de presentar el trabajo le penden fuego a la cartulina.
“A ellas”

Bibliografía

Baudrillard, Jean. La sociedad de consumo

Bordieu, Pierre. Sobre la televisión
Debord Guy. La sociedad del espectáculo
Fernández Martorell, Mercedes. La semejanza del mundo
Galeano, Eduardo. El fútbol a sol y sombra
Maffesoli, Michel. Iconologías
Marina, José Antonio. Las arquitecturas del deseo
Vázquez Montalbán. Una religión en busca de un dios

¿Qué es la opresión?

Vicente Manzano


"Las personas y las comunidades tenemos anhelos, necesidades, aspiraciones, sean positivas (disfrutar algo) o negativas (no padecer algo). Algunas de ellas han sido destacadas como fundamentales para una vida digna: supervivencia, realización personal, relación con los demás, trascendencia social, relación felicitante con el medio…

Lograr la realización de tales metas es una aventura social, depende del mapa de posibilidades en cada momento. Llamemos estándar social a ese mapa. Un estándar social es una configuración de oportunidades pensada para determinadas capacidades, un diseño del funcionamiento social ideado para personas con características concretas. El estándar puede premiar, por ejemplo, la movilidad en automóvil, la promoción de las personas con mayor renta, la ambición individual, la adecuación a un patrón estético corporal, etc. Al cambiar un estándar social, cambian las posibilidades que las personas de esa sociedad tienen de conseguir sus anhelos.

Los estándares inclusivos permiten la consecución de la meta de vida digna a toda persona o comunidad. Los estándares exclusivos están centrados en determinadas capacidades o características (físicas, psicológicas o sociales, estáticas o dinámicas) definidas respecto a individuos o comunidades. Luego, facilitan la meta para unas personas y la dificultan para otras.

La opresión es la práctica de estándares exclusivos que afectan a la vida digna. Las personas y comunidades cuya situación (individual, comunitaria o estructural) no está contemplada en los estándares, sufren opresión. Quienes se benefician de la situación y, por lo demás, participan más activamente en la definición de los estándares exclusivos, generan y alimentan la opresión.”

La amenaza de la superpoblación

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Sobre la historia de la politización del cuerpo de las mujeres

A lo largo de la historia de una u otra manera las sociedades han tenido que ajustar el número de personas que viven en un determinado lugar a los recursos disponibles para el mantenimiento de la vida.


Las mujeres han aprendido la manera de reproducir la vida mediante formas poco dolorosas para ellas mismas y la sociedad. Los primeros grupos humanos (ginecogrupos) estaban formados por las madres junto con sus proles a las cuales acompañaban los miembros masculinos del grupo; el apareamiento era un acto sexual puntual. Las mujeres se encontraban conectadas íntimamente con la naturaleza y con su propio cuerpo, sus sentidos no estaban adormecidos, formaban parte de la naturaleza, se habitaba en el milagro de la vida, la deshinibición y la libertad sexual formaban parte de la forma de estar en el mundo, el calor humano es algo más que una expresión, se entendían los ciclos de la naturaleza y los propios para conocer los periodos fértiles y por tanto sortearlos para evitar la descendencia. 


Con la aparición de la agricultura y la ganadería en el neolítico los seres humanos aprendieron a domesticar las plantas y los animales, este aprendizaje procuró las técnicas de control de la reproducción como la doma o la castración que provoca una pérdida en el vigor de los animales, la cautividad que permite someter a los animales mediante el aislamiento, etc. La modificación del comportamiento mediante una selección de los animales más fáciles de manejar permitió entender la forma de controlar a esto eliminando las características que no eran favorables para el desenvolvimiento de los humanos.


La dominación de los animales, requiere parapetarse tras una coraza emocional, esta exigencia probablemente llevada a cabo por los hombres del poblado posiblemente desencadenó toda una serie actos que permitieron la autorrepresión de sentimientos y emociones; la amenorrea lactante no era un recurso suficiente para la contención del número de personas del lugar, el camino para reducir la población mediante prácticas como el infanticidio, el aborto o la abstinencia sexual quedaba expedito; sólo era necesario que el conjunto de personas que vivían en común le dieran un sentido a estos nuevos hábitos mediante el recurso del mito, llevando a cabo cultos, ritos, ceremonias, festejos que permitieran que estos procesos fueran digeribles por la comunidad.


El siguiente paso fue la emigración, los métodos de control de natalidad siempre son difíciles de llevar a cabo, requieren un desgaste psicológico; se hace necesario entonces buscar los recursos más allá de tu lugar; cuando los lugares están ocupados por otros entonces el camino es la violencia.


Las sociedades que evolucionaron hacia sistemas de conquista y  rapiña requirieron de hombres fuertes con unas cualidades que les permitieran matar, violar, destruir sin compasión; el valor, el honor, la tribu adquirieron nuevos significados, la jerarquía y la especialización social eran elementos eficientes en este tipo de sociedad; las mujeres se especializaron en el cuidado del elemento masculino necesario para guerrear y saquear, el infanticidio femenino fue la norma, eran necesarias pocas mujeres para desempeñar las labores de cuidado, las necesidades sexuales deberían ser satisfechas mediante la conquista; los esclavos harían el trabajo necesario para mantener a los guerreros, a los sacerdotes y a la nueva clase burócrata, que era necesaria para contar los tesoros robados, el inicio de una organización como el Estado sólo fue una cuestión de tiempo a medida que el éxito en la conquista hacía necesaria una organización centralizada, jerarquizada y especializada para maximizar los frutos de la conquista.


Las comunidades humanas se dividieron en gobernantes y gobernados, ricos y pobres, individuos que saben leer y escribir y analfabetos, ciudadanos y campesinos, artistas, guerreros, sacerdotes y reyes.


La principal iniciativa del Estado con el fin de restaurar la proporción deseada de población fue lanzar una verdadera guerra contra las mujeres, claramente orientada a quebrar el control que habían ejercido sobre sus cuerpos y su reproducción, procurando a la mujer el papel de criadora de niños (carne de cañón para el ejército, y mano de obra para cultivar los campos) y niñas (enseñándolas a ser buenas madres y esposas); los sacerdotes fueron los consejeros espirituales necesarios para dar legitimidad a los actos del Estado.


Actualmente el cuerpo de las mujeres sigue siendo un asunto de Estado, aunque de una manera más ‘civilizada’, se elaboran unos mecanismos más sutiles y sofisticados, pero no menos elocuentes. Embarazo, parto, amamantamiento, anticoncepción, aborto y las nuevas técnicas de reproducción están en manos expertas del género masculino. Y además a dos niveles: el político y legal y el del ejercicio de la profesión. Son ellos los que deciden desde los parlamentos y los congresos, desde los códigos y las publicaciones científicas, con la toga puesta y con la bata blanca.

La huella civilizadora

La huella civilizadora estaría conformada por el tiempo, el afecto y las energías amorosas necesarias para obtener la calidad de vida, la seguridad emocional y el equilibrio psicoafectivo imprescindibles; haría referencia a la sostenibilidad de la vida en condiciones de humanidad en la red de relaciones que la hace posible, haciendo visible la aportación-recepción desigual de tiempo, energías amorosas y cuidadoras entre mujeres y hombres. Si el patriarcado capitalista ignora la huella civilizadora, es porque niega la dependencia humana, ya sea dependencia de las relaciones afectivas o dependencia de la naturaleza.


En todos los tiempos y en todas las culturas las mujeres se han ocupado del cuidado de la vida humana, actividad sin la cual esta no es posible. Las mujeres dan la vida porque todas las personas nacemos de mujer. Son las mujeres (las personas que cuidan) quienes introducen la civilización en medio de la barbarie; esto ha permitido desarrollar un mundo público aparentemente autónomo, ciego a la necesaria dependencia de las criaturas humanas, basado en la falsa premisa de la libertad, un mundo incorpóreo, sin necesidades que satisfacer; un mundo constituido por personas inagotables, siempre sanas, ni demasiado jóvenes ni demasiado adultas, autoliberadas de las tareas de cuidados.


Todas las personas somos frágiles y vulnerables y necesitamos que nuestras necesidades sean satisfechas, pero el actual modelo económico-social sólo puede existir porque sus necesidades básicas –individuales, sociales, físicas y emocionales- quedan cubiertas con la actividad no retribuida de las mujeres. De esta manera, la economía del cuidado sostiene el entramado de la vida social humana, ajusta las tensiones entre los diversos sectores de la economía y, como resultado, se constituye en la base del edificio económico. Las mujeres actúan como ‘variable de ajuste’ para proporcionar la calidad de vida a las personas del hogar.


El reconocimiento de las necesidades humanas es imprescindible para adquirir una visión real de nuestra especie y poder ubicarla adecuadamente en el mundo natural y social. El ideal filosófico que propugna superar el reino de la necesidad para ganar el reino de la libertad, es una falacia que niega la dependencia material de la humanidad, y nos encamina hacia una libertad abstracta, falsa e inalcanzable para la mayoría de los seres humanos.


La verdadera libertad es aquella que se ejerce dentro de los propios límites. Se trata de una libertad enmarcada en la realidad material que consiste precisamente en decidir y experimentar cómo se juegan las relaciones entre la vida natural y la vida social.

La amenaza de la superpoblación. Pobreza y agotamiento de recursos

T. Malthus quedó preocupado por los capítulos sobre la población de La Riqueza de las Naciones de Adam Smith y por la ley de los rendimientos decrecientes expuesta por Turgot. Sus dudas le movieron a escribir el Ensayo sobre la población, en el que sostuvo que, mientras que los medios de subsistencia tendían a crecer linealmente, la población crecía exponencialmente, es decir, mucho más rápidamente. La condición de pobre se adquiría por naturaleza, y por tanto Malthus deseaba que aceptaran su prescindibilidad (al contrario que los ricos), y si no controlaban su natalidad, que los gobiernos pusieran otros medios (favorecer las epidemias, el hambre y las guerras).

Desde entonces hasta nuestros días, esta idea ha tenido idas y venidas de lo más dispar, y no únicamente de los intentos de “mejorar la raza” de la extrema derecha: desde la política de control de natalidad del comunismo chino, pasando por campañas de esterilización en numerosos países, hasta la versión más edulcorada que también hoy día tiene cierto peso dentro del ambientalismo (incluso argumento en pro de reducir la inmigración en Inglaterra o EEUU).  Incluso desde las Naciones Unidas se pone el énfasis en la explosión demográfica como causa de la penuria generalizada y el impacto sobre el entorno ecológico.

Detrás de los fríos datos aparece el término ‘superpoblación’, escondiendo a millones de seres humanos de carne y hueso, invisibles ante un término abstracto susceptible de ser manipulado, dejan de ser seres pensantes, miembros de la sociedad humana, para convertirse en un factor más de la ecuación:

I=PAT (IMPACTO = POBLACION*BIENES CONSUMIDOS*IMPACTO DE CADA BIEN)

Una vez deshumanizado el concepto "población" y convertido en variable ya no hay motivos éticos que impidan la legitimación del Estado para reducir la población.

La manipulación de la amenaza demográfica

Presentar el problema desde un punto de vista puramente cuantitativo como la relación entre población y recursos oculta que la concentración de riqueza y el consumo exacerbado de los países ricos es la verdadera causa de la degradación ambiental y la desigualdad social. El agotamiento de los recursos y la contaminación son provocados por los países del Norte. Es la lógica del funcionamiento del sistema (el crecimiento) lo que crea desigualdad y miseria. La políticas tanto natalistas como anti-natalistas tratan de controlar los cuerpos de las mujeres y su capacidad para crear vida. Este disciplinamiento de las mujeres (en uno u otro sentido) mediante un supuesto conocimiento experto (los gurús saben que es lo correcto) esconde tras de sí, la intención de dominar a las personas cosificándolas en un entramado de intereses y relaciones de poder diversas. 


La amenaza demográfica es fácilmente manipulable para desarrollar ciertas formas de ecototalitarismo. Perpetuar la hegemonía occidental mediante la eliminación de las personas más pobres para que unos pocos tengan acceso a los recursos. El problema no es controlar la población sino como acceder a los recursos con honestidad y equidad. Este es el reto. 


Que la población disminuya no implica que la biosfera recupere su salud, simplemente menos personas consumirán más recursos, probablemente dejen menos espacio al resto de las especies que habitan el planeta; es más, un grupo reducido de personas querrá satisfacer deseos que tendríamos dificultades para imaginar. Por ejemplo: coger un avión desde Nueva York para irse a comprar un perfume a París (vaya! esto ya se hace), tal vez iluminar la luna con leds para que las noches sean más espectaculares (aunque creo que esto sólo sería interesante si hubiera que comprar unas gafas para poder contemplarlo). 


A la pregunta de si el mundo podrá alimentar a tanta gente, hay que responder que el hambre hoy no es un problema de superpoblación, es un problema político, de reparto. Y no importa cuánta comida se produce, cuánto se reduce la natalidad, o cuánto disminuye la población, siempre habrá gente que se muera de hambre. 


El problema surge porque en un planeta con recursos finitos, que unas personas posean estos recursos siempre es en detrimento de otras, por ello la única opción no violenta es compartir. La insuficiencia de recursos naturales y los límites de  la capacidad de regeneración de la biosfera nos conducen a replantearnos nuestro modo de vida.


La solución perversa es reducir el número de personas; situación que conviene a los poderes porque no es perjudicial para el mantenimiento de las relaciones sociales, ni contraproducente para las lógicas del funcionamiento del sistema.

La vida en manos de las mujeres

Se necesita un replanteamiento de la relación entre población y recursos, comenzando a entender las estrategias reproductivas que desarrollan las mujeres en función de las condiciones socioeconómicas y culturales de la comunidad a la que pertenecen.


Ellas son quienes introducen la civilización en medio de la barbarie, quienes convierten las piedras en pan para alimentar a sus familias. Habría que contar con su experiencia y sus conocimientos para saber que factores socioeconómicos debieran ser modificados en cada sociedad concreta con el fin de garantizar la sostenibilidad humana.



Para saber más: El mito de la superpoblación


Para saber más: Mujer y sostenibilidad humana

Para saber más: La huella civilizadora 


Proceso productivo

Proceso productivo

El proceso productivo es  la secuencia de actividades requeridas para elaborar bienes que realiza el ser humano para satisfacer sus necesidades; esto es, la transformación de materia y energía (con ayuda de la tecnología) en bienes y servicios (y también, inevitablemente, residuos)
Podemos visualizarlo mejor con el siguiente esquema:



Recursos + Energía + Tecnología =>  Proceso transformador =>  Bienes + Residuos  



Cuando hablamos de proceso productivo tenemos que recurrir a la termodinámica. En este proceso la energía y la materia pierden su calidad y se degradan, disminuyendo los posibilidades de aprovechamiento humano –entropía- ; este es el origen de la escasez económica – de no ser así podríamos utilizar un trozo de carbón una y otra vez para producir calor o trabajo- .

Definiremos la entropía como cantidad de energía no disponible para el ser humano para realizar un trabajo; esta ley de la energía nos evidencia el carácter ilusorio del crecimiento ilimitado.


La finalidad del proceso económico (flujo material) tendría como objetivo el disfrute de la vida (flujo inmaterial), aunque en nuestro modelo económico responde al afán de enriquecimiento y acumulación de poder de algunos, por lo que no contribuye a enriquecer la vida en general, sino que va en detrimento del ‘disfrute de la vida’ de la mayoría.


El modelo de producción económico que actualmente está vigente –el capitalismo- basa su lógica en la circulación de mercancías mediante el comercio; por ello necesita producir para vender (producción) y vender para comprar (consumo).


La motivación de este sistema para generar toda esta circulación de mercancías y su apropiación es la plusvalía (excedente o beneficio).

En este sistema productivo las mercancías tienen un doble valor:


  • Por un lado el valor de uso; es decir la aptitud que tiene un objeto para satisfacer una necesidad.
  • Por otro lado el valor de cambio que es cómo se denomina a la proporción en que se intercambian diferentes valores de uso; para ello se utiliza el dinero.

La suma de los valores de cambio en manos de un sujeto es lo que se denomina capital y es acumulable.

Los capitalistas (dueños del capital), mediante la apropiación de la plusvalía en la circulación de las mercancías, acumulan más capital; es decir cada vez que el circuito se completa el sistema crece; y este crecimiento es necesario para que el sistema siga fluyendo. El crecimiento es intrínseco al capitalismo, sin él, el sistema se muere.

El patrón matemático que rige el ámbito de la economía con el sistema capitalista se denomina función exponencial; esta función se utiliza para describir el tamaño de cualquier cosa que está en continuo crecimiento. Así cualquier cantidad que se incremente un 5% al año se dobla cada 14 años.


La comprensión de la función exponencial, especialmente cuando rige el patrón de crecimiento de variables en el ámbito de la economía, la política y el medio ambiente, suele ser bastante esquiva al pensamiento intuitivo del ser humano, hasta el punto de ignorarse los serios problemas de inviabilidad que puede plantear en un sistema dado, debido a su carácter sorpresivo y no gradual, que se contrapone con nuestra visión lineal y continua del mundo.

Los 10 mitos de la sociedad actual

Definimos el mito como una narración fuera del tiempo histórico que interpreta una ‘verdad absoluta’ que sirve de fundamento de la vida de una determinada sociedad.

En esta sociedad actual el mito sirve de modelo y de justificación del comportamiento humano y genera una manera de pensar y entender la realidad; por ello podemos considerar los mitos como ideas-fuerza que orientan el pensamiento y el comportamiento social al mismo tiempo que explican la realidad.

Los mitos cumplen una función psicológica (reducen la incertidumbre, dan sentido) y política (articulan a las sociedades, justifican y sacralizan el poder). Se trata de una forma de pensamiento colectivo que expresa un modo de ser en el mundo.

Se hayan presentes en las diferentes maneras en las cuales las sociedades se expresan, se introducen en las conversaciones con la familia, con los amigos; en las instituciones (en la escuela, en el trabajo…); están insertos en los mensajes de los medios de comunicación, nos llegan desde la televisión, fluyen por internet; se hayan presentes en nuestro entorno, en la red de transportes, en la arquitectura, en el mobiliario, en la comida, en nuestros modos de pensamiento y también en el ‘inconsciente colectivo’.

Las naciones dominantes no sólo exportan su tecnología, capital e instituciones, sino sus modos de vida y mitos. Los modelos económicos se apoyan en creencias compartidas por la sociedad para legitimarse. Los mitos nos piensan sin que nos demos cuenta.

Estos son 10 mitos de la sociedad actual:

  • Crecimiento
  • Progreso
  • Desarrollo
  • Desarrollo Sostenible
  • Globalización
  • Máquinismo
  • Desmaterialización
  • Abundancia
  • Igualdad
  • Libertad

El mito del crecimiento

El mito del crecimiento económico es la narración colectiva según la cual el proceso de transformar energía, materiales, y espacios en bienes de consumo en cantidades cada vez mayores proporciona a su vez, mayores niveles de bienestar.

El crecimiento es el mantra (el solucionador mágico de problemas) que se invoca desde todo tipo de instituciones y organizaciones en nuestra sociedad. Se nos dice que allí donde hay crecimiento económico hay cohesión social, los servicios públicos se hallan razonablemente asentados, el desempleo no se extiende, y tampoco lo hace la desigualdad. Y este es el mito del crecimiento económico. Y decimos mito, porque hemos evolucionado en un entorno, en una sociedad, que no cuestiona nunca el crecimiento económico ilimitado, elevándolo así a la categoría casi de dogma o religión.

El crecimiento económico de la economía se sustentaba en tres pilares:


  • La depredación de recursos de la Naturaleza, mediante las industrias extractivas principalmente en los países empobrecidos; esta riqueza se trasvasa  a los países enriquecidos mediante los sistemas financieros.

  • La explotación de los seres humanos, mediante los mecanismos de dominación como el trabajo asalariado. Empobrecimiento de los países del sur mediante mecanismos financieros (FMI, OMC, BM – Tratados de libre comercio), políticas de ajuste estructural, la deuda...

  • La enajenación del trabajo de cuidados a las mujeres; las personas somos frágiles y vulnerables y necesitamos de los demás para vivir; todas las personas debemos ser cuidadas especialmente cuando somos niños, cuando estamos enfermos o cuando nos hacemos mayores; en esta crisis muchos hombres están perdiendo el trabajo pero no asumen las tareas de cuidado que siguen llevando a cabo las mujeres que se incorporan a puestos de trabajo de baja remuneración y a la vez siguen haciendo las tareas que conlleva cuidar de la familia.

Se asocia el crecimiento a la felicidad y el bienestar y se oculta que los beneficios acaban en manos unos pocos. El PIB se convierte en la mentira estadística utilizada para encubrir sus efectos negativos. Arrasar un bosque para transformarlo en papel y madera incrementa el PIB, dejarlo intacto no, sin embargo el bosque evita la erosión del suelo y retiene el agua que nos es necesaria, por lo que su supervivencia contribuye al bienestar social.


El mito del progreso
 “la creencia de que existe un patrón de cambio en la historia de la humanidad […] constituida por cambios irreversibles orientados siempre en un mismo sentido, y que dicho sentido se encamina a mejor”.


Sidney Pollard

La fe en el progreso perpetuo que tiene la cultura occidental (fruto de la herencia cristiana), sustituye a la idea del eterno retorno (teoría cíclica del tiempo), de la antigüedad greco-romana y la cultura oriental.

Se tiende a justificar la creencia de que el progreso exige ciertos sacrificios, asumiendo los efectos secundarios que conlleva la tecnología moderna (agresiones al entorno, la contaminación, industria armamentista, la uniformidad en aras a la eficacia...).

Los beneficios que genera la industria moderna para una parte reducida de la población, no dependen tanto de la tecnología como de las fuentes de energía fósil; el crecimiento tecnológico de los dos últimos siglos ha sido posible gracias a la desconsiderada actitud que el hombre ha adoptado al explotar los recursos naturales irrenovables y crear condiciones que deterioran el medio ambiente.

El mito del progreso nos ha prestado buenos servicios (a quienes nos hallamos sentados a las mesas mejor surtidas, en todo caso), y es posible que continúe siendo así. Pero, también se ha convertido en peligroso. El progreso tiene una lógica interna que puede arrastrarnos más allá de la razón, hacia la catástrofe. Un camino seductor lleno de éxitos puede acabar en una trampa.

En la década de 1950, cuando yo era niño, la sombra del progreso excesivo en materia de armamento había caído ya sobre el mundo: sobre Hiroshima, Nagasaki, y varias islas del Pacífico desintegradas. Hace ya como sesenta años que ensombrece nuestras vidas. Bastará dejar sentado que la tecnología armamentista ha sido el primer aspecto del progreso humano que llega a un callejón sin salida, al amenazar con la destrucción del propio planeta en que se ha desarrollado.

El progreso material crea problemas que sólo pueden resolverse, o lo parece, con más progreso. Una vez más, el demonio se esconde en la escala de la magnitud. Es verdad que un progreso tan fuerte que pueda destruir el mundo es una creación moderna, pero el demonio de la escala que convierte las ventajas en trampas viene asediándonos desde la Edad de Piedra. Ese demonio vive dentro de nosotros, y se escapa cada vez que le sacamos delantera a la naturaleza, cada vez que desequilibramos la balanza entre habilidad y temeridad, entre necesidad y codicia.

Muchas de las grandes ruinas que hoy adornan los desiertos y las selvas de la Tierra, son monumentos a la trampa del progreso, recuerdos de civilizaciones que desaparecieron víctimas de sus propios éxitos.


El mito del desarrollo

El mito del desarrollo es la idea- promesa que orientó después de la II Guerra Mundial a los pueblos colonizados para erradicar la pobreza y liberarse del yugo de los Estados colonizadores; para ello deberían seguir los pasos de las sociedades occidentales e incluirse en la sociedad termo-industrial mediante la construcción de Estados Democráticos e insertarse en los modos de producción del capitalismo liberal.

Tal y como señala Naredo (2006), el término desarrollo se aplicó inicialmente en el campo de la biología. Darwin lo utilizó en 1759 para denominar el proceso de evolución que experimentan animales y plantas desde su nacimiento hasta que alcanzan su madurez.

A finales del siglo XVIII el uso del término se comenzó a transferir al campo sociocultural, equiparándolo a la idea de progreso. La palabra progreso daba carta de legitimidad moral a ciertas tendencias de la evolución sociocultural. Se consideró que todas las sociedades evolucionaban de una forma lineal de unos estadios de mayor atraso –caza y recolección o ausencia de propiedad privada– hacia nuevas etapas más avanzadas y racionales –civilización industrial o economía de mercado– y que en esta evolución, tan inexorable y universal como las leyes de la mecánica, las sociedades europeas se encontraban en el punto más evolucionado.

Al concebir la historia de los pueblos como un camino que transitaba del salvajismo y la barbarie hasta la civilización, los europeos, guiados por la convicción etnocéntrica de constituir la civilización por excelencia, expoliaron los recursos de los territorios colonizados para alimentar su sistema económico. Sometieron mediante el dominio cultural y la violencia (posible gracias a la tecnología militar) a los pueblos colonizados, a los que se consideraba salvajes por su estado cercano a la naturaleza.

Fue un presidente de Estados Unidos, Truman, quien empleó por primera vez la palabra desarrollo para referirse a la situación que ocupaban los países en relación al crecimiento económico. Después de la 2ª Guerra Mundial, en 1949, Truman anunciaba un programa internacional de desarrollo que iba a contribuir a la mejora y crecimiento económico de las áreas subdesarrolladas.

Por primera vez se calificaba como desarrollados a los países que habían abrazado la fe en el crecimiento económico y, por el contrario, subdesarrollados al resto de los Estados. De pronto miles de millones de personas se convertían en subdesarrolladas (con la carga peyorativa que el término supone) y dejaban de ser pueblos diversos, con otras lógicas económicas, para convertirse en el contrario de los otros que se autodenominaban desarrollados.

La ignorancia de los límites físicos del planeta permite que una buena parte de las teorías del desarrollo propongan políticas que lo promueven. Se aconsejan o imponen a los países empobrecidos medidas para que sigan la senda de los países ya desarrollados, llegando a denominarles en ciertos casos, cuando algunos de sus indicadores económicos crecen, países en vías de desarrollo.

Siguiendo al colapso de las potencias coloniales europeas, los Estados Unidos encontraron una oportunidad para dar dimensión mundial a la misión que sus padres fundadores les habían legado: 'ser el fanal sobre la colina'. Lanzaron la idea del desarrollo con un llamado a todas las naciones a seguir sus pasos. Desde entonces, las relaciones entre Norte y Sur han sido acunadas con este molde: el 'desarrollo' provee el marco fundamental de referencia para esa mezcla de generosidad, soborno y opresión que ha caracterizado las políticas hacia el Sur. Por casi medio siglo, la buena vecindad en el planeta ha sido concebida a la luz del 'desarrollo'.


El mito del desarrollo sostenible


El desarrollo sostenible es el nuevo traje del mito del desarrollo que hace algún tiempo que empezó a resquebrajarse. Por eso una corte de economistas, filósofos y sociólogos, decidió añadirle otros calificativos (sostenible, responsable, social), con el propósito de hacerlo tragable a la opinión pública. Resulta esperpéntico ver a los zorros manifestar su preocupación por el gallinero. Los mayores contaminadores del planeta, como British Petroleum, Total-Elf-Fina, Suez, Viviendi, Monsanto (el principal productor mundial de transgénicos), Novartis, Nestlé apoyan con su firma manifiestos a favor del desarrollo sostenible.

La palabra “desarrollo” encubre determinadas realidades: acumulación de capital, explotación de la fuerza de trabajo, imperialismo, saqueo de los recursos naturales. El calificativo “sostenible” sólo sirve para tranquilizar la conciencia de una masa de población cada vez más crítica con las consecuencias (cambio climático, pérdida de biodiversidad…). Si el desarrollo puede “sostenerse” es porque existe la forma de paliar sus consecuencias negativas. La ciencia y la técnica, transformadas en una especie de pensamiento mágico acaban sirviendo de coartada a los desmanes del capitalismo.

Se inventan automóviles que contaminan menos y electrodomésticos que gastan menos. Los científicos se reúnen y los gobiernos deciden a combatir las causas del cambio climático, se vuelve a hablar de centrales nucleares más baratas y seguras. Todo esto provoca un efecto adormecedor entre la población. Si los gobiernos y los científicos hablan de “desarrollo sostenible” será porque saben de lo que hablan.

El afán de la elite del poder, actualmente, por inyectar sentido y valor a instituciones y empresas que para enormes sectores de la sociedad ya no lo tienen, encuentra en la consigna del desarrollo sostenible un apoyo insustituible
"El mundo industrial habrá de saber responder a las esperanzas actuales si quiere, de forma responsable, continuar creando riqueza en el futuro"

Jean Marie Van Engelshoven. Director de Shell.

"En tanto que dirigentes de empresas, suscribimos el concepto de desarrollo sostenible, que permitirá dar respuesta a las necesidades de la humanidad sin comprometer las oportunidades de las generaciones futuras".

Business Council for Sustainable Development. Conferencia de Río de Janeiro 1992.


“El término ‘desarrollo sostenible’ está sirviendo para mantener en los países industrializados la fe en el crecimiento y haciendo las veces de burladero para escapar de la problemática ambiental y las connotaciones éticas que tal crecimiento conlleva”

José Manuel Naredo.

Los defensores del “desarrollo sostenible” enmascaran la realidad detrás de un amplio surtido de ilusiones, que los medios de comunicación se encargan de vender como ciencia.


El mito de la globalización


Según el mito de la globalización, los espacios nacionales han quedado disueltos en el orden global, la mano invisible del mercado se encargará de compatibilizar intereses y difundir el bienestar global. Este mito se encuentra expresado en ‘La Riqueza de las Naciones’ de Adam Smith. 

La apropiación de los recursos energéticos y materiales para el ‘desarrollo’ de las naciones del Norte necesito de un proceso de colonización encubierto que permitiera su legitimación ante las doctrinas ilustradas (derechos del hombre) que se legitimaban en los países occidentales y obligaban a los países de la periferia.

Apareció entonces el término Globalización. Para ello se emplea el libre comercio y el manejo financiero de los mercados mediante instituciones internacionales como el FMI (Fondo Monetario Internacional), el BM (Banco Mundial), o la OMC (Organización Mundial de Comercio), y los tratados internacionales entre Países Ricos y Países Empobrecidos, en una hipócrita apertura de mercados de los últimos mientras los primeros defienden sus industrias a través de subvenciones y aranceles.

El saqueo es ahora participado por las élites minoritarias de los países del sur que maman de las grandes transacionales, los emporios mediático-finanancieros, y los lobbys de los países ricos, todo cubierto con un manto de legitimidad jurídico-política.


“Echo un vistazo en mi despensa y me encuentro con garbanzos de México, habas pintas de Canadá, habas blancas de Argentina, lentejas de USA, espárragos de Perú, langostinos de Ecuador, piña de Filipinas, filetes de caballa de Marruecos, arroz de Tailandia... .

¿Qué es lo que permite que todos estos productos estén en mi despensa?”

 Antonio García

La globalización ha sido posible gracias al desarrollo de las infraestructuras del transporte, los apoyos fiscales y las desregulaciones del comercio promovidas por los gobiernos; La alta eficiencia del petróleo, su bajo precio y el desarrollo de potentes tecnologías de transporte permitieron este proceso.

Un automóvil puede reunir piezas fabricadas en Polonia, Túnez y Taiwán, y exhibir una marca alemana. De este modo se ha ido consolidando una nueva división internacional del trabajo en la que la producción se dispersa. Al tiempo, las grandes empresas han forzado a eliminar progresivamente las restricciones estatales a la expansión del libre mercado mundial en todos los ámbitos, proceso amparado por organismos internacionales como el GATT (más tarde OMC).

De esta forma, naranjas que antes llegaban a los mercados europeos desde Valencia, procederán cada vez más de Marruecos o Israel. Los plátanos de Canarias serán progresivamente sustituidos por los de Colombia y Centroamérica. Muchos productos manufacturados o agrícolas provendrán de los espacios del Este o del Sur del Mediterráneo –o de mucho más allá–, donde su producción será más barata. Simultáneamente los excedentes no consumidos en el Norte (por ejemplo las ropas de segunda mano o las piezas de pollo con más huesos) son exportados al Sur a precios que compiten con la producción local, debilitando así su ya frágil sistema productivo.


El mito de la máquina


Una gran parte de la población mantiene, conscientemente o no, la certeza de que la mayor parte de los problemas sociales o medioambientales a los que se enfrenta la humanidad encontrará, tarde o temprano, una respuesta técnica. ¿Millones de seres humanos mueren de hambre?. Mejoremos el rendimiento de los cereales gracias a los transgénicos. ¿El estrés causa estragos en los trabajadores occidentales? Desarrollemos mejores antidepresivos. ¿El miedo a la inseguridad ronda nuestras ciudades? Instalemos sistemas de videovigilancia, equipemos a la población con carnés de identidad biométricos y aumentemos los medios policiales. ¿La violencia en la televisión afecta a los niños? Equipemos nuestros televisores de chips electrónicos para encriptar las escenas traumatizantes.
" - No entiendo, Doctor: tengo un coche, una mujer, dos niños, un chalet con su hipoteca, incluso una tele... y todavía no me siento feliz!

- Entonces cómprese un lector DVD."

Todo se desarrolla como si frente a un problema la respuesta espontánea consistiera en encontrar una solución técnica apropiada, no a interrogarse sobre sus causas. ¿La hambruna es realmente un problema de rendimiento de cereales? ¿De dónde viene el estrés? ¿Quién ha desarrollado el tema de la inseguridad y cuáles son sus causas? ¿Qué significa el aumento de la violencia y del sexo en los mass media? “¡En el fondo poco importa, se acabará encontrando solución!”.
Concentrándonos en el cómo, desatendiendo el porqué, la perspectiva de progreso actúa creando esperanza; presenta como una certeza el hecho de que la mayoría de problemas sociales, medioambientales e íntimos a los que nos enfrentamos encontrarán, tarde o temprano, una respuesta técnica.

Así, el funcionamiento de nuestro mundo se manifiesta por el ascenso de la sociedad técnica, el carácter maquínico propicia el ascenso de un sistema tecnológico en el cual los humanos nos hemos convertido en un engranaje de este gigante termoindustrial. Nuestra sociedad se ha transformado en una megamáquina cibernética, que se eleva sobre lo social, lo político y lo económico absorbiendo todos los componentes de nuestra cultura.

Los móviles, los ordenadores, la televisión, los automóviles, se han hecho objeto omnipresentes en nuestro paisaje cotidiano, se presentan ante nosotros como fruto del progreso [el cambio a mejor, la eficacia, el ir hacia delante]; La tecnología inspira respeto y fascinación, se nos ofrece como solución a todos nuestros problemas: acabarán con el hambre en el mundo (primero con la revolución verde, ahora con los transgénicos), habrá energía ilimitada (primero con la energía nuclear, ahora con las energías limpias), iremos a Marte (primero con la carrera aeroespacial, próximamente con el teletransporte)…

Se conforma en el imaginario colectivo un conjunto de ideas, creencias y opiniones que van acondicionando a las personas para la convivencia con el aparato tecnológico, aprendiendo a hacer la compra ante los ordenadores, a charlar a través de los celulares, a comer alimentos procesados… lo que provoca un aislamiento social que fomenta el individualismo.

El sistema tecnológico en su conjunto sirve a los intereses de las oligarquías dominantes ya que las decisiones sobre la investigación científica y los medios que le son asignados se concentran en manos del Estado y las grandes empresas; también gracias a la deriva tecnológica se permite un control del trabajo, la división de éste en diferentes jerarquías, y la especialización que conlleva un sinsentido a la tarea de trabajar; por supuesto, el acceso a la utilización de la tecnología como forma de consumo queda en manos de las personas que viven en el mundo occidental y las minorías de los países del sur.

Nuestra capacidad emocional para representarnos el peligro de las herramientas modernas queda obsoleta ante sus descomunales capacidades de destrucción, creando dependencias en su utilización [se hace necesario el vehículo privado para ir a trabajar, que se hace necesario para pagar las letras del coche], y creando estados tecnológicos de carácter irreversible [desaparecen los espacios para que los niños puedan jugar, llevándolos a la utilización de aparatos de pantalla e inmovilizándolos], también aparecen los accidentes totales como las fugas radioactivas de Chernobil o Fukushima.


El mito de la desmaterialización de la economía


En pleno debate sobre las bases materiales de la economía mundial, irrumpió una idea: el progreso tecnológico aumentaría la eficiencia en el uso de los recursos, reduciendo la generación de residuos y la sustitución de las materias primas por otras más eficaces; esta idea presagiaba una progresiva independencia del crecimiento económico respecto al consumo de energía y recursos naturales. Este proceso, que desligaba crecimiento y límites, fue denominado desmaterialización de la economía.

Esta idea se veía reforzada con la aparición de las nuevas tecnologías de la comunicación, de las que se decía que teóricamente posibilitaban un crecimiento económico ilimitado con gasto escaso de energía y materiales.

Lamentablemente, la realidad no ha acompañado estos augurios optimistas y los costes ambientales de los nuevos procesos de fabricación, así como el aumento de consumo global muestran que la necesidad de considerar los límites es cada vez más angustiosa.

La paradoja de Jevons, denominada así por su descubridor, William Stanley Jevons, afirma que a medida que el perfeccionamiento tecnológico aumenta la eficiencia con la que se usa un recurso, lo más probable es que aumente el consumo de dicho recurso, antes que disminuya. Concretamente, la paradoja de Jevons implica que la introducción de tecnologías con mayor eficiencia tecnológica pueden, a la postre, aumentar el consumo total de energía.

En su obra de 1865 titulada "The Coal Question" (la cuestión del carbón) Jevons observó que el consumo del carbón se elevó en Inglaterra después de que James Watt introdujera su máquina de vapor alimentada con carbón, que mejoraba en gran manera la eficiencia del primer diseño de Thomas Newcomen. Las innovaciones de Watt convirtieron el carbón en un recurso con mayor eficiencia en relación con el coste, haciendo que se incrementara el uso de su máquina de vapor en una amplia gama de industrias. Ello, a su vez, hizo que aumentara el consumo total de carbón, aunque la cantidad de carbón necesaria para cada aplicación concreta cayera.

Es muy probable que la introducción de tecnologías más eficientes no disminuya la tasa de consumo de recursos naturales. El hecho de que sólo un grupo de la población adopte estas tecnologías eficientes libera recursos que pueden ser utilizados con mayor intensidad por otros que no estén en el uso de esta eficiencia.

Algunos ejemplos los tenemos en la tecnología del automóvil, que a pesar de haber conseguido motores más eficientes en el gasto de combustible, ha multiplicado el mismo al venderse muchos más coches y ser de mayor peso. Otro ejemplo es el del gasto del papel, que hipotéticamente iba a disminuir con la aparición del ordenador, ya que la posibilidad de almacenar información electrónicamente permitía la creación de la “oficina sin papeles”. Pues bien, entre 1960 y 1997 el consumo de papel en los Estados Unidos se ha multiplicado por 5. Pero, es que además, según el análisis realizado por Plätzer y Göstching, la lectura de un periódico on line utiliza diez veces más energía de origen fósil y genera dos veces más residuos, que un periódico de papel. (Carpintero, 2005).

Los esfuerzos tecnológicos para mejorar la eficiencia en el uso de recursos naturales y en la reducción de la contaminación pueden ser muy valiosos, sin embargo, no han demostrado servir para minimizar el deterioro ecológico, ya que conllevan enormes costes ambientales respecto a los productos a los que sustituyen y generan, en muchos casos, un efecto rebote que transforma la eficiencia y ahorro en un consumo a mayor escala de los productos fabricados.

Si han cambiado las relaciones de producción de bienes y servicios en los países desarrollados es porque aún persisten sus prácticas coloniales: instalaron sus fábricas en los países del tercer mundo. La 'aldea global' es una ficción de los relativamente ricos.


El mito paradójico de la abundancia


Después de la Independencia, se creó entre los colonos norteamericanos la imagen de un paraíso agrario que un día se extendería hasta el mar occidental. En la imaginación de los hombres, las tierras que se encontraban al poniente se transformarían en el Jardín del Mundo. La creación de mitos relativos a la tierra se convirtió en un pasatiempo nacional, infectaron la política y produjeron los movimientos hacia el oeste y el destino manifiesto: mientras los hombres estuvieran convencidos de que el continente era una sucesión ininterrumpida de pastos inagotables llevarían a cabo grandes y temerarias hazañas. La imagen de Daniel Boone (cazador y explorador) se convirtió en el símbolo del optimismo. La adquisición del territorio noroccidental alimentó la euforia. Había tal abundancia de todo, tanta tierra, tanta agua, tanta madera, tantos animales, que nadie previó el día en que alguno de los recursos naturales pudiera agotarse, la consecuencia: la devastación y abuso de la tierra y el gran saqueo de recursos durante el siglo XIX

Hoy, observamos los supermercados y los escaparates y vemos que están llenos de productos; abrimos el grifo y sale agua, mediante un interruptor los espacios se iluminan como por arte de magia; en las ciudades existen miles de viviendas; las distancias se acortan con el transporte; accedemos a internet y el conocimiento de la humanidad se postra a nuestros pies; pulsando una tecla hablamos instantáneamente con otra persona en cualquier lugar del mundo. Todo se puede conseguir.

Lo único que hay que tener es dinero.

Y la forma de mantenernos en constante competición unos con otros, en lucha constante por los recursos, por el dinero, por los medios de subsistencia, por un puesto de trabajo, por una plaza de aparcamiento, por una vivienda más amplia (o simplemente por un lugar en que vivir), por una plaza en la universidad, por un trozo de pan, etc., etc., consiste en inculcarnos, constantemente y desde la infancia, el convencimiento de que hay escasez de todo, de que los bienes terrenales y la calidad de vida son algo escaso por lo que hay que luchar, cuando lo observamos  es que sobra de todo: alimentos, dinero, espacio físico, tiempo para lo importante... Pero tenemos miedo a ‘no tener’.
Es más, podemos afirmar que la sociedad moderna es la primera sociedad que ha creado un cuerpo técnico especializado, cuya función es justamente la de crear y de (re)producir la pobreza: los profesionales de la publicidad y del marketing que, mediante la manipulación del lenguaje simbólico y al incidir sobre las carencias y los anhelos psicológicos inconscientes de las personas, logran fomentar el deseo de consumo, la subjetividad de la pobreza.

La sociedad moderna, cuya organización social se articula en torno de las relaciones del mercado y que ha elegido los satisfactores mercantiles (las mercancías) como los satisfactores más importantes, anteponiendo así -como ya analizó Fromm- el Tener al Ser. Bajo esta concepción, al no tener dinero para acceder a la posesión de los satisfactores mercantiles privilegiados por las sociedades modernas, uno es y se siente pobre casi por definición.

Y es esta concepción mercantil de la pobreza la que ensombrece todos los otros tipos de “pobrezas”, como la pobreza espiritual, la pobreza afectiva/emocional, la pobreza de relaciones -tanto sociales como con un medio físico armonioso-, bajo cuyo prisma tendríamos que invertir, de hecho, la concepción dominante de sociedades ricas y pobres, ya que es justamente en los países más desarrollados donde más se sufre de este tipo de pobrezas, hecho que parecen confirmar los altos índices de suicidio y de enfermedades de carácter depresivo que las caracteriza.
‘Si nos dejamos llevar por el miedo a la “pobreza”, les seguiremos pasando a los demás la miseria desnuda.’

Rudolph Bahro


El mito de la igualdad

Frente a la impostura histórica de la dominación, surge la idea de la igualdad como bálsamo que eliminaría las diferencias y terminaría con las estructuras de dominación heredadas de las sociedades tradicionales. Una vez que todos fuéramos iguales no existiría la discriminación, y todos tendríamos las mismas oportunidades de acceso a los diferentes niveles de poder, de mandar, de poder hacer y poder ser; dominar y administrar los recursos y tener capacidad para elegir el modo de estar en el mundo.

En nuestra civilización jerarquizada, los que están arriba son los que han ido construyendo un modelo en el que lo significante, lo valioso, es aquello que se ajusta más fácilmente a los esquema a la clases hegemónicas.

¿Por qué en nuestra sociedad está mal visto el cotilleo, sin embargo hablar de fútbol está considerado una asunto serio? ¿Por qué está más penalizado socialmente comprar en un mercadillo que en un gran centro comercial? ¿Por qué tener vehículo privado da más prestigio que utilizar transporte público? La valoración que se hace de determinadas funciones, roles, actitudes o aptitudes es lo que define que el fútbol es un asunto serio, que los centros comerciales son los nuevos templos sagrados y el vehículo privado es un nuevo dios. El esquema del triunfador está muy cerca del financiero, del político con éxito, del presentador mediático, del futbolista goleador.

Se establece mediante un orden simbólico un modelo superior de ser y estar, al cual debemos imitar; entonces todos deberíamos aspirar a ser:

hombre/blanco/rico/heterosexual/urbano/joven/sano/ciudadano/universitario/propietario/con patria…

Que ocurre entonces con el modo de ser mujer, ser negra, ser gitana, ser pobre, ser campesina, ser vieja, ser niña, ser enferma, ser sin papeles, ser apartida, ser precaria, …

Si la aspiración es que las personas lleguemos a ser sujetos con todas las prerrogativas del ‘sujeto universal’, estaremos legitimando las leyes que hacen invisible el dominio social. Lo genérico engendra identidades que es lo opuesto a las diferencias.

La idea de igualdad se vuelve como un boomerang, se expone a una fácil refutación por los sentidos, y hasta las más concluyentes pruebas antropológicas.


“la utopía abstracta de la igualdad es demasiado fácil compatible con las más astutas tendencias de la sociedad; el que todos seamos iguales es la que mejor se ajusta a la consideración de las diferencias reales o imaginarias como estigmas que testimonian que las cosas no se han llevado todavía demasiado lejos, que algo hay libre de la maquinaria, algo no del todo determinado por la totalidad.”

Theodor W. Adorno

Centrar los problemas únicamente en la desigualdad, es actuar de manera reduccionista; estamos ante estructuras de poder que impiden desplegar en toda su amplitud las facultades de las personas y de los pueblos; estructuras de poder que convierten las diferencias en desigualdades

Habría que construir el ‘sujeto diferencial’ capaz de pactos y transacciones, reclamando la diferencia porque somos diferentes frente al modelo hegemónico.

La vida no es negociable. Nuestra libertad nace de nuestra naturaleza, que la dota tanto de posibilidades como de límites. Han utilizado nuestras diferencias para someternos. Las diferencias de edad, de raza, de religión, de lengua, de etnia, de clase y de sexo han dado lugar a múltiples desigualdades. Pero la diferencia nada tiene que ver conceptualmente con la desigualdad. Esta ha sido una consecuencia perversa.


El mito de la libertad


El mito de la libertad nace de una narración en la cual las personas se desenvuelven autónomamente, independientes de las demás personas y de la Naturaleza, un mundo incorpóreo, sin necesidades que satisfacer; un mundo constituido por personas inagotables, siempre sanas, jóvenes, redimidas de las tareas de cuidados.

La libertad pertenece al imaginario colectivo que se mira en las elaboraciones de las empresas de publicidad; así la mera elección entre productos o marcas sin apenas diferencias cristalizan en ilusiones de libertad que transmiten los significados simbólicos que emiten estos productos.

La sociedad actual justifica su existencia con la promesa de satisfacer los deseos humanos y sus necesidades mediante los bienes materiales. En nuestro mundo la idea de libertad está asociada a la posibilidad de mayor consumo, a un mayor acceso a un número cada vez mayor de mercancías, en todo momento y en todo lugar los anuncios publicitarios nos recuerdan que tenemos que comprar y acumular para ser felices. Expresado en un slogan publicitario:“¡Qué importa si a ti te gusta! ¡Hazlo!”.


“... Yo no quiero esa libertad que me ofrecen, la que no puede prescindir de tener y desear...”

“... Y si le horrorizaba la esclavitud del éxito y del dinero aún le angustiaba más la lucha por obtenerlo que, dijo, volvía a los humanos ridículos...”

Rosa Regás


La sociedad busca orden y coherencia porque la incertidumbre provoca miedo y angustia, inquieta al individuo que se encuentra ante sí mismo dudando, ante la imposibilidad de elegir y experimentar así el peso de la responsabilidad, el ‘miedo a la libertad’ del que nos habla Erich Fromm; la sociedad actual prefiere personajes integrados en el proyecto asignado a cada uno, antes que una multiplicidad de piezas interpretadas por pequeños grupos de individuos.

El reconocimiento de las necesidades humanas es imprescindible para adquirir una visión real de nuestra especie y poder ubicarla adecuadamente en el mundo natural y social. El ideal filosófico que propugna superar el reino de la necesidad para ganar el reino de la libertad, es una falacia que niega la dependencia material de la humanidad, y nos encamina hacia una libertad abstracta, falsa e inalcanzable para la mayoría de los seres humanos.

La verdadera libertad es aquella que se ejerce dentro de los propios límites. Se trata de una libertad enmarcada en la realidad material que consiste precisamente en decidir y experimentar cómo se juegan las relaciones entre la vida natural y la vida social.

Libertad sería rechazar el poder, las jerarquías, la dominación y la autoridad, y proponer relaciones igualitarias, libres y armoniosas entre los seres humanos y la Naturaleza.

Entenderemos la libertad en un sentido positivo como la capacidad de obrar de una u otra manera o de no obrar, y en un sentido negativo como un estado o condición de no ser esclavo, de no estar dominado; de tal manera que somos responsables de nuestros actos. La libertad sería entendida como un acto transformador que nos permitiría a través del pensamiento y acción colectiva desmantelar la sociedad de dominación en la cual nos encontramos basada en el crecimiento del consumo.