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Estupidez humana

Max Neef

Desde niño me ha preocupado lo que considero una cuestión importante: "¿Qué es lo que hace únicos a los seres humanos? ¿Hay algún atributo humano que ningún otro animal posea?" La primera respuesta recibida fue que los seres humanos tenemos alma, y los animales no. Esto me sonó extraño y doloroso, porque amaba y amo a los animales. Además, si Dios era tan justo y generoso hecho que yo todavía creía firmemente en esos días no hubiera hecho semejante discriminación. 0 sea, que no me convencí.

Varios años más tarde, bajo la influencia de mis primeros maestros, se me llevó a concluir que nosotros éramos los únicos seres inteligentes, mientras que los animales sólo tienen instintos. No me llevó mucho tiempo darme cuenta que estaba otra vez sobre la pista falsa. Gracias a las contribuciones de la etología, hoy sabemos que los animales también poseen inteligencia. Y reflexioné, hasta que un día finalmente creí que lo tenía; los seres humanos son los únicos seres con sentido del humor. Otra vez fui desengañado por estudios que demuestran que hasta los pájaros se hacen bromas entre sí y se "ríen".

Ya era un estudiante universitario y había casi decidido rendirme, cuando mencioné a mi padre mi frustración. Simplemente me miró y dijo: "¿Por qué no intentas por el lado de la estupidez?". Aunque al principio me sentí impactado, los años pasaron, y me gustaría anunciar, a menos que alguien más pueda reclamar una precedencia legítima, que estoy muy orgulloso de ser probablemente el fundador de una nueva e importante disciplina: la Estupidología. Sostengo, por lo tanto, que la estupidez es un rasgo único de los seres humanos. ¡Ningún otro ser vivo es estúpido, salvo nosotros!

Extraído del libro 'Desarrollo a escala humana' escrito por Max Neef

Manfred Max-Neef: Libros, artículos, entrevistas y conferencias.

Entrevista a Max Neef. Economía descalza


Max-Neef ganó en 1983 el Right Livelihood Award, dos años después de haber publicado su libro Economía Descalza, Señales desde el Mundo Invisible.

- ¿En qué consiste la economía descalza?

- Bueno, es una metáfora, pero es una metáfora que se originó en una experiencia concreta. Yo trabajé alrededor de diez años de mi vida en áreas de pobreza extrema en las sierras, en la jungla, en áreas urbanas en distintas partes de Latinoamérica. Al comienzo de este periodo estaba un día en una aldea indígena en la sierra de Perú, era un día horrible, había estado lloviendo todo el tiempo. Era una zona muy pobre y frente a mí estaba otro hombre parado en el lodo (no en el barrio pobre sino en el lodo). Y bueno, nos miramos. Era de corta estatura, delgado, con hambre, desempleado, cinco hijos, una esposa y una abuela. Yo era el refinado economista de Berkeley, que enseñaba en Berkeley, etc. Nos mirábamos cara a cara y de pronto me di cuenta de que no tenía nada coherente que decirle en esas circunstancias a este hombre, que todo mi lenguaje de economista era inútil. ¿Debería decirle que se pusiera feliz porque el producto interno bruto había subido un 5% o algo así por e l estilo? Todo esto era completamente absurdo. Entonces descubrí que no tenía un lenguaje para ese ambiente y que teníamos que inventar un idioma nuevo. Ese es el origen de la metáfora economía descalza que, en concreto, simboliza la economía que un economista debe usar cuando se atreve a meterse en los barrios bajos. El punto es que los economistas estudian y analizan la pobreza desde sus oficinas lujosas, poseen todas las estadísticas, desarrollan todos los modelos y están convencidos de que saben todo lo que hay que saber sobre la pobreza. Pero ellos no entienden lo que es la pobreza, ese es el gran problema y es también el motivo por el cual la pobreza aún existe. Esto cambió completamente mi vida como economista: inventé un lenguaje coherente para esas condiciones de vida.

- ¿Y cuál es ese idioma? ¿Cómo aplicas un sistema económico o haces que las circunstancias expliquen esos cambios?

- No, la cuestión es mucho más profunda. Es decir, no es como la típica receta que te da alguien de tu país, en donde te dicen "le garantizamos quince lecciones o la devolución de su dinero". Ese no es el punto, te lo pongo de esta manera: hemos alcanzado un nivel en nuestra evolución en el que sabemos muchas cosas, sabemos muchísimo pero entendemos muy poco. Nunca en la historia de la humanidad ha habido tanta acumulación de conocimiento como en los últimos cien años y mira cómo estamos. ¿Para qué nos ha servido el conocimiento? La esencia está en que el conocimiento por sí mismo no es suficiente, carecemos de entendimiento. La diferencia entre conocimiento y entendimiento te la puedo explicar con un ejemplo: vamos a pensar que tú has estudiado todo lo que puedes estudiar desde una perspectiva teológica, sociológica, antropológica, biológica, inclusive bioquímica y sobre un fenómeno humano llamado amor. El resultado es que tú sabrás todo sobre el amor, pero tarde o temprano te vas a dar cuenta de que nunca entenderás el amor a menos de que te enamores. ¿Qué significa esto? Que sólo puedes llegar a aspirar a entender aquello de lo que llegas a formar parte. Como dice la canción: si nos enamoramos, somos mucho más que dos. Cuando perteneces, entiendes. Cuando estás separado, solo acumulas conocimiento y esa ha sido la función de la ciencia. Ahora bien, la ciencia se divide en partes pero el entendimiento es completo, holístico.

Y eso es lo que sucede con la pobreza. Yo entendí la pobreza porque estuve allí; viví con ellos, comí con ellos y dormí con ellos. Entonces comienzas a entender que en ese ambiente hay distintos valores, y diferentes principios comparados con los que existen allí de donde tú provienes y te das cuenta de que puedes aprender cosas fantásticas de la pobreza. Lo que he aprendido de los pobres supera lo que aprendí en la universidad. Pero pocas personas tienen esa oportunidad, ¿te das cuenta? Ellos ven la pobreza desde afuera en lugar de vivirla desde adentro. Aprendes cosas extraordinarias. Lo primero que aprendes y que los que quieren mejorar el sistema de vida de los pobres no saben, es que dentro de la pobreza hay mucha creatividad. No puedes ser un idiota si quieres sobrevivir, cada minuto tienes que estar pensando, ¿Qué sigue? ¿Qué puedo hacer aquí? ¿Qué es esto y lo otro y lo otro? Así que tu creatividad debe ser constante. Además, están los contactos, la cooperación, la ayuda mutua y toda una gama de cosas extraordinarias que ya no se encuentran nuestra sociedad dominante que es individualista, avara, egoísta, etc. Totalmente lo opuesto de lo que tienes allá. Y es sorprendente porque a veces llegas a encontrar gente más feliz entre los pobres que la que encontrarías en tu propio ambiente. Lo que significa que la pobreza no solo es una cuestión de dinero. Es algo mucho más complejo.

- ¿Qué crees que debamos cambiar?

- ¡Oh!, casi todo. Somos dramáticamente idiotas. Actuamos sistemáticamente en contra de las evidencias que tenemos. Sabemos exactamente qué no debemos hacer. No hay nadie que no sepa esto, especialmente los grandes políticos saben exactamente lo que no se debe hacer. Y aún así lo hacen. Después de lo que pasó en octubre del 2008, tú pensarías que van a cambiar porque se han dado cuenta de que el modelo económico no funciona, que incluso tiene un alto nivel de riesgo, dramáticamente riesgoso. Y uno se pregunta: ¿Cuál fue el resultado de la última reunión de la Comunidad Europea? Ahora son más fundamentalistas que antes. De tal modo que lo único de lo que se puede estar seguro es que ya viene la próxima crisis y que será el doble de fuerte que la actual. Pero para entonces ya no habrá suficiente dinero. Esas son las consecuencias de la sistemática estupidez humana.

- Si tú estuvieras al frente de la economía ¿qué harías para evitar otra catástrofe?

- Primero que nada, necesitamos de nuevo economistas cultos, que sepan historia, de dónde vienen, cómo se originaron las ideas, quién hizo qué y así sucesivamente. Lo segundo, una economía que entienda que es subsistema de un sistema finito más grande: la biosfera, y como consecuencia la imposibilidad de tener un crecimiento económico infinito. En tercer lugar, un sistema que tenga claro que no puede funcionar sin tomar en serio los ecosistemas. Pero los economistas no saben nada de ecosistemas, no saben nada de termodinámica, nada de biodiversidad, son totalmente ignorantes respecto a estos temas. Un economista debe tener claro que si los animales desaparecen, él también desaparecerá porque entonces ya no habrá qué comer. Pero él no sabe que dependemos totalmente de la naturaleza ¿te das cuenta? Sin embargo, para los economistas de hoy en día la naturaleza es un subsistema de la economía, concepto que es totalmente absurdo.

Además debemos acercar el consumidor a la producción. Yo vivo bien al sur de Chile, una zona fantástica donde tenemos toda la tecnología para la elaboración de productos lácteos de máxima calidad. Hace unos meses estaba desayunando en un hotel y al tomar un paquetito de mantequilla descubrí que ésta venía de Nueva Zelanda, absurdo ¿no te parece? ¿Y por qué sucede una cosa así? Porque los economistas no saben calcular los costos reales. Traer mantequilla desde un lugar que queda a 20.000 kilómetros a un sitio donde se produce la mejor, con el pretexto de que es más barato es una estupidez monumental porque no tienen en cuenta el impacto que causan esos 20.000 km. de transporte sobre la naturaleza. Por si fuera poco, es más barata porque está subsidiada. Es un caso muy claro en el que los precios nunca dicen la verdad. Todo tiene su truco ¿sabes? esas artimañas causan enormes daños. Si acercas el consumo a la producción, comerás mejor, tendrás mejores alimentos y sabrás de dónde vienen. Incluso podrías llegar a conocer a la persona que lo produce. Se humaniza el proceso, pero hoy en día lo que los economistas hacen está totalmente deshumanizado.

- ¿No crees que la misma tierra nos forzará a actuar de diferente modo? ¿Estaremos llegando al fin?

- Sí claro. Ya algunos científicos lo están diciendo pero yo aún no he llegado a ese punto. Pero muchos lo creen y piensan que es definitivo, que estamos fritos, que dentro de algunas décadas no habrá más humanos. Yo no creo que hayamos llegado a ese punto, pero sí que estamos cerca y diré que ya cruzamos el primero de los tres ríos. Y observa lo que está pasando en todos lados, es alarmante cómo la cantidad de catástrofes ha ido aumentando y se manifiesta en todas las formas: tormentas, terremotos, erupciones volcánicas. El número de eventos crece dramáticamente, es sobrecogedor y nosotros seguimos en las mismas.

- ¿Qué has aprendido de las comunidades pobres en las que has vivido y trabajado que te de esperanza?

- La solidaridad de la gente; el respeto por los otros; la ayuda mutua; nada de avaricia, un valor inexistente dentro de la pobreza y uno estaría inclinado a pensar que allí es donde más está presente, que la avaricia debería ser patrimonio de los que menos tienen. No, todo lo contrario, mientras más tienes más quieres, la crisis actual es producto de la avaricia. La avaricia es el valor dominante del mundo actual. Mientras persista, estamos acabados.

- ¿Cuáles serían los principios que enseñarías a los jóvenes economistas?

- Los principios de la economía deben estar fundamentados en cinco postulados y un valor esencial. Primero: la economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía. Segundo: el desarrollo se refiere a las personas, no a las cosas. Tercero: crecimiento no es lo mismo que desarrollo y el desarrollo no necesariamente requiere de crecimiento. Cuarto: no puede existir una economía con un ecosistema fallando. Quinto: la economía es un subsistema de un sistema mayor y finito: la biosfera. Por lo tanto, el crecimiento permanente es un imposible. Y el valor fundamental para poder consolidar una nueva economía es que ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar por encima de la reverencia por la vida.

- Explica lo que acabas de mencionar…

- Nada puede ser más importante que la vida. Y digo vida, no seres humanos, porque para mí el punto clave es el milagro de la vida en todas sus manifestaciones. Pero si predomina el interés económico, uno no solo se olvida de la vida y otros seres vivientes, termina también ignorando a los seres humanos. Si recorres esta lista que acabo de mencionar, uno a uno, verás que lo que tenemos ahora es exactamente lo contrario.

- Volvamos al tercer punto, crecimiento y desarrollo y explícalo mejor…

- Crecimiento es una acumulación cuantitativa. Desarrollo es la liberación de posibilidades creativas. Todo sistema vivo de la naturaleza crece y en cierto punto deja de crecer, tú ya no estás creciendo, ni él ni yo. Pero continuamos desarrollándonos, de otro modo no estaríamos dialogando en este momento. El desarrollo no tiene límites pero el crecimiento sí. Y este es un concepto muy importante que políticos y economistas ignoran, están obsesionados con el fetiche del crecimiento económico.
He trabajado durante décadas y en este tiempo se han hecho muchos estudios. Soy el autor de una famosa hipótesis: la hipótesis del límite, que dice que en toda sociedad hay un periodo de crecimiento económico-entendido convencionalmente o no-que trae una mejora en la calidad de vida pero sólo hasta cierto punto: el punto límite, a partir del cual, si hay más crecimiento, la calidad de vida comienza a decaer. Esta es la situación en la que nos encontramos actualmente.

Tu país es el ejemplo más dramático que puedes encontrar. En mi libro que saldrá publicado el próximamente en Inglaterra, titulado La economía desenmascarada-hay un capítulo llamado "Estados Unidos, una nación en vías de subdesarrollo" la cual es una nueva categoría. Actualmente manejamos los conceptos de desarrollado, subdesarrollado y en vías desarrollo. Ahora tenemos el nuevo concepto de en vías de subdesarrollo y tu país es el mejor ejemplo, en el cual el 1% de los americanos cada vez están mejor, mejor y mejor, mientras que el 99% va en decadencia en todo tipo de manifestaciones. Hay personas que viven en sus autos, ¿sabes? ahora duermen en sus carros, estacionados enfrente de la que fue su casa. Miles, millones de personas lo han perdido todo. Pero los especuladores, los que crearon todo este problema, esos están fantásticamente bien. Para ellos no hay problemas.

- ¿Entonces, cómo cambiarías las cosas?

- Bueno, no sé cómo cambiarlas. Es decir, solitas van a cambiar, pero de manera catastrófica. Para mí no sería raro que de un momento a otro millones de personas salieran a las calles de Estados Unidos a causar destrozos. No sé, pero podría suceder. No lo sé. La situación es absolutamente dramática y se supone que es el país más poderoso de la tierra. Y aún en estas condiciones, siguen con sus guerras absurdas gastando billones y trillones. Trece trillones de dólares para los especuladores y ¡ni un centavo se fue para las personas que perdieron sus casas! ¿Qué tipo de lógica es esa?

Traducido por: Rose Mary Salum.
Democracy Now, marzo de 2011.

Para saber más: Max-Neef: Libros, artículos, entrevistas y conferencias
Conferencia de Max Neef: El mundo en rumbo en colisión [Video]

Pasos hacia una nueva economía

Manfred Max-Neef- Mundo Nuevo
 
La economía, contrariamente a lo que nos cuentan, no es una ciencia. Es una disciplina cuya función es construir modelos matemáticos que pretenden interpretar y representar los procesos del mundo en que vivimos.



El sistema económico que domina en el mundo actual no hace más que forzar a la gran mayoría de la humanidad a vivir con indignidad y pobreza. Además, amenaza todas las formas de vida, incluso la vida misma. España es hoy, por desgracia, un buen ejemplo.

El hecho de que se haya llegado a un punto en que son más las personas que mueren por suicidio que por accidentes de tránsito, nos lleva a plantearnos una pregunta fundamental: estos suicidios ¿son realmente suicidios, o son asesinatos de un sistema económico perverso?

¿Y por qué es perverso el sistema económico imperante? La economía, contrariamente a lo que nos cuentan, no es una ciencia. Es una disciplina cuya función es construir modelos matemáticos que pretenden interpretar y representar los procesos del mundo en que vivimos. Y es tal la adhesión a dichos modelos, que cuando las políticas económicas que se implementan basadas en ellos no funcionan, no es porque el modelo esté mal, sino porque la realidad hace trampas. Así, pues, no importa lo que ocurra, siempre se vuelve a insistir en lo mismo. Es siempre más de lo mismo lo que resuelve los problemas.

Si la economía fuese una ciencia, los economistas actuarían como científicos. Vale decir que, si se constata que una teoría o modelo no funcionan, de inmediato se los descarta para buscar otras alternativas. Pues eso es exactamente lo que el economista no hace. Y como resultado tenemos un mundo manejado por políticos, asesorados por economistas que no conocen ni entienden la realidad.
La economía convencional (mainstream) se sustenta en teorías neoclásicas, de fines del siglo XIX, que se basan en una cosmovisión mecánica. Ello implica que lo único que persigue son metas cuantitativas representadas por el crecimiento medido a través del Producto Interno Bruto (PIB), que se ha convertido en el indicador fundamental para todos los países y se ha transformado en un fetiche que, a estas alturas, está haciendo mucho daño.

Puesto que el mundo no es mecánico, como supone la economía neoclásica, sino orgánico, como lo entiende la economía ecológica, no hay que sorprenderse de que la disciplina tal como se la enseña, crea economistas que no entienden el mundo real. Por lo tanto, es imposible para ellos percibir la trascendencia de la interconexión inseparable entre economía, naturaleza y sociedad.

Los fundamentos de la economía dominante se componen de tres principios peligrosos.
Primero, la obsesión del crecimiento infinito con incrementos exponenciales del consumismo. Segundo, el supuesto de las externalidades, que niega la responsabilidad de los procesos económicos, con todos sus efectos negativos. Tercero, la aberración macroeconómica de contabilizar la pérdida de patrimonio como incremento del ingreso.

Cada uno de estos principios puede generar efectos negativos; pero los tres juntos pueden resultar devastadores tanto para la naturaleza como para la sociedad.

A la incapacidad de comprender el mundo real, hay que agregar la notable arrogancia de los economistas convencionales. En el momento de escribir estos comentarios me encuentro con un artículo que analiza un libro recientemente editado por el profesor español Ignacio Palacios-Huerta. El articulista manifiesta que es cierto que esta profesión (la economía) no previó la crisis financiera de 2008, pero aun así el editor escribe en la introducción que “los economistas saben más sobre las leyes de las interacciones humanas, y han reflexionado más profundamente sobre ellas y con mejores métodos que cualquier otro ser humano.’ Es bueno saber que la filosofía, el derecho, la psicología, la sociología, la antropología, la medicina, y tantas otras, están de más. Para qué recurrir a ellas si basta con preguntarle a un economista.

¿Y cómo y por qué se ha llegado a esta situación tan absurda, en que una disciplina decimonónica ha llegado a convertirse en una pseudoreligión que maneja un mundo que no entiende y cuya ignorancia se oculta detrás de dogmas que han logrado lavarle el cerebro a gran parte de la humanidad? Las inconsistencias y fracasos de la economía han ocurrido, y siguen ocurriendo, porque el propósito fundamental de la disciplina es cumplir la función de defender el statu quo de la riqueza y el poder.
Frente a una religión perversa, la herejía es buena para la salud.

Una enseñanza no toxica de la economía

No se pueden esperar cambios significativos en la economía a menos que su enseñanza experimente una profunda transformación. Los modelos económicos que fueron dominantes en diferentes épocas fueron aquellos que fortalecieron el statu quo de una sociedad injusta; y por otra parte, que para que la economía tuviese la autoridad suficiente para imponer sus propuestas, debía aparecer como una ciencia exacta. Esto último se consiguió mediante el uso y el abuso de las matemáticas, como resultado de cierto complejo de inferioridad por parte de los economistas del siglo XIX, puesto que no eran físicos. Esta es la razón por la que nunca se admite que los modelos económicos están equivocados. Si no funcionan, no es debido a un fallo en el modelo, sino porque la realidad juega sucio. “Si la teoría no se ajusta a la realidad, olvida la realidad”. Todo esto es, sin duda, resultado de la manera en que se enseña economía en las universidades.

Ahora bien, si queremos cambiar algo, primero debemos comprender los orígenes de aquello que queremos cambiar. El neoliberalismo, vástago de la economía neoclásica, se ha convertido en la ideología política que domina casi todos los departamentos de economía de nuestras universidades. De hecho, fue en las universidades donde se originó el neoliberalismo, y allí se continuó promoviendo con entusiasmo como la única definitiva y respetable escuela de pensamiento económico. La evidencia de que, especialmente durante 2008 y 2009, la doctrina neoliberal no solo estaba equivocada, sino que además era nociva, parece no alterar a aquellos que aún controlan la inmensa mayoría de los departamentos de economía.

Hoy, después de las bancarrotas y las crisis que han sido la consecuencia de la ignorancia y la ceguera ante el mundo real, hallamos economistas cuyo argumento es que simplemente debemos diseñar mejores modelos. No se dan cuenta de que la única manera de lograr una mejor comprensión de la realidad es revalorizando una vez más la historia económica y la historia del pensamiento económico. En otras palabras, necesitamos volver a contar con economistas cultos.

De un mundo bipolar a una conciencia global

Lo que tenemos son dos mundos paralelos. Uno centrado en la política, la competencia, la codicia y el poder, que parece tener todo bajo su control; y otro interesado en la equidad, el bienestar, el respeto por la vida y la solidaridad, que no controla nada, pero que crece y se expande como un imparable movimiento subterráneo de la sociedad civil. El primero, a pesar de su abrumador poder y presencia es, debido a su rigidez, puro dogmatismo y fetichismo del crecimiento, vulnerable e insostenible, como lo demuestran sus crisis cada vez más profundas; mientras que el segundo, debido a su dispersión, a su diversidad, a su feroz independencia y a su caótica estructura, no puede ser descabezado ni puede colapsarse.

La existencia de estos mundos paralelos revela que nos estamos desplazando, o al menos intentando hacerlo, de un mundo de poder e individualismo a uno de solidaridad y comunidad. Por todas partes surgen respuestas a los desastres ecológicos y a todas las manifestaciones del sufrimiento humano. La necesidad de un cambio radical del modelo económico dominante sustenta a todos los componentes del movimiento.

A pesar del vigor con que crece este inmenso movimiento subterráneo, a menudo escuchamos comentarios de que el ecologismo, y más ampliamente una nueva economía, han fracasado como movimiento y están muertos. De hecho, lo que es cierto es lo opuesto. Tarde o temprano todos seremos ecologistas, como consecuencia de la necesidad y de la experiencia. La creencia en que los problemas pueden ser resueltos individualmente, desde arriba hacia abajo, es a estas alturas algo fuera de discusión. El mundo es un sistema, y pronto será un mundo muy diferente, impulsado por millones de comunidades que creen que la democracia y la recuperación son movimientos de base que nos conectan con valores que todos compartimos.

Las iniciativas por el cambio que surgen de la sociedad civil son similares al sistema inmunitario de un ser viviente. No se lo ve, no se lo siente, pero está allí, funcionando para proteger al cuerpo al que pertenece. El cuerpo siente la enfermedad, que es el enemigo, pero no percibe al ejército subterráneo que ataca a la enfermedad. Somos conscientes de las profundas crisis y problemas que afectan nuestras vidas y, en consecuencia, a menudo nos sentimos deprimidos y vencidos. Pero también deberíamos ser conscientes del hecho de que, si nuestro sistema inmunitario no existiera, las cosas estarían mucho peor. Es imposible calcular cuántas infecciones y heridas que podrían dañar nuestro cuerpo social son evitadas, cada minuto y en todas partes, gracias a las acciones de esos invisibles millones que integran la red subterránea de la sociedad civil.

En su Instituto del Capital Natural, en California, Paul Hawken y sus colegas han creado una inmensa base de datos de organizaciones de la sociedad civil en 243 países, territorios y regiones, que asciende a cerca de 300.000 organizaciones. Esto es, sin duda, solo una fracción de todos los grupos que existen a  lo largo y ancho del mundo. El patrón de clasificación surgido de hacer el mapa de todo este panorama de organizaciones cubre literalmente miles de disciplinas e intereses. Los encabezados principales (bajo cada cual hay numerosas subcategorías) son: agricultura y ganadería, aire, biodiversidad, negocios y economía, niños y jóvenes, ecosistemas costeros, desarrollo comunitario, herencia cultural, democracia, ecología, educación, energía, pesquerías, silvicultura, cambio climático, globalización, gobernabilidad, industrias más ecológicas, salud, derechos humanos, pueblos indígenas, ecosistemas hídricos interiores, medios de comunicación, minería, plantas, contaminación, población, erradicación de la pobreza, derechos de propiedad, personas mayores, sostenibilidad, ciudades sostenibles, desarrollo sostenible, tecnología, ecosistemas terrestres, agua, vida silvestre, mujeres y trabajo.

Una red tan vasta de iniciativas de la sociedad civil es un sistema inmunológico colosal que, una vez que el sistema global de poder de arriba hacia abajo alcance su crisis final, será capaz de favorecer el surgimiento de una nueva democracia de abajo hacia arriba, basada en la solidaridad y la cooperación, que se extenderá desde la aldea hacia un orden global, y que ofrecerá las respuestas necesarias para la construcción de un mundo más humanizado.

Reflexiones finales

Probablemente lo mejor que le puede suceder a aquellos de nosotros que creemos en la comunidad, en el respeto a todas las formas de vida y en una economía más humanizada, es permanecer lo más invisibles posible en tanto el combate continúe. La invisibilidad, mientras dure la lucha, puede ser después de todo nuestra mayor fortaleza.

Si logramos la victoria al finalizar el día, la visibilidad podrá ser nuevamente bienvenida.

Mientras escribía este texto, recibí la noticia de que la propuesta de volver a legalizar la cacería de ballenas fue desestimada en un encuentro internacional en Marruecos. Esto se debió principalmente a que en unas pocas semanas se recogieron 1.200.000 de firmas de ciudadanos de todo el mundo opuestos a semejante práctica; fue la mayor petición en defensa de las ballenas de toda la historia. El impacto de esta campaña fue demostrado por el ministro de medio ambiente de Australia, Peter Garret, cuando recibió la petición: “Muchas gracias Avaaz. Es un gran placer estar aquí y aceptar esta petición… Creo que las voces de la gente del mundo deben ser escuchadas. Yo, sin duda, hoy las escucho”.

Una vez más, tenemos aquí un maravilloso sistema inmunitario planetario haciendo su trabajo.

Acabamos con una recomendación final para todos aquellos que siempre quieren saber cómo poner en práctica buenas ideas: hace un esfuerzo y trata de descubrir qué es lo que hay detrás de lo que ves. Siempre hay muchas más cosas aconteciendo si despiertas todos tus sentidos. Tal vez descubramos que un mundo mejor es posible.

Max Neef: aprender a comprender


Hemos alcanzado un punto en nuestra evolución humana, caracterizado por el hecho de que sabemos mucho, sabemos muchísimo, pero comprendemos muy poco; la navegación que hemos escogido ha sido piloteada por la razón y nos ha llevado al puerto del saber, como tal; ha sido una navegación asombrosamente exitosa; jamás en toda nuestra existencia hemos acumulado más conocimiento, más saber, que durante los últimos cien años. Estamos celebrando la apoteosis de la razón; sin embargo, en medio de esta tan espléndida celebración, súbitamente nos asalta la sensación de que algo falta.

Así es. Podemos alcanzar conocimiento, saber, sobre casi cualquier asunto que nos interese, podemos por ejemplo, guiados por nuestro querido método científico, estudiar todo lo que se puede estudiar —desde una visión teológica, antropológica, biológica, bioquímica, sicológica— sobre un tema humano llamado amor. Usted ha estudiado todo lo que se puede saber sobre el amor, pero solo va a comprender el amor el día en que se enamore.

¿A qué apunta esto, de que el comprender es el resultado de la integración mientras que el saber es el resultado de la separación y de la fragmentación? Solo puedo pretender el comprender aquello de lo que soy parte. Mientras sigamos diciendo “yo estoy aquí y la naturaleza está allá”, “estoy aquí y la pobreza está allá”, acumularemos mucha información en estadística, podemos diseñar muchos cuadros, pero nunca vamos a comprender realmente de qué se trata y qué es lo que realmente ocurre.

Finalmente, hemos alcanzado el punto en que estamos tomando conciencia de que el conocimiento, el saber, no es suficiente y que, por lo tanto, debemos aprender a comprender, a fin de alcanzar la completitud de nuestro ser.

Es probable que estemos comenzando a darnos cuenta de que el saber sin comprender es hueco y de que el comprender sin saber es incompleto. Precisamos, por lo tanto, emprender por fin la navegación hasta aquí pospuesta, pero para poder iniciarla debemos enfrentar el desafío de un cambio de lenguaje. Ya lo decía Einstein: “No es posible resolver un problema utilizando el mismo lenguaje que dio origen al problema”.

Para saber más: Max Neef: Libros, artículos, entrevistas y conferencias

Para saber más: Audio conferencia de Max Neef

"El neoliberalismo mata más gente que todos los ejércitos del mundo juntos, y no hay ningún preso"


El economista y ex candidato presidencial Manfred Max Neef cuestionó la obsesión por el crecimiento que genera la economía neoliberal, misma que a su jucio es "un fracaso tremendamente peligroso y brutal" y la responsable de gran parte "de todos los horrores que estamos viviendo en el mundo".

En una entrevista realizada por la revista En Torno, el autor de la tesis del desarrollo a escala humana afirmó que "esta economía neoliberal mata más gente que todos los ejércitos del mundo juntos, y no hay ningún acusado, no hay ningún preso, no hay ningún condenado. Todos los horrores que estamos viendo en el mundo, gran parte de ellos, tienen un trasfondo que está anclado a esta visión de tratamiento y práctica económica".

Y enfatizó que "la obsesión del crecimiento, para empezar, es un disparate. Porque una elemental ley natural, que todo el mundo conoce, es que todos los sistemas vivos crecen hasta un cierto punto en que dejan de crecer. Tú dejaste de crecer, yo dejé de crecer, el árbol grande deja de crecer, pero no deja de desarrollarse.

Seguir forzando el crecimiento para consumir más y seguir produciendo una infinita cantidad de cosas innecesarias, generando una de las instituciones más poderosas del mundo, como lo es la publicidad, cuya función es una y muy clara: hacerte comprar aquello que no necesitas, con plata que no tienes, para impresionar a quienes no conoces. Eso evidentemente no puede ser sustentable".

Para Max Neef no es un problema sin solución. Y por ello cree que la anternativa es "la visión de la economía ecológica", ya que "a diferencia de la economía tradicional, la economía ecológica es una economía que está al servicio de la vida y tiene características fundamentalmente opuestas a la convencional".

"Hoy en día llegamos al extremo, comienzo del siglo XXI, en que hay más esclavos de los que había antes de la prohibición de la esclavitud en el siglo XIX. Esclavos en serio, no en sentido figurado, de los cuales el 60% son niños y las demás, principalmente, mujeres".


Sobre este punto explicó que "la economía convencional –que es la hija de la economía neoclásica– desde una visión ontológica, se sustenta en una visión mecánica, newtoniana: el humano, la economía y el mundo son mecánicos. Y en un mundo mecánico tú tienes sistemas que tienen partes. Partes que descompones, analizas y vuelves a armar. Del otro lado, la economía ecológica se sustenta en una visión orgánica. Los sistemas no tienen partes, sino que participantes, los cuales no son separables. Lo cual significa que todo está intrínsecamente unido y relacionado. Esto por lo demás ya es un mensaje que hace más de 90 años nos viene dando la física cuántica, pero ese mensaje ha tardado en llegar a las ciencias sociales".

El economista y ex rector de las universidades Bolivariana y Austral, enumeró "cinco postulados fundamentales y un principio valórico irrenunciable" que debieran sustentar la economía ecológica o cualquier otro nuevo sistema económico: "El postulado número uno: la economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía; dos: el desarrollo tiene que ver con las personas y la vida, no con objetos; tres: crecimiento no es lo mismo que desarrollo, y el desarrollo no precisa necesariamente de crecimiento; cuatro: ninguna economía es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas; y cinco: la economía es un subsistema de un sistema mayor y finito que es la biosfera, por lo tanto, el crecimiento permanente es imposible".

"Y el principio valórico irrenunciable que debe sustentar una nueva economía es que ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar por sobre la reverencia a la vida. Si tú recorres estos puntos vas a ver que lo que hoy tenemos –en la economía neoliberal– es exactamente lo contrario.