decrecimiento.blogspot.com

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Mercenarios contra los agricultores

Para que en Europa puedan consumirse alimentos baratos, muchas empresas recurren al trabajo infantil, la esclavitud, la explotación, el maltrato a los animales y la destrucción del medio ambiente.

Brasil es el cuarto productor muncial de cacao, después de Costa de Marfil , Ghana e Indonesia. La mayor parte de las extensas plantaciones de cacao de la zona de Bahía pertenecen a grandes latifundistas millonarios, los fazendeiros. Muchos de ellos ni siquiera viven allí, sino en Río de Janeiro, Nueva York o París. En los campos de cacao trabajan más de ciento cincuenta mil personas, muchas de ellas contratadas de forma temporal. El salario medio ronda los 43 euros por mes . Y como con esa cantidad no se puede alimentar a una familia, es necesario que ayuden todos, incluso los niños y los ancianos, que por unos 30 euros hacen el trabajo, a veces hasta en la 'estufa', el horno de secado, moliendo granos de cacao y pulpa a 60 grados para que la pasta quede sin grumos.

En los últimos años los agricultores han intentado ocupar tierras para trabajarlas ellos mismos. Pero los latifundistas los expulsan, ayudados por la policía y por sus propios mercenarios, los pistoleiros. Desde 1986 ha habido 120 personas asesinadas o heridas.

Las plantaciones de cacao, desarrolladas en extensos monocultivos, son especialmente propensas a las plagas. Para combatirlas se utilizan grandes cantidades de insecticidas altamente tóxicos, que pueden provocar cáncer, enfermedades cutáneas, esterilidad y trastornos en los sistemas nervioso, respiratorio e inmunológico. La mayoría de los campesinos que utilizan los rociadores son analfabetos y no entienden las instrucciones de uso de esos productos agroquímicos. Según Gerhard Riess, experto en alimentos, las compañías fabricantes (entre ellas BASF, Bayer, Hoechst, Shell y Monsanto) no toman suficientes medidas para prevenir los graves daños que ocasionan sus productos a la salud.

Para saber más: El libro negro de las marcas. El lado oscuro de las empresas globales.Klaus Werner y Hans Weiss. 1991

Para saber más: El libro negro de las marcas

La estupidez humana

La estupidez humana es un rasgo único de los seres humanos y evolutivamente debió de ser una solución para adaptarse y sobrevivir; pero pienso que deberíamos buscar alternativas y formas de vida más creativas y, a ser posible, lo menos dolorosas posibles; el cuidado de la vida es un camino, aunque seguramente la estupidez humana nos llevará por otros cauces de violencia y terror.

La bioeconomia de Georgescu-Roegen

Oscar Carpintero ha escrito un excelente nuevo libro, un libro que va al fondo en el estudio de la vida y obra de Georgescu-Roegen.

Este texto constituye la primera biografía intelectual publicada en castellano sobre este autor, y tiene como finalidad realtar los principales aspectos de su obra económico-ecológica, de su bioeconomía.

Georgescu-Roegen fue, además, un economista singular. Y lo fue no sólo por los asuntos sobre los que investigó sino también por la manera fronteriza y transdisciplinar en que lo hizo, siendo pionero en tender puentes entre economía, termodinámica y biología a la hora de explicar los cimientos ambientales del proceso económico.

La peculiaridad de su trabajo le llevó además a ser un intelectual incómodo, difícil de clasificar dentro de las divisiones marcadas por el panorama científico al uso. Pero su importancia se demuestra también porque sus enseñanzas se han convertido en un legado cultivado por los practicantes de modernos enfoques como la economía ecológica o la ecología industrial, sirviendo para el constante desarrollo de esas disciplinas.

Por lo tanto el libro recoge no sólo la necesidad y validez de 'pensar con Georgescu-Roegen', sino también la relevancia de pensar 'más allá de Georgescu-Roegen'.

Para saber más: La bioeconomía de Georgescu-Roegen. Oscar Carpintero. 2006.

La nueva cultura corporativa

Un grupo selecto de grandes empresas ha intentado liberarse del mundo corpóreo de los bienes de consumo, de la fabricación y de los productos a fin de existir en otro plano. Argumentan que cualquiera puede fabricar un producto, cuya tarea puede ser entregada a un subcontratista, cuya única misión será servir los pedidos a tiempo y a bajo coste (y preferentemente en los países subdesarrollados, donde la mano de obra es barata, las leyes son permisivas y las exenciones impositivas llueven del cielo).

Mientras tanto las sedes centrales de las empresas tienen libertad para dedicarse al verdadero negocio: crear una mitología corporativa lo suficientemente poderosa como para infundir significado a estos objetos brutos imponiéndoles su nombre.

No se vende un producto, se vende una actitud, un conjunto de valores, un estilo de vida, la manera de hacer las cosas. Las empresas corporativas son vehículos para transmitir ideas que impregnan la memoria colectiva.

La conocida marca Nike es una empresa del deporte, su misión es vender una imagen para mejorar la vida de la gente, el espíritu del deporte y la autosuperación. IBM no vende ordenadores sino ‘soluciones empresariales’. La influencia cultural de las empresas multinacionales es impresionante. Miles de millones de dólares para construir una nueva cultura.

‘Los productos se hacen en las fábricas, las marcas se hacen en la mente’.

El proceso de producción se ha devaluado, este proceso no tiene valor añadido, las personas que realizan este trabajo son tratadas como sobrante, como basura. Como consecuencia de ello las grandes multinacionales reorganizan sus estrategias comerciales y se dedican a gestionar la marca, el marketing y el diseño y desarrollo de productos.

Pero la producción no puede ser trascendida y alguien debe ensuciarse las manos para fabricar los productos a los que las marcas mundiales imponen sus significados.

Las Zonas de Procesamiento de Exportaciones (ZPE), se hallan en diferentes países subdesarrollados (llamados en vías de desarrollo como eufemismo) –China, México, Vietnam, Filipinas...- ; son, paradójicamente, uno de los pocos lugares en el mundo donde los espacios están vacíos de marcas.

Los puestos suelen estar ocupados por mujeres y niños inmigrantes, durante jornadas de trabajo superiores a las 14 horas; la gestión del personal es de corte militar y el sueldo está por debajo del nivel de supervivencia.

La transitoriedad gobierna estos lugares, reina el miedo: los gobiernos por perder sus fábricas extranjeras, las fábricas perder sus marcas-cliente, y los obreros sus inseguros trabajos.

Los gobiernos de los países pobres ofrecen alquileres para fábricas a precios ridículos, exenciones impositivas, leyes tolerantes y servicios de fuerzas de seguridad dispuestos a suprimir el descontento laboral. Subastan a sus propios ciudadanos para competir sobre quien fija el salario mínimo más reducido.

Cuanto más incentivada están las multinacionales más sentimiento existe de estar de paso, como no pagan impuestos los gobiernos de estas zonas no pueden prestar los servicios mínimos exigibles: no hay dinero para iluminación pública, los alojamientos están superpoblados, no existen servicios médicos, ni escuelas, carecen de servicios de recogida de residuos, elevado nivel de delincuencia...

En las afueras de las Zonas de Procesamiento de Exportaciones (ZPE) se construyen campos de golf, clubes para ejecutivos y escuelas privadas para paliar las incomodidades de la vida en el mundo subdesarrollado.

En los países ricos se desplaza la actividad desde el sector industrial al sector servicios, los trabajadores con empleos fijos y seguros empiezan a perder derechos laborales y sociales; se convierten con frecuencia en empleados temporales, empleados a tiempo parcial y autónomos. La transitoriedad se vuelve un factor clave también en el mundo laboral de los países desarrollados.

Para saber más: No Logo El poder de las marcas. Naomi Klein. 1999.


Para saber más: Sobre No Logo

Optimismo tecnológico


El 8 de diciembre de 1953 Eisenhower ofreció una conferencia con el título de “átomos para la paz”; difundió los supuestos beneficios de la generación eléctrica mediante reactores nucleares. El principal argumento que mencionado en ese momento fue el reducido costo económico de producir este tipo de electricidad, algo que el tiempo ha demostrado que es una falacia.

Los mundos felices han resultado siempre inalcanzables para las tecnologías que habían de crearlos. Las grandes proclamas propagandistas de los tecnofanáticos no son otra cosa que elementos de distracción social que sirven de tapadera para determinados intereses relacionados con la industria.

La tecnología puede remediarlo todo mañana: Alimento ilimitado, alternativas ilimitadas para la sustitución de recursos, modos de vida de abundancia, energía ilimitada... Las últimas huidas hacia delante corresponden a la biotecnología, la fusión nuclear, la nanotecnología y la industria espacial.

Se hace necesario un proyecto de autocontención basado en el conocimiento de la física y la ecología, y también de las ciencias sociales que observan el comportamiento real de los humanos, para evitar las peores consecuencias de un modelo tecnológico que abra una vía de no retorno hacia la eliminación de lo humano.

Decrecimiento sostenible

 
La justificación del decrecimiento sostenible es la misma que comparten otras iniciativas como pueden ser el crecimiento sostenible, la bioeconomía, la economía ecológica o la ecología política, por ejemplo: no sólo las predicciones sobre el futuro del planeta (y de los seres que lo habitan) son alarmantes, sino que el presente es ya difícilmente admisible desde un mínimo de conciencia ética


El decrecimiento sostenible es un concepto más amplio que el famoso crecimiento sostenible, puesto que pretende ir más allá del discurso energético, incluyéndolo. Se asienta en una preocupación en la que pesa, del mismo modo y de forma directa, las repercusiones sociales y psicológicas. Es un llamamiento a mantener lo que hemos conseguido de positivo (como el progreso en el discurso ético y en el conocimiento), prescindiendo de lo negativo (como la adicción consumista o la ignorancia).

Es un llamamiento a vivir bien, a llevar una buena vida, lo que incluye no sólo a los individuos, sino también y especialmente, a los patrones de convivencia. Esta filosofía de vida admite a su vez graduaciones que incluyen incluso el objetivo extremo
del decrecimiento “total”. En esta línea, “el decrecimiento es una gestión individual y colectiva basada en la reducción del consumo total de materias primas, energías y espacios naturales gracias a una disminución de la avidez consumista, que nos hace querer comprar todo lo que vemos” (Honorant, 2006).

El decrecimiento sostenible es una filosofía práctica de vida. Se encuentra en consonancia con movimientos de consumo responsable, de vida lenta, de comida lenta, de gasto mínimo, etc. No puede ser impuesto desde cambios en la producción ni mediante legislaciones. Debe ser voluntaria y libremente asumido por los agentes individuales, como vaticina la teoría (que no la práctica) del mercado y de la democracia. Por ello, el campo de batalla directo es la mente del consumidor: “El consumidor moderno es físicamente pasivo, pero mentalmente muy activo".

El consumo es más que nunca una experiencia que tiene lugar en la cabeza, un asunto del cerebro y de la mente, en lugar de un simple proceso dirigido a satisfacer necesidades biológicas corporales”(Bocock, 1995:79). La mente es el lugar donde campea el marketing comercial y el político (Barranco, 2003). Es donde se construyen necesidades y deseos que sólo el crecimiento insostenible es capaz de saciar, aunque sea una satisfacción fugaz.

Para saber más: Comportamientos de consumo y decrecimiento sostenible. Vicente Manzano. 2006.

La especie humana como patología terrestre


"Un mono antropoide tuvo una vez un hijo enfermo, desde el punto de vista estrictamente animal o zoológico, verdaderamente enfermo...", postulaba ya Miguel de Unamuno (1913) refiriéndose al homo sapiens .

Esta consideración, reiterada en estudios posteriores, subraya que el animal humano es el único al que no le bastan los instintos para orientar su comportamiento, sino que tiene que acudir a esquemas simbólicos o culturales que den sentido y otorguen racionalidad a lo que hace. Y entre las creaciones de la mente humana que hoy gobiernan nuestra existencia destaca cada vez más la idea usual de lo económico , con la convención social del dinero que le da vida y sus afanes de crecimiento permanente (J.M. Naredo, 2003a).

La extensión de ese empeño enfermizo del crecimiento económico hace que, con los potentes medios técnicos disponibles, la especie humana aparezca como una especie de patología terrestre. Pues, en el marco de la llamada "globalización", el objetivo generalizado del crecimiento económico promueve la progresiva explotación y uso humano masivo de la biosfera, la corteza terrestre, la hidrosfera y la atmósfera, unidos a la expansión de asentamientos e infraestructuras, a ritmos muy superiores al del crecimiento demográfico, que están dejando huellas de deterioro territorial evidentes.

Lo cual avala la consideración antes mencionada de la especie humana como patología parasitaria de la biosfera que devora, simplifica y deteriora el complejo entramado de ecosistemas y paisajes que había llegado a tejer la vida evolucionada en la Tierra.

Jose Manuel Naredo. 2004.

Para saber más: La especie humana como patología terrestre

Entrevista a Mario Sproviero:

JL: ¿Cuál es el alcance y el significado de la cuestión “entropía” en el mundo de hoy?


MBS: Con el problema de la entropía se da un fenómeno curioso: a pesar de tener la máxima importancia, afectando directamente -a corto, medio y largo plazo- a la propia supervivencia humana en el planeta, ha sido muy poco divulgado y, así pues, prácticamente ignorado por la opinión pública.


Recientemente se ha publicado en Europa la traducción actualizada del clásico Enthropy de Jeremy Rifkin, que describe la tendencia universal de todos los sistemas -incluidos los económicos, sociales y ambientales- a pasar de una situación de orden a creciente desorden. Por tanto, debe ser discutido por toda la sociedad en todos sus sectores y no sólo en círculos especializados de científicos.


JL: ¿A qué se debe el desinterés por el problema de la entropía, si se trata de un asunto tan grave y apremiante?


MBS: Para la visión mecanicista del mundo, típicamente moderna, en la línea que une a Descartes, Galileo, Bacon, Newton, Locke y Adam Smith (éste en la economía y Locke en la concepción social), la idea de progreso es tan connatural que ni pensamos en discutirla. Ahora bien, la cuestión que abordamos incide precisamente en este punto: "la ley de la entropía socava la idea de la historia como progreso. La ley de la entropía destruye la idea de que la ciencia y la tecnología crean un mundo más ordenado".


En una visión mecanicista, el énfasis únicamente se pone en lo que se ordena, sin entrar a considerar el desorden causado por la ordenación. Es como si ignorásemos, por ejemplo, el problema de la basura al arreglarnos nuestra casa. Cuando la casa es el propio planeta, pensar que “el resto” no interesa es el síndrome del avestruz...


JL: Comencemos por la caracterización y definición de entropía


MBS: Originalmente, “entropía” surgió como palabra acuñada del griego, de em  (en - en, sobre, cerca de...) y   sqopg (tropêe - mudanza, giro, alternativa, cambio, evolución...). El término fue usado primeramente en 1850 por el físico alemán Rudolf Julius Emmanuel Clausius (1822-1888).


Para caracterizar la entropía partiremos de una autoridad de renombre: el físico Enrico Fermi, uno de los padres de la bomba atómica. En su Thermodynamics define la primera ley de la termodinámica:


"La primera ley de la termodinámica es esencialmente la afirmación del principio de conservación de la energía para sistemas termodinámicos. Como tal, puede expresarse del siguiente modo: 'La variación de energía en un sistema durante cualquier transformación es igual a la cantidad de energía que el sistema intercambia con el ambiente'. Esta primera ley no pone limitaciones a las posibilidades de transformación de energía de una forma para otra".


Ahora bien, esa posibilidad ilimitada de transformación es la base de toda la civilización del progreso. Ya la segunda ley de la termodinámica impone severas limitaciones: "Es imposible una transformación cuyo resultado final sea transformar en trabajo todo el calor extraído de una fuente" (postulado de Kelvin).


JL: ¿Cómo se traduce esto en términos generales?


MBS: El primer principio establece que la energía no puede ser creada ni aniquilada. Hay todavía un tercer principio -el del equilibrio- que indica que dos cuerpos -ambos en equilibrio térmico con un tercero-, colocados en contacto, se encuentran en equilibrio entre sí.


Lo curioso es que históricamente el mismo primer principio haya suscitado tanta oposición y resistencia a ser aceptado, porque existía el ideal de construir una máquina que pudiese efectuar trabajo sin consumir energía (motu perpetuo de primera especie). En términos corrientes, el segundo principio indica que, con el tiempo, disponemos siempre de menos energías utilizables. O resumiendo: "la energía total del universo es constante y la entropía (el desorden) total está en continuo aumento".


Nos hallamos entonces en un universo que se degrada energéticamente y esta realidad debería conducir a un dispendio mínimo de las energías disponibles, más aún en el sistema de nuestra pobre Tierra, cuyos materiales utilizables son muy limitados. Por tanto, la productividad no debería medirse por la mayor cantidad de bienes económicos producida en un determinado período de tiempo, sino por la mayor cantidad producida con el menor gasto energético posible. Y, del mismo modo, crear el orden que deje menos desorden (en otros ámbitos).


JL: Estas leyes de la termodinámica ¿son siempre válidas o se trata a lo sumo de un modelo científico provisional?


MBS: Éste es el punto central. Para el autor -y todo indica que está plenamente en lo cierto- se trata de ley fundamental y Albert Einstein -en una de sus reflexiones- observó: "Una teoría es tanto más emocionante cuanto más simples son sus premisas, más diversas las categorías de fenómenos a las que se refiere, más vasto su campo de aplicabilidad. Ésta es la razón por la que la Termodinámica clásica siempre me causó honda impresión: es la única teoría física de contenido universal de la que estoy convencido que, en el campo de la aplicación de sus contenidos basilares, nunca será superada".


Ante esa universalidad de la ley de la entropía, se busca "atenuarla" de dos modos: o intentando quitarle universalidad por medio de una nueva ciencia, la Mecánica Estadística (Ludwig Boltzmann), en la cual (en el mundo subatómico) podría haber excepciones; o intentando reconocerle significado práctico sólo para largos ciclos como el del apagón del sol, previsto para períodos cósmicos de tiempo. Lo cierto es que, aun concediendo esas excepciones para partículas, se trataría de casos análogos a la famosa imagen de millares de monos mecanógrafos escribiendo al azar, a lo largo de miles de años, la Comedia de Dante. Y en cuanto al caso del sol, basta decir que nuestros ciclos, evidentemente, son de dimensiones humanas y no cósmicas. El hecho indudable es que la entropía nos afecta radicalmente.


JL: Si se trata de una ley universal, ¿por qué sólo ahora sale a la luz su carácter destructor?


MBS: Dada la simple experiencia siempre constatada de que nunca espontáneamente el calor de un cuerpo más frío ha pasado a un cuerpo más caliente, resulta extraño no haber contado con una formulación anterior. Un paréntesis: me refiero aquí a formulaciones científicas, porque la intuición del fenómeno sí fue captada siempre. Desde el "Tempus edax rerum", el tiempo que consume las cosas, del poeta latino, "el tiempo que estraga todas las cosas", a un San Pedro que afirma que el mundo ahora existente está reservado para el fuego (II Pe 3, 7). El problema de la entropía no sería destructivo si tuviésemos otra Weltanschauung: como nuestra visión del mundo, el consumismo, tiene algo de connatural y el progreso es su imperativo ético, entonces estamos realmente en un callejón sin salida. Un San Francisco de Asís, por ejemplo, no estaría en la crisis que estamos. En nuestro sistema, que no concibe ningún significado espiritual de pobreza y, por tanto, de la propia existencia, y convierte a lo superfluo en más esencial que lo esencial, la no disponibilidad de energía vacía completamente la existencia. De ahí el carácter auto-destructivo del progreso. Es en ese sentido que Heidegger (1889-1976) comenta la "penuria de nuestro tiempo", incapaz de darse cuenta de que la verdadera penuria no es la material, sino la de no considerar como una ausencia la ausencia de lo Esencial (a propósito del terrible verso de Hölderlin: "Wozu Dichter in dürftiger Zeit?" - "¿Para qué poetas en tiempos de penuria?"). Para Francisco, como es sabido, la pobreza no lleva a la tristeza de perder cosas, sino a la alegría de librarse de cosas...


JL: ¿Qué relación hay entre tiempo y entropía?


MBS: La entropía es la inversión del tiempo, es decir, ese aspecto del tiempo por el cual cuanto más se retrocede en el tiempo, más "intenso" es el tiempo. Y cuanto más se avanza más "diluido" es el tiempo. Es el tiempo en su aspecto negativo: estamos acostumbrados a pensar en el devenir del cosmos como un progresivo venir-a-ser, pero en verdad se trata de un regresivo dejar-de-ser sin aniquilarse: se acumula una "escoria de ser". Como muy bien muestran los físicos Bernhard y Karl Philbert, no sólo el espacio está en función del tiempo, sino el mismo tiempo está en función del tiempo. No podemos pensar en un tiempo uniforme y lineal separado de las cosas, sino en un tiempo entrópico, que se degrada con el tiempo, tendiendo asintóticamente al fin del propio tiempo; o como satíricamente se podría decir: "el tiempo va a morir con el tiempo" (o en la visión de Juan: "No habrá más tiempo" Ap 10, 6).


JL: ¿Explicaría eso la aceleración de los ciclos de energía a lo largo de los tiempos cósmicos, geológicos, biológicos y, más recientemente, históricos?


MBS: Precisamente. Hay un paralelo ilustrativo con el tiempo de la vida de un hombre. La "entropía" orgánica evidenciada por el envejecimiento nos da la vivencia del "hundirse" del tiempo; y la muerte, de su implosión.


Los ciclos históricos nos muestran ese hecho claramente. Las crisis de energía no son sólo de nuestros días. En Europa, en la busqueda de energía (pensemos en necesidades domésticas, de calefacción, etc.) el "ciclo de la madera" comenzó a entrar en crisis en el siglo X y se agravó de modo total en el siglo XV (después de más de un milenio de exploración...), principalmente en Inglaterra, empujando al ciclo del carbón (el ciclo más sucio de la Historia), que duró casi cuatro siglos... Siempre en períodos cada vez menores, tenemos nuestro ciclo, que dura cerca de cien años, centrado en el petróleo: su agotamiento previsible será en torno al primer cuarto de este siglo.


Surge entonces el problema: ¿y después? Aquí es donde entra el carácter trágico de esa encrucijada histórica nuestra. Por un lado, la propuesta de basarse fundamentalmente en esta ley, extrayendo de ella todas las consecuencias y cambiar completamente los hábitos de nuestra civilización, salvar lo salvable (si es posible...) en una desglobalización urgente (con la correspondiente descentralización de la energía); o, por otro lado, poner rumbo a una súper-globalización, radicalmente uniformizadora, que nos lanzaría a un ciclo todavía más complejo, el de la biotecnología (ingeniería genética, etc.), que nos daría una "plenitud" provisional -de infernal complejidad- y, a la postre, de duración aún más corta y agotando todas las materias y recursos del planeta.


No es el caso aquí de entrar en detalles (para eso está la obra de Rifkin), pero hay evidentemente una aterradora degradación de la tierra en una patente correlación entre nuestras crisis de energía, abastecimiento ("vacas locas", "fiebre aftosa", agrotóxicos y todas las otras disfunciones de una actividad agropecuaria plantada y nutrida en el petróleo), desertificación creciente, cada vez más basura etc. y la creciente entropía... Es un círculo vicioso: la demanda creciente de energía vuelve siempre más complicada, costosa y dañosa su obtención.


Me valgo aquí de dos metáforas clásicas: el aprendiz de brujo genera fuerzas que acaban por destruirle y el diablo -en la horripilante imagen de Jacob Boehme (1575-1624)- se ha vuelto loco y se ha prendido fuego en el afán de consumirse disfrutando de sí mismo. Parece la alternativa de la biotecnología: agotando totalmente los recursos planetarios para mantener los vicios de nuestra sociedad de consumo.


JL: ¿Pero no existe la posibilidad de revertir ese cuadro mediante una nueva e inesperada fuente de energía?


MBS: Hay de hecho una especulación, en el ámbito de la ficción científica, que propone todo tipo de "soluciones" disparatadas, hasta la reversión del tiempo -otro deseo delirante de negar la realidad entrópica.


Si consideramos que la energía atómica trae tremendas complicaciones ambientales (Chernobyl fue el mayor desastre de la historia de la tecnología) y entrópicas (hecha inviable la fisión nuclear, se tiende a la fusión nuclear en frío, que es la traducción en términos energéticos de la utópica máquina de motu perpetuo), la única energía disponible no explorada es la solar, pero no contamos con tecnología adecuada: un aprovechamiento no mediatizado por procesos fuertemente entrópicos (el remedio que mata al paciente).

O en términos más prácticos y realistas: Yergin (ver Bibliografía) hace notar que la Guerra del Golfo puso en evidencia que, por el momento, la única energía disponible para sostener el sistema es el petróleo. Y si no, ¿por qué la guerra? ¿Y será casual la presencia de la familia tejana Bush (que, como se sabe, está ligada al monopolio del petróleo) en el vértice de poder del planeta?


Ocurre con las tentativas de eludir la entropía un fenómeno paralelo al que se da con las tentativas de sustraerse a las limitaciones del Álgebra. Como se sabe por el Teorema Fundamental del Álgebra, una ecuación de grado n admite n raíces. Pero, a partir del grado 3, salvo casos particulares, no hay algoritmo universal para determinar esas raíces. Ante una imposibilidad demostrada, nadie va a perder tiempo buscando un algoritmo inexistente (o, por dar otro ejemplo matemático, la cuadratura del círculo). Del mismo modo, tomando en serio los principios de la entropía, nadie debería -en su sano juicio- insistir en esa línea. Claro que la humanidad tomada como un todo, con sus grupos e intereses difusos (y sobre todo quien goza del poder), no funciona con tal racionalidad...


JL: ¿Y qué soluciones se ofrecen, si abordamos existencialmente la cuestión de la entropía?


MBS: Esto es realmente lo trágico. Rifkin habla de una vuelta radical a un ritmo natural en el que se debe revertir drásticamente el sentido del flujo campo-ciudad, las personas deberían volver al campo, las ciudades no deberían albergar a más de cien mil habitantes y la población mundial no superar los mil millones de habitantes. Es precisamente con base en esas constataciones que surgen actualmente grupos de fanáticos como el Aum Shinrikyô. Poca gente presta atención al hecho de que el famoso atentado en el metro de Tokio, el del gas sarín, fue motivado por una ideología de eliminación de estratos inferiores de la (super) población. De hecho, Shoko Asahara estaba ligado a los militantes rusos seguidores de Vladimir Zhirinovskij y, presumiblemente, a la proscrita extrema derecha alemana del NSDAP (Partido Nacionalsocialista del Trabajo). No cabe por tanto considerar la disparatada propuesta rifkiniana de reducir la población de seis a mil millones.


JL: Ampliando a otros ámbitos, ¿cómo afecta la idea de entropía a la Educación?


MBS: Rifkin menciona la experiencia -vivida por cualquier estudiante- de trasnochar, hacer un examen por la mañana y por la tarde tener ya todo olvidado. Ese "olvido" permanece como residuo cognoscitivo no eliminado. Hay un hecho constatado en los Estados Unidos: con toda la parafernalia de informática y equipamientos existe un gran número de alumnos que no consiguen aprender o, lo que es peor, cobran aversión al estudio. Y los que sintonizan con esos  equipamientos, se robotizan y se constata un gran aumento de enfermedades mentales desde el "boom" de la informática. El nuevo ideal ya no es el "animal", sino la "cosa" (de ahí ciertos géneros musicales nuevos, cierta cromática de cabello y de ropas, etc.).


Recordemos que Kant consideraba que para pensar seriamente algún problema la mera lectura de un periódico ya constituía un obstáculo. Hoy, si consideramos la avalancha de informaciones recibidas (desde las innumerables competiciones deportivas simultáneas hasta los noticiarios locales, regionales, nacionales e internacionales, pasando por una publicidad omnipresente y exigencias crecientes de competencia técnica e intelectual), sin posibilidad de síntesis, no es difícil percibir la entropía en la educación. En ese sentido Goethe (1749-1832), en el Fausto, pone en boca del diablo: "No soy omnisciente, mas mucho me es conocido", lo que podemos maximalizar en: "Lo sé todo, pero no soy omnisciente". Se contraponen los saberes de una pluralidad siempre creciente, sin posibilidad de síntesis, "falso infinito", al saber omnisciente de Dios: todo lo sabe en un único acto de infinita simplicidad, el verdadero infinito.


Los conceptos clásicos denominados "trascendentales del ser" (uno, bien, verdadero, bello) ya habían sido históricamente preteridos por su negación: al ser, la nada; al bien, el mal; a lo verdadero, lo falso; a lo bello, lo feo. Sólo el trascendental "uno" permanecía intacto, la posmodernidad se encargó de afirmar la superioridad de la pluralidad sobre la unidad: paradójicamente, a pesar del énfasis en el pluralismo, nunca hemos tenido una cultura global tan homogénea. Y, en términos filosóficos, se aniquila la intuición en favor de un exacerbado raciocinio autogenerador (Hegel): exhaustivas marañas conceptuales en detrimento de la intuición que incide directamente sobre lo real. Especular sin intuición es el equivalente a obrar sin energía: he ahí la entropía en el conocimiento: una especie de aparato especulativo de motu perpetuo.


JL: ¿Cuál es el papel del ordenador y de la informática en la entropía?


MBS: Por un lado, el ordenador permite operacionalizar las transformaciones de energía, acelerando el agotamiento de los recursos limitados de energía y materiales. Por otro lado, el ordenador es la realización concreta de ese abstracto que Heidegger (y el hecho increíble es que Heidegger ni siquiera conoció los ordenadores) llamaba Ge-stell (dispositivo, aparejo, aparato, armazón, estante, etc.): "Puesto que la esencia de la técnica moderna descansa en el Ge-stell, de ahí procede la necesidad de la técnica de echar mano de la ciencia exacta de la naturaleza. Ahí tiene su origen la apariencia falaz de la técnica moderna como ciencia natural aplicada". Resumiendo, tenemos una ciencia abstracta, una realidad virtual (formada por la tecnología) y una base real: el agotamiento energético real (no intuido).


Puede decirse que la revolución informática del aparato -dispositivo que produce información- completó la revolución industrial de la máquina -dispositivo que produce trabajo. Máquinas y aparatos son ya visibles en la actual crisis como agentes del nihilismo de la demiurgia humana.


JL: Como sinólogo, ¿cómo ve la posición de China ante semejante problemática?


MBS: Rifkin hace notar -y con razón- que China es la nación mejor preparada para el colapso energético que se aproxima y aconseja a las naciones del tercer mundo una "vuelta al campo" para atenuar el impacto de esa crisis. China fue el único imperio de la Historia basado en la agricultura sin haber perdido nunca tal base. Este hecho fue motivo de grandes dificultades para la China revolucionaria provocando incluso la llamada "revolución cultural", que intentaba anegar un pasado sin dialéctica entre ciudad y campo. Sin embargo, el mismo Mao Zedong (1893-1976) estaba seguro (justamente por esa base rural) de que en un conflicto nuclear China sería la nación superviviente. Por ello, la China posterior a la revolución cultural buscó la modernización evitando el éxodo del campo. Este éxodo fue tildado como el error sudamericano y especialmente "el error brasileño" (baxidecuowu, en chino).

De hecho, es preciso reconocer ese baxidecuowu, la fragilidad del sistema brasileño: ¿cómo podrá, pues, una São Paulo, con sus 17,8 millones de habitantes, sobrevivir sin área rural propia?

No creo, sin embargo, que se pueda prever qué países tendrán mejores condiciones de supervivencia: el caos será globalizado...


JL: ¿Quiere decir que nos encontramos ante dos alternativas diametralmente opuestas?


MBS: Sí, por un lado, la propuesta de la biotecnología, creando ilusorias realidades virtuales; por otro, el retorno a una era de economía descentralizada, una "edad de piedra" altamente técnica. En su "testamento" dice Heidegger: "El hombre está ahí, responde y es desafiado por un poder que se revela en la esencia de la tecnología y que el propio hombre no domina..."


JL: ¿Pero qué críticas se pueden hacer al dilema de Rifkin?


MBS: Ambas se mueven en el ámbito del mecanicismo pragmatista: una expansivista; otra retrayente. Rifkin apela al eclecticismo religioso, pero sólo para instrumentalizarlo al servicio de la civilización del mínimo desgaste entrópico, con su población reducida.


Heidegger es, a mi modo de ver, más realista: "La filosofía al igual que el pensamiento y la acción del hombre no van a conseguir provocar un cambio en la actual situación del mundo. Sólo tenemos esta posibilidad, a través del pensamiento y de la poesía, de prepararnos para la llegada del dios o bien para la ausencia de dios, el final que en ausencia de Dios iremos a vivir".


JL: ¿Se trata entonces del mismo Apocalipsis?


MBS: Es alguien tan inesperado como Heidegger quien, en su entrevista-testamento, señala al Apocalipsis. Él cita a su poeta Hölderlin:

"Wo aber Gefahr ist, wächst
Das Rettende auch".

                        ("Pero donde hay peligro, crece también lo que salva").


Ahora bien, el título de ese poema es Patmos, que, como se sabe, ¡¡¡es la isla del Apocalipsis!!! Y el mensaje del Apocalipsis es que Dios nos salva en la destrucción humana inevitable.


JL: Ya que estamos en el asunto, ¿se trata entonces de una lectura posmoderna de la parábola del hijo pródigo: el hombre coge su parte de la herencia (recursos energéticos y materiales), la malbarata, la agota y, al final, sólo le queda una salvación "de fuera"?


MBS: Eso es. O Dios nos salva, o...


Bibliografía citada


Rifkin, Jeremy Entropía, hacia el mundo Invernadero, Urano, Barcelona, 1990.

Philberth, Bernhard und Karl Das All, Stein am Rhein Verlag, Schweiz, 1994.

Fermi, Enrico Termodinámica, Eudeba, Buenos Aires, 1985.

Yergin, Daniel O Petróleo, São Paulo, Escrita, 1994 (En español se ha publicado La Historia del Petróleo, Javier Vergara Editor, Buenos Aires, 1992).

Heidegger, Martin Die Technik und die Kehre, Neske Verlag, Stuttgart, 1996 (traducción española y notas de Salvador Mas Torres en Anales del Seminario de Metafísica, Universidad Complutense de Madrid,1990).

Ley del mínimo de Liebig



El científico alemán Justus von Liebig analizando las plantas y detectando los elementos nutritivos esenciales en ellas, formuló su "ley del mínimo", que indicaba que una planta crecía y producía hasta el grado que le permitía el elemento presente en cantidad mínima.

Las comunidades de organismos no se adaptan a las condiciones medias de sus hábitats, sino a las condiciones mínimas para el mantenimiento de la vida. El crecimiento está limitado no tanto por la abundancia de todos los factores necesarios como por la disponibilidad mínima de cualquiera de ellos.

Los modos de producción de una determinada sociedad se agotan cuando un determinado elemento que es imprescindible deja de estar disponible, en el caso del modo de producción del cazador-recolector ese elemento era la megafauna pleistocénica (mamut lanudo, alce gigante, bisonte de las estepas, etc.).

Echo un vistazo en mi despensa y me encuentro con garbanzos de México, habas pintas de Canadá, habas blancas de Argentina, lentejas de USA, espárragos de Perú, langostinos de Ecuador, piña de Filipinas, filetes de caballa de Marruecos, arroz de Tailandia... .

¿Qué es lo que permite que todos estos productos estén en mi despensa?

  • El transporte.
Los productos se pueden trasladar de un lugar a otro del mundo utilizando una energía barata – el petróleo – (aproximadamente 0,35 céntimos de euro el litro).

  • La revolución verde.
El sistema industrial de energía alimentaria posee unas producciones muy elevadas gracias al uso de abonos químicos, fertilizantes, pesticidas, plaguicidas... Todos ellos productos derivados del petróleo.

La producción agrícola industrial utiliza tractores, camiones, cosechadoras, sembradoras, bombas de agua... Que también utilizan el petróleo como combustible.

¿Cual será el elemento necesario que debe desaparecer, para que se agote esta sociedad de consumo?.

Nuestra sistema económico-productivo, nuestro modo de vida son posibles gracias a la disponibilidad de una fuente de energía abundante y barata que proviene de los combustibles fósiles: el petróleo..

El crecimiento sostenido de la economía mundial durante las últimas décadas ha sido propulsado por un continuo incremento en el uso del petróleo. La industria, la electricidad, el transporte, la construcción, el turismo, la agricultura..., están entrelazados indisolublemente con la producción del petróleo.

Pero el petróleo es una realidad geológica y nuestro mundo es finito.

Para saber más: Cuando el petróleo se acabe

Para saber más: Entrevista a Matthew Simmons

¡Paremos el genocidio!



Paola Dragnic


El holocausto judío nos avergüenza como especie. No hay duda. Al recorrer los campos de concentración que quedaron como vestigio, uno se pregunta cómo pudo existir ese infierno, mientras el mundo seguía girando. Cómo en esos precisos instantes, no fuimos capaces de detenerlo. Cómo fue posible que millones de seres fueran perseguidos, torturados y asesinados de la forma más cruel, en el más completo silencio del resto del planeta. Quizás, luego de la desolación y el horror que uno siente, eso es lo que más sorprende del holocausto: la indolencia y complicidad silente. Hoy, muchas décadas después, lo condenamos y somos cuidadosos al tener el más mínimo acto de aceptación de alguna actitud nazi…. ¿verdad?

¿Tendrán que pasar nuevamente décadas para que entonces nos preguntemos cómo fue posible que en el más completo silencio se masacrara a los palestinos?

¿Entonces seremos capaces de ver las fotos de los moribundos detrás del muro esperando comida? ¿A las mujeres pariendo en las fronteras establecidas por el sionismo? ¿A los prisioneros que Israel mantiene en condiciones infrahumanas? ¿Veremos entonces el muro y sus rejas interminables, con un judío hablando detrás de un vidrio mientras te grita que te quites la ropa una y otra vez, solo para atravesar de una lado a otro y poder visitar a tu familia? Y lo que parece más terrible aun, ¿las fotos de los palestinos tatuados con un número en los brazos como un carnet imborrable que les autoriza entrar a Jerusalem? Sí, tatuados. Igual que esas fotos espantosas de esqueléticos judíos fichados en los Campos de Concentración. Hoy, de palestinos.

¿Tendrán que pasar otros 50 años para que podamos ver todo esto y no sentirnos amenazados de ser antisemitas?

Ahí está el primer error que los judíos sionistas han sabido calarnos profundamente, para entonces amparar las más atroces injusticias que sus propios antepasados sufrieron bajo el yugo de los nazis. No hay que aceptar más este chantaje moral.

Desarrollo tecnológico


“En las zonas técnicamente avanzadas de la civilización, la conquista de la naturaleza es prácticamente total y un mayor número de necesidades de un mayor número de gentes son satisfechas más que nunca. Ni la mecanización, ni la regularización de la vida, ni el empobrecimiento mental, ni la creciente destructividad del progreso actual dan suficiente motivo para dudar del ‘principio’ que ha gobernado el progreso de la civilización occidental. El aumento continuo de la productividad hace cada vez más realista la promesa de una vida todavía mejor para todos.

Sin embargo, la intensificación del progreso parece estar ligada con la intensificación de la falta de libertad. A lo largo de todo el mundo de la civilización industrial la dominación del hombre por el hombre está aumentando en dimensión y eficacia.”

Eros y civilización. Incremento del progreso, intensificación de la servidumbre. Herbert Marcuse.


Mientras vamos hacia una destrucción sistemática del medio, y el planeta sufre una degradación sin precedentes, el perfeccionamiento tecnológico sigue considerándose como algo incuestionable y necesario para el desarrollo de la humanidad.

La tecnología se pone al servicio de la clase que posee los medios de producción. La organización del trabajo se realiza según el sentido liberal y la técnica permite la sumisión de las personas ante el mercado.

Los únicos fines que perseguimos son aguantar en la carrera hacia las casas prefabricadas y los unifamiliares construidos en serie, los coches, los electrodomésticos, etc; en fin, felices en la cultura de la atomización y sobreviviendo en espacios planificados para producir y consumir con el sosiego de mantenernos vivos a base de unos alimentos cuyo código de barras nos avisa de la degradación controlada... estemos tranquilos.

La pirámide de Maslow



Abraham H. Maslow, en su obra Motivation and Personality (1954) plantea el concepto de jerarquía de las necesidades, en la cual las necesidades se encuentran organizadas estructuralmente con distintos grados de poder, de acuerdo a una determinación biológica dada por nuestra constitución genética como organismo de la especie humana.

La jerarquía está organizada de tal forma que las necesidades de déficit se encuentren en las partes más bajas, mientras que las necesidades de desarrollo se encuentran en las partes más altas de la jerarquía.

Dentro de esta estructura, cuando las necesidades de un nivel son satisfechas, no se produce un estado de apatía, sino que el foco de atención pasa a ser ocupado por las necesidades del próximo nivel y que se encuentra en el lugar inmediatamente más alto de la jerarquía, y son estas necesidades las que se busca satisfacer, en un movimiento hacia la plena humanización.


La teoría de Maslow plantea que las necesidades inferiores son prioritarias, y por lo tanto, más potente que las necesidades superiores de la jerarquía; "un hombre hambriento no se preocupa por impresionar a sus amigos con su valor y habilidades, sino, más bien, con asegurarse lo suficiente para comer."

  • Necesidades Fisiológicas.
Se refieren a las necesidades verdaderamente básicas de alimentos, agua, cobijo y sexo. Estas necesidades estaría asociadas con la supervivencia del organismo dentro de la cual estaría el concepto de homeostasis, el cual se refiere " a los esfuerzos automáticos del cuerpo por mantener un estado normal y constante, del riego sanguíneo", lo que se asociaría con ciertas necesidades, como lo son la de alimentarse y de mantener la temperatura corporal apropiada.

  • Necesidades de Seguridad y protección.
Describen el afan de la persona por disfrutar de la seguridad o protección. Incluyen una amplia gama de necesidades relacionadas con el mantenimiento de un estado de orden, estructura, seguridad, estabilidad.

En la sociedad occidental estaríamos hablando de un trabajo estable, una vivienda, una jubilación, una asistencia sanitaria.

  • Necesidades de pertenencia y amor
Se concentran en los aspectos sociales donde casi todo el mundo concede valor a las relaciones interpersonales y de interacción social. Dentro de las necesidades de amor y de pertenencia se encuentran muchas necesidades orientadas de manera social; la necesidades de una relación íntima con otra persona, la necesidad de ser aceptado como miembro de un grupo organizado, la necesidad de un ambiente familiar, la necesidad de vivir en un vecindario familiar y la necesidad de participar en una acción de grupo trabajando para el bien común con otros.

  • Necesidades de valoración (estima)
Incluyen la preocupación de la persona por alcanzar la maestría, la competencia, y el estatus. La necesidad de estima es aquella que se encuentra asociada a la constitución psicológica de las personas. Maslow agrupa estas necesidades en dos clases: las que se refieren al amor propio, al respeto a sí mismo, a la estimación propia y la autovaluación; y las que se refieren a los otros, las necesidades de reputación, condición, éxito social, fama y gloria.

Las necesidades de valoración son generalmente desarrolladas por las personas que poseen una situación económica cómoda, por lo que han podido satisfacer plenamente sus necesidades inferiores. En cuanto a las necesidades de estimación del otro, estas se alcanzan primero que las de estimación propia, pues generalmente la estimación propia depende de la influencia del medio.

  • Necesidades de realización personal (desarrollo)
Reflejan el deseo de la persona por crecer y desarrollar su potencial al máximo. La satisfacción de las necesidades de carencia es condición necesaria, pero no suficiente, para que el individuo logre la autorrealización. La persona "meramente sana", según Maslow, "gusta [de] la cultura [...], sus metas son benévolas, están llenos de buenos deseos y carecen de malicia,[...]pero falta algo.

  • Necesidades fuera de la jerarquía
Necesidad de saber y comprender.

Estas necesidades de orden cognoscitivo no tienen un lugar específico dentro de la jerarquía, pero a pesar de ello fueron tratadas por Maslow. Estas necesidades serían derivaciones de las necesidades básicas, expresándose en la forma de deseo de saber las causas de las cosas y de encontrarse pasivo frente al mundo.

Necesidades estéticas

Las necesidades estéticas están relacionadas con el deseo del orden y de la belleza. Estas necesidades estéticas incluyen: necesidad por el orden, necesidades por la simetría, la necesidad de llenar los espacios en las situaciones mal estructuradas, la necesidad de aliviar la tensión producida por las situaciones inconclusas y la necesidad de estructurar los hechos.

Sociedad y libertad



Planteamos la necesidad de construir una sociedad diferente a la sociedad capitalista , y para ello es necesario criticar el carácter alienante que posee, y señalar que en este tipo de sociedad las personas quedamos reducidas a un dimensión única: la del simple confort material y el interés económico, lo que permite ejercer sobre nosotros un poder que suprime cualquier posibilidad de libertad y contribuye a formar una gran masa de personas falsamente ‘satisfechas’, sin desarrollar un pensamiento propio, estando sujetos al control de la economía sin alcanzar un protagonismo político.

En esta sociedad capitalista en la que vivimos, todo se desencadena a través del principio de placer – motor de la existencia -, transformándose en el instinto de muerte ‘Thanatos’, que se canaliza hacia el dominio de la naturaleza y hacia el dominio de los otros seres humanos. En nuestro tiempo se da un tipo de sociedad alienada que centra su actividad en el dominio tecnológico.

La sociedad tecnológica es la sociedad de la abundancia, que anula al individuo, es una sociedad represiva, que se limita a ‘dominar’ a la naturaleza y a otros hombres, con un carácter práctico, sin juzgar las situaciones humanas.

Vivimos en una sociedad uniforme, radicalmente insatisfecha, dominada por la euforia consumista y el bienestar. La propia estructura represiva de la sociedad, lleva a la deshumanización hasta el extremo de que las personas somos inconscientes sobre este estado de alienación y falta de libertad. Se hace necesario emplear la razón para rechazar la sociedad actual, que sólo puede desembocar en la Catástrofe, y que tiene inscritos los rasgos de su propia destrucción.

El ser humano ante la Entropía



“La segunda ley de la termodinámica, la Ley de la Entropía, plantea que la materia y la energía sólo pueden cambiar en un sentido, esto es, de utilizable a inutilizable, de disponible a no disponible, de ordenado a desordenado. Los seres vivos parece que son capaces de moverse en dirección contraria al proceso entrópico, pero esto es así temporalmente, porque pueden absorber energía libre del entorno, incrementado su complejidad y organización. El ser humano al ser una especie con un gran desarrollo evolutivo y elevado peso necesita un gran flujo de energía para su existencia.

Además por su capacidad de raciocinio ha podido desarrollar instrumentos para poder captar o utilizar en su provecho una mayor cantidad de energía que la que le llegaba directamente del sol o la que podía consumir a través de los alimentos, donde se encuentra energía solar fijada mediante el proceso de fotosíntesis.

De esta forma el ser humano despliega, en un primer momento, la capacidad de utilizar la energía contenida en la madera que se libera a través de su combustión, así como aprende a utilizar la energía del viento y el agua. Con el advenimiento de la revolución industrial, se produce un salto cualitativo, se recurre a la utilización de los combustibles fósiles como forma de incrementar la capacidad de trabajo humano.

Sin embargo la Entropía es incompatible con el crecimiento cuantitativo indefinido, que está basado en el consumo creciente de fuentes energética de carácter finito, y por consiguiente con el concepto de ‘progreso’ sin límite.

Cada disminución localizada de la entropía, por la acción del ser humano o de una máquina, va acompañada de un aumento aún mayor de la entropía del entorno; tal acción sólo se puede llevar a cabo a través de la utilización de energía concentrada –ordenada, disponible o utilizable- que después de su aplicación o transformación pasa a un estado disperso, no disponible o desordenado.”

Ramón Fernández Durán. La explosión del desorden.

“No nos envanezcamos demasiado de nuestra victoria sobre la naturaleza, porque ésta se venga de cada una de nuestras victorias...”

Friedrich Engels. Dialéctica de la Naturaleza

Como ejemplo sirva lo que se ha dado en llamar la ‘conexión hamburguesa’, donde la carne bovina que se consume por los seres humanos es la causante de la deforestación de la Amazonia, pues en esta se talan los árboles de grandes superficies para introducir ganado vacuno y extraer su carne.

Última llamada

Esto es más que una crisis económica y de régimen: es una crisis de civilización

Última llamada

Los ciudadanos y ciudadanas europeos, en su gran mayoría, asumen la idea de que la sociedad de consumo actual puede “mejorar” hacia el futuro (y que debería hacerlo). Mientras tanto, buena parte de los habitantes del planeta esperan ir acercándose a nuestros niveles de bienestar material. Sin embargo, el nivel de producción y consumo se ha conseguido a costa de agotar los recursos naturales y energéticos, y romper los equilibrios ecológicos de la Tierra.

Nada de esto es nuevo. Las investigadoras y los científicos más lúcidos llevan dándonos fundadas señales de alarma desde principios de los años setenta del siglo XX: de proseguir con las tendencias de crecimiento vigentes (económico, demográfico, en el uso de recursos, generación de contaminantes e incremento de desigualdades) el resultado más probable para el siglo XXI es un colapso civilizatorio.

Hoy se acumulan las noticias que indican que la vía del crecimiento es ya un genocidio a cámara lenta. El declive en la disponibilidad de energía barata, los escenarios catastróficos del cambio climático y las tensiones geopolíticas por los recursos muestran que las tendencias de progreso del pasado se están quebrando.

Frente a este desafío no bastan los mantras cosméticos del desarrollo sostenible, ni la mera apuesta por tecnologías ecoeficientes, ni una supuesta “economía verde” que encubre la mercantilización generalizada de bienes naturales y servicios ecosistémicos. Las soluciones tecnológicas, tanto a la crisis ambiental como al declive energético, son insuficientes. Además, la crisis ecológica no es un tema parcial sino que determina todos los aspectos de la sociedad: alimentación, transporte, industria, urbanización, conflictos bélicos… Se trata, en definitiva, de la base de nuestra economía y de nuestras vidas.

Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible. Nuestra cultura, tecnólatra y mercadólatra, olvida que somos, de raíz, dependientes de los ecosistemas e interdependientes.

La sociedad productivista y consumista no puede ser sustentada por el planeta. Necesitamos construir una nueva civilización capaz de asegurar una vida digna a una enorme población humana (hoy más de 7.200 millones), aún creciente, que habita un mundo de recursos menguantes. Para ello van a ser necesarios cambios radicales en los modos de vida, las formas de producción, el diseño de las ciudades y la organización territorial: y sobre todo en los valores que guían todo lo anterior. Necesitamos una sociedad que tenga como objetivo recuperar el equilibrio con la biosfera, y utilice la investigación, la tecnología, la cultura, la economía y la política para avanzar hacia ese fin. Necesitaremos para ello toda la imaginación política, generosidad moral y creatividad técnica que logremos desplegar.

Pero esta Gran Transformación se topa con dos obstáculos titánicos: la inercia del modo de vida capitalista y los intereses de los grupos privilegiados. Para evitar el caos y la barbarie hacia donde hoy estamos dirigiéndonos, necesitamos una ruptura política profunda con la hegemonía vigente, y una economía que tenga como fin la satisfacción de necesidades sociales dentro de los límites que impone la biosfera, y no el incremento del beneficio privado.

Por suerte, cada vez más gente está reaccionando ante los intentos de las elites de hacerles pagar los platos rotos. Hoy, en el Estado español, el despertar de dignidad y democracia que supuso el 15M (desde la primavera de 2011) está gestando un proceso constituyente que abre posibilidades para otras formas de organización social.

Sin embargo, es fundamental que los proyectos alternativos tomen conciencia de las implicaciones que suponen los límites del crecimiento y diseñen propuestas de cambio mucho más audaces. La crisis de régimen y la crisis económica sólo se podrán superar si al mismo tiempo se supera la crisis ecológica. En este sentido, no bastan políticas que vuelvan a las recetas del capitalismo keynesiano. Estas políticas nos llevaron, en los decenios que siguieron a la segunda guerra mundial, a un ciclo de expansión que nos colocó en el umbral de los límites del planeta. Un nuevo ciclo de expansión es inviable: no hay base material, ni espacio ecológico y recursos naturales que pudieran sustentarlo.

El siglo XXI será el siglo más decisivo de la historia de la humanidad. Supondrá una gran prueba para todas las culturas y sociedades, y para la especie en su conjunto. Una prueba donde se dirimirá nuestra continuidad en la Tierra y la posibilidad de llamar “humana” a la vida que seamos capaces de organizar después. Tenemos ante nosotros el reto de una transformación de calibre análogo al de grandes acontecimientos históricos como la revolución neolítica o la revolución industrial.

Atención: la ventana de oportunidad se está cerrando. Es cierto que hay muchos movimientos de resistencia alrededor del mundo en pro de la justicia ambiental (la organización Global Witness ha registrado casi mil ambientalistas muertos sólo en los últimos diez años, en sus luchas contra proyectos mineros o petroleros, defendiendo sus tierras y sus aguas). Pero a lo sumo tenemos un lustro para asentar un debate amplio y transversal sobre los límites del crecimiento, y para construir democráticamente alternativas ecológicas y energéticas que sean a la vez rigurosas y viables. 

Deberíamos ser capaces de ganar grandes mayorías para un cambio de modelo económico, energético, social y cultural. Además de combatir las injusticias originadas por el ejercicio de la dominación y la acumulación de riqueza, hablamos de un modelo que asuma la realidad, haga las paces con la naturaleza y posibilite la vida buena dentro de los límites ecológicos de la Tierra.

Una civilización se acaba y hemos de construir otra nueva. Las consecuencias de no hacer nada —o hacer demasiado poco— nos llevan directamente al colapso social, económico y ecológico. Pero si empezamos hoy, todavía podemos ser las y los protagonistas de una sociedad solidaria, democrática y en paz con el planeta. 

— En diversos lugares de la Península Ibérica, Baleares y Canarias, y en el verano de 2014.

¿Qué es un panóptico?


Si se hallar un medio de hacerse dueño de todo lo que puede suceder a un cierto número de hombres, de disponer todo lo que los rodea, de modo que hiciese en ellos la impresión que se quiere producir, de asegurarse sus acciones, de sus conexiones, y de todas las circunstancias de su vida, de manera que nada pudiera ignorarse, ni contrariar el efecto deseado, no se puede dudar que un instrumento de esta especie sería un instrumento muy enérgico y muy útil que los gobiernos podrían aplicar a diferentes objetos de la mayor importancia.

La educación, por ejemplo, no es otra cosa que el resultado de todas las circunstancias en que un niño se ve. Velar sobre la educación de un hombre, es velar sobre todas sus acciones, es colocarle en una posición en que se pueda influir sobre él como se quiera, por la elección de los objetos que se le presentan y de las ideas que se hacen nacer en él.

Pero ¿cómo un hombre solo puede ser bastante para velar perfectamente sobre un gran número de individuos?, ¿y aun cómo un gran número de individuos podrían velar perfectamente sobre un hombre sólo?. ...”

El panóptico. Jeremy Bentham. 1839.

Pregunta: ¿Qué es un Panóptico?

Respuesta: Es un proyecto de construcción con un patio central que vigila toda una serie de celdas dispuestas circularmente, a contraluz, en las cuales se encierra a los individuos. Desde el centro se controla toda cosa y movimiento sin ser visto.

El poder desaparece, ya no se representa, pero existe; se diluye incluso en la infinita multiplicidad de su única mirada.

Las prisiones modernas, y también un gran número entre las más recientes que llamamos ‘modelos’, reposan sobre este principio. Pero, con su Panóptico, Bentham no pensaba de manera específica en la prisión; su modelo podía ser utilizado –y lo ha sido- para cualquier estructura de la nueva sociedad. La policía, invención francesa que tan pronto fascinó a todos los gobernantes europeos, es la gemela del Panóptico.

El sistema de contribuciones moderno, los asilos psiquiátricos, los registros, los circuitos de televisión y tantas otras tecnologías que nos rodean, son su concreta aplicación. Nuestra sociedad es mucho más benthaniana que beccariana. Los lugares en los cuales hemos encontrado la tradición de conocimientos que han conducido a la prisión muestran porque esta se parece a los cuarteles, a los hospitales, a las escuelas, y por qué estos se parecen a las prisiones.”

La prisión vista por un filósofo francés.Michel Foucault. 1975.

La libertad desaparece con el control del espacio. Los edificios están dispuestos de tal manera que siempre se pueda ejercer el control sobre las personas que están dentro. Pensemos en un hospital, en un centro de enseñanza o en un lugar de trabajo. Allí donde te encuentres, siempre serás detectable.

Ahora el control también se encuentra en los espacios públicos, las cámaras de videovigilancia se encuentran por doquier, en los cajeros automáticos, en determinados edificios por motivos de seguridad, para el control del tráfico...

A la sociedad no le interesa la libertad porque esta no engendra orden, coherencia social, agrupación provechosa, sino más bien la fragmentación de actividades, individualización y atomización social. La Libertad provoca miedo, angustia: inquieta al individuo, que se encuentra frente a sí mismo, dudando, ante la posibilidad de elegir y experimentar así el peso de la responsabilidad; pero incomoda igualmente a la sociedad, que prefiere personajes integrados en el proyecto asignado a cada uno, antes que una multiplicidad de piezas interpretadas por pequeños grupos de individuos.

Para saber más: Antimanuel de filosofía. Michel Onfray
Para saber más: Foucault y el panóptico