decrecimiento.blogspot.com

decrecimiento.blogspot.com
Mostrando entradas con la etiqueta Ramón Fernández Durán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ramón Fernández Durán. Mostrar todas las entradas

El patriarcado: el origen de una nueva relación de dominación

Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes - La espiral de la energía

"De una relación bastante igualitaria entre sexos se fue pasando a otra radicalmente distinta, en la que las mujeres perdieron poder en todos los ámbitos. El patriarcado no implicó una menor interdependencia social. Los hombres realmente no fueron más “independientes” que antes. Lo que ocurrió fue que las interdependencias se invisibilizaron y las tareas para el sostén social se repartieron desigualmente en base a relaciones de poder. En Afroeurasia, hacia 1500 a.C. el patriarcado era ya la norma social (Hernando, 2012), como se observa en múltiples elementos: la presencia femenina en el arte y en la religión quedó en un segundo plano, desapareció el erotismo y el carácter protector de lo femenino, en la religión y en la política las mujeres fueron relegadas a ser consortes de los poderosos. ¿Cómo se alcanzó esta situación y por qué?

Ya argumentamos como una cantidad creciente de hombres fueron adquiriendo una identidad individual, mientras las mujeres (especializadas en labores con menos movilidad) mantenían una identidad relacional. La identidad individual aumentó la conciencia sobre sí de los hombres y un mayor desarrollo de sus habilidades racionales. El entrenamiento de la razón fue facilitando el éxito social, entre otras cosas porque se puso al servicio en gran parte de la dominación en una incesante carrera tecnológica y armamentística (Por ejemplo, la metalurgia ya era conocida antes de la civilización dominadora, pero su desarrollo, con la aparición y generalización del uso del bronce y del hierro, se encuentra íntimamente relacionada con los usos bélicos.), y supuso un mayor control de la naturaleza. Así, el proceso se realimentó a sí mismo fortaleciendo la identidad individual y dando cada vez más valor a lo racional.

De este modo, los hombres “independientes” fueron forjando una autoimagenen el plano consciente de seguridad en base a sus capacidades racionales. Cuanto más reforzaron ese plano, más fueron enterrando la comprensión y exteriorización de sus emociones. Sin embargo, la necesidad de seguridad mediante la adscripción al grupo siguió intacta, aunque pasó a un plano más inconsciente (Fromm, 2008; Hernando, 2012). Este lazo afectivo lo garantizaron a través de las mujeres (sus parejas, amantes y madres). Además, esta seguridad también la consiguieron en base a la adscripción emocional a grupos de iguales (el de los caudillos, así desde 2500 a.C., en Europa occidental aparecen en las tumbas de los jefes una similitud de vestimentas y de objetos que dan cuenta de comportamientos parecidos. De este modo, las élites de cada sociedad se adscribían a un grupo de élites globales (Hernando, 2012)). Los hombres obligaron a las mujeres a especializarse en las labores emocionales, ya que fueron ellas las que les permitieron mantener los vínculos con el grupo, su seguridad. La conversión de la heterosexualidad en norma durante esta etapa encajaría con esta necesidad masculina del sostén femenino (Kottak, 2006; Hernando, 2012). Al avanzar, el patriarcado se realimentó a sí mismo, ya que los hombres pudieron adentrarse más en el mundo de la razón porque las mujeres les servían de sustento emocional por detrás. Mientras ellos perdían su capacidad de empatizar, ellas la mantenían y, con ello, les sostenían. Además, las mujeres con una identidad relacional también conseguían seguridad supeditando su devenir a un hombre (Hernando, 2012).

Conforme los hombres minusvaloraban el papel de las emociones, la labor fundamental de sostén emocional femenino fue perdiendo enteros a nivel social. Pero la cuestión no fue solo el sostén emocional, sino del resto de labores imprescindibles para el cuidado de la vida, que los hombres fueron dejando en manos exclusivamente de las mujeres. Estos trabajos fueron teniendo cada vez menos prestigio social. Es en este momento cuando se podría hablar de género en el sentido de especialización social jerarquizada de labores entre sexos. A la desvalorización social de las tareas encomendadas a las mujeres ayudaron factores como que la sociedad fuese cada vez más violenta y fuesen los hombres quienes más capacidad tenían de ejercerla. Mientras en el pasado la reproducción de la vida (protagonizada por las mujeres) había tenido el máximo reconocimiento social, ahora lo tenía la muerte (ejecutada por hombres). En este sentido, el patriarcado no se puede concebir sin la guerra, como tampoco el Estado ni el inicio de la explotación de la naturaleza.

El patriarcado es funcional a la sociedad dominadora en más sentidos. Como hemos visto, la propiedad privada cobró un papel clave. Para poder determinar la transmisión de esta propiedad (que es también la del poder) fue necesario conocer con certeza el parentesco o, dicho de otro modo, las mujeres no podían tener una sexualidad libre (En Afroeurasia aparecen, a partir de 1800 a.C., enterramientos de niños con ajuares de lujo, lo que indica la existencia de linajes (Hernando, 2012)). Este fue un argumento más a favor de las relaciones matrimoniales cerradas e indisolubles.

Esta no es la única causa por la que la sociedad dominadora tuvo que desarrollar el control sobre la sexualidad femenina. Como abordaremos un poco más adelante, uno de los saltos energéticos básicos de esta etapa fue el control, por parte de unos pocos, de la fuerza de trabajo de la mayoría de la población (ya sea mediante trabajo esclavo o por distintas formas de servidumbre). Nuevamente aquí las mujeres cumplían un papel clave, ya que son ellas las que permiten la reproducción de esta mano de obra y, por lo tanto, el control de su cuerpo está íntimamente relacionado con la perpetuación y el crecimiento de esta fuerza de trabajo (Federici, 2011a).

Además, en sociedades guerreras, el dominio de los hombres sobre las mujeres también se hizo fundamental para conseguir que fuesen ellos quienes recibiesen la mejor alimentación durante los periodos de enfrentamientos, o para fomentar el incremento poblacional masculino a través del control de la fertilidad y del infanticidio femenino (García Moriyón, 2001; Harris, 1986, 2006).

En una sociedad en cuya cima se situaron los guerreros masculinos, estos también terminaron copando las labores de gobierno y de control religioso institucionalizando, reforzando y reproduciendo el patriarcado. Si la guerra es un elemento clave en el desarrollo científico, no es de extrañar que la producción de conocimiento esté controlada por hombres. En definitiva, no solo el poder político, sino también el conocimiento administrativo y científico se fueron centrando en un solo sexo. En la génesis del patriarcado también está que el ámbito público se fue reflejando en el privado. Si el Estado se organizaba jerárquicamente, la familia también lo hacía: el rey estatal equivalía al padre de familia. Pero la relación no era únicamente especular, también era de realimentación, poniendo en el plano privado las bases educativas que permitiesen la reproducción de la jerarquía en el ámbito público y viceversa.

Aunque al principio el proceso debió ser paulatino y poco perceptible (Hernando, 2012), llegó un momento en que no fue así. Desde entonces, la opresión de las mujeres se consiguió mediante la violencia y el sistema de valores. Si la transformación del hombre en guerrero requirió toda una serie de ritos de iniciación, la conversión de la mujer en sirvienta y el control masculino de su sexualidad también necesitó otra serie de procesos iniciáticos y de creación de subjetividades hasta que fuesen las mujeres mismas quienes perpetuasen esa función.

Este fenómeno no tuvo la misma extensión en todos los territorios. Al principio fue menos acusado (Las zonas más inaccesibles continuaron teniendo relaciones más igualitarias entre hombres y mujeres. Por ejemplo, en el norte de Escocia, Irlanda y Euskadi las mujeres siguieron gozando de libertad para casarse y divorciarse cuando y con quien quisiesen (Taylor, 2008). En algunos de los primeros Estados, como el egipcio, las mujeres siguieron disfrutando de derechos como el de trabajar fuera de casa, casarse con extranjeros, vivir solas y comerciar. En contraste, el Código de Hammurabi estipulaba que la entrega de la mujer puede compensar el pago de deudas o en la Grecia clásica las mujeres no tenían derecho a vivir solas ni a la participación política (Lietaer, 2000). En 3400-3200 a.C., en las sociedades de las estepas euroasiáticas en muchos enterramientos el rango de hombres y mujeres era todavía similar (Anthony, 2007), a pesar de que el cambio civilizatorio ya había empezado) y con el tiempo, los grados de profundización del patriarcado y sus expresiones fueron variando (En el Egipto ptolemaico, las mujeres consiguieron derechos de propiedad y cierto poder político (Kotkin, 2006).

Otro reflujo patriarcal sería la Europa feudal, (como desarrollaremos más adelante). Además, en la economía familiar campesina, la mujer no estaba relegada únicamente a las labores en el ámbito doméstico, pues era imprescindible en las tareas agrícolas. En general, en el mundo campesino hubouna menor profundización del patriarcado que en los estamentos superiores de la jerarquía. Esto, sin embargo, fue cambiando con los siglos, en los que los hombres fueron traspasando al ámbito privado las relaciones de dominación que se iban imponiendo el público (Christian, 2005).”

El panóptico urbano

Nace un nuevo paisaje urbano marcado por la arquitectura y las tipologías urbanas del apartheid social y la videovigilancia, en donde, se produce una regresión total del espacio público, que inhibe cualquier tipo de participación (el ‘ágora’ ciudadano simplemente no existe), se desarrolla una guerra civil de baja intensidad, el espacio se organiza en base al miedo (a los otros), se instala un verdadera histeria social por la seguridad, se da una creciente presencia y fiscalización policial, interviene la violencia de clase como instrumento al servicio de la construcción de la ciudad, se organiza de forma sistemática la depredación de la naturaleza, se acrecienta el acoso contra cualquier disidencia, se produce un aumento de la polarizacion social, se enseñorea el inmenso poder de los promotores inmobiliarios, se van desmantelando los servicios públicos, y se establece una creciente criminalización de la miseria y un verdadero estado de sitio para los inmigrantes.

Se recrudecen los mecanismos de opresión patriarcal, la urbe se vuelve cada vez más agresiva para las mujeres, los niños y los mayores; el espacio se organiza en contra de las consideraciones de reproducción social y de las necesarias tareas de cuidado, las nuevas ‘calles’ (inexistentes como espacio público) se transforman en un espacio crecientemente inhóspito y amenazante, y las tensiones interétnicas e interculturales se convierten en el pan nuestro de cada día.

Bajo la excusa de nuevas ordenanzas cívicas, con el fin de recuperar la ciudad para la gente ‘decente’, ese está impulsando la ‘tolerancia cero’ contra la prostitución y el gamberrismo en las calles, al tiempo que se están instalando otras medidas de excepción urbana (guerra a la venta ambulante, a la mendicidad, a los sin techo, a los carteles y murales de entidades ciudadanas, etc.).

La presencia permanente de policía pública y sobre todo privada, acompañada de videovigilancia generalizada. De esta forma, el control de la población se está haciendo crecientemente exhaustivo, complementando esa capacidad de seguimiento en el futuro mediante la capacidad de poder ubicar en todo momento a los individuos (y a sus vehículos) vía satélite. Los nuevos documentos de identificación con chip electrónico y controles biométricos. El recorte de libertades y la pérdida de derechos civiles y políticos son crecientes, pero hasta ahora estas restricciones no han llegado en general al debate público, pues está siendo bastante subrepticio.

Para saber más: El tsunami urbanizador español y mundial. Ramón Fernández Durán. 2006.

Entrevista a Luis González


El subtítulo del libro dice “Colapso del capitalismo global y civilizatorio” ¿A qué te refieres? ¿Estamos al final del capitalismo? ¿De la civilización? 
 
Estamos al final del capitalismo global, que no es lo mismo que el final del capitalismo, como sistema que englobaba a todo el planeta y que de alguna manera condiciona a todo el resto de las economía y la vida de todas las personas. El capitalismo necesita una base de energía que ya no va a tener, aparte de otra serie de problemas intrínsecos, burbujas y demás que va teniendo. Pero puede reestructurarse en ámbitos mas locales, más pequeños y puede que inicie nuevos ciclos de acumulación de capital y de reproducción. De lo que sí que estamos al final es de una civilización industrial basada en grandes complejidades, en grandes usos de energía y de tecnología y tendremos por delante algo radicalmente distinto.

Tenemos que aprender de nuestra historia, o eso es lo que parece que quieres decir al explicar la evolución de nuestro desarrollo económico en este libro, pero remarcas que no parece que el capitalismo sea un sistema superable ¿Por qué no? ¿Cuál es la diferencia?

El capitalismo una vez que ha llegado ha marcado elementos que hacen difícil pasar por encima de él, ha generado un imaginario colectivo en el que el consumo es un deseo extendidísimo. Ha generado un sistema económico que si no consigue reproducirse entra en crisis y esto genera también crisis sociales no son deseadas por parte de la población o porque ha generado un sistema normativo que hace muy difícil que demos un paso adelante. Por todo ello creo que no seremos capaces de superar el capitalismo. Creo que lo que hará que finalice serán los límites ambientales, que son insoslayables. No van a ser las contradicciones intrínsecas al capitalismo, sino las extrínsecas, las que van a hacer que este sistema entre en un colapso final.

Los defensores a ultranza del capitalismo dirán “esto es otra crisis más, pronto haremos otro avance tecnológico o descubriremos otra fuente de energía y daremos un salto adelante superándola” ¿Qué les dirías? 
 
Les diría que en algunos elementos sí que es una crisis más, el final del ciclo sistémico de acumulación estadounidense. Ya hemos tenido crisis parecidas, cuando paso el ciclo de acumulación británico al estadounidense, o del holandés al británico. En ese sentido esta crisis tiene muchas similitudes. Está muy focalizada en la economía financiera, causa muchos problemas sociales, etc. Pero hay elementos que son radicalmente distintos, todas se han saldado con un salto adelante en el consumo de energía, con un salto adelante en la explotación de más territorios y con un salto adelante en la explotación de más personas, pero esto ya no es posible, no hay más personas ni territorios apreciables que meter para hacer nuevos procesos de producción y acumulación de capital y, sobre todo, no hay más energías alternativas que vayan a suplir el petróleo. Las renovables serán las energías del futuro, pero serán energías en menores cantidades y menor versatilidad. No hay ninguna nueva quimera que pueda sustituir al petroleo ni mucho menos a todo el conjunto de los combustibles fósiles.

Tratas esta crisis ambiental desde la perspectiva de la energía ¿por qué no tratarla desde otro punto como el consumismo u otra problemática ambiental? 
 
Realmente la energía no es el principal problema ambiental que tenemos, mucho más grave es el cambio climático o la extinción masiva de especies, que es lo mismo que decir el desequilibrio de los ecosistemas, lo que ocurre es que la energía va a ser la primera que va a desencadenar todo un proceso de crisis económica y crisis social, de hecho ya lo está haciendo. Por lo cual, no es el más grave, pero sí será el primero que desencadenará los otros. Si esta entrevista la estuviéramos haciendo dentro de un siglo ya en esas fechas se habrá hecho una transición energética a otros formatos y el cambio climático será un tema candente en ese caso... y nunca mejor dicho lo de candente.

Comentas que los países emergentes como China no serán capaces de reflotar ni liderar el capitalismo...

Grandes crisis anteriores del capitalismo se caracterizaban porque un imperio caía, pero siempre había una potencia emergente que ocupaba su lugar. Pero esta vez la crisis es estadounidense, que sigue siendo la líder pero está en clara decadencia, y es China la llamada a ocupar ese lugar por su gran potencial económico, su gran poder en el plano financiero y que empieza a desplegar poco a poco un creciente poder militar y de incidencia a nivel global con su diplomacia o en parte incluso con su cultura. El problema de China es el mismo que el de cualquier sociedad basada en el capitalismo, que necesita aumentar de manera continuada su consumo energético y no tiene energía para hacerlo, de hecho no hay energía en el planeta para hacerlo. China es una potencia muy dependiente del carbón y posiblemente haya pasado ya su pico de carbón por lo que a partir de ahora la producción empezará a ser decreciente, se va a enfrentar al mismo problema que cualquier otra potencia que pretenda ser hegemónica.

El capítulo final, el que parece que es el que habla del futuro y la esperanza, se llama “El doloroso largo declive alumbrará sociedades radicalmente distintas”... (risas) ¿Cómo de doloroso? ¿Cómo de distintas? 
 
Doloroso porque gran parte de la vida que estamos viviendo actualmente va a cambiar radicalmente. Seguro que no va a ser una percepción de la noche a la semana, nos llevará años, lustros, décadas, serán perfectamente perceptibles en nuestra vida pero no serán grandes y repentinos debacles, aunque de estos también los habrá. ¿De qué estamos hablando? Pues hablamos de que va a disminuir la población de una manera importante. Nos alimentamos de una agricultura tremendamente dependiente, conforme el petroleo vaya siendo menos accesible porque vaya siendo más caro provocará problemas de alimentación a porcentajes mayores de la población y lo mismo pasará en general a los sistemas de higiene. Va a ser doloroso porque la mayoría de la población está viviendo en las ciudades y éstas van a ser nodos insostenibles que no van a ser capaces de captar los recursos que necesitan de su entorno para seguir manteniendo el metabolismo de una economía que es muy dependiente. El éxodo de la gente de las ciudades al campo va a ser muy doloroso. Va a ser doloroso también porque habrá problemas en los estados, ya está sucediendo, porque no van a ser capaces de mantener los estados de bienestar y eso va a generar dolor social. Todo ello va a generar convulsiones, nuevos movimientos sociales que también serán complicados.
Lo que tenemos por delante es doloroso pero a la vez nos permite tener puertas de esperanza a otro tipo de organizaciones sociales en la cuales las personas nos relacionemos de forma mas armónica con nuestros congéneres y con nuestro entorno. Sociedades con menos energía son sociedades con menos capacidad de dominación. Sociedades más locales son potencialmente más democráticas, aunque todo esto sólo sucederá si somos capaces de articular luchas que lo permitan.

En El Salmón Contracorriente le damos mucha importancia a la formación ¿crees que este tipo de historia o conocimiento se podría enseñar en las aulas? ¿cómo lo harías? ¿cómo mejorarías la enseñanza ya existente? 
 
De hecho es a lo que me dedico. Yo creo que es fundamental cambiar dos elementos centrales del currículo que se dan en las aulas, no de los talleres que se dan fuera, no de las actividades del patio ni fuera de los espacios formativos, que también, sino del currículo duro. Desde dos perspectivas. Desde los contenidos que trabajamos, debemos entender contenidos más globalizadores y que vayan a la raíz de los problemas que tenemos, buscar sus soluciones, que distan bastante de encontrar un nuevo avance tecnológico. Pero también cómo se trabajan, los procesos de aprendizaje tienen mucho que ver en el resultado que buscamos. Si deseamos sociedades más democráticas, metamos la democracia en nuestras prácticas educativas, si queremos sociedades más solidarias, metamos la solidaridad dentro de las prácticas. Sin esas dos perspectivas de cambio no habrá transformaciones generales.

El libro fue un legado de Ramón Fernández Durán, cuéntanos como fue el proceso de escritura del libro

El proceso ha sido complejo. Ramón estuvo trabajando el libro 4 años, dejó unos cuantos apartados terminados pero en forma de libritos, había que resumirlo y luego actualizarlo. También dejó borradores de otras partes del libro. Yo retomo ese trabajo a partir de esa elaboración teniendo que reelaborar y avanzar en cosas que él dejó a medias, pero claro, era un dialogo imposible el que teníamos y que a pesar de que hemos trabajado mucho juntos había veces que pensaba ¿estaré poniendo en boca de él cosas que él no diría? O ¿cómo escribiría él esto? ¿cómo lo enfocaría? O ¿cómo leería cosas que han ocurrido en estos tres años que él no estaba?

Y digo yo, pero debería decir nosotros, porque en verdad ha habido muchas otras personas implicadas en este libro, un núcleo duro de personas que han ido leyendo capitulo a capitulo, haciendo comentarios y correcciones. Una segunda capa de cebolla que han leído partes concretas del libro, quien ha hecho correcciones de estilo, las figuras, las ilustraciones, la maquetación, un largo etcétera de personas que han aportado y sin las cuales el libro no hubiera llegado a su fin ni en la calidad ni el tiempo en el que se ha producido. También debo nombrar que el libro se ha financiado gracias a una financiación colectiva de personas que me han ayudado a poder liberar tiempo para esto y además gracias a que mi compañera que me ha ayudado con las tareas de cuidado con lo cual he podido liberar tiempo para el libro.

¿Qué crees que diría Ramón del libro? ¿Qué le gustaría más? ¿Qué le gustaría menos?

¡Uf! Qué pregunta... Yo creo que Ramón no haría ninguna critica al libro, era una persona tremendamente positiva y sabía valorar el trabajo de las personas y hacerte sentirte que eras una personas maravillosa aunque estuvieras haciendo algo de lo más normalito, entonces creo que Ramón diría algo así como “muy bien niño, ha salido el libro, ha quedado muy bien... ahora lo que toca es trabajar el libro y discutirlo” y probablemente en ese trabajo de presentar y discutir el libro iría desglosando los puntos en los que encontrase un matiz que hacer, una aportación nueva con una visión que no ha quedada reflejada o discusiones que el libro sólo apunta y que seguramente él ayudaría a desarrollar.

Ramón murió justo unos días antes del 15M ¿Qué hubiera dicho él si hubiera visto la plaza de Sol abarrotada de gente?

Murió unos días antes del 15M pero pudo ver todo el proceso de la primavera árabe. En la presentación del libro su hermana decía que él veía en Al Jazeera las noticias de la primavera árabe y para él todo aquello fue un punto de inflexión en la contestación al comienzo de la crisis, que hasta aquel entonces había sido muy pobre. Para Ramón, la primavera árabe marcaba ese cambio. El 15M lo hubiera leído como un salto cualitativo de esa primavera árabe que empieza a extenderse en un primer lugar por los países del mediterráneo pero que después se extiende por el mundo entero, porque el 15M ha tenido correlatos desde el Occupy Wall Street hasta todo lo que está pasando ahora en Hong Kong y, que sin ser lo mismo, también tienen que ver con reflejos y respuestas similares. De manera que él vería el 15M como una esperanza, como una capacidad de organización social tremendamente potente, como una emergencia de un sistema que ve cómo hay cosas que se están descomponiendo a la vez que otras se recomponen para adquirir capacidades y que efectivamente salgamos de esta en mejores condiciones de las que entramos.

¿Y si hubiera visto a estos ciudadanos y movimientos sociales que ahora están mutando en partidos políticos? 
 
Ahí no lo sé... porque lo que está ocurriendo ahora no lo discutimos nunca porque no lo habíamos vivido nunca. Ramón siempre apostó por los movimientos sociales en el sentido en el que los cambios que surjan van a tener que salir de la autoorganización de las personas, de la ciudadanía, con motores y energías que partan desde abajo, lo cual no quita que en determinados momentos, por ejemplo en su último libro “La quiebra del capitalismo global”, él apuntaba que la lucha institucional en un contexto de crisis o colapso puede tener su sentido, por lo menos para desviar algunos recursos, cambiar algunas normativa o realizar algunos cambios. De manera que Ramón entendería que esos cambios institucionales que vengan deben ser desde la base. También teniendo en cuenta que no sería la misma su poción de procesos como el de Ganemos de procesos como el de Podemos, que no son lo mismo aunque tengan similitudes. Más allá de eso no sabría decir cuál sería su posición exacta.

Para finalizar, recomienda un libro a nuestros lectores. No vale el tuyo.

(Risas)... No se me ocurriría. Pues diría “No Impact Man” de Colin Beavan. Es una parodia de un superhéroe, el hombre que no realizaba impactos ambientales. Va sobre un tipo en Manhattan que se plantea durante un año no realizar ningún impacto ambiental, empieza comprando ecológico y acaba desconectando la luz. Me pareció un libro muy interesante y habla de cómo las personas cambiamos las cosas interrelacionandonos entre nosotros.
Si queréis comprar el libro "En la Espiral de la energía" podéis visitar El tenderete de Ecologistas en Acción. Si os perdisteis la emotiva presentación del libro en El Teatro de Barrio la podéis ver en el siguiente vídeo:

El ser humano ante la Entropía



“La segunda ley de la termodinámica, la Ley de la Entropía, plantea que la materia y la energía sólo pueden cambiar en un sentido, esto es, de utilizable a inutilizable, de disponible a no disponible, de ordenado a desordenado. Los seres vivos parece que son capaces de moverse en dirección contraria al proceso entrópico, pero esto es así temporalmente, porque pueden absorber energía libre del entorno, incrementado su complejidad y organización. El ser humano al ser una especie con un gran desarrollo evolutivo y elevado peso necesita un gran flujo de energía para su existencia.

Además por su capacidad de raciocinio ha podido desarrollar instrumentos para poder captar o utilizar en su provecho una mayor cantidad de energía que la que le llegaba directamente del sol o la que podía consumir a través de los alimentos, donde se encuentra energía solar fijada mediante el proceso de fotosíntesis.

De esta forma el ser humano despliega, en un primer momento, la capacidad de utilizar la energía contenida en la madera que se libera a través de su combustión, así como aprende a utilizar la energía del viento y el agua. Con el advenimiento de la revolución industrial, se produce un salto cualitativo, se recurre a la utilización de los combustibles fósiles como forma de incrementar la capacidad de trabajo humano.

Sin embargo la Entropía es incompatible con el crecimiento cuantitativo indefinido, que está basado en el consumo creciente de fuentes energética de carácter finito, y por consiguiente con el concepto de ‘progreso’ sin límite.

Cada disminución localizada de la entropía, por la acción del ser humano o de una máquina, va acompañada de un aumento aún mayor de la entropía del entorno; tal acción sólo se puede llevar a cabo a través de la utilización de energía concentrada –ordenada, disponible o utilizable- que después de su aplicación o transformación pasa a un estado disperso, no disponible o desordenado.”

Ramón Fernández Durán. La explosión del desorden.

“No nos envanezcamos demasiado de nuestra victoria sobre la naturaleza, porque ésta se venga de cada una de nuestras victorias...”

Friedrich Engels. Dialéctica de la Naturaleza

Como ejemplo sirva lo que se ha dado en llamar la ‘conexión hamburguesa’, donde la carne bovina que se consume por los seres humanos es la causante de la deforestación de la Amazonia, pues en esta se talan los árboles de grandes superficies para introducir ganado vacuno y extraer su carne.

La explosión del desorden

“El actual modelo productivo, económico y social, basado en la lógica del crecimiento y la acumulación, genera en su evolución un orden aparente —cimentado sobre crecientes desigualdades—, que engendra a su vez un desorden creciente de índole interna —económica y social— y externa —ambiental—, al disolver y absorber estructuras previas que tenían un mayor grado de orden interno y una relación más equilibrada con el medio, es importante señalar que el orden aparente del presente modelo se sustenta en un aumento constante del consumo energético.

Es decir, al contrario que los procesos de creación y evolución de la vida sobre el planeta, que son capaces de crear orden —a partir de la energía solar que les llega, como sistemas abiertos que son, del exterior— en contraposición a la tendencia global del Universo hacia el desorden —o la entropía, de acuerdo con la segunda ley de la Termodinámica de degradación de la energía—, el modelo vigente contribuye de forma acelerada a la creación de desorden a todos los niveles, precipitando los procesos entrópicos.

Este desorden se manifiesta de forma preponderante en las grandes concentraciones urbanas: las metrópolis, que son los núcleos principales de acumulación y consumo, que actúan como los espacios clave de apropiación de recursos de todo tipo y de impacto sobre el entorno, y que concentran espacialmente los mayores grados de desigualdad social.

El libre despliegue del modelo genera, pues, tres tipos de crisis: la económica —por los cada día mayores desequilibrios de este tipo que provoca—, la sociopolítica —por la creciente ingobernabilidad de lo social que desata—, y la ambiental —por el progresivo agotamiento de recursos no renovables y deterioro del entorno que su funcionamiento supone—. Crisis que evidentemente se interrelacionan y realimentan mutuamente.

El orden aparente del modelo necesita para mantenerse y desarrollarse recurrir, cada vez más, a mecanismos coercitivos y represivos para controlar el progresivo desorden en que incurre, lo que produce, junto con la tendencia hacia la creación de megaestucturas —derivada de la lógica interna de gradual incremento de tamaño de sus unidades productivas y de gestión—, una creciente ineficacia y coste económico que dificulta el funcionamiento del propio modelo.

Por otro lado, el modelo, que se inició en su momento en el Centro, necesita, para seguir creciendo y acumulando, una cada día mayor proyección planetaria; es decir, precisa, para mantenerse, recurrir cada vez más a la explotación y rapiña de la Periferia, que se justifica —y enmascara— siempre en aras de la necesaria "modernización", estableciéndose unas desigualdades Centro-Periferia que van en constante aumento.

Si bien es conveniente apuntar que no existe una Periferia homogénea, al igual que tampoco se da un Centro isótropo, sino que se configura un gradiente de Periferias según las relaciones que se establecen y se imponen desde el Centro. En este marco, las tendencias de concentración urbana adoptan formas distintas en el Centro y en la Periferia, por el carácter dependiente que adquieren los procesos de urbanización en esta última; en cuyas metrópolis se disparan actualmente los procesos de crecimiento demográfico."

Extracto del libro: La explosión del desorden de Ramón Fernández Durán. Editorial Fundamentos

El antropoceno

Ramón Fernández Durán

El antropoceno: la crisis ecológica se hace mundial

En el siglo XX pasamos de un mundo “vacío” a un mundo “lleno”, en palabras de Daly (1999), lo que implica una verdadera mutación histórica, haciendo que se hable ya de la entrada en una nueva era geológica: el Antropoceno. El Antropoceno sería una nueva época de la Tierra, consecuencia del despliegue del sistema urbano-agro-industrial a escala global, que se da junto con un incremento poblacional mundial sin parangón histórico. Todo ello ha actuado como una auténtica fuerza geológica con fuertes implicaciones ambientales. La Sociedad Geológica de Londres, la de mayor historia y quizás la más prestigiosa del planeta, así lo ha definido (Davis, 2008)

(...)

La ideología dominante a lo largo del siglo XX, de fuerte raíz en la llamada economía neoclásica (conformada a finales del siglo XIX), con su fe en el crecimiento continuo y el progreso indefinido, sostiene que la expansión del actual modelo productivo y de acumulación se produce como en una burbuja aislada y autosostenida, desconectada de los procesos históricos, y de la realidad social y ambiental. Pero eso es una tremenda falacia. Y aquí nos centraremos en resaltar las implicaciones ambientales del metabolismo del capitalismo global, el modelo claramente dominante ya a escala mundial, pues las sociales y políticas ya se han comentado en otras partes del análisis del siglo XX; entre ellas, cómo este “mundo ideal” descansa sobre otro “mundo invisible” que es el ámbito de la reproducción doméstica, que opera en general fuera de la lógica del mercado, con una estructura claramente patriarcal, y sin el cual ese “mundo ideal” sería sencillamente inviable (Herrero, 2008).

De esta forma, atendiendo al ámbito de lo ambiental, el metabolismo del capitalismo global no se puede entender sin un consumo creciente de recursos de todo tipo (inputs biofísicos), en concreto materiales y energía que son extraídos del medio natural, ocasionando importantes impactos sobre el entorno, para ser posteriormente procesados por un sistema tecnológico y organizativo (por así decir, el capital productivo), con el concurso fundamental del trabajo humano (de índole asalariada o dependiente), generando una producción que en parte es acumulada en forma de stock construido (edificios, infraestructuras, etc.), al tiempo que produce también mercancías de toda índole destinadas al consumo. Pero a su vez, ambos procesos engendran importantes residuos o emisiones de muy diversa naturaleza (los outputs biofísicos) que son vueltos a lanzar al medio natural (Murray, 2005).

La economía neoclásica para nada considera la necesidad insoslayable de disponer de dichos inputs biofísicos, pues los da por supuestos, y piensa que estarán ahí disponibles ad eternum para ser utilizados sin freno y sin impacto por parte del carrusel imparable de la producción y el consumo; y por supuesto ni considera, es más desprecia, cualquier repercusión medioambiental de los outputs biofísicos, resultado de los procesos productivos y de consumo. Y lo que es más grave, considera que ninguno de los dos puede afectar a su dinámica de expansión “sin fin”, que se presupone, pues es parte de la fe en el Progreso indefinido. Un Progreso que para nada se puede ver frenado ni condicionado por la Biosfera. La “burbuja”, finita y frágil, en la que opera de forma no inocua el capitalismo global

En memoria de Ramón Fernández Durán


En Memoria de Ramón Fernández Durán, recordamos uno de los primeros escritos en castellano sobre la temática de 'el decrecimiento':

"Pero para ello, también, es preciso empezar a poner en cuestión el propio concepto de crecimiento económico, el verdadero tótem de Occidente. El Dios sobre el que nadie puede polemizar, al que no se puede criticar, y que se impone desde hace décadas (y aún siglos) desde Occidente al mundo entero. Eso sí que es fanatismo y ausencia real de libertad de expresión, aunque haya sido interiorizado ya por gran parte de la humanidad.

¿Y si la manera de ir transitando hacia un mundo más justo y sustentable fuera a partir del decrecimiento, una vez que se comprueba que el crecimiento continuo es inviable, antiecológico y que está generando un mundo crecientemente injusto e ingobernable?. Este debate se está abriendo poco a poco camino en todo el mundo, pero con mucho esfuerzo. Francia es un buen ejemplo de ello. El encuentro que se hizo hace ahora casi cuatro años en París: “Deshacer el desarrollo, para rehacer el mundo” (www.apres-developpement.org), así como la Red de Objetores del Crecimiento para el Postdesarrollo, y otras iniciativas en el mismo sentido, están impulsando poco a poco un debate absolutamente necesario.

Este debate hasta ahora ha estado prácticamente ausente en la izquierda institucional y no institucional, y también en gran medida en los Foros Sociales Mundiales, aunque sí se está dando de una u otra forma en ciertas redes del llamado movimiento antiglobalización (AGP, Vía Campesina, organizaciones zapatistas e indígenas, etc). En el Foro Social Europeo la presencia de esta discusión ha sido muy marginal, y hasta fue vetada su inclusión en los plenarios del FSE en París (2003), por algunas de las principales organizaciones impulsoras del mismo. Pero el debate (todavía incipiente) ya está en la calle en la propia Francia, y se ha abierto definitivamente espacio en el clima de movilización y reflexión crítica ciudadana de los últimos tiempos; como no podía ser quizás de otro modo ante los límites cada día más patentes del crecimiento o desarrollo (y sus consecuencias sociales y ecológicas). El crecimiento (o desarrollo) no es otra cosa que la necesidad de despliegue y acumulación constante del capitalismo global."

Ramón Fernández Durán. Construyendo Europa 'manu militari'. febrero 2006.

Gracias.


El inicio del fin de la era fósil


Vemos en los mercados grupos comportándose como manadas de lobos. Si les dejamos actuar, atacarán a los miembros más débiles y les destrozarán”

Anders Borg, ministro de finanzas sueco ante el ataque especulativo a Grecia (mayo, 2010)


Esta vez el imperio que se desmorona es el insaciable capitalismo global, y el mundo feliz de la democracia de consumo que se ha intentado forjar en todo el mundo en su nombre. Sobre la indestructibilidad de este edificio hemos puesto las esperanzas de esta última fase de la Civilización Industrial (…) Pero por todas partes alrededor nuestro se están produciendo cambios que sugieren que toda nuestra forma de vida está pasando ya a ser parte de la Historia (…) Estamos entrando en una era de declive material, colapso ecológico e incertidumbre social y política, y nuestras respuestas culturales deberían reflejar todo esto, más que negarlo (…) Pero estamos atados todavía por la creencia de que el futuro será una versión mejorada del presente”

Uncivilization. The Dark Mountain Manifesto


El sistema soviético dejó de funcionar por parecidas razones que hicieron el modelo de Estado social occidental inoperable, y sobre todo ocurrió más o menos al mismo tiempo (…) Todos nos estamos viendo arrastrados por el hundimiento de un buque (la Modernidad) cuyo casco se ha roto ya. Una de sus partes se hundió primero y muy deprisa, mientras que la otra está resistiendo un poco más el hundimiento. Eso es todo”

“We are the Same: The crisis of Modernity as a common problem”, A.G. Glinchikova,


Quien se hubiera podido creer desde la cima del Monte Palatino que el Imperio Romano no era eterno”

“La Gran Implosion”, Pierre Thuillier


Nos estamos encaminando hacia una nueva era caracterizada por el agotamiento de los recursos (y muy en concreto el petróleo y el gas), la caída continuada de la energía neta disponible y la desaparición del espacio ambiental disponible para poder lanzar residuos a la Naturaleza sin consecuencias inaceptable es para las
sociedades humanas. Estamos entrando ya en un siglo que quedará definido por los límites ecológicos, y por nuestra respuesta a esos límites. La tentación será aplicar las actitudes y comportamientos que fueron justificables y rentables en el pasado siglo a las crisis que enfrentaremos en este. Si fuera así, el resultado será una catástrofe histórica monumental. En ningún otro terreno se podrá aplicar esta aseveración más claramente que en nuestra actitud hacia el carbón (el último combustible fósil “todavía abundante”).

Simplemente, si lo quemamos, cocinamos al planeta Tierra y a nosotros mismos, al tiempo que perderemos los beneficios económicos que vamos buscando. Tenemos sólo una pequeña ventana de oportunidad para caminar hacia un futuro deseable para nuestra especie mediante la reducción del consumo de combustibles fósiles, al tiempo que nos orientamos hacia un régimen de energía renovable y un modelo de economía justa y
sustentable. Ha empezado ya el tiempo de descuento”

“Blackout. Coal, climate and the last energy crisis”, Richard Heinberg.


El industrialismo tendrá que enfrentarse algún día con el agotamiento de recursos y con sus propios desechos”

“Las Ilusiones Renovables”, Los Amigos de Ludd


La base para la creación de un desarrollo humano justo y sustentable debe surgir desde dentro del sistema dominado por el capital, sin formar parte de él, tal y como la propia burguesía surgió en los ‘poros’ de la sociedad feudal”

“What every environmentalist need to know about capitalism”, Fred Magdoff y John Bellamy Foster


Nuestra especie no es lo suficientemente sabia (‘sapient’) para lidiar con el mundo que ha creado (…), y dudo que pueda evitar su colapso en el siglo XXI (…) conforme se tenga que enfrentar a la crisis ecológica”

“Bottleneck: Humanity Impendig Impasse”, William Catton


Lo primero que hay que hacer para salir del pozo es dejar de cavar”.

Proverbio chino


La percepción de los problemas ambientales


"A pesar de que en el siglo XX los problemas ambientales pasaron de ser limitados y locales a tener un alcance planetario, la percepción de que estábamos entrando desde hace ya algunas décadas en una crisis ecológica mundial era absolutamente residual a finales del siglo pasado. Y eso que los desequilibrios biológicos y los impactos geofísicos habían llegado a ser más profundos que en toda la Historia de la Humanidad, alcanzando una magnitud tal que ha hecho que se denomine ya a este nuevo periodo el Antropoceno.

Diversas razones explican esta paradójica situación. En primer lugar, la sensación de “bonanza”, sobre todo en los espacios centrales, por el crecimiento sin freno (aparente) de la Economía Mundo capitalista en el tránsito al nuevo milenio; crecimiento impulsado en muy gran medida en base a la expansión indiscriminada del crédito, la globalización industrial y la irrupción de las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación, pero sobre todo garantizado por los bajos precios de los combustibles fósiles y materias primas en general. Los más bajos en términos relativos en más de doscientos años de Revolución Industrial (Fdez Durán, 2008).

Este escenario fue favorecido asimismo por la existencia de “servicios ambientales” gratuitos, especialmente en cuanto al acceso al agua dulce, y la utilización sin coste económico alguno de la Biosfera como sumidero de los desechos del metabolismo urbano-agro-industrial. Pero sobre todo fue la tremenda capacidad de ocultación de la Aldea Global, y el hecho de que el mensaje institucional y corporativo fuera que a pesar de todo caminábamos hacia la “sostenibilidad ambiental”, lo que instaló al nuevo capitalismo global en una complacencia inusitada, lubricada además por la capacidad de consumo de las clases medias, en especial de los países centrales, y sobre todo de las elites planetarias. Es más, los patrones de vida y consumo de las mismas eran los que servían de reclamo a la población mundial, activados por la industria publicitaria que los proyectaba al mundo entero. En este contexto, ¿quién era capaz de decir que todo esto era un puro espejismo que no podía continuar mucho tiempo? ¿desde dónde lo podría afirmar y quién le iba a atender? Pero, aún así, diversas voces minoritarias lo anunciaban, aunque estas Casandras “aguafiestas” fueron mantenidas a raya y marginadas por la Espiral del Silencio de la Aldea Global.

De esta forma, la capacidad de crear una realidad virtual separada de su sustrato material, ocultaba el carácter cada día más extractivista del actual sistema urbano-agro-industrial, sus crecientes impactos, y la absoluta imposibilidad del crecimiento económico ilimitado en un planeta finito. La Sociedad de la Imagen encubría que el actual capitalismo global se separaba cada vez más del funcionamiento de la Biosfera, pues abandonaba el menor uso de materiales y los mecanismos de recuperación y reciclaje que habían caracterizado a otras sociedades humanas en el pasado, disparando la producción de residuos, al tiempo que hacía estallar como nunca en la Historia el transporte (motorizado) mundial. Los bajos precios de los combustibles fósiles y materias primas, así como la libre disponibilidad de “servicios ambientales” esenciales y de los sumideros planetarios, como decimos, lo permitían. Pero sobre todo fue la disponibilidad de energía abundante y barata la que hizo todo esto posible en última instancia.

En suma, fue la energía fósil, y muy en concreto el petróleo, lo que permitió que funcionara todo este espejismo. Incluida la expansión “imparable” de la dimensión financiera del capitalismo global, que no hubiera sido posible sin dicha base material. Además, la propia “economía real” crecía también en base al tratamiento de los crecientes desequilibrios sociales y medioambientales. Y todo ello mientras se conmemoraba el Fin de la Historia (Fukuyama, 1992), y el progresivo triunfo planetario del mercado y la democracia liberal, al tiempo que el Estado parecía que pasaba a un segundo plano y se le despojaba de su dimensión social. Lo que posibilitaba un mayor crecimiento y concentración de la riqueza, mientras que aumentaba la precarización, la pobreza y la exclusión planetaria. Un círculo virtuoso “perfecto”, pues no aparecía ninguna fuerza social o natural con capacidad suficiente para frenarlo."

Decrecimiento

¿Y si la manera de ir transitando hacia un mundo más justo y sustentable fuera a partir del decrecimiento, una vez que se comprueba que el crecimiento continuo es inviable, antiecológico y que está generando un mundo crecientemente injusto e ingobernable?.


Un camino de cambio profundo desde abajo, radicalmente democrático, de la base material y estructural de nuestras sociedades; es decir, del modelo económico, productivo y de consumo dominante. Pero también de sus estructuras políticas, desde sus niveles más locales, a través de dinámicas democráticas verdaderamente participativas.

Un camino hacia modelos más justos, solidarios, en consonancia con el entorno ecológico y antipatriarcales. Sobre todo si empezamos a transitar hacia la necesidad de volver a relocalizar nuestras economías, impulsar la solidaridad y no la competitividad, reducir la movilidad motorizada, frenar el desarrollo urbano y la creación de infraestructuras, revitalizar el mundo rural, cerrar paulatinamente los ciclos de materiales, limitar nuestra dependencia exterior de recursos, restringir el consumo energético fósil, cambiar hacia energías renovables, reducir poco a poco el ámbito de la economía monetaria (es decir, reducir el crecimiento), recuperar el control social del dinero, desarrollar monedas locales y sistemas de trueque, supeditar el mercado a la sociedad, romper con la lógica del beneficio y la acumulación, desmantelar los conglomerados empresariales, impulsar la autogestión laboral, recrear nuevas estructuras comunitarias basadas en la diversidad multicultural e intercultural (mestiza), redefinir los espacios públicos y privados para el equilibrio de género, revalorizar las tareas de cuidados, regenerar los espacios metropolitanos, recuperar la habitabilidad interior y el espacio público de las ciudades, propiciar la agricultura periurbana, reducir el impacto del metabolismo urbano-agro-industrial, reconectar nuestras formas de conocimiento y cultura con el territorio, sanear sistemas territoriales y ambientales devastados, reducir progresivamente el gasto militar, policial y penal, incrementar el gasto social, etc., etc., etc.

La respuesta a la Crisis Energética que se avecina se llevaría a cabo a través de una transformación alternativa de la sociedad mediante nuevas formas de producción y consumo en estructuras comunitarias con un gasto energético de baja intensidad. Para ello debemos de rescatar valores como la noción de mesura, el concepto de límite, a través de lo local en consonancia con el medio, incrementando la autonomía y la autosuficiencia, y recuperando el mundo rural.

Los modelos productivos serían a escala humana y que no necesiten crecimiento económico.El trabajo debería ser una ocupación que permitierse la realización personal, el contacto con los demás y un sentimiento de utilidad social y pertencia a la colectividad en beneficio de una producción autónoma, basada en la cooperación voluntaria y el intercambio de servicios. El carga de trabajo heterónomo debería ser repartido mediante rotación de las personas.

Vivir con el interés del capital ecológico que nos queda mediante el desarrollo de la agricultura ecológica, diversificando la explotación agraria y orientándola hacia el autoconsumo.
La tecnología debe estar orientada a liberar al ser humano de las penalidades del trabajo (no como instrumento de poder), desarrollando un base tecnológica blanda, poco intensiva en capital y energía, facilitando el acceso al trabajo para todos.

Reducción de la movilidad desarrollando medios de transporte no motorizados: peatonal, bicicleta y tracción animal.Mejor con menos energía.Se hace necesario desarrollar un nuevo discurso emancipador y liberador que permita situar el marco de una política futura:


    • No aceptar el sistema industrial generado por capitalismo, en el cual la persona queda presa, siendo una pieza insignificante de la máquina productiva. Simplificar la estructura productiva, trabajo autónomo.
    • El sístema es transformable desde fuera, con una presión social externa que obligue al poder a ello (resistencia y rebeldía).
    • Aceptar la diversidad de personas potenciales de resistencia y transformación
    • Un rearme ético; valores: solidaridad, generosidad, reducción de necesidades superfluas, valoración de la capacidad de entrega y cuidado a los demás, tranquilidad, mesura... lo pequeño es hermoso. Rechazar aquellas pautas de comportamiento humano que no sean universalizables pues su generalización pondría en peligro la capacidad de sustentación del planeta Tierra.
    • Autosuficiencia y descentralización con preeminencia de lo local.
    • Vivir con el interés del capital ecológico que nos queda.
    • Un nuevo modelo territorial que favorezca la reconversion ecológica de la agricultura.
    • Una tecnología al servicio del ser humano y de una relación de equilibrio con el medio.
    • Reducción de las necesidades de transporte motorizado.
    • Sociedad sin clases.

"Intentar desmontar la Catástrofe es llevar a cabo una acción colectiva de libertad" – Guattari y Negri
¿Quién le va a poner el cascabel al gato?.Circunscribiéndonos al ámbito estatal español, está claro que las únicas personas con posibilidad de desarrollar estrategias de transformación social están situadas en el ámbito político de la denominada "izquierda", para centrar un poco más quienes serían los sujetos que propiciarían un cambio; serían aquellas personas que están enfrente del libre mercado a escala planteria.Dentro de este grupo de personas, habría que redefinir muchas ideas y valores.

El pensamiento marxista debe ser superado, es un producto de hace dos siglos; la caída de los regímenes burocráticos del este ha dejado en una orfandad ideológica a la izquierda actual, se necesita superar una visión histórica desarrollista que acepta un sistema ecónomico generado por la burguesía.

La división del trabajo y su jerarquización genera personas presas del sistema, piezas insignificantes de la máquina productiva.El actual sístema político-social-económico-cultural no es transformable desde dentro del sistema.Los cambios sólo se producen si actúan las conciencias, si se está plenamente convencido de ellos. Es necesario trascender los esquemas del mundo occidental, reivindicar una cultura y forma de vida propia.¿Quiénes están en los márgenes?Los y las que viven de un salario, cada vez más de forma precaria (se sienten precarios/as), aquellos que no tienen vivienda, los/las inmigrantes,presos/as,prostitutas, drogadictos/as, psiquiatrizados/as, minusválidos/as, las mujers solas con hijos, personas explotadas, marginadas, reprimidas, diferentes movimientos sociales emancipativos, okupas...Habría que aceptar la multiplicidad de sujetos potenciales de resistencia y cambio.

Resumiendo creo que es prioritario desenmascarar la realidad, e intentar elaborar de manera colectiva un nuevo modelo económico-político-social-cultural basado en la autosuficiencia con unas nuevas formas de vida basadas en el bajo consumo que frenen la aceleración de los actuales procesos entrópicos.


Extraído de: '¿Construyendo Europa manu militari?'. Ramón Fernández Durán