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De vidas vivibles y producción imposible

Amaia Orozco

De vidas vivibles y producción imposible1

La crisis actual muestra la imposibilidad de este sistema para generar vidas vivibles. Desde la izquierda, corremos el riesgo de ver la producción como única alternativa frente al pandemónium de los mercados financieros. Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de la crisis?

  1. Introducción
Estamos viviendo un cambio imparable que no podemos dejar al arbitrio del libre mercado. Para afrontarlo bajo criterios de justicia, es urgente romper con las miradas habituales de la crisis, tanto con la hegemonía de la ortodoxia, secuestrada por los mercados financieros, como con aquella mirada frecuente en la heterodoxia que se centra en la economía real, que sigue creyendo en la recuperación de la producción. La economía feminista, que es feminista en tanto en cuanto contiene una pretensión de subversión2, puede jugar un papel clave en este sentido. Este texto no pretende ofrecer respuestas, sino abrir preguntas desde una apuesta analítica y política concreta: poner la sostenibilidad de la vida en el centro. Se recogen debates que hemos ido teniendo desde la economía feminista y que entran en diálogo con otras perspectivas críticas. No busca ofrecer ningún tipo de solución, sino lanzar ideas para sentarnos en una plaza, debatir y empezar a balbucear respuestas colectivas. Es preciso señalar que se localiza en el contexto concreto del estado español, por lo que muchos de los ejemplos o afirmaciones responden a esa realidad, especialmente el apartado último sobre el 15m. Sin embargo, tenemos la esperanza de que esto no impida una discusión más amplia con miradas propias de otros lugares.

La estructura del texto es la siguiente: Para entender la crisis civilizatoria son imprescindibles miradas críticas que se rebelen contra los mercados; una de ellas es la mirada desde la sostenibilidad de la vida (apartado 2). Este artículo ahonda en qué implica esta mirada y cómo se lee la crisis desde ella: en qué consiste la crisis (apartado 3), cómo se produce el ajuste y cuáles son las consecuencias que está teniendo (apartado 4).

Ante esta crisis civilizatoria, la contrapropuesta no puede ser recuperar la producción (apartado 5), sino abrir dos debates: qué es la vida vivible, la vida que merece la pena ser vivida, y cómo colectivizar la responsabilidad de garantizar sus condiciones de posibilidad (apartado 6). Estos debates han de ser radicalmente democráticos; en un contexto donde no existen estructuras de democracia real, el 15m contiene la potencia necesaria para abrirlos (apartado 7).


Sexualidad, género y patriarcado


Argy

La Naturaleza se ha construido durante millones de años de autorregulación con el medio ambiente mediante mutaciones azarosas de ensayo/error, encontrando un equilibrio entre las formas de vida; Podemos mirar la sabiduría de la naturaleza como una expresión de formas que se reproducen y perpetúan a través de la expansión del placer y la colaboración.

En este contexto la sexualidad es una consecuencia de la naturaleza, esto es: la vida misma. Las especies se perpetúan, entonces, mediante la acción sexual, mediante el placer.

La reproducción es una consecuencia que la naturaleza dispone como parte de la acción sexual humana, y de cualquier animal. La especie humana cuenta con un sistema reproductor binario (binarismo sexual); esto es, un sistema reproductor masculino, y un sistema reproductor femenino diseñados para trabajar conjuntamente y con placer.

Los seres humanos evolucionan socioculturalmente a partir de las predisposiciones naturales, y son como son, a raíz de ellas. La naturaleza no es opuesta a la cultura sino que ésta, se enmarca dentro de ella.

Así la sexualidad humana es natural, esto es, la capacidad que tenemos mujeres y hombres para relacionarnos y sentir placer, pero la decisión de vincular a cada sexo un género es arbitraria. Subrayaremos la diferencia entre género y sexo.

Debemos de reivindicar la sexualidad natural, esto es el ciclo de menstruación que todas las personas con útero y ovarios tienen, el ciclo de reproducción que se manifiesta con la vinculación de dependencia criatura-madre biológicamente necesaria para la subsistencia que pasa por el imprinting(*), el calostro, el deseo mutuo, de lactancia, y la necesidad mutua de recibir/dar protección respectivamente.

El género (el comportamiento de cada persona en función del sexo que la sociedad le asigna) es cultural, por ello debemos defender que cada cual puede y debe vivir la sexualidad como le plazca.

La feminidad no es parir, este no es un requisito para ser mujer ni para tener una sexualidad plena. De hecho, no existe un "instinto de reproducción", sino un instinto de búsqueda del placer y expansión del mismo. La reproducción solo es una consecuencia ocasional de ello.

Lo que se entiende por masculinidad es un género más, que enmascara en la sexualidad masculina el falocentrismo, un ideal a alcanzar en nuestra sociedad occidental que debe ser deconstruido.

El control, represión y suplantación de la sexualidad humana se ejerció para dominar la prole (la reproducción), por eso aparecen los maridos (que poseían a la mujer) y los padres (que poseen su fruto). Y el hecho de que la mujer haya sido la gran víctima visible del patriarcado (que no la única, pero ¿quien habla por las criaturas imbecilizadas y quien alza la voz desde el lado del opresor?) no ha sido casual, sino porque ella es quien pare y, al ejercer el vínculo sexual natural con sus criaturas, quien engendra personas poco dotadas para la dominación y la opresión, y excesivamente dotadas para la autorregulación y la ayuda mutua.

El patriarcado ha reducido la sexualidad a la reproducción, pero si aceptamos que el patriarcado ha reprimido la sexualidad y negamos la vinculación original entre sexualidad o reproducción solo nos queda pensar que el patriarcado quería reprimir la sexualidad en sí, y creo que no es lo que la historia nos demuestra en tiempos pasados donde la sutilidad no se estilaba y a las mujeres se les arrebataba el fruto de su vientre de manera literal

El matrimonio encarnado en la monogamia heterosexual y, en consecuencia, la paternidad, es cultural porque sus orígenes nos muestran una verdadera operación de compraventa de mujeres y secuestro de criaturas. El patriarcado en su más pura esencia.

(*)El imprinting es el período de transición entre la gestación intrauterina y la gestación extrauterina

Cuidar


Yayo Herrero

"Si observamos las prácticas cotidianas de nuestra sociedad, podremos comprobar que ni los mercados ni los Estados ni los hombres como colectivo se consideran responsables primeros del mantenimiento de la vida. Son en su mayoría las mujeres, organizadas en torno a redes femeninas, en los hogares más o menos extensos (abuelas, madres, tías, hermanas, etc.) o en solitario, las que dan respuesta a esta necesidad imperiosa y hacen posible que el sistema funcione."

(...)

"El sistema capitalista no puede reproducir bajo sus propias relaciones de producción la fuerza de trabajo que necesita. La reproducción diaria, pero sobre todo la generacional, requiere una enorme cantidad de tiempo y energías que el sistema no podría remunerar. Los procesos de crianza, socialización y atención en la vejez son complejos e implican afectos y emociones que permiten que las personas se desarrollen con ciertas seguridades.

Sólo la gran cantidad de tiempo de trabajo doméstico y de cuidados que se desarrolla en el mundo invisible de lo no monetarizado hace posible que el sistema económico siga funcionando. De esta manera, la economía del cuidado sostiene la trama de la vida social humana, ajusta tensiones entre los diversos sectores de la economía y, como resultado, se constituye en la base del edificio económico."

(...)

"Se hace imprescindible revisar y transformar profundamente el actual modelo de trabajo. No basta con que el cuidado se reconozca como algo importante si no se trastoca profundamente el modelo de división sexual del trabajo. Es preciso romper el mito de que las mujeres son felices cuidando. Muchas veces cuidar es duro y se hace por obligación, porque no se puede dejar de hacer, ¿quién hace una ‘huelga doméstica’ y deja a su madre sin lavar o a su hijo sin comer, si no es con un enorme sufrimiento y sensación de culpa?

La sostenibilidad social necesita de un cambio revolucionario en el espacio doméstico: la corresponsabilidad de hombres y mujeres en las tareas del mantenimiento de la vida, realizada en equidad y mantenida en el tiempo. Este reparto no sólo permitirá que los hombres se hagan conscientes de la magnitud, importancia y, muchas veces, penosidad de estos trabajos, sino que seguramente pondrá en marcha cambios culturales de enorme dimensión. La transformación que un cambio así puede provocar de un enorme relieve: variaciones en los usos de los tiempos de vida, en el aprecio por el mantenimiento y la conservación, en la comunicación, en las formas de vida comunitaria, en la vinculación entre el espacio público y el privado, en la consideración de los espacios no monetizados..."

Extraído del libro 'Decrecimientos: Sobre lo que hay que cambiar en la vida cotidiana', del capítulo escrito por Yayo Herrero 'Decrecimiento y mujeres. Cuidar: una práctica política anticapitalista y antipatriarcal'.

Soberanía alimentaria y ecofemismo

Colectivo feminista Las Garbancitas - Pilar Galindo 

La inseguridad alimentaria afecta a media humanidad: más de mil millones de personas con subnutrición crónica y casi dos mil millones enfermas de obesidad, diabetes, estreñimiento, cardiopatías, etc. (1) Millones de muertos anuales por desnutrición y carencia de agua potable, pero también por una alimentación enfermante (exceso de grasas, proteínas de origen animal, productos químicos, sal y azúcar refinada). (2)

La capacidad de una población para disponer de alimentos nutritivos en cantidad y calidad suficiente (seguridad alimentaria), es un derecho humano de primer orden y la condición para el desarrollo integral de las personas. La economía de mercado no persigue la seguridad alimentaria sino obtener beneficios en el mercado mundial. El hambre y la comida basura tienen su origen en la industrialización y mercantilización de los alimentos. 

El trabajo de cuidados realizado por las mujeres es la primera víctima de la inseguridad alimentaria. Somos las primeras en sufrir los daños de la desnutrición, las enfermedades alimentarias y el deterioro del medio ambiente sobre niñ@s y enfermos. La desigual condición de hombres y mujeres se agudiza en los países empobrecidos, las clases trabajadoras y los colectivos marginados.
La capacidad de los pueblos para producir, distribuir y consumir sus propios alimentos (soberanía alimentaria) es la condición para la seguridad alimentaria. La mercantilización e industrialización de la agricultura y la alimentación para el mercado global es el principal enemigo de la soberanía alimentaria. No hay soberanía alimentaria sin la autodeterminación de los pueblos y las mujeres para conseguir este derecho. 

El capitalismo no ha inventado la separación de la esfera pública (mercado) y la privada (hogar), pero se beneficia de ella y la lleva hasta sus últimas consecuencias. Esta separación implica una dualidad de tareas y funciones hombre/mujer y la subordinación de las mujeres a los hombres, independientemente de su posición social. 

La desigualdad de las mujeres respecto a los hombres, anterior al capitalismo, le es funcional. Los cuidados en el espacio doméstico contribuyen a la producción de mercancías con un coste económico oculto. La economía externaliza ese coste que es asumido por las mujeres. Ninguna mujer puede reclamar a la sociedad el trabajo realizado en el ámbito doméstico. Tampoco puede abandonar esas tareas sin que caiga sobre ella la culpa, aunque la mayoría de los hombres lo hacen y no pasa nada.

La economía de mercado considera improductivo el trabajo de cuidados. Pero no puede confundirse la conquista de la igualdad entre hombres y mujeres con la mera emergencia de los costes materiales de dicho trabajo. (3) Si para liberar de estas tareas reproductivas a las mujeres se hace una estricta valoración económica (salarizar el trabajo doméstico), quedan fuera los aspectos inmateriales y no mercantilizables de esta actividad. Los cuidados implican experiencia, afectos, tiempos, no movilizados por un salario. La lucha de las mujeres para conquistar su independencia económica supone entrar en el mercado con la carga de los cuidados. Muchas mujeres entran en el mercado de trabajo global para cuidar a los hijos y mayores de otras mujeres, separándose de sus hijos. Mujeres asalariadas encadenan a sus madres para que cuiden a sus hij@s. La retribución del trabajo de cuidados no es nada sin el reparto del mismo entre hombres y mujeres.

El mercado global es capitalista y masculino. El progreso económico se sustenta en la explotación de l@s trabajador@s y el trabajo invisible de las mujeres. La alianza entre el capitalismo y el patriarcado afianza el dominio sobre trabajador@s, mujeres, pueblos y naturaleza. Por eso la lucha de las mujeres por la igualdad no puede obviar la lucha contra las crisis económicas, los desastres ecológicos, la desnutrición y las enfermedades alimentarias o inmunológicas originadas por la economía global.
El “progreso” industrial disminuye el trabajo de cuidados mediante electrodomésticos que reducen el tiempo de cocinado y limpieza a costa de un gran consumo de materiales y energía. Supone un enorme negocio que daña nuestra salud por ondas electromagnéticas, químicos y emisiones de CO2, no generalizable a toda la población mundial. Los alimentos procesados y precocinados nos alimentan mal, nos enferman y son más caros. El ahorro de tiempo, lo pagamos en cuidados a los enfermos. 

Esta modernización se basa en el dominio del ser humano sobre la naturaleza y de los hombres sobre las mujeres.

Ignorar la alianza entre capitalismo y machismo, supone una grave pérdida para la causa de las mujeres, reducida a un feminismo institucional y capitalista. Al igual que para el movimiento obrero supone perseguir un socialismo consumista, contaminante y machista.

La amenaza para la vida en el planeta nos interpela a las mujeres. La lucha por la supervivencia requiere enfrentarse a las multinacionales y sus políticos a sueldo. Pero también, impulsar acontecimientos económicos, asociativos y culturales en defensa de la vida, la naturaleza y la soberanía alimentaria. 

Las mujeres de los países ricos, aunque subordinadas a los hombres, estamos del lado de los beneficiados por el capitalismo patriarcal. Con dobles jornadas, nuestras comodidades implican la explotación de la naturaleza y de otras mujeres. El capitalismo patriarcal y la civilización “moderna” desgarran la sociedad y manipulan la noción de bien común. No perseguimos una vida pacífica y segura para tod@s. Las personas beneficiadas lo son a expensas de las perjudicadas. El progreso depende de la subordinación de la naturaleza a la economía, de la mujer al hombre, del consumo básico al consumismo irracional, del trabajo al empleo y de la participación a la delegación.

El ecofeminismo plantea la necesidad de una nueva cosmología y una nueva antropología que nos coloque, como seres humanos, en el lugar que nos corresponde, dentro y no sobre la naturaleza y que potencie la cooperación, el cuidado mutuo, el amor, como formas de relación entre los hombres y mujeres, y entre los seres humanos y la naturaleza. (4) Cuestiona que la libertad y felicidad del “Hombre” requieren de la emancipación de la naturaleza, mediante el dominio y control sobre ella para salir del reino de la necesidad en dirección al reino de la libertad. Esta concepción de emancipación implica el dominio sobre la naturaleza, incluida la naturaleza femenina.

El ecologismo, con la denuncia de las catástrofes provocadas por la aplicación de esta concepción de libertad humana, ha cuestionado las aplicaciones científicas y tecnológicas asociadas a estas teorías. El ecofeminismo, para ser ecológico y feminista, debe enfrentarse con la perversa emancipación derivada del progreso económico y tecnológico, sin olvidar que cualquier paso en la buena dirección implica, aquí y ahora, el reparto de trabajos y cuidados con los hombres. Esto significa remover las condiciones de vida de los beneficiarios de la globalización interpelando a las clases medias de los países ricos, incluidos los sectores agrarios “modernos”, el sindicalismo y algunas corrientes feministas cuando celebran, sin matices, la presencia de la tecnología en nuestra vida cotidiana y de las mujeres presidiendo multinacionales, ejércitos y estados agresores. 

Debemos poner en primer plano las necesidades fundamentales: alimento, cuidados, afecto, salud, educación, vivienda, trabajo digno, cooperación, cultura y participación. Aprender de las mujeres campesinas una concepción de la supervivencia más austera en el consumo y más rica en las necesidades básicas económicas, sociales y afectivas. Atravesar la lucha feminista con la lucha por la seguridad y la soberanía alimentaria, la defensa de un consumo responsable agroecológico y el fin de la subordinación de las mujeres respecto a los hombres. Denunciar los abusos de las multinacionales y educarnos en una cultura alimentaria que nos defienda de la publicidad engañosa tomando la seguridad alimentaria en nuestras propias manos.
 
Extracto de la ponencia presentada en las Jornadas Estatales Feministas de Granada 2009.

1- Informe de la FAO sobre Inseguridad alimentaria mundial 2009.
2- VVAA (Coord. P. G.). Agroecología y Consumo Responsable. Teoría y práctica. Ed. Kehaceres. Madrid, 2006.
3- Sira del Río. “Globalización y feminismo”. Pags.187-212. En El movimiento antiglobalización en su laberinto. Entre la nube de mosquitos y la izquierda parlamentaria. Ed. La Catarata-CAES. Madrid, 2003.
4- Shiva y Mies. Ecofeminismo. Teoría, crítica y perspectivas. Icaria, Barcelona. 1997.

El cuidado de la vida humana y de la tierra: una mirada desde las mujeres


Hortensia Fernández Medrano
 
En todos los tiempos y en todas las culturas las mujeres se han ocupado del cuidado de la vida humana, actividad sin la cual esta no es posible. A estas tareas de cuidado, les hemos dado el nombre de tareas de sostenibilidad de la vida humana porque son imprescindibles para la supervivencia de la especie humana, pero en realidad se trata de tareas muy diferentes en cuanto a su naturaleza y carácter.

El carácter humano (tanto biológico como social) de estas tareas, corresponde a los cuidados realizados a lo largo del ciclo biológico de las personas y que se derivan del hecho de poseer un cuerpo que nace, crece, envejece y muere. Muchas veces nos referimos a tareas que son actos monótonos y repetitivos pero necesarios como preparar alimentos, lavar, limpiar, etc. más bien propias del trabajo doméstico pero también a las relaciones afectivas que estos cuidados acompañan.

Estas tareas incluyen los cuidados prolongados realizados a lo largo de la infancia y gracias a los cuales las crías humanas nacidas en total estado de indefensión y dependencia pueden llegar a sobrevivir y superar su animalidad humanizándose.

En el proceso evolutivo de los humanos el hecho más significativo que distingue a la especie humana del resto de los animales e incluso de otros primates antropomorfos como gorilas, chimpancés y orangutanes es justamente el hecho de ser la única especie en la que se realizan cuidados prolongados en las crías. Se trata de una consecuencia derivada del hecho de la reducción del canal pélvico en las mujeres como adaptación a la bipedestación, que ha dificultado el parto en las mujeres y ha provocado alumbramientos precoces, cuando la maduración neuronal del feto no ha sido completada.

El precio a pagar por la adquisición de la posición bípeda es el nacimiento de crías inmaduras nacidas antes de terminar su encefalización, con la necesidad de ser cuidados después del nacimiento, pero a su vez este hecho ha sido la causa del gran desarrollo del cerebro humano adulto que llega a multiplicar por cuatro su volumen respecto al cerebro del neonato, mientras que en otros primates como los chimpancés éste no pasa de ser ni el doble en estado adulto.

El conflicto entre locomoción y capacidad cerebral se resolvió gracias a la prolongación de la tasa de crecimiento fetal del cerebro de forma extrauterina en el neonato hasta los 12 meses. Esta solución supone que los niños nacen con una gran indefensión e inmadurez neuromotriz que confiere a la especie humana un largo periodo de cuidados y aprendizaje único entre todas las especies animales y que ha tenido una importancia vital en el desarrollo intelectual y cultural de la humanidad.

La prolongación del desarrollo del feto de forma extrauterina y la innovación de la niñez (periodo comprendido entre los 2 y 7 años) como rasgo adaptativo de la especie humana ha permitido un largo periodo de aprendizaje en el que poder transmitir pautas culturales y conocimientos como el lenguaje, por lo que el cuidado tiene una importancia vital en el desarrollo intelectual y cultural de la humanidad ya que sin él no hay maduración neuronal ni transmisión de cultura ni por lo tanto civilización. Por lo tanto, esta característica única entre los animales va a ser la que permita a un niño recién nacido llegar a transformarse en persona.

Como dice la ecofeminista Ynestra King: “La humanidad emerge desde la naturaleza no humana, es decir, que el proceso de educación de un infante humano sin socializar e indiferenciado que se transforma en persona adulta es el puente entre la naturaleza y la cultura”.

Los cuidados de carácter humano también implican proporcionar atenciones especiales a las personas más desvalidas del grupo como enfermos y ancianos que les permitan sobrevivir como lo demuestra el hallazgo de fósiles humanos muy antiguos en Dmanisi (Georgia), de unos 1,6 -1,8 millones de años, en los que ya se puede observar que han conseguido sobrevivir a la enfermedad y a la decadencia física gracias al cuidado realizado por otros miembros de la comunidad. De forma general, estos cuidados significan atender las necesidades de los cuerpos, de forma natural para que la vida continúe, lo cual implica cosas normales y corrientes pero necesarias como cocinar, alimentar, lavar, limpiar, acompañar… o preocuparse de que todo funcione.

En cambio, los cuidados de carácter eminentemente social son los que permiten que las personas no sólo puedan sobrevivir sino alcanzar unos niveles de existencia en condiciones de suficiencia y equidad con el resto de la humanidad como son el acceso al agua, al alimento, a la energía, a la vivienda, a la educación y a la sanidad. Por ello, estos cuidados incluyen la atención a las comunidades en riesgo de exclusión por la pobreza o afectados por los rigores climáticos, las sequías, las hambrunas, los conflictos bélicos, las catástrofes o los desplazamientos provocados por las políticas neoliberales aplicadas a los países empobrecidos. Pero también satisfacen necesidades no forzosamente biológicas pero que implican un nivel de existencia digno (nos referimos a necesidades de tipo afectivo, cultural o psicológico, entre otras las que suponen un bienestar para la humanidad).

En todas estas situaciones, sabemos que las mujeres han tenido un papel clave en la gestión de la escasez y en la resolución de los conflictos por su especial relación con la corporeidad, debida a la división del trabajo en función del sexo y no a su particular biología.

Y también hay un aspecto ecológico o de relación con la naturaleza en estos cuidados derivado del hecho de que nuestro destino está interconectado con el de la biosfera. El reconocimiento de esta dependencia nos obliga a cuidarla y admitir la existencia de Gaia como un mecanismo de regulación de la biosfera que da primacía a la vida sobre todas las demás características.

En la visión de Gaia de Lovelock-Margulis se considera al planeta Tierra como resultado de la acción de los seres vivos, tanto sobre la atmósfera actual como sobre la hidrosfera, o los materiales de la corteza terrestre, y no al revés, es decir, que no es que las condiciones especiales de la tierra hayan permitido el desarrollo y evolución de la vida sobre la tierra, sino que es la vida quien ha determinado el desarrollo y evolución de las condiciones adecuadas para la vida sobre la tierra.

El abuso y explotación que hemos hecho de los recursos naturales como si fuesen ilimitados nos ha llevado a una situación en la que hemos puesto en peligro nuestra permanencia en la Tierra, ya que como ha dicho el ecólogo Ramón Margalef: “Gaia puede prescindir de la especie humana si no la respetamos pero nosotros no podemos prescindir de ella”por lo que cuidar de la Tierra es también ocuparse de la supervivencia o sostenibilidad de la especie humana. 

ANALOGÍAS ENTRE LA EXPLOTACIÓN DE LA NATURALEZA Y EL TRABAJO DE LAS MUJERES
Como dice Marilyn Waring en su libro Si las mujeres contaran: “El trato que se da a la madre tierra y el que se da a las mujeres y los niños dentro del sistema de contabilidad nacional presentan múltiples paralelismos fundamentales, no presta ninguna atención a la preservación de los recursos naturales ni al trabajo de la mayor parte de sus habitantes ni al trabajo no remunerado de la reproducción de la misma vida humana así como a su manutención y cuidado. El sistema no puede responder a valores a los que se niega reconocimiento”.

En efecto, la extracción de madera, carbón o petróleo tiene mucho que ver con la explotación del trabajo de las mujeres, y es algo de lo que se ha apropiado la sociedad capitalista-patriarcal, al no valorar ni la energía solar de la que depende toda la producción de vida en nuestro planeta y por lo tanto todos nuestros recursos fósiles ni la energía de las mujeres ligada al cuidado de la vida humana: ni una ni otra aparecen internalizadas en el PIB, luego no existen desde el punto de vista de nuestra economía.

En ese sentido, los países del Norte tienen contraída una deuda con los países del Sur como consecuencia de la expoliación a que han sido sometidos por los países colonizadores que se han apropiado sistemáticamente de todas sus riquezas, así como las que han seguido después, y que han supuesto deforestación y pérdida de biodiversidad en sus cultivos para poder pagar la deuda externa, impuesta por nuestro modelo de desarrollo. A esta deuda desde el ecologismo y la economía ecológica se le ha atribuido el nombre de deuda ecológica.

Con esta denominación se intenta subvertir el concepto de deuda externa según el cual se admite que son los países en vías de desarrollo los que deben algo a los países desarrollados a través de los créditos realizados por el FMI y BM sin tener en cuenta los fabulosos intereses obtenidos por estos últimos ni el empobrecimiento de las comunidades de los países en vías de desarrollo producido por la aplicación de las políticas de ajuste estructural que han supuesto el deterioro de las escasas políticas sociales existentes, mediante el recorte de los presupuestos del gasto público.

Del mismo modo, podemos decir que la humanidad tiene contraída una deuda con las mujeres por el trabajo de cuidado y sostenimiento de la vida realizado a lo largo de todo el ciclo de la vida humana en todas las sociedades, como en sacar adelante a las comunidades en situación de conflicto o hambre, tarea que enaltece a la especie humana y sin la cual nuestro mundo se convierte en una jungla sin solidaridad, en la que se implantan los mecanismos de salvación individual.

Y así como el pago de la deuda externa no reconoce la deuda históricamente contraída por el Norte hacia el Sur, el pago de esta deuda no tiene nada que ver con las políticas de igualdad, ya que no tienen en cuenta la deuda de orden simbólico hacia las mujeres.

CRISIS ECOLOGICA Y CRISIS DE LOS CUIDADOS

Hemos intensificado los ritmos de explotación y hemos creado una crisis ecológica y una crisis de los cuidados irresolubles dentro de este modelo económico depredador y patriarcal.

Nuestro sistema de explotación de la naturaleza basado pura y simplemente en la extracción, aunque eufemísticamente lo llamemos producción ha tocado fondo: después de años de extracción continua, el petróleo está a punto de agotarse o por lo menos el petróleo barato. Ahora cada vez habrá que invertir más esfuerzo y tecnología en la extracción de lo que nos queda una vez alcanzado el peak-oil, por lo que cada vez será más caro.

Reducir el consumo en el norte y desarrollar energías renovables como las derivadas del aprovechamiento de la energía solar o eólica que ya en este momento permiten atender nuestras necesidades mas básicas, debería ser una de nuestras prioridades más acuciantes, que sólo la ceguera política o los intereses de los monopolios eléctricos o los derivados del sector petrolero impiden poner en marcha.
Por otra parte, nuestra economía basada exclusivamente en los combustibles fósiles o paleoeconomía está llegando a su fin con los problemas creados con las emisiones de CO2 que están acelerando el cambio climático a un ritmo sin precedentes, con lo que la supervivencia de la especie humana en condiciones de dignidad y de equidad está amenazada.

Y, como siempre, serán los pueblos en vías de desarrollo los primeros en sufrir las consecuencias de las sequías y de la escasez, al convertirlos en áreas de monocultivos de agrocombustibles, con grandes riesgos de vulnerabilidad ecológica de sus ecosistemas al disminuir la diversidad de sus cultivos con el único objetivo de no renunciar a nada y seguir con nuestro modelo de consumo en el mundo desarrollado.

Nuestras políticas alimentarias del Norte están causando graves problemas en el Sur al obligar a muchas poblaciones a abandonar los cultivos tradicionales de productos básicos para su alimentación y a renunciar a su soberanía alimentaria. Al tener que competir con productos importados de los países del norte producidos con precios subvencionados. Esta es una consecuencia de la aplicación de las políticas neoliberales de la OMC, políticas que han provocado el desplazamiento de campesin@s que vivían de una economía de subsistencia a las urbes superpobladas y empobrecidas del país, entrando en el ciclo infernal de la miseria.

Entre est@s, las mujeres son las más afectadas ya que son las que se han ocupado siempre del sustento de la vida o como lo ha llamado Maria Mies de la producción de vida, “porque ellas no sólo consumen y recolectan lo que creció en la naturaleza sino que hacen que las cosas crezcan”para mantener y alimentar al grupo familiar. De ahí, la mayor implicación de las mujeres en este movimiento por la soberanía alimentaria, como es la Marcha Mundial de Mujeres.

En cuanto a lo que hemos llamado crisis de los cuidados, en el momento en que las mujeres, con su incorporación masiva al mercado de trabajo han dejado de realizar en mayor o menor proporción este trabajo de cuidado no remunerado, se ha creado un vacío en la cobertura de este servicio que el sistema no ha cubierto de ninguna forma, con lo que se empiezan a crear problemas de personas mal atendidas en nuestra sociedad (sobre todo mayores y niños), situación a la que nosotras llamamos crisis de los cuidados, irresolubles dentro de este sistema de reparto desigual del trabajo de cuidado.

Además hemos transferido el problema a los países del Sur, donde cada vez se acentuarán más los problemas de desatención de niños y mayores, al provocarse una emigración de cuidadoras, constituidas fundamentalmente por mujeres jóvenes que dejan a sus hijos y familias para atender a las nuestras, o sea que la desatención en el mejor de los casos, la hemos trasladado a los países del Sur, dando lugar a lo que hemos llamado globalización del trabajo de cuidado.

Cabría encontrar otro modelo más armónico con la naturaleza y entre los humanos y humanas, independientemente del género o lugar de procedencia donde se respeten los bienes naturales y se comparta el trabajo de cuidado entre hombres y mujeres para hacer nuestro modelo más sostenible ya que, como decía nuestra compañera Anna Bosch:“las sociedades modernas han olvidado que la condición básica para seguir existiendo en tanto que humanidad es vivir arraigadas a la tierra y manifestándonos con un cuerpo”.

BIBLIOGRAFÍA
BERMÚDEZ DE CASTRO, José Mª: El chico de la Gran Dolina. Crítica. Barcelona, 2002.
BOSCH Anna, Maria Inés AMOROSO y Hortensia FERNÁNDEZ: Arraigadas en la tierra ( Malabaristas de la vida). Icaria. Barcelona, 2003.
KING,Ynestra: Curando las heridas: feminismo, ecología y el dualismo naturaleza-cultura. Ecorama, 1997.
LOVELOCK J. Las edades de Gaia.. Tusquets Col. Metatemas. Barcelona, 1993.
MIES Maria y Vandana SHIVA: Ecofeminismo. Icaria.Barcelona, 1993.
WARING Marilyn: Si las mujeres contaran. Vindicación Feminista, Madrid, 1994.
Intervención presentada con ocasión del Forum Social Catalá, dedicado a La Crisis y celebrado los días 30 y 31 de enero de 2010 en Barcelona

Cuidadanía. Poner la vida en el centro


El Decrecimiento propone construir otras formas de vida basándose en las relaciones sociales, la cercanía, la austeridad, la vida en común y la ralentización del tiempo. Elementos que lejos de ser limitantes son los que enriquecen la vida y la llenan de alegría. No son nuevos los estudios que apuntan que la felicidad subjetiva no está asociada al consumo y al dinero sino más bien a la vida comunitaria donde prima la relación.

El Feminismo añade que además se trata de construir formas de vida que tienen como sustrato el cuidado colectivo, reconociendo que las personas somos seres vulnerables e interdependientes. La propuesta de la Cuidadanía permite entender los trabajos de cuidados más allá de las prácticas que generan una vida sostenible. Es reconocer que “la vida vivible está por construir en la interacción con otros, que la vida se dirime en la vida misma y que no puede procurarse fuera de la vida (en los mercados)”.

La Cuidadanía implica un derecho a cuidar, a no cuidar por obligación y ser cuidada/o, sin que esto signifique subordinación para las mujeres. El Decrecimiento y la Cuidadanía reclaman el derecho y las posibilidades de reorganizar nuestra sociedad de forma colectiva y de crear colectivamente nuestra propia vida de forma sostenible.

Extraído de: Poner la vida en el centro: respuestas del ecofeminismo y del decrecimiento a la UE

Represión sexual y dominación social


El malestar psíquico individual debiera ser contemplado en paralelo y de manera correlativa al cuestionamiento de la sociedad en la que vivimos, teniendo en cuenta el impacto de la represión en el mismo nacimiento, a lo largo de la crianza y durante toda la vida humana. No hay otro modo de abordar el malestar individual que el de entender las causas que en última instancia lo producen: la represión sexual, el desquiciamiento psicosomático consiguiente, y las relaciones de dominación-sumisión.

Haciendo invisible o descafeinando el proceso represivo de la socialización, sus consecuencias se pueden atribuir a algún tipo de fallo individual, del que se nos hace individualmente responsables o culpables, y que la psicología debe ayudarnos a resolver: somos las personas las que tenemos que cambiar, madurar, crecer, alfabetizarnos, controlar nuestras emociones, ser positivas, desahogarnos, comunicarnos emocionalmente, recolocar las emociones, etc., para dejar de 'sentirnos mal'. El mundo es maravilloso y ser felices depende sólo de que 'hagamos los deberes'. Ahora somos 'culpables' de no hacer los deberes, de no madurar, de no crecer emocionalmente etc.; hablando en plata, de no retorcernos las tripas para adaptarnos. Así como siempre, la culpa es de la victima, no del Poder que inflige el sufrimiento a la victima. Con la culpabilización de la víctima, el proceso represivo se hace invisible al tiempo que se invisibiliza el Poder y el tipo de sociedad patológica en el que nos socializamos.

La ocultación de la represión es quizá su aspecto más dañino: el no saber de las secuelas de la presión y re-presión ejercida desde afuera, hace posible que nos sintamos culpables del malestar interior que sufrimos. Si el proceso de represión fuese visible, evidentemente no nos sentiríamos culpables del malestar interior.

El sentimiento de culpabilidad que subyace en nuestra psique, es entonces, ante todo, una consecuencia inmediata de la ocultación de la represión inicial, que es también una ocultación del tipo de sociedad a la que nos tenemos que adaptar.

La ocultación de la sexualidad y de su represión desde el inicio de nuestras vidas, es pues imprescindible para que no se descubra el tipo de sociedad en la que vivimos, y para que la crítica social se desplace hacia el cuestionamiento de la persona; y entonces, que la lucha social deje paso al mercado de terapias individuales.

No hay en este mundo nada más subversivo del orden social, que ser consecuente con los sentimientos, cuando éstos están anclados y enraizados en el latido visceral.

Las emociones, en la medida en que originariamente se producen para acompañar las pulsiones de nuestros sistemas orgánicos, y para facilitar y contribuir al comportamiento más conveniente para los cuerpos; es decir, en la medida en que forman parte de la autorregulación de la vida humana, resultan inconvenientes para el sistema social represivo, y por eso su producción, empezando por la misma emoción erótica y terminando por la cólera y la rabia más profundas, deben ser controladas y re-codificadas.

Extraído de 'La sexualidad y el fundamento de la dominación' de Casilda Rodrigáñez.

Web de Casilda Rodrigáñez

Casilda Rodrigáñez: El asalto al Hades


La maternidad no sólo fue el sustrato emocional del apego y de la formación del núcleo humano, sino el estímulo para el despliegue de la artesanía y de la cultura en todas sus formas. Un despliegue directa e inmediatamente destinado a procurar el bienestar de los miembros del grupo, y no para acumular propiedad, éxito, títulos que aproximen al arquetipo del triunfador, o cualquier forma de Poder. Las técnicas y las artesanías de las primeras civilizaciones humanas estaban al servicio del bienestar de la vida cotidiana.

Podemos por ello considerar que la líbido femenino-materna es el talón de Aquiles del sistema, la grieta más amenazante, el monstruo más temible a lo largo de los siglos, que por ello ha sido objeto de satanización en todas las culturas patriarcales.

Y lo que el arte llamado pre-histórico ensalza y representa simbólicamente con las figuras de mujer, no es otra cosa que esa pasión, ese deseo femenino-materno que fue el origen de la cultura y de la sociedad humana, y que luego fue objeto de la represión más inexorable por parte del Poder patriarcal.

La humanidad es una especie neoténica, es decir, una especie cuyas criaturas nacen antes de que su formación llegue a término; y salen del útero materno sin tener el esqueleto óseo, el sistema digestivo e inmunológico, así como los sentidos, preparados para la vida autónoma en el exterior. Esto aumenta la importancia del periodo exterior de simbiosis, cuya primera etapa no se puede llamar propiamente ‘crianza’ sino extero-gestación.

Por ejemplo, la succión de los calostros maternos, que contienen dosis altísimas de inmunoglubilinas, asi como la primera leche materna, con el fín de asegurar las defensas de la criatura al salir a un medio bacteriano exterior, para el que su sistema inmunológico no ha generado todavía anticuerpos adecuados (mientras que estaba en el útero materno los recibía de la madre).Tanto fisiológica como psíquicamente, la criatura recién nacida requiere del regazo materno (y su ausencia es percibida psicosomáticamente como una amenaza de muerte); y si no se perturba el nacimiento, el bebé busca el pezón y se pone a succionar, con la misma sabiduría que las tortuguitas que salen de los huevos enterrados en la arena de las playas, se van corriendo al mar, sin que nadie se lo indique. Por sabiduría filogenética, por el continuum, el acoplamiento de la simbiosis externa se produce sin problemas, gracias al estado sexual de ambos simbiontes, y siempre y cuando no se produzcan interferencias graves o prolongadas.

El nacimiento neoténico propició el asentamiento y el desarrollo de las primeras artesanías entorno al fuego, frente al nomadismo; y perfeccionó la organización de ayuda mutua, la urdimbre y la trama de un tejido social que se hizo firme y resistente.

El apego de las hembras de cualquier mamífero que se produce para el cuidado y la conservación de la vida de su especie, tiene que estar a la altura de las necesidades. Cuanto mayor indefensión y peligro, mayor estímulo sexual, mas capacidad creadora, mayor agilidad intelectual y neuromuscular tiene que tener la hembra mamífera para conservar su prole. Al igual que las canguros tienen bolsas para llevar a sus crías, o los monos manos contráctiles para agarrarse a las madres que saltan de rama en rama, en los humanos se produce un intenso deseo y pasión, que de golpe convierte el cuidado de la vida de las criaturas en una prioridad absoluta, por encima de cualquiera de las demás actividades; un deseo y pasión que estimulan y despliegan todas las capacidades humanas al servicio de su conservación y bienestar.

Se llama ‘ginecogrupo’ a los primeros núcleos humanos, para indicar su formación en torno a las madres con sus proles; también se emplea el término de ‘matrifocal’ para calificar los grupos humanos pre-patriarcales. Dicho de otro modo, el núcleo humano no se formaba, como ahora, a partir de la pareja heterosexual, porque dicha pareja no era estable ni producía estabilidad. El apareamiento era un acto sexual puntual. Por eso no se han encontrado figuras ni dibujos del Paleolítico o del Neolótico que representen escenas de apareamiento o de parejas de hombres y mujeres, y en cambio tenemos la proliferación mencionada de figuras de mujer, gestando, pariendo y amamantando.

Extraído de 'El asalto al Hades' de Casilda Rodrigáñez.

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Sobre la misoginia

"Todas las barbaridades cometidas contra la mujer, como las barbaridades que se cometen contra las criaturas, contra los negros y contra otros seres considerados inferiores, tienen que ir necesariamente acompañadas de un bagaje de sentimientos negativos, de un estado emocional despectivo y distante que les permita ejecutar las respectivas atrocidades sin conmoverse; es lo que los psicólogos llaman madurez emocional o acomodación emocional al principio de nuestra realidad; es decir, que seamos capaces de asistir y cometer las crueldades como si tal cosa; mejor dicho, no como si tal cosa, sino sintiéndonos superiores, porque explotar, discriminar, violar, manipular, castigar etc., confiere sentimiento de poder y superioridad.

¿Dónde se adquieren los sentimientos que un negro inspira a un blanco? ¿O los sentimientos que una criatura pequeña inspira a un adulto? La misoginia y el racismo, como el adultismo se transmiten inconscientemente, allí donde se aprende que tus semejantes no son como tú; que los hay unos superiores y otros inferiores, unos que mandan y otros que son sumisos a los que mandan.

Para considerar a alguien inferior es preciso que, de algún modo, despreciemos algo inherente a su condición, como un motivo o razón por el que pueda ser objeto de desprecio. En el caso del racismo es el color de la piel y en el caso de la mujer sus estados sexuales, su potencial de maternidad. La misoginia es el sentimiento de desprecio a la mujer que la hace inferior a los ojos de los hombres y de las propias mujeres patriarcales. ¡Como si abjurando de los flujos maternos se pudiese conjurar el dolor de la herida y la propia frustración del deseo reprimido de esos flujos! No es frecuente que un hombre se reconozca misógino, como ningún blanco o blanca se reconoce racista. Pero la misoginia está ahí, encubriendo el crimen de las madres, delatándose en actos, actitudes, palabras y silencios.

La superioridad de los hombres con respecto a las mujeres ha tenido, según los tiempos, diversas justificaciones, variando la importancia de unas u otras según las circunstancias: recordemos lo de que la mujer no tenía alma y que por tanto era sólo animal; que era un subproducto de hombre -lo de la costilla-, que era débil, que era enfermiza porque menstruaba, que tenía que dedicarse a las funciones degradantes de gestar, parir y amamantar, etc. También, como decía el padre de una de nosotras, que todas las mujeres eran mentirosas, pérfidas y malas por naturaleza, como también dice la Biblia en diversos pasajes (y como, por lo visto decía uno de los asesinos de las tres chicas de Alcasser: todas las mujeres son unas putas). Y finalmente porque la mujer es de una inteligencia inferior al hombre: los hombres son superiores a las mujeres porque son más inteligentes; y los blancos son superiores a los negros por la misma razón. Luego vienen las explicaciones científicas sobre la capacidad craneal y el peso del cerebro, etc. etc. Ni que decir tiene que la inteligencia de l@s adult@s se presenta superior a la de los niños y niñas. Así viene funcionando la jerarquización del patriarcado desde sus orígenes: los hombres dedicados a las ciencias y a las letras, ejercitando su inteligencia, su superioridad; las mujeres haciendo funcionar las bajezas de su cuerpo como máquina reproductora, ejerciendo su inferioridad."

Extraído de "La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión incosnciente" de Casilda Rodrigáñez y Ana Cachafeiro.

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Imaginario simbólico

El imaginario simbólico constituye, instituye y disciplina los pensamientos y prácticas de la realidad social, a través de fórmulas no jurídicas, sino más bien informales, y que muchas veces tienen que ver más con el mundo de los afectos, sentimientos y emociones, que con la regulación explícita de un sistema político o una estructura económica, aunque es evidente el peso del poder en su configuración.




La consideración de que es algo ‘normal’, la repetición de un mismo mensaje bajo diferentes formas o en la misma y de forma reiterada, la espontaneidad o liviandad con que se expresan, contribuyen a su objetivación, configuración como creencia verdadera, aunque de manera inconsciente, que penetra en la mente de los individuos y se reproduce en los colectivos sociales.

La identificación de la mujer con la maldad y la incoherencia adjudicada a ésta es la forma tradicional que tiene la cultura hegemónica y el género masculino para justificar y legitimar la discriminación femenina.

Nuestra sociedad occidental está regida por un sistema binario bipolar, donde los pares dicotómicos presentan una categoría fundante. Frente a la doncella y la esposa está la puta. Siempre lo bueno contra lo malo.

La violencia simbólica es violencia amortiguada, insensible, e invisible para sus propias víctimas, que se ejerce sobre todo a través de caminos puramente simbólicos de comunicación. Uno de los ámbitos donde se observa es en el refranero.

Algunos ejemplos:

‘Mujeres en opinión tienen mal son’. ‘A la mujer, ni muerta has de creer’. ‘Al perro nadar, y a la mujer bailar, el diablo se lo debió enseñar’. ‘La que es de su casa, lava, limpia, cose, guisa y amasa’. ‘Mujer hermosa, mujer peligrosa’. ‘Mujeres que van mucho a fiestas, si es casada, cuernos en la testa’. ‘Al marido temerle, quererle y obedecerle’. ‘Al mujeriego, mil perdones’. ‘La que sea puta y bruja, cruja’. ‘La mujer sin varón, ojal sin botón’.

El lenguaje es un medio de comunicación, pero es también un modo de pensar, una forma de acceder a la realidad que nos rodea mediante su aprehensión, reproducción, y porque no, interpretación. Es el primer sistema simbólico que se utiliza para estructurar la experiencia, vehículo de comunicación y comportamiento lingüístico. Reproduce la realidad y el mundo, pero sometido a una organización propia, simbolizándolo; hay, pues, una íntima y continua relación entre lengua y pensamiento, y entre lenguaje y experiencia humana; lengua y sociedad se implican mutuamente. No es un espejo de la realidad, ni herramienta neutral, impone su punto de vista sobre el mundo al que hace referencia y al utilización de la mente con respecto a dicho mundo.

Para saber más: Estereotipos y roles de género en el refranero popular. Anna M. Fernández Poncela.

Un universalismo para la vida



El sistema capitalista mundial tiene la capacidad de transformar la vida en mercancías comercializables y en dinero. Es necesario contemplar la diversidad e interconexión que existe a escala mundial entre las mujeres, entre los hombres y las mujeres, entre los seres humanos y las demás formas de vida.

El terreno común para la liberación de la mujer y la protección de la vida sobre la Tierra debe buscarse en las actividades de las mujeres que han sido víctimas del proceso de desarrollo y que luchan por la conservación de su base de subsistencia, como por ejemplo, las mujeres ‘chipko’ en India, las mujeres y los hombres que se oponen a la construcción de presas gigantes, las mujeres que luchan contra las plantas nucleares y contra el vertido irresponsable de residuos tóxicos en todas partes, y muchas otras acciones en todo el mundo.

Estas mujeres expresan con claridad el vínculo que une a las mujeres de todo el mundo y a hombres y mujeres con la multiplicidad de formas de vida de la naturaleza. El universalismo que emana de sus esfuerzos por proteger su subsistencia –su base de vida- es distinto del universalismo eurocéntrico que se desarrolló con la Ilustración y el ascenso del patriarcado capitalista.

Es un universalismo que no habla de ‘derechos humanos universales’ abstractos, sino de las necesidades humanas comunes que sólo es posible satisfacer si se mantienen vivos e intactos las redes y procesos que sostienen la vida. Estas ‘simbiosis’ tanto en el seno de la naturaleza como en la sociedad humana, son la única garantía de que la vida, en su sentido más amplio, podrá mantenerse en nuestro planeta.

Estas necesidades: de alimento, de cobijo, de abrigo; de afecto, de cuidados y de amor; de dignidad e identidad, de saber y libertad, de diversión y alegría, son comunes a todas las personas, independientemente de su cultura, ideología, raza, sistema político y económico y clase.

En el discurso habitual del desarrollo, estas necesidades se dividen en las llamadas necesidades ‘básicas’ y necesidades ‘superiores’. No se puede reconocer esta división. En nombre de los valores ‘superiores’ se ha erosionado el valor del trabajo cotidiano para la supervivencia, para la vida. Las clases ‘opulentas’ no ven la supervivencia como el objetivo último de la vida, sino como una banalidad, un hecho que puede darse por sentado.

Para saber más: Ecofeminismo. Vandana Shiva y María Mies.

Democracia feminista

¿Cuál es nuestra definición de democracia feminista? En primer lugar, las políticas sexuales son centrales en los procesos y prácticas de gobierno, esto conlleva no sólo los efectos del gobierno sobre las mujeres o 'lo que les ocurre a las mujeres' bajo la regulación del Estado, sino también la forma en la que los dispositivos de gobierno, en su conjunto, tratan a las mujeres.




En segundo lugar, una democracia feminista sugiere un orden relacional diferente entre las personas. Implica comprender las jerarquías de dominio socioeconómicas, ideológicas, culturales y psíquicas —como la clase, el género, la raza, la sexualidad y la nación—, sus interconexiones, y sus efectos sobre las personas oprimidas en el contexto de una práctica transformadora colectiva u organizada. De esta forma, resulta crucial en la elaboración de un orden relacional diferente, la transformación de las relaciones, de los tipos de 'yo', de las comunidades y de las prácticas de vida cotidiana dirigidas a la autodeterminación y a la autonomía de todas las personas.

En tercer lugar, en las formulaciones de la democracia feminista, el sujeto se teoriza de forma diferente. Las mujeres no se presentan a sí mismas como víctimas o dependientes de estructuras de gobierno sino como agentes de sus propias vidas. Aquí se entiende el sujeto como la reproducción continuada y consciente de las condiciones de la propia existencia, al tiempo que se toma responsabilidad de este proceso. Esta agencia está anclada en la práctica de pensarse a una misma como parte de organizaciones y colectivos feministas. No es el yo individual, liberal y pluralista del capitalismo.

Precisamente por esto, la descolonización resulta clave para la definición y el proyecto de una. Hasta que los profundos efectos de las jerarquías de la colonización sean tenidos en cuenta, no será posible nuevas formas de gobierno. Lo que necesitamos es una nueva cultura política. La descolonización implica pensarse fuera de los espacios de dominación, pero siempre en el contexto de un proceso colectivo o comunitario; la diferencia entre la identificación como mujer y la conciencia de género, la primera hace referencia a una designación social, la última a una conciencia crítica de las implicaciones de esa designación.

Este pensarse 'fuera de' la colonización sólo es posible mediante la acción y la reflexión, a través de la praxis. Después de todo, la transformación social no puede permanecer en la esfera de las ideas, debe comprometer una práctica.

Para saber más: Otras inapropiables. Genealogías, legados y movimientos. M. Jacqui Alexander y Chandra Talpade Mohanty.

Sobre la prostitución

El punto de partida básico y común a todos los partidarios de la reglamentación de la prostitución es el que la presuponen y colocan en el lugar de los hechos inevitables, parece estar situada al margen de lo social. Es muy común escuchar argumentar que ‘la prostitución ha existido siempre’.



Las relaciones sociales por razón de sexo están imbricadas en la prostitución. Se analiza la prostitución como un soporte del control patriarcal y de la sujeción sexual de las mujeres, con un efecto negativo no solamente sobre las mujeres y las niñas que están en la prostitución, sino sobre el conjunto de las mujeres como grupo, ya que la prostitución confirma y consolida las definiciones patriarcales de las mujeres, cuya función primaria sería la de estar al servicio sexual de los hombres.

El proxenetismo organizado (los dueños de los clubs de alterne) defienden el control sanitario de las mujeres prostituidas, en pos de ofrecer un producto sano, inocuo, limpio y con fecha de caducidad, reivindicando el acotamiento de los espacios y denunciando la competencia ilegal de las prostitutas que utilizan la calle o locales no habilitados.

El postulado ideológico es similar al que mantuvieron los esclavistas que, interesados en salvaguardar sus privilegios derivados de la tenencia de esclavos recurrieron a la estrategia de defender y argumentar que lo censurable no era la esclavitud, sino las condiciones de la trata, y propusieron medidas que aliviaran las formas de traslado y adquisición de esclavos.

Cuando las mujeres albergadas en campos de refugiados del Congo, Camboya, Somalia, Bosnia o Ruanda, realizan felaciones, griegos o profundos, a cambio de dinero o comida, ya sea a los cascos azules o a otros integrantes de fuerzas humanitarias, lo hacen con voluntariedad o en libertad, con la misma libertad que las nigerianas, colombianas, brasileñas o rumanas, que deambulan por las calles y prostíbulos de nuestro país, satisfacen las demandas de los prostituidores locales.

La voluntariedad aislada de las condiciones de vida y de las relaciones de género constituye una herramienta inútil para aprehender y comprender el fenómeno de la prostitución. ¿Cómo es posible explicar que los demandantes de sexo comercial sean abrumadoramente hombres?. ¿Qué significa ir de putas?. Los ‘putañeros’ de la Casa de Campo de Madrid, los que optan a las mujeres por catálogo, los turistas sexuales, los que acuden a los macroburdeles buscan lo mismo, un ‘servicio sexual’. Todos ellos, por igual, sin distinción, colocan a las mujeres en situación de mercancías.

Para saber más: Mujeres en la periferia. Capítulo II. Por un análisis feminista sobre la prostitución. Rosario Carracedo Bullido.

Encerrada en la familia

La forma de encierro que normalmente ha sufrido la mujer no puede sin más igualarse a otras, dado que posee sus peculiaridades propias. La sociedad puede prescindir de locos, delincuentes, ancianos, encerrándolos en recintos dentro de su seno, pues así se adquiere para los que están fuera el monopolio de la cordura, la bondad, la salud...Pero en el caso de la mujer, por razones sociales, sexuales, ésta ha de estar cerca del varón, su reclusión no será grupal, no generará masas incontroladas y encerradas.

A la mujer se la ha recluido en el hogar, su verdadera cárcel, la priva de la solidaridad con las otras marginadas, es una prisión camuflada, una pseudolibertad mentirosa. Encierro unipersonal que oculta su verdadera circunscripción carcelaria camuflándose en santuario. Es entonces cuando el carcelero ha de inventar a toda prisa unas supuestas virtudes ‘femeninas’, unos valores femeninos con los que disfrazar la reclusión: hacendosidad, entrega, sacrificio callado, maternidad.

La familia es el núcleo fundamental para la perpetuación de la estructura social, lugar de encierro unitario para la mujer. Reducto donde, si bien no se le exime de su trabajo, se ha mantenido según las épocas y la clase social, un engañoso culto a la invalidez femenina. Todas sus funciones fisiológicas: menstruación, parto, menopausia... son consideradas como enfermedad (en la actualidad y contrariamente, reina el terrorismo de la naturalidad que torna histéricas sus quejas). La permanente enfermedad femenina llega a constituir durante el Romanticismo el criterio de belleza de la época: apariencia frágil, palidez, ojeras, languidez...

Pero prontamente este lugar de encierro se convierte en el centro de discursos (medicina, psiquiatría, pedagogía), aparece así la mujer histérica. El hogar burgués es el perfecto reducto de paz y tranquilidad para el esposo que retorna de la fatigada lucha de su trabajo. Pureza, abnegación, pulcritud, desconocimiento del entorno, y meticuloso cuidado de la precaria salud, son los requerimientos que se hacen a esta mujer, privada también de discurso.




Si hace sonar su voz estridente, o permitido, si tan sólo reclama un derecho a la palabra, ésta será interpretada y recogida por el oído experto del médico, del psicoanalista, del psiquiatra (nos estamos refiriendo, claro está, a la configuración familiar acomodada presente en el siglo XIX, de donde van a arrancar la mayor parte de los discursos clínicos que sobre la mujer llegan hasta nuestros días).

Para saber más: Femenino fin de siglo. La seducción de la diferencia. Rosa María Rodríguez Magda.

El dueño de las palabras

"Cuando yo uso una palabra”, dijo Humpty Dumpty en un tono bastante desdeñoso, “significa lo que yo decido que significa – ni más, ni menos.”

“La cuestión es”, dijo Alicia, “si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas tan diferentes.”
“La cuestión es” dijo Humpty Dumpty, “quién es el amo – eso es todo.”


Lewis Carroll. Alicia a través del espejo.




Quienquiera que defina el código o el contexto, tiene el control… y todas las respuestas que acepten ese contexto renuncian a la posibilidad de redefinirlo.

Anthony Wilden. Sistema y estructura. Ensayos sobre comunicación e intercambio.


Mucho tiempo después, Edipo, viejo y ciego, recorría los caminos. De repente sintió un olor familiar. Era la Esfinge. Edipo dijo: “Quiero preguntarte algo. ¿Por qué no reconocí a mi madre?”. “Diste la respuesta equivocada”, dijo la Esfinge. “Pero eso fue lo que posibilitó todo lo demás”, dijo Edipo. “No”, replicó ella. “Cuando yo te pregunté, ¿Qué camina a cuatro patas por la mañana, a dos al mediodía y a tres por la tarde? Respondiste, el Hombre. No dijiste nada de la mujer.” “Cuando se dice Hombre”, repuso Edipo, “se incluye también a las mujeres. Todo el mundo lo sabe.” Y ella replicó, “Eso es lo que tú te crees”.

Muriel Rukeyser. Mito.


Puesto que la mujer se ha rebelado y ha reivindicado su liberación, la estabilidad afectiva de la familia, que dependía decisivamente de ella, entra en crisis. Frente a esta amenaza, se vuelve al padre. Se revitaliza su papel, ya no únicamente como polo estable de la autoridad, sino como polo afectivo, un padre que asume el papel afectivo que la madre ya no desempeña, un padre en cierto modo hermafrodita.

Michele Mattelart. Mujeres e industrias culturales.


La sociedad agotada por las reivindicaciones diversas y las críticas múltiples, quiere reafirmar el liderazgo del padre tranquilo, condenar implícitamente a la madre turbulenta, acusada de ser responsable de la desestabilización de los hogares. En nuestro siglo freudiano, la ‘liberación’ ‘del hijo pasaba por el rito –no menos simbólico- de ‘mata al padre’. Pero hoy, después de haber asesinado a los dioses, los ídolos, los maestros pensadores, los directores de conciencia y los padres espirituales, el mundo se siente huérfano y grita ‘¡papá!’.

Pierre Billard.

Zobeida: la captura del sueño de los hombres

Desde allí, después de seis días y siete noches de camino, se llega a Zobeida, la ciudad blanca, expuesta a la luna, con calles plegadas sobre sí mismas como en una madeja. Cuentan esta historia sobre su fundación: hombres de varias naciones tuvieron un sueño idéntico. Vieron a una mujer que corría de noche por una ciudad desconocida; la veían de espaldas, con sus largos cabellos, y estaba desnuda. Soñaron que la perseguían. Cuando doblaron la esquina, todos la perdieron.




Tras el sueño, se pusieron a buscar esa ciudad; la ciudad, nunca la encontraron, pero se encontraron unos a otros; decidieron construir una ciudad como la del sueño. Para trazar las calles, cada uno siguió el curso de la persecución; en el punto en que habían perdido la pista de la fugitiva, dispusieron espacios y muros diferentes a los del sueño, para que ella no pudiera escapar de nuevo.

Esta fue la ciudad de Zobeida, donde se establecieron, esperando que la escena se repitiera una noche. Ninguno, dormido o despierto, volvió a ver a la mujer. Las calles de la ciudad eran calles donde iban a trabajar todos los días, sin otro lazo de unión entre ellos que la caza del sueño. Que, por otra parte, ya habían olvidado hacía mucho tiempo.

Llegaron nuevos hombres de otras tierras, hombres que habían tenido el mismo sueño, y en la ciudad de Zobeida, reconocieron parte de las calles del sueño, y cambiaron la composición de arcadas y escaleras, para que recordaran más de cerca el camino de la mujer perseguida y así, en el punto en que la mujer se había desvanecido, no quedó ninguna posible escapatoria. Aquellos que habían llegado los primeros no podían entender lo que había empujado a esta gente a Zobeida, esa ciudad tan fea, esa trampa.

Italo Calvino. Ciudades Invisibles

Las mujeres: el nuevo 'sujeto histórico'

La mercantilización de las cosas y de las personas, junto a la alienación en la caverna del desatino, se están cebando principalmente en las mujeres, y sus cuerpos se afianzan más y más como objeto real y simbólico de dominación. La prostitución femenina, la pornografía e incluso el esclavismo sexual han crecido escandalosamente con el empobrecimiento, las guerras y las migraciones, efectos multiplicados planetariamente por la posibilidad de internet, cuyos contenidos divulgan y venden este tipo de prácticas perversas.




Pero también el cuerpo de las mujeres se está convirtiendo en un campo de especulación para la medicina: la reproducción asistida, los vientres de alquiler, la menopausia considerada como patología y la enloquecida carrera de la cirugía estética, en función de un modelo de belleza adecuado a la mirada masculina, están haciendo a las mujeres auténticas víctimas de los valores y principios consagrados por el patriarcado, si bien bajo la apariencia de emancipación que supuestamente cabalga a lomos de los avances científicos y tecnológicos.

Al comprobar la multitud de grupos de mujeres que en distintos frentes de lucha se están organizando, se podría considerar a las mujeres como el nuevo “sujeto histórico”. El hecho de ser mujer lleva aparejado una necesidad o deseo de cambiar las cosas. Estamos incomodas, muy incómodas con el mundo que nos ha tocado vivir, y este mundo que nos ha tocado vivir no ha sido en una tómbola, sino por imperativo expreso de quienes lo dominan, que son los ‘machos’, es decir, aquellos varones que responden a su enfermo deseo de dominar.

Tal vez sea el momento de construir frentes comunes y plurales (no es contradictorio) de mujeres como encarnación real y simbólica de otro mundo posible. Y no se trata de aglutinarnos en torno a un ‘pensamiento único’, pero sí en torno a un único compromiso desde los múltiples caminos que nos marcan la clase social, la cultura, la nacionalidad, las opciones sexuales, la raza o la edad que conforman nuestras referencias personales y colectivas.

Para saber más: Mujeres en la era global. Victoria Sendón de León.