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Cambiando de bando: la opción por la agroecología

Extraído de: Cambiando de bando: la opción por la agroecología. En la revista “Soberanía alimentaria, biodiversidad y culturas”

«Alguna vez, cuando reflexiono sobre lo andado, -continua Belén- pienso que ha merecido la pena llegar hasta aquí. Me hubiera gustado que la agroecología fuera una agricultura mayoritaria, que se hubiera animado más gente a practicarla, pero viendo cómo funciona el ejército de las multinacionales, la propaganda y la información que se da a través de las Cámaras Agrarias u otros medios, es fácil entenderlo. Cada vez veo más claro que la vida se explica desde una cosmovisión y una visión más holística y la agricultura ecológica nos permite esa relación compleja con la naturaleza y la vida, observar: acompañar y ofrecer sus alimentos».

Belén Verdugo


-La agroecología se convierte, para quienes la ejercen, en mucho más que una práctica agrícola. Es un objetivo político, un ejercicio de responsabilidad con el futuro y una nueva relación personal con la tierra y la naturaleza. ‘Los planteamientos habituales se caen desde muy alto’.

-Digan lo que digan las academias convencionales, la práctica demuestra que la agricultura ecológica, en términos de producción de alimentos, ‘no tiene ningún complejo frente a la agricultura bañada de productos químicos’.

-Hacer agricultura ecológica es ganar autonomía, ‘quizás por eso no hay voluntad de apoyarnos, la industria saldría perdiendo’.

-‘La Agroecología viene a ser la agricultura femenina’, donde prima el cuidado y el respeto a la producción, aunque la buena alimentación no cotice en Bolsa

-Sin un buen asesoramiento e investigación pública el camino a recorrer se hace muy poco a poco, y ‘así el conjunto de toda la sociedad no consigue avanzar a nuevos paradigmas’.

-‘La agricultura ecológica se acompaña muy bien con modelos cooperativos’ para demostrar que buenos principios políticos pueden ser éxitos empresariales.

-El campesinado que se decide a trabajar bajo un modelo ecológico se encuentra, inicialmente, con un reto ‘de alto riesgo’: dificultades para ampliar su formación, nulas ayudas (económicas y técnicas) de la administración y [cada vez menos] desconocimiento y poca valoración por parte de la sociedad.


“Puedo afirmar que con el compromiso de gobiernos y universidades se avanzaría muy rápido en el desarrollo de la agroecología, pero con la Iglesia hemos topado, esto no es negocio y por tanto seguramente tendremos que empujar el carro desde abajo con la sencillez y la honradez que nos ampara.”

Josep Pàmies


Principios de Permacultura

Los principios de diseño de Holmgren

http://permacultureprinciples.com/es/

En su libro „Permaculture – Principles and pathways beyond sustanabiliy“, publicado en 2002, David Holmgren ofrece una evolución conceptual de permacultura, actualizada y adaptada a los desafíos del nuevo milenio.
Propone permacultura como instrumento para una transición productiva de una sociedad industrial de alto consumo energético hacia una cultura sostenible, para desarrollar una visión de adaptación creativa para un mundo, donde los recursos naturales y la energía serán cada vez más escasas.
A cada uno de estos doce principios de diseño dedica un capítulo entero (13)




1. Observar e interactuar

Observación cuidadosa de los procesos sistémicos e interacción consciente con los elementos del sistema. Descubrir „puntos de palanca“, para lograr el máximo efecto con mínima interferencia.

2. Captar y almacenar energía

Redescubrimiento e uso adecuado de los almacenes de energía, las cuales en todas las culturas preindustriales fueron patrimonios naturales esenciales para sobrevivencia: Agua, suelos, semillas y árboles. Una prioridad es la progresiva autonomía local y bioregional, para independizarse cada vez mas de los sistemas globalizados de alto consumo energético

3. Obtener un rendimiento

Si bién es importante la reconstrucción de capital natural para el futuro, tenemos que satisfacer también nuestras necesidades de ahora. Rendimiento, beneficio o ingresos funcionan como recompensa que anima mantenimiento y/o replicación del sistema que los generó (retroalimentación positiva).

4. Aplicar autorregulación y aceptar retroalimentación

Descubrir y utilizar procesos de autoregulación en los sistemas. Integrar el desarrollo de culturas y comportamientos sensibles a las señales de la naturaleza para prevenir la sobreexplotación (retroalimentación negativa).
5. Usar y valorar los recursos y servicios renovables

Uso cauteloso pero productivo de recursos renovables (sol, viento, agua, biomasa). Reducir el empleo de recursos no-renovables.
6. No producir desperdicios

Emplear „cascada“para evitar los desechos: Rechazar, reducir, reutilizar, reparar, reciclar
7. Diseñar desde patrones hacia los detalles

Diseño exitoso necesita un entendimiento de los patrones „superiores“de la naturaleza. Los detalles planeados y deseados de un proyecto de permacultura toman en cuenta estos patrones y se desarrollan conforme a ellos. 
8. Integrar más que segregar

Las relaciones entre los elementos son tan importantes como los elementos en sí mismos. Ubicarlos de modo que cada uno sirva las necesidades y acepte los productos de otros elementos. Co-operación de múltiples elementos en vez de eliminación de algunos y competencia entre ellos.
9. Utilizar soluciones lentas y pequeñas

Estrategias pequeñas y lentas mantienen los sistemas a escala humana y son más productivos a largo plazo que los proyectos grandes que necesitan de mucho tiempo, energía, y recursos.
10. Usar y valorar la diversidad

Uso, conservación y ampliación de la diversidad de elementos en los sistemas. Esto asegura su estabilidad y resiliencia (14), y hace posible su auto-organización a largo plazo.
11. Usar los bordes y valorar lo marginal

Descubrir la riqueza de los bordes/ límites entre los sistemas y usarlos productivamente 
12. Usar y responder creativamente al cambio

Uso creativo de los ciclos, pulsos y procesos de sucesión naturales, para poder reaccionar a los desafíos del futuro adecuadamente.
Wiki de Círculos de Estudio

Las Ciudades en Transición: resiliencia, relocalización y catastrofismo ilustrado


Escrito por Luc Semal y Mathilde Szuba - Entropie la Revue

Traducido por A.Zambrano y Y. de la Fuente

Nacido en 2005 en el Reino Unido, el movimiento de Ciudades de Transición - compuesto por un centenar de ciudades que aspiran a vivir, en un futuro no muy lejano, sin petróleo - se dio a conocer hace unos meses de las redes francesas de los objetores de crecimiento y de la ecología radical. Por lo general, han despertado mucho interés y curiosidad por su enfoque pragmático y apolítico de la cuestión del medio ambiente, que difiere en algunos aspectos de las reflexiones sobre el decrecimiento tal como la conocemos en Francia. Con todo, vale la pena ahondar este análisis, y tratar de entender lo que hace el éxito instantáneo de este movimiento de la transición en el Reino Unido, y cómo el movimiento para el decrecimiento podría encontrar ahí una fuente de inspiración.



Porque el decrecimiento y la transición, son dos maneras diferentes de decir lo mismo : que la acumulación del mundo material en el que vivimos acabará, voluntaria o involuntariamente. Pero el fin de este mundo no es necesariamente el fin del mundo - para citar a Patrick Viveret - puede haber un post-petróleo, después de la acumulación de material, incluso post-colapso... En resumen, el decrecimiento como la transición nos dicen que tenemos el poder, al menos en teoría, de transformar este desastre en una oportunidad de inventar un mundo mejor –con la condición sin embargo, de cambiar radicalmente nuestro modo de vida rápidamente. 

Basándonos no sólo en un estudio de la literatura producida por los dirigentes y activistas de la transición, sino también en la observación y las entrevistas de un trabajo anterior [1], nos proponemos aquí analizar lo que hace el enfoque desarrollado por las ciudades en transición tan especial e interesante, así como los elementos que podrían inspirar a los objetores de crecimiento dispuestos a actuar entre dos peligros : el deber de Felicidad [2] y la negación del riesgo de colapso, por un lado, la tendencia al derrotismo y la impotencia frente a un colapso demasiado seguro en el otro.

Una base radical : el colapso es inevitable

El punto de partida para la reflexión de las Ciudades de Transición es el reconocimiento de que estamos al borde de un cambio de sociedad. Nos guste o no, este cambio es inminente, inevitable, y probablemente sea brutal. Esta convicción es la base no negociable de toda la reflexión del movimiento.

Más concretamente, esta creencia se basa en dos fenómenos importantes que los líderes y activistas del movimiento [3] piensan científicamente comprobados : el cambio climático por un lado, y el pico del petróleo por el otro. Con respecto al cambio climático, la transición se basa no sólo en el informe del IPCC, sino también en los documentales (como el de Al Gore) y los escritos de varios autores -entre ellos, algunos especialmente catastróficos como Mark Lynas [4]. Para el pico del petróleo se basan, en particular, sobre los estudios de ASPO [5] y los ensayos de los investigadores que estudian el tema desde hace varios años, entre ellos Richard Heinberg [6] : en este contexto, cabe señalar que si los autores franceses poco han abordado este problema, hay en cambio muchas publicaciones anglosajonas que han contribuido a consolidar y difundir los argumentos científicos que apoyan la idea de un inminente pico del petróleo. A pesar de una controversia continua acerca de este pico, el disparo del precio del petróleo durante el verano de 2008 fue considerado por los activistas y expertos como una validación empírica, por lo menos en parte, de esta tesis.

Para los dirigentes y activistas de la transición, nuestras sociedades se enfrentan ahora a dos hechos científicamente probados, sobre los que se basan. El cambio climático nos dice que deberíamos cambiar y el pico del petróleo nos dice que deberemos cambiar : son dos caras de una misma moneda. El peso de la validación científica es crucial en el enfoque desarrollado por la transición, ya que estas validaciones proporcionan una base común indiscutible y no negociable sobre la cual los activistas venidos de todos los horizontes pueden llegar a un acuerdo.

Pero necesariamente, esta plataforma común, basada en la apropiación de demostraciones científicas, somete los líderes y activistas a una perspectiva bastante pesimista a priori : si el petróleo es cada vez más caro y el clima cada vez más loco, nuestras empresas no podrán soportar el choque. La era de los transportes baratos, el turismo de masas y la globalización, por citar sólo estos fenómenos, llega inevitablemente a su fin. La crisis económica que estamos experimentando ahora es sólo un pálido reflejo de lo que está por venir, en el mejor de los casos dentro de unos pocos años. La hipótesis de un colapso de la sociedad - según lo definido por Jared Diamond, es decir una « reducción drástica de la población humana y/o complejidad política/económica/social, a más o menos largo plazo [7] »- no es eludida, al contrario, es una de las bases más sólidas de los intercambios de los grupos de transición.

Los temas de algunos talleres organizados por dichos activistas ilustran bien esta certeza de que vamos a enfrentar grandes desastres. Algunos plantean la cuestión de manera general, a través de talleres con títulos tales como « After the crash » ou « How will Exeter survive and flourish after the end of cheap oil ? ». Pero otros profundizan más las consecuencias de los desastres, y no descartan ningún tema de reflexión : así es como podemos conseguir agrónomos y nutricionistas que se preguntan si el Reino Unido es realmente capaz de alcanzar la autosuficiencia alimentaria. Los médicos han examinado la cuestión de la medicina post-petróleo, e incluso la odontología post-petróleo, dos áreas en las que se enfrentan a algunos de los detalles más inquietantes y más espantosos de lo que puede significar post-colapso.

La base de la certeza científica común a todos los activistas de la transición los lleva rápidamente a encarar las perspectivas angustiantes de un colapso. Pero la fuerza de la transición es proporcionar un marco para la reflexión y la acción, sin negar los inevitables desastres que se avecinan, que permita actuar con el fin de prepararnos y, sobre todo, preparar una mejor vida después de la catástrofe.





La solución propuesta : la reconstrucción de la resiliencia local

Cuando un grupo de militantes sensibles a las cuestiones climáticas y energéticas quiere formar un grupo de transición en su ciudad, la dirección nacional de la red le sugiere empezar con un período para « despertar las conciencias », que consiste en organización de proyecciones de películas abiertas a todos. Los documentales seleccionados exponen abiertamente las amenazas ambientales, y con frecuencia causan ansiedad en los espectadores. Al final de la reunión, por lo general una parte del público admite estar convencido pero se siente impotente y preferiría reprimir lo que vio. Aquí es donde los militantes proponen una solución novedosa para el público : la formación de un grupo de transición local para « reconstruir la capacidad de recuperación local ». El objetivo es transformar inmediatamente el impacto de la toma de conciencia en fuerza de acción.

La reconstrucción de la capacidad de recuperación local, la resiliencia local, es la base de la estrategia propuesta por el movimiento de la transición. La resiliencia es un concepto utilizado en psicología para describir la capacidad de una persona para recuperarse de un choque - por ejemplo, pérdida o separación - sin colapsar, e incluso obtener experiencia y salir de la prueba más fuerte y resistente que antes. Este concepto se utiliza también en otras disciplinas : por ejemplo, se habla de la resiliencia de un área a las inundaciones, o la de un ecosistema frente a la intrusión de una especie invasora. Pero los activistas de la transición hablan de la resiliencia de la sociedad o las comunidades locales, es decir, del conjunto de individuos y sus impactos socio-económicos frente al choque que representará el fin del petróleo barato y la necesidad de reducir rápidamente las emisiones de gases a efecto de invernadero, el aumento del nivel del mar, etc…

Apreciar la situación en términos de resiliencia, es estimar que en las regiones el las que no se prevé el pico del petróleo, la política y el colapso socioeconómico será más difícil, mientras que las regiones que están suficientemente preparadas será mejor, e incluso, posiblemente, se podrá experimentar una forma de renacimiento basado en la relocalización económica y el bienestar. Para ello, desde ahora se debe reconstruir la capacidad de recuperación o resiliencia, es decir, hacerse menos dependientes del petróleo. La reconstrucción de la capacidad de recuperación local es una estrategia para amortiguar los choques futuros y también preparar las condiciones para una vida mejor después de esos choques : permite ver con lucidez las perspectivas de un posible colapso yendo más allá de esta única imagen y lanzándose en la construcción de sociedades sustentables y soportables para el post-colapso.

Esta reconstrucción de la capacidad de recuperación local, estamos tentados llamarla « pragmatismo radical ». « Pragmatismo », porque la única base verdaderamente común a todos los activistas de la transición es la certeza científica del cambio climático y la inminencia del pico del petróleo : más allá del acuerdo sobre los hechos, ninguna interpretación ideológica o política es favorecida por el movimiento de la transición. Algunos pueden ser anticapitalistas, mientras que otros creen firmemente en el poder de las fuerzas del mercado y reclaman la creación de una bolsa del carbono para los individuos [8]. La transición aboga por calmar estos debates que se consideran una pérdida de tiempo y de división, y que podría distraer a los activistas de su objetivo : la reconstrucción de la capacidad de recuperación local.

Sin embargo, este pragmatismo reivindicado está unido a un cierto « radicalismo » prácticamente impuesto por los diagnósticos científicos que son la base del movimiento : no hay gran variedad de soluciones para reducir de manera drástica y a corto plazo el consumo de energías fósiles y las emisiones de gases a efecto invernadero. Todas las soluciones propuestas giran, de hecho, alrededor de las ideas de sobriedad, de reducción de los bienes materiales, de reevaluación de las necesidades, de entreayuda local, de relocalización de la producción de alimentos, de reubicación de la producción de energías renovables, etc… Este movimiento decididamente pragmático, parte de hipótesis científicas tan radicales, que ve la gama de opciones reducirse drásticamente, hasta el punto tener sólo una solución posible : la de un cambio súbito y radical en los hábitos de vida de una manera muy similar a la propuesta del decrecimiento.
Esta solución única para la reubicación y reconstrucción de la resiliencia local, que en realidad está muy cerca de las propuestas del decrecimiento, es obviamente destinada a ser declinada, caso por caso, dependiendo de cada país. Pero en realidad, la radicalidad de la hipótesis primera, la probable inminencia de una forma de colapso, llevó este movimiento, pragmático y firmemente apolítico, a una forma de pensamiento radical, rayano al de la acción del movimiento francés para el decrecimiento.

Un "catastrofismo ilustrado" anclado en un territorio

Sin embargo, el movimiento de Ciudades en transición no se experimenta como un movimiento catastrofista : al contrario, los dirigentes y activistas repiten que quieren deshacerse de la visión habitual de la ecología que califican de « doom and gloom » que podríamos traducir como « apocalíptica ». Tratan de ser positivos, por ejemplo, insistiendo en la fuerza que puede tener un pequeño grupo decidido a cambiar el orden de las cosas, y también en las perspectivas de una vida mejor que se producirán : vidas simples, libres de aparatos electrónicos, las ciudades más tranquilas, un nuevo sentido de solidaridad y apoyo mutuo dentro de la comunidad local, etc…

Es esta tensión constante entre el « alarmismo » y el « optimismo » que es particularmente interesante analizar en el enfoque desarrollado por las ciudades en transición. El catastrofismo está omnipresente en este movimiento, que está totalmente motivado por la perspectiva de un colapso certero a corto plazo. Esta premisa, que muchas organizaciones ambientales tienden a descartar para no parecer demasiado ansiógenas, la transición la asume totalmente sin tratar de minimizar la magnitud de los cambios que se avecinan. Pero la transición también se las arregla siempre para instaurar cierta dosis de optimismo, basado principalmente en la posibilidad de que preparándose para estos choques se podrá reducir su efecto e incluso - como lo sugiere la idea de la resiliencia - inventando una vida mejor, basada en un aspecto material más sencillo.

La idea de anticipar las consecuencias de un desastre que ya se considera inevitable para prepararse mejor y tal vez, parcialmente evitarlo, recuerda la idea de catastrofismo ilustrado teorizada por Jean-Pierre Dupuy [9]. Con esta aclaración importante que el catastrofismo ilustrado de la transición está anclado sistemáticamente en un territorio concreto ocupado por la comunidad declarada en transición : las consecuencias de la « catástrofe » que será el pico del petróleo se analizan sistemáticamente en términos de territorio y de población local. Imponiendo un debate a nivel local, generalmente a escala de un municipio, los activistas se enfrentan inevitablemente a preguntas muy concretas. Por ejemplo : en que terrenos para plantar los árboles frutales que se requerirán cuando las importaciones cesen y que los supermercados ya no sean abastecidos ? ¿Quién en el municipio tiene la experiencia necesaria para tratarlo ? Dónde instalar turbinas de viento que permitirán al municipio ser autosuficiente en energía ? ¿Qué coches debemos conservar y cuáles debemos sacrificar ? ¿Qué aparcamientos deberemos transformar en jardines urbanos y quiénes los mantendrán ? Todas estas preguntas se dan a nivel local y se materializan en la mente los desastres y las soluciones que se pueden poner en prática –lo que permite poco, por ejemplo, una reflexión basada en datos, pero demasiado general, acerca del número de coches deseable en Gran Bretaña.

Esta forma original de « catastrofismo ilustrado relocalizado », puede facilitar la visualización de los desastres considerados inevitables y las soluciones que suavizarán o incluso los evitarán para salir fortalecidos. Esta visualización permite a los activistas para la transición de « creer lo que saben » mejor, tomando las palabras de Jean-Pierre Dupuy, y actarlas para anticipar mejor las crisis futuras.

Sin embargo, la hipótesis de una catástrofe ineludible contra la cual sería necesario no obstante mobilizarse no está libre de ambigüedades y contradicciones, y los líderes del movimiento para la transición luchan contra las dos tentaciones que consideran ser callejones sin salida : el derrotismo y la supervivencia.

El derrotismo acecha, por supuesto, a todos los activistas que empiezan a considerar seriamente la posibilidad de un colapso del mundo. La paradoja que consiste en considerar que el desastre es muy probable y aún así seguir actuando es difícil de asumir, tanto a nivel individual (el activista) y colectivo (para la comunicación de movimiento). Sin embargo, muchos psicólogos y psicoterapeutas en la ciudad de Totnes, la cuna de la transición, se han asociado rápidamente al proceso, trabajando sobre estas paradojas y los medios para superarlas : sus reflexiones sobre la psicología del cambio han dado lugar a varias formas de talleres de intercambio y libre expresión, utilizando técnicas a menudo similares a las de la comunicación no violenta, que contribuyen por ahora a mantener el entusiasmo de los activistas.

El otro escollo posible, cuando la hipótesis del colapso es seriamente considerada, pero que la sociedad sigue ampliamente impasible, es la tentación de survivalismo [10], que consiste en desarrollar estrategias individuales (o posiblemente familiales) de supervivencia en un mundo post-colapso. En la práctica, esto se traduce generalmente en el almacenamiento de armas y alimentos en un refugio antiaéreo, tomando a la vez clases de autodefensa. Esta actitud a veces se expresa en los foros de Internet, pero más allá de estos testimonios inciertos, es difícil determinar en qué medida este fenómeno es una realidad social importante o un mito... De todos modos, el movimiento por la transición ha sido siempre muy firme con respecto a esta estrategia : sin ni siquiera entrar en consideraciones morales, los líderes de la transición tratan de demostrar lo absurdo de esta opción en la práctica, repitiendo una y otra vez que los survivalistas, por muy equipados que estén, no sobrevivirán mucho tiempo a un colapso absolutamente caótico. Para resumir este pensamiento, a veces utilizan la frase « o nos salvamos juntos o no nos salvamos » [11].

Preparase para el colapso : el plan de descenso de la energía

Para ser calificado de « ilustrado » el catastrofismo tiene que evitar dos abismos, el derrotismo y el survivalismo, y avanzar en la cresta estrecha que los separa, que es actuar para anticipar -y posiblemente prevenir- un desastre a pesar de todo probable.

El hecho de que la gente de Totnes es capaz de embarcarse en este camino no es, retrospectivamente, muy sorprendente. De hecho, este pueblo de apenas 8000 habitantes concentra a pesar de su pequeño número de habitantes, instituciones que progresivamente atrajeron personas ya sensibilizadas a las cuestiones ambientales : el Colegio Dartington desde 1961, una escuela Steiner desde 1980, el Schumacher College [12] desde 1991, etc… En este contexto, no es muy sorprendente que una experiencia como la transición haya podido emerger en esta ciudad.

Lo más impresionante, sin embargo, es que una metodología de acción haya podido ser diseñada sobre la base de la experiencia de Totnes, para ser posteriormente reproducida y adecuada en otros contextos, a priori menos favorables a este tipo de planteamiento. El Transition Handbook de Rob Hopkins lista los doce pasos que permiten emprender un proceso local de transición, subrayando al mismo tiempo que este método obviamente debe declinarse y adaptarse a cada contexto comunitario.

La doceava etapa, punto culminante de la metodología, es la elaboración de un Plan local de decrecimiento energético. Ese plan debe primero fijar las metas a alcanzar en términos de independencia energética y reducción de emisiones de gases a efecto invernadero para el 2020, y describir sobre esta base lo que debería ser la vida en la el municipio en 2020 : generalmente una vida principalmente peatonal, con producción local de alimentos y energía, tiendas de cercanía, reapertura de la estacione de tren, cierre del aeropuerto... el todo componiendo una imagen de una ciudad que ha alcanzado un nivel suficiente de resiliencia para estar a salvo del colapso, por estar menos afectada por el agotamiento energético. Esta descripción de la vida local en el año 2020 se convierte en la meta, y los militantes se encargan de fijar los plazos sucesivos a respetar para que este proyecto imaginario se convierta en realidad a tiempo : la plantación de árboles frutales en el 2011, la instalación de los jardines locales en el año 2012, la instalación de turbinas eólicas comunales en el 2013, el cierre en el 2014 del estacionamiento municipal, etc…

La redacción del plan de decrecimiento energético se organiza de modo a obtener la participación de muchos ciudadanos a este proceso, después de lo cual puede ser objeto de discusión y servir de base para un debate público. Por el momento, estos planes son herramientas muy eficaces de comunicación y educación entre el público en general y los funcionarios electos. La segunda etapa, que consiste en la aplicación efectiva de estos planes para la energía es, obviamente, más difícil de lograr : a menudo es posible hacer progresos rápidos sobre ciertos puntos relativamente poco polémicos (por ejemplo, la plantación de árboles frutales), pero mucho más difícil de obtener compromisos cuando hay conflictos de intereses en juego (por ejemplo, el cierre de aparcamientos).

Como la redacción del decrecimiento de la energía local es un trabajo a largo plazo, pocas ciudades ya han alcanzado la etapa de la aplicación de su plan. Sin embargo, la transición ya ha comenzado a pensar estas cuestiones y ha propuesto incluir algunas pistas para crear nuevos indicadores de resiliencia : por ejemplo, el porcentaje de los alimentos producidos localmente, ídem para la energía, lo mismo para los materiales de construcción, ídem para los fármacos, el porcentaje de hogares sin coche, el porcentaje de gente que sepa cultivar por lo menos diez verduras, etc…

Si uno sigue la lógica de la transición, y por lo tanto si tomamos nota de la perspectiva de un colapso casi inevitable, son estos indicadores los más relevantes para garantizar las condiciones de vida adecuada en un un futuro próximo. Son ellos, no el PIB, quienes indican el camino a seguir para que el colapso repentino se convierta, en la medida de lo posible, en un cambio pacífico.

Prepararse para el post-colapso : ¿una vida mejor ?

En esta fase de análisis, tenemos que recordar que la transición no se piensa y no se presenta como un movimiento catastrofista : al contrario, siempre se hace énfasis sobre la oportunidad que puede representar el colapso si logramos transformarlo en mutación. Pero de nuevo, no basta saberlo para creerlo, y los grupos de transición han desarrollado varios métodos para ayudar a los activistas a imaginar y visualizar lo que podría ser una vida feliz en un mundo post-colapso.

Por ejemplo, los defensores de la transición a menudo tratan de hacer participar a los ancianos de la ciudad o del pueblo a su proceso, para pedirles que describan lo que era mundo antes del petróleo, antes de que la resiliencia local fuera barrida por la globalización y los productos petroquímicos. Estas descripciones se utilizan como base para los talleres o paseos por la ciudad en la que los activistas se dirigen al lugar que les permita visualizar y comprender cómo el período anterior al petróleo puede ser una fuente de inspiración para el futuro. Otro método utilizado, él de « transición tales », relatos imaginarios de narradores del futuro que cuentan cómo la comunidad local ha logrado su transición a una era post-petróleo, y especialmente la manera en que la vida local finalmente se ha reorganizado para una vida más amigable.

Todas las visiones prospectivas hacia el futuro de un post-colapso general demuestran que en última instancia, tenemos el poder de hacer que la vida después del petróleo sea mejor que la vida pre-colapso actual. De hecho, el fin del petróleo barato y la reducción de las emisiones de gases a efecto de invernadero son también, en opinión de la transición, una oportunidad para recuperar nuestras vidas, dar un sentido a la comunidad local, volver a encontrar prácticas de solidaridad, privilegiar la calidad en vez de la cantidad : en este sentido, el lema del decrecimiento « menos posesiones, más vínculos » traduciría también perfectamente las aspiraciones del movimiento de la transición. En ambos casos, la perspectiva de un colapso es percibida como un evento potencialmente liberador, y como una oportunidad para recuperar el control sobre nuestras vidas emancipándonos de todo tipo de dependencias : dependencia al petróleo, a la energía, al trabajo, a las empresas multinacionales, a la acumulación material, a la velocidad, a la instantaneidad, etc.

Conclusión

El decrecimiento ciertamente puede inspirarse de la experiencia británica de las transition towns, y sobre todo de su estudio acerca de la resiliencia local, una especie de catastrofismo ilustrado anclado en un territorio pequeño y preciso : comprender cómo los fenómenos globales, inevitablemente, afectarán la vida local, y prepararse, a nivel local, asociando un máximo de gente para establecer de un plan de decrecimiento energético detallado.

El lanzamiento de la elaboración de estos planes por la reducción energética es sin duda un primer éxito para este joven movimiento, que ha sabido lanzar en más de un centenar de ciudades esta increíble reflexión colectiva, que permite a menudo avanzar de manera pragmática la puesta en obra de medidas relativamente radicales, como los cierres de aparcamientos o la sustitución de supermercados por canales cortos de distribución de alimentos. La manera en que estos grupos de transición son capaces de pensar las perspectivas de un colapso sin sumirse en el derrotismo ni en el survivalismo, y reflexionar sobre los medios para reconstruir su capacidad de recuperación local y salir de esta prueba por lo alto, puede ser rico en enseñanzas.

Queda sin embargo un segundo paso, mucho más difícil : el de la concretización de los planes de decrecimiento energético, más allá de las acciones sin duda educativas, pero cuyo significado es más bien simbólico, como la plantación de árboles frutales en un huerto comunal. Para ir más lejos, parece probable que los grupos de transición se enfrentarán con intereses contrarios, y podemos entonces preguntarnos si ello no va a cambiar la estrategia de evitar los conflictos y el compromiso político : en este plano, tendrán tal vez que aprender de los objetores de crecimiento de Francia, que han teorizado más los obstáculos socio-económicos a los que pueden enfrentarse las experiencias locales de decrecimiento. Sin duda los intercambios entre estos dos movimientos similares, pero con enfoques a menudo distintos y complementarios, sólo están empezando.
P.-S.

Luc Semal et Mathilde Szuba son doctores en sociología del medioambiente.

Traduction : A.Zambrano= Y. de la Fuente
Notes

[1] Luc Semal et Mathilde Szuba, dossier « Villes vers la sobriété », revue Silence n°365, février 2009

[2] Le félicisme est une notion proposée par Yves Cochet pour désigner les programmes politiques qui promettent que tout ira mieux demain, et qui ne peuvent donc pas intégrer des notions telles que la catastrophe ou l’effondrement à leur manière de penser. (Yves Cochet, Antimanuel d’écologie, Bréal, 2009)

[3] Rob Hopkins, The Transition handbook. From oil dependency to local resilience, Green Books, 2008

[4] Mark Lynas, Six degrees. Our future on a hotter planet, National geographic, 2008 (Six degrés. Que va-t-il se passer ?, Dunod, 2008)

[5] Association pour l’étude du pic pétrolier, fondée par des géologues à la retraite, souvent anciens employés de grandes compagnies pétrolières : www.peakoil.net

[6] Richard Heinberg, The Party’s Over. Oil, War and the Fate of Industrial Societies, New Societies Publishers, 2003 (Pétrole : la fête est finie ! Avenir des sociétés industrielles après le pic pétrolier, Éditions Demi-Lune, 2008)

[7] Jared Diamond, Collapse : How Societies Choose to Fail or Succeed, Viking Books, 2005 (Effondrement. Comment les sociétés décident de leur disparition ou de leur survie, Gallimard, 2006, p.15)

[8] Type « Carbon Card » : Mathilde Szuba, « Comment rationner l’énergie ? », Le Sarkophage, 2008

[9] Jean-Pierre Dupuy, Pour un catastrophisme éclairé. Quand l’impossible est certain, Seuil, 2002.

[10] neologismo derivado del inglés. Survival : supervivencia. NdT

[11] Rob Hopkins, « Why The Survivalists Have Got It Wrong », 2006 (www.transitionculture.org)

[12] Du nom d’Ernst F. Schumacher, auteur de Small is Beautiful, 1973 (Small is beautifull. Une société à la mesure de l’homme, Seuil, 1978)

El buen vivir


El buen vivir constituye un paradigma de sociedad sustentable basado en el acoplamiento equilibrado y equitativo entre economía y naturaleza, de tal suerte que la “vida entera” esté garantizada para la especie humana. Y aquí cabe una precisión fundamental: en una relación de reciprocidad entre seres humanos y naturaleza, la especie humana al garantizarse a si misma su continuidad garantiza la supervivencia de todo lo demás facilitando que los encadenamientos tróficos fluyan sin quebrantos y los ecosistemas mantengan su equilibrio y así puedan cumplir su misión ecológica de sustentar toda forma de vida; es digamos un circulo virtuoso de ecología viva.

Implica a su vez deshacernos de visiones aparentemente novedosas sobre sustentabilidad y sostenibilidad, pero que buscan más la sostenibilidad del capital que de la naturaleza, por ello, Escobar señala que “En el Tercer Mundo, el discurso del desarrollo sostenible redefine al medio biofísico como "ambiente", y concibe a éste como una reserva para el capital. Más aún, dentro de este discurso es imposible hablar de naturaleza como construcción socio-cultural. La "naturaleza" desaparece al ser reemplazada por el "ambiente"; se declara así la muerte semiótica de la naturaleza como agente de creación social. Al mismo tiempo, el desarrollo sostenible reduce la ecología a una mayor forma de eficiencia. Se trata ahora de producir más a partir de menos, y con mayor racionalidad.

Por otro lado, la biotecnología se erige como encargada de asegurar el uso eficiente y racional de los recursos. En los últimos años, las comunidades locales y los movimientos sociales están siendo llamados a participar en estos esquemas como "guardianes" del capital social y natural. De esta forma, discursos tales como los de la biotecnología y la biodiversidad asisten al capital en la conquista semiótica del territorio: las comunidades, o sus sobrevivientes, son finalmente reconocidos como dueños legítimos de "sus recursos" ‑o lo que queda de ellos‑ pero sólo en la medida en que acepten ver y tratar estos recursos (y ellos mismos) como "capital" a ser puesto en circulación en beneficio del proceso de acumulación.”

Pero esta entrada ecológica requiere de cambios fundamentales en el entendimiento del sentido de la vida por parte de la especie humana, ello implica que la economía cobre una dimensión diferente al crecimiento económico y a la acumulación capitalista. El fetiche del consumo que la empresa capitalista nos inyecta en los poros de nuestro imaginario sobre la realización de la felicidad al poseer sus productos es la gran alienación de lo humano sobre los elementos constitutivos del ser: solidaridad, comunidad, respeto, paz, sencillez, etc.

Extraído de El buen vivir, más allá del desarrollo: la nueva perspectiva constitucional. Patricio Carpio Benalcázar

La 'slow cities' abanderan la utopía del decrecimiento




Pese a que la mayoría de la sociedad se muestra escéptica con teorías económicas como la de Nicholas Georgescu-Roegen, existen grupos que no ven en el cambio de los valores del capitalismo una utopía.

Éste es el caso de las llamadas 'slow cities', que se encuentran dentro de un movimiento nacido en Italia en 1999 al que diferentes municipios de ese país, Inglaterra y España se están sumando. Las ciudades 'cittá slow' buscan el bienestar de sus vecinos atendiendo a principios alejados de los ritmos habituales de las grandes urbes, en las que prima la rapidez a la calidad de vida entre sus habitantes.

Para conseguir este distintivo, el municipio, entre otras cosas, debe tener una población de menos de 50.000 habitantes, no ser capital de provincia y conservar el casco antiguo cerrado al tráfico. Además, debe cumplir con una serie de requisitos de carácter legislativo, medioambiental y turístico.

Comer bien, disfrutar del silencio, respetar las tradiciones, el patrimonio y el medio ambiente son algunas de las directrices que siguen los ciudadanos que viven en lugares como Begur, Pals y Palafrugell, en la provincia de Girona, los de Mugía, en Vizcaya, y los de Pozo Alcón, en Jaén, y Nigüelas, en Almería.

Cooperativas

En las ciudades también existen iniciativas sociales que buscan cambiar algunos planteamientos capitalistas, como ocurre con las cooperativas de consumidores.

Estos grupos están comprometidos con una alimentación más sana y una producción agraria sostenible y respetuosa con el medio ambiente. Las cooperativas de consumidores defienden que la acción económica parta del núcleo local, y entienden el crecimiento como un incremento de las relaciones en redes sociales, y no como un beneficio económico. También buscan favorecer el acercamiento entre el mundo rural y el urbano implicando a campesinos, distribuidores y a los mismos consumidores. Su funcionamiento suele consistir en dividir la producción de verduras y hortalizas de la temporada en partes iguales que se reparten entre los socios.

En Valladolid se encuentra la cooperativa Bajo el asfalto está la huerta , que fomenta la relación directa entre productores y consumidores. Y en Catalunya, desde la década de los 80 funciona Ecoconsum, que agrupa a tres cooperativas y varias asociaciones de consumidores.

Artículo del diario Público: La 'slow cities' abanderan la utopía del decrecimiento

Aldeas en transición: experimento social y ambiental

Luis Gabriel Urquieta - Mundo Verde

Imagina una comunidad autosuficiente, qua actúa localmente para satisfacer sus necesidades, pero piensa en la solución a los problemas globales y no duda en acudir a la información que ofrece internet para optimizar sus técnicas de cultivo y nutrirse de nuevas ideas que puedan ser útiles para la colectividad. Despiertas, revisas cómo van creciendo tus  frutas y verduras. Tomas tu bicicleta y vas con los vecinos a intercambiar productos  locales. Trabajas poco y te dedicas primordialmente a la creación artística y a la convivencia social. No ganas mucho dinero, pero no importa porque las relaciones sociales no se basan en la competitividad ni en presumir quien tiene más que el otro. Los habitantes de la comunidad han asumido una vida frugal basada en la simplicidad voluntaria. De vez en cuando, los habitantes de la comunidad se reúnen en Asambleas para debatir y decidir con Democracia directa el porvenir de todos. ¿Es una utopía?, se trata de las llamadas aldeas en transición.

Las comunidades en transición son una iniciativa que alcanzó notoriedad cuando la ambientalista Louise Rooney exhortó a la comunidad pesquera de Kinsale, Irlanda a tomar medidas políticas y económicas orientadas hacia una verdadera sustentabilidad. Ideas que se extendieron a Totnes, Inglaterra, bajo el liderazgo de Rob Hopkins durante 2005 y 2006. Ambos proyectos sustentados en los principios de permacultura promovidos por Bill Mollison desde los años setenta, han estado evolucionando notoriamente y han lanzados al mundo un nuevo modelo de desarrollo comunitario:

"Los dos desafíos más duros a los que se enfrenta la raza humana en el inicio del siglo XXI son el  Calentamiento Global y el Pico del Petróleo. El primero está bien documentado y es muy visible en los medios de comunicación. El Pico del Petróleo, sin embargo, permanece por debajo del radar para la mayoría de la gente. Sin embargo el petróleo, precursor de la era de la disponibilidad siempre decreciente de combustibles fósiles, puede bien desafiar la estabilidad económica y social que es esencial si queremos mitigar las amenazas que muestra el Calentamiento Global.”

Ante tal escenario, es necesario pensar cómo la humanidad va a encaminarse a una nueva fase histórica, con mayores daños ambientales, más escasez, mayor población, etc. Por ello es menester cambiar el paradigma del crecimiento ilimitado y reorientar la economía para llevar a cabo una  transición  hacia una nueva era civilizatoria basada en principios verdaderamente sostenibles.

Las Iniciativas de Transición se basan en cuatro supuestos básicos:


  •     Que en un futuro será inevitable vivir con un consumo de energía mucho más bajo, y que es mejor planificar esta realidad para evitar un colapso.
  •     Que nuestras comunidades y asentamientos carecen actualmente de mecanismos que permitan afrontar las dificultades relacionadas al pico del petróleo.
  •     Que tenemos que actuar colectivamente, y tenemos que actuar ahora.
  •     Que con ingenio colectivo podemos diseñar creativa y proactivamente nuestro descenso energético, podemos construir formas de vida que estén más conectadas a la naturaleza y que reconozcan los límites biológicos del planeta.


Esperar a que los gobiernos nacionales promovieran esta transición, cuando éstos se encuentran cada vez más supeditados al poder de las corporaciones e intereses económicos, sería una pérdida de tiempo, por ello fue necesario actuar de manera local, de forma inmediata y ejemplar. Demostrar que sí existe otro camino alternativo y que los primeros pensadores anarquistas, como Pierre Joseph Proudhon, Mijaíl Bakunin, Piotr Kropotkin, Lev Tolstói y Ricardo Flores Magón, podrían ser los precursores de un modelo funcional que, a través de la moralización de la sociedad, permitiera construir una comunidad igualitaria, solidaria, autosuficiente y sustentable.

Las aldeas en transición se encuentran en marcha en Reino Unido, su idea principal es dar a conocer un modo de vida más sostenible y desarrollar la resiliencia, la cual se en dos aspectos: reducir su gasto energético y aumentar la producción local de recursos.

Las diferentes formas en que se ha llevado a cabo esta iniciativa, incluyen actividades como la creación de huertos comunitarios, empresas de intercambio de residuos, reparación, reciclaje de objetos antiguos en lugar de tirarlos e incluso en algunas localidades, el uso de una moneda local. Todo ello pretende potenciar el consumo de productos locales o de máxima proximidad. Todas las aldeas alternativas comparten el objetivo de generar conciencia sobre el hecho de que la vida sin petróleo podría ser mucho más agradable, que se puede vivir en comunidad de forma que las emisiones de carbono se reduzcan y esto signifique más prosperidad y resistencia.

Esta transición es la respuesta de comunidades que avizoran el declive de la Era Industrial, marcada por el Pico del Petróleo. La referencia es un presente que depende de los combustibles fósiles, la producción y el consumo descontrolado, la destrucción de ecosistemas y biodiversidad y la mayor desigualdad social. Al ver estos problemas, se busca construir otro modelo basado en la relocalización de la producción, el uso eficiente de la energía y la producción de bienes que se puedan obtener de manera sostenible, la preeminencia de la colectividad, la recuperación de las habilidades para la vida y la armonía con el resto de la naturaleza.

Cada vez son más las comunidades que pretenden orientar sus esfuerzos hacia la llamada transición. Aunque este movimiento tiene su origen en Inglaterra y es mejor conocido en los países del primer mundo, vale la pena señalar que rasgos similares han existido desde tiempos inmemoriales en numerosos pueblos que aún resisten los embates de una globalización que tiende homogeneizar los criterios sociales hacia un capitalismo devorador basado en la competencia y la acumulación de riquezas. En el contexto mexicano, valdría la pena conocer los lazos comunitarios y prácticas sostenibles que mantienen algunas comunidades indígenas, como es el caso de los caracoles zapatistas, de los cuales hablaré ulteriormente.


Alternativas para un decrecimiento feliz

Diagonal

La bicicleta, el trueque o la cultura libre son distintas facetas de una apuesta por un cambio de modelo. Desde el software libre a la banca ética, te ofrecemos alternativas.

ALEGRÍA ENTRE TUS PIERNAS”

“Nosotros también somos tráfico”. Con este lema, varios centenares de personas se congregan el último jueves de cada mes en Madrid para dar un paseo festivo en bicicleta con objeto de reivindicar el uso de este medio de transporte barato, saludable y no contaminante. Iniciativas como ésta, que c[on el nombre de Masa Crítica se organiza regularmente en una treintena de ciudades del Estado y tiene una dimensión internacional (criticalmass. wikia.com), están logrando que cada vez más personas se animen a usar la bici en sus desplazamientos cotidianos dentro y fuera de las urbes.

Este hecho, unido a la presión que ejercen asociaciones de ciclistas, como las de la coordinadora Conbici, junto a grupos vecinales, ecologistas y de peatones (catalunyacamina. org), está moviendo a muchos gobernantes a habilitar espacios seguros para los viandantes y ciclistas en unas ciudades que, en su mayoría, han sido diseñadas en beneficio del vehículo que, paradójicamente, genera los mayores problemas de movilidad: el coche.

DE LA HUERTA A LA MESA

Si hay un sector que en los últimos años ha experimentado un desarrollo exponencial, ése es el de la producción y consumo ecológicos. En nuestros barrios y pueblos proliferan los grupos de consumidores que, más allá de proveerse de alimentos naturales, libres de productos químicos, promueven en su relación directa y sin intermediarios con las cooperativas de productores un modelo basado en ciclos cortos frente al sistema extensivo de la agroindustria.

Este crecimiento ha dado lugar a redes e iniciativas como la cooperativa unitaria de producción y consumo Bajo el Asfalto está la Huerta. El movimiento Slowfood, los cultivos en terrazas, los huertos comunitarios y las huertas urbanas, ponen el acento en la transmisión de saberes de nuestros mayores y en la conservación de las especies autóctonas.

BANCA ÉTICA, ECONOMÍA SOCIAL

No dejes que especulen con tu dinero o que lo inviertan en actividades armamentísticas, petrolíferas o inmobiliarias. Porque toda decisión económica es, en último término, una decisión ética, apuesta por las finanzas y la banca responsables, con la transparencia, participación, solidaridad y coherencia como principios motores. El portal de economía solidaria de la plataforma estatal de la Red de Economía Alternativa y Solidaria, aglutina mucha de la información sobre este ámbito.

Algunos datos básicos: la Banca Fiare persigue crear una banca ética en el Estado español y Triodos Bank, banca ética europea, ya tiene delegaciones en siete comunidades españolas.

Un lugar donde depositar tus ahorros:Coop57, una cooperativa de servicios que destina sus recursos a dar préstamos a proyectos de economía social.


DAR Y RECIBIR SIN DINERO

Frente a la tiranía del mercado surgen proyectos que prescinden del dinero como elemento de cambio de bienes y servicios, colocando en el centro la cooperación, el reciclaje y el bien colectivo.

Hablamos de propuestas como los espacios de trueque (en Baleares cortrueque. org), donde las personas intercambian objetos y tareas, o de los bancos de tiempo, donde lo que se truecan son ‘horas’ de actividad, de tal forma que cada ‘hora’ vale lo mismo independientemente de la labor, “pues todas las habilidades tienen el mismo valor”, en palabras del Banco del Tiempo Málaga. Otras modalidades son los espacios virtuales de intercambio de saberes, información y recursos (como la lista Instinto Precario) o las llamadas tiendas gratis que albergan algunos centros sociales (tiendasincoste.blogspot.com), en las que se dejan y cogen objetos sin necesidad de intercambiarlos.
ARTE, CULTURA Y CIENCIA LIBRES

Usar, modificar y redistribuir el propio trabajo, bien sea una canción, una investigación científica o un libro. Es la ética copyleft, frente al restrictivo copyright, con licencias como las de Creative Commons (CC) con distintos grados de protección y libertad (se puede permitir o no el uso comercial, por ejemplo).

A la vanguardia de esta filosofía, la comunidad de software libre, basada en el trabajo colaborativo mundial, ha logrado que millones de personas puedan usar hoy un software no propietario. Lo último, después de que Open Office fuera comprado por Oracle, es Libre Office. La más exitosa obra de consulta en la web, Wikipedia, con 16 millones de artículos y ediciones en 271 idiomas, constituiría otro caso paradigmático del desarrollo cooperativo. Tres botones de muestra de los múltiples proyectos de arte, cultura y ciencia libre: jamendo.com (música),archive.org (audio, vídeo, textos) o sciencecommons.org (herramientas copyleft para el ámbito científico).


DECIDE SOBRE TU SALUD

Contra una medicina paternalista y dependiente de la industria farmacéutica surge el movimiento por la autogestión de la salud. Esta propuesta, que se enfrenta también a la emergencia confusa de múltiples terapias llamadas ‘alternativas’, acientíficas o esotéricas, tiene que ver con la capacidad para informarnos, tomar decisiones y cuidarnos con recursos propios, con el objetivo de reducir nuestra dependencia de fármacos y profesionales cuando no sea necesario.

La asociación ciudadana Sumendi por la autogestión de la salud y el cambio social plantea que, junto a la investigación biomédica sobre las causas y la mejora de los tratamientos de las enfermedades, se debe fortalecer una medicina preventiva y la participación activa de los pacientes en su curación.

La demanda creciente en los últimos años de un parto no medicalizado ilustra bien esta filosofía (elpartoesnuestro.es,redcirculardedoulas.org).


Grupos de consumo: retomar el control sobre la alimentación

Esther Vivas

¿Qué comemos? ¿De dónde viene, cómo se ha elaborado y qué precio pagamos por aquello que compramos? Son preguntas que cada vez se formulan más consumidores. En un mundo globalizado, donde la distancia entre campesino y consumidor se ha alargado hasta tal punto en qué ambos prácticamente no tienen ninguna incidencia en la cadena agroalimentaria, saber qué nos llevamos a la boca importa de nuevo, y mucho.

Así lo ponen de manifiesto las experiencias de grupos y cooperativas de consumo agroecológico que en los últimos años han proliferado por doquier en todo el Estado español. Se trata de devolver la capacidad de decidir sobre la producción, la distribución y el consumo de alimentos a los principales actores que participan en dicho proceso, al campesinado y a los consumidores. Lo que en otras palabras se llama: la soberanía alimentaria. Que significa, como la misma palabra indica, ser soberano, tener la capacidad de decidir, en lo que respecta a nuestra alimentación (Desmarais, 2007).

Algo que puede parecer muy sencillo, pero que en realidad no lo es. Ya que hoy el sistema agrícola y alimentario está monopolizado por un puñado de empresas de la industria agroalimentaria y de la distribución que imponen sus intereses particulares, de hacer negocio con la comida, a los derechos campesinos y a las necesidades alimentarias de las personas. Sólo así se explica tanta comida y tanta gente sin comer. La producción de alimentos desde los años 60 hasta la actualidad se ha multiplicado por tres, mientras que la población mundial, desde entonces, tan solo se ha duplicado (GRAIN, 2008), pero, aún así, casi 900 millones de personas, según la FAO, pasan hambre. Está claro que algo no funciona.

Algunas características

Los grupos y las cooperativas de consumo plantean un modelo de agricultura y alimentación antagónico al dominante. Su objetivo: acortar la distancia entre producción y consumo, eliminar intermediarios y establecer unas relaciones de confianza y solidaridad entre ambos extremos de la cadena, entre el campo y la ciudad; apoyar una agricultura campesina y de proximidad que cuida de nuestra tierra y que defiende un mundo rural vivo con el propósito de poder vivir dignamente del campo; y promover una agricultura ecológica y de temporada, que respete y tenga en cuenta los ciclos de la tierra. Asimismo, en las ciudades, estas experiencias permiten fortalecer el tejido local, generar conocimiento mutuo y promover iniciativas basadas en al autogestión y la autoorganización.

De hecho, la mayor parte de los grupos de consumo se encuentran en los núcleos urbanos, donde la distancia y la dificultad para contactar directamente con los productores es más grande, y, de este modo, personas de un barrio o una localidad se juntan para llevar a cabo "otro consumo". Existen, asimismo, varios modelos: aquellos en que el productor sirve semanalmente una cesta, cerrada, con frutas y verduras o aquellos en que el consumidor puede elegir qué alimentos de temporada quiere consumir de una lista de productos que ofrece el campesino o campesinos con quien trabaja. También, a nivel legal, encontramos mayoritariamente grupos dados de alta como asociación y unos pocos, de experiencias más consolidadas y con larga trayectoria, con formato de sociedad cooperativa (Vivas, 2010).

Un poco de historia

Los primeros grupos surgieron, en el Estado español, a finales de los años 80 y principios de los 90, mayoritariamente, en Andalucía y Catalunya, aunque también encontramos algunos en Euskal Herria y el País Valencià, entre otros. Una segunda oleada se produjo en los años 2000, cuando éstas experimentaron un crecimiento muy importante allá donde ya existían y aparecieron por primera vez donde no tenían presencia. A día de hoy, estas iniciativas se han consolidado y multiplicado de manera muy significativa, en un proceso difícil de cuantificar debido a su propio carácter.

El auge de estas experiencias responde, desde mi punto de vista, a dos cuestiones centrales. Por un lado, a una creciente preocupación social acerca de qué comemos, frente a la proliferación de escándalos alimentarios, desde hace algunos años, como las vacas locas, los pollos con dioxinas, la gripe porcina, la e-coli, etc. Comer, y comer bien, importa de nuevo. Y, por otro lado, a la necesidad de muchos activistas sociales de buscar alternativas en lo cotidiano, más allá de movilizarse contra la globalización neoliberal y sus artífices. De aquí, que justo después de la emergencia del movimiento antiglobalización y antiguerra, a principios de los años 2000, una parte significativa de las personas que participaron activamente en estos espacios impulsaran o entraran a formar parte de grupos de consumo agroecológico, redes de intercambio, medios de comunicación alternativos, etc.

Comer bien versus cambio político

De este modo, observamos dos sensibilidades que integran a menudo dichas experiencias. Una que apuesta, en términos generales, por "comer bien", dando un mayor peso a cuestiones relacionadas con la salud y otra que, a pesar de tener en cuenta estos elementos, enfatiza más el carácter transformador y político de estas iniciativas. He aquí el reto de los grupos y las cooperativas de consumo, reivindicar una alimentación sana y saludable para todo el mundo. Lo que implica no perder de vista la perspectiva política de cambio.

Si queremos una agricultura sin pesticidas ni transgénicos es necesario empezar por exigir la prohibición de los cultivos transgénicos en el Estado español, puerta de entrada, y paraíso, de los Organismos Genéticamente Modificados en toda Europa. Si queremos una agricultura de proximidad, que no contamine el medio ambiente, con alimentos que recorren miles de kilómetros de distancia (Amigos de la Tierra, 2012), es imprescindible una reforma agraria y un banco público de tierras, que en vez de especular con el territorio lo haga accesible a quienes quieren vivir de trabajar la tierra. En definitiva, o cambiamos radicalmente este sistema o "comer bien" se convertirá en un privilegio sólo accesible para quienes se lo puedan permitir.

Los grupos de consumo son sólo un primer paso para avanzar hacia "otra agricultura y otra alimentación", pero deben ir más allá y cuestionar el sistema político y económico que sustenta el actual modelo agroalimentario. La comida, como la vivienda, la sanidad, la educación..., no se vende, se defiende.


Referencias bibliográficas
Amigos de la Tierra (2012) Alimentos kilométricos en: http://issuu.com/amigos_de_la_tierra_esp/docs/informe_alimentoskm
Desmarais, A. (2007) La Vía Campesina. La globalización y el poder del campesinado. Madrid. Editorial Popular.
GRAIN (2008) El negocio de matar de hambre en: http://www.grain.org/articles/?id=40
Vivas, E. (2010) “Consumo agroecológico, una opción políticas” en Viento Sur, nº 108, pp. 54-63.


*Artículo publicado en la revista Ae Agricultura y Ganadería Ecológica de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica, nº11, primavera 2013.

+info: http://esthervivas.com

Diez experiencias de autogestión

Diez experiencias de autogestión que demuestran que otro mundo es posible - 
Sin dinero

Hoy me he atrevido a publicar un “Top ten” de experiencias de autogestión que a mi juicio todo el mundo debería conocer, y cuyo éxito nos demuestra que otro mundo es posible y que la utopía es una cuestión de voluntad y perseverancia. Como no era mi intención explayarme mucho, sólo he adjuntado un breve texto introductorio a cada iniciativa…quien quiera profundizar sólo tiene que visitar los enlaces correspondientes y/o investigar utilizando los socorridos buscadores. Al ser una lista de únicamente diez proyectos autogestionarios, soy consciente de haberme dejado en el tintero unos cuantos más que sin duda merecen integrar la misma (pido disculpas a los “excluidos”). Por ello, invito a las personas interesadas a compartir con nosotros esas experencias basadas en los principios de asamblearismo, horizontalidad y autogestión, con el fin de aportar más ejemplos que apoyen nuestra fe en otro modelo de organización social.

1) Escuela Popular de la Prospe : la Prospe es una escuela autogestionaria de personas adultas que funciona de forma asamblearia. Surgió en 1973 en el barrio de Prosperidad, en Madrid, bajo la dictadura franquista, como respuesta a las relativamente altas tasas de analfabetismo en el barrio y ante la necesidad de un movimiento asociativo vecinal no clandestino.

2) Lakabe, ecoaldea autogestionada : Lakabe es experiencia comunitaria que nació en 1980 con la “okupación” y recuperación de un pueblo en el norte de Navarra por parte de unas treinta personas. Puede decirse que la mítica ecoaldea ha conseguido la autosuficiencia, coexistiendo en perfecta armonía con el entorno natural, y habiéndose convertido en un referente dentro del movimiento neo-rural.

3) Biblioteca Popular de Aluche “La Candela” : la Biblioteca Popular de Aluche “La Candela” (Madrid) lleva funcionando desde el 2001 gracias a la donación de materiales y libros (que no se encuentran en las bibliotecas oficiales) por parte de los vecinos del barrio. Se practica la autogestión con el objetivo de conseguir una autonomía e independencia completa que mantenga el proyecto fuera de la influencia de las instituciones y sus subvenciones mediatizadoras.

4) Bajo el Asfalto está la Huerta (BAH) : El BAH es una cooperativa agroecológica (de producción-distribución-consumo) que sigue los principios de la autogestión y el asamblearismo. Surgió a comienzos del otoño de 1.999 con la “okupación” pacífica de una finca en desuso.

5) Hotel Bauen, “okupado” y autogestionado : “el hotel Bauen de Buenos Aires, creado durante la dictadura militar argentina para recibir huéspedes en el mundial de fútbol del año 1978, fue centro de reunión de todas las expresiones del capitalismo nativo e internacional. Ante la crisis, los dueños deciden cerrar y despedir a los trabajadores. Después de grandes debates se decide resistir y ocupar las instalaciones. Hoy es una empresa autogestionada y un intento de crear nuevas relaciones sociales”

6) “Strike Bike”, fábrica “okupada” en Alemania : “Ocurrió en julio del 2007, 124 trabajadores se resistieron a abandonar su trabajo en la fábrica de bicicletas Bike Systems (Nordhausen, ex-RDA), recientemente adquirida por una compañía yankee cuyo objetivo era el desmantelamiento de la misma. Los trabajadores ocuparon la fábrica y decidieron reanudar la producción de bicicletas de forma autogestionada”

7) Zanon, un laboratorio de autogestión obrera en Argentina : FaSinPat (Fábrica Sin Patrones), conocida anteriormente como Zanon, es una fábrica de cerámicas controlada por los trabajadores en la provincia argentina de Neuquén, y una de las más emblemáticas en el movimiento argentino de recuperación de fábricas.

8) Huertos comunitarios de Can Masdeu (Barcelona) : según wikipedia…”Can Masdeu es un centro social ocupado, residencia y huerto comunitario en el parque Collserola a las afueras de Barcelona”. Y extraído de elperiodico.com, “Can Masdeu es mucho más que una masía okupada. Se trata de una comunidad formada por 25 adultos y tres niños que viven de forma prácticamente autónoma y autogestionada en plena naturaleza, a pocos metros de la metrópoli,”

9) Patio Maravillas (Madrid) : famoso centro “okupa” madrileño (Espacio Polivalente Autogestionado, según los impulsores del proyecto) que arrancó con la “okupación” en verano del 2007 de un antiguo colegio en la calle Acuerdo 8. Tras el desalojo de esa primera ubicación, se han trasladado a la calle Pez 21, donde siguen desarrollando un sinfín de actividades (taller de reparación de bicicletas, activismo hacklab, proyecciones de cine, talleres de todo tipo, etc etc).

10) Radio ELA, Emisora Libre Autogestionada (Madrid): Radio ELA es un proyecto de comunicación autogestionado que practica la contrainformación y la disidencia. “Radio ELA se construye colectivamente, funcionamos en asamblea, todo aquel que se acerca al micro es gestor de nuestra radio. Renunciamos a la subvención, publicidad o cualquier modelo de sostenibilidad tutelado, nos procuramos nuestros recursos, trabajamos para nosotros.”

Vamos despacio porque vamos lejos. Movimiento slow y sostenibilidad

José Luis Fernández Casadevante - Cinco años para actuar

    “Los blancos tienen el reloj pero no tienen tiempo”.

- Proverbio africano.

La noción del tiempo de nuestras sociedades es una de las variables que de forma menos evidente afectan a la insostenibilidad global. La visión lineal del tiempo que caracteriza a la sociedad industrial, supone una aceleración temporal basada en maximizar la productividad, concepción que choca con los tiempos lentos y cíclicos de la naturaleza.

Como muy bien nos enseña Jorge Riechmann en su texto Tiempo para la vida (pdf), la contaminación puede concebirse como un desacople entre el ritmo de emisión de vertido de residuos y el tiempo necesario para asimilarlos y regenerarlos por parte de la naturaleza. Una lógica que también encontramos en la idea de recursos renovables, pues este proceso de regeneración de la biosfera tiene unos tiempos propios que no pueden acelerarse.

La crisis energética y el cambio climático pueden leerse también como un choque temporal, entre los cerca de trescientos millones de años que ha tardado la biosfera en producir los combustibles fósiles y los trescientos años de civilización industrial que han tardado en consumir más de la mitad de dichos recursos disponibles. Trescientos años en tiempo geológico es un instante, un breve lapso de tiempo en el que se han arrojado a la atmósfera gases un millón de veces más rápido de lo que tardaron en generarse.

Además de la dimensión ambiental, el tiempo estructurado en torno a la organización del trabajo y el mercado está provocando severos problemas para el cuidado de la vida. Las dificultades crecientes para conciliar la vida profesional y familiar, la creciente ansiedad y el estrés laboral que suponen en la actualidad una de cada cuatro bajas laborales, la ruptura de temporalidades tradicionales (tiempo de ocio y trabajo, la ruptura del tiempo local y la sincronización de un tiempo global…), la proliferación de acelerados estilos de vida que dificultan el cuidado del cuerpo y sus biorritmos, la devaluación del tiempo social dedicado a la construcción de vínculos sociales…

Ante esta vorágine se ha ido produciendo un elogio de la lentitud, del cuidado de los procesos y no solo de los fines, del manejo pausado del tiempo como sinónimo de calidad de vida. Una de las referencias simbólicas de este proceso es el movimiento slowfood, fundado en 1986 por el periodista y gastrónomo italiano Carlo Petrini (pdf), como una forma de resistir a la aceleración mediante la revalorización de las culturas gastronómicas locales (variedades locales y biodiversidad, cultivos y recetas tradicionales, vinculación entre restauración y patrimonio territorial, programas educativos, etc.). Tras más de treinta y cinco años de andadura, actualmente se encuentra implantado en 153 países y cuenta con más de cien mil personas asociadas.

Un movimiento que desde la cultura gastronómica ha evolucionado hacia la promoción de los presupuestos de la soberanía alimentaria, evidenciando que en los tiempos actuales comer es un acto político. Uno de los colectivos más activos en nuestra geografía, dentro del movimiento slowfood, sería el colectivo de cocineros, principal impulsor de iniciativas como la de los restaurantes “kilometro 0”, que promueve el uso en hostelería de variedades locales, producidas en entornos próximos y compradas directamente a los agricultores.

Una dinámica que ha tenido su adaptación al urbanismo mediante la creación de Cittaslow, una red de ciudades por la calidad de vida, que traduce a las políticas urbanas los principios del show. Ciudades menores de 50.000 habitantes, que se comprometen a hacer un ordenamiento territorial inspirado en la sostenibilidad urbana, la recuperación del patrimonio agrario y ganadero tradicional, facilitar relación entre productores y consumidores… .

El movimiento slow simboliza una filosofía en la que calidad de vida, sostenibilidad y manejos alternativos del tiempo se dan la mano. Una cultura de la lentitud, como plantean desde slowpeople, en la que dar espacio a las alternativas a la aceleración que condiciona nuestras vidas: comida, desplazamientos, relaciones personales… Más, antes y más rápido no son sinónimos de mejor, como se muestra en el documental Slow: una nueva cultura del tiempo.

Una dinámica que ha terminado permeando muchas de las iniciativas vinculadas al decrecimiento o las ciudades en transición, que han puesto en marcha iniciativas como bancos de tiempo. Defender una reapropiación colectiva del tiempo que permita desarrollar su faceta relacional, intercambiando servicios a la vez que se genera tejido social y complicidad vecinal.

Y aunque la crisis energética y climática es realmente urgente… sigamos el refrán que afirma vayamos despacio que tengo prisa, demos tiempo al tiempo y no nos aceleremos a la hora de construir alternativas si queremos que estas sean consistentes.


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Huertos compartidos

Huertos Compartidos, bajo la filosofía "Tú cultivas, yo te dejo la tierra" pone en contacto a quienes quieren cultivar, pero no disponen de terrenos, con aquellas personas que tienen terrenos pero no tiempo para trabajarlos, fomentando la cesión gratuita de los mismos a cambio de compartir la cosecha.

Para ello, estamos desarrollando unas serie de herramientas en la web huertoscompartidos.es: formularios de propietarios y hortelanos, mapa de participantes, bases de datos y el modelo de contrato (elaborado por un equipo de abogados) son las bases del proyecto.

En apenas unos meses, ya somos más de 350 usuarios y usuarias, y la página web ha recibido más de 17.000 visitas. Huertos compartidos promueve los huertos urbanos ecológicos, creando una comunidad de nuevos hortelanos.

Necesitamos darnos a conocer. Para ello, a demás de la web como una herramienta potente acorde con nuestros objetivos, queremos disponer un vídeo y difundirlo por Internet. Con la ayuda de Goteo, también queremos impulsar la red social de Huertos Compartidos en la plataforma Ning huertoscompartidos.ning.com/

Agroecología y soberanía alimentaria


Propuestas para el decrecimiento desde la actividad agropecuaria.
Daniel López García y Mireia Llorente Sánchez, Área de Agroecología y Soberanía Alimentaria, Ecologistas en Acción
La agroecología, junto con el concepto de soberanía alimentaria, constituyen un arsenal ideológico y práctico que permite cuestionar la insostenibilidad de la actividad agraria industrial. Pero, más que eso, ambos conceptos marcan una línea de trabajo hacia la sostenibilidad y el decrecimiento, en la medida que alientan el autoabastecimiento, respetan la biodiversidad o potencian los canales cortos de comercialización.
El crecimiento económico se ha querido vincular a una mayor justicia social y distribución de la riqueza, y se ha abanderado incluso en defensa del cumplimiento de los derechos humanos. Sin embargo, es claro que dicho crecimiento no ha tenido estas consecuencias positivas de forma generalizada, más bien al contrario. En particular, en el medio rural “el crecimiento económico ha traído como consecuencia una profunda transformación (entre otras) del campo y de las sociedades campesinas, de acuerdo a los lineamientos de los conceptos capitalistas sobre la tierra, la agricultura y la crianza de los animales” [1].
La industrialización de la actividad agraria ha sido impulsada por medio de la denominada Revolución Verde, caracterizada por un paquete tecnológico igual para todo el planeta, compuesto por pesticidas y fertilizantes químicos, semillas híbridas (y frecuentemente transgénicas), regadíos masivos, una fuerte mecanización y uso de combustibles fósiles. Desde mediados del siglo XX, la Revolución Verde prometió acabar con el hambre en el mundo, combinando la tecnologización de la producción agraria, su mercantilización y la globalización de los canales de comercialización agroalimentarios.
Sin embargo, tras más de medio siglo de implementación, hoy sabemos que la Revolución Verde no era lo que parecía: el número de personas hambrientas no para de crecer y millones de personas se ven obligadas cada año a emigrar a las ciudades de todo el planeta, ya que las tierras en las que habitaban hoy se destinan a la agroexportación, mientras los mercados locales quedan desabastecidos. A su vez, la Revolución Verde ha generado importantes problemas ambientales: deforestación y desertificación que han contribuido al cambio climático; contaminación y agotamiento de suelo y acuíferos; pérdida de biodiversidad cultivada; y lo que resulta más absurdo, la generalización de la alimentación basura.
Ante la actual crisis alimentaria y ecológica, los países ricos y los organismos internacionales vuelven a proponer como solución el aumento de la producción y el fomento del paquete tecnológico que incorpora las semillas transgénicas y garantiza a las mismas multinacionales un incremento del consumo de agroquímicos. Frente a esta propuesta, construida alrededor del concepto de seguridad alimentaria [2], la soberanía alimentaria se ha convertido en estandarte de diversas organizaciones y movimientos sociales como estrategia frente a la noción dominante de desarrollo. De este modo, se lanza el debate más allá de lo agropecuario, incorporando los aspectos culturales y, sobre todo, el cuestionamiento de la base misma del sistema capitalista [3]. La soberanía alimentaria, en resumen, cuestiona el actual modelo agroalimentario y la pérdida de control de la población sobre el mismo, al tiempo que propone los canales cortos de comercialización y las producciones ecológicas como alternativas de sustentabilidad social y ecológica.
La agroecología: una propuesta hacia la sostenibilidad
En el Estado español, la agricultura ecológica cubre actualmente un 5% de la superficie cultivada, con crecimientos anuales que superan el 10%, y supone una alternativa importante para muchas pequeñas explotaciones agrarias. Sin embargo, lo que representaba de alternativa sociopolítica y de movimiento social, ha sido eclipsado por su exitosa irrupción en el gran mercado, manejado por las grandes superficies de distribución agroalimentaria que actualmente controlan el 65% de la comercialización, y la mayor parte a través de marcas blancas.
Ampliando la noción de agricultura ecológica, la agroecología se define como el “manejo ecológico de los recursos naturales a través de formas de acción social colectiva que presentan alternativas al actual modelo de manejo industrial de los recursos naturales mediante propuestas, surgidas de su potencial endógeno, que pretenden un desarrollo alternativo desde los ámbitos de la producción y la circulación alternativa de sus productos, intentando establecer formas de producción y consumo que contribuyan a encarar la crisis ecológica y social, y con ello a enfrentarse al neoliberalismo y a la globalización económica” [4]. Esta definición ofrece varias claves de cara a construir modelos sociales que reduzcan el metabolismo social y sus impactos socioecológicos negativos. Claves que gravitan en torno a lo colectivo y lo local, y plantean alternativas a la lógica capitalista de la economía mercantil y el crecimiento ilimitado.
La agroecología se lleva a la práctica de muy diversas maneras, pero basadas en ella se encuentran nuevas formas de organización de los pequeños productores ecológicos con los numerosos grupos y cooperativas de consumo de todo el territorio. Estos grupos, si bien alcanzan una escasa importancia económica (unas 1.500 familias en Euskadi, 1.200 en Andalucía, 1.000 en Catalunya o en la Comunidad de Madrid), suponen un importante movimiento social por su amplia implantación territorial, su crecimiento constante y la diversidad de formas que adopta. Los colectivos más ideologizados (como aquellos incluidos dentro de lo que se ha llamado cooperativas agroecológicas, con referencia en el BAH! madrileño) y los más organizados están abriendo, a su vez, importantes espacios de encuentro, reflexión y acción política en aspectos como el consumo o el mercado agroalimentario –de lo local a lo global–, o en temas más concretos como el de las semillas o los transgénicos.
Los canales cortos de comercialización como propuesta de decrecimiento
Los mercados locales nos acercan hacia la relocalización de las economías y de los flujos de los medios de producción y los bienes de consumo, frente a la pérdida de control por parte de las comunidades locales que ha provocado la globalización agroalimentaria. Los beneficios ambientales asociados a la reducción de las distancias de transporte son directos: disminuir el consumo de petróleo, frenar la construcción de infraestructuras de transporte de alta capacidad, etc. También se hacen innecesarios los embalajes excesivos, que sólo encuentran su sentido al convertir en duradero y atractivo a un producto anónimo que se consume por igual en cualquier parte del planeta. Y de forma inversa, al reducir la escala del consumo, se hace posible el reaprovechamiento de los residuos y cerrar en mayor medida los ciclos ecológicos.
Por último, la eliminación de intermediarios en los circuitos económicos reduce ineficiencias en la distribución e incrementos innecesarios en los precios. La relación directa entre producción y consumo, dentro de una misma comunidad percibida mutuamente, nos protege de un sistema global de precios que oculta externalidades sociales y ecológicas de la circulación de las mercancías, y permite además el establecimiento de procesos sociales de valorización de los bienes y servicios, que recuperan así su valor de uso para una comunidad concreta.
Con el acortamiento de los canales comerciales se hacen innecesarios, además, ciertos servicios a la producción (marketing y publicidad, servicios a la distribución, logística y gestión de stocks, etc.), que en la práctica son la espina dorsal de la economía global [5], y que se llevan muy buena parte del precio final de los productos manufacturados, generando fugas de capitales desde lo local hacia la economía global, en lo que [6].
En cualquier caso, a partir de un análisis de la economía desde la óptica del decrecimiento, la actividad agropecuaria aparece como una de las pocas actividades económicas imprescindibles para las sociedades humanas. Esta idea nos debe llevar a un análisis crítico de la estructura macroeconómica de nuestras sociedades, y en concreto del Estado español, en el que un 70% de la riqueza que se genera (medida a partir del PIB), proviene del sector servicios. Si tuviésemos que prescindir de algunas actividades económicas, porque no hay riqueza para pagarlas, sin duda todo este sector caería. Quizás debemos irnos preparando para posibles escenarios futuros en los que la escasez de petróleo, o directamente la escasez de dinero, nos obligue a cubrir nuestras necesidades por nosotros/as mismas (si es posible de forma comunitaria), cuando no podamos pagar los precios de la distribución comercial y los servicios al consumo. Y quizá no sea tan malo.
La crisis capitalista como tierra fértil para alternativas de sostenibilidad En cualquier caso, la crisis del sector de la construcción está haciendo que muchas personas del medio rural retomen la actividad agraria, aunque sea informalmente, ante la carencia de otras fuentes de ingreso. A su vez, cierto número de jóvenes (y no tan jóvenes) urbanos abandonan las ciudades para buscar formas de vida con menos gastos en el medio rural, ya sea porque allí es todo más barato, porque hay menor necesidad (y oferta) de consumo superfluo, o porque es más fácil cubrir ciertas necesidades (las alimentarias, por ejemplo, pero también otras más relacionadas con la sociabilidad) sin tener que recurrir al consumo, siendo posible la autoproducción. Los campos infrautilizados o abandonados se convierten, de repente, en una alternativa de subsistencia para aquellas personas que resultan excluidas del mercado en esta crisis.
Este proceso de recampesinización del que algunos/as hablan [7] puede dejar de ser meramente marginal, y convertirse en un movimiento social de cambio en transición hacia modelos de sociedad más descentralizados y menos consumistas. El establecimiento de redes y alianzas entre movimientos sociales urbanos y pequeños agricultores/as ecológicos/as, neorrurales o no, puede facilitar, por un lado, la supervivencia de pequeñas experiencias productivas sostenibles. Y, por otro lado, una puerta abierta para conectar la ciudad con el campo, y permitir que más gente abandone un modo de vida, el urbano-industrial, profundamente insostenible.
Si bien las culturas rurales tradicionales han adolecido de profundos rasgos patriarcales y de injusticia social, que aún subsisten en gran medida, a la vez son portadoras de valores constituyentes de la sociedad que queremos, tales como el trabajo y la propiedad colectivas, el autoabastecimiento, la autonomía y la biodiversidad como estrategia para la seguridad y la estabilidad social y ecológica. En nuestras manos está la posibilidad de recuperar el conocimiento tradicional (el saber-hacer) para la sostenibilidad, antes de que las últimas generaciones de campesinos desaparezcan del territorio español; y con ellas las herramientas, las instituciones tradicionales comunales (que no públicas o estatales), las infraestructuras (acequias, molinos, caminos…), y las semillas y las razas ganaderas tradicionales asociadas.
Proyecto Ecoagroculturas El Proyecto de Fomento de la Agricultura Ecológica Ecoagroculturas (2009-2011) se está desarrollando en Extremadura, Castilla-La Mancha y Andalucía. Pretende mejorar la producción de las fincas ecológicas, facilitar la puesta en marcha de nuevas experiencias y favorecer la conversión al cultivo ecológico de fincas convencionales. Realiza una fuerte apuesta por los ciclos cortos de comercialización, y en este sentido dedica importantes recursos para el fomento del consumo de alimentos ecológicos, y para la conexión entre producción y consumo. Para lograr estos objetivos, se realizan acciones de sensibilización, formación y asesoría, tanto para la producción como para el consumo. Para más información, consultar www.ecologistasenaccion.org/agriculturaecologica

Notas


[1] Escobar, Arturo. 2005. “El ‘postdesarrollo’ como concepto y práctica social” en: Daniel Mato (coord.), Políticas de economía, ambiente y sociedad en tiempos de globalización. 17-31 pp. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Central de Venezuela, Caracas.
[2] Lydia Medland: “¿Seguridad o Soberanía Alimentaria?” En Ecologista nº 63, invierno 2009/10
[3] REDES-Amigos de la Tierra Uruguay (2008). www.redes.org.uy/wp-content/uploads/2008/12/derechos_humanos.pdf
[4] Sevilla Guzmán, E., 2006. “Agroecología y agricultura ecológica: hacia una ‘re’ construcción de la soberanía alimentaria”. Agroecología, nº 1. Universidad de Murcia.
[5] Ver Sassen, S., 1999. La Ciudad Global. Nueva York, Londres, Tokio. Universidad de Buenos Aires.
[6] José Manuel Naredo denomina la regla del notario José Manuel Naredo, 2006. Raíces Económicas del Deterioro Ecológico y Social: Más allá de los dogmas. Siglo XXI.
[7] Van der Ploeg, J. D. 2008. The new peasantries. Earthscan.