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El Decrecimiento a debate en el Parlament de Catalunya. Entrevista a Sergi Saladié, parlamentario de la CUP-Crida Constituent

15/15\15 

En el pleno del día 7 de setiembre la CUP interpelará al Govern catalán, en la figura del Vicepresidente y Conseller de Economía y Hacienda, Oriol Junqueras, al respecto de los límites del crecimiento y de la necesidad de asumir las tesis del movimiento decrecentista y por la resiliencia. En el mismo acto, la formación de la izquierda independentista presentará una moción que puede abrir el camino al abandono del crecimiento económico en un país encaminado a su secesión del Estado Español. La revista 15/15\15 entrevista a Sergi Saladié, el parlamentario que presentará mañana estas iniciativas.





15/15\15: Sergi, explícanos qué es exactamente lo que será presentado mañana por vuestra formación en el pleno del Parlament.

Saladié: Pues técnicamente presentaremos una interpelación al Govern de la Generalitat, concretamente a su Vicepresidente i Consejero de Economía y Hacienda, Oriol Junqueras. Expondremos la necesidad de avanzar y concretar políticas públicas para el decrecimiento, así como una serie de propuestas que el Govern podría empezar a concretar.

15/15\15: Que sepamos, es la primera iniciativa de este tipo que introduce tan claramente el debate del Decrecimiento en un parlamento en el Estado Español, e incluso a nivel europeo. ¿Conocéis alguna otra iniciativa similar? ¿Os ha costado mucho dar este paso?

Sergi Saladié i Gil

Saladié: No conocemos otra iniciativa similar. Inicialmente como organización política (CUP), y específicamente como grupo parlamentario (CUP-Crida Constituent), nos habíamos propuesto presentar una proposición de ley de Decrecimiento en el Parlament de Catalunya aun sabiendo que seguramente no contaríamos con los apoyos necesarios para su tramitación. La idea de fondo era abrir el debate sobre el decrecimiento en el Parlament de Catalunya y por extensión en la política catalana. La situación política y el calendario de la legislatura, junto con la convocatoria del referéndum para el 1 de Octubre, nos ha hecho optar por un instrumento más ágil como es una interpelación.

15/15\15: ¿Qué expectativas tenéis? Es decir, ¿cuál es el resultado de máximos y de mínimos que esperáis de esta iniciativa que presentáis mañana?

Saladié: En la interpelación expondremos nuestros argumentos sobre la necesidad de avanzar y concretar el decrecimiento en nuestra sociedad, y escucharemos el posicionamiento del Govern. La concreción de posibles logros se plasmará en la moción subsiguiente a la interpelación que se debatirá en el siguiente pleno del Parlamento. En esa moción plantearemos un documento de mínimos donde instaremos al Govern a crear una comisión intergubernamental y transversal de expertos en decrecimiento, y la introducción del debate del decrecimiento en el futuro proceso constituyente catalán.

15/15\15: Creo que a mucha gente le va a chocar, tanto dentro como fuera de Catalunya, que en plena vorágine política del Procés hacia la independencia, con el referéndum a las puertas, vuestra formación introduzca precisamente ahora este tema, que no es precisamente un tema light. ¿Cómo lo vinculáis con el Procés y por qué habéis elegido presentarlo en este momento histórico?

Sergi (cuarto en la fila de arriba) con sus compañer*s de la CUP-CC en el pleno del 6 de setiembre. Foto: CUP.

Saladié: Desde nuestra organización vemos en el proceso hacia la independencia de Catalunya una oportunidad de ruptura con un régimen político, sí, pero sobretodo una vía que abre oportunidades de transformación social, económica y política que permita conseguir una auténtica soberanía, especialmente en aquellos aspectos básicos para el desarrollo de la vida, como la energía o la alimentación. Y entendemos que el Decrecimiento es una vía imprescindible para conseguir esas soberanías.

15/15\15: Suponemos que es válido interpretar que la postura decrecentista es ya mayoritaria en vuestra formación. ¿Ha sido un debate interno difícil? ¿Qué puedes contarnos del proceso que ha situado a la CUP a la vanguardia, si nos permites la expresión, de la actualización en términos post-crecimiento de las izquierdas en esta parte del mundo?

Saladié: No suponga tan rápido (jajaja). El debate en el seno de la organización justo empieza a partir del subgrupo de trabajo de energía y decrecimiento que hace llegar una propuesta al grupo parlamentario, y este grupo estima oportuno darle recorrido político. Paralelamente, este subgrupo de trabajo promovió un debate en torno al Decrecimiento en la Escola d’Estiu de la CUP de la CUP realizada en julio pasado. El debate interno acaba de empezar, y en este sentido la interpelación puede ser un elemento que también contribuya a generar ese debate interno.
15/15\15: Conocerás la famosa frase de Juan Carlos Monedero, que refleja no sólo la postura asumida sotto voce por Podemos sino por el conjunto de la izquierda mayoritaria en el Estado Español, de que “hablando de decrecimiento no se ganan elecciones”. La CUP no parece temer un coste en términos electorales de los pasos que está tomando situándose como formación no sólo anticapitalista y soberanista sino ahora también decrecentista. ¿Es así?

Interpel·lació sobre el decreixement (p. 1) 

Saladié: La CUP no se guía por criterios de rentabilidad electoral, y en este sentido siempre expresamos nuestros posicionamientos políticos sin matices ni medias tintas. Por tanto, nuestra organización no le tiene miedo a hablar públicamente de Decrecimiento y plantear un debate político abierto en el Parlament. 

Otra cosa es que la CUP ya se sitúe como una organización decrecentista. Enlazando con la pregunta anterior, la CUP aún no ha acordado posicionarse como decrecentista en ninguno de sus órganos de decisión interno. El continuo trabajo del subgrupo de trabajo de energía y decrecimiento esperemos que permita introducir el debate en el seno de la organización y que esta se pueda posicionar como decrecentista en un futuro no muy lejano.

15/15\15: Las miradas de buena parte de la izquierda, no sólo la decrecentista, sino también la que aún basa sus políticas en el crecimiento económico, e incluso desde fuera del Estado Español, estarán mañana en el Parlament. ¿Vais a publicar los documentos que presentaréis? ¿Se podrá seguir en directo vuestra intervención y el debate posterior?

Sí, la idea es poder colgar los documentos de la interpelación tanto en el web de la CUP como en diversos webs decrecentistas.

Como el pleno se prevé complicado por la tramitación de varias leyes relacionadas con el Referendum, el orden del día previsto se verá alterado. Aun así, por medio del web del Parlament de Catalunya se podrá seguir la interpelación en directo en el momento en que se produzca.

El buen vivir


El buen vivir constituye un paradigma de sociedad sustentable basado en el acoplamiento equilibrado y equitativo entre economía y naturaleza, de tal suerte que la “vida entera” esté garantizada para la especie humana. Y aquí cabe una precisión fundamental: en una relación de reciprocidad entre seres humanos y naturaleza, la especie humana al garantizarse a si misma su continuidad garantiza la supervivencia de todo lo demás facilitando que los encadenamientos tróficos fluyan sin quebrantos y los ecosistemas mantengan su equilibrio y así puedan cumplir su misión ecológica de sustentar toda forma de vida; es digamos un circulo virtuoso de ecología viva.

Implica a su vez deshacernos de visiones aparentemente novedosas sobre sustentabilidad y sostenibilidad, pero que buscan más la sostenibilidad del capital que de la naturaleza, por ello, Escobar señala que “En el Tercer Mundo, el discurso del desarrollo sostenible redefine al medio biofísico como "ambiente", y concibe a éste como una reserva para el capital. Más aún, dentro de este discurso es imposible hablar de naturaleza como construcción socio-cultural. La "naturaleza" desaparece al ser reemplazada por el "ambiente"; se declara así la muerte semiótica de la naturaleza como agente de creación social. Al mismo tiempo, el desarrollo sostenible reduce la ecología a una mayor forma de eficiencia. Se trata ahora de producir más a partir de menos, y con mayor racionalidad.

Por otro lado, la biotecnología se erige como encargada de asegurar el uso eficiente y racional de los recursos. En los últimos años, las comunidades locales y los movimientos sociales están siendo llamados a participar en estos esquemas como "guardianes" del capital social y natural. De esta forma, discursos tales como los de la biotecnología y la biodiversidad asisten al capital en la conquista semiótica del territorio: las comunidades, o sus sobrevivientes, son finalmente reconocidos como dueños legítimos de "sus recursos" ‑o lo que queda de ellos‑ pero sólo en la medida en que acepten ver y tratar estos recursos (y ellos mismos) como "capital" a ser puesto en circulación en beneficio del proceso de acumulación.”

Pero esta entrada ecológica requiere de cambios fundamentales en el entendimiento del sentido de la vida por parte de la especie humana, ello implica que la economía cobre una dimensión diferente al crecimiento económico y a la acumulación capitalista. El fetiche del consumo que la empresa capitalista nos inyecta en los poros de nuestro imaginario sobre la realización de la felicidad al poseer sus productos es la gran alienación de lo humano sobre los elementos constitutivos del ser: solidaridad, comunidad, respeto, paz, sencillez, etc.

Extraído de El buen vivir, más allá del desarrollo: la nueva perspectiva constitucional. Patricio Carpio Benalcázar

La apuesta por el decrecimiento en tiempos de crisis

Enric Duran - Crisi

Habíamos dicho ya, cuando empezábamos a movernos por el decrecimiento, que la crisis que imaginábamos que iba a venir, seria una oportunidad para el cambio, pero ahora que la tenemos aquí con toda su envergadura, que se prevé larga y que sabemos que no tendremos mejor oportuinidad. ¿Cómo hacemos para que no nos supere?. ¿Qué estrategia debemos coger como movimiento ante estos momentos claves?.

Por otra parte quizá hemos leído también en algun artículo una cita que dice “no hay nada peor que una sociedad de crecimiento sin crecimiento”

Ciertamente la disminución precipitada de la actividad económica que vive nuestro mundo, representa un soplo de aire fresco para nuestro planeta, pero al mismo tiempo, millones de personas estan viviendo sus consecuencias directas en el hambre, la ruina de su economia familiar, y el cierre de númerosos negocios. ¿Cómo podemos responder ante esto?.

Muchos de nosotros estamos ya apostando por cambios en los hábitos personales y por proyectos colectivos que nos permiten apartar cada vez más aspectos de nuestra vida de la dinámica capitalista dominante. A la vez, organizamos actos, charlas, pases de documentales, jornadas, para conscienciar e implicar a más gente en estas respuestas prácticas. Pero, ¿es suficiente con la práctica y la concienciación?. ¿Podemos aspirar a más?.

Cuando la corriente sigue tirando hacia la solución individual y cortoplacista, se hace difícil imaginar como estas pequeñas alternativas pueden llenarse de nuevos pobladores, sin que cambie la corriente. Motivos como la presión social y familiar, los probelmas económicos, u otros relacionados con las dificultades de nadar a contracorriente hace que los participantes sean menos que los que desearíamos y que incluso muchos precursores tengamos serias dificultades para integrar los distintos aspectos de nuestra vida en la construcción de alternativas comunitarias.

Para salir de ese círculo, la crisis puede ser un buen momento, pero sólo si sabemos hacer confluir concienciación y necesidad. Necesitamos crear un plan de acción y organización social que responda a las necesidades de los excluidos en estos tiempos de crisis. ¿Podemos llevarlo a cabo?

Yo estoy convencido de que sí, y creo que es nuestra responsabilidad hacerlo. Para que este movimiento pueda conseguir su objetivo, debe conseguir dos cosas muy claras pero de largo alcance:

– Dar soluciones prácticas a la gente común que está siendo afectada por esta crisis. A la gente que lo más importante que tiene en la cabeza es darle de comer a sus hijos. Estas propuestas sobre el terreno deben demostrar a pequeña escala la solidez de la propuesta de cambio social que estamos proponiendo.

– Construir una oposición social valiente, con un discurso claro que permita que en el imaginario social entre con fuerza la idea que hay otro estilo de organizar la sociedad, que con toda su complejidad y varientes es el único estilo viable para nuestro futuro y que la crisis capitalista supone el mejor momento para hacerlo. Para ello habrá que convencer y crear alianzas con otros movimientos sociales y también sectores afectados.

Para pasar a la acción desde el 'colectivo crisis' hemos organizado un apartado web en donde confluyen las propuestas vertidas en la página en sus primeros meses de funcionamiento. Porque ha llegado el momento, es hora ya de convertir las ideas en hechos. Es momento de desobedecer de este sistema para construir otro, momento de autoorganizarnos los de abajo para rebelar-nos y para cooperar, de parar el capital y para activar la autogestión. Momento de coger el control de nuestra vida, el de liberarnos a la vez a nuestro planeta y a sus gentes.

Podemos dar soluciones prácticas para el problema del paro, podemos recordar que lo que está en crisis es el valor de cambio, pero que el valor de uso lo que está es infrautilizado. Así tenemos miles de hectareas de tierras abandonadas cerca de los pueblos y ciudades y miles de naves, casas y locales abandonados, por citar dos ejemplos sintomáticos. Con todo lo que el sistema actual infrautiliza podemos generar millones de puestos de trabajo para gente que no tiene. Sabemos que el poder no lo va a hacer por nosotros porque estan en una espiral de la que no pueden salir así que tenemos que pasar a la acción, a la acción directa masiva.

Debatamos sobre como lo vamos a hacer, pero con la determinación clara de hacerlo, porque ha llegado el momento y además ética y estratégicamente no podemos hacer otra cosa.

Por ello hemos marcado un próximo dia D, el del 17 de marzo, fecha en la que presentaremos una nueva publicación masiva que al menos se imprimirá tanto en castellano como en catalan.

A las propuestas que hemos estado preparando hasta ahora, se añade otra de especial calado. La de una huelga general. Sí, una huelga para parar la economía pero no para que los lobbies capitalistas o el gobierno cedan a nuestra presión y nos hagan caso, que sabemos que no van a cambiar ni van a salir voluntariamente de su pedestal. Una huelga general para que devuelvan al pueblo todo el dinero que le han robado y podamos decidir pueblo por pueblo, barrio por barrio como gestionarlo. En fin para convertir esta crisis en una transición decrecentista hacia una alternativa de sociedad en la cual la ciudadania pueda recuperar la soberania popular.

La confianza


En un mundo en el que cada vez se censuran más los gestos de amor o solidaridad hacia el prójimo y se premian y bonifican los codazos, empujones, pisotones y bofetones, que nos permiten imponer nuestro parecer y modo de actuación (Occidente sobre el resto del mundo, los países que disponen del derecho de veto sobre los que proponen con su voto, empresarios y banqueros sobre políticos, trabajadores y ciudadanos y así sucesivamente…), parece cuanto menos simpático que quienes gobiernan nuestros destinos (que tienen rostro, pero lo ocultan a su conveniencia) nos reclamen, a través de sus medios (políticos sumisos a sus intereses o mediante un excepcional manejo de los medios de comunicación de masas), la consabida confianza en sus fines (la presunta solidez del sistema financiero mundial).

Si nos remontamos a la consabida caída del muro de Berlín en noviembre de 1989 y el derrumbamiento de su antítesis socialista (de carácter simbólico dada la pervivencia de la ideología de impronta marxista entre considerables sectores activos de la sociedad), el capitalismo se vio súbitamente arrojado a una situación de hegemonía, en la que tan sólo habría de esforzarse para dotarse, bien de argumentos sólidos, bien de enemigos emergentes (o, mejor aún, de ambos), a fin de garantizarse a sí mismo un camino expedito para expandir sus dominios en una lógica de crecimiento sin acotar y a bajo coste.

Nos quedamos huérfanos de un estado poderoso y burocratizado que administrara la riqueza, los bienes y servicios antaño públicos y unos y otros pasaron a integrarse, en tanto que mercancías, en una economía de comercio global, cuya libertad está amparada por la supremacía de los habitantes del Norte que, para permitirse una vida de lujo y dispendio, expropiando sus recursos y expoliando su patrimonio a sus conciudadanos del Sur. El colonialismo, en sus más evidentes o sofisticadas versiones, es decir vestido de un traje de camuflaje mejor o peor confeccionado, actuando como garante del mantenimiento de un estilo de vida lesivo para la sociedad y dañino para el medio.

El capitalismo, eufemísticamente rebautizado con el apelativo de “economía de libre mercado” y con un núcleo receptivo de los llamados economistas neoclásicos y de políticos neoliberales y socialdemócratas conversos dispuesto a glosar los beneficios y virtudes que supondría para todos, se lanzó, cual Cid Campeador a lomos de Babieca, a la conquista de nuevas gestas. Con un noble discurso, en el que la supervivencia de la economía más apta, con claros tintes de dramatismo darwiniano, estimularía la mejora continua y resultaría provechoso para una mayoría.
Sin embargo, como en los prospectos farmacéuticos, olvidaron leer la letra pequeña, vital si quieren entenderse las adversidades de aplicar una determinada medicina. Esa en la que podía apreciarse que la aplicación del medicamento de crecimiento expansionista quedaba contraindicada para aplicarse en un marco de recursos limitados que recibe el nombre de biosfera, con una capacidad restringida para nutrir a la economía de materias y para absorber los residuos que esta generara en su metabolismo.

A pesar de este inoportuno contratiempo, los apóstoles de la fe en esta economía mantuvieron impune su cruzada, si bien asumiendo algunos costes. Se vieron en la obligación de impartir a las masas un conocimiento o dogma totémico que les permitiera entender y creer en que todo aquello repercutiría en el regocijo colectivo. Y así fue como el crecimiento del sacrosanto producto interior bruto fue ganándose un huequito en el corazón de la gente, que no dudó en creer que el consumo de lo que fuera y cuando fuera redundaría en un aumento del PIB y este a su vez crearía, por arte de magia, empleo y bienestar, con lo que la gente (los privilegiados entiéndase) viviría a sus anchas y podría permitirse seguir consumiendo y retroalimentado un ciclo sin fin que todo lo comprende y que se auto regula solito.

Pero llegó el día en que esos recursos, sobre los que se sustentaba dicha economía, comenzaron a escasear y en especial uno que respondía al nombre de petróleo. Este había alcanzado su máxima cota productiva y difícilmente podría sostener todo aquello sobre su lomo por mucho tiempo.

Entonces, los defensores a ultranza del capitalismo y principales beneficiarios del mismo, se echaron las manos a la cabeza y tras mucho cavilar, pensaron que el mejor conjuro que podrían invocar para perpetuar su situación de excepción, sería solicitar la confianza del populacho en su gestión. Al fin y al cabo, si hasta el momento lo habían realizado con eficiencia, ellos serían los más indicados para asumir la coyuntura futura, fuera esta cual fuera.

Y hasta la fecha actual, la confianza colectiva en los autores materiales del despropósito financiero ha sido uno de los activos más sólidos para la pervivencia de un sistema condenado a sobre exprimirse a sí mismo y a la base de recursos reales sobre los que reposa.

El "desarrollo": historia de una creencia y de una dominación occidental


"El destino de los hombres está al Sur [...]. Ha llegado el momento de recordar a Europa que está al lado de Africa [...]. En el siglo XIX, el hombre blanco ha hecho del negro un hombre; en el siglo XX, Europa hará de Africa un mundo. Hacer una nueva Africa, hacer de la vieja Africa algo moldeable a la civilización, ese es su problema; Europa lo resolverá. ¡Vayan allá los pueblos!. ¡Aprópiense de esas tierras! ¡Conquístenla! ¿Para quién?. Para nadie. ¡Tomad esas tierras de Dios!.Dios dio la tierra a los hombres. Dios ofreció Africa a Europa. ¡Conquistadla!.

Donde los reyes ofrecían guerra, ¡ofreced vosotros concordia!. ¡Conquistadla no con el cañón sino con el arado!. ¡No con la espada sino con el comercio! ¡No con batallas sino con industria! ¡No para la conquista sino para la fraternidad!. ¡Enviad lo que os sobre a Africa, y al mismo tiempo resolveréis vuestros problemas sociales! ¡Haced de los proletarios nuevos propietarios! ¡Hacedlo sin falta!. ¡Haced carreteras, puertos, ciudades! ¡Creced, cultivad, colonizad, multiplicaos!. Y que sobre esta tierra, cada vez más liberada de clero y nobleza, vea afirmar el espíritu divino de la paz y el espíritu humano de la libertad!."

Alocución de Victor Hugo durante la cena conmemorativa de la abolición de la esclavitud. Citado por G.Rist en "Le developpement,histoire d'une croyance occidental", Presses de Science-Po.

Aquí tenemos en escritura de Víctor Hugo, en perfecta síntesis, la justificación filantrópica de la colonización y la occidentalización del mundo cuyos cuatro pilares se encuentran aquí afirmados: la economización de las relaciones sociales y de la relación con la naturaleza, el culto del progreso tecno-científico, el universalismo de "humanismo de la mercancía" (R.Vaneigem) y la uniformización cultural planetaria.

El "desarrollo" esta constituido, como escribe G. Rist, por un conjunto de prácticas quizás en apariencia contradictorias, que para asegurar la reproducción social obligan a transformar y a destruir de forma general el medio natural y las relaciones sociales, en aras de una producción creciente de mercaderías (bienes y servicios) destinados a un intercambio, por medio de la demanda solvente".

Es de destacar que "lejos de limitarse a los países del Sur, el "desarrollo" concierne al conjunto del mundo, incluyendo los países industrializados". ¿Cómo no olvidar que es precisamente en los países industrializados que el fenómeno de "desarrollo" apareció por primera vez?. ¿Cómo ignorar que el Norte fue el que recibió con mayor intensidad este fenómeno, puesto que el Sur siempre ha sido "sub-desarrollado"?. De esta forma, el "decrecimiento", una palabra incendiaria y en ningún caso la enésima tentativa de desarrollo económico, es un movimiento que pretende superar al "desarrollo" ya alcanzado o en vías de alcanzarse. El decrecimiento,entendido como una objeción tanto al desarrollo como al subdesarrollo económico, se puede poner en práctica tanto en el Norte como en el Sur. La lucha contra la sociedad del crecimiento deberá ser llevada a cabo tanto en el sur como en la Tríada que domina la sociedad mundial con su imaginario de hierro

Si existe hoy todavía un discurso fuerte del "desarrollo", es el que se asimila a una metafísica completada, es decir que se convierte en abstracciones cada vez más irreales. De esta forma para los objetores del crecimienticos de la ecología reformista o radical, "los presupuestos del crecimiento son quizás más importantes que el crecimiento en so y a diferencia de numerosos ecologistas hostigados como polítí mismo puesto que es éste discurso el que asegura su reproducción". Por eso el decrecimiento antes que ser trasvasable a la política, es una "revolución cultural" que en palabras de Serge Latouche debe "descolonizar el imaginario" economista y progresista.

El decrecimiento deviene entonces el caballo de Troya de una "guerrilla epistemológica" (Serge Latouche) que deconstruye lo implícito en todos los discursos sociales, narcisistas, mediáticos, institucionales, militantes y políticos que predican el crecimiento ilimitado de la economía inventada. Bajo el sol crepuscular de la economía, los objetores del crecimiento, como Don Quijotes en sus caballos de Troya, se despliegan por medio de saltos rizomáticos en la Mega-máquina tecno-económica para descubrir un gran dia lo implícito y desapercibido escondido tras todos los discursos, disposiciones y prácticas que impulsan a la humanidad a su propia perdición.

Texto extraído de ‘El "desarrollo": historia de una creencia y de una dominación occidental’. Clément Homs.

Aspectos psicológicos del decrecimiento

Iván Flamarique Urdín

Uno se pregunta cómo sería una sociedad que no siga el dogma del crecimiento ilimitado que hoy padecemos y qué tipo de individuos formarían parte de ella. ¿Estaremos preparados para vivir en comunidades sin pretensión de crecimiento económico? Dudo que seamos plenamente conscientes de los cambios voluntarios o involuntarios que quizás tengamos que asumir.

Si queremos cambiar una sociedad insostenible por otra en equilibrio con su entorno, parece lógico pensar que también deben cambiar los individuos que la forman. No se trata de establecer un perfil psicológico adecuado sino de abrir el debate a las cosas que quizás tengamos que ir revisando en nuestra forma de vida.

Desde niños hemos recibido un mensaje muy claro: “hay que esforzarse para progresar en esta vida”. Esta pretensión entra dentro de la lógica del crecimiento continuo e ilimitado. La lógica del más, que lleva asociada una serie de enfermedades características de nuestro tiempo como ansiedad, estrés, insatisfacción o frustración. Vivimos con la sensación de que lo que tenemos o somos no es suficiente, queremos algo más, algo externo que quisiéramos comprar. Así pues necesitamos trabajar y ganar más de lo que en necesitamos ya que queremos una casa en propiedad o una segunda vivienda. Queremos un coche o dos, queremos viajar, experiencias, sensaciones… y consumimos todo lo que podemos. Ya no se sabe vivir sin todas esas necesidades que hemos ido adquiriendo con el paso del tiempo.

Trabajamos para poder pagar cosas no esenciales. ¿Acaso nos hemos convertido en esclavos sin darnos cuenta? Mirando algunas personas parece que vivieran para trabajar, que no saben que hacer con su tiempo libre aparte de gastar su dinero, ya sea en ropa o clases de yoga. Esa actividad mantiene activada la economía y genera trabajo, por ese trabajo la gente puede comprar más y entramos en un círculo vicioso insostenible, puesto que la energía y los recursos son limitados por mas eficientes que seamos.

Este comportamiento no es otra cosa que una forma de adicción. La ley que impera actualmente es la rentabilidad. Aquello que genera dinero sobrevive, aquello que no, sucumbe y desde luego, hacer creer a la gente que tienen necesidades que antes no tenían, es un buen negocio.

Parece evidente que tendremos que aprender a diferenciar entre lo razonable y lo no esencial. Teniendo en cuenta que el uso de combustibles fósiles está causando cambios en el clima de la Tierra y que sostienen la producción mundial de alimentos, parece extravagante conducir un automóvil por persona. Razonable es alimentarse, extravagante es comprar alimentos que provienen del otro lado del planeta. ¿Es razonable beber cerveza si para la elaboración de un litro se consumen 300 litros de agua o comer una hamburguesa si para fabricarla hacen falta 2.400? Estos y otros datos son los que ofrece Pacific Institute para poner algo de luz en nuestros hábitos cotidianos.

Allí donde hay recursos estratégicos hay guerras, que son la consecuencia de nuestra lógica del más. Sobre nuestra sociedad de consumo pesa la memoria de mas de 5 millones de muertos en el Congo desde 1998, país que tiene casi en exclusiva las reservas mundiales de coltán, una serie de minerales imprescindibles para la fabricación de teléfonos móviles, GPS, televisores de plasma, videoconsolas, ordenadores portátiles, MP3, MP4...

¿Seríamos capaces de vivir sin todos estos aparatos? ¿Nos sentimos cómodos utilizándolos si lo sabemos? No creo que haya que dar la espalda a la innovación y la investigación si no que, siendo conscientes del origen de las materias primas y sus limitaciones, quizás debiéramos plantearnos otras formas de consumo y de propiedad.

El decrecimiento voluntario nos propone mayor sencillez en nuestras vidas y una auténtica revolución psicológica pero, ¿estamos preparados o dispuestos a semejante cosa?

Decrecimiento: menos para vivir mejor


El gran reto del decrecimiento en los países enriquecidos es aprender a producir valor, libertad y felicidad reduciendo significativamente la utilización de materia y energía, así como los desechos. Se trata de aprender a vivir mejor con menos para poder pasar de una cultura de guerra con los territorios y el conjunto de los seres vivos a una cultura de paz que permita construir otra forma de estar en el mundo

Ecologistas en Acción declara 2009 como el año de “menos para vivir mejor”, el año del decrecimiento con equidad. Para ello pondrá en marcha toda una serie de campañas, en las 13 áreas temáticas en las que trabaja, que nos ayuden a avanzar hacia una sociedad más sostenible y solidaria.

Ecologistas en Acción trabajará para que 2009 sea el “año del decrecimiento con equidad”. A estas alturas resulta evidente que hemos sobrepasado los límites del planeta: consumimos recursos a una velocidad mayor de su capacidad de recuperación y producimos basuras a un ritmo imposible de asumir por los ecosistemas. También es palpable que vivimos en una sociedad con crecientes desigualdades.

Para la organización ecologista es el momento de decir basta, de entender que “necesitamos menos para vivir mejor”. Es decir, que tenemos que evolucionar hacia una economía que no necesite crecer continuamente. Así, en los países sobredesarrollados del planeta, como el nuestro, en lugar de incrementar constantemente el consumo de energía y recursos, tendremos que decrecer en su uso. Sólo así podremos acoplarnos a los límites del planeta y avanzar hacia sociedades más justas que permitan salir de la miseria a millones de personas.

La crisis que vivimos, además de ser dramática para la vida de muchas personas, también supone una oportunidad. La oportunidad de avanzar hacia la sostenibilidad.

Campaña sobre decrecimiento de Ecologistas en Acción. Menos para vivir mejor

La nueva era del decrecimiento y el modelo de la democracia inclusiva


Blai Dalmau - Détourné colective - Enero de 2009


Sinopsis

Este artículo es una síntesis de tres corrientes de pensamiento actuales: 1) el movimiento del decrecimiento o de objetores del crecimiento, 2) las previsiones científicas acerca del pico del petróleo y 3) el proyecto de la democracia inclusiva. El propósito no es explicar en profundidad ninguna de estas líneas de pensamiento -muy bien defendidas por sus principales autores-, sino mostrarlas en visión panorámica, para que sonsacar la relación que tienen.

Primera Parte
La nueva era del decrecimiento

¿De donde venimos?

El sistema en que vivimos fue gestado aproximadamente hacia el siglo XV. La interacción de diversos factores indisociables tales como la expansión del comercio mundial, la colonización de América y el surgimiento de la burguesía contribuyeron a que se formaran nuevas ideas, nuevas instituciones y una nueva fuerza rectora, la economía de mercado, que gradualmente quebrantaron los moldes del antiguo régimen y reorganizaron la sociedad con nuevos paradigmas. Los gremios, las castas, el poder aristocrático y el imaginario religioso entraron en disolución y quedaron obsoletos a medida que emergieron los elementos constitutivos del sistema capitalista. Podemos fechar hacia mediados del siglo XVIII el advenimiento definitivo de este sistema, con la revolución industrial en Inglaterra, la revolución francesa, los federalistas americanos que fundaron las bases de la democracia representativa…
La sociedad comenzó así una gran transformación que consistió básicamente en la separación de política, economía y sociedad civil: “un mercado autorregulado requiere nada menos que la separación institucional de la sociedad en una esfera económica y una política” (1). La institución de la economía de mercado adquirió paulatinamente un poder omnipresente, un carácter autónomo y autorregulado, con sus dinámicas propias: mercantilización del trabajo, la tierra y de todo aquello susceptible de ser trasformado en mercancía; acumulación de capital y concentración progresiva de poder en pocas manos, etc. Simultáneamente surgió la clase obrera, formada por antiguos artesanos y campesinos, ahora desposeídos de los medios de producción básicos para procurar su subsistencia independiente, y por ello, obligados a vender su fuerza de trabajo en el incipiente mercado manufacturero. Aparecen también los sindicatos, las leyes proteccionistas y de seguridad social, como contraparte y como lucha para imponer límites a las crecientes fuerzas -a menudo dislocadoras y devastadoras- de la economía de mercado:
“La dinámica de la sociedad moderna estuvo gobernada durante un siglo por un movimiento doble: el mercado se expandía de continuo, pero este movimiento se vio contrarestado por otro que frenó la expansión en direcciones definidas. Tal movimiento contrario era vital para la protección de la sociedad, pero en última instancia resultaba incompatible con la autorregulación del mercado, y por ende con el propio sistema de mercado” (2)
Además, este nuevo sistema se caracterizó enseguida por una nueva visión de la naturaleza. Tal como observa Heidegger, en la modernidad, por primera vez el ser humano empieza a contemplar su entorno como un almacén de recursos disponibles para su uso. Los filósofos de la ilustración estaban orgullosos de que la sociedad naciente dominase, transformase y explotase la naturaleza según las finalidades del crecimiento económico y del desarrollo técnico e industrial. Este fue un punto esencial del nuevo imaginario que acompañaba a la nueva sociedad capitalista, una sociedad y un imaginario que dura hasta nuestros días.
La economía del crecimiento
Uno de los rasgos esenciales del sistema capitalista es la necesidad del crecimiento económico: dentro del desarrollo normal y “saludable” de la economía de mercado, la producción y el consumo se expanden cada año. Deben expandirse. De lo contrario, la sociedad entra en una crisis que desata graves problemas económicos y sociales. Así pues, la economía de mercado tiene una dinámica que podemos denominar de “crecer-o-morir”. Todas las empresas tienen como objetivo prioritario aumentar las ganancias y todos los gobiernos qua administran el sistema procuran acrecentar el PIB cada año. Así, vemos como el crecimiento económico exponencial ha sido la norma en los últimos dos siglos, salvo en excepcionales periodos de crisis. Vemos también como el crecimiento constituye un motivo principal del imaginario dominante:
“Toda la humanidad comulga en la misma creencia. Los ricos la celebran, los pobres aspiran a ella. Un solo dios, el Progreso, un solo dogma, la economía política, un solo edén, la opulencia, un solo rito, el consumo, una sola plegaria: Nuestro crecimiento que estas en los cielos… En todos lados, la religión del exceso reverencia los mismos santos -desarrollo, tecnología, mercancía, velocidad, frenesí-, persigue los mismos heréticos -los que están fuera de la lógica del rendimiento y del productivismo-, dispensa una misma moral -tener, nunca suficiente, abusar, nunca demasiado, tirar, sin moderación, luego volver a empezar, otra vez y siempre. Un espectro puebla sus noches: la depresión del consumo. Una pesadilla le obsesiona: los sobresaltos del producto interior bruto.” (3)
Sin embargo, esta necesidad del crecimiento por el crecimiento, lejos de ser una panacea de abundancia y felicidad, conlleva notorios efectos adversos: engendra una buena cantidad de desigualdades e injusticias; crea un bienestar considerablemente ilusorio; no suscita ni para los propios “pudientes” una sociedad convivencial, sino una sociedad enferma de su riqueza; destruye y degrada la naturaleza de forma devastadora, hasta el punto de que amenaza la misma supervivencia humana a medio plazo. Obviamente, el crecimiento se motiva mediante la acumulación de capital y la beligerancia comercial generalizada, la cual cosa crea un clima de hostilidad y separación de intereses, y una alienación de la gran masa de la población respecto a la esfera pública, a favor de una elite cada vez más reducida y poderosa. Esto comporta innumerables y crecientes problemáticas sociales, psicológicas, culturales, etc. Como señala Serge Latouche:
“El desarrollo económico, lejos de ser el remedio a los problemas sociales y ecológicos que desgarran el planeta, es el origen del mal. Debe ser analizado y denunciado como tal. Incluso la reproducción duradera de nuestro sistema depredador no es ya posible.” (4)
Cabe añadir que aunque quisiéramos, no podríamos pretender que la expansión de la producción y el consumo que hemos vivido en los últimos dos siglos se mantenga infinitamente. Los recursos naturales en que se basa el crecimiento económico son finitos. Por ello, no hay que ser visionario para entender que tarde o temprano la finitud del planeta limitara el crecimiento cada vez más acelerado que requiere la economía de mercado. Cuando esto suceda, la economía de mercado entrará en una profunda crisis, pues no es un sistema preparado para asimilar positivamente el descrecimiento. Como veremos a continuación, este punto está muy próximo. La economía del crecimiento por el crecimiento no solo es indeseable, sino que, a principios del nuevo milenio, empieza a ser imposible.
El fin del crecimiento
Como es sabido, el petróleo es la energía que sustenta el mundo contemporáneo: el transporte, la producción y circulación de mercancías dependen casi totalmente de esta materia prima. Cada yacimiento de petróleo explotado, en determinado momento, llega a su cenit, es decir, el momento en que no se puede continuar extrayendo más cantidad de crudo como se viene haciendo, sino que la capacidad de extracción empieza a declinar. Así, llega un punto en que se alcanza el cenit de la producción mundial de petróleo. Este momento esta previsto desde los años 50 que será alrededor del 2010. Según los datos, en efecto, desde 2005 se ha alcanzado una parada de la extracción, que ya no aumenta, sino que se mantiene más o menos constante. Por ello, centenares de científicos y miles de ciudadanos de todo el mundo, advierten que hemos entrado en la antesala de una crisis de gran magnitud, provocada por el choque entre la necesidad de crecimiento del sistema y la realidad geológica, que pone limites a este crecimiento:
“En conjunto no hay un sustituto para el petróleo debido a su alta densidad energética, la facilidad de su manejo, la multiplicidad de sus usos y los volúmenes en que ahora lo usamos. El pico de la producción mundial de petróleo, con el consiguiente e irreversible declive, será un punto de inflexión en la historia de la Tierra cuyo impacto mundial sobrepasará todo cuanto se ha visto hasta ahora. Y es seguro que ese acontecimiento tendrá lugar durante la vida de la mayoría de las personas que viven hoy.” (5)
El decrecimiento es una necesidad absoluta en nuestra época, impuesta por los límites planetarios, por el agotamiento de los recursos (sobretodo del petróleo, pero también, un poco después, del gas, el carbón, el uranio y otros minerales). Si estuviéramos en otro tipo de sociedad decrecer no tendría porque suponer un problema, pero dentro de los marcos de la economía de mercado, decrecer equivale a entrar en depresión económica, e incluso, posiblemente, como argumentan muchos comentaristas, llegar al colapso sistémico. En cualquier caso, hay que tener presente que la crisis producida por el cenit del petróleo no es temporal como lo han sido otras, sino que es un punto de inflexión, un cambio de época: marca la entrada a la era del decrecimiento.
“El pico del oro negro afectará de lleno al crecimiento económico, iniciándose como dice Heinberg (2007) una profunda recesión sin fondo y sin fin. Un siglo de decrecimiento económico global está a punto de empezar. Es decir, el decrecimiento del flujo energético global será un verdadero torpedo en la línea de la flotación del actual capitalismo globalizado, basado en la necesidad de crecimiento y acumulación constante. La Naturaleza, y más en concreto su geología, pondrá finalmente límite a este loco crecimiento “sin fin”, y se iniciará la Era del Decrecimiento. Y esto ocurrirá muy pronto, quizás antes de 2010, o en torno a esa fecha.” (6)
Dado que el sistema capitalista y la economía de mercado no están preparados para decrecer serena y virtuosamente, tarde o temprano, en el transcurso de la gran crisis sistémica que estamos comenzando, será preciso iniciar profundos cambios individuales, colectivos y políticos. Estos cambios implican una salida de las inercias y las dinámicas del régimen capitalista. Presumiblemente, la estructura de este sistema se disolverá y entrara en obsolescencia a medida que se manifieste su incompatibilidad con la nueva era del decrecimiento. Este proceso debería ir aparejado del florecimiento de los elementos constitutivos de una nueva sociedad, que a su vez, contribuirán a acelerar el agonizante proceso de disolución del anterior sistema. Así pues, los seres humanos debemos empezar a encontrar e instituir una nueva forma de organización social, acorde a la nueva era del decrecimiento. Tal como declaraba recientemente un analista del mundo contemporáneo:
“Podemos aseverar con confianza que el presente sistema no sobrevivirá. Lo que no podemos predecir es cuál nuevo orden será el elegido para reempezarlo, porque este será el resultado de una infinidad de presiones individuales. Pero tarde o temprano, un nuevo sistema se instalará. No será un sistema capitalista pero puede ser algo mucho peor (aún más polarizado y jerárquico) o algo mucho mejor (relativamente democrático y relativamente igualitario) que dicho sistema. Decidir un nuevo sistema es la lucha política mundial más importante de nuestros tiempos”
Segunda parte
Un nuevo modelo social
Tiempos revueltos
La depresión global del sistema capitalista esta ya en marcha. Rozando el cenit del petróleo, empezamos a notar los estragos de la crisis del crecimiento: mayor desigualdad, precariedad, desempleo, recortes en prestaciones sociales, malestar… Como dice una frase ya bastante conocida, “no hay nada peor que el decrecimiento en una sociedad de crecimiento”. Por ello, a medida que se agudice la crisis probablemente emerja una oleada de movilizaciones, huelgas y revueltas (las recientes revueltas en Grecia y las movilizaciones de trabajadores despedidos pueden ser solo el principio).
Pero en este periodo histórico que inauguramos, será preciso, tarde o temprano, pasar de la protesta al contrapoder, de la reivindicación a la auto-institución, de la crítica al criterio de construcción. Una nueva sociedad, genuinamente liberada de la necesidad del crecimiento, deberá florecer para superar el estadio de crisis. A medida que la inteligencia colectiva comprenda que ya no hay nada que reivindicar a un sistema obsoleto, cuyas dinámicas son incapaces de satisfacer la necesidad de un decrecimiento virtuoso y armónico, se deberá suscitar una transición hacia nuevos modelos sociales.
¿Turno para la verdadera democracia?
La modernidad se ha caracterizado por el desarrollo del capitalismo, pero también por los ideales de libertad, igualdad, fraternidad, democracia y racionalidad, proclamados durante la revolución francesa y aún presentes en el imaginario colectivo -ya sea de forma subyacente o de forma explicita. Así, a diferencia de otras épocas, el valor democrático goza hoy de una aprobación casi universal. Sin embargo, la economía de mercado conlleva una concentración progresiva del poder y riqueza en pocas manos, lo cual es una dinámica muy poco compatible con la verdadera democracia. Así, la economía del crecimiento/mercado ha preponderado y pasado por encima del valor de la democracia, y esta última ha quedado relegada a un segundo plano, como un ideal frustrado de nuestra época, al que, sin embargo, se recurre para calificar y justificar al sistema establecido.
Pero el desdén popular por la actual “democracia” es precisamente el reflejo de su crisis y su fundamentado descrédito. Lejos de establecer el “poder del pueblo”, el régimen actual otorga a la ciudadanía una influencia muy reducida en las decisiones, y en todo caso, sobre detalles irrisorios, dado que el consenso neoliberal de todos los partidos hace que las cuestiones fundamentales permanezcan intocables, y dado que en última instancia, no son los gobiernos quien controla la economía, sino la economía, dominada por los intereses de las grandes corporaciones trasnacionales y financieras, quien dicta las normas imperativas que los estados apoyan y promueven.
Sin embargo, en el transcurso de la crisis sistémica, ante la necesidad de instituir nuevos modelos sociales, es lógico pensar que el verdadero significado de la democracia aparezca de nuevo en escena, buscando su realización. La previsible disolución y crisis del sistema actualmente vigente es posible que, como ocurrió en la crisis Argentina del 2001, desencadene un proceso de revueltas y de organización de nuevas estructuras económicas, políticas y sociales. Tal como se vio en la crisis argentina, es muy probable que las revueltas populares para hacer frente a la crisis se organicen de forma democrática, mediante asambleas y cooperativas. Sin embargo, pasar de la revuelta espontánea a la institución de una nueva sociedad requiere de un plan o proyecto que abarque los elementos que surgen de los movimientos sociales transformadores y los conduzca hacia una nueva forma de organización social.
El proyecto de la Democracia Inclusiva, desarrollado principalmente por Takis Fotopoulus, surge de esta necesidad y deseo de tomarse al valor democrático en serio, y puede dar respuesta a las necesidades de reorganización social que se abren en la época de crisis que inauguramos. Según pienso, es una propuesta sólida, factible y consistente de sociedad alternativa al capitalismo, que no solo resuelve el problema del crecimiento, sino que supera las problemáticas o crisis propias del capitalismo, instituyendo una forma de sociedad más justa, racional, libre y fraternal.
La verdadera democracia, tal como su nombre indica, es un régimen en que el pueblo controla efectivamente sus condiciones de vida colectiva; una forma de organización social en que el poder está igualmente repartido entre los ciudadanos, que deliberan y deciden colectivamente, sin la inferencia de ningún poder externo, mediante mecanismos auto-instituidos. . El proyecto de la Democracia Inclusiva ofrece un paradigma organizativo que puede llegar a ser una verdadera realización de la democracia. Según pienso, no se trata de una utopía, sino quizás, de la única verdadera salida de la crisis contemporánea.


NOTAS

1. POLANYI, Karl; La Gran Transformación, Fondo de cultura económica, p.121.

2. POLANYI, Karl; La Gran Transformación, Fondo de cultura económica, p.185.

3. BESSET, Jean Paul, Comment ne plus être progressive… sans devenir réactionnaire, p.134-135

4. LATOUCHE, Serge; La apuesta por el decrecimiento; Icaria&Antrazyt, 2008; p.39

5. Fragmento de una carta escrita en 2004 por W. Youngquist, citada de Duncan, 2006.; del libro “El fin del petróleo barato”, ; Icaria&Antrazyt, 2008; p.19

6. FERNÁNDEZ, Ramón; El crepúsculo de la era trágica del petróleo; Virus, 2008; p.70

7. WALLERSTEIN, Inmanuel; diario La Jornada, Octubre 2008

La tentación de la utopía


Íntimamente conectado a mi percepción actual de la situación de la humanidad, tengo seguramente la ingenuidad o la ilusión de pensar que solamente una conversión antropológica puede conjurar la subida de los peligros que amenazan nuestra especie.

Sueño pues, con el milagro, ya que pocas señales dejan predecir semejante conversión. En el registro onírico y vital, podría sugerir lo que significa esta conversión antropológica por la evocación de tres caminos. El camino de la teoría conectada con la historia de las ideas, el de la filosofía política y moral conectada con la historia de las prácticas y luchas sociales, y el del pensamiento sensual cuyo arte y poesía señalan el camino en collares y gamas de metáforas intemporales.

Pero convendría desalojar, en estas tres vías complementarias, sus figuraciones dependiendo de la tentación de la utopía para constatar la inutilidad en la búsqueda de la salida del laberinto. ¿Qué significa y cómo hacer para sólo llegar al umbral de esta conversión ? ¿Conversión que es sobre todo otra cosa que un simple “cambio de paradigma”, o incluso una “revolución”, si compartimos esta misma conciencia comprendida como un dato realmente antropológico y no conectada a una cultura o a una civilización peculiar ?

Si la idea de decrecimiento implica una ética y una política del compartir en todo ámbito, el primer pensamiento para compartir es del orden del reconocimiento. Reconocer individual y colectivamente que estamos completamente perdidos y pensar que para poder salir se tiene que recurrir a la metáfora simplista unidimensional y unidireccional del callejón sin salida no está a la altura de lo que está en juego.

El segundo pensamiento orienta una actitud que favorece las opiniones y los actos concretos que tienden, incluso al margen, a reducir las tendencias devastadoras del modelo dominante ; sostenerlos pues, pero tener presente al mismo tiempo que si son necesarios, no son suficientes. Si se mutualizara, “en valor suficiente”, en el espíritu más que en la letra, la hipótesis propuesta aquí sobre la matriz del concepto occidental de utopía.

La tercera tarea intelectual sería seguramente más sutil. Ya que y a pesar de todo lo que precede, se trataría efectivamente de poner en relación la idea de post desarrollo (alias el decrecimiento) con el concepto de utopía. Pero convendría entonces distinguir claramente lo que, en esto último, incluye el derecho y el deber de inventar, aquí y ahora, un mejor mundo y no “el mejor de los mundos”, de lo que pertenece a toda forma naciente de totalitarismo.

Ya, aquí y allí, aparecen concretamente experimentaciones sociales a escalas humanas adaptadas a sus objetivos asignados libremente. Es cierto que la problemática microsociedades territorializadas que se destinan a su autonomía alimentaria y energética, es una pista que debe seguirse sin embargo no es la única. Sería también la base concreta de una reinvención auto instituida de la política, antes de la hora (que pienso próxima) de los primeros síntomas del hundimiento del modelo dominante mundializado.

Una vez más, hago hincapié en el siguiente punto : el corazón de la conversión no consiste en cambiar de creencia sino de abandonar toda certeza. Esta revocación (conversión) exige de desalojar e incluir, para dejarlas caer, todas las consideraciones y las reacciones en las que las primicias están incluidas en las impresiones que pertenecen a la teleología en todas las formas fidéistas o secularizadas de la teología.

Texto de Jean-Claude Besson-Girard extraído de la traducción del artículo ‘Desde el laberinto hasta el Paraíso, o la tentación utopista’; leído en ‘Entropia, Revue d’étude théorique et politique de la décroissance’

La Carta de las Naciones Unidas: progreso, ciencia, mercado y paz

El 26 de junio de 1945 en la ciudad de San Francisco fue suscrito el texto de la Carta de las Naciones Unidas. La Carta promulgaba aquellos principios diseñados para anunciar una nueva era de paz. No habría más guerras ni egoísmos nacionales.

En el preámbulo de la Carta, las Naciones Unidas anunciaban solemnemente la determinación de «promover el progreso social y el mejoramiento de los niveles de vida en una libertad mayor... y emplear la maquinaria internacional para la promoción del avance económico y social de todos los pueblos».

Las historias del mundo eran vistas como convergentes en una sola historia, que tenía una dirección y las Naciones Unidas eran vistas como un motor que impulsaba a los países menos avanzados a moverse hacia adelante.

La Carta de las Naciones Unidas apela a ideas que habían tomado forma durante la Ilustración europea. Ni la clase ni el sexo, ni la religión ni la raza contaban ante la naturaleza humana, así como no contaban ante Dios. De esta manera, la universalidad de la calidad de hijo de Dios fue reformulada como la universalidad de la dignidad humana. A partir de entonces, «humanidad» devino en común denominador que unía a los pueblos, haciendo perder significación a las diferencias de color de la piel, de creencias y de costumbres sociales.

La «humanidad» era algo por venir, una tarea por ser realizada a medida que el hombre se moviera en el camino del progreso, desprendiéndose paulatinamente de las ataduras de la autoridad y de la superstición hasta que reinaran la autonomía y la razón. En la perspectiva de la Ilustración no tenían mucha importancia ni las raíces sociales ni los compromisos religiosos. La intención utópica apuntaba a un mundo de individuos que sólo siguen la voz de la razón. En este sentido la utopía de la humanidad estaba poblada de seres humanos extraídos de sus historias del pasado, desconectados del contexto de sus lugares y desprendidos de los lazos de sus comunidades y unidos mas bien bajo el imperio de la ciencia, del mercado y del estado.

La filosofía que subyace a la Declaración de las Naciones Unidas tiene poco sentido sin la visión de la historia como el camino real del progreso al cual convergen todos los pueblos. La concepción de lograr «un mundo» estimulando el progreso en todas partes delata el sesgo evolucionario. Inevitablemente reclama la absorción de las diferencias en el mundo en un universalismo a-histórico y deslocalizado de origen europeo. La unidad del mundo se realiza mediante su occidentalización.

A mediados del siglo XX el término «subdesarrollado» ha tomado el lugar de «salvaje». El desempeño económico ha reemplazado a la razón como una medida del hombre. Sin embargo, el ordenamiento de los conceptos permanece igual - la sociedad mundial debe ser lograda mediante el mejoramiento de los retrasados. Y ligar indisolublemente la esperanza de la paz a este magno esfuerzo conduce a un dilema trágico - la búsqueda de la paz implica la aniquilación de la diversidad, mientras que la búsqueda de la diversidad implica la irrupción de la violencia. El dilema no es soluble sin desligar paz de progreso y progreso de paz.
 
Hoy parece algo extraño, pero tanto los padres fundadores de las Naciones Unidas como los arquitectos de la política internacional de desarrollo, fueron inspirados por la visión de que la globalización de las relaciones de mercado serian la garantía de la paz en el mundo. La prosperidad, así decía el argumento, deriva del intercambio; el intercambio crea intereses mutuos y los intereses mutuos inhiben la agresión. En lugar de la violencia, el espíritu del comercio debía reinar en todas partes. En vez de la potencia bélica, la potencia productiva seria decisiva en la competencia entre naciones. La unidad del mundo, se pensaba, podía basarse sólo en una red de amplio alcance y estrechamente interconectada, de relaciones económicas. Y donde las mercancías estuvieran circulando, las armas serian silenciadas.

Desde este punto de vista, el comercio difundiría el calculo racional y el frío interés propio, precisamente aquellas actitudes que hacen aparecer a las pasiones por la guerra y a los caprichos de los tiranos como autodestructivos. El comercio crea dependencia y la dependencia amansa.

Y en verdad, los dominios económicos han reemplazado en gran medida a los dominios militares. La conquista de territorios extranjeros por estados belicosos ha dado paso a la conquista de los mercados extranjeros por industrias en búsqueda de ganancias.
 
Pero la ideología de los intereses mutuos no puede ocultar su mayor falacia por mucho tiempo - el juego de estos intereses tiene lugar bajo términos inequitativos. La doctrina de las ventajas comparativas de los economistas sostenía que el bienestar general se incrementaría si cada nación se especializaba haciendo cosas para las cuales la naturaleza y la historia la habían hecho mas eficiente - azúcar de Costa Rica, por ejemplo, a cambio de productos farmacéuticos de Holanda.
 
Pero la falla en este razonamiento esta en que, en el largo plazo, el país que vende los productos más complejos crecerá más y más fuerte, porque será capaz de internalizar los efectos secundarios de la producción sofisticada. ¡Los productos farmacéuticos estimulan la investigación y una multitud de tecnologías, mientras que el azúcar no puede hacerlo! El mutuo interés invocado en el comercio libre termina reforzando acumulativamente a uno y debilitando progresivamente al otro. Y cuando el país más rico aparece con innovaciones en alta tecnología que hacen obsoletos los productos del país más débil, como cuando el azúcar natural es reemplazada por sustitutos obtenidos con la Bioingeniería, entonces el interés mutuo se desvanece al punto que el país más débil deviene superfluo.

Las cosas han cambiado mucho desde la promulgación de la Carta de las Naciones Unidas -desde la esperanza moral de una humanidad unida por la razón y el progreso, a la noción económica de paises enlazandose entre sí mediante relaciones comerciales y, finalmente, al espectro de la unidad en la autodestrucción global. Lo que se acostumbraba considerar una tarea histórica -lograr la unidad de la humanidad - se revela ahora como un destino amenazante.

En vez de llamamientos esperanzados, advertencias sombrías proveen el acompañamiento. Vivir sobre la Tierra, la antigua fórmula, parece haber adquirido un nuevo significado. Ya no hay más vagabundos terrestres anhelando el Reino Eterno, sino pasajeros aferrandose atemorizados a su barco cuando éste se esta partiendo. Hablar sobre la unidad ha cesado de ofrecer promesas y por el contrario ha tomado una connotación sombría. Como fue ya anticipada por la bomba atómica, la unidad en nuestro tiempo se ha convertido en algo que finalmente puede consumarse en catástrofe.
 
Para saber más: Diccionario del desarrollo. Una guía del conocimiento como poder. Wolfgang Sachs.

Automovilidad

La automovilidad no ha surgido de ninguna necesidad común, consensuada, racional, que una sociedad determinada pudiera plantearse, ha sido sólo un lujo demencial ejercido por las poblaciones de ciertas zonas de los países desarrollados, a costa del saqueo de otras poblaciones y zonas naturales, y a costa también de la propia alienación a un objeto de consumo suntuario.
Si consideramos que para estimular el crecimiento económico nuestra felicidad y relaciones con los demás son más importantes que la acumulación de bienes, cuestionar el automóvil debería ser uno de los primeros objetivos del decrecimiento. El automóvil es, en efecto, una de las mayores herramientas de la actual concepción económica del mundo.
En nuestro mundo, que se quiere racional y lógico, el automóvil es el instrumento más pasional y aberrante que existe. El incremento del número de coches no es concebible a largo plazo y hoy sólo es posible porque una privilegiada minoría de la humanidad lo ha convertido en el instrumento de su desarrollo económico.
Frente a los problemas creados por el automóvil, los esforzados caballeros de la técnica nos prometen todo un arsenal de soluciones que permitirán resolver científicamente cada uno de esos males sin tener que cuestionar ni por un segundo el modo de vida sobre el que está basado el automóvil.
Cuanto más cotidiano, cercano, hogareño y práctico se vuelve el automóvil más nos oculta el perímetro destructivo que difunde. La automovilidad ficticia que proporciona el automóvil oculta la peligrosidad y la dependencia que constituye nuestro mundo moderno, sometido a los imperativos despóticos de dicha autonomía.
El automóvil ha sido la máquina de guerra que ha envuelto al occidente desarrollado en una paz auto indulgente e insensata: la paz del week-end, de la escapada en automóvil hacia la playa o la montaña, la paz blindada por el control armado de países remotos.
Para saber más: Las ilusiones renovables. Los amigos de Ludd.
Para saber más: Objetivo decrecimiento. Capítulo ‘Automóvil y decrecimiento’. Denis Cheynet.