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Entrevista a Jorge Riechmann sobre decrecimiento

Entrevista a Jorge Riechmann en el viejo Topo nº 258

—¿A qué atribuye usted el “boom” del discurso sobre el decrecimiento?

—El discurso del decrecimiento repite y reformula algunos temas centrales del ecologismo que éste defiende desde hace más de cuatro decenios, comenzando por la idea básica de que nada puede crecer materialmente de forma indefinida dentro de un medio finito. Su atractivo actual se debe, en mi opinión: 1) al descrédito del concepto de "desarrollo sostenible", del que tanto se ha abusado; 2) al terrible fracaso del paradigma económico convencional, que abre los ojos y los oídos de la gente hacia propuestas alternativas; y 3) a un fenómeno de moda intelectual, de contagio de ideas, un fenómeno de comportamiento gregario al que los seres humanos somos muy propensos.

—¿Desde el discurso sobre el decrecimiento se puede formular una alternativa solvente frente a los primeros dos puntos que ha mencionado?

—Sabemos lo que hay que hacer. A grandes rasgos, se trata de poner límites a la excesiva expansión material de los sistemas socioeconómicos humanos; "descarbonizar" la producción y organizar un sistema energético basado en las energías renovables; cerrar en lo posible los ciclos de materiales; eliminar las sustancias tóxicas, con un enfoque preventivo antes que reparador; avanzar hacia la producción limpia, la química verde, la agroecología, los sistemas de movilidad sostenible basados en el transporte colectivo y en la «creación de cercanía »; recentrar las actividades económicas sobre el territorio, limitando el comercio a larga distancia y erradicando la especulación financiera; orientar el cambio a través de una ecofiscalidad juiciosa; fomentar una cultura de la austeridad... Yo prefiero hablar de ecosocialismo y de autocontención antes que de decrecimiento. Pero si realmente este último discurso puede desplegar una gran fuerza movilizadora –no me parece en absoluto obvio–, bienvenido sea.

En cualquier caso, después de que una de las organizaciones a las que pertenezco y que más respeto y aprecio, Ecologistas en Acción, haya aprobado en su IV Congreso (Valencia, diciembre de 2008) una importante línea de trabajo sobre decrecimiento (con la fórmula de que decrecer es «producir valor, libertad y felicidad reduciendo significativamente la utilización de materia y energía»), yo no voy a polemizar contra el concepto. Ojalá pueda dar de sí todo lo que sus entusiastas proponentes esperan.

—Aceptar las propuestas del decrecimiento, ¿implica el nacimiento del consumidor como sujeto político que con un consumo consciente puede cambiar la economía capitalista desarrollista?
—Bueno, me parece que eso sería todavía menos novedoso que el decrecimiento... Se trataría más bien de repolitizar la esfera pública y de recordar a los consumidores/as que son por encima de todo ciudadanos/as. Y que han de hacerse cargo de las consecuencias de sus actos, no solamente en la esfera del consumo (que también). En definitiva, sostenibilidad bien entendida y democracia inclusiva (que para mí ha de incluir también de alguna forma, digámoslo de forma muy sencilla, a las generaciones futuras y a los animales no humanos).

Jorge Riechmann es sociólogo, poeta y ecologista. Autor de numerosos libros, recientemente ha publicado La habitación de Pascal (Catarata).

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