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¿Cuánto y cómo queremos crecer?


La sociedad actual persigue el crecimiento económico porque lo asocia a mayor bienestar y felicidad. Sin embargo, una vez superadas las etapas iniciales del progreso económico, las evidencias no son claras en este sentido. El crecimiento permanente comporta perjuicios en lo individual (estrés, adicción al consumo, falta de tiempo para la familia, etc.) y en lo colectivo (salud ambiental, consumo insostenible de los recursos naturales, privación a generaciones futuras, etc.). Por tanto, el objetivo principal no debería ser el crecimiento económico per se (que no es positivo ni negativo), sino la mejora del bienestar individual bajo el respeto del bienestar colectivo, tanto actual como futuro.

El PIB, el bienestar y los recursos naturales

El crecimiento económico se suele medir por la evolución del Producto Interior Bruto (PIB) de un país o zona de referencia. Es habitual identificar crecimiento del PIB con desarrollo y este con bienestar, sin definir qué entendemos por desarrollo o progreso. Sin embargo, el PIB no es un buen indicador del bienestar colectivo porque no mide determinados aspectos que son difíciles de cuantificar. En este sentido, no tiene en cuenta las externalidades, ni la distribución de la renta, ni los costes no monetarios o difíciles de valorar (medioambientales, sociales, psicológicos…), ni determinadas actividades (trabajo doméstico, voluntariado…). Con el objetivo de paliar dichas lagunas, en la actualidad existen indicadores alternativos al PIB. Algunos de ellos, como el índice de desarrollo humano (IDH) o el índice de calidad de vida (ICV), tratan de incluir indicadores sociales del bienestar individual. Otros índices añaden también la consideración del efecto negativo sobre el medio ambiente y tienen en cuenta la contaminación y el consumo de los recursos naturales del planeta. Entre estos últimos se encuentran el índice de bienestar económico sostenible (IBES), el PIB verde y el índice de progreso real (IPR, IPG o GPI). La evolución de estos indicadores se ha estancado o incluso ha disminuido en algunas sociedades industriales desde los años setenta, lo que revela que estas han sobrepasado el nivel a partir del cual el crecimiento económico ya no se relaciona de manera directa con un aumento de la calidad de vida colectiva, entendida esta de un modo amplio.

Aunque el crecimiento representa a priori un término positivo, el crecimiento material incontrolado está más cerca de lo que podríamos considerar un tumor maligno, que se expande a costa de devorar el organismo. No es posible un crecimiento basado en el consumo permanente de los recursos de un planeta finito, en el que parece que ya hemos superado los límites ambientales de regeneración. Las estimaciones realizadas sobre nuestra huella ecológica apuntan que desde el año 1990 estamos viviendo por encima de la capacidad de carga del planeta. Los países desarrollados vivimos a costa de los recursos que la naturaleza conservó durante millones de años. Actualmente, se estima que la demanda de la humanidad excede en cerca de un 30% la capacidad regeneradora del planeta. Si esto es así, el nivel de consumo de recursos ha sobrepasado el nivel sostenible y, por tanto, afecta a las generaciones futuras. Sería recomendable que los países, cuyo impacto sobre el planeta supera su capacidad de regeneración, ajustaran la producción desde el punto de vista de la sostenibilidad.

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Insumisión, deconstrucción, decrecimiento


Abel Ortiz - Radio Klara

Llegó el momento. Ya no se puede hablar de preparaciones. Ahora los responsables de lo que ocurra seremos nosotros; vértigo. Pocas bromas. Ahora veremos que la misma mierda, puede ser, además, cristofascista. Ya no hay excusas, roto el mecanismo, desbancado el PSOE, estamos, cara a cara, frente a un futuro que, según el punk, no existía. Una vez fusilado Zapatero, Moriarty, culpable de todos los crímenes imaginables, desde todas las esquinas, ya solo nos quedan por delante Camps, Aguirre, Trillo, Mayor Oreja, Cascos, el pnv, ciu, el tribunal supremo, el constitucional, la cia Merkel, eta, tepco, los paraísos fiscales, Sarkozy, el mossad, las agencias de rating, el tea party, Berlusconi, la guardia civil, el fondo monetario, los bancos, la otan, el Vaticano, Murdock y las múltiples derivaciones de los Corleone. Faena tenemos.

Conviene, me parece a mi, peatón de plazas, soplar fuerte. Volcarse, animar (dar alma).

Estar. Y no perder de vista lo innegable en el patio de casa, casi nueve millones de personas que respaldan la corrupción y que tienen de demócratas lo mismo que tiene Sol de campamento de los marines. Las asambleas, en las grandes ciudades, echan humo. La revolución está de parto. Miran, desde las nuevas alturas, donde vuelan las gaviotas, con el mismo desdén y desprecio que utilizaban los militares franquistas, y ministros socialistas, con objetores primero, e insumisos después.

El ejército de reemplazo es hoy, afortunadamente, una foto sepia y la mili una leyenda. La insumisión trazó una estrategia que consiguió mover instituciones de granito y funcionó como gimnasia revolucionaria. Las guerras continúan, el pacifismo es más importante que nunca o tanto como siempre. Es la clave. Las estafas pagan guerras, que pagan armas, que pagan drogas, que pagan suites, que pagan corruptos, que pagan bancos, que pagan los ciudadanos.

La insumisión, como postura ética, es difícilmente atacable; en principio nadie se ve a sí mismo como sumiso (creo, salvo que estemos hablando de lo único). La insumisión es integradora, la objeción es un paso, hay gradación, hay sitio para todos.

La deconstrucción consiste en la oportunísima idea de desmontar las piezas que forman algo, por ejemplo la democracia Gürtel y Borbón, y construir con eso algo diferente.

Por alguna razón la idea de Derrida, la deconstrucción, me parece, puede ser que sin mucho fundamento, emparentada a la noción de decrecimiento presente en el pensamiento de los acampados en Sol, vía, entre otros, José Luís Sampedro o Carlos Taibo. Insumisión, deconstrucción, decrecimiento. No obedecer, desmontarles el chiringuito, construir algo entre todos, y dejar de cavar el agujero. No sugiero, interpreto, traduzco, probablemente mal. O no.

Me parece a mí, sentado en la fuente de la plaza de mi pueblo con Juan de Mairena, que hay cosas importantes y cosas urgentes. El aquí y ahora no es un slogan, es una necesidad. Aquí y ahora, muchas personas están al límite de sus fuerzas. No pueden esperar a procesos históricos. Se ahogan en las pateras, se amontonan en los cies, en las cárceles, en los barrios más desestructurados, en los pisos más mugrientos o sobreviven en la puta calle. Eso son problemas graves y urgentes. Miles de puticlubs explotan mujeres, miles de hombres maltratan mujeres, miles de hombres y mujeres maltratan niños, miles de hombres se suicidan. Aquí y ahora.

El viejo chiste polaco decía que el capitalismo era la explotación del hombre por el hombre y el comunismo lo contrario. Romper ese círculo, si hacen como que nos pagan haremos como que trabajamos, filosofía checa, es decisivo. Que no nos vendan valores y nos quiten bienes. Que no nos vendan la austeridad, un valor más o menos definible, y nos quiten las bibliotecas y las piscinas públicas, bienes legibles y nadables. Que no nos cambien patriotismo, un valor que sirve lo mismo a Fidel que a Aznar, por días de vacaciones, un bien escaso. Que no nos tanguen, son expertos.

Queremos cambiar el mundo. El fracaso está asegurado. Por eso somos personas corrientes, de las calles, de las plazas, porque fracasamos y, aún así, seguimos intentándolo. De los fracasos de nuestros padres y abuelos estamos hechos. Fracasos que les permitieron, a ellos y a nosotros, mantener la dignidad. No cruzaremos una línea de llegada al paraíso, no habrá arco iris y clarines que inauguren una nueva era en la que todos seamos justos y benéficos. Pero nos acercaremos lo que podamos. Y así vamos tirando desde Espartaco. Y antes.

15-M: La Toma de las Plazas Públicas


Paco Puche - Rebelión

Si el símbolo de otras revoluciones fueron “las barricadas”, el de ésta que estamos protagonizando está siendo la toma pacífica y ordenada de las plazas públicas y sus calles adyacentes. 

Es más, se dice, en esa desbordada creatividad social que rezuma por todas partes, que inmediatamente después de esa “toma” se está produciendo su recreación: de pronto las plaza públicas dejan de ser esas los lugares de asiento y pago y de exhibición del poder (de los que se estaban desalojando a niños y ancianos, a parados y jubilados, a paseantes y vagabundos), para retomar su uso público, colectivo e indiscriminado para lo que estaban destinadas.

La plaza en los pueblos y ciudades representa el espacio del común por excelencia: el lugar de lo político y por tanto de la democracia, del gobierno del pueblo, de todos, como el término no puede dejar de significar. Tener que añadir “real” no es sino un secuestro de un término más (como libertad, o sostenibilidad, por ejemplo) por parte de los poderes políticos y económicos que rechazamos y que nos vemos obligados a matizar. Democracia sin más. Ese nombre implica ya lo de participativa, directa y auténtica. Lo otro es oligocracia, plutocracia, partitocracia o mercadocracia, en el que “demo” está ausente.

Si el capitalismo ha sido posible (y lo sigue siendo) por la desposesión de los bienes comunes, la democracia será posible por el rescate y autogestión de los mismos. El primer bien común es el espacio público de reflexión y encuentro: la calle y la plaza. Por eso esta revolución de primavera viene acompañada de aire fresco, de aire libre. Se ventila en la intemperie. La calle ha dejado de ser de Fraga (¿recuerdan a Fraga Iribarne cuando decía “la calle es mía”, investido de Ministro de Interior?) y es del pueblo. Se oyó decir en una de estas plazas unos de estos días: “la Junta Electoral Central ha decidido que no podemos acampar en las plazas el día de reflexión, el pueblo ha decidido que la Junta Electoral Central no nos representa”. Acto de soberanía por excelencia, de poder constituyente que se proclama solemnemente en los lugares públicos.
Se ha dicho también que no es que no queramos representación (alguna habrá de haber), pero que nos represente. No hay que añadir más, o sea que se trata de ese “mandar obedeciendo” como proclaman los zapatistas. Y queremos mucha democracia directa, desde la empresa al ayuntamiento, desde las asociaciones al Parlamento; en todo grupo humano que tenga que solventar asuntos en común, que son casi todos. Como se empieza a perfilar en las propuestas que surgen de las plazas públicas de todo el país desde el 15 M
Si esto es así, mantener las plazas y las calles para la gente –no para los coches, ni los negocios, ni los desfiles militares- será la señal inequívoca de que la revolución recién estrenada marcha por buen camino.
Saludos fraternales.
En la plaza nos vemos

Un movimiento espejo



1. No están entendiendo nada. La clase política, y quienes la apoyan, siguen leyendo con anteojeras los signos del movimiento. Continúan aplicando los mismos criterios de análisis y valoración utilizados para antiguos movimientos sociales. Miran desde las alturas a estos "chavales" y les piden "concreción en sus propuestas", ellos, que han hecho de las propuestas vacías sus señas de identidad; que han usado y abusado de la retórica publicitaria banal e inmoral para envolver sus mensajes. ¿Qué tiene de concreto "El gobierno de tu calle" o "Centrados en ti"?

2. Este es un movimiento de nuevo cuño que conecta con demandas sociales soterradas, a las cuales les permite expresarse. Su rol no es conducir nada, pues no es una “vanguardia”, sino permitir que emerja lo reprimido, lo ausente, lo divergente. Que aparezca a la luz democrática aquello que ha ocultado y silenciado la razón hegemónica.

No puede concretarse, no debe concretarse más, porque no es un sujeto de cambio en sí mismo sino un actor cuyo papel es la creación de las condiciones de posibilidad del cambio deseado. Las etiquetas que desesperadamente quieren ponerle sólo son intentos de control de algo en constante transformación.

3. Su función es la de catalizador social, es decir, la de estimular la emergencia de las acciones de los que nos reconocemos como diversos y distintos dentro de un proyecto no único sino común. Un referente implícito para este movimiento es el neozapatista que se autoconcibe como un grupo "que plantea una serie de demandas que encuentran coincidencia, reflejos o espejos en las demandas de otras partes del mundo". Ambos son "movimientos espejo" pues reflejan y devuelven la imagen de lo que bulle en las entrañas de la vida social capturando las energías de cambio que sale de ella.

4. La agitación sociopolítica y cultural que pueden estimular estos gestos de desobediencia civil debería generar la apertura y liberación de nuevos espacios de creatividad colectiva para que otros sujetos se expresen en toda la capilaridad social. Es decir, más allá del centro físico y simbólico (la Puerta del Sol y otras plazas) en el que se encuentra ahora el movimiento. La convocatoria a asambleas de barrio va en esa dirección, pero también se deben extender a los centros de trabajo y estudio.

5. Este no es un movimiento "antisistema", ya les gustaría que lo fuera a los que mandan, para exorcizarlo y reprimirlo. En la actualidad, no es posible nada fuera del sistema globalizado. 

Estamos dentro del sistema-mundo. Por este motivo, se trata más bien de “implosiones” en los intersticios del centro, en sus grietas, que descolocan al sistema. “No somos antisistema: el sistema es
antinosotros”. Aquí está la gran radicalidad del movimiento. No es casual que se hayan ocupado los centros de las ciudades para expresar la desobediencia. Frente a esta realidad el poder vacila entre la comprensión, la asimilación y el disparo de pelotas de goma.

6. Su trabajo, inédito, está siendo enorme e imprescindible pero la tarea de los cambios concretos no debe recaer sobre este movimiento en general ni sobre los acampados en las plazas en particular. Quienes deberán diseñar proyectos y llevarlos a cabo son los individuos y colectivos en todas los ámbitos sociales, en sus prácticas del día a día, animados por la apertura mental, cultural y política que ha favorecido la acción de los insubordinados. El movimiento ha comenzado a dibujar un camino, quienes debemos transitarlo somos nosotros.

7. Pero no todo es nuevo: afortunadamente en el tejido social español ya existían muchos colectivos que desarrollaban una práctica coincidente con las críticas y propuestas del movimiento 15-M. Los centros sociales, el movimiento ecologista, los colectivos decrecentistas, feministas, de consumo etc., las cooperativas integrales, las redes de economía solidaria y muchos otros tienen una rica experiencia de trabajo sobre sus espaldas. Es evidente que ahora pueden verse favorecidos por el impulso utópico que ha generado el movimiento a la vez que pueden aportar su propia historia de lucha.

Esto implica ahora abrir los espacios de diálogo entre las distintas experiencias y los nuevos sujetos incorporados.

8. En Decrece Madrid nos alegrarnos por lo que está sucediendo y estamos participando con ilusión en esta nueva etapa social, aportando nuestra mirada crítica y nuestras propuestas a los cambios en marcha.

Queremos aprovechar la energía social activada para poner en circulación, en espacios cada vez más amplios, nuestra crítica al productivismo y al imaginario perverso del crecimiento económico infinito.

20/mayo/2011

Palabras del 15 de mayo

Carlos Taibo

He intentado reconstruir aquí, sobre la base de mis apuntes, lo que dije en la Puerta del Sol madrileña el domingo 15, al final de la multitudinaria manifestación que convocó la plataforma Democracia Real Ya. Tiempo habrá para valorar --a mí me cuesta trabajo-- qué es lo que está ocurriendo estos días. Me contento ahora con llamar la atención sobre una discreta experiencia personal que algo nos dice --creo-- de la zozobra con la que los medios de incomunicación del sistema han asumido la revuelta de tantos jóvenes.

En los jornadas sucesivas al día 15 recibí un buen puñado de llamadas de esos medios de incomunicación. Algunas procedían, por cierto, de emisoras de radio y de periódicos que de manera altiva y descortés me habían puesto en la calle en su momento. Me pareció evidente que los profesionales correspondientes andaban desesperados buscando alguna cara que ponerle al movimiento que, fundamentalmente articulado por jóvenes, empezaba a tomar la calle. En todos los casos –ya tendré tiempo de cambiar, si procede, de conducta-- me negué a hacer declaración alguna y en todos sugerí que entrevistasen a los organizadores de las manifestaciones y, más aún, a los propios manifestantes. En una de esas conversaciones mi interlocutor insistió en su demanda y me preguntó expresamente si no habría algún otro profesor universitario que pudiera poner su cara. Al parecer, y a los ojos de algunos, para explicar lo que está sucediendo es inevitable echar mano de las sesudas explicaciones que proporcionamos los profesores de universidad, como si la gente de a pie no supiera expresarse con claridad y contundencia. Menos mal que hay algún profesional que se salva. Ayer, y de nuevo en la Puerta del Sol, un periodista me dijo que los jóvenes a los que había entrevistado hablaban mucho mejor que Tomás Gómez y --me da el pálpito-- que la propia señora De Cospedal.

Antes de colocar mi texto, me permito agregar una última observación: no sólo debemos estar sobre aviso ante lo que hacen los medios --para cuándo una activa campaña de denuncia de lo que supone esa genuina plaga contemporánea que son los tertulianos--. También debemos guardar las distancias con respecto a lo que dicen y se aprestan a hacer muchas gentes de la izquierda de siempre que, bien intencionadas, se proponen encauzar unos movimientos que en último término no comprenden y miran con desdén. Ahí van, en cualquier caso, mis palabras del día 15. 

"Quienes estamos aquí somos, a buen seguro, personas muy distintas. Llevamos en la cabeza proyectos e ideales diferentes. Han conseguido, sin embargo, que nos pongamos de acuerdo en un puñado de ideas básicas. Las intento resumir de manera muy rápida. 

Primera. Lo llaman democracia y no lo es. Las principales instituciones y, con ellas, los principales partidos han conseguido demostrar su capacidad para funcionar al margen del ruido molesto que emite la población. Los dos partidos más importantes, en singular, escenifican desde tiempo atrás una confrontación aparentemente severa que esconde una fundamental comunidad de ideas. Uno y otro mantienen en sus filas, por cierto, a personas de más que dudosa moralidad. No es difícil adivinar lo que hay por detrás: en los hechos son formidables corporaciones económico-financieras las que dictan la mayoría de las reglas del juego.

Segunda. Somos víctimas con frecuencia de grandes cifras que se nos imponen. Em mayo de 2010, por proponer un ejemplo, la Unión Europea exigió del Gobierno español que redujese en 15.000 millones de euros el gasto público. Nadie sabe a ciencia cierta qué son 15.000 millones de euros.

Para comprenderlo no está de más que asumamos una rápida comparación con otras cifras. Unos años atrás ese Gobierno español que acabo de mencionar destinó en inicio 9.000 millones de euros al saneamiento de una única caja de ahorros, la de Castilla-La Mancha, que se hallaba al borde de la quiebra; estoy hablando de una cifra que se acercaba a las dos terceras partes de la de la exigida en recortes por la Unión Europea. Durante dos años fiscales consecutivos, ese mismo Gobierno obsequió con 400 euros a todos los que hacemos una declaración de la renta. A todos, dicho sea de paso, por igual: lo mismo recibió el señor Botín que el ciudadano más pobre. Según una estimación, ese regalo se llevó, en cada uno de esos años, 10.000 millones de euros. Estoy hablando del mismo Gobierno, que se autotitula socialista, que no dudó en suprimir un impuesto, el del patrimonio, que por lógica grava ante todo a los ricos, reduciendo sensiblemente la recaudación, mientras incrementaba en cambio otro, el IVA, que castiga a los pobres. El mismo Gobierno, en fin, que apenas hace nada para luchar contra el fraude fiscal y que mantiene la legislación más laxa de la Unión Europea en lo que hace a evasión de capitales y paraísos fiscales.

Tercera. Si hay un dios que adoran políticos, economistas y muchos sindicalistas, ese dios es el de la competitividad. Cualquier persona con dos dedos de cabeza sabe, sin embargo, en qué se han traducido, para la mayoría de quienes están aquí, las formidables ganancias obtenidas en los últimos años en materia de competividad: salarios cada vez más bajos, jornadas laborales cada vez más prolongadas, derechos sociales que retroceden, precariedad por todas partes. 

No es difícil identificar a las víctimas de tanta miseria. La primera la aportan los jóvenes, que engrosan masivamente nuestro ejército de reserva de desempleados. Si no hubiera muchas tragedias por detrás, tendría su gracia glosar esa deriva terminológica que hace media docena de años nos invitaba a hablar de mileuristas para retratar una delicada situación, hoy nos invita a hacerlo de quinientoseuristas y pasado mañana, las cosas como van, nos obligará a referirnos a los trescientoseuristas. La segunda víctima son las mujeres, de siempre peor pagadas y condenadas a ocupar los escalones inferiores de la pirámide productiva, a más de verse obligadas a cargar con el grueso del trabajo doméstico. Una tercera víctima son los olvidados de siempre, los ancianos, ignorados en particular por esos dos maravillosos sindicatos, Comisiones y UGT, siempre dispuestos a firmar lo infirmable. No quiero olvidar, en cuarto y último lugar, a nuestros amigos inmigrantes, convertidos, según las coyunturas, en mercancía de quita y pon. Estoy hablando, al fin y al cabo, de una escueta minoría de la población: jóvenes, mujeres, ancianos e inmigrantes.

Cuarta. No quiero dejar en el olvido los derechos de las generaciones venideras y, con ellos, los de las demás especies que nos acompañan en el planeta Tierra. Lo digo porque en este país en el que estamos hace mucho tiempo que confundimos crecimiento y consumo, por un lado, con felicidad y bienestar, por el otro. Hablo del mismo país que ha permitido orgulloso que su huella ecológica se acrecentase espectacularmente, con efecto principal en la ruptura de precarios equilibrios medioambientales. Ahí están, para testimoniarlo, la idolatría del automóvil y de su cultura, esos maravillosos trenes de alta velocidad que permiten que los ricos se muevan con rapidez mientras se deterioran las posibilidades al alcance de las clases populares, los castigos, acaso irreversibles, que han padecido nuestras costas o, para dejarlo ahí, la dramática desaparición de la vida rural. Nada retrata mejor dónde estamos que el hecho de que España se encuentre en el furgón de cola de la Unión Europea en lo hace a la lucha contra el cambio climático, con un Gobierno que alienta la impresentable compra de cuotas de contaminación en países pobres que no están en condiciones de agotar las suyas. 

Quinta. Entre las reivindicaciones que plantea la plataforma que promueve estas manifestaciones y concentraciones hay una expresa relativa a la urgencia de reducir el gasto militar. Me parece tanto más pertinente cuanto que en los últimos años hemos tenido la oportunidad de comprobar cómo nuestros diferentes gobernantes rebajaban de manera muy sensible la ayuda al desarrollo. Nunca lo subrayaremos de manera suficiente: el momento más tétrico de nuestra crisis dibuja un escenario claramente preferible al momento más airoso de la situación de la mayoría de los países del Sur.
Vuelvo, con todo, a lo del gasto militar. Este último, visiblemente ocultado tras numerosas partidas, responde a dos grandes objetivos. El primero no es otro que mantener a España en el núcleo de los países poderosos, con los deberes consiguientes en materia de apoyo a esas genuinas guerras de rapiña global que lideran los Estados Unidos. El segundo se vincula con el designio de preservar un apoyo franco a lo que hacen tantas empresas españolas en el exterior. ¿Alguien ha tenido noticia de que algún portavoz del Partido Socialista o del Partido Popular se haya atrevido a criticar, siquiera sólo sea livianamente, las violaciones de derechos humanos básicos de las que son responsables empresas españolas en Colombia como en Ecuador, en Perú como en Bolivia, en Argentina como en Brasil?

Acabo. Me gustaría en estas horas tener un recuerdo para alguien que nos ha dejado en Madrid el martes pasado. Hablo de Ramón Fernández Durán, que iluminó nuestro conocimiento en lo que respecta a las miserias del capitalismo global y nos puso sobre aviso ante lo que nos espera de la mano de esa genuina edad de las tinieblas en la que, si no lo remediamos, nos adentramos a marchas forzadas. No se me ocurre mejor manera de hacerlo que la que me invita a rescatar una frase que ha repetido muchas veces mi amigo José Luis Sampedro, de quien escucharemos, por cierto, un saludo dentro de unos minutos., La frase en cuestión, que creo refleja bien a a las claras nuestra intención de esta tarde, la pronunció Martin Luther King, el muñidor principal del movimiento de derechos civiles en los Estados Unidos de cincuenta años atrás. Dice así: 'Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo, lo que nos parecerá más grave no serán las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas'. Muchas gracias por haberme escuchado".

El parlamentarismo como sistema de dominación


Félix Rodrigo

“Es muy de deplorar la escasez de crítica y denuncia políticas del vigente sistema, como un todo y de sus componentes fundamentales: la Constitución, le parlamento, el aparato partitocrático, el sistema judicial, los estatutos de autonomía, el régimen municipal o las elecciones ‘libres’, por no hablar de los integrantes decisivos del Estado, el ejército, las policías, los altos cuerpos de funcionarios, la pedantocracia atrincherada en la universidad, la estetocracia subsidiada, los organismos estatales que dirigen la vida económica y la UE como suma de Estados, sin olvidar los movimientos de corte socialdemócrata y reformador (perfeccionador) de lo existente incorporados de hecho al ente estatal, entre los que se pueden citar a los grupos ecologistas, sindicatos amarillos, colectivos feministas, agricultura ecológica, ONGs y otros.

El ninguneo casi sistemático de la lucha política en beneficio de cuestiones de menor interés, a menudo cominerías e insignificancias de dudosa radicalidad, origina, por un lado, una tendencia a conciliar y transigir con el actual régimen de dictadura política. Por otro, expresa el gusto por la marginalidad de una buena parte del mundo tenido por ‘radical’, que más que lucha contra el orden constituido lo que se propone es la huida de lo real, en pos de un espacio de existencia en el que vivir y disfrutar, tranquila y descansadamente, al modo epicúreo, sustituyendo el combate por el juego paródico con la frivolidad como criterio rector.”

(...)

“La locución ‘democracia parlamentaria’ tiene una contradicción interna que la anula como formulación con lógica y sentido. En efecto, si quien gobierna es el parlamento [En puridad, quien supuestamente ostenta el poder ejecutivo no es el parlamento, sino el gobierno] no lo hace el pueblo, de manera que no puede haber un régimen que sea al mismo tiempo democrático y parlamentario: o lo uno o lo otro. Si se replica que el parlamento está constituido por los representantes del pueblo, a la vista está que nada cambia, pues si toman decisiones sobre la vida en sociedad, si gobiernan los pretendidos representantes populares no lo hace el pueblo, de manera que dicho orden no es democrático.”

(...)

“Sólo cuando el pueblo, todo él, se gobierna por sí mismo es apropiado hablar de democracia.”



Efecto rebote


François Schneider

Un concepto que recientemente ha cobrado importancia, el ‘efecto rebote’, nos demuestra que la eficacia y el progreso tecnológico están vinculados fundamentalmente al aumento del consumo. Los automóviles de bajo consumo nos permiten llegar más lejos por el mismo precio; los transportes rápidos nos liberan tiempo para devorar más kilómetros; los productos electrónicos de tamaño reducido permiten que cada miembro de la familia disponga de uno; el desarrollo de la tecnología solar y eólica nos facilita seguir aumentando el consumo de energía...

El mecanismo responsable es la obsesión por innovar y no por alcanzar el bienestar ecológico y social, sino por suprimir los límites que constriñen el aumento del consumo. En efecto, lograr vivir de una manera frugal implica sobre todo ser conscientes de nuestros límites y saber contentarnos con aquello que de verdad necesitamos.

La innovación tiende precisamente a reducir todos esos límites y a promover el objeto a través de la publicidad. Los productos se vuelven baratos, rápidos, seguros, fáciles de utilizar, buenos para la salud, ligeros y pequeños, o buenos para el entorno. En este caso, ¿por qué limitarse?. A largo plazo este aumento del consumo puede suprimir los beneficios esperados y causar otros problemas.

Así, los automóviles nos permiten viajar más, pero entonces suprimimos el tiempo que supuestamente ganábamos y generamos polución, ruido, muertos... Por la misma razón, las tecnologías de la información provocan un aumento del consumo de papel y de los transportes, a través del aumento de las comunicaciones.

El efecto rebote es algo intencionado para incrementar las ventas y los beneficios mediante el incremento de la demanda.

Extracto del libro 'Objetivo decrecimiento' perteneciente al capítulo 'Sin sobriedad no hay eficacia', escrito por Françoise Schneider

Entrevista a Max Neef. Economía descalza


Max-Neef ganó en 1983 el Right Livelihood Award, dos años después de haber publicado su libro Economía Descalza, Señales desde el Mundo Invisible.

- ¿En qué consiste la economía descalza?

- Bueno, es una metáfora, pero es una metáfora que se originó en una experiencia concreta. Yo trabajé alrededor de diez años de mi vida en áreas de pobreza extrema en las sierras, en la jungla, en áreas urbanas en distintas partes de Latinoamérica. Al comienzo de este periodo estaba un día en una aldea indígena en la sierra de Perú, era un día horrible, había estado lloviendo todo el tiempo. Era una zona muy pobre y frente a mí estaba otro hombre parado en el lodo (no en el barrio pobre sino en el lodo). Y bueno, nos miramos. Era de corta estatura, delgado, con hambre, desempleado, cinco hijos, una esposa y una abuela. Yo era el refinado economista de Berkeley, que enseñaba en Berkeley, etc. Nos mirábamos cara a cara y de pronto me di cuenta de que no tenía nada coherente que decirle en esas circunstancias a este hombre, que todo mi lenguaje de economista era inútil. ¿Debería decirle que se pusiera feliz porque el producto interno bruto había subido un 5% o algo así por e l estilo? Todo esto era completamente absurdo. Entonces descubrí que no tenía un lenguaje para ese ambiente y que teníamos que inventar un idioma nuevo. Ese es el origen de la metáfora economía descalza que, en concreto, simboliza la economía que un economista debe usar cuando se atreve a meterse en los barrios bajos. El punto es que los economistas estudian y analizan la pobreza desde sus oficinas lujosas, poseen todas las estadísticas, desarrollan todos los modelos y están convencidos de que saben todo lo que hay que saber sobre la pobreza. Pero ellos no entienden lo que es la pobreza, ese es el gran problema y es también el motivo por el cual la pobreza aún existe. Esto cambió completamente mi vida como economista: inventé un lenguaje coherente para esas condiciones de vida.

- ¿Y cuál es ese idioma? ¿Cómo aplicas un sistema económico o haces que las circunstancias expliquen esos cambios?

- No, la cuestión es mucho más profunda. Es decir, no es como la típica receta que te da alguien de tu país, en donde te dicen "le garantizamos quince lecciones o la devolución de su dinero". Ese no es el punto, te lo pongo de esta manera: hemos alcanzado un nivel en nuestra evolución en el que sabemos muchas cosas, sabemos muchísimo pero entendemos muy poco. Nunca en la historia de la humanidad ha habido tanta acumulación de conocimiento como en los últimos cien años y mira cómo estamos. ¿Para qué nos ha servido el conocimiento? La esencia está en que el conocimiento por sí mismo no es suficiente, carecemos de entendimiento. La diferencia entre conocimiento y entendimiento te la puedo explicar con un ejemplo: vamos a pensar que tú has estudiado todo lo que puedes estudiar desde una perspectiva teológica, sociológica, antropológica, biológica, inclusive bioquímica y sobre un fenómeno humano llamado amor. El resultado es que tú sabrás todo sobre el amor, pero tarde o temprano te vas a dar cuenta de que nunca entenderás el amor a menos de que te enamores. ¿Qué significa esto? Que sólo puedes llegar a aspirar a entender aquello de lo que llegas a formar parte. Como dice la canción: si nos enamoramos, somos mucho más que dos. Cuando perteneces, entiendes. Cuando estás separado, solo acumulas conocimiento y esa ha sido la función de la ciencia. Ahora bien, la ciencia se divide en partes pero el entendimiento es completo, holístico.

Y eso es lo que sucede con la pobreza. Yo entendí la pobreza porque estuve allí; viví con ellos, comí con ellos y dormí con ellos. Entonces comienzas a entender que en ese ambiente hay distintos valores, y diferentes principios comparados con los que existen allí de donde tú provienes y te das cuenta de que puedes aprender cosas fantásticas de la pobreza. Lo que he aprendido de los pobres supera lo que aprendí en la universidad. Pero pocas personas tienen esa oportunidad, ¿te das cuenta? Ellos ven la pobreza desde afuera en lugar de vivirla desde adentro. Aprendes cosas extraordinarias. Lo primero que aprendes y que los que quieren mejorar el sistema de vida de los pobres no saben, es que dentro de la pobreza hay mucha creatividad. No puedes ser un idiota si quieres sobrevivir, cada minuto tienes que estar pensando, ¿Qué sigue? ¿Qué puedo hacer aquí? ¿Qué es esto y lo otro y lo otro? Así que tu creatividad debe ser constante. Además, están los contactos, la cooperación, la ayuda mutua y toda una gama de cosas extraordinarias que ya no se encuentran nuestra sociedad dominante que es individualista, avara, egoísta, etc. Totalmente lo opuesto de lo que tienes allá. Y es sorprendente porque a veces llegas a encontrar gente más feliz entre los pobres que la que encontrarías en tu propio ambiente. Lo que significa que la pobreza no solo es una cuestión de dinero. Es algo mucho más complejo.

- ¿Qué crees que debamos cambiar?

- ¡Oh!, casi todo. Somos dramáticamente idiotas. Actuamos sistemáticamente en contra de las evidencias que tenemos. Sabemos exactamente qué no debemos hacer. No hay nadie que no sepa esto, especialmente los grandes políticos saben exactamente lo que no se debe hacer. Y aún así lo hacen. Después de lo que pasó en octubre del 2008, tú pensarías que van a cambiar porque se han dado cuenta de que el modelo económico no funciona, que incluso tiene un alto nivel de riesgo, dramáticamente riesgoso. Y uno se pregunta: ¿Cuál fue el resultado de la última reunión de la Comunidad Europea? Ahora son más fundamentalistas que antes. De tal modo que lo único de lo que se puede estar seguro es que ya viene la próxima crisis y que será el doble de fuerte que la actual. Pero para entonces ya no habrá suficiente dinero. Esas son las consecuencias de la sistemática estupidez humana.

- Si tú estuvieras al frente de la economía ¿qué harías para evitar otra catástrofe?

- Primero que nada, necesitamos de nuevo economistas cultos, que sepan historia, de dónde vienen, cómo se originaron las ideas, quién hizo qué y así sucesivamente. Lo segundo, una economía que entienda que es subsistema de un sistema finito más grande: la biosfera, y como consecuencia la imposibilidad de tener un crecimiento económico infinito. En tercer lugar, un sistema que tenga claro que no puede funcionar sin tomar en serio los ecosistemas. Pero los economistas no saben nada de ecosistemas, no saben nada de termodinámica, nada de biodiversidad, son totalmente ignorantes respecto a estos temas. Un economista debe tener claro que si los animales desaparecen, él también desaparecerá porque entonces ya no habrá qué comer. Pero él no sabe que dependemos totalmente de la naturaleza ¿te das cuenta? Sin embargo, para los economistas de hoy en día la naturaleza es un subsistema de la economía, concepto que es totalmente absurdo.

Además debemos acercar el consumidor a la producción. Yo vivo bien al sur de Chile, una zona fantástica donde tenemos toda la tecnología para la elaboración de productos lácteos de máxima calidad. Hace unos meses estaba desayunando en un hotel y al tomar un paquetito de mantequilla descubrí que ésta venía de Nueva Zelanda, absurdo ¿no te parece? ¿Y por qué sucede una cosa así? Porque los economistas no saben calcular los costos reales. Traer mantequilla desde un lugar que queda a 20.000 kilómetros a un sitio donde se produce la mejor, con el pretexto de que es más barato es una estupidez monumental porque no tienen en cuenta el impacto que causan esos 20.000 km. de transporte sobre la naturaleza. Por si fuera poco, es más barata porque está subsidiada. Es un caso muy claro en el que los precios nunca dicen la verdad. Todo tiene su truco ¿sabes? esas artimañas causan enormes daños. Si acercas el consumo a la producción, comerás mejor, tendrás mejores alimentos y sabrás de dónde vienen. Incluso podrías llegar a conocer a la persona que lo produce. Se humaniza el proceso, pero hoy en día lo que los economistas hacen está totalmente deshumanizado.

- ¿No crees que la misma tierra nos forzará a actuar de diferente modo? ¿Estaremos llegando al fin?

- Sí claro. Ya algunos científicos lo están diciendo pero yo aún no he llegado a ese punto. Pero muchos lo creen y piensan que es definitivo, que estamos fritos, que dentro de algunas décadas no habrá más humanos. Yo no creo que hayamos llegado a ese punto, pero sí que estamos cerca y diré que ya cruzamos el primero de los tres ríos. Y observa lo que está pasando en todos lados, es alarmante cómo la cantidad de catástrofes ha ido aumentando y se manifiesta en todas las formas: tormentas, terremotos, erupciones volcánicas. El número de eventos crece dramáticamente, es sobrecogedor y nosotros seguimos en las mismas.

- ¿Qué has aprendido de las comunidades pobres en las que has vivido y trabajado que te de esperanza?

- La solidaridad de la gente; el respeto por los otros; la ayuda mutua; nada de avaricia, un valor inexistente dentro de la pobreza y uno estaría inclinado a pensar que allí es donde más está presente, que la avaricia debería ser patrimonio de los que menos tienen. No, todo lo contrario, mientras más tienes más quieres, la crisis actual es producto de la avaricia. La avaricia es el valor dominante del mundo actual. Mientras persista, estamos acabados.

- ¿Cuáles serían los principios que enseñarías a los jóvenes economistas?

- Los principios de la economía deben estar fundamentados en cinco postulados y un valor esencial. Primero: la economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía. Segundo: el desarrollo se refiere a las personas, no a las cosas. Tercero: crecimiento no es lo mismo que desarrollo y el desarrollo no necesariamente requiere de crecimiento. Cuarto: no puede existir una economía con un ecosistema fallando. Quinto: la economía es un subsistema de un sistema mayor y finito: la biosfera. Por lo tanto, el crecimiento permanente es un imposible. Y el valor fundamental para poder consolidar una nueva economía es que ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar por encima de la reverencia por la vida.

- Explica lo que acabas de mencionar…

- Nada puede ser más importante que la vida. Y digo vida, no seres humanos, porque para mí el punto clave es el milagro de la vida en todas sus manifestaciones. Pero si predomina el interés económico, uno no solo se olvida de la vida y otros seres vivientes, termina también ignorando a los seres humanos. Si recorres esta lista que acabo de mencionar, uno a uno, verás que lo que tenemos ahora es exactamente lo contrario.

- Volvamos al tercer punto, crecimiento y desarrollo y explícalo mejor…

- Crecimiento es una acumulación cuantitativa. Desarrollo es la liberación de posibilidades creativas. Todo sistema vivo de la naturaleza crece y en cierto punto deja de crecer, tú ya no estás creciendo, ni él ni yo. Pero continuamos desarrollándonos, de otro modo no estaríamos dialogando en este momento. El desarrollo no tiene límites pero el crecimiento sí. Y este es un concepto muy importante que políticos y economistas ignoran, están obsesionados con el fetiche del crecimiento económico.
He trabajado durante décadas y en este tiempo se han hecho muchos estudios. Soy el autor de una famosa hipótesis: la hipótesis del límite, que dice que en toda sociedad hay un periodo de crecimiento económico-entendido convencionalmente o no-que trae una mejora en la calidad de vida pero sólo hasta cierto punto: el punto límite, a partir del cual, si hay más crecimiento, la calidad de vida comienza a decaer. Esta es la situación en la que nos encontramos actualmente.

Tu país es el ejemplo más dramático que puedes encontrar. En mi libro que saldrá publicado el próximamente en Inglaterra, titulado La economía desenmascarada-hay un capítulo llamado "Estados Unidos, una nación en vías de subdesarrollo" la cual es una nueva categoría. Actualmente manejamos los conceptos de desarrollado, subdesarrollado y en vías desarrollo. Ahora tenemos el nuevo concepto de en vías de subdesarrollo y tu país es el mejor ejemplo, en el cual el 1% de los americanos cada vez están mejor, mejor y mejor, mientras que el 99% va en decadencia en todo tipo de manifestaciones. Hay personas que viven en sus autos, ¿sabes? ahora duermen en sus carros, estacionados enfrente de la que fue su casa. Miles, millones de personas lo han perdido todo. Pero los especuladores, los que crearon todo este problema, esos están fantásticamente bien. Para ellos no hay problemas.

- ¿Entonces, cómo cambiarías las cosas?

- Bueno, no sé cómo cambiarlas. Es decir, solitas van a cambiar, pero de manera catastrófica. Para mí no sería raro que de un momento a otro millones de personas salieran a las calles de Estados Unidos a causar destrozos. No sé, pero podría suceder. No lo sé. La situación es absolutamente dramática y se supone que es el país más poderoso de la tierra. Y aún en estas condiciones, siguen con sus guerras absurdas gastando billones y trillones. Trece trillones de dólares para los especuladores y ¡ni un centavo se fue para las personas que perdieron sus casas! ¿Qué tipo de lógica es esa?

Traducido por: Rose Mary Salum.
Democracy Now, marzo de 2011.

Para saber más: Max-Neef: Libros, artículos, entrevistas y conferencias
Conferencia de Max Neef: El mundo en rumbo en colisión [Video]

Bonobos


Frans de Waal, el famoso primatólogo holandés, fruto de sus experiencias con primates, ha hecho una aproximación a la naturaleza del homo sapiens sapiens.

Los primates que de Waal ha estudiado con más detenimiento han sido los chimpancés y los bonobos, el denominado género Pan. Ambas especies son las más próximas al homo sapiens, con ellas compartimos la mayor parte de nuestros genes y son nuestros parientes más próximos en el árbol evolutivo del género humano; se separaron de nosotros hace unos 5,5 millones de años (frente a los 7 millones que lo hicieron los gorilas o los 14 de los orangutanes). Tan próximos estamos que algunos científicos, entre ellos de Waal, consideran que deberíamos formar un único género: Homo.

Los chimpancés tienen un comportamiento jerárquico y violento, los bonobos son por el contrario pacíficos y resuelven sus disputas manteniendo relaciones sexuales. La brutalidad y el afán de poder del chimpancé contrasta con la amabilidad y el erotismo del bonobo. Los chimpancés pueden ser violentos como hemos dicho pero sus comunidades tienen, al mismo tiempo, poderosos mecanismos de control, en cambio los bonobos, maestros de la reconciliación, no se privan de pelear, pero los mordiscos y golpes con ensañamiento es raro entre ellos. Hay conflictos pero la supervivencia y la armonía dependen de la capacidad para superarlos.

Las sociedades de chimpancés están dominadas por los machos pero en las de bonobos la dominación colectiva femenina es bien conocida. Esto explica sus diferencias notables en cuanto a la agresividad. En general, la empatía está más desarrollada en el sexo femenino que en el masculino. En efecto, en 180 millones de años de evolución de los mamíferos, las hembras que respondían a las necesidades de sus retoños se reproducían más que las madres frías y distantes, porque el cuidado parental es inseparable de la lactancia, de ahí esta diferencia natural entre los sexos, a efectos de ternura y agresividad, entre mamíferos.

“Entre los bonobos no se producen guerras a muerte, apenas cazan, los machos no dominan a las hembras, y hay mucho, mucho sexo (…) los bonobos hacen el amor no la guerra. Son los hippies del mundo primate”

Concluye De Waal que “que tener afinidades cercanas con dos sociedades tan distintas como la del chimpancé y la del bonobo resulta extraordinariamente instructivo. La brutalidad del chimpancé contrasta con la amabilidad y el erotismo del bonobo. Nuestra propia naturaleza es un tenso matrimonio entre ambas. Nuestro lado oscuro es tristemente obvio: se estima que sólo en el siglo XX, 160 millones de personas perdieron la vida por causa de la guerra, el genocidio o la opresión política (…). Pero también somos criaturas intensamente sociables que dependen de otras y necesitan la interacción con sus semejantes para llevar vidas sanas y felices"

Desde estas nuevas visiones, más complejas y menos deterministas, se caen las visiones unidimensionales del gen o el individuo básicamente egoísta por naturaleza o de la violencia como tendencia innata en los humanos. El altruismo, entendido tanto como ayudar a los otros en perjuicio propio o, en sentido más técnico ayudar a las posibilidades reproductivas de otros, incluso a costa de las propias, ha sido bien documentado y es la base de la teoría de la selección natural de grupos.

Extraído del artículo '¿Por qué cooperamos?' escrito por Paco Puche


Las rebajas que quieres

 https://l02mahoa1.files.wordpress.com/2011/01/rebajas_el_corte_ingles_descuentos_ofertas_marcas_2011_enero.jpg



El video lo puedes ver aquí: https://videos.publipubli.com/hipermercados/el-corte-ingles-rebajas-natalia-verbeke-maria-esteve-21-01-11-c9.mp4

Estamos ante una construcción audiovisual, con su propio lenguaje lleno de significados culturales vinculados a un conjunto de significantes sobre los cuales tratamos de reflexionar e interpretar.


Debemos entender este anuncio publicitario desde una doble vertiente: dentro de un marco más global - un marco cultural –; y también debemos entenderlo como una herramienta que permite reforzar una manera de ver el mundo. El spot se inserta dentro de una lógica colectiva que da sentido y contribuye a su vez a definir ese modo de producción de sentido.

El Corte Inglés

La empresa que paga el anuncio, El Corte Inglés (ECI), es una multinacional española de venta de mercancías, que emite el anuncio para tratar de conseguir un beneficio económico, para ello gasta en publicidad millones de euros todos los años intentando conducir a sus potenciales clientes hacia su ganancia económica; para ello dispone de un dispositivo técnico-organizativo que elabora estrategias de marketing, dentro de las cuales se incluye este anuncio.

La persona

Del otro lado, dentro del hogar (lugar de refugio, con la puerta cerrada y a salvo de los delincuentes) se encuentra la televisión; frente a ella las personas, que miran la pantalla pasivamente, reciben día tras día una sucesión de imágenes, durante periodos de tiempo de varias horas.

Inevitablemente, con esta información que llega al cerebro, cada persona va confeccionando, con su banco de representaciones mentales una construcción imaginaria (de imágenes) sobre la realidad, a la cual cada persona la va dando un sentido, ya que necesitamos que nuestra visión del mundo sea coherente.

El ritual

La campaña publicitaria comienza en los diferentes telediarios y noticieros, cuando aparecen las imágenes de avalanchas de gente dispuestas a tomar los centros comerciales (principalmente ECI) para comprar.

http://www.youtube.com/watch?v=H1lAKxWo_d0

“La persona que ve esas imágenes se siente parte del grupo y ya muestra ansiedad para aprovecharse de las rebajas; si todos van ‘por algo será’.”

La empresa ECI, posee unos slogans que año tras año marcan el calendario de consumo: ‘Las rebajas de El Corte Inglés’, ‘Ya es primavera en El Corte Inglés’, ‘El otoño es todo tuyo’...

En diversos programas de radio, televisión, revistas... se nos habla de consejos para ahorrar, de lo mucho que ayudan las rebajas a la cuesta de enero; pero ningún mensaje que diga: NO COMPRAR.

La seducción

El anuncio se abre con la siguiente frase:

Tú. ¿Por qué vienes tan contenta?

En la imagen aparece una cara conocida para el público – María Esteve -, que está tomando una café en la barra de una cafetería (está consumiendo de una manera trivial); Notemos que el tono que emplea es el de una conversación ordinaria.

De repente, otra actriz conocida – Natalia Verbeke – le responde

Hay una cosa que te quiero decir, es importante al menos para mí.

El tono cambia: la actriz canta un estribillo muy conocido del grupo ‘Tequila’, y enseña una bolsa roja durante un breve instante (en esa bolsa que todo el mundo identifica ‘como esa cosa’, por la que vieron correr anteriormente a mucha gente en los noticieros).

Este cambio de tono, cumple una función enfática, es decir se dirige al espectador ‘Tú’, y es una estrategia que obliga al espectador a sentirse interpelado con este llamamiento de atención.

Súbitamente, la actriz (María Esteve) es cogida por alguien, y se desencadena toda una metáfora delirante (mediante un baile). Esta metáfora representa ‘el deseo’; las imágenes del anuncio desencadenan en el cerebro toda una serie de significantes asociados a estas imágenes: el ocio, la alegría, el optimismo, la diversión, la danza...

La imágenes son conocidas, se asocian a la película ‘El otro lado de la cama’, estas actrices ‘deseables’ nos muestran con un montaje dinámico un derroche de placer, de satisfacción, de euforia, de alborozo...

Ah, ah, ah, ven a las rebajas

La canción original decía ‘Ah, ah, ah, dime que me quieres’ (subliminalmente dile a las rebajas que las quieres )

Moda, perfumes, complementos también, a unos precios que no te puedes creer
La imágenes mentales que tiene el espectador del anuncio, se mezclan con las mercancías que intenta vender la empresa y el mensaje sobre el precio que ‘no te puedes creer’ (de igual manera que las escenas que estás viendo, ‘son increíbles’).

Se elabora un mensaje antropomórfico (las actrices y los bailarines) para conectar con el objeto de deseo (las rebajas), aunque lo que de verdad le interesa a la empresa es venderte la ropa, los perfumes, los complementos (mercancías).

Mañana comienzan las rebajas

El futuro siempre será mejor; existe una conexión con la idea de progreso.

Ven a las rebajas. El Corte Inglés

Aparece un cártel engañoso: bajo el rótulo de rebajas un ‘hasta’ que forma parte del signo igual. Un ‘50’ muy grande y el símbolo ‘%’ siempre asociado al descuento. Una voz masculina realza la marca a destacar.

las rebajas que quieres

Se baja el telón, la comedia ha terminado, una voz femenina nos repite el slogan.

Ven a hacer realidad tus sueños. Consume y sé feliz.

La riqueza es mala


Félix Rodrigo

“Negar el capitalismo es presentarlo como lo que es realmente en su esencia, una forma de dictadura que, en el ámbito que le es propio, la economía, opera para proporcionar medios materiales y, sobre todo, seres humanos, aptos para realizar el proyecto estatal de sojuzgamiento total con embrutecimiento total. Lo opuesto es fijar un sistema de necesidades que dé preeminencia a los bienes del espíritu: la democracia, la verdad, la libertad de conciencia, la virtud, la sociabilidad, la fortaleza interior, la sublimidad, el desinterés.


Todos estos valores, que al mismo tiempo son metas, establecen lo que el capitalismo no puede lograr jamás, y lo que es letal para él. Si el sistema estatal-capitalista significa la muerte del espíritu, el ascenso de los bienes inmateriales equivale a la aniquilación del capitalismo, hasta el punto de que no hay otra forma de hacerlo.

El futuro de la humanidad, en caso de que exista, no depende del desarrollo máximo de las fuerzas productivas, sino de lo opuesto, del crecimiento en flecha de las fuerzas espirituales del individuo y del cuerpo social, que al ascender más allá de un punto se hacen incompatibles con el sistema de dominación actual. Eso anima a, como sostiene Martínez Marina, ‘preferir la libertad al bienestar’.

Según arguye en Tratado de la República (1521) Alonso de Castrillo, ‘la riqueza es mala’. En efecto, es mala de manera múltiple, como riqueza privada y como riqueza social: distrae de lo espiritual, exige un trabajo embrutecedor, quita tiempo para las funciones superiores, debilita la voluntad, niega la fortaleza psíquica y enferma al cuerpo, lleva al hedonismo y al felicismo, por amarla se desama a los seres humanos y proporciona los instrumentos físicos de dominación que hace omnímoda a la moderna tiranía.

De donde la doble meta de al revolución civilizante ha de ser: sin capitalismo y, al mismo tiempo, sin riqueza material. Ello establece también las condiciones que permiten constituir un orden social cualitativamente superior al actual, cuyo primer fundamento ha de ser la conversión interior al desinterés, a la frugalidad y a la preferencia por los bienes del espíritu.”