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Justicia global

El modelo de globalización neoliberal ha producido un conjunto de desequilibrios a escala mundial como nunca antes se habían conocido en la historia de la humanidad, comenzando por la enorme concentración de poder económico y militar en una élite internacional que está forzando a un estado de guerra permanente como instrumento para mantener tanto los privilegios del Norte opulento, como para repeler cualquier intento generado en el Sur para crear formas alternativas de vida y satisfacción de sus necesidades.

La voracidad del modelo de producción y consumo irracional del Norte, y de las élites integradas del Sur, afectan directa y dramáticamente al planeta, por lo que es energética y ambientalmente insostenible.

Pero este intento de confinar el modelo de consumo a una parte privilegiada del planeta, de restringirlo a una minoría (cada vez menor) de la humanidad, hace por tanto que su sostenimiento se base forzosamente en la exclusión, la represión y el hambreamiento de la mayoría de la población mundial. He aquí el verdadero motor que alimenta a los flujos migratorios mundiales.

Aparte de romper con toda la lógica represiva en torno a la inmigración, se debe denunciar el actual sistema de relaciones entre pueblos y entre personas, basado en el beneficio desmedido y en el sometimiento. Es necesario un cambio de valores personales y sociales para construir otro mundo.

No en mi patio



Haciendo uso de las estadísticas del comercio internacional, el conjunto de los países ricos o ‘desarrollados’ importan muchas más toneladas de materiales de lo que exportan (principalmente combustibles fósiles, derivados de actividades extractivas y más escasamente productos agroforestales y pesqueros).

Esta enorme entrada neta de recursos acaba convirtiéndose en residuos que solo en escasa medida son objeto de recuperación o reciclaje, haciendo que la acumulación de residuos sea el primer problema de ‘política ambiental’ en estos países; no preocupándose tanto de la causa (el manejo masivo de recursos traídos de todo el mundo, y el daño que causa en los lugares de origen), sino de sus efectos (los residuos y el deterioro que ocasionan en los lugares de recepción).

Los países ricos tratan de alejar la incidencia negativa de los residuos de sus propios territorios haciendo presión creciente para devolverlos al resto del mundo. En el caso de la quema de combustibles son los vientos, en los vertidos líquidos, son los cauces del agua que acaban llevándolos al sumidero común de los mares; y así las discusiones se centran en los residuos sólidos y particularmente en los tóxicos o peligrosos.

Una vez que el comercio ha puesto los recursos planetarios a disposición de los países ricos, se pide ahora que la ‘política ambiental’ establezca las reglas del juego económico necesarias para que el comercio pueda poner también a su disposición los sumideros planetarios; esto es, garantizar legalmente, mediante el pago de ciertas tasas, el derecho a contaminar de los países ricos.

Para saber más: Raíces económicas del deterioro ecológico y social. José Manuel Naredo. 2006.

leche materna vs leche artificial: un absurdo económico




La leche materna es el mejor alimento que una madre puede ofrecer a su bebé, tanto para su desarrollo físico como psicoafectivo. La lactancia es beneficiosa para el bebé, la madre y la sociedad en todos los lugares del mundo.

La leche materna es un alimento ecológico que no necesita fabricarse, envasarse ni tansportarse con lo que no malgasta recursos energéticos y materiales y evita la contaminación del medio ambiente, siempre lista para su uso y además es gratuita.

Para producir la leche artificial se precisa la utilización de grandes espacios para la explotación del ganado vacuno, por lo que aumenta la deforestación; quema combustible para su transporte por el mundo; la fabricación de botes para la leche, biberones, etc. produce un agotamiento de recursos naturales, y genera materiales de desecho. Además necesita ser calentada y hay que pagarla.

Pero, los intereses económicos de las multinacionales prevalecen sobre los derechos de las personas, la lactancia materna no es rentable, y sí lo son las leches artificiales, que se están convirtiendo en productos de consumo habitual.

Un absurdo generado por un modelo productivo que responde a los intereses de las clases capitalistas.

Para saber más: Lactancia materna en un mundo globalizado. Carmen Muñoz Sánchez. Amamantar Asturias.

Para saber más: Grupos de apoyo a la lactancia materna

Energía disponible





Siguiendo a Georgescu-Roegen podemos afirmar que la supervivencia de la humanidad presenta problemas diferentes a los de las otras especies; no es sólo económica, ni sólo biológica, es bioeconómica. Esto es, además de las necesidades endosomáticas (aquellas comunes a todas las especies: alimentación y abrigo) los hombre, y las mujeres, necesitan de otros bienes para reproducirse automóviles, libros, ordenadores.....

Para la resolución de este problema el ser humano puede aprovechar dos formas distintas de energía disponible el stock o acervo de energía disponible en los depósitos minerales en las entrañas de la tierra o bien el flujo de radiaciones solares interceptadas por la tierra. Georgescu afirma que entre ambas fuentes de energía disponible existen importantes asimetrías de las cuales depende la resolución del problema bioeconómico señalado:

1) La primera asimetría es que la componente terrestre es una existencia mientras que la radiación solar es un flujo. En teoría, los hombres podrían utilizar en un único período de tiempo todo el stock de recursos terrestres; sin embargo, no ejercen ningún control sobre el flujo solar, estando impedidos para usar ahora el flujo del futuro. En cambio, las existencias futuras de recursos terrestres están afectadas por el consumo que se haga en la actualidad.

2) Cada una de las fuentes de energía disponible cumple un papel específico. Mientras el stock terrestre permite elaborar todos los aparatos fundamentales para fines humanos que satisfacen las necesidades exosomáticas, la radiación solar es la fuente primaria, empezando con la fotosíntesis, de toda la vida sobre la tierra. Además, no existe a escala humana un mecanismo capaz de transformar energía en materia. Mientras que las generaciones futuras tendrán su parte inalienable de energía solar, sus existencias pueden estar a ser consumidas en la actualidad.

3) El stock de recursos terrestres es una fuente muy pequeña en comparación con la del sol. Mientras que la actividad del sol durará 5 mil millones de años, el stock de recursos terrestres es equivalente a únicamente unos cuantos días de energía solar (cálculos optimistas cifran en dos semanas la equivalencia entre todas las reservas de combustibles fósiles y la radiación solar llegada al planeta.)

4) Desde el punto de vista de su uso industrial, la energía solar presenta una importante desventaja respecto a la energía terrestre: ésta se encuentra disponible en forma concentrada mientras que el uso directo de la energía solar no es sencillo. El flujo de energía solar no se acumula en ningún sitio a partir del cual pueda ser utilizada de una forma concentrada.

5) La principal virtud de la energía solar es que su uso no causa contaminación adicional: esto es, los rayos solares que no son utilizados se degradan inexorablemente. Sin embargo, de ser usada en un lugar distinto a donde fue recogida el clima de ese sitio se vería afectado.

6) La supervivencia de todas las especies terrestres y acuáticas depende, directa o indirectamente, de la radiación solar. Sólo los hombres y las mujeres, a causa de su adición exosomática, dependen también de los recursos minerales.

En la medida en que ambas son las fuentes principales de energía disponible y que presentan tan grandes asimetrías, Georgescu-Roegen afirma que como consecuencia de la fuerte presión ejercida sobre el stock de existencias terrestres, debido a la moderna fiebre del desarrollo industrial, así como a la necesidad cada vez más urgente de reducir la contaminación ambiental y de hacerla menos dañina, lo que supone demandas adicionales de esas existencias, el hombre debe redoblar sus esfuerzos para encontrar la forma de utilizar con una mayor intensidad las radiaciones solares.

Para saber más: Economía, ecología y agroecología. Xabier Simón Fernández

Serge Latouche sobre África





África en 1964 en algunos aspectos era mucho más cercana a la de hace dos siglos que a la actual. Había subdesarrollo, pero nadie moría de hambre. Las empresas occidentales tenían problemas para reclutar mano de obra, porque si no trataban bien a los trabajadores éstos volvían a su poblado, donde sabían que podían comer. Era aún posible ir a cualquier aldea, pedir un pedazo de tierra y plantar mandioca. Hoy no es así. Los alimentos no llegan a la ciudad porque no hay seguridad en el campo, y los jóvenes no quieren trabajar la tierra porque ya no sale a cuenta. A todo esto hay que añadir el desbordante crecimiento demográfico. Y la contaminación. Cuando llegué no existía; hoy es peor en las ciudades africanas que en las europeas.

Hace cuarenta años en las zonas rurales de África no existía la necesidad del desarrollo. Fueron los misioneros del desarrollo quienes infundieron la necesidad de tener hospitales y automóviles. Había que hacerlo porque lo decía el hombre blanco. La colonización de su imaginario ha sido brutal. A través de las series televisivas imaginan que Occidente es un paraíso y África un infierno. Pese a todo, cierta actitud vital africana nos permite confiar en otro futuro: su relación con el tiempo, su alegría y espontaneidad, el vivir el instante sin nuestra obsesión por la previsión y el control…

Lo mejor sería dejarla tranquila. Pero eso no significa no hacer nada, sino tomar medidas para que las grandes multinacionales dejen de saquearla.

Marxismo vs decrecimiento

El marxismo - desde donde se lanzaron advertencias sobre las condiciones de la miseria humana que generaba el sistema capitalista - es un producto del siglo XIX, y por lo tanto está condicionado por la visión positiva de la evolución histórica y del desarrollo tecnológico predominante por aquel entonces.

El marxismo, basado en una concepción materialista de la historia (la Naturaleza como proceso de producción material), poseía la aspiración de la desaparición de las clases y la instauración del comunismo, mediante la acción del proletariado industrial, aunque esta clase social posee unos intereses, capacidades y calificaciones que están en función de las fuerzas productivas y funcionales de la racionalidad capitalista.

En el socialismo real que se dio en diferentes países, se desarrolló un sistema de división del trabajo donde las personas quedaban presas de la maquinaria productiva conducidas por una burocracia que gestionaba y planificaba el modelo comunista.

La economía comunista careció al igual que la economía capitalista o de libre mercado de una visión entrópica de la relación con el medio, ya que no tiene en cuenta las implicaciones que sobre el ‘desarrollo de las fuerzas productivas’ tiene el agotamiento de los recursos y el impacto sobre el entorno ambiental del modelo productivo.

El marxismo adolece de una visión económica que da por bueno el ‘progreso’ y el ‘crecimiento’, donde la tecnología hace posible la acumulación ilimitada de riqueza. La Naturaleza es ‘producción material’ mediada y transformada por actividad humana social.

Tras el colapso de los países del Este la ideología marxista y la izquierda en general está en crisis, es necesaria un reformulación de las teorías emancipadoras, liberadoras y de transformación, se necesita superar una visión histórica desarrollista que acepta un sistema ecónomico generado por la burguesía.

Una visión crítica sobre el desarrollo sostenible




Muley a Boabdil:

“...he aprendido [...] la mejor lección: disminuir las necesidades para disminuir las fatigas que cuesta satisfacerlas. Y así he llegado a necesitar muy pocas cosas, y esas pocas, muy poco. Porque la verdadera felicidad no está en tener, amigo mío, sino en ser y en no necesitar”.Antonio Gala. El manuscrito carmesí.

Constatada la imposibilidad de un crecimiento infinito se impone la necesidad de aliviar la presión sobre fuentes y sumideros optando por un modelo de desarrollo que libere espacio ambiental para no anular las opciones vitales de los pueblos empobrecidos, las generaciones venideras y los otros seres vivos, en un ejercicio de justicia. Caminar en esa dirección requiere revisar nuestras necesidades, el consumo, la economía y los instrumentos de decisión.

Desde nuestro punto de vista, que reconoce límites al papel de la tecnología para enfrentar los problemas ambientales, no se es más “ecológico” consumiendo productos “verdes” o reciclando; se es más “ecológico” cuando se consume menos. Debemos asumir que una actitud favorable hacia el medio conllevará una mejora de nuestra salud y de nuestra calidad de vida, que no hay que identificar necesariamente con capacidad de consumo y así garantizaremos que ésta se pueda mantener en el futuro

Quienes se identifiquen con estos planteamientos, sin duda distintos de los de quienes hoy desgastan con un uso repetitivo el término “Desarrollo sostenible”, deben poner en cuestión la utilidad de ese concepto ambiguo que, además de los sobreentendidos que implica, presenta casi tantos significados como usuarios y tiene un uso retórico orientado a legitimar el actual estado de cosas. Haríamos bien, por lo tanto, en dejar de contribuir a mantener la falsa apariencia de consenso en torno a él, impugnarlo y recurrir a otros que definan una alternativa real.

Para saber más: Una Visión crítica sobre el ‘desarrollo sostenible’. Luis Enrique Espinoza Guerra.

Biomímesis


“Para que la especie humana sobreviva tiene que desarrollar una economía cíclica en la que todos los materiales se obtengan de los grandes depósitos (aire, suelo y mar) y se devuelvan a ellos, y todo el proceso se mueva por energía solar”

Kenneth E. Boulding.

Se trataría de comprenderlos principios de funcionamiento de la vida en sus diferentes niveles con el objetivo de reconstruir los sistemas humanos de manera que encajen armoniosamente en los sistemas naturales.

La inagotable (en términos humanos) fuente de energía que nutre a prácticamente toda la vida sobre nuestro planeta debe de ser también la que mueva los ciclos productivos de la economía humana, debemos vivir del sol.

Todo lo que fuera a parar al metabolismo biológico de la naturaleza sería perfectamente biodegradable y no contendría tóxicos (nutrientes biológicos); lo que fuera al metabolismo industrial circularía una y otra vez en ciclos cerrados (nutrientes técnicos). Se deben de cerrar los ciclos materiales. Residuos cero.

No transportar demasiado lejos los materiales. Los ecosistemas terrestres han ido autoorganizándose mayoritariamente sobre la base de ciclos verticales y cercanos.

Evitar los productos xenobióticos, es decir, aquellos productos químicos u organismos producidos artificialmente que resultan ‘extraños’ para los sistemas naturales.

La economía humana ha de construirse respetando las singularidades regionales, culturales, materiales y ecológicas de los lugares.

La biomímesis sería una estrategia de reinserción de la sociosfera y la tecnosfera dentro de la biosfera.

Para saber más: Biomimesis: El camino hacia la sustentabilidad. Jorge Riechmann.

El primer estado: Sumer




Fue en el Próximo Oriente donde por primera vez una jefatura se convirtió en Estado. Ocurrió en Sumer, en el sur de Irán e Irak, hace aproximadamente 5.500 años.

Esta región estaba dotada de gramíneas silvestres y especies salvajes de animales aptas para la domesticación. Los antecesores del trigo, la cebada, el ganado ovino, caprino, vacuno y porcino crecían en la tierras altas del Levante y las estribaciones de la cordillera del Zagros, lo que facilitó el abandono temprano de los modos de subsistencia de caza y recolección a favor de la vida sedentaria en aldeas.

Los primeros centros agrícolas y ganaderos dependían de las lluvias para la aportación de agua a sus cultivos. Al crecer la población comenzaron a experimentar con el regadío, con el fin de ganar y colonizar tierras más secas. Sumer, situada en el delta, falto de lluvias pero pantanoso y propenso a inundaciones frecuentes de los ríos Tigris y Éufrates, se fundó de esta manera. Limitados en un principio a permanecer en las márgenes de una corriente de agua natural, los sumerios pronto llegaron a depender totalmente del regadío para abastecer de agua sus campos de trigo y cebada, quedando así inadvertidamente atrapados en la condición final para la transición hacia el Estado.

Cuando los aspirantes a reyes empezaron a ejercer presiones para exigirles más impuestos y mano de obra para la realización de obras públicas, los plebeyos de Sumer vieron que habían perdido la opción de marcharse a otro lugar. ¿Cómo iban a llevarse consigo sus acequias, sus campos irrigados, jardines y huertas, en las que habían invertido el trabajo de generaciones?.

Para saber más: Nuestra especie. Marvin Harris. 1989

En paz con el planeta


“Está claro que necesitamos comprender la interacción entre nuestros dos mundos: la ecosfera natural, la fina envoltura del aire que rodea al planeta, el agua y el suelo y las plantas y animales que viven en él, y la tecnosfera, lo suficientemente poderosa como para merecer tan grandioso término hecha por el hombre. La tecnosfera se ha vuelto lo bastante grande e intensa como para alterar los procesos naturales que rigen la ecosfera. Y a su vez, la ecosfera alterada, amenaza con inundar nuestras grandes ciudades, secar nuestras ricas granjas, contaminar nuestra comida y agua y envenenar nuestros cuerpos, disminuyendo catastróficamente nuestra capacidad de proveer las necesidades humanas básicas”.

Barry Commoner. En paz con el planeta. 1992.

Durante los últimos años la humanidad ha pasado de vivir en un mundo vacío a vivir en un mundo lleno o saturado. El planeta está dominado por el ser humano. La humanidad extrae recursos de las fuentes de la biosfera y deposita residuos y contaminación en sus sumideros, alterando la Tierra globalmente, hasta llegar a trastocar los grandes ciclos bioquímicos del planeta (como la circulación del nitrógeno o el almacenamiento del carbono en la atmósfera).

Somos más de 6.500 millones de inquilinos en una casa común que es el planeta Tierra.

“Las decisiones de uno, ya sea un individuo, una colectividad o una nación, tienen necesariamente consecuencias, a mayor o menor plazo, para todos los otros. Cada uno incide entonces en las decisiones de todos. Esta sujeción puede parecer penosa. En realidad, es la clave para el acceso de todos a un estatuto verdaderamente humano. Intentar escapar de ella sería renunciar a una riqueza esencial, nuestra ‘humanitud’ que no recibimos de la naturaleza, sino que la construimos nosotros.”

Albert Jacquard. Finitud de nuestro patrimonio. (Le Monde Diplomatique ). 2004.


Descrecimiento, buen vivir y justicia ambiental

Joan Martínez Alier



Descrecimiento, buen vivir y justicia ambiental

Estos términos tienen distinto origen, pero señalan un camino común. La décroissance es una palabra nacida en Francia hacia 1972 de boca de André Gorz, repetida en el libro de Georgescu-Roegen de 1979 que se llamaba Demain la décroissance. Se ha difundido muchísimo a partir de 2002 de la pluma de Serge Latouche y otros autores. Cuatro grandes conferencias se han realizado en Europa desde mayo de 2008 llamando al descrecimiento o post-crecimiento, la última en Leipzig en septiembre de 2014 con 3 mil participantes. En la editorial Routledge de Londres recientemente ha aparecido, compilado por Giacomo d’Alisa, Federico Demaria y Giorgos Kallis, un Diccionario del descrecimiento, que saldrá en castellano en abril de 2015 en la editorial Icaria en Barcelona. Emula el famoso diccionario del post-desarrollo que publicaron Wolfgang Sachs, Ashish Nandy, Gustavo Esteva, Arturo Escobar… hace 20 años.

Lo que el descrecimiento propone es una economía y una sociedad que, en lo ecológico, baje su consumo de energía y materiales y, en lo social, ponga en vigor principios de organización basados, no en las prioridades del mercado, sino en la autonomía, en el cuidado de las personas, la reciprocidad, la convivialidad. Mucho de eso procede de Iván Illich y de Cornelius Castoriadis. La décroissance es una idea europea que en Estados Unidos tiene un paralelo en la economía del estado estacionario, que Herman Daly viene proponiendo desde 1973, parecida a la de prosperidad sin crecimiento de Tim Jackson en Inglaterra y a la simplicidad voluntaria de Ted Trainer en Australia. En Alemania le llaman Post-Wachstum, post-crecimiento.

Pero se puede preguntar en México o en cualquier país del Sur: ¿cómo se atreven ustedes a proponer el descrecimiento con la pobreza cruel que persiste en África, la India, América Latina? Una respuesta sería que el descrecimiento es solamente para los países ricos y debe ir junto con un crecimiento económico en el Sur y con la redistribución en todas partes. Otra respuesta mejor, que complementa o modifica la anterior, es que el descrecimiento no es un invento europeo; tiene otras raíces, también debe ir junto con el buen vivir, el sumak kawsay. Esta expresión quechua se usó en 2008 en la Constitución de Ecuador como una alternativa al desarrollo económico uniformizador, como una manifestación de la anticolonialidad.

No hace falta recurrir al quechua; la idea de vivir con lo que es suficiente para una vida buena, sin acumular, es lo que los jain llaman aparigraha desde hace miles de años en la India, o es la eudaimonia de Aristóteles, es decir, la felicidad, la plenitud del ser, el florecimiento de las propias capacidades sin acumular posesiones. Tal vez sumak kawsay se haya dicho ya, aunque no se haya escrito, desde hace muchos centenares de años, con total independencia de Aristóteles. En América se encuentran ya las ideas que necesitamos para una ética del buen vivir que encaje perfectamente con los postulados del descrecimiento. Y a eso hemos de añadir la justicia ambiental.

En economía ecológica insistimos en la imposibilidad de un crecimiento económico que sea sostenible. En economías industriales no existe ni puede existir un crecimiento verde. Y en ecología política estudiamos los conflictos ecológico-distributivos. Y redescubrimos los movimientos de justicia ambiental que luchan contra el racismo ambiental, por la justicia climática, la justicia hídrica. Si dibujamos un mapamundi de industrias contaminantes, veremos cómo sus impactos y las protestas contra ellos, no están distribuidas de forma aleatoria. Muchas de estas actividades han sido colocadas en lugares donde habita gente pobre, pueblos indígenas, gente del color de la tierra.

Por tanto han nacido redes internacionales por la justicia climática, por la justicia hídrica, por la conservación de las semillas campesinas, por el ciclismo urbano, contra las plantaciones de eucaliptos y palma de aceite, por la conservación de los manglares, contra la minería a cielo abierto y contra el fracking, denunciando el comercio ecológicamente desigual y reclamando las deudas ecológicas y los pasivos ambientales de las empresas papeleras, mineras o petroleras por los daños producidos.

Y esas tres ideas, una del Norte y dos de ellas del Sur, a saber, el descrecimiento, el buen vivir y la justicia ambiental, se refuerzan mutuamente. Quienes en Europa, más allá de experimentar nuevas formas de vida comunitarias en las ciudades o en el campo disminuyendo su consumo energético y material, aumentando la intensidad de sus cuidados mutuos y su interés por la vida pública, se sumen a la vez a las denuncias contra la represión contra los ambientalistas y los pueblos indígenas del Sur que protestan contra el extractivismo, estarán apoyando a la vez la justicia ambiental, el buen vivir y el descrecimiento.

Joan Martínez Alier es Catedrático de la ICTA-Universitat Autònoma de Barcelona