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Las familias modelo

George Lakoff

Nuestra política se organiza en torno a dos modelos opuestos e idealizados de familia: el modelo del padre estricto y el modelo de los padres protectores.

La familia de los padres protectores presupone que el mundo, pese a sus peligros y dificultades, es básicamente bueno, que puede mejorar y que nosotros somos responsables de trabajar para ello. Según esta interpretación, los niños nacen buenos y los padres pueden hacerlos mejores. El padre y la madre comparten la responsabilidad de educar a los hijos. Su tarea es criarlos para que ellos puedan también criar a otros. La crianza implica dos actitudes básicas: empatía (sentir y preocuparse de cómo sienten los otros) y responsabilidad (de cuidarse a uno mismo y de cuidar a aquellos de los que somos responsables). Estos dos aspectos de la crianza implican valores familiares que podemos reconocer como valores políticos progresistas: desde la empatía, queremos para los otros protección frente al peligro, realización en la vida, justicia, libertad (compatible con la responsabilidad) y una comunicación abierta en las dos direcciones. De la responsabilidad derivan la competencia, la confianza, el compromiso, la construcción de la comunidad, etc.

De estos valores derivan políticas concretas: protección gubernamental bajo la forma de una red de seguridad social y de regulación del gobierno, así como el ejército, la policía (de la protección), la educación universal (de la competencia y la justicia), las libertades civiles y la igualdad de trato (de la justicia y la libertad), la responsabilidad pública en la rendición de cuentas (dela confianza), el servicio público (de la responsabilidad), el gobierno abierto (de la comunicación abierta), y la promoción de una economía que beneficie a todos por igual (de la justicia) y que funcione para promover estos valores (de la responsabilidad).

La función del gobierno es proporcionar la infraestructura y los servicios para poner en práctica estos valores, y los impuestos son las cuotas que se pagan para vivir en una sociedad civilizada como ésta. En política exterior la función de la nación debería ser promover la cooperación y difundir estos valores por el mundo entero. Éstos son los valores tradicionalmente progresistas de la política americana.

La visión conservadora del mundo se configura a través de valores familiares muy diferentes.

El modelo del padre estricto presupone que el mundo es y será siempre peligroso y difícil, y que los niños nacen malos y hay que hacer que sean buenos. El padre estricto es la autoridad moral que tiene que sostener y defender a la familia, decirle a su mujer lo que ha de hacer, y enseñarles a los hijos la diferencia entre el bien y el mal. La única manera de hacerlo es mediante el castigo doloroso, la disciplina física que, en la edad adulta, se desarrollará como disciplina interna. La moralidad y la supervivencia surgen conjuntamente de esa disciplina —disciplina para cumplir los preceptos morales y disciplina en la persecución del propio interés para llegar a ser autosuficientes. Los buenos son los disciplinados. Cuando crecen, los hijos autosuficientes y disciplinados se valen por sí mismos y el padre no tiene que inmiscuirse en sus vidas. A los hijos que siguen siendo dependientes (que fueron demasiado mimados, o que son excesivamente voluntariosos o recalcitrantes) debería obligárseles a una mayor disciplina o habría que retirarles los apoyos para que así tengan que enfrentarse a las exigencias del mundo exterior por su cuenta y riesgo.

Si proyectamos lo anterior sobre la nación, ya tenemos la política radical del ala derecha, mal llamada «conservadora». Los buenos ciudadanos son los disciplinados —aquellos que ya se han hecho ricos o por lo menos autosuficientes— o los que están en vías de conseguirlo. Los programas sociales «envician» a la gente, porque les dan cosas que no se han ganado y hacen que continúen siendo dependientes. Son, por tanto, malos y hay que suprimirlos.

El gobierno está ahí únicamente para proteger a la nación, para mantener el orden, para administrar justicia (castigos) y para garantizar el comportamiento ordenado y la promoción de los negocios. Los negocios (el mercado) son el mecanismo mediante el cual las personas disciplinadas llegan a ser autosuficientes, y la riqueza es la medida de la disciplina. Los impuestos que exceden el mínimo necesario para esa forma de gobernar son castigos que privan a los buenos y disciplinados de las recompensas que se han ganado, para gastarlo en quienes no se lo han ganado.

En los asuntos internacionales el gobierno debería mantener su soberanía e imponer su autoridad moral donde fuera posible, además de perseguir su propio interés (el interés de las corporaciones y la fuerza militar).

Extraído de: George Lakoff. No pienses en un elefante. Lenguaje y debate político

¿Crecimiento económico?



Parece que nos engañan como a niños. He oído decir “en diciembre de 2008 saldremos de la crisis”; “a comienzos del años 2009 se habrá superado la recesión”; “en marzo de 2011…”, etc, etc. Ahora para el 2015. Es como cuando un niño durante un viaje pregunta ¿cuándo llegamos?. La respuesta es: ¿ves esa curva?, en cuando la pasemos un poco más. Y luego se dice algo parecido cuando se vuelve a impacientar.
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Lo mismo hacen los gobernantes con las personas: crean falsas expectativas que nunca van a cumplir porque no responden a estudios serios, sino a publicidad. El problema es que por dinero y “fama” economistas y catedráticos se prestan a semejante falsedad mediática.
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Sabemos que mienten, pero hemos adaptado nuestro pensamiento al mentir de los que mandan y de quienes ocupan altos cargos sean académicos o de alguna institución.
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De esta manera se amortigua cualquier rebelión, porque nos hacen creer que ya está a punto de resolverse… Y no es así. El fundamento de su mentira forma parte de las premisas que se instauran en el pensamiento económico:
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1.- Según Paul Samuelson, premio Nobel en 1970, economía es la manera de repartir en una sociedad los recursos escasos. El problema es que cuando no son escasos. Cuando son excedentarios no podemos seguir aplicando la misma lógica y los mismos criterios. Pero se hace porque se mantiene dicha premisa, la cual viene recogida en todos los libros de texto de economía de bachillerato.
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2.- El trabajo es un medio para resolver necesidades. Se ha trasformado en un fin, para cuya consecución hay que generar necesidades aunque sea de manera artificial. De esta manera el empleo deja de crear riqueza y se convierte en un gasto, pero cuando no hay dinero es insostenible y el desempleo avanza. Pero insistimos en querer crear puestos de trabajo porque el fin justifica los medios. Para su consecución estamos dispuestos a lo que sea, a los gobiernos no les importa destruir los últimos ecosistemas, devaluar los salarios, participar en guerras para saquear el petróleo. La sociedad mira para otro lado porque cree que es por su bien.
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3.- Todas la medidas que toma el gobierno: recortes, ajustes, reforma laboral van encaminadas al crecimiento económico, lo mismo que el anterior gobierno. Suponen los mandatarios que con el crecimiento económico se creará más empleo, lo cual no es cierto. El crecimiento económico desde la productividad es impulsado por las nuevas tecnologías que exigen muy poca mano de obra. Por otra parte hoy vivimos en un mercado global, las medidas estatales influyen poco o nada. Pero la cuestión esencial es responder a la pregunta: crecimiento económico ¿hasta dónde, hasta cuándo?. Esto lo quise debatir en la universidad de León, en la Facultad de Ciencias de la Economía y se tuvo que convocar una junta de decanato para prohibir tal debate bajo la respuesta de que yo no reúno “el perfil”. ¿Qué perfil?. En el Instituto Padre Isla de León sí que he podido explicar este concepto.
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Ningún teórico de la economía responde a la pregunta ¿cuál es el límite del crecimiento?, cuando es algo obvio que llega un momento en que no caben más productos en el mercado. ¿Se pueden construir 10 millones de rascacielos en la ciudad de León?. No, porque no hay espacio suficiente para ello. ¿Hay que esperar a cumplir un ciclo que desemboque en una guerra para volver al crecimiento económico, porque si destruimos las ciudades podemos volverlas a construir?. ¿O llegar a esquilmar lo poco que queda de la naturaleza?. Nuestra economía se fundamenta en el crecimiento y nadie señala hasta dónde. Llega un momento en que no es posible el crecimiento económico. Entonces la economía se colapsa, cuando no es más que la necesidad de pasar a otro modelo. ¿Crecimiento económico hasta cuándo y dónde?: hasta que sea posible implantar la Renta Básica, por tal motivo es necesaria. Como dice Mario Bunge es urgente adecuar la política y la economía a la ciencia y a la técnica contemporánea.
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El crecimiento económico desemboca en la Renta Básica, pero cuando crecer se convierte en algo ideológico no valen las razones, porque estamos inmersos en el fanatismo académico, en universidades que cierran las puertas a nuevas formas de pensar, a otras perspectivas que no sean las suyas anticuadas, sin importar que sea algo rancio lo que enseñan, que no sirve. Cuando alguien cree fanáticamente en la desmaterialización, por ejemplo, una prueba es colocarse delante de un tren para que le atraviese sin que le pase nada. Cuando el tren le arrolla y aplasta los adeptos que lo ven no dejan de creer debido a que están fanatizados, no piensan, sino que consideran que tienen que purificarse más, ser más devotos, obedecer más al gurú, que exigirá cualquier locura y sacrificio… Que el que ha muerto en la prueba es porque lo ha hecho mal. Lo mismo cuando se anuncia el fin del mundo una y otra vez y no llega, el fanático sigue creyendo en la siguiente fecha de la profecía. Cree que ha de convencer a más seguidores, que no llega porque es necesario salvar a más descreídos y construir más templos. Es la dinámica del fanatismo.
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Nuestros gobernantes y gurúes de la economía siguen errando en sus previsiones, siguen sin cumplirse sus augurios. Evitan gastos en la educación y sanidad públicas, pero aumenta el paro. Entonces exigen más sacrificios, bajan las pensiones, aumentan las cotizaciones y no conseguirán nada, tan sólo igual que en Grecia: aumentar la presión sobre los más pobres que cada vez serán más, pero continúan sin reconocer sus errores, ni rechazar las mentiras diseñadas por la troika, porque seguirán recibiendo apoyos en las urnas ya que la sociedad fanatizada sigue creyendo… y porque la única oposición se hace desde modelos ideológicos, que tampoco funcionan, defendidos por fanáticos de mundos irreales, lo cual alimenta un futuro totalitario si no reaccionamos.
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Debemos sacar la razón al mundo y no dejar que choquen los fanatismos antagónicos. El poder actual es uno de ellos, es fanatismo económico.
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Por tal motivo antes que nada es necesario descongelar el pensamiento.
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 Ágora de la poesía
Foto de “Ver crecer el maíz”

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¡Indignaos en contra de la publicidad!

Julio García Camarero*

Quien compra muchas cosas, más de las que necesita, termina teniendo más afecto a las cosas que a las personas. Se transforma en un CONSUMISTA. Termina deshumanizado.

Sucede que el capitalismo necesita vender y le son indispensables los consumistas y los fabrica igual que fabrica las mercancías y lo hace a través de poder mediático, de la publicidad, de las vallas publicitarias, etc.

En consecuencia sucede que los espacios y ambientes públicos están siendo sustraídos y privatizados por los mercados que necesitan angustiosamente la publicidad. Estos espacios que deben de ser un bien común (de todos) están siendo robados de una forma camufladamente violenta y agresiva.

¿Qué son sino esas gigantescas vallas publicitarias?, que dominan los espacios y los ambientes ciudadanos? Son artilugios que nos agreden violentamente, con una sonrisa vendedora, con un cuerpo femenino atrayente o vendiéndonos “la modernidad e innovación”.

Para, aún, una pequeña minoría está claro que para conseguir otro mundo, mejor, necesario y urgente, a través de una transición y del decrecimiento feliz, es necesario que cambiemos nuestro imaginario. Un imaginario introducido en todo cerebro terrícola, a fuerza de martillazos y bombazos de marketing, a fuerza de gigantescas vallas publicitarias, a fuerza de anuncios televisivos, etc. Un ataque constante que nos va lavando el cerebro y nos introduce un imaginario absolutamente consumista-comercialista. Y sucede, que para lograr este indispensable cambio de imaginario, este cambio de chip consumista, es absolutamente insuficiente que unos “sesudos” escritores decrecentistas digamos en nuestros libros o artículos (que a lo sumo sólo leerán un 0,5% de toda la población, otra cosa sería si fuéramos como Belén Esteban, que ella sí que llega a todos los rincones):

“¡Hay que cambiar el imaginario!”.

No, con esto no es suficiente, hay que buscar la forma de conseguir realizar intensas campañas en contra de la publicidad. En contra de ese asesino de cerebros que es el marketing. Y para ello habrá que buscar estrategias anti-publicidad, anti-logo como nos dice muy bien la sesuda Naomi Klen.

¿Ante esta situación de inferioridad del ser “humano de a pié”, que podemos hacer?

¿Cómo podemos superar ésta agresión publicitaria que venimos sufriendo desde nuestro nacimiento y que viene desde todos los sitios? Además, no poseemos el gran poder mediático que consiguen las grandes corporaciones anunciadoras a base de muchísimo dinero. Pero si poseemos aún muchos espacios pequeños (aún de nuestra propiedad) que les pueden desbordar. Además, somos el 99%. Podemos crear una nube de mosquitos anti-publicidad que paralice y nuble a este gran poder mediático opresor.

Podemos y debemos de actuar en dos espacios que aún son nuestros: nuestros balcones y nuestros propios cuerpos. O colocando alguna frase anti-publicidad en las barandillas de nuestros balcones o colgadas en los quicios de nuestras ventanas, como ejemplo podía ser: “somos consumistas y no somos consumidores que es lo que hay que ser”. Pueden valer nuestros propios cuerpos desnudos como muy bien lo hacen las abortistas o simplemente camisetas que lleven impresos unos lemas conceptuales de anti publicidad, o contra-publicidad; como pueden ser, por ejemplo: “Es muy sano consumir sólo 4 camisas cada 15 años”; o bien: “Es muy sano consumir sólo 2 pantalones cada 15 años”. O bien: “No importa llevar los mismos pantalones durante 8 años, …solo se pondrán raidos como los vaqueros que te venden caros, o como la ropa de los héroes del Oeste Americano”.

Pues no solo debemos admitir la ropa raída y rota cuando (como sucede con los vaqueros, que son licencia del sistema para ir sucio) nos lo manda la Santa Madre Publicidad, o esta dictatorial tomadura de pelo que es la moda.

El quid de la cuestión es que la gran masa tome conciencia intensa y una fuerte indignación en contra de manipulación publicitaria.

Es importante decir por último que esta campaña anti-publicidad deberá ser seguida indispensablemente (y casi de seguido) por una campaña sindical fortísima que reivindique una drástica reducción de la jornada laboral; pues si consumimos menos se reducirá, en general, la necesidad de horas de trabajo. Pero las pocas horas de trabajo habrá que repartirlas entre todos. Y esta será la única forma de terminar con el paro y de conseguir mucho tiempo para el recreo personal. Así conseguiremos que todos trabajemos menos, consumamos menos, contaminemos menos, esquilmemos menos, tengamos más tiempo libre y por ello seamos más felices y vivamos en un mundo más sano y saludable.

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*Autor del la trilogía decrecentista:
-El crecimiento mata y genera crisis terminal (2009).
-El decrecimiento feliz y el desarrollo humano (2010).
-El crecimiento mesurado y transitorio en el Sur (2013).


La teoría del decrecimiento

Fede Durán - Crónicas de un escéptico

Enfermo de cáncer, ya bordeando la muerte, un Terzani espiritualmente pacificado y despojado de cualquier asomo de miedo confiesa a su hijo el estupor que le produce la felicidad capitalista, fundamentada en el tener en lugar del ser. Este lustro de crisis ha alimentado planteamientos alternativos que son como aceitunas en la almazara o canicas en la llanura: no inquietan al sistema, luego no importan. Emerge, sin embargo, una propuesta algo más factible por cuanto no se basa en abstrusas refundaciones teóricas sino en la praxis de la necesidad, sinónimo de desempleo, desmantelamiento de los servicios públicos y creciente marginalidad. Es la economía del decrecimiento.

Que los sueldos mengüen y las economías familiares aprieten la faja y lo fíen todo a un menor número de contribuyentes conlleva forzosamente una revisión estratégica que tal vez debiera quedarse cuando la crisis pase. Hoy se consume menos a cualquier escala: menos ropa, menos tecnología, menos recursos energéticos. Sin aceptar jamás un paso más allá del umbral de lo digno, esta cultura de la austeridad doméstica¡ encierra un manojo de virtudes porque se acerca a la sostenibilidad en un planeta de bienes fungibles poblado por voraces inmensos como China o EEUU.

Se trata de sensatez, equilibrio y justicia, conceptos que enriquecen las almas y las alejan de los trucos malos de la ideología y la cadena oxidada del patrón, la nómina, la hipoteca, la letra del coche y esa segunda residencia en La Barrosa o Matalascañas. El trío mágico de la catarsis revaloriza los placeres basados en la mirada, la palabra o el tacto; refuerza las economías de barrio y la autarquía del tejido ciudadano; incluso propiciaría, bucólicamente pensando, un mercado de trabajo más razonable por cuanto menores jornadas y salarios significarían más tiempo libre y empleos adicionales para quienes deben rellenar ese hueco en el teatro productivo (es lo que diversos autores han defendido como bondad en la Alemania del kurtzarbeit).

Reverso tenebroso, que nos recordaría Darth Vader: ¿Qué pensarían de la economía del decrecimiento las grandes telecos, o las eléctricas, o los colosos del calzado y la moda? ¿Cuántos cabellos se arrancarían Apple y Samsung, Sony yMicrosoft, Nike y Adidas? ¿Dónde quedarían las expectativas de El Corte Inglés o Wallmart? ¿Cuánto mancharía el barro los zapatos de Bankia o el Santander? Y los decibelios del grito de Ford, VW o Toyota, ¿cuántos tímpanos reventarían?

El capitalismo más crudo es como la partitocracia española, un secuestro permanente bajo una apariencia de libertad. Si la humanidad optase por el consumo suave, si el primer mundo decidiese hacerle sitio en el sillón terráqueo a los de abajo (a las costureras y los ensambladores), los Estados Unidos del Eurodólar intentarían que ese estúpido altruismo no arruinase el dogma del crecimiento ilimitado, aun a costa de trasvasar la riqueza y el bienestar de Occidente a Oriente. Es la avaricia, estúpido.

Para comprender el decrecimiento

Alan Bocato-Franco

Compas:

La crítica de Navarro al decrecimiento fue traducido y publicado en Brasil. Escribí una respuesta que fue publicado en el mismo blog. Quiero compartir con ustedes.
http://outraspalavras.net/capa/para-compreender-o-decrescimento-sem-preconceitos/

(Traducido al castellano)


El movimiento [decrecentista] no es nostálgico, ni anticivilizatório. Sin embargo, sostiene que: sin revisar los patrones de consumo y producción, el "progreso" dará lugar a la desigualdad y la devastación.


Poco frecuente, incluso en Brasil, el debate tomó forma y se expandió rápidamente en los últimos años, en paralelo a la incomodidad con el capitalismo y sus impasses. Es la idea de "decrecimiento". "En otras palabras" se le acercó en varios textos en el pasado -, pero le dio una mención especial el 10 de octubre. Un artículo por el politólogo catalán Vicenç Navarro criticó "Algunas teorías" decrecimiento. En su opinión, terminan reduciendo el ecologismo antisocial y elitista, sugerir, antes de que los países en crisis, la continuación de las políticas de "austeridad", que generan más desempleo y la desindustrialización.

Artículo Navarro generó gran controversia en la sección de comentarios de los lectores. "En otras palabras" invitó a uno de los polemistas, Alan Bocato-Franco, escribiendo una respuesta. El resultado fue mejor que el pedido. Mucho más que discutir con Navarro - quien, por cierto, parece compartir puntos de vista - Alan polilla, en el siguiente texto, una visión importante sobre el origen, significado y la historia de las teorías del "decrecimiento".


Es algo muy grande hoy en día, en un país que necesita encontrar una síntesis entre dos posiciones igualmente indispensables. Por un lado, los críticos símbolos cada vez más frecuentes antes de los intocables del "progreso" - por ejemplo, el automóvil, las grandes obras de la carretera y la multiplicación de proyectos de generación eléctrica, sin la compañía de un análisis serio sobre el consumo de electricidad. Por otro lado, el énfasis en la redistribución de la riqueza y la necesidad de garantizar unas condiciones de vida dignas para la gran mayoría de la población - que requiere, por ejemplo, mucho más la infraestructura (por lo que funciona ...) el transporte público, el saneamiento y la urbanización de periferias. (AM)

La medida por la disminución ha sido el blanco de las críticas recurrentes y repetitivas. En general, te acusan de tratar el crecimiento económico sólo en términos cuantitativos, sin considerar sus variantes cualitativas. Además (o algo así), afirma que sus defensores son maltusianos, porque proponen que la población y el consumo mundial se estabilizan, si no se reduce. Decrescentistas sería un estilo de vida pre-civilización nostálgico, por no reconocer que el progreso tecnológico ha liberado a la población humana de los límites biofísicos de la naturaleza y presentó el progreso? Este artículo tiene como objetivo colaborar con estas críticas.

El tema del crecimiento

Hay, en la disminución de una defensa explícita por el aumento de las actividades económicas que mejoren la salud humana y la reducción de esa sociedad envenenada. Las actividades de los abogados que tienen un impacto menos pronunciado y la disminución de la degradación del medio ambiente tan rápido. También aboga por el aumento que fortalecen la autonomía de las personas, las relaciones estrechas y distribuir sus ingresos y disminución de ese alienan, socavan las relaciones sociales y generan exclusión. Pero decrescentistas reconocer que incluso para las actividades económicas cualitativamente diferentes límites biofísicos del planeta permanecen. Sin duda, la humanidad tendrá un mayor margen de maniobra. Pero los límites del crecimiento económico seguirán existiendo.

A partir de esto, la calidad del crecimiento económico es importante, pero secundario. El punto principal es el paradigma del crecimiento ilimitado. El decrecimiento en tela de juicio el modelo de sociedad, y las teorías del desarrollo que el apoyo que tiene el crecimiento como condición previa para la "armonía" socio-económico o, en otras palabras, la ausencia de crisis. Para bajar, una sociedad constituida bajo el paradigma del crecimiento ilimitado está condenado al fracaso, ya que es imposible crecer indefinidamente, independientemente de la calidad de ese crecimiento.

Población, el consumo y la tecnología

La disminución reconocida como verdadera la ecuación = PAT I formulada por Ehrlich. Esta referencia aparece en un decrecimiento rápido y periférica en algunas publicaciones (1). Ella no dice nada más de impacto ambiental (I) está directamente relacionada con tamaño de la población (P), la riqueza o su consumo (A) y la tecnología (T). En función de ello, los decrescentistas aceptan la conclusión de que la reducción de (A) por la suficiencia y la sobriedad, así como el (T) por el progreso tecnológico no determina el impacto reducido de forma indefinida sin que la población es estable o disminución.

Estas tres variables, el decrecimiento centra su crítica en el consumo. Y así, sus partidarios se les acusa de descuidar los avances tecnológicos. La verdad es que la disminución no niega que las estrategias como el reciclaje, la diversificación de las fuentes de energía y de eficiencia ecológica son esenciales y deben ser alentados. Pero no se ven como soluciones de ahorro el crecimiento económico ilimitado. Por lo tanto, el reconocimiento de la tecnología sin la ingenuidad de creer que su progreso es prueba de que la empresa no debe deshacerse de la "jaula del consumismo" (2). Así que sólo una sociedad fuera del paradigma de crecimiento, que se basa en el consumo, la tecnología gana algo de eficacia para conciliar la actividad económica y la capacidad del planeta.

La población variable es muy poco en la literatura y los debates sobre la disminución (3). La reducción en la población son expresamente entendido como una solución falsa (4). En lo que respecta a la posible población reguladora, debe ser igual y democrática y no violenta e inhumana, como Malthus propuestas. Los decrescentistas rechazan limitar el número de hijos y asumir una transición demográfica a través del empoderamiento, la alfabetización y la democracia de las mujeres (5).

Diferentes raíces

El crecimiento no tiene una sola raíz. Se pueden identificar hasta seis fuentes intelectuales del movimiento (6) como: 1) ecológico, 2) post-desarrollista y anti-utilitarista (7), 3) el significado de la vida y vivir bien (8), 4) bioeconómico (9); 5) Democracia (10), y 6) justicia (11). Una de las influencias intelectuales es Ivan Illich, que aparece en dos de las seis fuentes (02:05). Una de las inspiraciones buscaron este autor se encuentra en el proceso de "objetivación", que consiste en la transformación de la percepción de las necesidades reales de los productos fabricados en masa. Es decir, las necesidades reales de las personas se convierten en necesidad de productos industriales: el asiento se convierte en la necesidad de una lata de refresco, la movilidad se reduce la necesidad de tener un coche y la salud se convierte en la necesidad de tomar medicamentos y suplementos comprado una farmacia. Por lo tanto, la industria ahora tiene el monopolio de las necesidades humanas radicales. La técnica crea necesidades industriales para personas ficticias, y sugiere que sólo los bienes y servicios producidos por las que son capaces de satisfacer estas necesidades.
Una de las críticas formuladas por el decrecimiento e inspirado por Illich cae en la hegemonía del enfoque guiado por el sistema de salud en el sector industrial, individual y privatizar heterónoma. Esto no es negar los avances de la medicina científica. Se señaló que sí, la industria de la medicina apropiación perversa, que transforma la primera en un mero producto destinado al consumo. Al denunciar este proceso, el decrecimiento Want contribuye a la democratización del acceso a la medicina científica. Más que eso, denuncia la supremacía de la práctica médica, en lugar de otras formas de conocimiento y las prácticas de atención de la salud. Se trata de la comprensión de la salud individual y colectiva desde múltiples perspectivas. Es ampliar el abanico de posibilidades para la atención, por lo que, al mismo tiempo que aumenta la autonomía del individuo en el cuidado de sí mismos, lo que es adecuado. En otros casos, se defiende la democratización del acceso a los servicios especializados.

Diferentes corrientes

En cuanto al tema del decrecimiento, hay decenas de libros y cientos de artículos académicos, muchos blogs, numerosos experimentación colectiva, grupos de discusión, la investigación y la formación en los países de los hemisferios norte y sur (12), entre ellos Brasil (13 ) que reconocen auto como parte del movimiento decreciente. Todos, a su manera y el entendimiento están contribuyendo a la construcción de las identidades múltiples y entendimientos de decrecimiento. Incluso hay una sistematización (14), que no cubre toda esta diversidad, reconociendo al menos dos "hilos" que complementan: el decrecimiento del francés, que se centra su crítica de la modernidad, y el decrecimiento sostenible, más acorde con la disciplina Economía Ecológica. Por lo tanto, se trata de un movimiento todavía en el proceso de formación y significado, y cualquier crítica dirigida a él sobre la base de un solo autor es un error precaria.

La novedad

Reconocer y dar a conocer sus fuentes intelectuales, debate decrecimiento supone que hace no es nuevo (15). Por lo tanto, la disminución, al mismo tiempo incorpora y articula los movimientos y autores que han realizado críticas a la modernidad para el desarrollismo, el consumismo, la democracia, la imposibilidad de generalización del modelo de consumo de los países ricos y las clases y la desigualdad y ecológicos social.
Sin embargo, el decrecimiento se abre radicalmente nuevo cuando denuncia, sin superar el paradigma del crecimiento ilimitado, el crecimiento de las economías ya desarrolladas exacerbará las desigualdades globales. Además expresa que todas las teorías de desarrollo, lo que sea, tratan de causar el crecimiento como algo más económico. Por otra parte, la disminución se reanuda el debate sobre la autonomía de la sociedad por parte del Estado y la influencia de la contabilidad e instrumental de las grandes burocracias, públicas o privadas. Así decrescentistas rechazan las falsas soluciones que sólo se centran en la gestión y selección de tipos de recursos. Más que eso, los decrescentistas buscan provocar cambios en la dirección, no sólo los medios sino también los extremos (16). En resumen, la novedad radica en la comprensión de que sin cambiar la esencia del modelo socioeconómico de los valores personales y no hay salida.
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1. Kerschner, C. En el crecimiento económico frente a economía de estado estacionario. Crecimiento, recesión o decrecimiento de la Sostenibilidad y Equidad?, V. 18, n. 6, p. 544-551, abril 2010;
J. MARTINEZ-ALIER La justicia económica y ambiental decrecimiento: Una alianza entre dos movimientos. Capitalism, Nature, Socialism, vol. 23, n. 1, p. 51-73, 2012.
Sorman, AH; GIAMPIETRO, M. El metabolismo energético de las sociedades y el paradigma del decrecimiento: análisis de las limitaciones biofísicas y realidades. Decrecimiento: De la Teoría a la Práctica, vol. 38, n. 0, p. 80-93, enero En 2013.
XUE, J.; ARLER, F.; Naess, P. Es el debate decrecimiento relevante para China? Medio Ambiente, Desarrollo y Sostenibilidad, vol. 14, n. 1, p. 85-109, 2012.
2. JACKSON, T. Prosperidad sin crecimiento: Economía para un planeta finito. London: Earthscan, 2009.
3. El tema de la población, principalmente vinculados a las ideas de Ehrlich, considerado por algunos como un autor de Malthus, ni siquiera es mencionado en varios libros acerca de la disminución de los números especiales de las revistas académicas dedicadas en exclusiva a cualquiera de disminuirla entre las raíces intelectuales del movimiento . Para comprobar véase:
BAYON, D. et al. Decrecimiento: 10 ¿Tienes dudas? Y para comprenderlo debatirlo. [Mataró]: Ediciones intervecion de la diversidad cultural / El Viejo Topo, 2011.
DEMARIA F et al. ¿Qué es el decrecimiento? a partir de una consigna militante de un movimiento social. Valores ambientales, vol. 22, n. 2, p. 191-215, 2013.
Flipo, F. Raíces conceptuales de Actas decrecimiento de la Primera Conferencia Internacional de De-Crecimiento Económico para la Sostenibilidad Ecológica y la Equidad Social. Paris: Investigación y decrecimiento, Telecom Sud-Paris, 2008
KALLIS, G.; Kerschner, C.; ALIER-MARTINEZ, J. (Eds.). Sección especial: La economía de decrecimiento. Economía Ecológica, vol. 84, n. 0, p. 172-269, diciembre de En 2012.
Latouche, S. Pequeño Tratado de decrecimiento Sereno. Sao Paulo: Martins Fontes WMF, 2009.
Latouche, S. La Apuesta Por el decrecimiento ¿como Salir del imaginario dominante? De Barcelona: Icaria, 2009.
ALIER-MARTINEZ, J. et al. El decrecimiento sostenible: Mapeo del contexto, las críticas y las perspectivas futuras de un paradigma emergente. Economía Ecológica, vol. 69, no. 9, p. 1741-1747, 2010.
TAIBO, C. En defensa del decrecimiento: sobre capitalismo, crisis y barbarie. Madrid: Los Libros de la Catarata, 2009.
4. Consulte la subsección "una falsa solución: reducir la población" del libro Pequeño tratado de decrecimiento sereno de Latouche (2009) - citado anteriormente.
5. Ver el capítulo "El decrecimiento, ¿es malthusiano?" Libro decrecimiento: 10 ¿Tienes dudas? Debatirlo y para comprenderlo, Bayon et al (2011) - citado anteriormente.
6. DEMARIA et al (2013) - citado más arriba
7. Algunas referencias de esta fuente intelectual son el desarrollo crítico de los años 1970 y 1980, como Latouche, Arturo Escobar, Gilbert Rist, Helena Norberg-Hodge, Majid Rahnema, Wolfgang Sachs, Ashish Nandy, Shiv Visvanathan, Gustavo Esteva, François Partant Bernard Charbonneau e Iván Illich. También incluye los críticos inspirados por Marcel Mauss como Alain Caillé y otros miembros de MAUSS. Además de otros autores como Karl Polanyi y Marshall Sahlins.
8. Algunas referencias de esta fuente son intelectuales Henry David Thoreau, Pierre Rabhi, Mongeau, Schumacher y Kumarappa Easterlin.
9. Georgescu-Roegen, Herman Daly, Donella Meadows, Kenneth Boulding, EF Schumacher, Howard T. Odum y Elizabeth C. Odum
10. Algunas referencias de esta fuente son intelectuales Ivan Illich, Jacques Ellul y Cornelius Castoriadis.
11. Uno de los aspectos más destacados de esta fuente intelectual es Paul Aries
12. Demaria et al (2013) - citado más arriba
13. Boccato-FRANCO, AA decrecimiento en Brasil. En: Lena, P.; NACIMIENTO, LA EP (Eds.). Frente a los límites del crecimiento: la sostenibilidad, decrecimiento y la prosperidad. Río de Janeiro: Garamond, 2012. p. 269-288.
14. Martinez-Alier et al (2010) - citado
15. Para comprobar: Latouche (2009); Bayon et al (2011) y Martínez-Alier et al (2010) - se ha mencionado anteriormente.

16. KALLIS, G. En defensa del decrecimiento. Economía Ecológica, vol. 70, n. 5, p. 873-880, 2011.

La construcción sociocultural del amor romántico

Coral Herrera Gómez -

Texto extraído del libro: 'La construcción sociocultural del amor romántico'.

"Para mí es obvio que el amor no es sólo una fuente de  productos culturales en forma de novelas o canciones, sino también un dispositivo político. Las relaciones humanas están, como veremos, atravesadas por el poder, y ello hace que sean complicadas, conflictivas, dolorosas y también, enormemente gratificantes. Los seres humanos necesitamos a los otros para sobrevivir, porque los afectos forman parte de nuestra ‘nutrición’ y son el eje a partir de cual desarrollamos nuestra vida en sociedad. A través de nuestros seres queridos aprendemos a hablar, a pensar, a vivir en sociedad y a asumir las normas morales, sociales, culturales y políticas. Rodeados de afectos o con una falta total de ellos construimos nuestra identidad y nuestra biografía, y nos reproducimos, sacando adelante y educando a nuevos miembros de  la sociedad.

La mayor parte de nuestras vivencias y recuerdos están implicados en las tramas emocionales y sentimentales  que construimos en la interacción con nuestros semejantes y nuestro entorno. Nuestra felicidad, nuestro bienestar psíquico y emocional, nuestros sueños y anhelos, nuestras esperanzas y nuestra energía se desarrollan en torno a nuestras relaciones afectivas. Ellas son las que nos provocan dolor, tristeza, confusión, desgarro; también nuestras frustraciones, decepciones, preocupaciones y obsesiones están en su mayor parte determinadas por nuestros afectos.

De algún modo, siempre me ha parecido fundamental analizar y tratar de entender por qué las relaciones humanas son tan maravillosas y a la vez tan dolorosas. Creo que es a nivel microsocial como es posible entender la dimensión macrosocial de nuestra cultura; por eso analizar las relaciones entre los humanos puede ayudarnos a entender por qué las grandes estructuras políticas y económicas son tan desiguales, injustas y crueles. La complejidad emocional del ser humano es inmensa, a menudo contradictoria y cambiante, y tiene mucho que ver con la ética individual y el sistema moral colectivo, y por supuesto, con las jerarquías de poder. También con los recuerdos y las vivencias, los intereses, las motivaciones, los valores, las creencias y los modelos amorosos que nos ofrecen las industrias culturales.

Pese a que la ciencia ha clasificado la amplia gama de matices y diversidad de emociones, estas siempre parecen sobrepasar la capacidad de ontologización humana. Sin embargo, las palabras son demasiado pobres y rígidas para transmitir una sensación, una emoción o un sentimiento en toda su complejidad. Los enamorados/as, los escritores/as, los y las artistas plásticos, los intelectuales; todos parecen tener dificultades para expresar, definir o catalogar los sentimientos. Quizá por eso creamos la poseía, para expresar metafóricamente lo que las palabras no pueden abarcar.

Creo que es necesario tratar de comprender el complejo mundo de las emociones principalmente porque entender y analizar nuestras formas de relacionarnos puede ayudarnos a mejorar nuestro mundo. Es posible que las guerras, los conflictos humanos, la violencia cotidiana que inundan las cabeceras de los telediarios disminuyesen si lográsemos entender los mecanismos sociales y afectivos con los que los humanos nos relacionamos entre nosotros, bajo el trasfondo de las luchas de poder y del miedo.

El miedo forma parte de nuestras relaciones y de nuestra  forma de entender y movernos en el mundo. Es un poder psíquico, un producto mental y a la vez un mecanismo biológico de carácter instintivo. También los animales sienten miedo, y en ocasiones se  revela como un mecanismo de supervivencia fundamental ante los depredadores. En el caso del homo sapiens, con su capacidad de imaginar, el miedo se convierte en un monstruo que empobrece su vida en sociedad, porque a menudo establecemos estrategias defensivas y de ataque. Los humanos tienen miedo a los desastres naturales, pero también miedo al dolor y a la muerte, a la incertidumbre con respecto al futuro, miedo a perder seres queridos. Miedo a la soledad y a la locura, pero sobre todo miedo al otro, a lo desconocido, lo extraño, lo que se escapa a nuestro entendimiento. Miedo al poder del otro, al color de su piel, su idioma, su cultura, su religión. Este miedo afecta especialmente a las relaciones entre hombres y mujeres por el ancestral temor hacia el género femenino desarrollado en las culturas patriarcales. La mayor parte de las relaciones entre los hombres y las mujeres han estado siempre basadas en el miedo al poder del otro, a la dominación física y psicológica. En este sentido, los hombres siempre han entendido la seducción femenina como estrategia simbólica de dominación por la vía de la sutil persuasión.

Las leyes políticas y económicas, las normas morales y las costumbres sociales han logrado dominar a las mujeres como colectivo; por ello podemos afirmar que el amor es el único plano en el que los hombres se han visto subyugados al poder femenino. Es en el nivel emocional donde los varones se han sentido, y aún se sienten, frágiles y vulnerables. Como veremos más adelante, el patriarcado no es un sistema de poder universal, ni existe desde siempre. Se impuso violentamente como una reacción contra el poder femenino y su capacidad de crear vida. Creo firmemente que la reclusión doméstica y la subyugación del género femenino vinieron dadas en gran parte por el sentimiento de inferioridad de los hombres con respecto a la capacidad reproductora femenina, y por el miedo del hombre a la sexualidad femenina ejercida con libertad (por las consecuencias que ello conllevaba: la posibilidad de invertir sus energías y legar su patrimonio a hijos que podrían no ser suyos).

El miedo también tiene una clara conexión con el apego: todos tenemos miedo a perder a nuestros seres queridos, a que no se nos necesite o no se nos quiera. Nos apegamos a los objetos, las propiedades y las personas como si fueran ‘nuestras’, y además quisiéramos que ellas y los sentimientos que nos unen sean eternos e indestructibles. El. Ser humano sufre por la contingencia y trata de encontrar su centro y su estabilidad psíquica en las personas a las que ama o quiere; pero también siente un profundo anhelo de libertad. Miedo y libertad se tensan contradictoriamente, porque no nos es fácil lograr alcanzar un equilibrio entre la estabilidad y la aventura, la seguridad y el misterio. Los seres humanos lo queremos todo a la vez, lo queremos todo para siempre, y nos cansamos, lo queremos todo para siempre, y nos cansamos de todo también. La realidad monótona y rutinaria nos frustra, de modo que nos embarcamos en aventuras corriendo riesgos: quizás debido a esta contradicción entre libertad y necesidad de afecto, mitos y realidades, el sufrimiento parece inherente a la condición humana.

Sin embargo, también es característico en nosotros la empatía, el altruismo, la generosidad, la entrega, el sacrificio personal, la solidaridad y la red extensa de afectos que establecemos con el resto, y gracias a la cual la supervivencia de la especie ha sido posible. El amor entendido como un todo es una fuerza poderosa que nos atrae y nos une los unos a los otros, ya sea en forma de amor filiar (amor a la familia), de amistad (amores elegidos libremente, relaciones de apoyo y cooperación mutua que tenemos con personas con la que sin embargo no tenemos una relación erótica) o de amor pasional (el que se da entre dos o más personas y tiene carácter erótico). El amor ha logrado que el ser humano cuide de sus semejantes más indefensos (ancianos, bebés, enfermos), y que la gente disfrute en la interacción con el resto. Las relaciones amorosas de apareja, además, son placenteras porque generan sentimientos positivos y porque es una fuerza creadora y constructiva que ilusiona a las personas y las anima a seguir viviendo, pese a la crueldad y precariedad a la que tiene que enfrentarse el ser humano a lo largo de su vida."

La buena dirección

Antonio Turiel Martínez - The Oil Crash

Queridos lectores,

Últimamente estoy asistiendo a movimientos de ciertos colectivos (como Greenpeace o el CMES) que diagnostican con gran certeza la gravedad de la crisis energética asociada a la carestía y escasez de combustibles fósiles y de uranio, y que proponen un escenario fantástico, con grandes beneficios económicos y sociales, basado en la explotación de las energías renovables. La repetida afluencia de estos mensajes, avalados por extensos y aparentemente detallados informes, ha dado lugar a varios debates dentro de nuestra pequeña asociación, el Oil Crash Observatory (OCO). A muchos miembros del OCO, con quienes he debatido frecuentemente los datos que se aportan a lo largo y ancho de este blog, les causa extrañeza el simplismo de tales posiciones: quienes defienden de una manera tan entusiasta y acrítica las energías renovables casi nunca hablan de límites a su explotación, limitaciones de materiales o de capital, o de la baja TRE que tienen en algunos casos (que incluso sería menor en ausencia del petróleo). 

Sin embargo, otros miembros del OCO (posiblemente tantos como los anteriores) consideran que quizá quienes proponen estas "soluciones" - generalmente gente muy instruida y que conoce los problemas anteriormente descritos sin duda - están intentando conseguir un cambio político y que a pesar de lo conceptualmente erróneo de su estrategia desde el punto de vista técnico no dejan de ser pasos en la dirección correcta, en "la buena dirección". Incluso he llegado a oír decir a alguna persona a la que aprecio que quizá lo que debemos hacer es decir, o como mínimo consentir que se digan, estas mentiras piadosas; en suma, dejar que la gente crea que se va a poder mantener el BAU (cosa que sobradamente sabemos que es imposible) y mientras tanto se van haciendo las inversiones necesarias que, cuando se produzca la inevitable transición desde el modelo económico actual basado en un crecimiento indefinido ya imposible al nuevo modelo de estado estacionario, los medios para procurarnos energía estarán ahí para salvarnos del colapso (escenario completamente indeseable). 

Un reciente post publicado en Cassandra's legacy ha ido un poco más lejos aún: incluso aceptando que la TRE de las renovables pudiera ser demasiado baja para mantener una sociedad estructurada como la nuestra o que su dependencia de los combustibles fósiles no permite actualmente considerarlas una alternativa energética, la abundancia relativa que aún disfrutamos de petróleo debería invertirse en poner a punto estos sistemas que nos ayudarán en todo caso durante nuestra transición energética, y posiblemente por el camino diseñaremos los sistemas energéticos renovables que, ésos sí, permitirán a nuestra sociedad llegar a un estado sostenible.

Es notorio que yo pertenezco al primer grupo del OCO, y en numerosas ocasiones he expresado mis dudas sobre la viabilidad de las "soluciones renovables" que se plantean. Tal falta de fe en el nuevo paradigma renovable es vista desde algunos de los sectores proponentes como una desafección, casi como una traición, a una causa común; en alguna ocasión se nos ha llegado a decir que "contaminamos el debate energético", dando pues a entender que nuestra posición no es "pura"; en suma, que no aceptamos la posición ortodoxa que de algún modo debería ser la única que legítimamente podríamos adoptar. 

Peor aún, en las discusiones internas del OCO se ha llegado a plantear que a pesar de nuestras dudas tendríamos que hacer una apuesta inequívoca por estos modelos de sociedad basados en energía renovable, porque de otro modo, simplemente analizando y explicando las limitaciones de los sistemas de generación renovable igual que analizamos y explicamos las limitaciones de las fuentes de energía no renovables, estamos haciéndole el juego a las petroleras, que usan nuestros estudios y ensayos para tener aún más argumentos para atacar a las renovables en su afán de que nada cambie y seguir ganando dinero a mansalva hasta que todo reviente. En resumen: que siendo tan puristas estamos consiguiendo un efecto perverso y de alguna manera somos cómplices con la prolongación del actual sistema.

En realidad es lo contrario. Seguramente estos colectivos pro-renovables pretenden hacer eso: concienciar y avanzar. Pero la realidad es que no hay avance alguno y que esta dirección es completamente contraproducente. Sé que decir estas cosas no me grangeará muchos amigos en un campo que debería ser afín, pero a veces conviene aclarar bien las posiciones de cada cual para evitar acabar en sitios adonde uno no quiere ir en realidad. Yo no comulgo con este nuevo programa de progreso por tres motivos principalmente: de integridad, moral y técnico.

La primera cuestión es la integridad de quienes nos dedicamos al estudio y divulgación de estos problemas. Como científico mi opinión puede ser oída por mis conocimientos de tipo técnico, que yo debo aplicar neutralmente al conocimiento de la verdad y difundir el conocimiento que obtenga a la sociedad. La gente no tiene interés en saber qué dice el ciudadano Antonio Turiel, sino qué dice el científico Antonio Turiel. En tanto que técnicos tenemos que transmitir los datos de la manera más clara y honesta posible, evitando sesgos. Esto es muy difícil, e inevitablemente las opiniones y los prejuicios personales acaban produciendo cierto sesgo, aún cuando uno se esfuerce en evitarlo; el más obvio pero también el más sutil es el sesgo de agenda (hablar sólo de las cosas que a mi me interesa hablar). Por ello es importante mantener cierta pluralidad; por ejemplo, yo busco publicar en este blog posts de otras personas, incluso algunos con los que no estoy de acuerdo, con la única exigencia de que estén bien fundados argumentalmente. Del contraste y debate de opiniones bien fundadas técnicamente se puede construir una visión más clara y racional de la realidad, la cual ninguno de nosotros abarca, y sólo con la ayuda de todos podemos tener una buena estimación de dónde estamos y hacia donde vamos. Partiendo de esos postulados, los llamamientos a que nos apliquemos cierta autocensura, escondiendo o incluso manipulando los datos que muestran que las alternativas renovables no son tan buenas o factibles, chocan de plano con el rol que se nos supone. 

Si yo comienzo a deliberadamente sesgar mis datos induciré a la gente que confía en el juicio técnico del científico Antonio Turiel a adoptar la agenda política del ciudadano Antonio Turiel. Eso es claramente un abuso de autoridad, puesto que uno era solamente escuchado como referente técnico, y al proceder de esta manera lo que estamos haciendo es, simple y llanamente, engañando y manipulando. Desde la ética profesional tal actitud es inaceptable.

La segunda cuestión es moral. Si yo manipulo a la gente para hacerles creer que las cosas son mejores de lo que son, que se creará un montón de "empleo verde" y volveremos a ser ricos, a pesar de que los datos no apuntan hacia eso en absoluto, en el fondo me estoy arrogando una superioridad moral sobre aquella gente a la que manipulo. A veces he llegado a oír decir que la gente no es capaz de tomar las decisiones que más le convienen y que por tanto se les ha de conducir engañados por el camino a la sostenibilidad. Tal postura equivale a tomar al común de la ciudadanía por niños o por borregos, por personas sin criterio ni juicio propio; y que nosotros, los técnicos, los científicos, tenemos la responsabilidad y la obligación de decidir por ellos. Nuestra superioridad técnica, por tanto, se convierte en superioridad moral. El hecho de ser sumos sacerdotes de la religión civil del progreso (John Michael Greer dixit) nos da a los ojos de los feligreses de ese credo esa superioridad moral, y aquellos de nosotros que profesan esa misma creencia creen también que somos moralmente superiores y que no sólo tenemos el derecho, sino también el deber, de conducir a nuestro pueblo por el desierto de la transición a la tierra prometida de la sostenibilidad.

Sin embargo, no somos moralmente superiores, en nada lo somos. Somos humanos como los demás, con las mismas pasiones y pulsiones, virtudes y defectos. Yo no me siento capacitado para decirles a los demás qué es lo que tienen que hacer; yo sólo les puedo dar mis datos y mis opiniones, y después que cada cual, como adulto, decida. Que yo, Sumo Sacerdote del Progreso, me reconozca humano y limitado, y moralmente equivalente al resto de la Humanidad, es tomado por los más integristas de esa religión civil como una traición (lo decíamos más arriba: una desafección y una afrenta), y por eso mi veleidad de compartir el fuego del conocimiento con el resto de los humanos me hace impuro (contamino el debate energético). Quizá los zelotes de esta religión ruegan a sus dioses para que la ingeniería de regeneración celular con células madre avance lo suficiente como para que mi hígado se regenere eternamente y pueda así ser devorado por un águila (deseo seguramente compartido con los seguidores de un pequeño culto más afín de lo que se creen, el que venera al dios Tesla). Por concluir este punto, el mayor riesgo de esta visión extrema del intelectualismo moral es que cuando se verifique que nuestra ciencia y nuestra tecnología por humanas son falibles y que en todo caso no pueden transgredir los límites del mundo natural, ya sean los geológicos o los de la Termodinámica, las masas arrastradas por este culto se volverán contra él clamando venganza, y derribarán en turbamulta los moais de la Ciencia (ya se escuchan clamores contra otra antigua religión que mucho ha defraudado, la Economía).

La tercera de las cuestiones es técnica. Se suele argumentar que el futuro de la energía es la producción renovable, y estoy de acuerdo que así será, en un porcentaje mayor del 90%, dentro de cien años. Durante este siglo la Humanidad sufrirá un descenso progresivo de la disponibilidad de combustibles fósiles y uranio, descenso que en ocasiones se acelerará por el colapso de algún productor importante. Por poner una fecha, hacia el 2100 el consumo no renovable será marginal. Entre hoy y ese futuro que tendrán que vivir nuestros nietos, y si no se toman las medidas adecuadas, habrá países que colapsarán hasta la práctica extinción de sus poblaciones - justamente el tipo de cosas que queremos evitar y que es la razón fundamental de ser de este blog. Sin embargo, el hecho de que en un futuro no tan lejano dependamos de las energías renovables no quiere decir, en absoluto, ni que la cantidad de energía que extraeremos de ellas sea vagamente comparable a la actual ni que los medios de producción de energía sean precisamente los que se están postulando hoy en día. Dejando al margen el aprovechamiento directo de la biomasa, todos los sistemas de captación de energía renovable ponen su acento en la producción de electricidad, y todos ellos se basan en un músculo industrial, una capacidad de producción masiva de bienes y servicios, que se sustenta en las energías fósiles de hoy. Eso plantea multitud de serios inconvenientes. 

Por lo que respecta a la electricidad, los problemas son bastante serios. Hacer sistemas de almacenamiento de electricidad a escala masiva es bastante complejo, aparte de poco eficiente. La producción de electricidad a partir de las fuentes renovables es también poco eficiente (un aerogenerador aprovecha un 20% de toda la energía del flujo que pasa por sus aspas, una placa fotovoltaica típica de las actualmente instaladas un 15% de toda la radiación solar incidente, una central hidroeléctrica puede aprovechar un 30% de la fuerza mecánica del agua). Con los planteamientos a gran escala actuales, la producción de electricidad implica gestionar una red compleja, más grande y más compleja a medida que se produjera más electricidad renovable. No está garantizado el suministro de materiales críticos como el cobre. La conversión de electricidad a usos no eléctricos es muy difícil, en algunos casos casi imposible; y en aquellos usos más sencillos pueden aparecer muchas limitaciones técnicas, como las que aquejan al esperado y diletante coche eléctrico. Y todo eso sin contar con la larga discusión que se ha mantenido en este blog, dentro de la serie "Los límites de las renovables", sobre la incapacidad de los sistemas que actualmente se plantean, de llegar a cubrir más que una pequeña fracción de todo nuestro consumo de energía primaria (atención: de energía primaria, no de energía eléctrica). 

En realidad, todo el planteamiento de grandes instalaciones de producción eléctrica renovable construidas con una gran fuerza industrial apoyada en combustibles fósiles y orientada a la distribución sobre una gran red eléctrica no es más que la quintaesencia del BAU; una vez más estamos hablando de un modelo orientado al control económico de las grandes corporaciones que, cuando quieren, barren de un plumazo cualquier aspiración de autoconsumo o producción a pequeña escala. Es un modelo ineficiente, basado en el crecimiento, que implica un gran consumo de energía fósil y de materiales y que, simplemente, nunca pasará de un nivel muy lejano al del consumo total de energía actual. En suma, los grupos que promueven con la mejor de sus voluntades este tipo de sistemas están, ellos sí, haciendo la cama a grandes intereses económicos. Además, focalizar el esfuerzo inversor de manera decidida en estos sistemas que probablemente acabarán siendo inviables (por costes de operación y de materiales) en unas pocas décadas implica, entre otras cosas, un elevado coste de oportunidad (pues seguramente salía más a cuenta invertir en proyectos menos megalomaníacos pero más útiles para el largo plazo) y una gran pérdida de resiliencia (ya que los recursos se emplean en mantener unas infraestructuras que cada vez costará más mantener, hasta hacerlas inviables) en un momento de degradación de la capacidad de inversión. 

Igual que el economista clásico cree que el ingenio humano puede crear los recursos necesarios (cornucopia), el paladín de las renovables cree que el ingenio humano conseguirá indefinidamente sistemas de generación cada vez menos costosos y más eficientes (curva de aprendizaje). Ambas actitudes son la expresión acabada de un BAU que resiste a morir, y son ambas completamente infundadas, basada en una experiencia pasada de muy corto recorrido (150 años en el caso de los primeros, unas pocas décadas en el caso de los segundos). No existen fundamentos técnicos, científicos o lógicos que justifiquen ninguna de las dos hipótesis, ni la cornucopia ni la ilimitada curva de aprendizaje, y sin embargo se desdeña y ridiculiza a quien lo pone en cuestión.


El fanatismo en las posturas y la simplificación de las cuestiones complejas acaba llevando a plantear un debate sesgado, unidimensional: o se es partidario de las energías fósiles o se es partidario de las energías renovables de manera acrítica, con la actual configuración. Desafortunadamente el mundo es multidimensional, y hay otras direcciones en las que el debate puede moverse, ya que las dos propuestas dadas como alternativas no describen la realidad entera, y no son ni siquiera la mejor opción que tenemos. 

No todo es ceguera ni todo está perdido. A veces conviene recordar que hay economistas que se toman muy en serio las limitaciones de nuestro sistema actual, y que en sus trabajos y modelos integran el sistema económico dentro del sistema ecológico del que formamos parte, y así consideran tanto los insumos como los residuos dentro del valor económico; esta gente, todavía un poco marginalizada pero con un peso creciente, están poniendo las bases de la teoría económica de nuestro futuro. Del mismo modo existen, aunque pocos, partidarios de las renovables que comprenden que los actuales sistemas  son, como dice Pedro Prieto, sistemas no renovables de generación de energía renovable. Existen mejores maneras de aprovechar la energía renovable que la mera producción de electricidad a gran escala, y suele ser con sistemas que no requieren materiales complicados ni gran capacidad industrial; se trata de producir electricidad cuando sea necesario, y cuando no aprovechar más eficientemente la energía renovable con sistemas más sencillos y más eficientes, de alta TRE. Pero eso implica, forzosamente, una deceleración, puesto que la mayor causa de ineficiencia es la rapidez excesiva, el culto a la potencia que tan necesario es para mantener un sistema que todo derrocha. 

La apuesta por el BAU renovable es sólo otra distracción para intentar mantener la economía del crecimiento, por mantener esa potencia, ese derroche, cosa que no será nunca posible. Pero tenemos conocimientos técnicos y medios para conseguir mantener un nivel de vida semejante al actual, sólo que más lento. Lo que realmente nos hace falta es construir un sistema económico que no priorice la creación de valor, sino asegurar el bienestar a la Humanidad. El problema no es técnico: es social. Es por eso que tenemos que pasar de la idea a la acción.

Cuando el decrecimiento tiene que llegar a la ciudad

Francisco Ochoa Casariego - La ciudad viva

La ciudad se ha convertido a lo largo de los últimos 30 años en un elemento clave para comprender las dinámicas de crecimiento económico impulsadas por la globalización y es, a su vez, el escenario principal donde se pueden ver las consecuencias sociales de dicho modelo económico. No son pocas las investigaciones que centran su estudio en el papel clave que desempeña la ciudad dentro de la globalización económica. Cada autor ha ido definiendo el protagonismo de las ciudades: ciudad mundial (Friedmann y Wolff), ciudad global (Sassen) o ciudad multiplicada (Muñoz, 2008). Estas definiciones se centran en la capacidad de las ciudades para concentrar sectores económicos estratégicos que permiten la organización y control de la economía global.

En todas estas definiciones la ciudad queda ubicada en el centro neurálgico del proceso globalizador convirtiéndose de esta manera en el actor principal dejando atrás al Estado como unidad de análisis. Neil Brenner (2003) analiza muy bien el re-escalamiento del Estado en el que, según él, no ha perdido poder sino que adquiere un papel diferenciado frente a la ciudad que se convierte en el nodo de acumulación de capital. De este modo, el capitalismo se orienta a las ciudades pues los estados ya no suponen un nivel de diferenciación territorial suficiente (Harvey).

Por lo tanto la globalización ha ido reconfigurando los paradigmas clásicos de los actores internacionales colocando a las ciudades en un papel protagonista. En un momento en el que predominan los entes difusos del capitalismo como son la propia globalización, los mercados o el sistema financiero, las ciudades territorializan el modelo capitalista globalizador y son los lugares donde mejor se puede analizar el desarrollo del neoliberalismo y sus impactos sociespaciales. Dichas consecuencias se materializan en la profundización de la desigualdad, la polarización social y la segregación espacial sustentada en los modelos de movilidad, de hábitat y de ordenación del territorio.

Bajando del modelo teórico a la práctica, es fácil distinguir que la ciudad ha ido creciendo de manera ilimitada reproduciendo uno de los dogmas del modelo económico dominante, a mayor crecimiento, mayor bienestar. Nos ubicamos, de esta manera, en la ciudad como espacio de reproducción del capitalismo. Se ha llegado al colapso de un modelo basado en el crecimiento sin límite que parece estar estancado sin saber muy bien hacia dónde ir. Reproducir la misma estructura de crecimiento supondría chocarse, más temprano que tarde, con los límites biológicos del planeta y con futuras y previsibles crisis.

Con este escenario de fondo esconveniente tener en cuenta teorías que llevan años gestándose y cuando todo parece ir bien nadie escucha y son acusadas de apocalípticas pero en momentos de búsqueda de explicaciones y alternativas se mira hacia ellas con cautela y curiosidad. El decrecimiento es una teoría que lleva años anunciando el fin de ciclo al que ahora hemos llegado. No es una teoría oportunista que aparece como una tabla de salvación sino que lleva años avisando de los excesos del modelo económico y sus consecuencias irreversibles.

El decrecimiento surge de analizar la realidad existente que se ha centrado en producir, consumir y crecer. El pensamiento decrecentista cuestiona de raíz el modelo actual tanto en lo económico como en los valores asociados al modo de vida actual.

En el ámbito económico cuestiona, en primer lugar, el dogma que ha perdurado durante muchos años que establecía que el crecimiento económico era fuente de bienestar social. A menudo este mito se ha extendido como realidad al observar que nuestro entorno crecía, había empleo, miles de viviendas brotaban del suelo, aumentaba la producción de coches para las nuevas carreteras, se acrecentaba el consumo generalizado, años felices en resumen. Este dogma asocia el bienestar a la sobreacumulación, al siempre más estableciendo un muro insalvable entre el objeto o bien que se consume y el origen del mismo. Manido ejemplo es el de la industria textil y las fábricas esclavas de donde procede la ropa que vestimos. Pero muchos son los ejemplos, que además de atentar contra la dignidad y los derechos humanos (en nombre del crecimiento económico), atentan contra el futuro de manera irreversible al expoliar las materias primas que tenemos al alcance de la mano sin tener en cuenta su capacidad de regeneración y el disfrute de las mismas por generaciones venideras. La idea dominante del sistema económico actual es hacernos creer que crecer es sinónimo de más. Este reduccionismo que vincula el crecimiento a parámetros meramente económicos ha calado hondo en la sociedad. ¿Es sensato celebrar el crecimiento económico a costa de destruir el entorno natural? A generalizar esta idea han contribuido los indicadores que se han utilizado para  comprobar el desarrollo y crecimiento de un país o ciudad. El PIB, la balanza comercial, el consumo energético, entre otros, han servido para decir que un territorio estaba más o menos desarrollado o había crecido en mayor o menor medida. Son ilustrativas las palabras de Carlos Taibo para señalar la paradoja de estos indicadores, “cuando destruimos un medio natural y hacemos que sea, entonces, más escaso, pareciera como si estuviésemos creciendo venturosamente; cuando, por el contrario, procuramos preservar ese elemento natural y nos empeñamos en garantizar sutiles equilibrios medioambientales y, con ellos, los derechos de las generaciones venideras, ello no tiene, en cambio, ningún reflejo en el PIB”

Que esta idea haya calado sobremanera en la sociedad  puede ser considerado como una gran victoria del modelo económico dominante en el terreno del imaginario colectivo. Es complicado romper esa asociación inconsciente entre lo económico y el crecimiento. Si a esto sumamos que el hiper consumismo se ha convertido en el estilo de vida dominante vemos como el sistema económico actual ha triunfado en la expansión de valores asociados al consumo y en el imaginario colectivo que vincula lo positivo, el avance, lo bueno, a lo económico. La palabra decrecimiento, como señalan algunos de sus teóricos (1), tal vez no sea la más afortunada pero tiene ese toque efectista y provocador. El oído salta alarmado al escuchar esa palabra que apuesta por ir en sentido contrario al que hemos estado yendo en las últimas décadas. Es chocante el concepto porque intenta romper una asociación de ideas muy extendida basada en la productividad y el consumo. El uso del lenguaje es lo que define las ideas, por lo tanto, la lucha en el terreno del lenguaje es clave.

En la esfera de los valores el decrecimiento también ha centrado el foco crítico. Frente al afán acumulador, individualismo, egoísmo e indiferencia que están presentes día a día en las relaciones sociales, el decrecimiento apuesta por implantar una serie de erres. Revaluar, reconceptualizar, reestructurar, relocalizar, reducir y reutilizar (2) son algunas de las propuestas de transformación de la sociedad que plantea. Apostar por valores que apuestan por lo colectivo, generar cambios semánticos y de imaginarios, apostar por el cambio de estructuras productivas y relacionales ligadas al cambio de valores, adaptar la escala actual a lo local y al ser humano, disminuir nuestro impacto en la naturaleza y el consumo son un breve, muy breve, desarrollo de las erres mencionadas. La conjugación de estas propuestas formarían lo que Latouche ha denominado como “círculo virtuoso” que, si se desarrolla, nos encaminaría a un periodo de transición entre el modelo actual en fase de colapso y un nuevo modelo basado en el respeto de lo común y una mentalidad colectiva en la que se pensaría una forma diferente de producir y de consumir como decía André Gorz.

Es necesario intentar acercarse al decrecimiento desde una perspectiva urbana, porque es en la ciudad donde el sistema económico actual llega a su máximo exponente y porque en pocos años las ciudades ya albergaran más habitantes que el medio rural según diversos estudios. En la esfera de los valores las ciudades se han convertido en las abanderadas del individualismo, la velocidad y la incomunicación. Es por tanto una obligación acercar las teorías decrecentistas al medio urbano que está creciendo ilimitadamente, como pretende el capitalismo.


La ciudad, como espacio de consolidación del capitalismo, se ha visto transformada al ritmo del crecimiento económico generando grandes extensiones de continuidad urbana, carreteras para conectar esta metropolitanización y se ha consolidado la segregación especial entre centro y periferia. Por otro lado, el medio urbano se ha convertido en el nicho perfecto para el desarrollo del principal de los tres pilares que sustentan el sistema económico actual. Estos tres pilares, a saber, crédito fluido, publicidad y obsolescencia planificada, hacen que el capitalismo y su cultura asociada al consumo, se haya extendido de manera casi viral. Es impensable pensar la ciudad actual sin publicidad. Esta lacra invasora del espacio público ha encontrado en la ciudad y sus espacios comunes el soporte ideal para expandir sus tentáculos e intentar persuadir a la gente con modelos ideales y ficticios de triunfo vital y reconocimiento social. Transportes públicos, carteles en edificios, pantallas gigantes, invasión de plazas con eventos de marcas han hecho que el espacio público se haya mercantilizado y cualquier actividad que se pretenda realizar en la vía pública que no quede reglada a través de un contrato comercial, es susceptible de crítica y castigo. La industria de la publicidad se ha convertido en uno de los elementos clave para desarrollar el denominado terciario decisional en las ciudades y para expandir la ideología del sistema económico dominante. La ciudad es también el espacio de la fast culture que impregna las relaciones sociales, la alimentación, el ideal de lo efímero y la inmediatez.

Hace tiempo que la ciudad dejó de ser un lugar abarcable, pensada a la escala de las personas. Coches, carreteras, aeropuertos, grandes centros comerciales están desplazando al ser humano del espacio público y convirtiendo a las personas en transeúntes productivos que trabajan y consumen. Personas asépticas con el medio que no tienen cabida en el espacio público más que como lugar de paso.



Las ciudades se han convertido en grandes caladeros del sector servicios lo que ha supuesto una distribución desequilibrada del sector agrario e industrial a las periferias urbanas locales, en el “mejor” de los casos o a las periferias globales. Esto supone un exceso absurdo que, amparándose en los criterios económicos de máximo beneficio, hace que se consuman productos que vienen desde miles de kilómetros cuando ese mismo producto se produce a escasos kilómetros. Esta fórmula acentúa la explotación de países productores en los que se producen alimentos y productos de forma latifundista e intensiva a bajo coste y se consumen en occidente. Esto está acabando con la autonomía y autosuficiencia de las ciudades al depender de la producción externa.

La escasa literatura sobre el decrecimiento urbano se centra en estos puntos en común: la movilidad, vivienda, escala humana, autosuficiencia, ecoeficiencia, frenar al crecimiento y rehabilitar, relocalizar actividades, cambios en la participación y valores democráticos.

La movilidad debe ser la base del cambio de modelo en la ciudad. Estamos acostumbrados a ciudades plagadas de coches y de asfalto en las que el abuso del uso del coche es flagrante. Por todos es sabido los aspectos negativos del abuso del coche: contaminación, accidentes, atascos, uso abusivo y deterioro del espacio público tanto para circular como para aparcar los vehículos. El paso hacia el decrecimiento debe ser reducir la movilidad a través de los coches y favorecer y apostar por una movilidad limpia y respetuosa con el medio como puede ser la de la bicicleta, el caminar o una importante y bien planificada red de transporte colectivo y público. Otra consecuencia del modelo de movilidad actual es el urbanismo disperso que está articulado a través del vehículo privado. Este modelo de urbanismo hace cada vez menos densa y más extensa la ciudad. Esto quiere decir que se dotan grandes extensiones de terreno e infraestructuras para que viva muy poca gente que además es dependiente del coche. Tras cada alternativa propuesta por el decrecimiento, como se verá, hay una serie de valores y principios. En el caso de la movilidad se apuesta por una movilidad compartida, sana y alejada de la prisa y la velocidad, elemento que parece demasiado arraigado a la vida urbana.

La vivienda se ha puesto como elemento clave en la lucha decrecentista por haberse convertido en un elemento de especulación vinculado, en no pocas ocasiones, a casos decorrupción. En España se ha visto mejor que en ningún otro sitio las consecuencias de la burbuja inmobiliaria. Las respuestas que están surgiendo en el ámbito de la vivienda van vinculadas a procesos de okupación y lucha contra los desahucios. El decrecimiento apuesta por cambiar la concepción de la vivienda como un bien de uso y no como bien especulativo, por lo tanto lucha por hacer efectivo el derecho a la vivienda facilitando el acceso a este bien básico.

Conseguir ciudades autosuficientes en las que los recursos no vengan desde miles de kilómetros es una reivindicación basada en  la necesidad de relocalizar la producción. Además de dar un paso hacia la soberanía alimentaria se está haciendo una apuesta por un modelo diferente de consumo que apueste por lo  local, la cercanía y la reducción de intermediarios. En este sentido se ubican las reivindicaciones de aprovechar los “vacíos urbanos” (solares) y zonas posibles para establecer huertos urbanos. Esta idea apunta a romper la polarización que ha supuesto la división rural y urbana. El decrecimiento apunta la necesidad de ruralizar la ciudad y demostrar que el medio rural y urbano no son incompatibles. Esta vinculación del campo y la ciudad trae consigo una ruralización de los valores urbanos como puede ser el trabajo comunitario, el compartir y el aprendizaje colectivo.

Las ciudades no han parado de crecer llegando a convertirse en lugares inabarcables y alejadas de la escala humana. Frenar este crecimiento es necesario para alejarse de modelos que favorecen la burbuja inmobiliaria. Es necesario apostar por la rehabilitación de la ciudad ya existente en lugar de crecer sin límite. De esta manera se conseguiría revalorizar lo existente, recuperar parque inmobiliario y cambiar el  imaginario actual que solo valora lo nuevo como algo positivo.

En la esfera política el decrecimiento también tiene propuestas para el entorno urbano. La escala de la ciudad y como se ha planteado la participación ciudadana institucional han alejado a la ciudadanía de los poderes públicos y de la posibilidad de intervenir en la gestión de lo público. El decrecimiento apuesta por democratizar la ciudad acercando la capacidad de decisión a la ciudadanía. Ejemplos como los presupuestos participativos de Porto Alegre o las asambleas barriales pueden ser un principio de ejercer la democracia directa. Se ha planteado que el tamaño actual de las grandes ciudades haría imposible una democracia directa pero, como señala Paola Bonora, hay que abordar la cuestión no desde la dimensión sino desde la identidad. Si hay proyectos basados en lo local, dentro de una gran ciudad, no es excusa el tamaño ya que se pueden coordinar proyectos basados, incluso, en la actual división administrativa de las ciudades (barrios, distritos, etc.) Hacer a los ciudadanos participes en la construcción de la ciudad que habitan es otra gran apuesta del decrecimiento.

Hay experiencias prácticas que se están llevando a cabo que apuestan por limitar el tamaño de la ciudad y llevar una vida basada en la lentitud, son las conocidas como “slow cities” (3). Otro ejemplo son las “ciudades en transición” (4) que se están extendiendo por varios países del mundo y hacen una apuesta firme por intentar alejarse del modelo económico actual.

La reivindicación del uso del espacio público de una manera no mercantilizada es otra demanda del decrecimiento centrada en el entorno urbano. La lógica del mercado ha conseguido robarnos el espacio público a la ciudadanía y ha calado en mucha gente la idea de que el uso de los lugares públicos solo es legítimo si se paga por ello. Esta reclamación lleva implícito un cambio en la concepción de lo común como algo a defender y mantener en manos del conjunto de la ciudadanía alejándolo del modelo que entiende lo público como modelo de negocio.



LA NECESIDAD DE PARARSE A PENSAR

Este artículo, lejos de ser un estudio en profundidad sobre el decrecimiento, quiere ser un repaso somero de la teoría del decrecimiento y su posible adaptación al medio urbano. Recoge las principales inquietudes y líneas de trabajo abiertas sobre el tema y pretende generar debate sobre la viabilidad de transformar las ciudades actuales (las grandes y las no tan grandes) en lugares más cercanos a la ciudadanía y respetuosas con el medio ambiente.

El decrecimiento no es una teoría unitaria basada en dogmas, más bien son incorporaciones de reivindicaciones de ecologistas, movimientos sociales y economistas críticos. Esta variedad hace que cada autor tenga su propia visión sobre como realizar la transición desde el modelo actual al modelo decrecentista.

Un aspecto no tratado en el artículo, pero que es de especial relevancia, es la llamada a la responsabilidad individual como compromiso con el cambio. Estamos acostumbrados a pensar que nuestros actos individuales no tienen repercusión en el funcionamiento del planeta. Solemos considerar que nuestra forma de consumir, de comer o de movernos por la ciudad son actos sin repercusión alguna, como si fuéramos elementos que viven en un medio y no lo alteramos con nuestros actos. Nos vemos como seres asépticos ajenos al entorno. El decrecimiento hace un llamamiento para que se politice la vida cotidiana porque tenemos una gran responsabilidad en la situación en la que se encuentra el planeta y las ciudades. Solo una sociedad concienciada puede observar que el ritmo de vida actual tiene unas consecuencias nefastas y que con cambiar determinados comportamientos se puede actuar a favor de reducir la huella ecológica (5) actual y abandonar, poco a poco, el modelo económico en el que vivimos.

Porque con la connivencia de muchos se ha desarrollado un modelo urbanístico predador del medio, un modelo de consumo uniformizante y desproporcionado así como un abuso energético e irresponsable. El decrecimiento supone un grito que llama a salir de los parámetros establecidos en los que el beneficio económico articula toda la sociedad. Convertir las ciudades en algo mejor, más cercano, más saludable, más adaptadas a las personas, más democrática, es, en definitiva, la aspiración del decrecimiento urbano.
Es ahora el momento de saber frenar y repensar el modelo en el que queremos vivir. Es muy ilustrativa la metáfora del caracol que se suele acompañar el discurso decrecentista. El caracol va construyendo su concha de forma constante en espirales hasta que llega un momento en el que frena en seco. El caracol llega entonces a un punto de inflexión, si sigue creciendo, su concha se convertirá en un lastre más que en elemento útil y de protección. Parece que el momento de parar y pensar en nuestro punto de inflexión ha llegado, si seguimos creciendo, cualquier paso que demos estará encaminado a solventar los errores generados por el exceso. Demostrado ya que el crecimiento no genera de forma automática el bienestar (si así fuera viviríamos en una especie de paraíso) es necesario saber frenar y apostar por un cambio de modelo. Hay que pensar alternativas diferentes a lo que ha hecho que nos encontremos donde y como estamos. Es obligado convertir la ciudad en campo de batalla contra el modelo dominante pues la ha convertido en el espejo cruel de un sistema injusto. Una ciudad diferente ayudará a tener un modelo diferente.

Francisco Ochoa Casariego

Notas:

(1) Paul Ariès habla del decrecimiento como una palabra obús que busca dinamitar el lenguaje establecido y poco objetivo que utilizamos.
(2) Serge Latouche explica el uso del prefijo “re-“ como respuesta a una sociedad basada en lo “hiper-“ como es el hiperconsumo, la hiperproducción,  etc.
(3) Para obtener más información sobre estos proyectos es conveniente visitar el siguiente sitio web http://www.cittaslow.org/
(4) “Plantean la necesidad de crear resiliencia, es decir adaptar las ciudades para que sean capaces de absorber los choques que provocarán el techo del petróleo y el cambio climático” Florent Marcellesi. Más información en el siguiente enlace http://movimientotransicion.pbworks.com/w/page/21695346/Movimiento%20de%20Iniciativas%20de%20Transici%C3%B3n
(5) En palabras de Ewing “huella ecológica es un indicador que mide la capacidad de los ecosistemas para producir materiales biológicos útiles y absorber los residuos generados por los seres humanos”

Enlaces para profundizar más en el decrecimiento:

http://decrecimientoybuenvivir.wordpress.com/
http://www.decrecimiento.info/
http://sindominio.net/wp/decrecimientomadrid/
http://teoriadeldecrecimiento.jimdo.com/
http://www.desazkundea.org/
http://www.youtube.com/watch?v=jtIBh_VSQa4


Referencias:

-          ALGUACIL, J. (ed.) (2006) Poder local y participación democrática. Madrid. El Viejo Topo
-          BONORA, P. (2006) Sistemi local territoriali, transcalarità e nuove regole della democrazia dal basso. Citado en Pequeño tratado del decrecimiento sereno.LATOUCHE (2009)
-          BORJA, J. (2003) La ciudad conquistada. Madrid. Alianza Editorial
-          BRENNER, N. (2003) La formación de la ciudad global y el re-escalamiento del espacio del estado en la Europa occidental post-fordista. Chile. Revista Latinoamericana de Estudios Urbanos y Regionales
-          CASTELLS, M. (1974) La cuestión urbana. Madrid. Siglo XXI
- (2006) La sociedad red. Madrid. Alianza Editorial
-          DAVIS, M. (2007) Planeta de ciudades miseria. Madrid. Editorial Foca
-          DAVIES, J. (2011) Challenging governance theory. Bristol. Policy Press
-          EWING et al (2008) The ecological Footprint Atlas 2008. Oakland:Global Footprint Network. Citado en Ciudad y decrecimiento: los retos ecológicos de la urbe del siglo XXI.MARCELLESI (2012)
-          HARVEY, D. (1977) Urbanismo y desigualdad social. Madrid. Siglo XXI
-          LATOUCHE, S (2009) Pequeño tratado del decrecimiento sereno. Barcelona. Icaria Editorial
-          MARCELLESI, F. (2012) Ciudad y decrecimiento: los retos ecológicos de la urbe del siglo XXI. Conferencia Jornadas PGOU de Bilbao
-          MUÑOZ, F. (2008) Urbanalización. Paisajes comunes, lugares globales. Barcelona. Gustavo Gili
-          OBSERVATORIO METROPOLITANO (2009) Manifiesto por Madrid. Crítica y crisis del modelo metropolitano. Madrid. Traficantes de Sueños
- (2011) La crisis que viene. Algunas notas para afrontar esta década. Madrid. Traficantes de Sueños
-          PARÉS, M. (coord.) (2009) Participación y calidad democrática. Evaluando las nuevas formas de democracia participativa. Barcelona. Ariel.
-          PONCE HERRERO, G (ed.) (2006) La ciudad fragmentada. Nuevas formas de hábitat. Alicante. Universidad de Alicante
-          RAMONET, I. (2009) La catástrofe perfecta. Crisis del siglo y refundación del porvenir. Barcelona. Icaria
-          RODRIGUEZ VILLASANTE, T. (1984) Comunidades locales. Análisis, movimientos sociales y alternativas. Madrid. Instituto de Estudios de la Administración Local
-          TAIBO, C.(2010) Decrecimientos. Sobre lo que hay que cambiar en la vida cotidiana.Madrid. Editorial Catarata.
- (2011) El decrecimiento explicado con sencillez. Madrid.  Editorial Catarata
- (2009) En defensa del decrecimiento. Sobre capitalismo, crisis y barbarie. Madrid. Editorial Catarata