decrecimiento.blogspot.com

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Proceso de dominación

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El ser humano mediante la tecnología  dispone de la energía y los recursos naturales que constituyen su entorno, transformándolos, y obteniendo los bienes necesarios para satisfacer sus necesidades.

Este proceso productivo tendría como finalidad la supervivencia y el ‘disfrute’ de la vida por parte de las personas; pero a lo largo de la historia de la humanidad algunos individuos se han aprovechado de determinadas circunstancias para intentar poseer determinadas ventajas respecto al resto de sus congéneres. Para poder disfrutar de determinadas ventajas (mejor alimentación, menos esfuerzo físico, mejor abrigo…), han tenido la posibilidad de hacerse con la disponibilidad de los recursos y la tecnología y así tener la capacidad de influir en la conducta de sus coetáneos.

Para ello se han utilizado diferentes estrategias:

Por un lado, el uso de la fuerza. Quien poseía mayor disponibilidad energética y capacidad tecnológica, fácilmente podía imponerse por medio de la violencia, y así podía eliminar a sus adversarios o competidores; pero la mejora de  las condiciones de comodidad implicaba que otras personas debían de realizar ciertas tareas imprescindibles (tareas de cuidado, tareas de construcción, tareas de esfuerzo…).

Pero el uso de la violencia tiene sus límites. Se requiere para determinadas tareas un nivel mínimo de confianza.

Se hacía entonces imprescindible legitimar el que unas personas disfrutasen de determinadas ventajas a partir de las tareas que hacían las demás, y así tuvieron que convertirse determinadas diferencias entre las personas en desigualdades (el sexo, el color, la raza, la condición social…), y naturalizar (que aparezcan como normales) esas desigualdades.

Se hizo necesario la aceptación de realidades que incluyeran la naturalización del poder y la formación de jerarquías (a partir de la división de tareas). Hubo tareas más físicas que eran llevadas a cabo por las escalas inferiores, y tareas más intelectuales llevadas a cabo por las escalas superiores. Llegamos así a una estratificación social, que permitía a las clases superiores (reyes, soldados, sacerdotes)  acumular recursos, y a las clases inferiores (esclavos, campesinos, mujeres) que eran despojadas de ellos.

Por otro lado, el control ideológico mediante la creación de un imaginario simbólico nuevo. En los primeros momentos, esta  labor se llevó a cabo mediante la religión, la idea de dios y el miedo al más allá y a la muerte.

Más tarde el uso de un aparato burocrático permite que las élites elaboren discursos para estipular la conducta de los demás, mediante una orientación moral para relacionarse siempre funcional al sistema de estratificación social que se consolida además mediante la forja de un sentido de pertenencia común de sus miembros.

La conjunción de estos dos aparatos ideológicos (religioso y burocrático)  unido al sistema de violencia lleva a cabo un proceso de control social basado en el Estado y cuyos componentes dominantes (soldados, burócratas y sacerdotes) elaboran una realidad legitimadora del sistema social.

De esta manera podríamos esquematizar los procesos de dominación mediante los siguientes diagramas de flujo:

Proceso productivo 

Recursos + Energía + Tecnología (R+E+T) => Transformación => Bienes + Residuos

Proceso político

Poder [disponibilidad de R+E+T] => Bienes => Acumulación => [Derecho - burocracia] => Propiedad

Proceso cultural

Poder [disponibilidad de R+E+T] =>  Creación de imaginario simbólico => Diferencias => [aparato ideológico] =>  Elaboración de desigualdades => Naturalización de las desigualdades => legitimación del poder

Proceso social

Poder [disponibilidad de R+E+T] => División de tareas  =>  Formación de jerarquías => Estratificación social => Control Social => Represión


Alberto Acosta: decrecimiento y democracia

Conferencia Internacional sobre decrecimiento en las Américas



Conferencia Internacional sobre decrecimiento en las Américas En Montreal – Quebec – Canadá del 13 al 19 de mayo de 2011

Veinte años después de la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, el acoplamiento del desarrollo sostenible al desarrollo económico requiere una revisión profunda. No ha ofrecido una solución persuasiva a una de las crisis más dramáticas de la historia: ¿cómo evitar el co lapso ecológico al mismo tiempo que mejorar la justicia social y mejorar las perspectivas de la vida? Antes de Rio +20, nuestra conferencia busca desafiar y sobrepasar la agenda del desarrollo sostenible. Una perspectiva de decrecimiento nos ayudará a visualizar y construir hacia un mundo verdaderamente prospero.

A partir de conferencias anteriores sobre el decrecimiento en Paris y Barcelona en 2008 and 2010 respectivamente, la Conferencia de Montreal se centrará en las situaciones particulares y las dinámicas de las Américas. ¿Qué quiere decir decrecimiento por nuestras Américas, con sus situaciones geográficas, culturales, sociales y económicas tan diversas? ¿Cómo pueden los modelos de decrecimiento aplicarse a contextos diferentes, desde el Ártico hasta Tierra del Fuego? ¿Qué significa el decrecimiento para los pueblos indígenas de las Américas y sus aspiraciones por sus tierras y pueblos? ¿Cómo se puede hacer audible, entendible y aceptable para los norteamericanos ricos?.

Esta conferencia reunirá académicos, activistas, ecologistas y pueblos indígenas para discutir las propuestas del buen vivir y decrecimiento, con el fin de fortalecer la construcción de una nueva sociedad y seguir un proceso de descolonización en el norte y el sur.

Contacta en: montreal@degrowth.net.

Más información: Conferencia Internacional sobre decrecimiento en las Américas

Recuerda también: 3 ª Conferencia Internacional sobre Decrecimiento Económico para la Sostenibilidad Ecológica y la Equidad Social (Venecia, del 19 hasta el 23 septiembre de 2012)



Poner en riesgo el planeta sale rentable - Naomi Klein

Novedades literarias sobre la temática del decrecimiento

La hora del decrecimiento. Serge Latouche y Didier Harpages

Los hombres de la modernidad habían manifestado una fe ciega en el progreso espontáneo. Persuadidos de que el tiempo de la innovación no podía suspender su vuelo, afirmaban con autoridad lo que era a la vez una evidencia y una certeza: «¡el progreso no se detiene!» Y aquellos que se atrevían a llevarles la contraria eran calificados de horribles reaccionarios.

¡Todavía más lejos, todavía más alto, todavía más rápido! Este lema olímpico se había inmiscuido en el imaginario colectivo. Los hombres tenían que ser competitivos e inscribirse a diario en una loca carrera contrarreloj. Nicholas Georgescu-Roegen, en su época, había denunciado este frenesí con la parábola del «ciclóndromo de la afeitadora eléctrica». Esto «consistía en afeitarse más rápido con objeto de tener más tiempo para trabajar en la concepción de un aparato que afeitara más rápido aún, y así continuamente hasta el infinito».

Muestra descargable



Decrecer con equidad: nuevo paradigma civilizatorio. Coordina Lucio Capalvo

Esta compilación coordinada por Lucio Capalvo  contiene cinco trabajos:

Ervin Laszlo - Fomentando un Cambio en el Mundo Contemporáneo.

Antonio Elizalde  - Un Futuro Inconcebible.

Ezequiel Ander Egg - Los Estragos Ecológicos de ... la Globalización.

Miguel Grinberg - La Hora del Sur. Tiempo de Refundación.

Lucio Capalvo - La Gran Travesía de la Humanidad.

"Mientras el derrumbe de la civilización materialista se acelera,  otros procesos sutiles, pero de inconmensurable poder han comenzado.  Una nueva actitud, la Conciencia Planetaria, se abre paso,  moldeando nuevas formas de organización humana...

Nos aproximamos a un punto de inflexión, a una situación doble de colapso y advenimiento.  Para superar tan inédito desafío, la humanidad deberá situarse, como sugería Einstein,  fuera de los esquemas economicistas que crearon el problema... Nadie sabe como será, pero la antigua sabiduría amante de la vida  y distribuida en el cuerpo de la Humanidad, abrirá las puertas, proveerá los medios y hará seguro el camino".


Charla de Yayo Herrero

Una aproximación a una realidad poliédrica

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Una aproximación a una realidad poliédrica

Cuando nos preguntamos cómo es la sociedad donde vivimos, nombramos el mundo, y esta forma de entender nuestra realidad está atravesada por una ideología que conforma nuestra forma de habitar ese mundo.

Así las palabras: ‘Crecimiento’, ‘Progreso’, ‘Desarrollo’, ‘Libertad’, ‘Prosperidad’, ‘Riqueza’, ‘Igualdad’, ‘Globalización’, ‘Libre Comercio’, ‘Libre Mercado’, ‘Democracia’, ‘Occidente’… son normalmente utilizadas para describir la realidad en la que nos encontramos, y además como una realidad deseable.

Intentamos definir esa realidad percibida a través de [conceptos, imágenes, modelos, representaciones, símbolos, metáforas, ficciones, utopías, mitos, discursos, tradiciones, hábitos, ritos, cultos, ceremonias, costumbres, supersticiones, teorías, ideas, imágenes, patrones, normas, estructuras, paradigmas, silencios…] que nos atraviesan, diferentes miradas que proyectan como nombramos esa realidad, como se definen las diferentes estructuras que conforman las relaciones entre las personas, las jerarquías que definen el lugar que cada uno ocupa, como se modela ese domino de unas personas sobre otras, como se modelan las interrelaciones entre las diferentes instituciones, como se naturaliza la desigualdad entre los diferentes miembros de esa sociedad , quien toma las decisiones y como se generan las conductas de las hombre y mujeres en el quehacer diario...

Este mundo no es perceptible a simple vista, estamos en él, como los peces en el agua que no la perciben sino que están en ella; por ello debemos hacer un esfuerzo por describir este mundo complejo que habitamos, porque la realidad la percibimos con naturalidad, pero es compleja de definir, de describir… mirar requiere atrevimiento, coraje, trabajo, y voluntad de querer entender.

La era de los Hidrocarburos

Nuestro mundo tiene una base energética, en el cual por una parte entran los recursos materiales y se transforman para producir un modo de vida que debería satisfacer las necesidades humanas [aunque en realidad sirve para la apropiación del mismo por parte de unos pocos], por otro lado se generan residuos en un proceso biodinámico que es movido por la energía que se encuentra disponible en un determinado entorno, sobre el cual se sustenta todo el armazón social, político económico y cultural.

Nuestra sistema económico-productivo, nuestro modo de vida son posibles gracias a la disponibilidad de una fuente de energía abundante y barata que proviene de los combustibles fósiles, siendo su presencia necesaria en los procesos productivos tanto en forma de materia prima como en forma de energía, empleada en el transporte y en la fabricación de los bienes de consumo.

El crecimiento sostenido de la economía mundial durante las últimas décadas ha sido propulsado por un continuo incremento en el uso de los combustibles fósiles. La industria, la electricidad, el transporte, la construcción, el turismo, la agricultura..., están entrelazados indisolublemente con la extracción de petróleo, gas natural y carbón.

Nuestro sistema agroindustrial que nos proporciona la alimentación está sustentado en el uso del gas natural y el petróleo, por la intensiva utilización de pesticidas, plaguicidas, fertilizantes y el uso del transporte motorizado para mover las ‘mercancías agrarias’ de un lugar a otro del planeta.

Si bien la abundante disponibilidad de petróleo ha posibilitado que un tercio de la población mundial disfrute de un alto nivel de vida (y consumo energético), este ha sido a base de sobreexplotar los recursos naturales del planeta, aniquilar culturas, y aprovecharse del uso de mano de obra en condiciones infrahumanas, así como de contaminar los ecosistemas a un ritmo muy superior al que puedan regenerarse.

Esta mayor disponibilidad de energía sustentada en la en la utilización de los combustibles fósiles, principalmente el petróleo, pero también el gas natural y el carbón ha permitido añadir complejidad a nuestra civilización y configurar un sistema productivo termoindustrial basado en la transformación de los materiales a través del calor (mediante la combustión), provocando la contaminación de la atmósfera, las aguas y la tierra.

La ideología Tecnológica

Así, el funcionamiento de nuestro mundo se manifiesta por el ascenso de la sociedad técnica, el carácter maquínico propicia el ascenso de un sistema tecnológico en el cual los humanos nos hemos convertido en un engranaje de este gigante termoindustrial. Nuestra sociedad se ha transformado en una megamáquina cibernética, que se eleva sobre lo social, lo político y lo económico absorbiendo todos los componentes de nuestra cultura.

Los móviles, los ordenadores, la televisión, los automóviles, se han hecho objeto omnipresentes en nuestro paisaje cotidiano, se presentan ante nosotros como fruto del progreso [el cambio a mejor, la eficacia, el ir hacia delante]; La tecnología inspira respeto y fascinación, se nos ofrece como solución a todos nuestros problemas: acabarán con el hambre en el mundo (primero con la revolución verde, ahora con los transgénicos), habrá energía ilimitada (primero con la energía nuclear, ahora con las energías limpias), iremos a Marte (primero con la carrera aeroespacial, próximamente con el teletransporte)…

Se conforma en el imaginario colectivo un conjunto de ideas, creencias y opiniones que van acondicionando a las personas para la convivencia con el aparato tecnológico, aprendiendo a hacer la compra ante los ordenadores, a charlar a través de los celulares, a comer alimentos procesados… lo que provoca un aislamiento social que fomenta el individualismo.

El sistema tecnológico en su conjunto sirve a los intereses de las oligarquías dominantes ya que las decisiones sobre la investigación científica y los medios que le son asignados se concentran en manos del Estado y las grandes empresas; también gracias a la deriva tecnólogica se permite un control del trabajo, la división de éste en diferentes jerarquías, y la especialización que conlleva un sinsentido a la tarea de trabajar; por supuesto, el acceso a la utilización de la tecnología como forma de consumo queda en manos de las personas que viven en el mundo occidental y las minorías de los países del sur.

Nuestra capacidad emocional para representarnos el peligro de las herramientas modernas queda obsoleta ante sus descomunales capacidades de destrucción, creando dependencias en su utilización [se hace necesario el vehículo privado para ir a trabajar, que se hace necesario para pagar las letras del coche], y creando estados tecnológicos de carácter irreversible [desaparecen los espacios para que los niños puedan jugar, llevándolos a la utilización de aparatos de pantalla e inmovilizándolos], también aparecen los accidentes totales como las fugas radioactivas de Chernobil o Fukushima.

La sociedad Patriarcal

Podemos definir el patriarcado como una estructura de dominación construida para la apropiación del cuerpo, de la procreación y de la crianza que llevan a cabo las mujeres, por parte de los hombres, convirtiéndose éstos en hegemónicos y ostentando el poder sobre las mujeres, mediante justificaciones ideológicas que ser articulan sobre una base social.

La aparición del patriarcado pudo llevarse a cabo por la necesidad de hombres para la guerra, acto para el cual los miembros masculinos de la raza humana más aptos para esta función, valorándose más las actividades masculinas en la división de tareas que realizan las mujeres y los hombres.

En los diferentes contextos históricos y sociales siempre las actividades masculinas [negadas a las mujeres en función de costumbres y creencias] serían más valoradas, invisibilizando los trabajos que llevan a cabo las mujeres [principalmente el cuidado de las personas], negándose los hombres a realizar este tipo de tareas que se presentan como tareas de orden inferior; Se llega a naturalizar este reparto de ocupaciones en función del conjunto de ficciones, mitos y discursos que construyen la realidad que favorece a la población masculina.



Prosigue la discrepante polémica sobre el decrecimiento

PROSIGUE LA DISCREPANTE POLÉMICA SOBRE EL DECRECIMIENTO QUE PROVOQUÉ YA HACE UN MES    JULIO GARCÍA CAMARERO (3 dic-2011)

Estoy satisfecho y contento de haber suscitado el día 1-noviembre-2011 un debate plural sobre el decrecimiento. Y digo plural porque en este debate hemos participado ocho polémicos. Los cito por  por orden cronológica de aparición: 1. Juan Torres López, 2. Félix Rodrigo Mora (no crítico con el anterior), 3. El blog de Onibl, (no crítico con los anteriores) 4. Julio García Camarero (critico con los 3 anteriores [“tetradialogo”], comienza la polémica) 5. Toño Hernández (“bidialogo”),  6. Juan Torres López (“bidialogo”), 7. Pedro Pérez Prieto / 8. Manolo Taslens (“tridialogo”).

Y es causa de satisfacción el que la polémica sea plural, aunque todos los “criticados” (y pese a que  hay sido yo el inicial provocador”) hayan optado por ignorarme en sus artículos de contestación. No importa, lo importante es que se haya creado un debate vivo sobre el decrecimiento. Pero Juan Torres y casi todos los demás parece que quieren reconducir la polémica hacia un debate dualista (a lo debate bipartidista). Y es cierto que desde el principio en estos tres artículos de polémica que llevo escritos en lo que va de mes, en todos he tenido la deferencia de citar a todos y cada uno de los debatientes. Personalmente pienso que sólo el pluralismo es democrático. Y creo que un verdadero debate sobre el decrecimiento no debe de ser bipartidista. Pues la pluralidad de contrastes enriquece la polémica.

Además, no debemos de ver enemigos por todas partes, aunque por alguna sí que los haya.
No podemos considerar enemigo a todo el que se acerque al pensamiento decrecentista y lo critique en algún aspecto. No se puede pedir a todo el que se haya acercado recientemente a este pensamiento, no tenga alguna laguna o mal configuración de algunos de los aspectos de la idea de decrecimiento. Tampoco, como muy bien dice Torres, debemos considerar al decrecimiento como una religión intocable y estática.

Aunque, como nos indica Pedro Pérez Prieto[1] citando al famoso torero “El Gallo”, éste sentenciara adecuadamente: Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. Y es que, como muy bien dice Pérez Prieto: se reconozca o no, el modelo actual [de crecimiento económico] está agotado. Punto final. Y aún se puede añadir: no puede ser, y además es imposible.

Yo mismo, por ejemplo, cuando me acerqué por primera vez a la idea de decrecimiento, para mi esta idea se presentaba (como no podía ser de otra forma) llena de lagunas y de desenfoques. Y solo a base de leer mucho y de reflexionar mucho sobre el tema, he ido rellenando y reconfigurando (aunque aún solo en parte) este complejo concepto del decrecimiento; que, desde luego, nada tiene que ver con el concepto del que nos habla Juan Torres:   “el problema del concepto de decrecimiento es que, al utilizar también el PIB como magnitud de referencia, se está asumiendo también esa ficción, aunque los decrecentistas no quieran reconocerlo”, o “Quienes defienden el decrecimiento pueden decir que están pensando en otra cosa, pero es innegable que cuando utilizan ese término están hablando de disminuir los indicadores que miden la dimensión cuantitativa y monetaria de la actividad económica y más concretamente el PIB”. Ello supone una simplificación del concepto de decrecimiento, simplificación  que sólo puede navegar en una laguna del conocimiento sobre el decrecimiento.

Por eso creo que el ejercicio de la polémica y debate decrecentista (sin que llegue a convertirse en  combate) nos servirá de ayuda para ir construyendo y configurando la idea del decrecimiento.
Y ahora paso a comentar lo (en mi opinión) acertado y des acertado del último artículo de Juan Torres en el que responde a la crítica de Toño Hernández y que se titula, Acuerdos y des acuerdos sobre el crecimiento y el decrecimiento (aparecido el 12-nov.-2011).

Primero comentaré los párrafos con acierto (según mi opinión) de Juan Torres:

1. Es del todo acertada su frase: lo que mi importa es acercar posiciones y tratar de superar las diferencias que se puedan estar dando en el ámbito de las interpretaciones. [Interpretaciones del decrecimiento parece que se refiere]. Desde luego me parece correcto que lo de esta polémica (la cual me gustaría que continuara viva mucho tiempo) no se plantee como un foro de acusaciones y de búsqueda de culpables, condenables e irreconciliables. Todo lo contrario, como dice Torres, se debe de tratar de superar las diferencias.

2. Torres nos dice que: “el término decrecimiento es desmovilizador”. Pero luego se retracta de lo dicho, pidiendo amablemente escusas por ello, y dice que: le parece injusto afirmar que la utilización del término es des movilizador. “Chapeau” a quien tiene la inteligencia y la valentía de desdecirse.

Y personalmente estoy de acuerdo en que, en un principio, hablarle a un parado o a un precario de decrecimiento pueda parecer un completo contrasentido. Pero si este término y concepto se explica también y de forma tan amena como lo explica Carlos Taibo, el resultado es conseguir arrastrar a las masas (como conseguía arrastrar a los ratones el famoso flautista). Es una realidad que a mí me ha pasado en la asamblea del 15-M; en la que, en una alocución a micrófono abierto, al mencionar al palabra decrecimiento un conjunto de jóvenes con aspecto de parados y precarios sólo querían oír hablar del decrecimiento. También he podido contemplar, complacido, como Carlos Taibo hacia rebosar inmensas aulas de la universidad al hablar del decrecimiento.

3. Es muy acertado lo que dice Torres cuando afirma que: “el decrecimiento necesita un adjetivo” […] “creo sinceramente que conduce a la confusión”. Yo caí en esta reflexión hace ya algún año, y por eso puse en el título de mi segundo libro el calificativo de feliz a la palabra de crecimiento[2] (el título completo es “El decrecimiento feliz y el desarrollo humano”).

4. También es de lo más acertada la frase de torres: “lamento que esto no se me entienda y se me ataque como una especie de infiel que pusiera en cuestión el núcleo central de creencias sagradas”. Desde luego el pensamiento decrecentista no debe tener ideas sagradas intocables, estáticas y sectarias. Todo lo contrario, debe de estar conformándose continuamente en el devenir histórico.

5. “También sé que hay diversas corrientes y que el decrecimiento no es un cuerpo cerrado”.
Correctísimo, pero no sólo eso, si no que se encuentra en ebullición y en continua configuración.

6. Es correcto lo que dice de “si se distribuyese con más justicia, será suficiente con producir menos”.

7. Me congratula que Torres realice una citación de Carlos Marx: "La alternativa no puede ser simplemente disminuir cuantitativamente la actividad económica sino distribuir con justicia y para ello reorientar la actividad económica hacia la satisfacción que tiene que ver con la vida humana en el oikos, liberándola de la esclavitud que le impone el mercado al universalizar el intercambio mercantil y el uso del dinero (la “puta universal”)”. En efecto, creo que es necesario que se considere a Marx como uno de los precursores del pensamiento decrecentista. Pero ojo, Marx nos habla sólo de crecer en satisfacción de vida humana, y se muestra enemigo de “la esclavitud que supone el mercado al universalizar el intercambio mercantil y el uso del dinero (la “puta universal”). Es decir se muestra opuesto de que prevalezca el crecimiento del PIB (la puta universal, insisto).

8. Es un acierto que Juan Torres diga que: “hay que cambiar de modo de producir, de consumir y de pensar y en muchas ocasiones -concretamente al abordar el tema de la crisis actual- he afirmado que para salir de los problemas sociales, económicos, ambientales... en los que estamos, es preciso salirse del sistema porque no tienen solución dentro de él. Por tanto, sencillamente no es verdad que yo defienda, como dice Toño Hernández, "“hacer crecer la tarta” para que haya más que repartir". Me alegro un montón constatar que Juan Torres declare que es necesario salirse del sistema capitalista, (aunque en esto en ocasiones se contradice) pues de los diferentes artículos suyos que he leído saqué la impresión de que se trataba de un Keynesiano reformista, aunque también es cierto que mucho hemos evolucionado desde esas posiciones totalmente insuficientes, por ser sólo coyunturales en una crisis sistémica como ésta.

9. Torres dice que ha escrito un libro: “He dedicado un libro: "Desigualdad y crisis económica", a analizar y criticar el Estado de Bienestar y a poner de relieve que, como una expresión que es del sistema capitalista, conllevaba en su interior las contradicciones que darían lugar a mayor explotación del trabajo, a mayor destrucción del planeta y a peores condiciones de vida. Me parece que este libro debe de ser interesante, lo leeré con el mayor interés.

Pero también voy a pasar a comentar los desaciertos Juan en su artículo, que creo que tenerlos los tiene:

1. “Han sido diversos los decrecentistas, que aquí no voy a citar para no alargar este texto, los que han vinculado expresamente el decrecimiento a una caída del PIB y tampoco yo tengo culpa de ello”. Y leyéndolo me parece que Juan Torres quiere echar la culpa al gato (de “algunas corrientes decrecentistas) de sus lagunas o desconfiguraciones con respecto al concepto del crecimiento. Creo que aún tiene la fijación (que yo también tenía) de que lo importante y progresista es crecer para la satisfacción de los insatisfechos a base de aumentar el PIB. Equivocación que es similar a la que sufrió Fidel Castro cuando aún tenía la obsesión de aumentar aceleradamente y monopolísticamente la zafra del azúcar. El también salvó esa laguna; y desde ya hace algún tiempo en Cuba se están eliminando plantaciones de caña, que producía divisas para el PIB, y sustituyéndolas por policultivos ecológicos, que produce alimentos biodiversos y saludables.

Pero hoy pienso que no hay que confundir el progreso con el crecimiento y el aumento de los productos materiales. El verdadero progreso debe de encontrarse en el desarrollo humano. Y Juan no debe preocuparse por ello, yo ya he dicho que al principio de acercarme a la idea de decrecimiento también tenía desconfiguraciones. No hay que avergonzarse por ello,solo rectificar el enfoque, y todo arreglado.

2. Es desacertado que Juan diga que: implicar que unas actividades crezcan y otras no, pues sería imposible centrar la estrategia solo en el decrecimiento de todo tipo de actividad de producción o consumo. Pues pienso que no, que  sí que  hay que decrecer en todo tipo de actividad. Y hacerlo hasta que  deje de caer en tener un carácter consumista-productivista (innecesario). La tarea (y es una difícil tarea) estará en determinar en donde se encuentra el límite entre consumo-producción sanos y el consumismo-productivismo depredadores de la materia y del espíritu. Todo necesita un cierto mesuramiento y equilibrio.

3. Y continua Juan: “No estoy seguro, que tuviera que decrecer el consumo de la energía solar”.  Yo hasta hace no mucho pensaba lo mismo: ¡benditas energías alternativas! Hasta que un día reflexionando concluí que sí que eran benditas por ser limpias, pero sólo hasta un límite, porque un crecimiento ilimitado de energía solar (aunque esta sea ilimitada) tampoco es defendible, pues ocasionaría una esquilmación acelerada de materia, que esta sí que es ilimitada. Sería una especie de “efecto rebote”.

4. Es desacertado considerar que no es admisible el decrecimiento demográfico y que Torres diga:

 “No entraré ahora en las implicaciones de tesis más fatalistas del decrecimiento que estiman que lo que sobran son personas y que también la población debe decrecer”. Pues afirmar esto es caer en un prejuicio debido principalmente a la fuerte presión antimalthusiana generada hacia los años 60 del siglo XX debida principalmente a los impulsores de la “revolución verde” que nos prometieron que a base de insumos agrícolas derivados del petróleo se iba a conseguir que los alimentos también crecieran en forma de sucesión geométrica, como, lo hace el decrecimiento demográfico. Pero, precisamente, desde la revolución verde se está dando el caso de que en el planeta mueren 5 veces más personas por hambruna, que antes de ella.

Luego, también están los prejuicios católicos de que debemos tener todos los hijos que Dios nos dé. Y también hay otros prejuicios que menciono en el capítulo 7º de mi segundo libro decrecentista[2]. Además no olvidemos que, en sólo los últimos 50 años la población mundial se ha duplicado (ha pasado de 3.500 millones  a 7.000 millones de habitantes) ni tampoco:

-Que ya hemos llegado a los 7 mil millones de habitantes.
-Que ya hemos sobrepasado el pico del petróleo. Que prolifera guerras del petróleo por todas partes.
-Que hemos destruido en los últimos 30 años el 30% de los bosques del planeta.
-Que estamos al borde de agotar las reservas pesqueras.
-Que el cambio climático apocalíptico ya está llamando a la puerta.

5. El que Torres haya afirmado que es prioritario crecer en repetidos artículos e incluso en este artículo que ahora comentamos, es algo que tiene que admitir y asumir como una laguna con respecto a la percepción del decrecimiento. Laguna que es perfectamente superable y rellenable.

Como se ve, el balance de sus aciertos (rellenos) frente a las lagunas es positivo. Luego pienso que (como me pasó a mí) su propia reflexión le haga rellenar y configurar esas lagunas.

Y ahora, paso a comentar, brevemente, el mencionado artículo, “crecer o decrecer” de Pedro Pérez Prieto/ Manuel Talens (Taxacla). Ya comenté al principio de este texto un par de ideas muy positivas:

En cuanto a la referencia a una opinión del torero “El Gallo”; y en cuanto a aquello de que el mundo está agotado. Pero a estas aportaciones de Pérez, hay que añadir algunas otras también muy positivas:

1. La crítica a la prima de riesgo y a que Alemania se auto-considere, desde el punto de vista económico, algo así como la “barra de platino iridiado de Paris”, “medida inalterable de todas las economías”.

2. Resulta importante que Pérez Prieto recuerde en sus artículos conceptos fundamentales del decrecimiento como puedan ser los de: capacidad de carga del planeta, el declive productivo, la tasa de retorno energético,  la energía neta disponible, etc.

3. Que anuncie que la cuestión no es elegir entre la verdad incomoda del decrecimiento y la mentira reconfortante del crecimiento.

4. Está muy bien descrito el gran peligro que entraña el considerar como solución energética suplir los 509 exajulios de energía mundial que gastamos actualmente a base de la implantación de centrales  nucleares, pues ello supondría tener que construir 14.000 centrales nucleares de un Giga vatio, existiendo reservas mundiales de uranio solo para la centésima parte de este número de centrales.

5. Es muy instructivo la declaración de Pérez en cuanto a lo que dice de que el plantearnos continuar limitadamente con un modesto crecimiento económico de un 3% (aparentemente inofensivo), nos llevaría inexorablemente en menos de un siglo a necesitar en España por ejemplo: la fabricación de 50 millones de vehículos en lugar de la fabricación de los 3 millones actuales, o bien a recibir anualmente a 800 millones de turistas en lugar de los 50 millones actuales, o bien que tengamos que abrir 16 veces más sucursales bancarias, que las actuales.

Así que el artículo de Pérez Prieto tiene un balance muy objetivamente positivo y un efectivo carácter didáctico. Pero adolece solo de una cosa:

Cae en ser un poco mecanicista, pues olvida que no solo de energía vive el hombre; aunque es cierto que ella es indispensable, pero no suficiente apara un desarrollo humano que debe de impregnar a todo decrecimiento feliz. El ser humano también necesita indispensablemente de los “bienes relacionales” que es un elemento del decrecimiento de los más básicos, pero que, por desgracia, resulta olvidado por muchos decrecentistas.

En cualquier caso debo de expresar mis felicitaciones a P.P.P. por su esplendido artículo.

Y para terminar quiero indicar que quienes deseen acceder a la polémica pueden hacerlo en estos enlaces:

23 de noviembre de 2011 Pedro Pérez Prieto, crecer-o-decrecer-that-is-cuestion.- Tlaxcala  Presentación del editor (Manuel Talens, critica a Torres y a Toño)

17 de noviembre de 2011 Toño Hernández - mas-acuerdos-que-desacuerdos-en-torno al decrecimiento (critica a torres)

 13 de noviembre de 2011 Julio García Camarero El 'decrecimiento' debe tender al 'mesuramiento' (critica a torres)

12 de noviembre de 2011  Juan Torres López Acuerdos y desacuerdos sobre crecimiento y decrecimientocrítica (critica Toño)

8 de noviembre de 2011 Toño Hernández Sobre algunas críticas incorrectas a la idea del decrecimiento

1 de noviembre de 2011 Julio García Camarero Sobre opiniones y reflexiones sobre el decrecimiento

29 de octubre de 2011  El blog de Onibl  Reflexiones personales sobre el decrecimiento 

27 de octubre de 2011  Félix Rodrigo Mora Controversia con Serge Latouche: ¿Revolución integral o decrecimiento?

25 de octubre de 2011   Juan Torres López -Sobre el concepto de decrecimiento

_______________________
[1] Pedro Pérez Prieto, crecer-o-decrecer-that-is-cuestion.- Tlaxcala  Presentación del editor Manuel Talens (critica a Torres y a Toño)  23 de noviembre de 2011
[2] Julio García Camarero El decrecimiento feliz y el decrecimiento humano, La Catarata, 2010



La Cooperativa Integral "Una Aplicación del Decrecimiento" - Enric Durán

Enric Durán convierte su juicio por impago en un alegato contra la banca

Enric Duran Giralt, el Robin Hood de la banca, ha convertido hoy un juicio contra él por impago en un alegato contra la banca, a la que ha acusado de provocar el endeudamiento de miles de familias. El juicio se ha celebrado en Vilanova (Barcelona) por una demanda del BBVA, que le reclama la devolución de casi 25.000 euros por unos reintegros de dinero que no devolvió. Según ha explicado Duran ante la juez, el contrato debe declararse "nulo" porque el banco no le informó de las condiciones ni de los riesgos del producto.

Entre 2006 y 2008, el Robin de la banca estafó casi medio millón a 38 entidades bancarias accediendo a distintos préstamos que nunca devolvía. Duran pretendía denunciar el sobreeendeudamiento provocado por las entidades bancarias. Media docena de entidades le denunciaron por la vía penal, lo que motivó su ingreso en prisión provisional. La causa sigue en fase de instrucción. Hoy, por primera vez, Duran se ha presentado a un juicio civil donde se le reclama la devolución de las deudas.

En una de sus últimas acciones reivindicativas, en marzo de 2008, adquirió un producto financiero, la tarjeta "tres meses sin". El contrato dejaba a las claras que no podría extraer más de 600 euros de dinero al día. Y que solo podría hacerlo una vez al mes. Sin embargo, ha explicado en la vista, se sorprendió al darse cuenta de que podía sacar dinero de forma ininterrumpida. Lo hizo durante casi un mes, a razón de entre 1.200 y 1.500 euros diarios.

"Seguí sacando dinero durante varios días y en la web del banco solo me decía que la operación había sido financiada. El banco no me reclamó nada. Solo a final de mes vi las cantidades". A preguntas de su abogada, Montserrat Serrano, Duran ha recalcado que el banco no le dio "demasiadas explicaciones" y que en ningún momento le informó de que se había excedido sobradamente en el crédito. Para poner de relieve la contradicción del banco, Duran ha dicho que, meses más tarde, en agosto, pudo contratar un crédito con el BBVA sin problemas.

El abogado del banco, Isaac Carbonell, ha alegado en el juicio que debe separarse la ley de la política. "Queda acreditado que hubo un contrato de préstamo y que este se ha de devolver. Si bien el activismo político y social es encauzable por otras vías, en la vía jurídica debemos atenernos a la ley. Y las deudas hay que retornarlas", ha explicado.

Serrano ha rechazado tajantemente ese argumento. A su juicio, el contexto social y la justicia deben ir de la mano. "A estas alturas, ha quedado demostrado de sobras que los bancos han sido corresponsables de esta crisis terrible" "Es un ejemplo clarísimo de que los bancos han promocionado exageradamente el consumo", ha insistido.

Más allá del discurso más ideológico, la abogada ha subrayado por qué, en este caso en concreto, el contrato debe ser declarado nulo. Primero, porque el contrato no permitía exceder los 600 euros al mes y, en cambio, Duran pudo obtener una cantidad muy superior. "No había límite. Duran se paró en los 20.000 euros como se podría haber parado en los 90.000". Y segundo, porque el banco reclama unos intereses de demora que, "en la publicidad del producto no aparecen".

"Cuando contraté el producto, muchas familias ya estaban endeudadas. Y los bancos seguían promoviendo, con mucha publicidad, esa clase de productos financieros. Y sabían que no se podrían devolver", ha subrayado Duran en la vista oral.

Más acuerdos que desacuerdos en torno al decrecimiento

Toño Hernández - Rebelión


Previo: después de leer el artículo de Margarita Mediavilla, pensamos en no enviar esta respuesta ya que plantea bien nuestras principales preocupaciones en este debate, pero hemos creído conveniente hacerlo para quitarnos un cierto mal sabor de boca por la percepción que tuvo Juan Torres de nuestra primera respuesta.


Comenzábamos el anterior artículo señalando que era bueno y necesario debatir con personas que estamos muy cercanas en la mayor parte del diagnóstico y las propuestas. Y que por tanto los puntos de discrepancia implican no considerar en ningún caso al discrepante ni como “adversario” ni como “enemigo” ni nada parecido.

Justamente el objetivo de acercar posiciones nos llevó a la crítica de lo planteado por Juan en su artículo. Es evidente que no hemos leído todo lo que ha escrito Juan Torres, pero sí bastante; de la misma manera que no creemos que nadie se haya leído todo lo que hay sobre decrecimiento.

Desde que surgió en España con fuerza el asunto del decrecimiento, las críticas de personas muy cercanas han sido constantes y eso no nos ha impedido seguir debatiendo y trabajando juntos. Y las personas que estamos defendiendo ese concepto tampoco hemos entrado a contestar a muchas de las críticas porque hemos entendido que eran fundamentalmente terminológicas.

Decidirnos a responder a Juan no ha sido por “combatirle” sino por que vemos que hay alguna diferencia más sustancial que es necesario seguir debatiendo. Si en algún momento ha parecido que entendíamos su artículo como un ataque a todo lo que hay detrás del decrecimiento, seguramente nos hayamos explicado mal, pero nos parece un exceso de dramatismo decir que eso es alimentar grietas; su respuesta, no obstante, nos ratifica en algunos de los argumentos que planteábamos.

Primero nos gustaría matizar que es posible que hayamos achacado a Juan propuestas que no son suyas, al igual que nosotros consideramos que Juan achaca al decrecimiento cosas que éste no plantea. Quizá esto tenga que ver con las limitaciones en extensión de lo que se escribe en un momento determinado, y que muchas veces tendemos a “inferir” lo que hay detrás de algunos párrafos, bien porque no se explican lo suficiente, bien porque dejan de decir algo que consideramos fundamental. Además nosotros nos apoyamos en citas textuales que Juan escribía en dicho artículo.

Un ejemplo de cierta “subjetividad” del propio Juan es su inferencia de que el decrecimiento es lo contrario del crecimiento y que por tanto se tiene que medir en términos de PIB. Desde el decrecimiento no se dice eso, y suponer que una frase de Taibo sobre el “cómputo final” daría muestra de esa visión, nos parece un argumento cogido por los pelos y que no responde de ninguna manera a todo el discurso decrecentista ni al del propio Taibo, que justamente está hablando de utilizar varios indicadores en la frase que recoge Juan.
Además, el decrecimiento no es un concepto meramente económico. Por eso no hay que medirlo solo en términos del PIB, sino que hay que introducir otras variables socioambientales. Esto ya forma parte del discurso del decrecimiento desde hace tiempo.

Por tanto, al igual que dijimos en el anterior artículo, al que nos remitimos para mayor profundidad, consideramos la “tesis principal” de Juan como una crítica incorrecta que no se ajusta a la realidad de lo que plantea el decrecimiento. Y en este sentido podemos alegrarnos de que pensemos lo mismo sobre la necesidad de disponer de más indicadores.

No vamos a negar que el término decrecimiento puede tener limitaciones porque nos obliga a especificar qué queremos que decrezca. Pero si estamos de acuerdo en la necesidad de un cambio de modelo productivo que utilice menos recursos materiales, lo mismo ocurre si hablamos de crecer (“Lo que yo digo es que no es malo que crezca aquello que los seres humanos necesitan, pero eso no es 'el crecimiento' al que se refiere la economía convencional ni, creo yo, las tesis del decrecimiento”): también hay que decir qué queremos que crezca y qué no, e igualmente hay que dar explicaciones sobre que tipo de “crecimiento” queremos o qué entendemos por “crecer”. El problema es el mismo desde el lado que se mire. Las cosas complejas siempre hay que matizarlas y adjetivarlas.

Entonces, si el asunto se limita a decidir qué es más conveniente desde el punto de vista político para conseguir mayorías, no creemos que tengamos una respuesta clara. Seguimos convencidos de que es mucho más difícil que la idea de “crecer” (e incluso “desarrollo” como plantea Naredo) sirva para hacer el cambio cultural e ideológico necesario; y por tanto conviene explorar nuevas ideas y simbologías. Y esa es la gran virtud que tiene el término decrecimiento en estos momentos. Por otra parte nos parece una discrepancia poco relevante: vayamos viendo qué términos (no tiene que ser uno sólo) atraen a más gente a nuestras ideas y propuestas y actuemos en consecuencia.

Creemos que en un debate tranquilo y sosegado estaremos muy de acuerdo en qué cosas tienen que crecer y cuáles tendrán que decrecer. Seguramente habrá puntos de desacuerdo pero será más por lo que cada persona consideremos “necesario” que debidas a las diferentes opiniones sobre el término decrecimiento.

Aunque derivadas de este asunto es donde vemos las mayores diferencias de enfoque que creemos necesario seguir debatiendo con el objeto de encontrar soluciones compartidas. Nos referimos al asunto de las necesidades, el consumo y la resolución de las desigualdades, y por tanto, las propuestas que tenemos que hacer para salir de la actual crisis y para dirigirnos hacia otro modelo social y ambientalmente sostenible.

Para nosotros no reconocer claramente que es imposible una salida equitativa global sin una reducción del consumo global de recursos materiales en España y demás países “ricos”, es un diagnóstico peligrosamente equivocado y físicamente inviable. Lo que no significa que todo lo material tenga que decrecer ni que tenga que hacerse en igual proporción para todas las capas de la sociedad; esto es una tesis básica de cualquier decrecentista, especialmente en el asunto de la alimentación.

Pero nos preocupa que bajo ese matiz, se termine aparcando la necesidad del descenso del consumo material: esto no es una “generalidad”, es un imperativo básico para garantizar un mínimo futuro a las amplias mayorías mundiales y españolas.

Y termina siendo más que una posible preocupación cuando vemos las propuestas para la salida de la crisis desde los economistas progresistas. Vamos a aclarar primero que asumimos que lo que vamos a plantear a continuación, es un asunto complicado y difícil de resolver en el actual marco; que lo vemos también como una dificultad práctica a resolver desde el decrecimiento, pero que lo vemos como una contradicción (entendible pero que nos gustaría resolver) desde las propuestas económicas progresistas clásicas.

Un análisis que se está haciendo es criticar la idea de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”: que los economistas liberales estén utilizando ahora esa idea para descargar la culpa de los principales responsables y exigir sacrificios a toda la población, no significa que no sea verdad que “España” ha vivido y vive por encima de lo razonable. De hecho muchos economistas críticos venían advirtiendo de ese asunto en los años de bonanza. Y eso tampoco significa que, al utilizar genéricos (“España”, “hemos”...), se esté aceptando la idea de que las responsabilidades y las salidas tengan que ser igual para todas las personas.

Ignorar que muchos de los préstamos que se pedían no iban para satisfacer la necesidad básica de la vivienda, sino que bastantes eran para segundas residencias, viajes de turismo, cambiar de coche o comprar otro, comprar otro televisor, cambiar de móvil, etc.., nos parece inadecuado. Y creemos que se ignora esto cuando se plantea que el problema de la crisis es fundamentalmente de debilidad de la demanda y de la capacidad de compra y que por tanto lo que hay que hacer es que la gente pueda comprar y consumir más para salir de la crisis. Es repetir la respuesta keynesiana tras la Segunda Guerra Mundial en un contexto de recursos físicos muy diferente al actual.

Esto nos plantea varios problemas: el primero es que implícitamente se termina aceptando que no hay problemas de “exceso de oferta” o sobreproducción y por tanto de modelo productivo en cuanto al volumen de lo producido. Segundo, seguimos asumiendo que la salida a la crisis consistirá en aumentar la demanda o capacidad de compra, apuntalando una sociedad de consumo altamente intensiva en materiales y energía. Tercero y como consecuencia de lo anterior, esta salida aparca, aplaza, nos aleja y dificulta las radicales decisiones que hay que tomar para variar el modelo de producción y consumo.

Todo esto nos lleva a pensar que aunque se hable de cambio de modelo productivo, de tener en cuenta los límites naturales, de reducir el consumo, etc, cuando se hacen propuestas concretas en las que hay que resolver situaciones difíciles, sacrificamos siempre la variable ambiental a la supuestamente social sin haber sido capaces de plantear un debate de más largo alcance ni propuestas que resuelvan satisfactoriamente la contradicción. Y eso nos va a terminar costando muy caro.

De alguna manera seguimos teniendo la sensación de que, a pesar de lo mucho que se ha avanzado en integrar la variable ecológica en el discurso de los economistas y fuerzas políticas transformadoras, cuando llega la hora de gestionar en lo concreto, casi todo lo ambiental se relega y se reproducen, sin querer, las respuestas económicas típicas.

También es cierto que desde el ecologismo social y el decrecimiento no hemos avanzado aún lo suficiente en traducir en variables económicas algunos de nuestros postulados. Por ejemplo: ¿cuántos empleos vamos a crear con “otro modelo de desarrollo” cuando cierren las fábricas de coches, las centrales nucleares y la industria del cemento? ¿Cómo se concreta el “reparto del trabajo”? ¿Cómo se concreta en números eso de que “hay que volver al campo”? Eso sí, como diría el otro, “estamos trabajando en ello”: algunas aportaciones recientes en este sentido tratan de avanzar, por ejemplo, en las propuestas que relacionen el decrecimiento con el empleo. Aunuqe pensamos que esa debe ser también una labor prioritaria de los economistas (no sólo de los ecológicos como Naredo u otros).

No obstante creemos que en los últimos dos o tres años, en parte gracias a la irrupción del término decrecimiento, ha aumentado mucho entre los economistas progresistas la preocupación por incorporar la variable ambiental y de los recursos naturales, y en ese sentido no nos queda más que agradecer este tipo de debates y discrepancias para ir afinando y acercando nuestros discursos y preocupaciones. Y para ir desarrollando nuevos instrumentos que den respuestas realistas a la crisis de recursos que tenemos encima.

Toño Hernández pertenece a Ecologistas en Acción