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Premio a la difusión de los principios del decrecimiento


sobre el decrecimiento como alternativa al crecimiento ilimitado.

Se premiará a la persona, comunidad o entidad que, mediante trabajos escritos, organización de cursos o conferencias, trabajos de investigación, realización de material audiovisual, creación de material pedagógico para adultos o escolares, ejecución de acciones directas... realice una mejor difusión de los principios del decrecimiento.

Los trabajos o memorias de los actos organizados tendrán que enviarse a: Comissiò de l’Agenda Llatinoamericana, calle Santa Eugènia 17, 17005 - Girona, España. Podrán remitirse en cualquiera de los idiomas en que se publica la Agenda Latinoamericana: catalán, castellano, portugués, inglés o italiano.

+ info

a través del teléfono 972 21 99 16 o del correo electrónico llatinoamericana@solidaries.org

folleto

Encuentros entre decrecimiento y buen vivir en Bilbao

El próximo 8 y 9 de febrero tendrán lugar en el Salón de actos de la Ekonomia eta Enpresa Zientzien Fakultatea. UPV/EHU de Bilbao unas jornadas en las que ahondaremos en dos conceptos y alternativas cada vez más en boga: “decrecimiento” y “buen vivir”. Además de conocer más de cerca estas visiones, reflexionaremos, debatiremos y buscaremos alianzas entre las dos visiones. Para todo ello, disfrutaremos de varias ponencias, espacios de debate y alguna otra actividad.

Para poder asistir a las jornadas, es imprescindible la inscripción.

Más información en: info@deshazkundea.org

y en la página web:

decrecimiento y buen vivir


PROGRAMA

Es imprescindible la inscripción aquí.

8 Febrero, martes

DECRECIMIENTO Y BUEN VIVIR COMO NUEVOS PARADIGMAS EMERGENTES: Dificultades y Retos

09:30-14:00

Alicia Puleo (Ecofeminismo)

Luis Macas (Buen Vivir)

Yayo Herrero (Decrecimiento)

18:00-21:00

Serge Latouche (Decrecimiento)

Magdalena León (Buen Vivir)

Aportaciones de los Movimientos Sociales

* 19:30 – Actuación de manos de “Las kapritxosas

9 Febrero, miércoles

09:30-14:00 REPENSANDO LAS RELACIONES NORTE-SUR

Mónica Vargas (Anticooperación)

Magdalena León (Buen Vivir)

Florent Marcellesi (Decrecimiento)

18:00-20:30 CONSTRUCCIÓN DE SINERGIAS HACIA EL DECRECIMIENTO Y EL BUEN VIVIR. Dinámica participativa, grupos de trabajo sobre propuestas:

  • Iniciativas políticas

  • Alternativas prácticas

  • Alianzas y redes

20:30-21:00 CIERRE

Bertsolariak

Serge Latouche

Yayo Herrero


*Con la participación en estas jornadas puede obtenerse 1 crédito de libre elección.

*Ilustración: Irene Cuesta


Comprar, tirar, comprar

Respuesta a la crítica del libro 'el decrecimiento feliz y el desarrollo humano'

Julio García Camarero


Me sorprendió favorablemente descubrir buceando por Internet un blog (El blog de Iván de Prado) en el que se realiza una relativamente extensa y detallada crítica a mi libro recién editado: “El decrecimiento feliz y el desarrollo humano”. Y lo he encontrado especialmente favorable, porque presenta puntos discutibles en mi texto. Ello me agrada porque puede dar pie al debate dialéctico, y en el debate, aunque en ocasiones no lo queramos asumir, siempre se saca algo de nueva luz por ambas partes. Desde luego son más edificantes estas críticas de debate, que aquellas que consisten esencialmente en alabar al libro al máximo con la finalidad de que se consiga vender al máximo. Pero hay dos aspectos de esta crítica que no acaban de convencerme:
En primer lugar, se denota una especial intencionalidad en:

“poner de relieve la orientación Ideológica desde la que el autor realiza su análisis, ya que esta queda patente a lo largo de toda la obra […] dejando traslucir la opinión positiva del autor sobre el marxismo”.

Es decir, Iván considera necesario advertir que el autor tiene algo de rabudo marxista. En los tiempos que corren no resulta necesario mencionar lo de rabudo marxista. Lo de rabudo, lo ha conseguido introducir en el imaginario de una intensísima mayoría el omnipotente y omnipresente neoliberalismo global (y lo ha conseguido mejor aún que el “Centinela de Occidente” en su submundo franquista), y le ha sido fácil por que se ha llegado a identificar la nefasta “doctrina marxista” del fallido socialismo real con la metodología dialéctica marxista, que en realidad es todo lo contrario a una doctrina. Y hablando de doctrina, él hace una asociación de ideas: marxista, doctrina marxista, adoctrinamiento; y en una parte de su critica dice:

“Desde mi punto de vista esto supone alejarse en cierto modo de la objetividad puesto que al adjetivar un nombre,esta impreg-nando inevitablemente a ese nombre de un juicio de valor particular. Con estas prácticas, la obra tiende al adoctrinamiento.”

Y a esto, ahora contesto: adoctrinamiento por poner adjetivos no, el poner adjetivos a las palabras no debe de verse como adoctrinamiento ni como forma de “impregnar inevitablemente a ese nombre de un juicio de valor particular”; sino que debe de verse como una forma de matizar la complejidad de la realidad, de matizar los conceptos para que pierdan su simplicidad y aspecto de entes absolutos. Por ejemplo, la palabra hombre a solas solo nos da una idea rígida simple y absoluta de lo que es el hombre, sin embargo si comenzamos a matizar en cuanto a la diversidad de hombres, el concepto comienza a hacerse más complejo y a definir con mas nitidez el concepto de hombre. De igual modo, no se puede hablar de forma absoluta de la libertad, se hace preciso de hablar de las libertades (con sus apellidos o adjetivos determinantes): libertad de expresión, libertad de constituirse en democracia participativa, libertad de represión, libertad de asesinar a la biosfera, etc. Y de igual manera sucede con el trabajo, no debe de existir un concepto monolítico y absoluto del trabajo, es preciso ponerle calificativos si queremos ver el concepto en todo su complejo valor diverso. Podemos decir que existen múltiples tipos de trabajo a los que necesariamente hay que poner un apellido, pero sobre todo existen dos tipos fundamentales de trabajo, bien distintos, que es extremadamente necesario diferenciar: por un lado, el trabajo libre, creativo (y ahí esta el elogiable adjetivo) que resulta ser un trabajo deseable y que produce felicidad; y por otro lado(diametralmente opuesto), el trabajo enajenado- asalariado (y aquí esta el despreciable adjetivo) que no aporta más que horas de enajenación e infelicidad. Y prueba evidente de ello es que prácticamente casi todos esperamos ansiosos la jubilación como una frontera entre al infelicidad del trabajo enajenado y la redención del mismo. Y está la eficiencia de las maquinas, que deben de servir para ir eliminando cada vez más horas de infelicidad y transformarlas en horas de felicidad, y no para acumular “libremente” PIB a costa de la infelicidad humana.

En segundo lugar, porque hace una infundada afirmación:

“García Camarero no ha conseguido determinar las verdaderas fuerzas que nos convierten en “yonquis” del crecimiento”.

Cuando a mi entender lo mas conseguido de mis dos últimas obras es precisamente que he descrito infinidad de veces (hasta incluso ponerme pesado) cual es el origen de la obsesión por el crecimiento económico. Algo en lo que insisto especialmente en El Crecimiento mata y genera crisis Terminal, principalmente en los dos primeros capítulos titulados respectivamente El mantenimiento y aumento del trabajo enajenado, y Evolución de los diversos mercados. Posiblemente si los hubiera leído Iván comprendería mejor lo infundado de sus dudas en cuanto a que haya logrado diseccionar el origen de la obsesión por el crecimiento. Pero de todas formas no se hace necesario retrotraernos a las largas y minuciosas explicaciones de estos capítulos. El mismo Iván sin darse cuenta incluye un párrafo en donde se señala la explicación de cuales son las verdaderas fuerzas que nos convierten en acérrimos consumistas.

Subrayo la parte del párrafo que contiene dicha explicación:

La tesis principal de García Camarero es que nos encontramos inmersos en un deteriorante crecimiento económico que genera... el agotamiento de los recursos naturales, el cambio climático, la explotación y el decrecimiento social del trabajador con las finalidades de crecer más y lograr una mayor concentración de capitales en cada vez menos manos".

Para conseguir estas finalidades el marketing a trabajado super-efícientemente para conseguir convertimos en unos yonkis consumistas proporcionadores de PIB para unos pocos.

Por lo demás, Iván en su escrito-crítica demuestra que ha leído a fondo mi libro. Pero pienso que su problema, y el lo dice: ... "me colocaría entre los que creen en un crecimiento real ecocéntricó". Esta afirmación indica que él tiene el enfoque propio de la "3avía", es decir el enfoque de los social demócratas (que han abandonado el marxismo)y que son precisamente los que abogan por un hipotético y quimérico "posible"crecimiento real ecocéntricó. Pero lo que también demuestro en mi obra El decrecimiento feliz y el desarrollo humano", y sobre todo en "El Crecimiento mata y genera crisis Terminal", es que con crecer menos no basta, ni siquiera con crecimiento cero. Y lo hago basándo-me en infinidad de datos y profusas referencias; referencias tan científicas y serias como las de: Georgescu-Roegen, Bruno Clémenün, Vicnet Cheynet, Mauro Bonaiuti, Iván Illich, Carlos Taibo, Cornelius Castoriadis, Clive Hamilton, Man/redMax-Neef, etc. Y aunque a veces me sienta un poco solo, la realidad es que no estoy tan solo, me siento muy acompañado por estos grandes hombres; y aquí entra un calificativo-grandes- de hombre que antes no puse.

Y pese a todo, como decía, Iván demuestra no solo que ha leído detenidamente sino que además ha sido capaz de hacer un admirable resumen de mi texto, de cuyo resumen casi me atrevería a decir que en algunos puntos llega a mejorar en expresión a mi texto. Pero su problema es que al comprender el fondo de la filosofía del decrecimiento le ha llegado a entrar verdadero vértigo, porque en ella se desprende que es necesario decrecer, y para decrecer es necesario salirse del sistema capitalista. Y asimilar esto cuesta, estando enganchados casi todos, como estamos, al consumismo. Por eso ha recurrido a pretextos y a trucos para afirmar que en el Decrecimiento feliz y el desarrollo humano no se aclaran las causas de la obsesión del crecimiento económico.

Además, y ahí si que me sorprende, después de la demostrada capacidad de comprensión de mi texto en su magnifico resumen, declare que yo no logro explicar el origen del crecimiento.

Y estoy seguro que el tal Iván (quien al final termina defendiendo a los mercados y a la competitividad) es una persona bien intencionada y con inquietud ecologista, su único problema es el que tenemos todos los que formamos parte de esos yonkys que comprenden el ese 99% de la población de esta sociedad de Occidente, que permanecemos enganchados al consumismo. Y yo no me excluyo, aún sigo comprando en las grandes superficies (aunque procuro hacerlo lo menos posible) y utilizando las dichosas y omnipresentes bolsas de plástico (aunque si que uso la bolsa de tela para comprar el pan). Nos da vértigo salirnos del sistema y aún somos incapaces de dejar de hacer de talibanes del consumismo-crecimiento.

Pues bien mi estimado Iván se ha visto en la obligación de declarar (incoherentemente) que no he dejado claro el origen de la obsesión crecentista para así (partiendo de cero) poder argumentar su tesis del origen del crecimiento y lo buena que es la competitividad.

Pero es que viviendo en la arcadia de la socialdemocracia- neoliberal, hay que defender, aunque sea con trucos, lo bueno que es la libertad de empresa competitiva. Y con respecto a esto nuestro crítico nos dice:

"Mi tesis es que el crecimiento es algo que surge espontáneamente del comportamiento individual y en libertad de ser humano Es decir, en cierto modo surge la competencia. Esta seria por tanto la fuente primaria del crecimiento. Con esto no quiero decir que no pueda existir cooperación entre los hombres. Todo lo contrarío, cooperación también es algo común en el comporta-miento del ser humano. Ambas, la competencia y la cooperación3han de subsistir al mismo tiempo y en un equilibrio razonable."

Esta frase se centra en un arcaico concepto(desde luego mas arcaico que los conceptos marxistas),el concepto liberal que se viene usando erróneamente desde los tiempos de Adam Smith:

Se alude (para conseguir justificar subrepticiamente, el fundamentalismo de mercado y el crecimiento) sin llegar a referirlo a la mano invisible del mercado4, y a que ella sola, a través de la "libre" competitividad, al final todo lo deja en orden. Y al parecer en la actualidad estamos viviendo ese maravilloso orden al que al final hemos llegado gracias a esta mano invisible y a esta "sana competitividad". Es decir, un orden de caos absoluto y de suicidio colectivo al ser asesinada la casa común en que vivimos, la biosfera, a causa del crecimiento.

___________________________
1 El inquietarse en este momento, por el adoctrinamiento, tiene mucho de prejuicio antimarxista, de confundir la dialéctica marxista con su interpretación (diametralmente opuesta) denominada doctrina marxista.

2 "El Crecimiento mata y genera crisis Terminal", Ed. Catarata.2009 y El decrecimiento feliz y el desarrollo humano" Ed. Catarata, 2010.

3 Se nos habla de la convivencia de la competencia y la cooperación, y pregunto ¿Cómo se come ese oximorón?

4 Esta referencia a la mano invisible tiene lugar en la obra "La Riqueza de las Naciones" que Adam Smith escribió en el año de 1776. nada menos que la friolera de casi dos siglos y medio; y esto es lo que nos venden como modernidad.

Es urgente que la izquierda comprenda las implicaciones del Cénit del petróleo

Manuel Casal Lodeiro

En el nº 136 del bimensual Diagonal podíamos leer un análisis de Alejandro Teitelbaum acerca de la cuestión de las pensiones. Los argumentos de este autor, comunes en la izquierda, giraban en torno al aumento “vertiginoso” de la productividad, debido según él, a la “revolución científico-técnica”, que haría posible, con una política más justa, la liberación de los trabajadores de la necesidad de “buena parte del trabajo físico”. Apoyándose en ese aumento de la productividad, que obviamente él considera permanente, defiende una disminución del tiempo de trabajo y un aumento de salarios y pensiones. Pero un simple análisis de la base energética de la economía y de la sociedad en su conjunto, contradice esas suposiciones que no son sino la otra cara del mismo paradigma económico hegemónico de los neoliberales: el de una economía desconectada de la realidad física y de las leyes de la naturaleza. No pongo en duda que la política distributiva y fiscal esté en la base del actual conflicto por el trabajo y las pensiones, y que toda falacia usada por la derecha en esa lucha social deba ser desmentida con contundencia; pero si no somos capaces de entender el auténtico origen del crecimiento económico y de la productividad en que pretende la izquierda basar sus alternativas, estas quedarán anuladas de partida. No podemos combatir una falacia política o económica con una falacia termodinámica. La ciencia o la técnica por sí solas no son las responsables del aumento de la productividad experimentado a lo largo de las últimas décadas: esta se debe, en primer lugar, a la disponibilidad masiva y creciente de energía barata. Es decir, sólo se puede hablar de que cada trabajador(a) ha producido más por unidad de tiempo porque el aparato productivo en su conjunto ha dispuesto de toda la energía que ha necesitado para hacer funcionar esas tecnologías. Por otro lado, si medimos la productividad en función de los recursos energéticos no humanos empleados (productividad energética) y no del factor tiempo de trabajo, veremos que la productividad en realidad lleva estancada más de medio siglo (datos de la UE). Pese a ser una confusión que lleva a conclusiones peligrosas, mucha gente no distingue entre tecnología (fruto principalmente de la inventiva humana) y energía (fruto exclusivo de fuentes naturales: unas renovables y otras no). Así, creer que la tecnología por sí sola es capaz de “producir” energía es negar los principios de la Física y caer en el terreno de la fe más anticientífica, una superstición que afecta desgraciadamente a la izquierda desde hace demasiado tiempo, pese a las críticas de autores como Walter Benjamin o al propio reconocimiento de Marx de que la riqueza proviene en última instancia de la naturaleza y de que el trabajo es “fuerza” de trabajo, es decir una fuente de energía natural más. A poco que analicemos racionalmente cómo surge el progreso técnico en la historia humana, ¿podremos negar el papel fundamental del carbón en la Revolución Industrial y en el aumento de productividad que supuso? ¿Fue la máquina de vapor quien la hizo posible o fue el combustible fósil que la alimentaba? (De hecho la tecnología base de tan decisivo invento ya se conocía desde la época clásica grecorromana.) Y también es evidente que el motor de explosión nos permitió otro salto de gigantes en la productividad y en la industrialización, pero sin la explotación del petróleo, esta hubiera sido imposible y dicha invención hubiera quedado en los museos de la tećnica como una curiosidad más sin aplicación posible a gran escala.

El Cénit del petróleo

Y es precisamente al petróleo a donde quería llegar. Si defendemos la viabilidad de políticas alternativas basándonos en una productividad que sólo es posible gracias al inmenso flujo de energía —principalmente fósil— que ha manado durante las décadas del industrialismo, dichas políticas se demostrarán impracticables en el contexto de descenso energético al que se enfrenta actualmente nuestra civilización y estarán condenadas de antemano al fracaso. Según el informe anual publicado recientemente por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el cénit del petróleo convencional (momento a partir del cual cada año se extraerá menor cantidad) ya se ha producido: de hecho, tuvo lugar en 2006. Después de tantos años negando este fenómeno por presiones estadounidenses, o prediciendo que tardaría aún una década en suceder, los obstinados datos reales les han obligado a dar la razón a los científicos y divulgadores de la asociación internacional ASPO —entre otros—, que llevan años intentando alertar al mundo de que este irreversible declive energético había comenzado. Aunque para que no cunda el pánico en las bolsas, la AIE maquilla de forma escandalosa las gráficas rellenando la diferencia entre demanda y oferta previstas con un petróleo que nadie —ni siquiera ellos— sabe de dónde va a salir y haciendo creer que otros petróleos de peor calidad energética podrán sustituir a tiempo y en la debida proporción al petróleo crudo convencional de alta densidad energética. Las consecuencias son demasiado graves como para que la izquierda política y social siga con los ojos cerrados: más del 90% del transporte mundial depende del petróleo, así como la práctica totalidad de los sectores industriales, y —lo que es mucho más preocupante— el sistema de producción y distribución de alimentos que sostiene a una población de ya casi 6.700 millones de personas. ¿Hablamos de pensiones, de reparto del trabajo? Lo que nos tocará repartir será seguramente la miseria energética, reparto que será por fuerza muy diferente al de la época de la jauja petrolera.

Si hablamos de productividad del factor trabajo y del factor energía, ¿qué tipo de incremento debería tener el primero para compensar el declive irreversible del segundo? Si pensamos que la energía contenida en un barril de petróleo equivale como poco a 2.000 h de trabajo humano (trabajo duro, a razón de 700 kcal/h), y que la civilización humana consumió 84 millones de barriles al día durante 2009, nos podemos hacer una idea de lo insensato que sería esperar que la supuesta alta productividad humana tecnologizada puidese llegar a compensar el declive petrolífero. Poco a poco se van filtrando informes que —por supuesto— no llegan a los grandes medios de comunicación, y que hablan de un probable colapso de las economías nacionales en un periodo más o menos corto de tiempo debido a los cortes de suministro, los nuevos picos de los precios, y la caída en cadena de una industria tras otra en un sistema mundializado que sólo funciona si crece y que requiere un constante y masivo flujo de energía para mantener su alto grado de complejidad. Concretamente el actual sistema monetario es dudoso que resista por mucho más tiempo, debido a que la creación del dinero bancario basada en deuda es insostenible en un contexo de decrecimiento económico continuado, inevitable dada la absoluta correlación existente entre consumo de petróleo y producción de bienes y servicios, contexto en cual que no sólo será imposible crecer para pagar los intereses de la deuda —tanto pública como privada— sino que ni siquiera se podrá devolver el principal de los préstamos. Científicos y militares de diversos países advierten en informes que sólo ahora empiezan a aparecer sobre las mesas de debate de los colectivos y partidos de izquierda, de las dramáticas consecuencias que afronta una civilización con sus días contados. Está alarmantemente cerca el momento en que la combinación de extracción decreciente y rendimiento energético también decreciente deje de aportarle el excedente energético del petróleo que dicha civilización necesita para sostener un nivel de complejidad tan elevado. Destacados científicos han demostrado que ninguna combinación posible de energías renovables será capaz más que de aliviar ligeramente la pobreza energética que nos espera y que no hay ni tiempo ni energía para sustituir con ninguna otra fuente un petróleo al que nos hemos hecho adictos y que en 10 años podría llegar al sistema económico industrial tan sólo en un 50% de su capacidad energética actual total (David Murphy). Los conflictos por la energía ya empezaron antes de que muchos oyésemos si quiera hablar del “peak oil” (Irak, Afganistán...), y sólo pueden exacerbarse en un sistema geopolítico alérgico a la democracia, la justicia y el consenso.

La izquierda debe anticiparse y adaptarse

Este panorama de inminente catástrofe civilizatoria comienza a ser asimilado por parte de la izquierda, al menos parcialmente. Izquieda Unida presentó en junio de este año una pregunta al gobierno español acerca de esta cuestión y de las manipulaciones de la AIE que habían destapado algunos medios europeos. Pero de momento Zapatero ni sabe ni contesta: la pregunta parece haber sido archivada sin respuesta incumpliendo las más básicas normas del sistema parlamentario. El 10 de noviembre al comisario europeo de energía se le escapó en una comparecencia de prensa el reconocimiento de que el petróleo “ha tocado techo” pero, mientras, la UE sigue proponiendo sin el menor sonrojo políticas radicalmente incompatibles con este hecho. La lucha social no se puede plantear en los mismos términos en una fase —excepcional, anómala en la historia humana— de exuberancia (el famoso “reparto de la tarta” que crece y crece... y de la cual el capital acepta repartir sus migajas mientras promueva la rueda salario-consumo para devolver el agua a su molino de la plusvalía), que en una fase de permanente e irreversible escasez, en la que sería suicida aceptar medidas que tratan de imponernos con la excusa del sacrificio necesario para volver a una irrecuperable abundancia “para todos”, a un crecimiento que choca con la finitud de la energía fósil y a un “pleno” empleo, más mito que nunca. Estas políticas lo único que logran en realidad es desarmar y despojar aún más a esas clases que llamaban “medias” y que ya no hay manera de disimular que vuelven a ser “bajas”, situadas al otro lado de un abismo social que no se volverá a estrechar. En consecuencia, la izquierda debe abordar este radical cambio de escenario con urgencia, revisando estrategias e incluso principios hasta ahora sagrados, como el derecho al trabajo asalariado o el protagonismo de una clase obrera condenada en su mayor parte a reconvertirse de nuevo en clase agraria a medida que buena parte de las industrias y las ciudades se conviertan en insostenibles. La izquierda debería también abjurar de un industrialismo y un productivismo que se van a quedar sin combustible, renegar del mito del crecimiento perpetuo y la tecnología taumatúrgica, convertirse en decrecedora y neorrural, poner la soberanía alimentaria y energética como puntas de lanza de la lucha social y política, y ser la primera en abandonar el Titanic capitalista industrial para comenzar a construir, desde abajo, múltiples y heterogéneas alternativas autogestionadas de vida simple, orgánica y local guiadas por los principios de la Economía Ecológica que ofrezcan —sin esperar más a asaltar ningún palacio de invierno— una alternativa tangible para los millones de náufragos del sistema. El caos y resentimiento social que con toda seguridad acompañarán los próximos años o décadas de colapso de esta civilización industrial petróleo-dependiente serán caldo de cultivo para el autoritarismo y el fascismo pero también una oportunidad para una revolución no meramente social o política, sino antropológica; una revolución que una izquierda postindustrial debería poner en marcha de manera anticipada si quiere que dé origen a una sociedad necesariamente más modesta, pero más justa.

Manuel Casal Lodeiro. Miembro de la asociación Véspera de Nada por unha Galiza sen petróleo

Más información:

Actualidad sobre el Cénit: www.cenit-del-petroleo.info

Papá Noel, una figura de la globalización mercantil

Florent Marcellesi - Papá Noel, una figura de la globalización mercantil

Cuando San Nicolás nació, vivió y murió en el siglo IV DC en Myre —una región ubicada en la Turquía actual—, no pensaba que su historia iba a convertirle en la estrella de la globalización y del consumismo, reflejando a escala mundial las migraciones humanas y la mercantilización de los símbolos populares.

Vinculado desde el principio al mundo empresarial, el cuerpo del difunto obispo de Asia menor llegó a Europa occidental en el siglo XI mediante unos comerciantes italianos interesados en un negocio bastante frecuente en aquella época: el las de reliquias. Su culto empezó a expandirse sobre todo en los países germánicos donde llegó incluso a sustituir, en algunas partes, al dios Odín que ya se desplazaba en los aires con su caballo. En esta época bendita, San Nicolás tenía principalmente la forma de un obispo que distribuía regalos a los niños buenos el 6 de diciembre y que, según las tradiciones, regañaba, se llevaba en su saco o se comía a las y los niños malos.

Víctima de la reforma protestante del siglo XVI, el culto de San Nicolás quedó reducido, principalmente, a los Países Bajos donde lo llamaban Sintaklaas. De allí, como muchos holandeses en busca de un futuro mejor, emigró a Nueva-Amsterdam que, después de su conquista por los ingleses, no tardó en llamarse Nueva-York. En 1822, ya consumada la independencia de Estados-Unidos, el reverendo americano Moore escribió un poema para sus hijos en el cual hablaba de un duende llamado “Sant Nick”. Procedía de Europa del Norte, era de gran generosidad —al igual que San Nicolás—, tenía una larga barba blanca —por su sabiduría y experiencia—, vestía una prenda roja —color episcopal— y se desplazaba de techo en techo durante la Nochebuena. En 1863, inspirado en el poema de Moore, Thomas Nast dibujó el “Santa Claus” —nombre americanizado de Sintklaas— para la revista “Harper’s illustrated weekly”. Santa Claus aún tenía un tamaño muy pequeño que le permitía pasar por las chimeneas.

De vuelta al viejo continente, el duende-obispo viajador pactó con las grandes tiendas inglesas del siglo XIX que, más interesadas en vender una mayor cantidad de juguetes que en difundir la poesía de Moore y los dibujos de Nast, jugaron un papel fundamental en su mercantilización. Sin embargo, este auge del capitalismo navideño culminó en 1931 con una famosa campaña de publicidad de Coca-Cola que duró hasta 1964 y fijó el aspecto que conocemos hoy de Santa Claus/Papá Noel. La compañía de refrescos, mediante el dibujador Haddon Sunblom, dio al héroe de los tiempos modernos su cara mofletuda y sonriente y una talla humana —¡no me preguntéis cómo pasa por las chimeneas ahora!—.

Molestado por tanta herejía, el obispo francés de Dijon quemó una efigie de Papá Noël frente a su catedral, lo cual intrigó al antropólogo Claude Lévi Strauss quién confirmó en “El suplicio de Papá Noel” que “Navidad es esencialmente una fiesta moderna”: transforma una herencia pagana del culto al sol en una adoración a una neo-divinidad, Santa Claus.

Asimismo esta neo-divinidad es ante todo un gran éxito comercial del “dios-arrollismo” que, tras recorrer el mundo, se ha instalado como una figura de la globalización y de la hegemonía consumista. Por ejemplo en 2009, a pesar de la crisis, el gasto navideño entre regalos, alimentos y viajes fue de 700 euros por hogar europeo. En este contexto, las navidades son básicamente la ocasión de desatar una furia despilfarradora apoyada en campañas de publicidad agresivas, el monocultivo de los árboles de navidad y la reproducción de estereotipos sexistas entre niños y niñas.

Sin embargo, más que nunca en estas fiestas de fin de año, tendríamos que recordar tanto que “debemos vivir con sencillez, para que los otros puedan sencillamente vivir” (Ghandi) y que el “verdadero producto del proceso económico (…) es el placer de la vida” (Georgescu-Roegen).

Notas:

1. ¿Quieres unas alter-navidades? Entra y descubre la campaña de Jóvenes Verdes: “El Otro Regalo”.

2. Si a pesar de todo sigues interesado/a en escribir a este extraño personaje globalizado, hoy existen en el mercado tres direcciones oficiales de Papá Noel en el mundo (Finlandia, Suecia y Alaska) y un centro de correos especial basado en Libourne, al lado de Burdeos en Francia.

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email: fmarcellesi (at) no-log.org

Características del liberalismo


Las principales características que definen el liberalismo son:


- La libertad del individuo como el valor supremo.


- El 'derecho natural' a la propiedad privada.


- El libre mercado como base del crecimiento económico y progreso social


- Y el Estado como garante de estos derechos.


Estas son las ideas más importantes que se desprenden de los autores liberales desde el siglo XVII; destacando entre otros: Tomas Hobbes, John Locke, Adam Smith, Stuart Mill, David Ricardo, etc...


Según Locke en el estado natural resulta difícil una defensa racional de los derechos individuales (y, muy especialmente, el derecho de propiedad); se hace necesario un orden social y una ley objetiva que remedia las desventajas del estado natural. Para Locke las sociedades políticas son algo útil y adecuado para salvaguardar el disfrute pacífico de los ‘derechos naturales’. Para fundamentar racionalmente la sociedad política se vale de la figura del ‘contrato social’: un pacto entre todos los individuos para renunciar a parte de su libertad, para poder gozar de ella con mayor seguridad, aceptando someterse a la voluntad de la mayoría. -Hobbes habla de someterse a una ‘autoridad’ al ser el hombre malo por naturaleza ‘homo homini lupus’-.


Para el liberalismo los derechos son inviolables, nadie puede interferir en ‘lo mío’ y limitar lo que ‘yo puedo hacer’. El Estado y las instituciones deben garantizar los derechos que aseguran que los individuos no se ven interferidos en sus decisiones y sus acuerdos mediante las leyes y haciendo valer su cumplimiento.


La propiedad privada es un 'derecho natural' que debe ser defendido por el Estado. El esfuerzo del individuo en sus tareas está relacionado directamente con el deseo egoísta de progresar económicamente y acumular riquezas en forma personal.


Por consiguiente, la mayor y principal finalidad que persiguen los hombres al reunirse en Estados, sometiéndose a un gobierno, es la protección de su propiedad, protección que es incompleta en el estado de naturaleza.”


John Locke


La justificación del genocidio colonial llevado a cabo por las naciones europeas en África, América, Asia y Oceanía se basaba en la ausencia del Estado de las zonas colonizadas y por tanto el derecho de propiedad sobre ‘todo lo que se tomaba’.


La ‘mano invisible’ es una metáfora que expresa en economía la capacidad autorreguladora del libre mercado, mediante este se consigue distribuir la riqueza de bienes y servicios de manera más eficiente para producir más crecimiento, mas desarrollo y mayor progreso y prosperidad. El libre mercado complace los deseos de los que tienen dinero en función del mecanismo de oferta y demanda.


El liberalismo supone un parapeto intelectual tras el cual se refugia la clase social de la burguesía para defender sus privilegios y justificar así la desigualdad social y los mecanismos de acaparamiento de recursos por parte de una minoría. Se trata de presentar como ‘natural’ una forma de construir el mundo basado en la explotación de la mayoría de las personas y de la naturaleza.


Si cada uno es lo que vale, entonces está donde se merece”.


Lo demás es poesía.

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¿Qué es la cultura occidental? 

¿Qué es el humanismo?

Carlos Taibo: En defensa del decrecimiento

¿Qué es la cultura occidental?


Denominamos Cultura Occidental al proceso histórico que apareció en Grecia alrededor del siglo VI a. De C. y que define el modo de percibir y manejar la realidad mediante la razón, lugar común donde diferentes personas construyen su identidad a través de un banco de representaciones mentales compartidas que definen el sentido de la verdad.

Históricamente, la cultura occidental hunde sus raíces en el pensamiento griego, donde la idea de Naturaleza (phisis) [como aquello que las cosas son y que desde ellas mismas determina su modo de comportarse], exige una explicación racional (logos).

Se produce de esta manera la primera herida: la misma naturaleza – que se percibe como única e inmutable - con el proceso lógico de pensamiento deja fuera otras maneras de acercarse a la realidad.

“La racionalización tiene una obsesión: hacer legible lo real. Se ha dado a la palabra realidad un sentido restringido: no se ve en lo real lo indomesticable, aquello que al mismo tiempo somos y nos oprime, estimula, enciende, abruma, aterra o enamora.”

María Zambrano

Otro de los sostenes de esta cultura occidental lo conforma la doctrina cristiana, que integra al hombre occidental en el mundo a través de la fe, mediante la división del cuerpo y el alma y la supremacía de ésta. El pecado fruto del alejamiento de la fe representa el castigo de Dios por tener cuerpo. Un ente superior juzga y obliga mediante el miedo al sometimiento del cuerpo y la represión del placer.

“El ‘alma’ es la unidad imaginaria que compensa el cuerpo realmente despiezado”

Jesús Ibañez

Un tercer soporte histórico lo constituye la ilustración: el conjunto de ideas - cuyos pilares son una visión mecanicista del mundo y el perpetuo mejoramiento - que iluminan nuestra época moderna en la creencia de que la humanidad evoluciona hacia su punto culminante: ‘la civilización cristiana occidental’: el supuesto ‘fin de la historia’ adelantado por Francis Fukuyama gracias a la libertad, la igualdad y el progreso.

“La superstición del progreso es el veneno que corroe nuestro cuerpo”

Simone Weil

Occidente ha organizado el vivir colectivo en torno a la supremacía de ‘la razón’, y en ella se han justificado las diferentes formas de jerarquía y dominación; la invención de estructuras sociales, económicas, políticas, religiosas... son racionales dentro de su propia lógica.

Quien determina que es la verdad mediante ‘la razón’, legitima su poder: el derecho a la propiedad, el derecho a la conquista, el derecho a la colonización... y éste es siempre un hombre, blanco, culto, rico, urbano... los que definen las lógicas del sentido de las diferentes sociedades occidentales, esto es, los que nos dan un nombre, dicen que comemos, que vestimos, ordenan nuestro imaginario colectivo y dan significado a lo que tenemos alrededor.

Homenaje a Catalunya II

El secreto de wikileaks

Pedro Pérez Prieto - Crisis Energética

Hablando de Wikileaks, la web por la que se acaban de publicar en los principales medios del mundo las llamadas “filtraciones”, con cientos de miles de documentos que dicen contar lo que autoridades y diplomáticos estadounidenses piensan del mundo en general.

Al abrir el diario El País y ver que era uno de los difusores anunciados de las mismas, me he puesto a pensar que esto podría tener una doble lectura; soy así de enrevesado. Luego, abrí una página de las llamadas alternativas y mira por donde, hay alguien que viene a coincidir con algunas de mis reflexiones. He aquí su artículo:


Completaré esto con mis inquietudes de tipo raro de visión deformada y lateral:

Los gobiernos occidentales con poder en el mundo, ya venían sabiendo que se iba a publicar la filtración masiva y además, haciéndolo público en los medios que llamo “del pesebre y del abrevadero”. Ya es raro que los “revolucionarios” de Wikileaks hayan gozado de tanta libertad para entregar esto a los principales medios y lo hayan hecho de forma tan coordinada: todos simultáneamente y todos con mucha asepsia, filtradito, depuradito de aristas de maldad.

Por otra parte, estos medios, instrumento muy eficaz de los poderes occidentales establecidos, han generalizado, también de forma muy coordinada, la idea de que esas filtraciones podrían dañar la seguridad de algunas personas. Pero curiosamente, si lo que se desvelan en cientos de miles de documentos son decenas de miles de delitos, algunos de carácter genocida o de lesa Humanidad (aunque ellos no los llamen así, sino que más bien suelan emplear los eufemismos y las razones que mencionaba Chomsky en “Manufacturing Consent”: porque podrían dañar a “nuestros chicos del frente”).

Y estos medios del pesebre y del abrevadero, fieles a sus divinas enseñanzas y mundanas directrices, se atreven a proclamar que han borrado pudorosamente los nombres de los delincuentes, “para no ponerlos en peligro” y no dañar la seguridad que nos brindan estos delincuentes de altos vuelos. Esto por un lado.

Por el otro, resulta que tras este impresionante volumen de documentos (centenares de miles), uno va descubriendo en ese amasijo “depurado” que se nos ofrece en forma de galletitas sin azúcar, sin gluten y sin colorantes y sin nada (esto es, un pan como unas hostias, a su vez como la copa de un pino), que no se cuenta otra cosa que lo que los que conocemos el accionar del imperio (posiblemente de cualquier imperio) ya sabíamos que hacían: que torturan, desprecian enemigos y alimentan las neurosis de sus propias poblaciones contra ellos, falsifican pruebas, llaman idiotas a sus aliados lacayos, cipayos y serviles, eso sí, en la intimidad y demás etcéteras.

A los que ya sabíamos eso, no nos supone ninguna novedad. Sólo se puede escandalizar por estas publicaciones quien pensase que estos criminales NO ACTUABAN ASÍ hasta esta supuesta revelación. Y posiblemente sean muchos, a juzgar por el interés supuestamente despertado, que quizá tenga otros fines que los de divulgar y denunciar las injusticias de este mundo.

Creo que esto es más bien una prueba final, un testeo masivo de la población occidental, para ver lo maduros que se encuentran para arrancar abiertamente con una política abiertamente fascista que reemplace de forma justificada a la virtualidad de democracia en la que hemos vivido. Se hacen públicas a través de un tonto útil o un caballo de Troya adecuado las filtraciones, que probarían delitos de todo tipo, crímenes de lesa Humanidad de al menos dos docenas de países “democráticos” o “aliados estratégicos”, sobre muchas decenas de países “no democráticos” e incluso propios. Y se queda uno a la espera de reacciones.

Como era de esperar, ya viene el aluvión de las mismas y sus previsibles reacciones: los gobiernos amigos y aliados, insultados y vejados, seguirán sin poner en tela de juicio la “relación estratégica” con los delincuentes, asesinos, criminales y genocidas dominantes. No solo eso: seguirán estrechando relaciones con ellos. ¿Las razones aducidas? Como ya sabíamos su obsesión de que la “seguridad” (“su” seguridad, claro) va por delante de los derechos. Los gobiernos “enemigos” y sus muchos ciudadanos vejados, humillados, maltratados y expoliados o asesinados, volverán a confirmar por enésima vez, no sólo en sus carnes, sino ésta vez hasta por escrito, que las vejaciones y los expolios tradicionales, las acusaciones falsas y los ataques punitivos sin justificación se confirman.

¿Y qué? Pues nada de nada. Un silencio ensordecedor de rechazos. Una creciente ola de aceptación de que “ésta” es la única forma de dirigir el mundo. Y si eso es lo que consiguen, lo están consiguiendo todo: la inepcia, la parálisis la inoperancia, el “todo me da lo mismo”, si no es el “eso es lo que había que hacer” o “más duro les daría yo a los iraníes o a los norcoreanos”. O los sorprendentes titulares de los aliados vejados, que gritan : “es un atentado contra la soberanía de los Estados”, pero no porque sus aliados hayan calificado a nos de arrogantes, como al francés bajito; a otros, como el italiano de puteros no fiables y acabados y a sus aliados británicos de la nobleza de pagar prostitutas a los altos dirigentes de su principal suministrador de crudo, sino por publicar la vejación. En privado, al parecer, vivían confortablemente tragando con esas calificaciones. Al hacerse públicas, los humillados se arrojan no contra el ofensor, sino contra el dedo que señala la ofensa. Una pandilla de carcamales dirige el mundo

Y es que seguramente, estos golfos siderales están probando a escala masiva (de otra forma, no se entiende que se publiquen cosas que todo analista con sentido común ya sabía o intuía) un nuevo modelo, para meter mano judicialmente y extraterritorialmente a cualquiera que ose denunciar a los delincuentes planetarios oficiales; esto es, a nuestros hijos de puta, por ponerlo en palabras de Franklin D. Roosevelt al referirse a Anastasio Somoza (alias Tachito).

Sin ir más lejos, ha faltado tiempo para que los periódicos y medios del pesebre y del abrevadero sacaran en público los documentos descafeinados, para que el podenco mayor del reino, en este caso, el Fiscal General del Departamento de Justicia de los EE. UU., Eric Holder (¡buen nombre para un perseguidor de filtradores de pacotilla! Lo mismo que Botín para un banquero) anuncie que les va a meter a estos elementos de Wikileaks por lo penal. Faltaría más.

Maduritos para el fascismo y el nazismo. Esto me huele a que están haciendo la prueba del nueve con nosotros. No hay un acto heroico en Wikileaks, ni en Julian Assange; hay una posible penetración programada para filtrar esto y experimentar las reacciones: “proteger al delincuente contra los riesgos de estas filtraciones”; esto es, los delincuentes no pueden ser elevados a público, expuestos o denunciados, por razones de su propia seguridad (¡ay, si los generales argentinos o Pinochet hubiesen utilizado esta veta!); su lugar es, por esencia, el anonimato y la impunidad; tiene que tener derecho a la impunidad y a la inmunidad, porque si no, sus vidas, dedicadas a apoyar a los que se dedican a acabar con muchísimas vidas, pueden correr peligro.

Mientras, en mi país, supuestamente en profunda crisis, el personal mira de soslayo y se concentra en lo verdaderamente importante: el duelo Madrid-Barça y unas diez mil jovencitas, que abarrotan la presentación formal de un jovencito sajón del mundo del “show Business” y dan grititos de alborozo.

Me imagino las sonrisas del verdadero poder, tras esas caras serias de circunstancias de Clinton, aparentando preocupación. Si la población ni se inmuta con estas cosas, es que la prueba ha sido un éxito: ya podemos ponernos de nuevo las camisas pardas, negras o azules, según convenga, con los correajes pasados por las hebillas y la cartuchera al cinto y salir a perseguir públicamente a los que ponen “en peligro” a nuestros alegres chicos del frente; esos que tiraban napalm sobre población civil como el que lava y para proteger “nuestros intereses”.

En el fondo, el control de los flujos de energía no es más que un capítulo importante de esta novela de terror.

Me parece trágico, me parece triste. Me parece que nos queda poco tiempo de este grado de libertad, precariamente conseguido. La disminución de los recursos es ya evidente. Ahora resulta que, de repente, todo el mundo en Europa y en EE. UU. vivía “por encima de sus posibilidades” y esto nos lo cuentan los mismos que ayer mismo insistían en crecer y crecer y crecer. Ya no saben ni a qué atenerse ellos mismos.

Publicado en el foro de Crisis energética