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Crisis Mundial y decrecimiento

Foro Ametzagaña

Consideraciones sobre el modelo actual neoliberal


Crecimiento insostenible y consumismo exacerbado


El sistema capitalista neoliberal, especialmente desde su proceso de globalización, se presenta como el único posible, siendo todo lo demás algo irreal e irrealizable.

Sin embargo, este modelo ya ha demostrado hace tiempo su insostenibilidad y su intrínseca injusticia social. Desde sus comienzos se ha basado en la desigualdad como motor indispensable de su desarrollo.

El modelo actual se lanza a un crecimiento sin límites que agota los recursos no renovables del planeta, expolia los recursos del Sur y mantiene amplias bolsas de exclusión en el Norte. Igualmente contra la teoría que se vende de que el crecimiento genera cohesión social, la realidad responde con una creciente barrera entre los que tienen y la mayoría que no tiene. Aquellos que tienen poder, y los que no; los que tienen dinero, y los que no; los que tienen trabajo y los que no; los que consumen compulsivamente y los que no difícilmente satisfacen sus necesidades más básicas.

Además, la política de que lo importante es el mercado y no las personas, lleva a las poblaciones a un modo de vida casi esclavo y adormecedor que se basa en trabajar, producir y consumir. Pero cada vez más el nivel de hiperconsumo se traduce en una creciente infelicidad de las personas. La percepción de felicidad cada vez está más baja entre las víctimas del sistema neoliberal. Y entre esa infelicidad se encuentra la falta de tiempo para disfrutar de las cosas. Hoy en día existe menos tiempo libre para las personas que en toda la historia de la humanidad. Estamos en la civilización del “tener” en vez de la del “ser”; tener cosas, tener dinero, en vez de ser personas integrales. Y ni siquiera existe el consuelo de mejorar a las futuras generaciones, pues ya está demostrado que van a vivir bastante peor que las precedentes, y esto es la primera vez que ocurre en el devenir histórico.

Así pues el crecimiento constante se ve abocado a un círculo vicioso, se tiene que crecer para consumir. Pero el agotamiento de los recursos se traduce en una ralentización del crecimiento inexorable. Y si como consecuencia cae el consumo, el sistema se hunde.

Se ha vendido el consumo, o más bien el consumismo como un estilo de vida, como el único estilo de vida, más bien. Por ello se llega a absurdos, como que sólo el 1% de las cosas duran más de 6 meses. Como dice una cita famosa, se trata de: “Consumir, consumir malditos”. Para ello, el gobierno mundial de las multinacionales, el verdadero poder actual usurpado a las naciones, se base en dos conceptos. La “obsolescencia planificada” que consiste en hacer que las cosas duren lo menos posible; y la “obsolescencia percibida” que se basa en cambiar el aspecto de los bienes de consumo para seguir consumiendo. Para ello, es vital el papel de los medios de comunicación y de la publicidad; se trata de que las personas consuman aunque no necesiten esos bienes.

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Pero otro aliado fiel de esta fiebre delirante son los gobiernos de los diferentes estados, que se han transformado en meros gestores de los intereses económicos de los grandes grupos internacionales. Hace tiempo que la soberanía de las naciones es una irrealidad, aunque se venda como real. Incluso, la izquierda política  y los sindicatos vienen persistiendo décadas en ese error. Lleva más de 30 años aplicando el neoliberalismo y “lavando” su imagen, haciéndolo más “amable” para facilitar su digestión e implantación. Se trata de allanar el camino a una opresión sin límites. En definitiva, se trata de los mismos capitalistas disfrazados de izquierda.

Agotamiento de los recursos y del modelo

El sistema necesita ingentes cantidades de recursos para crecer, y ese crecimiento voraz agota dichos recursos. Se trata de una carrera ciega hacia el abismo. Ya existen señales claras de alarma al respecto, sea el calentamiento global, la destrucción del 80% de los bosques del planeta, el agotamiento medioambiental y de los recursos naturales, etc. El proceso de destrucción del medio ambiente es muy rápido; la “huella ecológica” de la parte más consumista de la población mundial significa los recursos de 2 o 3 planetas. Estamos gastando, más bien derrochando recursos que no tendrán nuestros hijos e hijas.

Además del agotamiento de recursos, el gigantesco nivel de desechos de las sociedades industrializadas degenera de forma gravísima el medio ambiente, superando con mucho la “capacidad de recarga del planeta”. Y es importante llevar en consideración que la mayor parte de esta hecatombe se debe a los países del Norte. Por ejemplo, los EE UU generan el 30% del desecho mundial.

Detrás de todo ello, subsiste el tema de la desigualdad social en el Norte y el expolio secular de los pueblos y recursos del Sur. Para que una mínima parte de la humanidad mantenga sus niveles de consumo, la mayor parte sigue en elevados niveles de pobreza cuando no de miseria absoluta. Así, ante el progresivo agotamiento de los recursos, las empresas externan sus costos, llevan sus fábricas –sobre todo las más contaminantes y obsoletas- al Sur. Allí, se mantienen gracias a la desigualdad y al expolio sin límites de ningún tipo de los recursos locales.

Por todo ello, es necesario matizar cuando hablamos de decrecimiento. Muchos países del Sur necesitan “crecer” para cubrir dignamente sus necesidades, y, principalmente, necesitan que no les usurpen sus recursos. Pero para ello el Norte tiene que decrecer, desde un doble paradigma: “la obligación de no exceder su consumo” y “la obligación de restituir lo robado”. Sin embargo, la experiencia debe servir para algo, es decir, no se trata de que los países del Sur imiten los malos ejemplos del Norte y se lancen a una espiral de crecimiento destructiva. El ejemplo más claro es el de China que se encuentra en un modelo de crecimiento irracional. Si en este país se crea una clase media de unos 400 millones de personas y consumen según los índices europeos o norteamericanos, sencillamente el planeta colapsa definitivamente. Pero sólo se le podría exigir a China y a los países del Sur una contención en el crecimiento, si el Norte comienza a decrecer.

En este contexto, los poderes neoliberales que son conscientes de la finitud del sistema, intenta seguir mintiendo y mintiéndose. Hablan de ecología cuando han quebrado el equilibrio medioambiental. Hablan de políticas de reciclaje, cuando sólo se trata de un paliativo sino se entra en un proceso de decrecimiento y descenso del consumo. Hablan de “desarrollo sostenible”, cuando este concepto es un oxímoron, una contradicción en sí misma; si se trata del actual modelo de desarrollo, de crecimiento, no es sostenible.

Se nos habla de la actual crisis económica global, se nos alerta del crecimiento de los totalitarismos, pero se porfía en el mismo sistema que lo hace posible. Y ocultan que hay más crisis que la económica que nos presentan como única culpable del desastre. Se olvidan de la crisis medio ambiental, del fin de los recursos naturales, de la feminización de la pobreza, de la continuación del expolio del Sur. No mencionan la marginación, exclusión y opresión de las poblaciones inmigrantes en el Norte, a las que se les impone una especie de nazismo modernizado, lo que se dado en llamar “darwinismo social militarizado”.

En realidad todas las medidas correctoras que el capitalismo lleva a cabo son inútiles pues no cuestionan el paradigma de crecimiento – agotamiento de recursos – consumismo. Utilizando un símil, se trata de que el barco del actual modelo va a estrellarse contra un acantilado, pero sólo intenta reducir la marcha, la velocidad, pero no cambia el rumbo con lo que el choque, el desastre es inevitable.

En este marco, sería interesante repensar el futuro, e imaginarse cómo será cuando el actual modelo energético colapse, cuando mantener un vehículo sea impensable, cuando la crisis total torne imposible las grandes obras públicas, cuando los niveles de pobreza aumenten en todo el mundo de forma rápida.

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Para concluir, se trata de que el capitalismo no tiene salida para esta crisis, y que la única respuesta posible es salir de este sistema. Hay que abandonar este modelo capitalista de mercado, recuperar el poder de los pueblos sobre el capital, y situar a la persona en el centro del debate. En definitiva, o se plantea un nuevo modelo de sociedad, y se entra en una política de decrecimiento consecuente, racional y paulatina, o no habrá más remedio que acabar con el sistema de mala manera, corriendo y en medio del desastre total.

Algunas propuestas del decrecimiento

La teoría sobre el Decrecimiento aplicada tanto a la temática medioambiental, como a la de un consumo consciente y sostenible, como al desarrollo y las políticas de cooperación, no ofrece soluciones mágicas pero sí supone un algo más en el trabajo por ofrecer modelos alternativos a la actual situación de poder capitalista globalizador.

El Decrecimiento se plantea desde el convencimiento, cada vez más generalizado, de la absoluta insostenibilidad del actual modelo de crecimiento económico con sus efectos en materia de injusticia social, explotación de países, pueblos y personas, y opresión política.

Intenta responder a preguntas como: ¿Es posible un crecimiento indefinido e infinito en un planeta con recursos limitados? ¿Nuestro modelo de desarrollo es viable para nuestro mundo? ¿Cómo afecta el crecimiento a los pueblos del Sur? ¿Y a las bolsas crecientes de población marginada en el Norte? ¿El modelo capitalista basado en la ecuación producción-trabajo-consumo, nos hace realmente más felices?

Estas y muchas otras cuestiones son las que pone en el centro del debate el decrecimiento. Se trata de un concepto que parte de la base de que el crecimiento económico generalizado no produce efectos positivos para el ser humano y el medio ambiente. Esta idea se opone al consenso político ( ¿ y social ¿ ) generalizado según el cual el aumento del nivel de vida, entendido éste desde parámetros economicistas, es el objetivo al que debe aspirar cualquier sociedad.

Frente al modelo capitalista de crecimiento y desarrollo el decrecimiento propone una alternativa no por sencilla de comprender menos revolucionaria: frente a la economía dejemos que la persona vuelva a ser el centro de los debates y de la vida; propongamos un modelo en el que el consumo y la producción se frenen y disminuyan; hagamos que la justicia social y la ciudadanía sean protagonistas y remarquemos que no todo es valorizable económicamente.

Como puede deducirse muchas son las cuestiones, experiencias y dudas que surgen al hablar de decrecimiento. Para ello, se hace necesario profundizar en aspectos como los siguientes:

  1. Conceptos generales sobre el decrecimiento.
  2. La importancia del modelo energético.
  3. Críticas al decrecimiento y desde el decrecimiento.
  4. Los problemas del decrecimiento en el Sur.
  5. Decrecimiento sostenible: sociedades en transición.
  6. La sociedad del trabajo.
  7. Decrecimiento, democracia y ciudadanía.
  8. La cuestión tecnológica.
  9. Experiencias prácticas sobre decrecimiento y el futuro.
  10. El decrecimiento y la cooperación al desarrollo.

LUGARES, REFERENCIAS Y GRUPOS DONDE BUSCAR MÁS INFORMACIÓN
Referencias bibliográficas

  • Breve semblanza y relación de obras de Nicholas Georgescu-Roegen: www.eumed.net/cursecon/economistas/georgescu-roegen.htm  ( destacar “The entropy law and the economic process” 1971.
  • “La convivencialidad”, 1973. “Alternativas”, 1974. “Energía y equidad”, 1974, todos ellos de Iván Illich.
  • “Capitalismo, socialismo y ecología”, Ed. Hoac, 1995. “Metamorfosis del trabajo”, Ed. Fundación Sistema. “Crítica a la razón productivista”, Ed. Los libros de la catarata, 2008. “Miserias del presente, riqueza de lo posible”, Ed. Paidos, 1998, todos ellos de André Gorz.
  • “Pequeño tratado del decrecimiento sereno” de Serge Latouche, Ed. Icaria, 2009.
  • “Un mundo vulnerable”; “Todos los animales somos hermanos”; “Gente que no quiere viajar a Marte”; “Biomímesis”, todos ellos en la Editorial Los Libros de la Catarata, todos de Jorge Riechmann.
  • Artículo de “Le Monde Diplomatic” de Serge Latouche, “Por una sociedad de decrecimiento”. www.rebelion.org/noticia.php?id=8738
  • Artículo de “Le Monde Diplomatic” de Jean-Marie Harribey: “Alternativas por una sociedad ahorrativa y solidaria” : www.rebelion.org/noticia.php?id=4293
  • Artículo de “Le Monde Diplomatic” de Serge Latouche: “¿Tendrá el sur derecho al decrecimiento?”: www.sodepaz.net/modules.php?name=News&file=article&sid=2417
  • Artículo “Alternatives économiques, décroissance ou développement durable” : www.alternatives-economiques.fr/site/221_004.html



Páginas web sobre decrecimiento



Algunos grupos por el decrecimiento




Algunos ejemplos sobre cuestiones que impulsan otro tipo de sociedad y sistema



( Fuentes: Carlos Taibo; Arcadi Oliveres; Deshazkundea Gipuzkoa [Alberto Martínez] )

De la filosofía del decrecimiento de Serge Latouche hacia el fin de la obsolescencia programada

Juan Petri - Monitor Mundial
 
Como hablamos en notas anteriores y dado que la matriz energética de nuestra civilización se basa en el consumo de fuentes fósiles observamos que hay datos muy plausibles que nos hablan de los límites de estas fuentes que en definitiva dan movimiento a la economía …
 
En esas notas anteriores tocamos diversos temas que son expresión consecuente de este fenómeno y especulamos escenarios de posibles desarrollos. Así descubrimos que las “rutas” energéticas son tan importantes como la ubicación de las fuentes y que las crisis financieras y monetarias devienen de procesos de implosión económica que son regulados, pequeñas y medianas implosiones a las cuales se denomina neoliberalismo … 
 
También sabemos que no es difícil subvertir un dato estadístico para aparentar crecimiento de PIB, cuestión de interés en las sociedades que viven a cuenta del crédito en dinero fiduciario y de la misma forma observamos que otros gobiernos ocultan datos concretos de su evolución económica en pos de maquillajes electorales.
 
Las personas normalmente no estamos especializadas en interpretar gráficos estadísticos como para descubrir la verdadera cara detrás del maquillaje y solemos tener gestos de adhesión emocional o rechazo por síntomas que nos agradan o no y así caemos en la famosa disyuntiva de la polarización que se suele dar en los procesos electorales como si dentro de esa disyuntiva estuviera una solución a las cuestiones básicas que hacen a mejorar la vida y la redistribución económica. Izquierda o derecha? Centro derecha o centro izquierda? Ecologismo o desarrollismo? Blanco o negro? Y de este modo es como se marea la perdiz para alimentar una industria de la información que contribuye más a la esquizofrenia que a una formación seria. El valor de la opinión, vemos, no es mas que llamar la atención sobre temas que merecen ser desarrollados por diferentes razones.
 
De todas formas en lo que es el debate político general sea de izquierda o derecha se hace evidente un rechazo general a tratar el problema de los límites del crecimiento mas que por el problema en sí por las consecuencias que esto conlleva. Y por eso no se lleva el asunto a la difusión periodística consecuente, porque ante un problema del cual carecemos de una solución global mejor es no gastar tiempo en describirlo, pero esto es un error estratégico social grave, un error después de otros errores tal vez mayores y que estamos obligados a abordar en la esperanza de supervivencia.
 
En la nota La trampa energética mundial y el impacto en el paradigma de los estados nacionales observamos varios detalles que hacen a componentes que aportan a subjetivizar estadísticas en pos de un decaimiento de una racionalidad mensurable de los recursos. Y ese decaimiento de la racionalidad en su interacción social es un leit motiv lamentable. En la nota Apunte sobre la política europea contemporánea vimos algunas formas de los síntomas sociales que se van expresando a consecuencia de los límites del crecimiento en el surgimiento de los nacionalismos ahora disociados de aspiraciones humanistas o esperanzadoras. Y en la nota Breve historia del mundo … tenemos datos periodísticos que describen la implosión del sistema financiero mundial y a causa de esto la construcción de un sistema financiero alternativo ya no para la gente en general o los pueblos sino para pocos privilegiados por diferentes razones a semejanza de como fue en el pasado en las sociedades estáticas de la antigüedad. 
 
Ante esto hay personas que argumentan que las desigualdades del capitalismo son las que producen pobreza y marginación … sin embargo otras argumentan que la herramienta que más pobres sacó de su situación de pobreza en el mundo fue justamente el “capitalismo”. Nosotros decimos que sea quien sea que tenga la razón ya estos tiempos marcan el comienzo del final de ese discutido proceso económico que como forma mercantil comenzó hace 500 años y si el capitalismo produjo la mayor distribución de riqueza en la historia de la humanidad se olvidó de la generaciones futuras. Y esto lo describió el economista José Luis Sampedro en diversos medios y textos. Aquí dejamos un enlace de una de sus últimas entrevistas donde destaca su claro sentido humanista en su observación del comienzo de los sucesos del 15 M que devinieron en un movimiento social.


José Luis Sampedro

Sin embargo ya hay incluso spots publicitarios de compañías petroleras indicando el estado de la situación al consumidor sobre un inevitable cambio en el modo de vida. Y sobre los cambios en los modos de vida es que especulamos cuando intentamos resumir una filosofía del decrecimiento.
Y aquí cabe preguntarnos ¿cómo eran las sociedades estáticas que se correspondieron con la mayor parte de la historia humana moderna, por decir desde hace seis mil años hasta comienzos de la era industrial? ¿qué pasó antes de eso?
 
En primera instancia necesitaríamos reconocer errores fundamentales, por ejemplo en los años setenta podemos ver una entrevista a King Hubbert en la cual éste ya en aquel momento propone el uso de la energía solar … hace cuarenta años sus conclusiones no fueron tomadas muy en serio pero si la humanidad hubiese invertido décadas atrás en el desarrollo de fuentes alternativas, es decir utilizado el petróleo que había para producir esas fuentes nuestra situación actual no sería tan complejamente incierta. Pero a la industria militar le gustó tirar el conflicto hacia adelante en la consideración de una guerra final y por otra parte a todos nos gustó recorrer carreteras nuevas y más cosas … es decir que asumimos un modo de vida donde implícitamente creíamos que podíamos crecer hasta el infinito, pero no se tomó en cuenta que vivimos en un planeta finito y en esto no hay conspiraciones ocultas sino simple desarrollo de la sociedad de consumo. Aunque es cierto sobre esto que las personas en general no fueron sus diseñadores ni menos las del tercer mundo definido de esta forma por ser las regiones desde donde se extraen los recursos para abastecer a los países industriales desde donde se alimentan las sociedades de consumo que en primera instancia son las grandes urbes …
 
Por esto mire desde donde se mire cualquier intento de esbozar una filosofía del decrecimiento será algo incómodo, tendrá bordes desagradables y nos pondrá ante un estado de realidad al que fuimos acostumbrados a no ver, enseñados a ignorar y educados para no tomar en cuenta. Y esto recuerda al rechazo total de las ideas malthusianas concebidas en tiempos victorianos … 
 
De todas formas la pirámide del poder mundial evidentemente se organiza desde el control de las fuentes de energía y aquí sí caben las anécdotas conspirativas que aunque no nos salvan de nuestras propias formas de alejamiento de la realidad sí podemos esbozar una historia de ese modelo de desarrollo.
 
La sociedad de consumo produjo así miles de millones de personas que no sabemos de auto abastecimiento y que consideramos que la imagen personal en términos de una cultura amante de lo artificial es más importante que la persona lo cual conduce a toda clase de deformaciones consecuentes… Pero la fuerza de la naturaleza actúa desde lugares a veces desconocidos para el hombre moderno y sería positivo tratar de interpretar por lo menos algunos de estos mecanismos que claramente se anteponen a nuestros limitados criterios de cultura o civilización.
Aquí como fuente aportamos dos enlaces de la entrevista en ingles a King Hubbert en el año 1976:

M. King Hubbert

“Es difícil saber qué es más notable, si que (la naturaleza) haya necesitado seiscientos millones de años para producir petróleo o que (la civilización) lo haya usado en (sólo) trescientos años”. M. King Hubbert.

Luego podemos comentar que quien trabaja hace varios años sobre una teoría del decrecimiento es Serge Latouche y propone el decrecimiento de la omnipresencia técnica:
La omnipresencia tecnológica en el mundo contemporáneo deriva en un carácter-máquina del mismo, con un “ascenso de la sociedad técnica y por el ascenso del sistema técnico” [La megamáquina y la destrucción del vínculo social, 1998:1]. Asistimos a un crecimiento ilimitado de las técnicas que permiten la creación de medios cada vez más avanzados y accesibles que permiten, en definitiva, “desposeer a los ciudadanos del dominio de sus propias vidas” así como acrecentar las desigualdades entre el Norte y el Sur [1998:4].
 
La megamáquina, como derivado tecnológico, apuesta por el desarrollo de la técnica porque crea “valores de uso no cuantificados ni cuantificables” [Decrecimiento o barbarie. Entrevista a Serge Latouche. 2009:10]. Lo mismo sucede con el uso que hace ésta de la naturaleza, cuyo valor no cuantificado le permite “no limitar el pillaje de las riquezas naturales” y no oponerse a la destrucción de la misma [2003:64]. 
  EL CÍRCULO DE LAS 8Rs DE SERGE LATOUCHE
 
A día de hoy, el crecimiento sólo es rentable si su peso y precio recaen sobre la naturaleza, las generaciones futuras, las condiciones de trabajo de los asalariados y, de forma especial, sobre los países del Sur.
 
Todos los regímenes modernos, sean de la condición que sean, son “productivistas”, por ello un cambio radical se alza necesario: la revolución cultural es la alternativa. Así, Serge Latouche propone las 8Rs del decrecimiento:
 
Revaluar Vivimos de los viejos valores burgueses: honestidad, transmisión del saber, trabajo bien hecho… Pero, a la hora de la verdad, solo cuenta el dinero y la notoriedad dentro del marco de la “megalomanía individualista, del rechazo de la moral, de la comodidad y el egoísmo”. Hace falta recuperar a cualquier precio valores como la preocupación por la verdad, el sentido de justicia, la responsabilidad, el respeto por la democracia, el elogio de la diferencia, la solidaridad o la vida del espíritu. Reconceptualizar El desarrollo sacrifica tanto a la sociedad como a su bienestar en favor de los “empresarios del desarrollo”, las firmas multinacionales, los dirigentes políticos, los tecnócratas y las mafias. Según Illich y Dunpy, dice Serge Latouche, “la economía, apropiándose de la naturaleza y haciendo de ella una mercancía, transforma la abundancia natural en escasez a través de la creación artificial de la carencia y la necesidad”. Se trata de hacer un cambio de valores que reconduzcan hacia una mirada diferente sobre la realidad. En este sentido, reconceptualizar la riqueza en relación a la pobreza o la escasez sobre la abundancia. Reestructurar Significa adaptar el aparato de producción y las relaciones sociales a los nuevos valores. También apunta a la cuestión de la salida del capitalismo. Redistribuir Tiene un doble efecto positivo en la reducción del consumo: por un lado, de forma directa, reduciendo el poder y los medios de la “clase consumidora mundial” y, muy particularmente, de la oligarquía de los grandes depredadores; por otro, de mandera indirecta, disminuyendo la invitación al consumo ostentoso. El Norte ha adquirido una enorme deuda con el Sur que haría falta reembolsar, pero no tanto en concepto de donaciones sino por medio de una disminución de las explotaciones en territorio tercermundista. La impronta ecológica es un buen instrumento para determinar los derechos de explotación de cada cual. Relocalizar Serge Latouche se refiere con ello a producir localmente, a través de empresas locales, los bienes esenciales para satisfacer las necesidades de la población. Si bien las ideas tienen que ignorar las fronteras, los movimientos de mercancías y de capitales se tienen que limitar a lo indispensable, se debe recuperar el anclaje territorial. Reducir Disminuir, en primer lugar, el impacto en la biosfera de nuestra manera de producir y consumir. También las horas de trabajo y el consumo sanitario, especialmente en cuanto a los medicamentos; así como el turismo de masas: el deseo de viajar y el gusto por la aventura están inscritos en el corazón humano, pero la industria ha convertido este deseo en consumo mercantil destructor del medio ambiente. Reciclar Aprender a reciclar los recursos disponibles y combatir la obsolescencia programada. Reutilizar

Y un poco lo que describe Latouche es lo que cuenta Charles Chaplin en su Film del año 1936 Tiempos modernos: Tiempos Modernos

En un texto periodístico el comunicador no suele tomar juego explícito en el asunto sino que se remite a las fuentes y deja las conclusiones a la consciencia del público y aquí intentaremos no desviarnos de ese concepto aunque sí podemos mencionar que Noam Chomsky en lo que son sus análisis de políticas sociales invita a las regiones a profundizar el intercambio local por sobre el comercio internacional (…) y esta es una dirección clara como modo de intentar extender lo más posible a la civilización industrial ya que se trata de un recurso de ahorro energético, otro concepto sería disolver la obsolescencia programada que fue implantada por los carteles comerciales para así sobre estimular el consumo pero sin tomar en cuenta que se utilizan recursos no renovables y aquí podemos recordar como anécdota que en Alemania había una fábrica de bombillas de luz que como las lamparitas que fabricaba tenían una duración de 40 o 50 años luego obligaron a aquella fábrica a cerrar para así seguir produciendo bombillas de luz con un ciclo mucho menor de duración y así el cliente compra más seguido … Sobre este tema tenemos un documental de la televisión española RTVE muy ilustrativo. Fuente:

Y aquí cabe recordar la paradoja de Jevons quien describe que a medida que el perfeccionamiento tecnológico aumenta la eficiencia con la que se usa un recurso, es más probable un aumento del consumo de dicho recurso que una disminución.Concretamente, la paradoja de Jevons implica que la introducción de tecnologías con mayor eficiencia energética pueden, a la postre, aumentar el consumo total de energía. Y esto lo observó en su obra The Coal Question (La cuestion del carbón) de 1865. Fuente Wikipedia.
 
Carlos Taibo también nos dice sobre decrecimiento que cualquier propuesta del capitalismo en el mundo opulento del siglo XXI tiene que ser por definición decrecentista, autogestionaria y antipatriarcal y si le falta alguno de estos tres pivotes es de temer que le hace el juego al sistema que dice contestar:_


Y aquí vemos que este profesor en ciencias políticas no descarta la palabra capitalismo sino que simplemente la conduce a un nuevo escenario para transformarla.

Finalmente si por una parte vemos que el estómago de la civilización es la sociedad de consumo el sistema nervioso son sus rutas energéticas y sobre esto Humberto Kalinesti en Monitor Mundial y antes en su libro mencionado nos enseña detalles asombrosos de lo que es la situación actual en notas tales como “Birmania el grifo petrolero chino que Estados Unidos busca estrangular “


… o “El Estado Islámico, el monstruo de cien cabezas”


… Y aquí el autor muestra las nervaduras energéticas de ese organismo llamado civilización de combustibles fósiles y desde donde podemos ver que nos dirigimos hacia una situación de crisis creciente dentro de bucles de realimentación caóticos.
 
¿Qué nos sacaría de ese escenario?

El descubrimiento y desarrollo de otras fuentes basadas en nuevos principios físicos y sobre esto por el momento sólo podemos especular ya que entramos en terreno de secretos militares e industriales que (por definición) son secretos y a los cuales tenemos un acceso en el mejor de los casos muy parcial a través de datos poco confiables y que están la web y son accesibles para todo el mundo.

Sin embargo aunque estuviera en ciernes una nueva era industrial implementarla ya es otro tema dado que más materiales además del petróleo entran en la curva de escasez y difícilmente pueda difundirse esa tecnología como se difundieron los trenes a finales del siglo XIX. Circula información sobre el EM drive que es un motor sin combustible y que funcionaría por simple anomalía geométrica pero buena parte de la comunidad científica niega que se pueda usar en propulsión … sin embargo la cuestión de fondo es clara, si vivimos en un planeta finito con pretensiones infinitas la única opción de futuro es conquistar el espacio … y ya esto es todo un tema aparte que sin embargo vemos que es trascendente para el modelo social clásico que está diseñado para expandirse ad infinitum conservando el sistema corporativo patriarcal.

¿Porqué entonces se dice que entramos en la era de la información como capítulo posterior a la era industrial? Por lo que vemos por simple maquillaje de retorno a economías estáticas, posiblemente procesos caóticos que al final concluyen en sistemas estáticos.

Hay esperanza?

El gran desafío será sin dudas encontrar un nuevo concepto de esa palabra.

En una nota del diario El Mundo de España del día 11 de julio de 2017 en el apartado de Tecnología y firmado por Ángel Jimenez de Luis leemos: “La UE quiere acabar con la obsolescencia programada”
Fuente: http://www.elmundo.es/tecnologia/2017/07/11/59647d7dca4741c70b8b4597.html

Y aquí vemos que lo que no sabía el santo Padre Juan Pablo II ni Lech Walesa cuando aportaron a la disolución de la URSS por cuestiones ideológicas evidentes dentro de su antinomia capitalismo/comunismo es que con ese suceso promoverían la sociedad de consumo a bordes insostenibles y tampoco vieron que en la órbita soviética estaban las pocas fábricas que no se suscribían a la obsolescencia programada promovida por los carteles de comercio occidentales y que hoy serían modelo a seguir. 

Sin embargo recordamos que en la antesala de la disolución soviética (marzo de 1990) se dio el escenario de Chernobil en Ucrania (año 1986) y esto moduló ánimos de consciencia contra regímenes totalitarios que carecen de la consecuente sensibilidad hacia las personas …

Nuevamente el desafío del escenario mundial actual entonces será intentar maniobrar cambios profundos en los modos de consumo pero sin perder la sensibilidad hacia la vida.

Decrecimiento. Preguntas a Carlos Taibo

Foro Ametzagaina

El decrecimiento no es un proyecto que sustituya a todo lo que el conjunto de luchas contra el capitalismo ha supuesto desde mucho tiempo atrás: es, antes bien, una perspectiva que permite abrir un nuevo frente de contestación del capitalismo imperante. En ese sentido parece razonable afirmar que en el Norte desarrollado de principios del siglo XXI no es imaginable ningún proyecto anticapitalista consecuente que no sea al mismo tiempo decrecimentalista, autogestionario y antipatriarcal.

1. En el momento presente, ¿es inequívocamente saludable el crecimiento económico? La visión dominante en las sociedades opulentas sugiere que el crecimiento económico es la panacea que resuelve todos los males. A su amparo – se nos dice – la cohesión social se asienta, los servicios públicos se mantienen, y el desempleo y la desigualdad no ganan terreno. Sobran las razones para recelar, sin embargo, de todo lo anterior. El crecimiento económico no genera -o no genera necesariamente- cohesión social, provoca agresiones medioambientales en muchos casos irreversibles, propicia el agotamiento de recursos escasos que no estarán a disposición de las generaciones venideras y, en fin, permite el asentamiento de un modo de vida esclavo que invita a pensar que seremos más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos y, sobre todo, más bienes acertemos a consumir. Frente a esto se impone la certeza de que, dejado atrás un nivel elemental de consumo, el acrecentamiento irracional de este último es antes un indicador de infelicidad que una muestra de lo contrario. Es razonable adelantar, por lo demás, que la crisis general por la que atravesamos está llamada a permitir que la conciencia en lo que respecta a estos sinsentidos se asiente en una parte significada de la ciudadanía.

2. ¿Cuáles son los pilares en los que se asientan los sinsentidos del crecimiento?Son tres los pilares en los que se sustenta tanta irracionalidad.

*El primero es la publicidad, que nos obliga a comprar lo que no necesitamos y, llegado el caso, exige que adquiramos, incluso, lo que nos repugna.

*El segundo es el crédito, que históricamente ha permitido allegar el dinero que permitía preservar el consumo aun en ausencia de recursos.

*El tercero es la caducidad de los bienes producidos, claramente programados para que en un período de tiempo breve dejen de funcionar, de tal suerte que nos veamos en la obligación de comprar otros nuevos.

Por detrás de todo ello despunta, en palabras de Z. Bauman, la certeza de que “una sociedad de consumo sólo puede ser una sociedad de exceso y prodigalidad y, por ende, de redundancia y despilfarro”.

3. ¿Debemos fiarnos de los indicadores económicos que hoy empleamos? Los indicadores económicos que nos vemos obligados a utilizar -así, el producto interior bruto (PIB) y afines- han permitido afianzar, en palabras de J.K. Galbraith, “una de las formas de mentira social más extendidas”. Pensemos que si un país retribuye al 10% de sus habitantes por destruir bienes, hacer socavones en las carreteras, dañar los vehículos…, y a otro 10% por reparar esas carreteras y vehículos, tendrá el mismo PIB que un país en el que el 20% de los empleos se consagre a mejorar la esperanza de vida, la salud, la educación y el ocio. Y es que la mayoría de esos indicadores contabiliza como crecimiento -y cabe suponer también que como bienestar- todo lo que es producción y gasto, incluidas las agresiones medioambientales, los accidentes de tráfico, la fabricación de cigarrillos, los fármacos y las drogas, o el gasto militar. Esos mismos indicadores apenas nada nos dicen, en cambio, del trabajo doméstico, en virtud de un código a menudo impregnado de machismo, de la preservación objetiva del medio ambiente – un bosque convertido en papel acrecienta el PIB, en tanto ese mismo bosque indemne, decisivo para garantizar la vida, no computa como riqueza-, de la calidad de los sistemas educativo y sanitario – y en general de las actividades que generan bienestar aunque no impliquen producción y gasto -, o del incremento del tiempo libre. De resultas puede afirmarse que la ciencia económica dominante sólo presta atención a las mercancías – lo que se tiene o no se tiene -, y no a los bienes que hacen que alguien sea algo (F. Flahault), en un escenario en el que “las ideas rectoras de la modernidad son más, mayor, más deprisa, más lejos” (M. Linz).

4. ¿No son muchas las razones para contestar el progreso, más aparente que real, que han protagonizado nuestras sociedades durante decenios? Son muchas, sí. Hay que preguntarse, por ejemplo, si no es cierto que en la mayoría de las sociedades occidentales se vivía mejor en el decenio de 1960 que ahora: el número de desempleados era sensiblemente menor, la criminalidad mucho más baja, las hospitalizaciones por enfermedades mentales se hallaban a años luz de las actuales, los suicidios eran infrecuentes y el consumo de drogas escaso. En EE.UU., donde la renta per cápita se ha triplicado desde el final de la segunda guerra mundial, desde 1960 se reduce, sin embargo, el porcentaje de ciudadanos que declaran sentirse satisfechos. En 2005 un 49% de los norteamericanos estimaba que la felicidad se hallaba en retroceso, frente a un 26% que consideraba lo contrario. Son muchos los expertos que concluyen, en suma, que el crecimiento en la esperanza de vida al nacer registrado en los últimos decenios bien puede estar tocando a su fin en un escenario lastrado por la extensión de la obesidad, el estrés, la aparición de nuevas enfermedades y la contaminación.

5. ¿Por qué hay que decrecer? En los países ricos hay que reducir la producción y el consumo porque vivimos por encima de nuestras posibilidades, porque es urgente cortar emisiones que dañan peligrosamente el medio y porque empiezan a faltar materias primas vitales. “El único programa que necesitamos se resume en una palabra: menos. Menos trabajo, menos energía, menos materias primas” (B. Grillo). Por detrás de esos imperativos despunta un problema central: el de los límites medioambientales y de recursos del planeta. Si es evidente que, en caso de que un individuo extraiga de su capital, y no de sus ingresos, la mayoría de los recursos que emplea, ello conducirá a la quiebra, parece sorprendente que no se emplee el mismo razonamiento a la hora de sopesar lo que las sociedades occidentales están haciendo con los recursos naturales. Aunque nos movemos -si así quiere- en un barco que se encamina directamente hacia un acantilado, lo único que hemos hecho en los últimos años ha sido reducir un poco la velocidad sin modificar, en cambio, el rumbo. Para calibrar la hondura del problema, el mejor indicador es la huella ecológica, que mide la superficie del planeta, terrestre como marítima, que precisamos para mantener las actividades económicas. Si en 2004 esa huella lo era de 1,25 planetas Tierra, según muchos pronósticos alcanzará dos Tierras -si ello es imaginable- en 2050. La huella ecológica igualó la biocapacidad del planeta en torno a 1980, y se ha triplicado entre 1960 y 2003. En paralelo, no está de más que recordemos que en 2000 se estimaban en 41 los años de reservas de petróleo, 70 los de gas y 55 los de uranio.

6. ¿Cuál es la actitud que ante lo anterior exhiben nuestros dirigentes políticos? Los dirigentes políticos, marcados por un irrefrenable cortoplacismo electoral, prefieren dar la espalda a todos estos problemas. De resultas, y en palabras de C. Castoriadis, “quienes preconizan ‘un cambio radical de la estructura política y social’ pasan por ser ‘incorregibles utopistas’, mientras que los que no son capaces de razonar a dos años vista son, naturalmente, realistas”. Todo pensamiento radical y contestatario es tildado inmediatamente de extremista y violento, además de patológico. La idea, supersticiosa, de que nuestros gobernantes tienen soluciones de recambio se completa con la que sugiere que la ciencia resolverá de manera mágica, antes o después, todos estos problemas. No parecería lógico, sin embargo, construir un “rascacielos sin escaleras ni ascensores sobre la base de la esperanza de que un día triunfaremos sobre la ley de la gravedad” (M. Bonaiuti). Más razonable resultaría actuar como lo haría un pater familias diligens, que “se dice a sí mismo: ya que los problemas son enormes, e incluso en el caso de que las probabilidades sean escasas, procedo con la mayor prudencia, y no como si nada sucediese” (C. Castoriadis). No es ésta una carencia que afecte en exclusiva a los políticos. Alcanza de lleno, antes bien, a los ciudadanos, circunstancia que da crédito a la afirmación realizada por un antiguo ministro del Medio Ambiente francés: “La crisis ecológica suscita una comprensión difusa, cognitivamente poco influyente, políticamente marginal, electoralmente insignificante”.


7. ¿Basta, sin más, con reducir determinadas actividades económicas? A buen seguro que no es suficiente con acometer reducciones en los niveles de producción y de consumo. Es preciso reorganizar en paralelo nuestras sociedades sobre la base de otros valores que reclamen el triunfo de la vida social, del altruismo y de la redistribución de los recursos frente a la propiedad y al consumo ilimitado. Los verbos que hoy rigen nuestra vida cotidiana son “tener-hacer-ser“: si tengo esto o aquello, entonces haré esto y seré feliz. Hay que reivindicar, en paralelo, el ocio frente al trabajo obsesivo. O, lo que es casi lo mismo, frente al “más deprisa, más lejos, más a menudo y menos caro” hay que contraponer el “más despacio, menos lejos, menos a menudo y más caro” (Y. Cochet). Debe apostarse, también, por el reparto del trabajo, una vieja práctica sindical que, por desgracia, fue cayendo en el olvido con el paso del tiempo. Otras exigencias ineludibles nos hablan de la necesidad de reducir las dimensiones de muchas de las infraestructuras productivas, de las organizaciones administrativas y de los sistemas de transporte. Lo local, por añadidura, debe adquirir una rotunda primacía frente a lo global en un escenario marcado, en suma, por la sobriedad y la simplicidad voluntaria. Entre las razones que dan cuenta de la opción por esta última están la pésima situación económica, la ausencia de tiempo para llevar una vida saludable, la necesidad de mantener una relación equilibrada con el medio, la certeza de que el consumo no deja espacio para un desarrollo personal diferente o, en fin, la conciencia de las diferencias alarmantes que existen entre quienes consumen en exceso y quienes carecen de lo esencial. S. Latouche ha resumido el sentido de fondo de esos valores de la mano de ocho “re“: reevaluar (revisar los valores), reconceptualizar, reestructurar (adaptar producciones y relaciones sociales al cambio de valores), relocalizar, redistribuir (repartir la riqueza y el acceso al patrimonio natural), reducir (rebajar el impacto de la producción y el consumo), reutilizar (en vez de desprenderse de un sinfín de dispositivos) y reciclar.

8. Esos valores, ¿son realmente ajenos a la organización de las sociedades humanas? Los valores que acabamos de reseñar no faltan, en modo alguno, en la organización de las sociedades humanas. Así lo demuestran, al menos, cuatro ejemplos importantes. Si el primero nos recuerda que las prácticas correspondientes tienen una honda presencia en muchas de las tradiciones del movimiento obrero – y en particular, bien es cierto, en las vinculadas con el mundo libertario -, la segunda subraya que en una institución central en muchas sociedades, la familia, impera antes la lógica del don y de la reciprocidad que la de la mercancía. Pero lo social está a menudo presente, también, en lo que despectivamente hemos dado en llamar economía informal. En muchos casos “el objetivo de la producción informal no es la acumulación ilimitada, la producción por la producción. El ahorro, cuando existe, no se destina a la inversión para facilitar una reproducción ampliada”, recuerda S. Latouche. Y está presente en la experiencia histórica de muchas sociedades que no estiman que su felicidad deba vincularse con la acumulación de bienes, y que adaptaron su modo de vida a un entorno natural duradero. No se olvide al respecto a los campesinos que, en la Europa mediterránea, plantaban olivos e higueras cuyos frutos nunca llegarían a ver, pensando, con claridad, en las generaciones venideras. Tampoco debe olvidarse que muchas sociedades que tendemos a describir como primitivas y atrasadas pueden darnos muchas lecciones en lo que atañe a la forma de llevar a la práctica los valores de los que hemos hecho mención.

9. ¿Qué supondría el decrecimiento en las sociedades opulentas? Hablando en plata, lo primero que las sociedades opulentas deben tomar en consideración es la conveniencia de cerrar – o al menos de reducir sensiblemente la actividad correspondiente – muchos de los complejos fabriles hoy existentes. Estamos pensando, cómo no, en la industria militar, en la automovilística, en la de la aviación o en buena parte de la de la construcción. Los millones de trabajadores que, de resultas, perderían sus empleos deberían encontrar acomodo a través de dos grandes cauces. Si el primero lo aportaría el desarrollo ingente de actividades en los ámbitos relacionados con la satisfacción de las necesidades sociales y medioambientales, el segundo llegaría de la mano del reparto del trabajo en los sectores económicos tradicionales que sobrevivirían. Importa subrayar que en este caso la reducción de la jornada laboral bien podría llevar aparejada, por qué no, reducciones salariales, siempre y cuando éstas, claro, no lo fueran en provecho de los beneficios empresariales. Al fin y al cabo, la ganancia de nivel de vida que se derivaría de trabajar menos, y de disfrutar de mejores servicios sociales y de un entorno más limpio y menos agresivo, se sumaría a la derivada de la asunción plena de la conveniencia de consumir, también, menos, con la consiguiente reducción de necesidades en lo que a ingresos se refiere. No es preciso agregar -parece- que las reducciones salariales que nos ocupan no afectarían, naturalmente, a quienes menos tienen.

10. ¿Es el decrecimiento un proyecto que augura, sin más, la infelicidad a los seres humanos? Parece evidente que el decrecimiento no implica en modo alguno, para la mayoría de los habitantes, un entorno de deterioro de sus condiciones de vida. Antes bien, debe acarrear mejoras sustanciales como las vinculadas con la redistribución de los recursos; la creación de nuevos sectores que atiendan las necesidades insatisfechas; la preservación del medio ambiente, el bienestar de las generaciones futuras, la salud de los ciudadanos y las condiciones del trabajo asalariado, o el crecimiento relacional en sociedades en las que el tiempo de trabajo se reducirá sensiblemente. Al margen de lo anterior, conviene subrayar que en el mundo rico se hacen valer elementos – así, la presencia de infraestructuras en muchos ámbitos, la satisfacción de necesidades elementales o el propio decrecimiento de la población – que facilitarían el tránsito a una sociedad distinta. Hay que partir de la certeza de que, si no decrecemos voluntaria y racionalmente, tendremos que hacerlo obligados de resultas del hundimiento, antes o después, del capitalismo global que padecemos.



11. ¿Qué argumentos se han formulado para cuestionar la idoneidad del decrecimiento? Los argumentos vertidos contra el decrecimiento parecen poco relevantes. Se ha señalado, por ejemplo, y contra toda razón, que la propuesta se emite desde el Norte para que sean los países del Sur los que decrezcan materialmente. También se ha sugerido que el decrecimiento es antidemocrático, en franco olvido de que los regímenes que se ha dado en describir como totalitarios nunca han buscado, por razones obvias, reducir sus capacidades militar-industriales. Más bien parece que, muy al contrario, el decrecimiento, de la mano de la autosuficiencia y de la simplicidad voluntaria, bebe de una filosofía no violenta y antiautoritaria. La propuesta que nos interesa no remite, por otra parte, a una postura religiosa que reclama una renuncia a los placeres de la vida: reivindica, antes bien, una clara recuperación de éstos en un escenario marcado, eso sí, por el rechazo de los oropeles del consumo irracional.

12. ¿También deben decrecer los países pobres? Aunque, con certeza, el debate sobre el decrecimiento tiene un sentido distinto en los países pobres – está fuera de lugar reclamar reducciones en la producción y el consumo en una sociedad que cuenta con una renta per cápita treinta veces inferior a la nuestra -, parece claro que aquéllos no deben repetir lo hecho por los países del Norte. No se olvide, en paralelo, que una apuesta planetaria por el decrecimiento, que acarrearía por necesidad un ambicioso programa de redistribución, no tendría, por lo demás, efectos notables en términos de consumo convencional en el Sur. Para esos países se impone, en la percepción de S. Latouche, un listado diferente de “re“: romper con la dependencia económica y cultural con respecto al Norte, reanudar el hilo de una historia interrumpida por la colonización, el desarrollo y la globalización, reencontrar la identidad propia, reapropiar ésta, recuperar las técnicas y saberes tradicionales, conseguir el reembolso de la deuda ecológica y restituir el honor perdido.



Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Autónoma de Madrid, donde también ha dirigido el programa de estudios rusos del Instituto de Sociología de las Nuevas Tecnologías. Es autor de una veintena de libros en castellano, en su mayoría relativos a las transiciones en la Europa central y oriental contemporánea. Carlos Taibo es partidario de los movimientos antiglobalización y uno de los más destacados defensores de la corriente de pensamiento político, económico y social del decrecimiento,

¿Qué viene después del capitalismo?

Ecoosfera

El capitalismo es un tema polémico y mucho de lo que se puede decir o pensar, está basado en la pura especulación. Mientras que prácticamente todo el mundo vive o es afectado por el sistema capitalista, en realidad, pocos saben con certeza cómo funciona y, muchos menos cómo desarticularlo. Pero ¿por qué preguntarse sobre el capitalismo? Y, sobre todo ¿por qué ponerlo a discusión? 

Hay muchas consecuencias negativas del sistema económico que nos rige. La primera, es que su sustento ideológico se ha filtrado a otros ámbitos, como la política y el arte que se han convertido en mercados, en donde el valor que más importa es el dinero y adquirir nuevas posesiones. Por otro lado, el capitalismo nos ha hecho pensar, precisamente, que el dinero no sólo es parte de nuestra vida, si no que es natural. Natural como respirar o como tomar agua. El dinero y el valor monetario de las cosas nos parecen evidentes. Sin embargo, hay otras formas de valuar los objetos.

Realmente parecería que hemos olvidado que el capitalismo es sólo una forma de vivir.

Sin embargo, sus fallas se están haciendo notar y esto nos hace preguntarnos si existen otras formas de vida. Y debe haberlas, pues en el mundo, actualmente, hay más de 700 millones de personas en estado de pobreza extrema, probando lo poco democrático que es este sistema. Además, debido a la sobreexplotación del medio ambiente, el capitalismo podría colapsar por desabasto de los recursos que sostienen los estilos de vida que promueve. Flora, fauna y personas somos víctimas de las consecuencias de la explotación en el entorno natural.

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El capitalismo no trabaja para todos y las evidencias son muy claras.

Por ello, por lo menos en su versión más tradicional, está siendo lentamente abandonado. Poco a poco, las generaciones jóvenes se ligan con un pensamiento complejo, que ya no responde a esquemas verticales. Ahora, se pone la mira en una comprensión del mundo mucho más horizontal, en donde las acciones de cada uno afectan en un sentido amplio a todo lo que lo rodea. Está visión, mucho más holística, apuesta por la regeneración en lugar de la explotación y por una comprensión del entorno, tal vez más humilde, en donde los humanos no somos dueños de la tierra, sino que nos co-constituimos con el entorno. 

De esta forma han surgido —por lo menos teóricamente— nuevos esquemas económicos, sociales y educativos que, a este paso, podrían sustituir al capitalismo más pronto de lo que parece. Aunque los gobiernos y las grandes instancias económicas se rehúsan a ver el cambio como posibilidad, la forma de vivir, pensar y consumir de las generaciones jóvenes, podrían devenir en un cambio no sólo de perspectiva, también estructural e ideológico.

Estas son algunas de las propuestas, que podrían convertirse en la realidad después del capitalismo:


Economía circular

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Este tipo de economía pretende imitar los procesos cíclicos de la naturaleza donde la basura de unos, es alimento de otros; la energía viene siempre de fuentes renovables, y los materiales que se descomponen vuelven a formar parte del entorno. La clave está no sólo en el uso de energías sustentables, también en fabricar productos comerciales que se puedan desensamblar fácilmente, de tal forma que sus partes sirvan para generar nuevos productos o que estén hechos de materiales biodegradables.

Economía basada en la tierra

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En primer lugar, propone adoptar energías renovables. La idea central es acercarse a una forma de economía tribal, ligada a una visión indígena, en donde el espíritu de cada elemento natural tiene un valor propio. Esta visión económica piensa que tenemos que basar nuestros esquemas en sobrevivir, no en conquistar o conseguir más de lo necesario. La comida y la alimentación están al centro de esta economía, pues en los alimentos converge una relación equilibrada con la tierra y el desarrollo de la vida.

Economía regenerativa

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Lo que comparte esta propuesta con otras es que se centra en el uso de energías renovables. La premisa central es que el capital original, que da pie a la producción de cualquier cosa, debería ser regenerativo y extensivo. Mientras que la economía regenerativa no se considera contraria al capitalismo —incluso supone que podría ejecutarse a la par del mismo— se trata de cambiar la visión completamente. Los dos recursos más valiosos deberían ser el sol y el medio ambiente, más que cualquier otro, sólo de esta forma se puede producir una economía plenamente sostenible.

Economía post-desarrollo

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Esta propuesta ataca los problemas desde un lugar un poco distinto. La idea central es que el desarrollo económico no puede ser infinito, pues los recursos son finitos y el crecimiento de la población debería ser finito. En ese sentido, hay un punto en donde el desarrollo económico y social tiene que dejar de ser la meta central de la humanidad. Lo que importa es alcanzar mejores índices de bienestar, no de desarrollo. Esto, sin abandonar las características positivas que nos ha dejado el sistema existente. Por último, toda acción que busque bienestar en lugar de desarrollo deberá realizarse con vistas a la cooperación, a la justicia social y a la ecología, de forma local y global.

Economía del decrecimiento

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Cercana a la propuesta anterior, pero distinta, pues esta sí está en contra del sistema capitalista. Se plantea abandonar dentro de lo posible la noción de desarrollo y promover una vida mucho menos dedicada a la producción de capital y centrada en la producción de bienestar social. Se refleja particularmente en la propuesta de trabajar menos y hacerlo de forma colaborativa y pasar más tiempo disfrutando actividades como arte, música, estar en la naturaleza, con la familia y todo tipo de manifestaciones de cultura.

Instrucciones para evitar la extinción

Pablo Rivas - El salto

Con motivo de la XXIII Conferencia sobre el Cambio Climático, Ecologistas en Acción presenta un diagnóstico sobre la situación socioeconómica global, el cambio climático y el agotamiento de recursos, y una batería de propuestas para frenar el desastre.



Reuniones bilaterales, mesas redondas, conferencias y miles de informes sobre la mesa estos días en la XXIII Conferencia sobre el Cambio Climático COP23. En todos ellos está presente un futuro de calentamiento global, agotamiento de recursos, consumo exacerbado y crisis ecológica. Pero el dato crucial sigue ahí: en 2017 las emisiones de gases de efecto invernadero han vuelto a crecer. Un 2% más en 2017 respecto al año anterior, según el último estudio del consorcio internacional de investigación Carbon Budget Project. 

“Estamos en una encrucijada histórica, en un momento en que, según las decisiones que tomemos, tendremos unos escenarios de futuro u otros”. Luis González Reyes, doctor en Ciencias Químicas e integrante de Ecologistas en Acción, introduce así el nuevo informe del colectivo ambientalista, Caminar sobre el abismo de los límites: políticas ante la crisis ecológica, social y económica, que se ha presentado en la mañana de hoy, 14 de noviembre. 

El documento busca “generar un debate encaminado a generar estrategias para plantarnos ante este cambio de paradigma”, apunta su compañera de organización, Cecilia Fernández, precisamente en un tiempo en el que el cambio climático está presente en todos los debates económicos, sociales y ecológicos globales.

Crisis civilizatoria


El diagnóstico que estos expertos han hecho de la situación mundial actual dibuja un futuro negro para la civilización humana tal como la conocemos hoy. “Es un momento de crisis civilizatoria en el que los límites ambientales juegan un papel determinante, límites como el hecho de que los combustibles fósiles están dejando de ser accesibles como lo habían estado hasta ahora”, señala González Reyes. 

En un horizonte de extracción y comercialización masivas de unos recursos fósiles finitos, el siguiente paso es buscarlos donde son más difíciles de extraer: aguas ultraprofundas y árticas son un ejemplo. Los picos históricos de extracción y producción ya están aquí, o están al caer. En la actualidad, la capacidad extractiva de petróleo convencional –de más fácil acceso y calidad– ya está "en fase de meseta", como señala González Reyes, y ha dejado de crecer. Esto lleva a buscar el no convencional, allí donde es más difícil encontrarlo y, por consiguiente, más caro, con menores beneficios y a menudo con menor calidad, ya que los mejores yacimientos se explotan antes. “Es posible que en 2015 se haya alcanzado el pico de extracción de todos los combustibles líquidos”, plantea el informe.

En el caso del gas se espera que el pico llegue en una horquilla que va del año 2020 al 2039, mientras que el del carbón entre el 2025 y el 2040, aunque el informe señala que “podría haber sucedido ya, pues su extracción disminuye desde 2015”. La conclusión, apunta González Reyes: “Recursos decrecientes, de peor calidad y de más difícil acceso”. 

escenario distópico

“Nos estamos jugando que el cambio climático no se dispare”, continúa el químico. Estabilizar la concentración de dióxido de carbono (CO2) atmosférico y frenar los peores escenarios del calentamiento global son dos metas básicas para los firmantes del informe, escenarios que llevan irremediablemente a consecuencias como situaciones de escasez alimentaria y agua, pérdida de biodiversidad, fenómenos meteorológicos extremos, disminución de fertilidad en los suelos o desplazamientos humanos en masa de los llamados refugiados climáticos, tal como recuerda el informe. 


El diagnóstico de Ecologistas en Acción también refleja dos aspectos más que consideran cruciales para esta radiografía planetaria: la pérdida de biodiversidad y el agotamiento de materiales, suelo y agua. 

Con ritmos de extinción de seres vivos de 100 a 1.000 veces más altos que en tiempos preindustriales, no hay duda de que en la Tierra se está registrando la sexta extinción masiva de la historia del planeta. Con un causante claro: homo sapiens. El informe Planeta Vivo 2016 ya planteaba cifras agónicas: una disminución de la población global de vertebrados del 58% entre 1970 y 2012, una cifra que podría llegar al 67% al final de esta década.




Al igual que ocurre con los combustibles fósiles, los recursos materiales no energéticos también se están agotando. “Hemos llegado a una situación en el que la demanda es mucho mayor que la disponibilidad”, plantea el informe, en el que se detalla cómo hace años que se ha llegado a los picos de extracción de materiales como el mercurio, el estaño, el cadmio, el oro o el litio. Con tasas de reciclado de la mayor parte de los elementos conocidos del 1%, según indica el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, las soluciones son difíciles de poner en práctica.
Por último, suelo y agua son también recursos esenciales en peligro. Con un 20% de los acuíferos globales sobreexplotados y un cambio climático que reduce drásticamente la disponibilidad de suelos fértiles, crisis alimentaria es el concepto que poco a poco llegará a las comunidades humanas.

Superviviencia

Los retos a los que se enfrenta la humanidad implican su propia supervivencia. El informe plantea sin tapujos que “el proyecto de modernidad basado en la producción capitalista está provocando un colapso global sistémico de la biosfera que hace materialmente insostenible la civilización industrial”. 

La superpoblación –con 815 millones de personas sin alimentos suficientes para llevar una vida saludable– y un modelo agroindustrial que no podrá sostener el volumen de producción actual de alimentos tendrán consecuencias devastadoras, solo aplacables mediante “políticas que empiecen a reducir ya la población desde un punto de vista feminista y desde criterios de igualdad social”, remarcan desde Ecologistas, además de a través de una transición a una agricultura ecológica y de proximidad. Todo ello sumado a las graves consecuencias del crecimiento de las urbes a nivel global.

Recetas para el cambio

Un sistema como el capitalismo requiere de un consumo creciente de materia y energía para crecer de forma sostenida, algo que, según dictamina el informe, no va a ser factible. Sin embargo, otro mundo es posible y el documento plantea toda una batería de propuestas que implican a todos los estamentos sociales, de agentes sociales a instituciones, sin olvidar el plano personal. “No podemos quedarnos como estamos, necesitamos actuar, impulsar estrategias que nos lleven a un proceso que lleve a un paradigma de la sostenibilidad ambiental y a establecer una justicia social para todas”, ha señalado Cecilia Fernández en la presentación de Caminar sobre el abismo de los límites. 

A nivel de recursos, los ecologistas plantean un plan multisectorial encaminado a un drástico descenso en el consumo material y energético. “Para el 2030 la generación de energías renovables debería ser al menos del 45% y la reducción del consumo energético del 40%, respecto a niveles de 1990”, plantea Fernández, sin olvidar la necesidad fomentar una economía circular que implique el retorno de los materiales para que puedan ser metabolizados por la biosfera. 

Las medidas que habría que implementar para paliar el cambio climático también son claras para los ecologistas: “Hay que establecer estrategias multisectoriales para lograr el descenso de las emisiones”. En el caso español, estas deberían disminuirse como mínimo un 5% anual hasta el año 2030 y un 10% entre 2030 y 2040 si se quiere conseguir el objetivo de descarbonización antes de 2050. “En esto hay que ser riguroso”, remarca la ecologista, que considera necesaria la aprobación de una ley de cambio climático que regule estas políticas. 

En lo referente a biodiversidad, la aprobación de “un plan de emergencia para detener la perdida de diversidad biológica en 2020 que asegure la conservación de los procesos ecosistémicos de los que dependemos todos los seres vivos” es clave para los ecologistas. Esto implicaría condicionar políticas sectoriales en este sentido y adoptar los compromisos de la Estrategia Europea de Biodiversidad y las Metas de Aichi del Convenio de Diversidad Biológica, entre otras medidas.

Otra economía

La economía es un ámbito central si se busca un cambio de paradigma. Es por ello que el informe aboga por “incentivar el desarrollo de una economía social, feminista y ecológica, centrada en el bien común y no en la acumulación de plusvalía monetaria, que ponga en el centro los procesos de sostenibilidad de la vida y garantice la equidad social”. Reparto de la riqueza, fiscalidad redistributiva, autosuficiencia local y reparto del trabajo no remunerado de cuidados son medidas esenciales para la organización si se quiere cambiar la actual deriva. 
 
En el ámbito del urbanismo y el transporte, Caminar sobre el abismo de los límites plantea una reconducción de las políticas según criterios de eficacia y ahorro, fomentando la accesibilidad frente a la movilidad. Evitar la especulación, reordenar territorialmente las ciudades y aprobar una Ley de Movilidad Sostenible que fomente los modelos no motorizados son algunas de las píldoras que aporta el informe. 

Por último, la adaptación del modelo agroalimentario petrodependiente a un modelo de producción ecológica, local y a pequeña escala, que prime la soberanía de los territorios es crucial en el análisis de Ecologistas en Acción. El objetivo: alcanzar en 2020 el 30% de superficie dedicada a la producción ecológica, así como un incremento del 30% del consumo interno de productos ecológicos y locales, y reducir el uso de fitosanitarios de síntesis en un 30%. 

Desde luego, recetas para frenar el fin del mundo no faltan.