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Límites, fascismo territorial y la derecha sin complejos

Yayo Herrero - Ctxt


El Club de Roma advertía en 1972 sobre la inviabilidad del crecimiento indefinido de la población y sus consumos en un planeta con límites físicos. Aunque esas proyecciones sobre la disponibilidad de recursos fueron denostadas, la información científica que disponemos hoy valida en buena medida lo que entonces se auguraba.

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El IPCC advierte en su último informe que disponemos de doce años para mitigar el calentamiento global y limitar el alcance de la catástrofe global. De lo contrario, millones de personas estarán en peligro ante las crecientes sequías, inundaciones, incendios, hambrunas y pobreza.

La Agencia Internacional de la Energía en su último informe anual advierte que en 2025 será imposible satisfacer la demanda de petróleo. Igualmente señala problemas con el carbón, uranio y gas natural. También lo afirma Brufau, máximo responsable de Repsol, que habla de previsible escasez de petróleo en un par de años. Estos desajustes provocarán una fortísima inestabilidad en los precios del petróleo.


El declive de la energía fósil y la crisis climática obligan a una transición del sector energético y del transporte hacia energías renovables. Ello implicará depender de otros minerales que también son finitos. La electrificación de los vehículos estará probablemente limitada por el uso de cobalto, litio y níquel; podría haber restricciones para las aleaciones de acero que necesitan cromo, molibdeno o vanadio y en equipos electrónicos que requieren plata, cobre o tántalo. La energía solar fotovoltaica demandará materiales tales como indio, selenio, estaño o teluro y la energía eólica está asociada a imanes permanentes que requieren neodimio y disprosio. La extracción de los minerales nombrados se encuentra en situación de riesgo alto, cuando no ha sobrepasado ya sus picos.

Todos estos factores inciden en la economía y las personas. Tras la crisis de 2007 y sin habernos recuperado, estamos en puertas de una nueva recesión económica. Los síntomas están ahí para quien quiera verlos. General Motors anuncia el cierre de cinco plantas en Norteamérica, Arcelor anuncia un ERTE para 2019, Vodafone anuncia un ERE en España, Alcoa pretende cerrar las secciones con más consumo energético, el sector financiero afronta dos grandes ERE, etc. Seguirán las refinerías, empresas de automoción y otras, no porque se apliquen políticas ecológicas como se dice a veces, sino porque los capitales abandonan sectores que no dan los beneficios que esperan y, con ellos desechan a las personas trabajadoras.


A su vez, las condiciones materiales de vida empeoran. La vulnerabilidad económica afecta al 32,6% de la población española. Casi un 30% de las familias emplean ahorros o piden dinero prestado para hacer frente a sus gastos. Se extreman las formas de explotación y, los empleos mal pagados y precarios se convierten en una nueva normalidad.

Wallerstein plantea que las crisis cíclicas del capitalismo se producirán cada vez más seguidas al topar con los límites del planeta. Tiene razón. La economía, no nos cansamos de repetir, es un subsistema del medio natural en el que se inserta, no al revés. Tanto por el lado de la extracción como de los residuos, nuestro planeta se encuentra en una situación de translimitación. Eso significa que el decrecimiento de la esfera material de la economía es simplemente un dato. El crecimiento económico actual está directamente acoplado al uso de materias primas y, ante su declive, se estanca y retrocede inevitablemente.


Hoy, la humanidad necesita un planeta y medio para vivir. La huella ecológica mide la superficie ecológicamente productiva necesaria para producir los recursos consumidos por una persona media de una determinada comunidad humana, así como para absorber los residuos que genera. Esa superficie se dispara en lugares como Estados Unidos o Europa. Es decir, los países enriquecidos no viven con los recursos de sus propios territorios, sino con las materias primas y productos manufacturados con cargo a otros lugares. En España, el 80% de la energía y 75% de los minerales utilizados proceden fundamentalmente de América Latina y África, y los alimentos que consumimos requieren el doble del territorio nacional.
En su obra Mein Kampf, Hitler declaró que los alemanes merecían “espacio vital” acorde con la dignidad de la raza aria y defendió la legitimidad moral de ocupar los territorios de otros pueblos inferiores y eliminar a quienes vivían en ellos. Si cambiamos espacio vital por huella ecológica iluminamos dimensiones ocultas que explican la emergencia de movimientos de extrema derecha. 

El capitalismo mundializado en este planeta translimitado ha intensificado los mecanismos de apropiación de tierra, agua, energía, animales, minerales y explotación de trabajo humano. 

Instrumentos financieros, deuda, compañías aseguradoras, y todo un conjunto de leyes, tratados internacionales y acuerdos constituyen una verdadera arquitectura de la impunidad que allana el camino para que complejos entramados económicos transnacionales, apoyados en gobiernos a diferentes escalas, despojen a los pueblos, destruyan territorios, desmantelen las redes de protección pública y comunitaria que existan, y criminalicen y repriman las resistencias que surjan.

Este es el fascismo territorial que, dice Boaventura Souza Santos, establece fronteras internas y externas que separan a quienes están dentro de quienes son población sobrante. Un fascismo que se esconde detrás de una democracia vaciada.


Esta construcción política es asumida como ley natural y cuenta con amplio consenso, no solo de las derechas sino también de la socialdemocracia. Las tensiones sociales que se crean pueden hacer saltar las costuras del modelo. Los chalecos amarillos, las movilizaciones en Polonia, el movimiento feminista, el de pensionistas, las propias personas migrantes organizadas en caravanas y/o grupos de asalto a las vallas, son manifestaciones de ese malestar.


En medio de estas turbulencias se produce un repunte significativo de opciones políticas de ultraderecha. Trump, Bolsonaro o Abascal enarbolan un discurso xenófobo, misógino, histriónico y agresivo que evoca un pasado glorioso que nunca existió. Buscan desviar la mirada del proceso de desposesión y expulsión que estamos viviendo. Solo en un clima de tensión, violencia e histeria es posible esconder dicho proceso.


La economía globalizada asienta el fascismo territorial a partir de la ingeniería social y la racionalidad económica que considera que las vidas y los territorios importan solo en función del “valor añadido” que produzcan. La extrema derecha es el cómplice necesario que criminaliza, estigmatiza, deshumaniza y legitima el abandono y expulsión de las personas “sobrantes”. La ultraderecha pretende mantener el orden del fascismo territorial mediante el miedo, la desconfianza y el ejercicio del poder contra el último.

El feminismo está en el centro de su diana, creo que por tres motivos. Uno, por ser un movimiento organizado, de masas y transversal que ha lanzado un órdago al sistema en su conjunto y que reclama revertir las prioridades económicas y políticas poniendo las personas en el centro; dos, porque en un marco de recortes y destrucción de servicios públicos, se pretende que las mujeres garanticen la reproducción cotidiana de la vida; y tres, porque es fácil generar rechazo contra un movimiento que cuestiona los privilegios de la mitad de la población y que pone patas arriba la ética reaccionaria familiarista que lleva milenios asentada.


La extrema derecha exacerba la virilidad más añeja y cobarde. Una virilidad sumisa al poder,  fuerte con los débiles, que quiere “poner a las mujeres en su sitio”, se crece cuando trata con brutalidad a los animales o cuando humilla y criminaliza a personas extranjeras o a quienes piensan distinto… sin complejos. Todo vale excepto señalar las lógicas económicas y los agentes que provocan la crisis y levantan vallas para proteger los privilegios de los ricos. Ocultan el despojo material y canalizan la rabia y el miedo a través del linchamiento social de colectivos declarados como monstruosos.


¿Cómo hacer para garantizar las condiciones de vida para todas las personas? ¿Cómo afrontar la reducción del tamaño material de la economía de la forma menos dolorosa? ¿Qué modelo de producción y consumo es viable para no expulsar masivamente seres vivos? ¿Cómo mantener vínculos de solidaridad y apoyo mutuo que frenen las guerras entre pobres, vacunen de la xenofobia y del repliegue patriarcal?


Señalar las causas estructurales y a quienes están detrás de este proceso de acumulación por desposesión es condición necesaria para crear las condiciones políticas que permitan recomponer un metabolismo social en el que la vida digna sea posible.

Rapidez, capitalismo relacional y acumulaciones de afectos

Natàlia Wuwei Climent - El Salto

Vivimos en un sistema de contradicciones constantes. El capitalismo nos obliga a ir rápido, a usar lo que nos rodea y dejarlo sin más, a consumir, y a la vez no nos permite cambiar como nos gustaría o como necesitamos, ni le gustan los procesos, porque tenemos que ser lo que nos manda ser, para ser productivas y reproductivas, para explotarnos y encajarnos en una jerarquía. Vivimos en un sistema basado en metas, el capitalismo borra los caminos, el goce de los momentos, del compartir. Metas, cambios a golpes, forzados, estaticidades también forzadas y jerárquicas, fluir que no es en realidad fluir, que no es adaptable a ningún contexto que no sea el de su consumo, de la explotación o la objetificación. Es un fluir que es más bien un arrastrarse en una corriente anti-persona. Y esto no nos afecta igual a todas, sino que afecta mucho más a aquellas que no encajamos en muchos cánones que no nos permiten seguir este ritmo cuando nos movemos, cuando trabajamos, cuando nos relacionamos.

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Para algunas cosas, especialmente aquellas cosas que están vinculadas a la relación con lo que me rodea, soy una persona lenta. Soy autista, y me he dado cuenta de que mi lentitud está relacionada con ello. Y no lo digo como si fuera algo negativo en sí mismo, de hecho me estoy enamorando de ello a medida que más entiendo cómo funciono. Sería una cosa maravillosa si no fuera por todo el aspecto estructural y social en el que me tengo que mover. La carga negativa aparece, por un lado, por cómo percibe nuestra sociedad la lentitud: socialmente es considerado un defecto, una incapacidad. Por otro lado, la negatividad se incrementa mucho más cuando yo misma quiero y necesito moverte en este sistema: no es solamente una cuestión de “mala imagen”, es una cuestión de que todo a mi alrededor me acaba colocando en una posición inferior donde todo me cuesta mucho más. Vivimos en un sistema altamente competitivo donde hay poco espacio para el tiempo y para los procesos. El sistema se basa en la rapidez, en quien más rápido va es quien se lleva los premios. Hay privilegios que te permiten ir más rápido (tener dinero, ser blanca, encajar en los roles de género, ser delgada, tener carisma, etc.) pero a todo esto se tiene que añadir la propia rapidez o lentitud de cara persona: estamos hablando también de capacidades (y discapacidades).

Para mí conectar con otras personas requiere un tiempo. Y en este “conectar” caben muchas formas de conexión: mentalmente, emocionalmente (afectiva o románticamente), sexualmente, o para compartir cualquier cosa. Como sea, es igual, saber si una persona me gusta, me cae bien, me apetece compartir unas cosas o unas otras, me cuesta un tiempo que suele ser superior al que le cuesta al resto. Esta lentitud es debida a muchos factores que acaban influyendo a mi baja velocidad: por ejemplo, muchas veces me saturo por las cosas que estoy sintiendo y necesito separarme de ellas para poder gestionarme y para poder comprender como me siento (antes no lo hacía así, y la intensidad me llevaba a arrastrarme a lugares que quiero evitar); a la vez, también muchas veces me cuesta reconocer las cosas que siento en el momento (necesito tiempo para saber qué he sentido con una persona o qué es lo que puedo estar sintiendo); también me pasa que me es difícil procesar muchas de las cosas que las personas me dicen o comparten conmigo, y también tengo cierta tendencia a la ansiedad social que me dificulta pasar mucho tiempo con personas que no conozco o que conozco poco.
 
Debido a esta lentitud muchas veces en el mundo de las relaciones me siento como yendo en bicicleta en una carrera de Fórmula 1: yo voy tranquilamente pedaleando mientras me van pasando coches a toda pastilla por mi lado (esta metáfora está inspirada en una de parecida que me expresó hace un tiempo Laura, una persona con quien tengo un vínculo cercano). Imaginaros un evento de un fin de semana donde todas tenemos la oportunidad de conocer a personas nuevas con una cierta afinidad y “conectar”. Pues yo iría pedaleando y todas me pasarían corriendo como una bala por al lado. Esto no solamente hace que yo siempre quede atrás, sino también que sienta angustia y ansiedad, como siempre me ha pasado cuando voy en bicicleta por la calle de una ciudad: me siento vulnerable, desnuda, mucho más fácilmente “atropellable”. Lo que ocurre es que no solamente siento no llegar nunca a los sitios o llegar tarde, sino que cuando llego todas, que han llegado mucho antes con su cochazo, ya están demasiado ocupadas con otras personas. El tiempo es finito y las atenciones también. La exclusión es obvia

Pero esta exclusión no solamente pasa cuando eres lenta, también suele pasar cuando no tienes un cuerpo normativo, cuando tienes otras discapacidades, cuando no eres tan guapa, cuando no eres carismática, etc. De hecho a mí me atraviesan más cosas que la lentitud. No es sólo exclusión por el hecho de ser así (gorda, fea, discapacitada), cuidado, de esto es más fácil hablar, de que te excluyan “directamente” por no encajar con la norma estética establecida. Es más complejo que esto. Es también, como estaba comentando en mi caso, porque todo el resto te pasan siempre delante, con sus cuerpos, su forma normativa de conectar, sus carismas, y cuando tú llegas, al ser el tiempo y el afecto que todas podemos realmente compartir una cosa finita (sí, todos los recursos lo son), es más fácil ser excluidas de forma “indirecta” y menos obvia. No es siempre una exclusión directa, sino más bien que no llegas porque otras te pasan siempre delante

Esto pasa en la monogamia, y se puede multiplicar mucho más en el poliamor y en otras no-monogamias siempre que estas se expresen bajo la misma forma capitalista de funcionar. La monogamia se basa en la competición por ver qué persona consigue estar en la posición privilegiada por el afecto de una persona (la pareja). Hay muchas que creen que la competición se acaba cuando rompes con la idea de exclusividad y “permites” que las personas puedan tener más de una relación sexoafectiva. Pero esta idea es ingenua. Lo es porque creer que una vez todas podamos relacionarnos con todas estaremos en la misma posición de igualdad es la misma trampa ideológica liberal de que se puede ser libre sin romper con las condiciones sociales de desigualdad. O sea, que tengamos la posibilidad de tener más relaciones sexoafectivas no incrementa la posibilidad de que las excluidas nos “toque” algo, sino que si no se rompen las relaciones desiguales lo que propicia es que algunas acumulen más afectos mientras otras nos dediquemos a acompañarlas (sintiéndonos a veces explotadas) y mirarlas desde fuera. Es coger la monogamia y multiplicar todavía más algunos de sus efectos. En esta caso incluso algunas nos quedaríamos en una situación de aún más competición y más vulnerabilidad que en la monogamia, ya que en la monogamia al menos cuando consigues el afecto de alguien la competitividad disminuye un poco y no permite una acumulación tan grande por parte de algunas.

También pasa con otro tipo de relaciones que no son contempladas cuando se habla de monogamias o poliamores. Por ejemplo, yo tengo un sobrino de tres años y me he dado cuenta de que no puedo vincularme con él cuando estamos una buena parte de la familia junta (o al menos cuando están algunos miembros concretos). Hay constantemente una lucha competitiva (inconsciente) para acaparar su atención y es una lucha que a mí me coloca siempre fuera (también por el hecho de ser autista, pero se añade el clasismo). Esto, si yo no le pusiera ningún tipo de remedio y esfuerzo por mi parte (como creo que estoy haciendo desde hace poco), haría que yo a la larga no acabara pudiendo generar un vínculo tan cercano con él y quedara, por tanto, excluida de sus atenciones. Pero es un esfuerzo que a veces me hace sentir ir contracorriente y luchando contra cosas muy difíciles de luchar en el sistema que vivimos: yo no puedo comprarle millones de juguetes, ni puedo llevarlo en coche a lugares diferentes porque no tengo coche (tampoco es que quiera hacer estas cosas, de hecho detesto esta forma de comprar atenciones, pero explícale esto a un niño de 3 años).

La cooperación y romper con la competitividad, teniendo en cuenta lo que comentaba anteriormente, no es solo una cuestión de no competir de forma consciente con otras personas por nuestros amores, afectos o relaciones del tipo que sean, sino que es tomar consciencia también de los factores que nos colocan en puntos desiguales. He comentado en este texto el caso específico de la velocidad, que para mí es una de las metáforas del capitalismo que me resuena en como vivo las relaciones, pero también hay muchos otros factores que se ven afectados por estas múltiples exclusiones y hacen que muchas queden descartadas en un sistema competitivo y de acumulación de afectos.

Yo no soy monógama, y decidí no ser monógama en un acto de querer ser consciente de mis privilegios y de poder de alguna forma aprender a desprenderme de ellos. Para mí la monogamia se basa en la propiedad, el consumo y la competitividad, y me declaro fuertemente anti-monogamia. Para mí ser no monógama implica romper con la propiedad para pasar a compartirnos, ayudarnos, cooperar, no sólo en el ámbito sexoafectivo, sino en todos los ámbitos: la idea de comunidad/es. Mi sorpresa fue ver un mundo supuestamente no monógamo y alternativo que no era muy diferente y que multiplicaba lo que ya teníamos. Para mí todas esas vivencias que muchas veces nos venden como poliamores no son alternativas sino otras versiones, un poco más liberales, de la monogamia.

Si rompemos con la propiedad, tenemos que aprender a compartirnos, no a acumularnos. Si rompemos con el consumo, tenemos que aprender a respetarnos, no a coleccionarnos. Y si rompemos con la competitividad, tenemos que aprender a cooperar y a entender de qué puntos partimos cada una, tenemos que frenar, dejar espacio para los verdaderos procesos, no seguir queriendo ignorar que partimos de posiciones desiguales, ignorando nuestros contextos y las estructuras sociales que nos rodean y atraviesan. Y tenemos que querernos ver, a todas. También a aquellas a las que no solemos querer ver porque estamos siempre demasiado ocupadas y preocupadas pensando en cuál será la próxima presa a la que ganaremos como trofeo para nuestra colección.

É difícil que o capitalismo poda assumir a palavra decrescimento

 
Nos dias 6 e 7 de outubro tinha lugar no Ferrol o primeiro congresso da Rede para o Decrescimento Eo-Návia-Galiza-Berço, um evento com o que culminavam meses de trabalho para a adaptaçom do ideário decrescentista à realidade galega. Falamos com Miguelanxo Abraira, membro da Rede, para conhecer as conclusons do congresso e a atualidade do movimento decrescentista. 
 


Quais fôrom as conclusons principais do congresso?
 
A principal foi a necessidade de criar umha organizaçom e depois falou-se na necessidade de um modelo educativo distinto, de um modelo de saúde pública que nom esteja ao serviço das grandes farmacêuticas, de reconfigurar o transporte e a energia… Entendemos que vai haver umha mudança de paradigma importante e imos cara umha sociedade que nom vai poder dispor de tanta energia. Também defendemos criar modelos organizativos baseados na autogestom e impulsar medidas concretas que visualizem a alternativa que permita umha sociedade mais justa e igualitária.
Debatemos sobre ecofeminismo e entendemos que os seus valores tenhem que estar presentes de jeito transversal em todo aquilo que desenhemos. 
 
 
Organizar-se nestes três territórios está ligado ao conceito de biorregiom. Poderias explicar-nos este conceito e quais som as caraterísticas da biorregiom em que se situa a Galiza?
 
A Rede constitui-se para biorregiom por várias razons. A principal é que as soluçons numha idade pós-fossilística vám ter a ver com as condiçons ambientais, climáticas e de recursos que se deam nos territórios, que som condiçons que muitas vezes definem os aspetos culturais e sociais. A biorregiom Eo Návia – Galiza -Berço tem umhas caraterísticas ambientais e de recursos similares e as opçons vam ser similares para os três territórios, sobretodo se estamos a articular-nos numha mesma organizaçom. Também havia aspetos culturais que convidavam a tentar constituir umha organizaçom comum nestes territórios, e houve umha boa aceitaçom. 


Nesta biorregiom também teria cabida o norte de Portugal?
 
Com Portugal, o que figemos, e dado que eles estám também impulsando a rede para o decrescimento de Portugal, foi aprofundar nas relaçons. Mas entendemos que a existência de dous estados torna difícil a existência de umha só organizaçom, e ademais a permeabilidade que existe entre o norte de Portugal e a Galiza, ainda que seja importante, nom é o suficientemente sólida. Assim, acordamos aprofundar nas relaçons e eles estivérom convidados a participar ativamente no congresso de outubro.


A pegada ecológica da Galiza é superior à do Estado, a que se deve e o que significa a nível global?
 
A pegada ecológica reflete o impacto que a atividade feita na Galiza tem sobre o território. Tendo em conta que aqui estám as térmicas, que nom fornecem de energia elétrica ao território galego em exclusiva, a pegada ecológica é mui alta, maior que a do Estado. Essas empresas existem, geram uns postos de trabalho na Galiza e isso agranda a pegada ecológica da sociedade galega.



Que reflexons há desde o Decrescimento quando estouram conflitos laborais como o atual com os postos de trabalho da Alcoa?
 
A reflexom que fazemos é primeiro compreender o mau trago polo que estám a passar os trabalhadores. O feito de ficar fora do sistema, nom haver alternativas e haver umha profunda crise de trabalho fai que se veja o futuro com verdadeiro pessimismo. Entendemos que defendam com unlhas e dentes os postos de trabalho. Dito isto, há que dizer que o que está a fazer a Alcoa é conseguir que a sociedade no seu conjunto forneça de eletricidade a umha empresa abaixo do custo de produçom, mais de 30% da eletricidade que se produz na Galiza, incluindo as térmicas e as renováveis, consome-a Alcoa. Os mil milhons de euros que recebeu Alcoa nos últimos anos deixam ver claramente que esses postos de trabalho nom som pagos pola empresa mas pola sociedade. Entendemos que esta situaçom é insustentável e que é um claro exemplo da crise energética mundial. No momento em que os recursos energéticos cada vez som mais escassos as pessoas tenhem que trabalhar mais para aceder à mesma unidade energética. Ao encarecer-se a energia, as grandes empresas devoradoras entram em crise. E este é a mudança de paradigma. A mudança de paradigma na revoluçom industrial consistiu em que se passou de umha sociedade rural e agrária para umha sociedade industrial, neste momento o que está a iniciar a sua decadência é a sociedade industrial e começa por aquelas empresas que som altamente dependentes de energia. Entom, solidarizamo-nos com os trabalhadores de Alcoa, e dizemos que existe alternativa, que é o decrescimento, que há jeitos de viver sem apostar exclusivamente por postos de trabalho em multinacionais e que se pode viver de recursos territoriais e galegos.
 
 
É o decrescimento umha proposta só para o ocidente industrial?
 
É umha alternativa para todo o planeta. O que sucede é que o capitalismo está pondo em perigo a supervivência da humanidade, principalmente pola incerteza climática. O decrescimento é umha alternativa global, outra cousa é que tem que tomar um cariz distinto dependendo da sociedade em que se faga o discurso. Nom é o mesmo defender o decrescimento no centro do ocidente opulento, como podem ser os EUA, que defendê-lo na periferia do centro, como é a Galiza, como defendê-lo na África, onde é preciso que as pessoas tenham direito aos seus recursos, a poder viver no seu território. Há que estar dispostos a decrescer no ocidente opulento para que eles podam medrar. Também é diferente o discurso a transmitir a pessoas que vivem em situaçons de pobreza em ocidente, pois o capitalismo cria injustiças nom só norte-sul mas também dentro dos próprios territórios. Para que todo o mundo poda aceder a uns mínimos há que optar pola partilha e nom polo crescimento.


Considerades o perigo de que parte do ideário decrescentista poda ser apropriado polo estado ou o sistema capitalista? 
 
O sistema capitalista já está assumindo parte do ideário. Mas o decrescentismo tem muitos eixos, e o da reduçom nom entra dentro do modelo capitalista. O capitalismo para continuar existindo precisa continuar acumulando riqueza, continuar espoliando territórios e recursos, eliminar culturas que considera minoritárias, ou contar com valores heteropatriarcais que nom tenham em conta a vida e que tenham em conta única e exclusivamente a dominaçom. É difícil que o capitalismo poda assumir mesmo a palavra decrescimento, pois baseia-se na necessidade de acumular. 


Teria sentido a proposta decrescentista se nom existisse essa ameaça de colapso energético?
 
O decrescimento nasceu como umha opçom de vida individual e coletiva polo que deve apostar a sociedade opulenta do norte. O que se passa é que nestes momentos, e polo menos no congresso de Ferrol ficou claro, já nom é possível reconduzir o capitalismo e estamos condenados a um colapso que já se está dar nalguns setores sociais. Agora nom é umha opçom, mas a única alternativa que temos as classes trabalhadoras para que o grande capital nom instale políticas neo-fascistas. Isso é um perigo que há. Entendemos que o decrescimento é a ideologia e as propostas que pretendem fazer umha emenda total ao capitalismo e que pretendem que haja umha sociedade sem escravos. 


Algumhas iniciativas concretas a desenvolver por parte do decrescentismo galego?
 
Da Rede estamos a consolidar os grupos locais de trabalho e a seguinte medida acordada é fazer umha proposta para criar um parque de vivendas abandonadas, para que quem nom poda aceder à propriedade chegue a acordo com pessoas com propriedades abandonadas, que estas vivendas podam ser habitadas em troca de umha reparaçom e que seja umha cessom a longo prazo. Poderia estar a administraçom como garante, mas tampouco seria obrigatório para estes acordos. Logo há medidas mais genéricas: criar umha medicina científica que nom esteja ao serviço do capital, apostar em projetos educativos alternativos e, sobretodo, insistirmos muito no tema da autogestom: precisamos de uns movimentos sociais autogeridos cada vez mais fortes.
 

¿Por qué el decrecimiento?

Carlos Taibo


Hay muchos aspectos de la vida al uso que parecen remitir a verdades reveladas. Uno de ellos afecta a las presuntas virtudes, al parecer incuestionables, del crecimiento económico. Lo que al respecto se nos suele decir es que allí donde hay un crecimiento palpable lo común es que exista también cohesión social, se hayan alcanzado niveles altos de consumo, los servicios sean solventes y, en fin, la pobreza, la desigualdad y el desempleo no ganen terreno.


Sobran las razones, a mi entender, para recelar de todas esas
supersticiones. El crecimiento económico no genera, o no genera necesariamente, cohesión social. La idea de que se traduce inequívocamente en la creación de puestos de trabajo se ve desmentida por lo ocurrido en las tres últimas décadas en el mundo desarrollado.

Por otra parte, se salda muy a menudo en agresiones medioambientales literalmente irreversibles al tiempo que provoca el agotamiento de recursos básicos que sabemos no van a estar a disposición de las generaciones venideras. El crecimiento de los países ricos bebe, en un grado u otro, y en paralelo, del expolio de los recursos, humanos y materiales, de los países pobres, circunstancia que debiera plantear, claro, un problema moral elemental.

Para que nada falte, y en fin, en el terreno individual el crecimiento se traduce a menudo en un modo de vida de esclavo que nos invita a concluir que seremos más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos y, sobre todo, más bienes acertemos a consumir.

Frente a todo ello, la perspectiva del decrecimiento nos dice que en el norte rico tenemos inexorablemente que reducir los niveles de producción y de consumo, de la misma manera que estamos obligados a redistribuir radicalmente la riqueza. Pero reivindica, además, al amparo de la firme convicción de que podemos vivir mejor con menos, la introducción de principios y valores muy diferentes de los que hoy aplicamos. Así, aconseja recuperar la vida social que hemos ido dilapidando, obsesionados como estamos por la producción, el consumo y la competitividad.
 Reclama el despliegue de formas de ocio creativo, no vinculadas con el dinero. Sugiere que repartamos el trabajo, una vieja demanda sindical que infelizmente fue muriendo con el paso del tiempo. Reivindica la reducción de las dimensiones de muchas de las infraestructuras que empleamos. Propone la recuperación de la vida local, frente a la lógica depredadora de la globalización y en un escenario de reaparición de fórmulas de democracia directa y de autogestión. Y, en el terreno individual, en fin, plantea que abracemos la sobriedad y la sencillez voluntarias.

Alguien podría pensar que esos principios y valores nos sitúan fuera del mundo. Creo firmemente que no es verdad. Están presentes en muchas de las prácticas históricas del movimiento obrero, se revelan con fortaleza en el trabajo de cuidados que realizan fundamentalmente mujeres, permean el funcionamiento de la propia institución familiar, claramente vinculada con el regalo y la gratuidad y, en suma, adquieren carta de naturaleza en muchos de los elementos de sabiduría popular de nuestros campesinos viejos y en muchas de las conductas de esos habitantes de los países del sur que nos empeñamos en describir como primitivos y atrasados.

Recesión o decrecimiento: ¿cómo llamar a nuestro desbarranque económico?

Demian Morassi - La izquierda diario

 El crecimiento no puede ser infinito en un planeta finito. Desde los años 1970 con la publicación de "Los límites del crecimiento" se busca la manera de determinar cómo y cuándo llegaremos a ese cenit.

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Argentina está viviendo un ciclo sin crecimiento económico. Este ciclo puede nombrarse de diferentes modos pero es posible que algunas maneras de definir, por la ambigüedad de las palabras, puedan confundir más que esclarecer. Empezaremos con el término que ha surgido con más fuerza en los últimos meses: recesión. 

En la jerga económica el uso del término “recesión” está explícitamente pautado y hace referencia a tres trimestres consecutivos sin crecimiento económico, lo cual sucedió en nuestro país entre abril y diciembre de 2018. Recesión, en el sentido común, lo asociamos a “receso”. Un receso no deja de ser un corte dentro de la vida normal, el receso invernal son dos semanas donde cortamos el estudio o el trabajo que serían la normalidad de nuestra vida. Recesión económica es un receso dentro de un periodo más amplio de crecimiento económico que se considera lo normal. 

El crecimiento ha sido la norma ¿Lo seguirá siendo?
 
Si consideramos la economía global, regional o nacional, el crecimiento ha sido la norma. Las crisis económicas fueron moldeando la melodía del crecimiento y junto a las recesiones ha dibujado un camino hacia una cima aún no conquistada con valles y mesetas. 

Pero la cima la conoceremos más temprano que tarde, el crecimiento global no puede ser infinito en un planeta finito. Desde los setentas con la publicación de Los límites del crecimiento se busca la manera de determinar cómo, cuándo y por medio de qué variables llegaremos a ese cenit y comenzará el declive económico global. 

Ese límite del crecimiento puede ser alcanzado antes por unas naciones que por otras, aunque cuanto más globalizada esté la economía es probable que para las élites se perciba que el límite es alcanzado por todas las economías al mismo tiempo cuando haya un gran crash bursátil y desde allí comience la debacle. Pero para los pueblos no.

Latinoamérica y Argentina
 
Definir el límite de crecimiento de una región tiene muchas complicaciones. La primera, tomando el PIB como base, es si lo definimos en términos de volumen o per cápita. En general van de la mano pero es evidente que es mucho más difícil ver variaciones demográficas importantes que cambios económicos drásticos, inclusive en poblaciones atravesadas por guerras. 

 PBI Latinoamérica. Fuente: CEPAL. Revisado el 2 de febrero de 2019. PBI
Latinoamérica. Fuente: CEPAL. Revisado el 2 de febrero de 2019.

Observamos que si se mantiene la actividad económica promedio de los últimos tres años tendríamos un decrecimiento en el PIB per cápita al mismo tiempo que un crecimiento del PIB total. 

Otro problema es que si la economía del resto del mundo crece se amplían las posibilidades de inversiones en nuestra región, lo mismo si aumenta el valor de los commodities que la región produce, como sucedió al inicio de este milenio, así se torcería la caída económica por más que la región no cambie absolutamente nada de su infraestructura productiva. Lo mismo sucedería si los gobiernos locales junto al sector productivo deciden aprovechar toda la capacidad instalada y crear una estrategia menos dependiente de las empresas multinacionales y el sector financiero que fugan muchísimo capital de nuestra zona. 

Sin embargo también tenemos que estudiar seriamente si estamos llegando al fin de un ciclo de doscientos años para nuestros países, que podríamos llamarlo “el fin del crecimiento”. 

El decrecimiento. ¿Es posible?
 
Ante la gran pregunta de si hemos llegado o estamos por llegar a ese punto máximo y comienza la caída aparece otra interesante duda: ¿tiene sentido el término recesión si la caída empieza a ser la constante? Llegados a este punto voy a enfocarme en dos variables que juegan un rol destacable: la energía y la deuda. 

El aumento continuo de producción y uso de energía de origen fósil es sin duda la primera variable para entender el crecimiento económico de los últimos dos siglos y medio. Luego hay que sumarle el desarrollo de la energía eléctrica de la cual aún no hemos terminado de aprovechar toda su potencialidad en cuanto a eficiencia. Basta ver cómo al aumentar un porcentaje en el uso de energía aumenta casi el mismo porcentaje de PIB un poco más tarde.

 Crecimiento del PBI global versus el consumo de energía (promedio en tres años). Fuente: Our Finite World (23 de septiembre de 2018). The World's Fragile Economic Condition – Part 1. Recuperado el 2 de febrero de 2018.  
Crecimiento del PBI global versus el consumo de energía (promedio en tres años). Fuente: Our Finite World (23 de septiembre de 2018). The World’s Fragile Economic Condition – Part 1. Recuperado el 2 de febrero de 2018.

Es muy simple, necesitamos comer para agarrar la pala, necesitamos gasolina para mover el barco. Pero esta relación sólo se da a nivel global. Europa llegó a su cenit de consumo energético en 2006 y su consumo cayó al nivel de hace veinticinco años mientras que su PIB, si bien cayó un 10 % desde el 2008, casi que duplica al que sus países tenían en la década de los 90. Evidentemente las empresas de capitales europeos tienen repartida la producción, dejando la energéticamente más pesada fuera de sus fronteras y el sector productivo más sofisticado o el de servicios, dentro. 

No es el caso de Latinoamérica. Aquí se produce y consume energía principalmente para el mercado interno y parte de ese consumo reditúa fuera de sus fronteras (producción agrícola o minera principalmente) por lo que la caída energética impactará mucho más en su PBI que en Europa, Japón o Estados Unidos. Y esto ya está sucediendo.

 Elaboración del autor a partir de datos del BP Statistical Review of World Energy 2018.  
Elaboración del autor a partir de datos del BP Statistical Review of World Energy 2018.

El año 2014 parece ir quedando sellado como el pico de producción de energías fósiles en Latinoamérica (los datos de 2018 aún no son definitivos pero no parecen cambiar la trayectoria). El desarrollo económico y la estabilidad política de principios del milenio permitieron a la región apropiarse de la energía que producía, aumentando el consumo para su matriz productiva, y esa caída en exportación de productos energéticos se vería más que compensada con la exportación de productos agrícolas, mineros o pesqueros. Ahora ¿Cómo actuará el fin del crecimiento energético en la región? O más directamente ¿Cómo lo notaremos?

 Consumo total de energía. Volver a línea automática Fuente: The Oil Crash, del 11 de julio de 2018. Energía en Latinoamérica: cada vez menos para más personas.  
Consumo total de energía. Volver a línea automática Fuente: The Oil Crash, del 11 de julio de 2018. Energía en Latinoamérica: cada vez menos para más personas.
 onsumo per cápita. Fuente: Fuente: The Oil Crash, del 11 de julio de 2018. Energía en Latinoamérica: cada vez menos para más personas.  
Consumo per cápita. Fuente: Fuente: The Oil Crash, del 11 de julio de 2018. Energía en Latinoamérica: cada vez menos para más personas.

En este punto es cuando nos enfrentamos a la más inestable de las variables: la deuda. A diferencia de la energía, no se puede asegurar ni una entrada de dinero constante mediante préstamos, ni el buen uso de esos créditos, ni el pago a tiempo de las “obligaciones”. 

Como veíamos, el PIB de la región sigue creciendo incluso con una caída en el consumo energético, pero para llegar a esos número de PIB la región tuvo que endeudarse y someterse a mayores imposiciones de los organismos multilaterales de crédito que priorizan la salud del capital financiero multinacional por sobre el bienestar de las naciones. 

El resultado es que el PIB se ve bonito pero nuestro bolsillo parece tener agujeros. Para el caso de Argentina ni el gráfico se ve bonito y el futuro se ve aún peor. 

 PBI Argentina. Elaboración propia a partir de los datos del IMF DataMapper, revisado el 2 de febrero de 2019.  
PBI Argentina. Elaboración propia a partir de los datos del IMF DataMapper, revisado el 2 de febrero de 2019.
 Fuente: La Izquierda Diario, del 31 de diciembre 2018. La deuda pública ya llegó al 100 % del PBI en el tercer trimestre de 2018.  
Fuente: La Izquierda Diario, del 31 de diciembre 2018. La deuda pública ya llegó al 100 % del PBI en el tercer trimestre de 2018.

Mientras que a nivel regional vemos muy improbable un aumento en la producción energética, en Argentina todavía está la posibilidad que el shale gas detenga la caída por un tiempo y tengamos una recesión energética en el sentido inverso, en medio de una caída en la producción.
 Energía en Argentina. Elaboración propia a partir de los datos del BP Statistical Review of World Energy 2018.  
Energía en Argentina. Elaboración propia a partir de los datos del BP Statistical Review of World Energy 2018.

Pero la producción de energía por medio del fracking no está claro que genere ganancias económicas si no está subsidiado, sea por los accionistas en EEUU o por el Estado en Argentina. El resultado puede ser que los números cierren para seguir produciendo energía pero con un Estado que se empobrece, lo cual también sucedería si hay que importar cada vez más energía. Por otro lado, las complicaciones ambientales del fracking o de las otras “salvaciones” extractivistas pueden empeorar las condiciones ambientales para un declive controlado. 

¿Decrecimiento o declive? 

El término “decrecimiento” se ha ido transformando en una cuestión ideológica al calor de “otro mundo es posible”. Pero el decrecimiento también ha sucedido en distintos lugares y ha sido bastante catastrófico, como el de 2001-2002 en Argentina, por ello es que algunos autores diferencian estos decrecimientos del “decrecimiento sostenible” que anhelamos, para que al mismo tiempo que disminuyamos la huella ecológica aumente la mejoría en la vida de la mayoría de las personas.
Esta cuestión ideológica complica utilizar el término para una caída no planificada y permanente de la economía de una región, por eso nos preguntamos si convendrá hablar de declive o caída. La complicación radica en que hay que acompañarlas de la palabra “económica” mientras que decrecimiento lo lleva implícito.

Quizás es hora de encontrar un término para esas largas décadas que seguirán al cenit económico vivido a comienzos del siglo XXI, mientras seguimos investigando si estamos ya bajo ese concepto o aún nos podemos engrosar el sagrado PIB unos añitos más.