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Crítica a la cooperación para el desarrollo sostenible desde la teoría del decrecimiento

Lesly Dayana Vega Zambrano

Crítica a la cooperación para el desarrollo sostenible desde la teoría del decrecimiento

Teniendo en cuenta los acuciantes problemas ambientales en la actualidad, de manera especial el calentamiento global causado por el consumo ilimitado y la explotación desenfrenada de los recursos naturales, propios de un modelo de desarrollo basado en el crecimiento económico, la presente investigación, por medio de una metodología exploratoria y descriptiva, realiza un estudio del programa Socio Bosque en Ecuador y su eventual incursión en el sistema REDD+ (Reducción de Emisiones Derivadas por la Deforestación y Degradación de Bosques), programas que fueron creados para hacer frente a esta problemática ambiental específica, bajo la etiqueta del “Desarrollo Sostenible”. Sin embargo, estas prácticas están siendo cuestionadas a nivel internacional, ya que, por medio de estos programas basados en el Sistema de Pago por Servicios Ambientales y el Mercado Internacional de Carbono, los recursos y bienes del planeta están dejando de ser considerados como un sistema vital para la supervivencia humana y pasan a ser contemplados como una mercancía más. En este sentido, se realizó un análisis de la teoría del “Desarrollo Sostenible”, y, al mismo tiempo, de la teoría del Decrecimiento, lo que permitió realizar críticas al modelo de “Desarrollo Sostenible, y determinar que las prácticas, de manera especial “Socio Bosque” y “REDD+”resultan ser funcionales al sistema capitalista, al mercantilizar los bienes y servicios de la naturaleza.


Postdesarrollo, decrecimiento y el buen vivir: un análisis comparativo

Nicolás Mandeu



Hace aproximadamente tres décadas, un número creciente de voces en varias partes del mundo comenzó a cuestionar el núcleo de las ideas y prácticas convencionales relacionadas con el campo del desarrollo, instaladas como un mandato político- ideológico en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Esos debates, que surgen tanto en los círculos académicos como en e l ámbito social, partían de la convicción de que el discurso predominante del desarrollo que hasta hoy nutre muchas esperanzas y mueve cantidades ingentes de recursos sirve para legitimar un proyecto irreparable de modernidad, nutre universalismos occident ales y va acompañado de un enfrentamiento estigmatizador entre el subdesarrollo y un supuesto desarrollo. Estas voces críticas reflejan, por un lado, la urgencia de responder a una crisis global de carácter multidimensional (ecológico, social y cultural), a la vez que denuncian los fracasos del sector del desarrollo en el objetivo de alcanzar sus autoimpuestas metas. Ante este particular contexto, este trabajo busca profundizar en la conversación que subyace entre tres discursos que reivindican alternativas al desarrollo, y que han disfrutado de una mayor proyección en los últimos tiempos: Postdesarrollo, Decrecimiento y Buen Vivir. Además de examinar estos tres imaginarios sociopolíticos, ahonda en un diálogo basado en una serie de cinco determinantes: Empo deramiento, Género, Auto - organización, Movimientos Sociales y Etnicidad. El resultado de este análisis trata fortalecer puentes entre propuestas con diferentes trasfondos, mientras contempla estrategias y horizontes indispensables para generar políticas de transformación.


A vueltas con el término «Decrecimiento» como palabra aislada y absoluta

Julio García Camarero - 15/15\15

Cada vez se habla más del decrecimiento, pero nadie, ni los propios autores de la literatura decrecentista, tienen del todo claro en qué consiste. El mismísimo Serge Latouche declara que el decrecimiento no es más que una “palabra bomba”. Pero no, en mi parecer, el decrecimiento es algo mucho más complejo que eso, pese a que muchos lo nieguen, el decrecimiento es una teoría. Aunque no solo una teoría, fundamentalmente es otra forma muy distinta de vivir.

También mi admirado Carlos Taibo, en un reciente artículo, se cuestiona el significado del término decrecimiento, partiendo de “…tres circunstancias: vivimos por encima de nuestras posibilidades, es urgente cortar emisiones que dañan peligrosamente el medio y, en fin, empiezan a faltar materias primas vitales”. 

De acuerdo con la existencia de esas tres circunstancias, pero con respecto a la primera de ellas cabe decir: Sí, pero hay unos que viven más por encima que otros. Y los primeros deben pasar a ser austeros; y los otros también tiene que ser austeros, pero ello gracias a que consigan abandonar su actual situación de miseria sub-consumidora (impuesta y a unos niveles muy inferiores a una digna austeridad). Sí, algunos deberán empezar a consumir mucho menos, a abandonar por completo el consumismo y las seudo-necesidades, también deberán producir menos. Pero los otros deberán pasar del sub-consumo crítico al consumo responsable y dignamente austero.

Y estoy al 100% de acuerdo con Carlos en cuanto a lo que defiende. Dicho sea de paso, no parece que sea distinto lo que corresponde afirmar del vocablo acrecimiento (aunque sea una propuesta también del propio Latouche), que más bien parece invocar la conveniencia de dejar, sin más, las cosas como están.

Por otra parte pienso que el rechazo de la mayoría de la gente al término decrecimiento sería mucho menor si consiguiéramos que las personas de a pie llegaran a entender dos cosas fundamentales:
  1. Que el crecimiento conseguido con el consumismo-productivismo, no es, como nos repiten, el camino de la felicidad, sino más bien al contrario es un foco de insatisfacción consumista y en consecuencia de infelicidad. Por el contrario, si eliminamos este foco (el crecimiento) nos resultará más factible llegar a la felicidad. Esta idea es la que defendemos Maurizio Pallante y yo mismo y que la denominamos decrecimiento feliz. También pensamos que para lograr un decrecimiento feliz habrá que perse­guir una austeridad en bienes materiales, pero una abundancia en bienes relaciónales entre las personas, y una auto producción sobre todo de alimentos de ciclo cerrado de MO. Esta será la verdadera salida y la vía hacia una felicidad desligada de toda adicción infeliz relacionada con el consumismo, sobre todo del abundante seudo-solvente, que causa insatisfacción e infelicidad cons­tantes.
  2. Se vería menos negativo el término decrecimiento si nos detuviéramos a ver que en realidad existen dos decrecimientos: el decrecimiento feliz que acabo de describir someramente… y el decrecimiento infeliz, sufrido por el 99% de la población y que generado por una oligarquía crecentista del 1%. con su constante aumento de la explotación de las personas: precariedad, los recortes, la verdadera esclavitud en la que estamos cayendo, el paro, los desahucios, etc. y también la cada vez mas agotadora explotación de los recursos planetarios.
Además, el decrecimiento infeliz, viene a coincidir simultáneamente con el crecimiento del PIB, ya que este crecimiento se obtiene de la explotación de los que sufren el decrecimiento infeliz.

Casi todo el mundo, a causa del chip consumista-crecentista (insistentemente repetido por el Poder Mediático) como acto reflejo, adora el crecimiento y está convencido de una gran mentira: que el crecimiento es el único camino hacia el progreso y la felicidad. Y, lo que es más falso aún, que sea la única forma de poder crear puestos de trabajo. Por ejemplo, recientemente, salía a la luz la noticia de que una empresa de la China (nación campeona mundial del crecimiento con tasas que sobrepasan frecuentemente el 8%), la fabricante del iPhone, que por haber crecido demasiado, tenía la posibilidad de realizar un ERE de expulsión de golpe de un millón de emplea­dos que serán sustituidos por robots.

Para evitar este confusionismo, la solución no puede ser abandonar la palabra decrecimiento. La solución es hacer un esfuerzo didáctico y de aclaración, poniendo la abso­luta y ambigua palabra decrecimiento en conexión con su entorno, añadiéndole las palabras complemen­to que especifiquen en primer lugar, que se trata de decrecimiento econó­mico y, en segundo lugar, de un decrecimiento feliz, haciendo ver a su vez que el decrecimiento infeliz tam­bién existe.

Casdeiro

Hay vida después del crecimiento

Florent Marcellesi - Ctxt

El crecimiento ya no es un valor de futuro. Como reconoce hasta el propio FMI, el estancamiento de la economía tiende a ser la nueva normalidad. Por mucho que unos digan que van a arrancar unas décimas de PIB con los dientes y que otros se inventen todo tipo de adjetivos para salvar el crecimiento –ya sea inteligente, inclusivo, verde, etc.–, nadie puede garantizar ya una vuelta al crecimiento, y aún menos sus bondades, a medio y largo plazo.

En este escenario, proponer una prosperidad sin crecimiento ya no es un planteamiento teórico e ideológico. Por el contrario, es un ejercicio de realismo frente a una dinámica objetiva y empírica: los países occidentales, incluido la Unión Europea y España, ha salido del breve periodo de su historia –que llegó a su paroxismo después de la segunda guerra mundial– en que su modelo económico, la paz social y el progreso se basaban en un aumento continuo de las cantidades producidas y consumidas. Pero es que además, se mire por donde se mire, es imposible a la vez seguir creciendo y luchar contra el cambio climático o la depredación de los recursos naturales.



Mientras la mayoría de los economistas y políticos de las corrientes dominantes viven de forma traumática y a la defensiva este nuevo estado de cosas, sería más conveniente adoptar una actitud más proactiva. Si la economía del siglo XXI tendrá un crecimiento bajo, nulo o negativo, y además no permite enfrentarnos a la crisis ecológica, enfoquémonos colectivamente en la resolución de problemas que este estancamiento y este cambio de paradigma generan. Si ya no se puede basar una economía y una sociedad en el crecimiento perpetuo, encontremos alternativas solventes a la par que atractivas.

Para ello, cambiemos primero el imaginario colectivo, o el sentido común mayoritario, hoy dominado por el fetichismo del crecimiento (del PIB). La idea tendría que ser tan básica como afirmar que haya crecimiento o no del PIB esto es totalmente secundario: lo prioritario es cubrir las necesidades reales de la población respetando los límites biofísicos del planeta.  El objetivo de cualquier economista o político debería ser básicamente hacer compatible los derechos de las personas con la realidad finita de los ecosistemas (y de nuestra interdependencia con ellos). En el nuevo vocabulario económico, político y ciudadano, deberíamos hablar cada vez más de calidad en vez de cantidad, aumento de sostenibilidad en vez de aumento de productividad, políticas de autolimitación en vez de políticas expansivas o nuevos indicadores de riqueza socio-ambientales más allá del ya incompleto PIB.

Este nuevo sendero implica reestructurar, reciclar y optimizar lo existente, repartir las riquezas económicas, ecológicas y sociales, reducir lo superfluo, inútil e insostenible, cuidar de las personas, del entorno y de las cosas, innovar en lo sostenible, circular y compartido, así como desmercantilizar nuestras mentes, cuerpos y sociedades. Implica también poner la cuestión de los límites, por abajo y por arriba –con la renta básica y máxima por ejemplo– en el centro de atención: tanto a nivel legislativo y socio-económico como a nivel cultural. Dicho de otra manera, se trata de iniciar una Gran Transición socio-ecológica.

Pero ¿pueden estas ideas ser las prioridades y claves de un partido político y de un gobierno? Así lo pienso firmemente por las siguientes razones. Primero, hacerlo y transmitir un relato conectado con la realidad incontestable del “no hay planeta B” es lo más responsable de cara a garantizar en el corto, medio y largo plazo los derechos de las personas, la justicia social y ambiental, así como un futuro sano y salvo para nuestros hijos y nietos. Como ya dice la confederación sindical europea: no hay empleo en un planeta muerto.

Segundo, plantear y gobernar con respuestas relacionadas con esta “nueva normalidad” es social y económicamente más eficiente para salir de la crisis y el mejor antídoto para evitar la frustración social. Por un lado, el futuro del empleo está en los sectores verdes que suman millones de empleos más que los sectores marrones e insostenibles. Y por otro lado, las respuestas demagogas, excluyentes y xenófobas se aprovechan de las promesas de crecimiento imposibles de cumplir. Al despojarnos de viejos espejismos crecentistas, también damos menos espacio a la extrema derecha y al repliegue identitario.

Tercero, estas ideas son mucho más compartidas en la sociedad de lo que pensamos: más de 20% de los españoles ya piensan que el crecimiento económico no tendría que ser un objetivo en sí mismo y casi un 15% propone abandonar la persecución del crecimiento económico. Más allá, según este estudio reciente, en caso de crisis ecológica el 85% de las personas de seis países industrializados aceptaría el uso de objetos más duraderos, el 76% estaría de acuerdo con consumir menos, el 75% estaría dispuestas a reducir sus desplazamientos, privilegiar la proximidad y comprar productos de origen local. La sociedad ya va un paso por delante del mainstream político y económico.

Cuarto, los conflictos socio-ecológicos, como pueden ser las migraciones climáticas, estructurarán el siglo XXI. Por tanto, serán el nuevo cimento teórico y práctico que muevan y unan los movimientos sociales, políticos y culturales. Los primeros en pensar, prever y adaptarse a esta nueva normalidad serán los que liderarán el mundo de mañana.

Por todas estas razones, varios eurodiputados de diferentes grupos políticos y países llevamos a debate el post-crecimiento al Parlamento Europeo. Del 17 al 20 de septiembre de este año, personas expertas del movimiento decrecentista y sindical, del mundo económico o de las instituciones europeas nos citamos para confrontar ideas sin cortapisas, ni respuestas pre-establecidas e imaginar el mundo fuera del callejón sin salida existente.

El viejo mundo basado en el crecimiento se muere. En el nuevo mundo hay vida después del crecimiento.

¡Preparémonos para ello!

Filosofía y política del buen vivir (I)


Viñeta: Gatis Sluka
"Dentro de pocas generaciones, después del año 2000, se aterrarán los hombres al ver continentes cansados, islas gastadas, ríos secos, bosques talados, el mundo lleno y el hambre al acecho. El planeta estará envejecido y moribundo, lleno de heridas. Con manos criminales damos golpes a nuestra madre: el hacha del leñador no solo derriba los árboles, arruina y derrumba la montaña, y cada cima que cae quita una gota a los manantiales"
 Enesimo Reclus y Eliseo Reclus (1906)


Arrancamos aquí una nueva serie de artículos. Creemos que su temática, además de estar muy relacionada con otros muchos asuntos ya tratados en otros artículos de este Blog, está de rabiosa actualidad. Mejor dicho: lleva de rabiosa actualidad desde hace décadas, y seguirá estándolo cada vez más durante las siguientes. Hablaremos del cambio climático, de la sostenibilidad ecológica, del ecofeminismo y del ecosocialismo, del especismo y del animalismo, de la Madre Tierra, de la superpoblación del planeta, de la biodiversidad, del consumo sostenible de recursos, de la economía del bien común, de la democracia energética, del decrecimiento, de la crisis civilizatoria, de la huella ecológica, de otros modos de producir, fabricar, distribuir, consumir y reciclar, del agotamiento de los combustibles fósiles, de la educación ecológica, de los mercados globales alimentarios, de nuestra relación con la naturaleza, de la ética de la vida, y de un sinfín más de asuntos relacionados, que irán apareciendo según avancemos. Todo ello para ir convergiendo en una concepción integral del desarrollo, de la democracia y de los derechos, que podemos llamar, simplemente, "Buen Vivir" (traducción al castellano de otros términos y frases indígenas que se refieren al mismo concepto). Y eso es exactamente lo que da título a nuestra nueva serie de artículos: el Buen Vivir, que podemos entender, sólo de entrada y a vuelapluma, como la capacidad de uso y adaptación del ser humano a su entorno natural sin abusar de él, en plena armonía con la naturaleza, con sus recursos y con el resto de seres vivos que habitamos este planeta. El Buen Vivir, su filosofía (los valores y conceptos que lo fundamentan) y su política (las medidas que necesitamos tomar para acercarnos a su consecución). 

Lo primero sobre lo que queremos llamar la atención es la ceguera social en la que vivimos, ya sea consciente (de forma deliberada) o inconsciente (por desconocimiento). Y así, la ignorancia de una gran parte de la ciudadanía alimentada por los grandes medios de comunicación convencionales, y la codicia y avaricia sin límites de un sector social poderoso, unido a unas desalmadas élites económicas y políticas que nos gobiernan, genera una ceguera que impide observar que vivimos en un terruño (nuestro planeta Tierra) limitado tanto por tierra como por mar y aire. Quizá el primer error del Hombre del Antropoceno (hablaremos de esta fase histórica más adelante) fue creerse que el planeta no sólo le pertenecía, sino que además era infinito. Esta es una de las grandes contradicciones de este sistema basado en el permanente crecimiento económico en un medio limitado: el petróleo tiene sus límites, el suelo edificable tiene los suyos, los mares, los bosques, etc. La consecuencia de un crecimiento permanente, que en apariencia nos permite vivir mejor, tiene que soportar un alto coste medioambiental que, paradójicamente, hace que nuestras condiciones vitales y naturales se vean cada vez más limitadas. Es el medio natural el que está pagando las consecuencias de un incesante y desaforado crecimiento, que necesita ir en aumento de forma permanente, si quiere ser consecuente con la globalización capitalista. Se instala incluso en los discursos políticos como un mantra: "Somos el país que más crece", "Hemos aumentado nuestras previsiones de crecimiento", "Lo que tenemos que mantener es el crecimiento económico"...Hasta ahora la degeneración medioambiental no ha supuesto costes en el proceso productivo, y en consecuencia, el suelo, el aire y el agua se han convertido en el vertedero de los grandes centros de producción y consumo, tales como la industria química, los procesos extractivistas, la calefacción, la fabricación de vehículos, etc. 

No se quiere ver, no se quiere reconocer (y mucho menos públicamente), pero estamos asistiendo al colapso de nuestra civilización industrial. Un colapso civilizatorio para el que nosotros mismos hemos creado las condiciones, y del que, simplemente, no queremos hablar. Nos negamos a reconocer el cambio climático, la necesidad de nuevas formas de energía, de nuevas culturas decrecentistas, para que nuestra civilización sobre la Tierra sea sostenible. Así que al ya clásico conflicto capital-trabajo, presentado por el Marxismo, se ha sumado el actual conflicto capital-vida (o capital-planeta, si se quiere, que ya presentamos en este otro artículo de nuestro Blog), debido a la perversa evolución de nuestras formas de fabricar, de consumir y de desechar. El decadente capitalismo globalizado de nuestros días nos abocará, si no lo evitamos, no a un futuro incierto, sino a la inexistencia de ese futuro. En esta serie de artículos no pretendemos lanzar mensajes catastrofistas, sino escrupulosamente realistas. Las consideraciones que presentaremos, basadas en los estudios de múltiples autores, demuestran que el camino de nuestra civilización ha llegado a un precipicio insalvable. Hoy día, tan sólo unos cuantos movimientos sociales, aún muy minoritarios, han tomado plena conciencia de ese rumbo suicida del que la ciencia nos viene avisando. Necesitamos vivir bajo los moldes de un nuevo modelo de civilización, mucho más simple, más local y más justa. Esto es básicamente en lo que consiste lo que estamos llamando el Buen Vivir, tendencia que no sólo no es conocida en su exactitud, sino que es negada incluso por algunos sectores de la izquierda más clásica. Las reflexiones y conclusiones que vamos a ir presentando aquí no se pueden entender entonces desde los paradigmas clásicos de la izquierda del siglo XX, sino que han de tener una mayor altura de miras. 

Hemos de incluir en nuestra mirada las aportaciones del ecologismo, del pacifismo y del feminismo, así como un profundo estudio de ese conflicto capital-planeta que antes hemos referenciado. Nutriéndose de todas estas corrientes de pensamiento, las propuestas, conceptos y razonamientos que vamos a exponer se inscriben en una nueva concepción que procura contribuir a una visión más realista, completa y actualizada del sistema-mundo regido por el capital en estos tiempos de colapso de nuestra civilización industrial. Por supuesto, en el fondo llegamos al mismo punto de conclusión, que no es otro que la necesidad de superar el capitalismo en favor de la vida, de la sostenibilidad de nuestra civilización sobre la Tierra. Partamos de la base de que nuestro mundo y los modos y formas de vida que se imponen en él no son fruto de ningún error ni deficiencia en la aplicación del modelo: más bien es lo que el neoliberalismo siempre buscó, procedente de lo que el capitalismo ya había sembrado. No podemos ir en contra de la naturaleza del propio capitalismo, y pedirle que sea menos cruel, menos desalmado, más ligero, comprensivo y suave. 

Vamos a expresarlo retomando las palabras de Isabel Rauber (Red de Educación y Economía Social y Solidaria), pronunciadas en su Ponencia presentada en el I Congreso Internacional "Inventar la Democracia del Siglo XXI: Derechos Humanos, Cultura y Buen Vivir" (Caracas, 28-30 de mayo de 2015): "Es la perversión del sistema regido por la creciente e inagotable voracidad de las grandes corporaciones financieras, que se expresan a través de la banca mundial y marcan hoy la escalada de un nuevo saqueo para un nuevo ciclo de acumulación y colonización del capital a escala planetaria. Depredador de la naturaleza y de los seres humanos, el capitalismo carece de posibilidades para resolver el problema que genera, por el contrario, sólo puede agravarlo". 

Continuaremos con las reflexiones de esta autora expresadas en su Ponencia ya referenciada. El capitalismo lleva demasiado tiempo proyectando un pensamiento dominante que coloniza y avasalla las mentes en todo el planeta, y que intenta convencernos de que éste es el único mundo posible. El capitalismo y el neoliberalismo además no nos han impuesto únicamente sus modos de producción, de consumo y de desecho, sino que también nos han impuesto sus peligrosos valores y principios, basados en el individualismo y el egoísmo, contrarios a todo atisbo de idea de sociedad o de bien común. El Buen Vivir lógicamente se enfrenta a todo ello. Y así, el Buen Vivir incluye la afectividad, el reconocimiento de la sociedad, de los demás, y del contexto que nos rodea. Se corresponde con una concepción integral de la sociedad que articula desarrollo y democratización, pero en la que desarrollo y democracia se basan y proyectan una opción civilizatoria en la que late con fuerza la posibilidad de vida. El Buen Vivir resume y proyecta valores y principios que son clave para la construcción de la nueva civilización anclados en la solidaridad, en el equilibrio y en la complementariedad de las diferencias, el respeto a la naturaleza como fuente de identidad humana, que reubica a la vida como una posibilidad indivisible del ser en el doble contexto de la naturaleza y de la sociedad. Rauber añade que el Buen Vivir no recoge un compendio de dogmas que haya que seguir fielmente, ni tampoco es un nuevo tipo de fundamentalismo, sino una fuente de energía civilizatoria que tiene su eje en la vida, a ella se debe, en ella se fundamenta, hacia ella se proyecta, y en ella expresa su desarrollo.

Por todo ello, el Buen Vivir es en realidad no un proyecto cerrado, sino una propuesta abierta a la creatividad de las generaciones humanas y de los pueblos del mundo. Continuaremos en siguientes entregas.

Los movimientos sociales que objetan el crecimiento sin límites

Miguel Valencia - Ecoportal.net

Desde la publicación del Informe del Club de Roma en 1972 – el Informe Meadows-, se discuten en universidades y grupos sociales los efectos perversos del crecimiento ilimitado, los límites del crecimiento, los factores que impulsan el crecimiento, las economías y las sociedades de crecimiento, los fundamentos de la economía, el papel de la tecnología en el crecimiento, el productivismo, el consumismo, el progreso, el desarrollo, la modernidad, el cambio de los modos de vida, el cambio de vida, la colonización del imaginario social (la escuela, los medios, las infraestructuras de información y de urbanización) , la austeridad, la frugalidad, la vida simple, la gratuidad, las certidumbres filosóficas de la época moderna. 

Autores de gran importancia han nutrido este debate sobre la modernidad: Thoreau, Tolstoi, Gandhi, Huxley, Weil, Camus, Arendt, Mumford, Passolini, Marcuse, André Gorz, Ivan Illich, Georgescu Roegen, Cornelius Castoriadis, entre otros, sin embargo, la nueva conciencia de la crisis ecológica y climática y la crítica al desarrollo y la tecnología aportan al empezar este siglo una nueva dimensión a esta discusión.

En noviembre de 2003, meses después de una terrible ola de calor en París que mata en una quincena cerca de 15,000 personas-ancianos principalmente-, se publica un artículo de Serge Latouche en Le Monde Diplomatique titulado Pour une societe pour la decroissance que desencadena un gran debate en Francia. La Confederación Paysanne (campesina), los Verdes, los altermundistas y una gran parte de la opinión pública francesa intervienen en el debate. Este articulo hace eco de los debates del seminario Deshacer el Desarrollo Rehacer el Mundo realizado en 2002 en la UNESCO, en el que participaron algunos de los más importantes críticos de la economía y la sociedad industrial: Ivan Illich, unos meses antes de morir, y los simpatizantes del matemático y economista Nicholas Georgescu Roegen y del psicoanalista Cornelius Castoriadis, pensadores que en el siglo XX tuvieron un muy importante papel en este debate.

El artículo de Latouche se ve reforzado por la fundación del periódico La Decroissance. Le journal de la joie de viepublicación mensual realizada en Lyon que opera hasta el día de hoyUnos meses después, en julio de 2004, Francois Schneider, nacido en La Haya, inicia La Marcha por la decroissance, acompañado de un asno; por espacio de un año recorre una parte de Francia; le acompañan en su marcha en algún momento hasta 500 personas. En los años siguientes se crean colectivos, asociaciones y hasta el Partido por la decroissance. Nace el primer movimiento social que objeta el crecimiento por el crecimiento mismo (sin límites): la decroissance. En Australia, Clive Hamilton, director de The Australia Institute, publica en 2003 su libro Growth Fetish que alienta la formación de un movimiento social que objeta el crecimiento en ese país . Paul Aries publica en 2005 Decroissance ou Barbarie que tiene gran aceptación entre los activistas sociales europeos. Serge Latouche publica en 2006 su famoso libro La Pari de la decroissance (La Apuesta por el Decrecimiento) que aporta una visión multidisciplinaria sobre esta consigna política.



El movimiento iniciado en Francia se extiende en los años siguientes a Italia donde adopta los nombres de Rete per la decrescita o Decrescita felice (Mauro Bonaiuti y Maurizio Pallante) y en España Red de decrecimiento en Barcelona (Joan Martínez Alier) otros grupos de decrecimiento de Madrid (Carlos Taibo, Julio García Camarero) Sevilla y otras provincias. En octubre de 2007, ECOMUNIDADES, Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México convoca el Primer Ciclo de coloquios La Apuesta por el Descrecimiento (cinco en total) que se extiende hasta finales de 2008. Nace en México el primer movimiento que objeta el crecimiento en los países del Sur global. La residencia de Ivan Illich en México, por más de 14 años, facilita esta labor pionera.
Los términos decroissance, decrescita, decrecimiento, postwachstum y descrecimiento tienen un uso muy reciente en los debates económicos, políticos y sociales, aunque las ideas en las que se apoyan tienen una antigua historia. El proyecto de una sociedad autónoma y ecónoma que está detrás de esta consigna o bandera, en efecto, no nació ayer.  Sin remontarse a ciertas utopías del primer socialismo, ni a la tradición anarquista renovada por el situacionismo fue formulada a finales de los años 60 por Ivan Illich, André Gorz, Francois Partant y Cornenlius Castoriadis, en términos cercanos a los que hoy en día utiliza Serge Latouche. El fracaso de las ideas de desarrollo en el Sur y la desorientación en los países del Norte han conducido a muchos pensadores a cuestionar la sociedad de consumo y sus bases imaginarias: el progreso, la ciencia y la tecnología. Las palabras decroissance, decrecimiento y descrecimiento no figuran en los diccionarios económicos y sociales mientras que sí se mencionan sus correlatos: “crecimiento cero”, “desarrollo sustentable” o “estado estacionario” El termino descrecimiento no figura en ningún diccionario mayor, fue inventado en México en 2007, para denotar voluntad individual y colectiva de reducir el despilfarro de los regalos de la naturaleza y su consecuencia, el despilfarro de las potencialidades humanas, sin embargo, fue incluido en el Vocabulario para una Nueva Era, publicado recientemente por la Fundación Heinrich Boell.

En 2008, investigadores de diversas instituciones europeas consiguen organizar en París la Primera Conferencia Internacional sobre la Decroissance, para la Sustentabilidad Ecológica y la Equidad Social; se adopta el término degrowth, para los debates internacionales. En 2009, Tim Jackson publica en Inglaterra su libro Prosperity without Growth que desata en ese país el debate sobre los efectos perversos del crecimiento. En 2010, por invitación de ECOMUNIDADES Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México, Serge Latouche vista México e imparte conferencias magistrales en varias universidades mexicanas. Días después de esta vista tiene lugar en la Universidad de Barcelona, la Segunda Conferencia Internacional de Degrowth. En ese año, España tiene ya  un gran avance teórico y práctico en los asuntos de decrecimiento. En 2012 tienen lugar dos conferencias internacionales de degrowth, para la sustentabilidad ecológica y la equidad social: la de Las Américas, en Montreal y la Tercera Conferencia Internacional de Degrowth, en Venecia. En 2014 tiene lugar la más grande conferencia de degrowth en la historia: Leipzig, con la participación de más de 3,500 personas de más de 90 países. En 2016, tiene lugar la Quinta Conferencia Internacional sobre Degrowth en Budapest, con la participación de más de 600 personas de más de 90 países. A finales de agosto de 2018 tendrá lugar la Sexta Conferencia de Degrowth en Malmo, Suecia.

La crítica al crecimiento crece en universidades europeas, canadienses, australianas, estadounidenses y japonesas. Se dice que es el movimiento politico que más crece en Europa. Crecen también los grupos sociales que, en muchos países, incluyendo a países del Sur, se inspiran en estas críticas, para proponer alternativas. El movimiento zapatista y el movimiento andino del Buen Vivir inspiran a movimientos que objetan el crecimiento ilimitado. Sin embargo, son muy diversas las interpretaciones de las consignas decroissance, decrecimiento o descrecimiento. No hay una ortodoxia.  La Primera Conferencia Norte Sur de Degrowth-Descrecimiento, Ciudad de México 2018 que tendrá lugar entre el 3 y el 7 de septiembre, tiene como propósito contrastar las visiones del Norte Global con el Sur Global sobre el crecimiento, en particular sobre el crecimiento económico generado por el avance tecnológico.

En el marco de las actividades preparatorias de la First North South Conference on Degrowth-Descrecimiento, México City 2018   http://degrowth.descrecimiento.org/

Capitalismo verde... ¿Solución al colapso medioambiental o parte del problema? Una perspectiva decrecentista


Si hoy en día si existe un aumento de la conciencia ecológica en las sociedades del Norte Global, es el resultado tras años de intervención social.

 

Todo empezó en los años 60 y 70 a través de acciones que se llevaron a cabo para iniciar lo que yo considero “la era ecológica“.

Ejemplos simples de esos años y las diferentes estrategias que se siguieron son:

 – El libro de R. Carson (1962): “A silent spring” (primavera silenciosa) en el que advertía de los efectos perjudiciales de los pesticidas en el medio ambiente – especialmente en las aves – y culpaba a la industria química de la creciente contaminación.
La creación de la fundación de Greenpeace y Amigos de la Tierra (1971) que generaban debate y acción sobre problemas ambientales. La conferencia de la Biosfera (París, 1968) en el que se enfocó que la “utilización y conservación de los recursos deben ir unidos” ….

Y no olvidemos las incansables reuniones de la ONU:
(1972) – I Conferencia sobre el Ambiente Humano (ONU) – Informe del Club de Roma.
Del Club de Roma resultó el informe “Los Límites del Crecimiento”, que es mas conocido como “Informe Meadows”. Es de los primeros en criticar el desarrollo tecnológico y el crecimiento.
(1974) – Conferencia sobre Población (ONU, Bucarest): conocido como ecodesarrollo
(1977) -I Conferencia intergubernamental sobre Educación Ambiental (UNESCO, PNUMA, Tbilisi)
(1982) – Carta Mundial de la Naturaleza
(1987) – Informe de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo o Informe Brundtland. (desarrollo sostenible)
(1992) – Conferencia de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo – Primera Cumbre de la Tierra o Cumbre de Río.

… Entre muchas otras reuniones más…

Es por ello que en la actualidad, ante la crisis ambiental al que se enfrenta el planeta, se observa el aumento de preocupación social por los países del Norte Global en este hecho.

Hoy, para este artículo tenemos en Tidus Coop. la colaboración de Alicia Álvarez Gracia, licenciada en ciencias sociales por la universidad de Köln (Alemania) y especializada en Cooperación Internacional y Desarrollo vinculado al paradigma del decrecimiento para el desarrollo sostenible y con experiencia en turismo responsable y sostenible.

Álvarez-Gracia, A., asegura que a causa de todas las intervenciones realizadas a lo largo de estos años, las cuestiones ecológicas es una preocupación compartida y el aumento de conciencia social ha facilitado al sistema capitalista-ecológico y de producción actual ser considerados una solución y no la causa de los efectos negativos ecológicos que sufrimos en la actualidad.

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Por ello, no es de extrañar, que gobernantes de diversos países, así como organizaciones internacionales, y multinacionales / sector privado se hayan visto obligados a incluir en su agenda política la cuestión ecológica. En cambio, es muy cuestionable su visión y enfoque.

En España mismamente, aunque en materia ecológica vaya con retraso respecto a otros países europeos, estos últimos años se han tomado ciertas medidas para frenar el impacto ecológico tan negativo que tiene nuestro estilo de vida. Entre otros, se ha limitado el uso de coches y se ha fomentado el uso de la bicicleta como transporte en las ciudades, se ha prohibido la entrega de bolsas de plástico gratis… etc. Es decir, el tema medioambiental, cada vez está más presente en el discurso político.

De la teoría a la práctica… “El hábito del reciclaje y la filosofía verde

Todas las sociedades han recibido en algún momento la información sobre las “3-R” (Reducir – Reciclar y Reusar), y sí, es cierto que a la hora de consumir, es una filosofía a tener en cuenta.
Posiblemente de las “3 erres”, el más conocido es el “reciclaje”, ya que se ha ido introducido en muchos de nuestros hogares, hasta formar parte del día a día. Aunque en números absolutos la cifra de material reciclado sea bastante reducida, es cierto que el reciclaje ha aumentado.

En general, en esta era ecológica, ser “verde
” es un proceso que tiene muchos aspectos (personales, psicológicos, en hábitos… etc.) y esto mismo se han dado cuenta las grandes superficies de consumo.

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Por ello, se han adueñado de esta idea y han incentivado los productos ecológicos. Dejando la idea del “reducir” en un segundo plano, y continuar con la filosofía capitalista de “consumir” pero esta vez bajo la “tranquilidad” que ahora eres “consumista ecológico“.

 Esta situación se puede extrapolar a diferentes sectores:

– Por un lado, está el sector de la energía, donde las energías renovables están en alza, cada vez hay más coches 
eléctricos (aunque con un origen de producción de energía dudoso) y la eficacia energética de diversos aparatos electrónicos que cada vez importa más.

– Otro ejemplo está en el sector del turismo, donde el turismo sostenible y ecológico ha tomado gran importancia debido a que los efectos negativos de este creciente sector sobre el medioambiente han salido a la luz en los últimos años.

¿Cómo el capitalismo se ha adueñado de la idea ecológica?

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El sistema capitalista ha hecho de un movimiento que hace tambalear las mismas bases del sistema económico actual una mera herramienta de marketing para atraer a los/as clientes/as concienciados/as, que son cada vez más. Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Sin embargo, en este caso, más que unirse a la corriente ecológica, lo que el capitalismo ha hecho ha sido interpretarla a su manera para poder lucrarse con su uso. 

El hecho de que grandes empresas ofrezcan cada vez más productos respetuosos con el medioambiente puede parecer positivo a primera vista (y de hecho, ¡lo es!). Sin embargo, se limitan a mitigar ligeramente el daño ambiental del consumo de los propios productos. 

Es por esta razón, que la idea del decrecimiento plantea, entre otras, la cuestión de decrecer físicamente, ya que hemos superado los límites biofísicos del planeta. Por lo tanto, si se trata de productos materiales como de servicios (consumidores de materiales físicos también), la pregunta real es: “¿lo necesito?” y no si se compra el producto en su versión ecológico o no.

Crecimiento verde como falsa solución – La ilusión del capitalismo ecológico… 

Según la OCDE, el crecimiento verde fomenta el crecimiento y el desarrollo económico y al mismo tiempo asegura que los bienes naturales continúen proporcionando los recursos y los servicios ambientales de los cuales depende nuestro bienestar. Es decir, crea una jerarquía donde la naturaleza se subordina a las necesidades y preferencias de las personas.

Esta curiosa interpretación de la sostenibilidad se puede ver reflejada también en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU. Uno de los objetivos más criticables es el número 8 de “trabajo decente y crecimiento económico”.

¿Cómo es posible que un objetivo sea el crecimiento económico, si es él mismo el causante de muchos de los problemas que los ODS quieren solucionar?
 
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Por otro lado, relacionar trabajo decente con crecimiento económico da a entender el concepto que la ONU tiene del trabajo en el contexto socioeconómico actual. No todos los puestos de trabajo crean crecimiento económico, así como, por ejemplo, un profesional en el ámbito de salud con un material médico mínimo en Sudán del Sur no va a contribuir al crecimiento económico, pero desde luego, estará haciendo una gran labor social de la que muchas personas se beneficiarán. Hasta que la ONU no entienda que el desarrollo de un país no tiene que ser sinónimo de crecimiento económico, los ODS carecerán de valor y potencial para hacer un cambio estructural que es el que se necesita para evitar el colapso ecológico.

El problema central es que, la interpretación de ecología de la que el capitalismo se ha adueñado se ha integrado dentro de su metodología, ya que no pone en duda el propio crecimiento económico. Es más, el hecho de tener a su disposición productos ecológicos y sostenibles, puede incluso servir como incentivo para aumentar el consumo.

Es entonces cuando se habla del efecto rebote, que según Serge Latouche, ocurre cuando “la disminución del impacto y de la contaminación se encuentran sistemáticamente anuladas por la multiplicación del número de unidades vendidas y consumidas”. Esto puede deberse:

– A que al haber comprado un producto supuestamente respetuoso con el medio ambiente, la conciencia del consumidor/a está limpia.

– Si se trata de eficacia energética, ésta casi siempre se traduce en el descenso del precio de los productos, con un consecuente aumento del consumo.

Serge Latouche describe tres características indispensables de la sociedad de consumo:

1) La publicidad, que crea el deseo de consumir;

2) El crédito, que proporciona los medios

3) La obsolescencia programada, que acelera la necesidad de consumir. 

La obsolescencia programada, de hecho, está directamente relacionada a la plusvalía y usa como pretexto la falsa justificación de la creación de empleo. Al usar el ecologismo para promover el productivismo y el consumismo y no poner en duda el propio sistema económico del crecimiento causante de la catástrofe ecológica, el “capitalismo ecológico” carece del carácter transformador necesario. Es más, es una manera de pretender que se ha realizado algún cambio hacia la sostenibilidad cuando únicamente se ha puesto un parche a un problema global que necesita urgentemente solución.

SOLUCIÓN: Decrecimiento como vía para un real desarrollo sostenible y anular al capitalismo

El decrecimiento propone salir del dogma del crecimiento, productivismo y consumismo, rompiendo el círculo vicioso de comprar, tirar, comprar.

El objetivo principal del decrecimiento es hacer una crítica al crecimiento económico ilimitado del Norte Global debido a las devastadoras consecuencias que tiene para el medio ambiente y, por lo tanto, para la humanidad.

El decrecimiento también apunta a que, en los países empobrecidos, el decrecimiento no es ni necesario ni aconsejable, ya que la mayoría de las personas no han llegado al límite de carga de la biósfera. Esto no quiere decir que la solución sea el crecimiento ilimitado, sino que estos países deberían desarrollarse evitando cometer el error de seguir el camino asumido hasta hoy por las sociedades opulentas. Sin embargo, esto sería negarle al Sur Global la posibilidad de equivocarse tal y como lo ha hecho el Norte Global. 

A diferencia de las nombradas “3erres” de acción social ecológica… Serge Latouche nos indica 8 “erres” . Éstas pueden ser una buena guía para que el Sur Global consiga cubrir sus necesidades básicas dentro del paradigma del decrecimiento y a su vez, el Norte Global decrezca.

Para entender mejor qué supone el decrecimiento, Serge Latouche describe las ‘8 R’ del decrecimiento sereno, amable y sostenible: reevaluar, reconceptualizar, reestructurar, redistribuir, relocalizar, reducir, reutilizar y reciclar.

Reducir: Reducir la producción y el consumo de bienes es imprescindible para dejar de explotar los recursos naturales de la tierra y contaminar. Esto no significa que el decrecimiento sea equivalente al crecimiento negativo del PIB. Esta reducción no se limita simplemente a bienes materiales, también traslados que suponen grandes gastos de energía.
Reevaluación: Reevaluar los valores imperantes actualmente es una de las bases necesarias para cambiar el ideal del crecimiento. Serge Latouche hace un llamamiento a “descolonizar el imaginario del crecimiento”
Reconceptualizar: Para hacer cambios en la sociedad es necesario definir o redefinir nuevos conceptos o redefinir los existentes.
Reestructuración: Para que las dos últimas “R” tuviesen un efecto práctico, es necesario adaptar o reestructurar el aparato de producción y las relaciones sociales en función del cambio de valores.
Redistribución: La redistribución es una estrategia necesaria para lograr además de un decrecimiento sostenible, un reparto justo de bienes.
Relocalizar: Significa volver a la producción local para evitar el gran gasto energético que el transporte de mercancía supone.
Reutilizar: La obsolescencia programada de gran parte de aparatos electrónicos es el principal impedimento para reutilizarlos. Sin embargo, alargar la vida de los bienes de consumo lo máximo posible.
Reciclar: Lo que ya no se pueda reutilizar, por lo menos se podrá reciclar.
Sin duda alguna, las medidas recomendables para reducir los efectos medioambientales que causa nuestro sistema actual no van de la mano con la idea del capitalismo verde y sus estrategias de marketing.

Muchas gracias a Alicia Álvarez Gracia por su colaboración, y compartir con Tidus Coop. su visión y enfoque para lo que debería ser realmente un desarrollo sostenible.

“Ningún país ni sociedad es pobre. Nos empobrecen sistemas opresores”

Tidus Coop.

Y tras la lectura de este artículo, evidenciamos que el mejor ejemplo de “sistema opresor” es el mismo sistema capitalista.

Ref. gráf: Foto de portada: La lógica perversa del capitalismo verde

Las pensiones, el decrecimiento y la natalidad japonesa

Ernest García - Levante-EMV


La movilización social en torno a las pensiones implica muchas cosas, además de las directa e inmediatamente relativas a su objeto. 



Recordemos sólo un aspecto, para ilustrar la densidad sociológica del asunto. Desde que comenzó la última crisis en 2007 (seguramente desde antes, pero creo que eso no importa mucho aquí), viene siendo bastante frecuente que la pensión de jubilación de un antiguo obrero sirva para mantenerle a él o a ella y a su pareja, al hijo o la hija desempleados de larga duración e incluso a los nietos y nietas estudiantes. Un único ingreso está permitiendo la supervivencia en redes de proximidad que se parecen más a la familia extensa tradicional que a la famosa familia nuclear moderna. Dada la situación, cabe imaginar que, tal vez, la gente que está viviendo esa realidad aceptaría políticas restrictivas en materia de pensiones si viera que sus allegados encuentran un trabajo con unas mínimas perspectivas de continuidad e ingresos suficientes, o que las tasas de la universidad pública bajan en vez de subir (como han venido haciéndolo hasta niveles próximos a los de la oferta privada). 

Ya sabemos que lo que pasa no es eso, sino algo distinto. El Gobierno, con el aval de expertos –dejémoslo en que dudosamente imparciales– de las universidades, de Bruselas o del FMI, amenaza a las personas afectadas, de manera persistente, con recortarles la paga, sin que las condiciones de quienes tienen a su alrededor se modifiquen sensiblemente. Hace ya unos años que, en los papeles, se superó la crisis y la nueva pobreza no se esfuma. Todo el mundo puede oír y leer que las redes de seguridad del magro Estado del bienestar son insostenibles. Y, encima, el Gobierno toma a los pensionistas como rehenes en un chantaje a la oposición para que ésta colabore en su continuidad. ¡Y aún hay quien se extraña de que la depresión y la ira se alternen en un ciclo cada vez más tenso!


Uno de los temas de fondo, de esos con los que quienes tienen el poder martillean incesantemente para ir reblandeciendo las resistencias, es el coco: el envejecimiento de la población. La expresión misma es muy ideológica. Sería preferible hablar de maduración demográfica, pues al fin y al cabo se trata de eso. El incremento de la media de edad hasta valores por encima de los cuarenta años (los valores de la madurez, no de la vejez) es la consecuencia inevitable de la transición demográfica. Es decir, uno de los efectos del desarrollo. Más aún, una de las herencias ineludibles de los tiempos pasados, de aquellos tiempos en que el desarrollo sí que contribuía al bienestar (bajo la forma, en este caso, de mayor esperanza de vida). Pero quizás todo esto da lo mismo porque, aun dejando de lado la contaminación lingüística, el resultado sigue ahí: primero, más población de edad avanzada y menos población activa; después, población decreciente.

Una de las pocas ventajas del retraso histórico español es que casi todo lo que nos pasa les ha pasado antes a otros, de forma que casi siempre podemos aprender algo de la experiencia ajena. En esto de la maduración demográfica, también. Podríamos aprender, por ejemplo, de Japón, que lleva ya décadas de desaceleración demográfica y económica (pese a lo cual la gente, allí, continúa viviendo tan ricamente). Y, en efecto, si uno mira en esa dirección encuentra ideas bien interesantes, como las contenidas en La economía de una población en declive, de Akihiko Matsutani.

Su tesis esencial es que un decrecimiento planeado de la producción es la forma adecuada de responder a la maduración demográfica y a la disminución de la población activa. Mantiene que la maduración y el decrecimiento demográficos son algo inevitable (pues, como se ha indicado más arriba, son un resultado del desarrollo). Que tarde o temprano eso implica decrecimiento también económico. Que las respuestas más habituales, todas ellas adaptadas a un horizonte de crecimiento (el fomento de la natalidad, la inversión en tecnología más allá del nivel óptimo, el recurso a trabajadores inmigrantes para mantener el volumen de la población activa, el recorte a los salarios para aumentar la productividad, la subida de impuestos o el mayor endeudamiento público para mantener el nivel de las prestaciones), se vuelven inadecuadas. Que se impone una lógica distinta: optimizar los volúmenes de producción en lugar de aumentar la producción, producir de manera eficiente en lugar de invertir más y más en tecnología, pagar salarios adecuados en lugar de bajarlos acentuando así la contracción de la demanda, reducir el gasto en obras públicas adaptando las infraestructuras a las necesidades de una población y una economía más reducidas, reestructurar el presupuesto para adecuarlo al contexto social cambiante. 

Todo esto, mantiene Matsutani, no va a eliminar la presión que el número creciente de personas jubiladas y el número decreciente o estancado de personas activas ejercen sobre el sistema público de pensiones: el trilema de endeudamiento creciente, recorte de las prestaciones o aumento de las cotizaciones. Pero sí posibilitaría afrontarlo, afirma, sin derivas catastróficas, e incluso con algunos resultados positivos: la disminución de la desigualdad entre regiones, el aumento de las oportunidades relativas a la calidad de vida o la compensación mediante bienes y servicios públicos de la eventual disminución de la cuantía nominal de las pensiones más elevadas.

No es necesario estar de acuerdo con todas las recetas de Matsutani (y de hecho yo no lo estoy) para encontrar fascinante su lección de economía política, realista, clara y con pocos prejuicios doctrinarios. Y no es sorprendente que, aunque se trata de una propuesta que ya tiene años, haya tenido escaso eco: es demasiado atenta a los hechos, demasiado respetuosa con la lógica y demasiado sensata para los gustos académicos y políticos actuales. Se podrá decir, claro, que es una propuesta para el Japón, y que el Japón no es España ni Cataluña, lo que no resta fuerza a algunos de sus puntos más sólidos y generalizables. Me referiré sólo a dos, para concluir.

La aportación de Matsutani amplía el enfoque del decrecimiento benigno. Por una parte, apunta a cómo podría ser una economía del decrecimiento muy sobria en cuanto a retórica e ideología. Y, por otra parte, descansa en una tesis fuerte sobre la conexión entre maduración demográfica e inversión de la trayectoria histórica de expansión económica. Es ejemplar, por último, en algo que debería ser evidente: el problema de las pensiones se plantea en el cruce entre población y economía y, por lo tanto, no debería ser abordado, como tantas veces se ha hecho y se sigue haciendo, mediante un análisis demográfico a brochazos.

Desarrollo sostenible y decrecimiento (un modo de vivir)

Entrevista de Elena Rodriguez en Heraldo a Serge Latouche que ofreció una charla en la Universidad de Zaragoza invitado por la Cátedra de Cooperación para el Desarrollo.





Usted avisa, y no de cualquier cosa: decrecimiento o barbarie.

Estamos viviendo el colapso de la civilización del crecimiento. La solución a la crisis antropológica actual solamente puede ser el decrecimiento o la barbarie, una variante de la expresión "socialismo o barbarie" de Rosa Luxemburgo, en 1916. Yo añado la dimensión ecologista, el ecosocialismo. Si no tenemos en cuenta una distribución más justa de la riqueza y una gestión más equilibrada del medioambiente, acabaremos en una guerra de todos contra todos.

¿Cómo casar las dos ideas, el capitalismo y el reparto justo?

Es necesario reducir la productividad. Acabar con ese afán de producir más, de hacer más. En el último siglo, la economía ha colonizado los aspectos de la vida, lo social, lo político... La revolución es pensar el reparto de las riquezas desde una dimensión más social.

Proclama usted que hay que trabajar menos para trabajar todos.

El sistema actual es trabajar más para ganar más. ¡Es lo que quieren todos! Hay que trabajar menos para ganar más, porque cuanto más se trabaja, menos se gana. Es la ley del mercado. Si trabajas más, incrementas la oferta de trabajo, y como la demanda no aumenta, los salarios bajan. Cuanto más se trabaja, más bajan. Hay que trabajar menos horas para que trabajemos todos, y sobre todo trabajar menos para vivir mejor.

El trabajo no lo es todo.

Debemos trabajar menos para vivir mejor. La vida verdadera está ahí fuera. Se trata de trabajar menos para vivir esa vida verdadera. Abogo por una sociedad que produzca menos y consuma menos.

Eso no se entiende en Occidente.

No, porque nuestra sociedad está fundada sobre la base del trabajo. Hay que desprogramar nuestro imaginario. Ahora nos encontramos con que si la jornada laboral es de 35 horas, la gente no sabe qué hacer el resto del tiempo.

Está en contra del desarrollo sostenible, del que tanto se habla en los últimos años. ¿Por qué?

El desarrollo sostenible es una trampa. El crecimiento es el incremento cuantitativo de los productos. El desarrollo es la transformación cualitativa de los mismos. No hay desarrollo sin crecimiento, y el crecimiento implica el desarrollo. Es necesario romper esa lógica. Los términos ‘crecimiento’ y ‘sostenible’ son contradictorios en sí mismos debido al carácter limitado de los recursos disponibles en un planeta finito como es la Tierra. ¡Es necesario decrecer!

¿Un crecimiento negativo?

Un reordenamiento de prioridades. La apuesta por el decrecimiento es la apuesta por la salida de la sociedad de consumo.

Pero según usted no hay que crecer por crecer ni decrecer por decrecer. ¿En qué tendríamos que crecer y en qué decrecer?

Es necesario crecer en la calidad del agua en el mundo, en la calidad del aire que respiramos, en calidad de vida, en la felicidad. Y decir ‘no’ al crecimiento por el crecimiento. Debemos construir una sociedad sostenible, recuperar los límites, la medida de las cosas. No se pueden tirar productos solo por tirarlos. Es necesario llegar a lo que yo llamo la abundancia frugal. ¡Abajo el crecimiento sostenible, arriba vivir con menos!

¿Estamos a tiempo de revertir esta tendencia?

No queda mucho. Todos los análisis, informes de todo el mundo, indican que hacia 2050 colapsará el sistema. Aprenderemos por las buenas o por las malas.

¿Es el decrecimiento económico una alternativa real?

Ideas Imprescindibles

¿El crecimiento económico es en realidad una trampa? ¿Persigue el sistema capitalista un falso santo grial que nos convierte a todos en seres infelices? ¿Es el consumismo un viaje a ninguna parte? Desde finales del siglo XX existe una corriente de pensamiento que no sólo cuestiona el papel protagonista del crecimiento económico, sino que además propone su sustitución nada menos que por su antagonista, el decrecimiento. Esta apuesta revolucionaria fue formulada por primera vez por el matemático y economista estadounidense Nicholas Georgescu-Roegen y sus estudios sobre bioeconomía pronto le valieron para ser reconocido mundialmente como el padre del decrecimiento económico.



disminución regular controlada de la producción económica

La propuesta esencial del decrecimiento consiste en desterrar la idea de que el crecimiento económico anual es en sí mismo un objetivo positivo. Los defensores de esta teoría abogan por la disminución regular controlada de la producción económica, con el propósito de establecer una nueva relación de equilibrio entre los seres humanos y el planeta. Los teóricos del decrecimiento afirman que la conservación del medio ambiente es un reto imposible si no se reduce la producción económica mundial, ya que esta es la causa principal de la reducción de los recursos naturales. 

Además critican el estilo de vida actual porque consideran que no produce bienestar sino que conduce a la mayoría de los seres humanos a la frustración y a la infelicidad. La esencia de su pensamiento puede resumirse en “trabajar menos horas y disfrutar de más tiempo libre”. Por otra parte, sus ideas les convierten en enemigos del desarrollo sostenible, ya que proponen “vivir mejor con menos” y están en contra de cualquier modelo basado en el crecimiento.

La teoría enunciada por Nicholas Georgescu en su obra “The Entropy Law and the Economic Process” (1971) constituye el eje argumental de la teoría del decrecimiento, así como el pensamiento de otras figuras como Günter Anders, Hanna Arendt, Iván Illich o el Club de Roma.

Serge Latouche, la voz más respetada del decrecimiento

Entre los economistas que se han alineado con este pensamiento destaca el francés Serge Latouche. En sus propias palabras “el decrecimiento es un concepto muy simple que pretende llamar la atención de la población mundial. En la actualidad nos encontramos ante un grave problema de escasez de recursos naturales, y muchos científicos y expertos alertan del riesgo a largo plazo si no reducimos urgentemente nuestro nivel de consumo doméstico”.

Una alternativa que exige un cambio profundo en nuestros hábitos de consumo

Para Serge Letouche, el decrecimiento no es en realidad una alternativa concreta, sino que más bien se trata de una matriz que dará lugar a la eclosión de múltiples alternativas. Para el pensador francés, el decrecimiento no es una opción, es una necesidad impuesta por los efectos devastadores del crecimiento económico, y que se expresa con claridad en su lema “Decrecimiento o barbarie”. La clave reside en consumir menos y en prolongar la vida de los productos que compramos. Esa aparente pérdida del llamado “nivel de vida” del mundo desarrollado debería redundar en una regeneración de los recursos naturales del planeta, y en un mayor bienestar para la población de los países subdesarrollados, que verían reducir sus tasas de natalidad, equilibrando así la población mundial y disminuyendo las migraciones masivas hacia los países occidentales.

Serge Latouche, catedrático de Economía, asegura que “trabajar más horas hunde los salarios, al incrementarse la oferta sin que lo haga la demanda” y apuesta por “poner fin a la economía del crecimiento sin crecimiento y recuperar el sentido de los límites”. En su obras “Pequeño tratado del decrecimiento sereno” y “La sociedad de la abundancia frugal”, Serge Latouche desgrana su pensamiento afirmando que la única posibilidad que la humanidad tiene de sobrevivir está basada en la frugalidad y la autolimitación. Para simplificar su teoría establece “el círculo virtuoso de las ocho erres: Reevaluar, Reconceptualizar, Reestructurar, Reubicar, Redistribuir, Reducir, Reutilizar y Reciclar”.

el círculo virtuoso de las ocho erres”: Reevaluar, Reconceptualizar, Reestructurar, Reubicar, Redistribuir, Reducir, Reutilizar y Reciclar

Una alternativa que exige un cambio profundo en nuestros hábitos de consumo

En los tiempos del consumismo desaforado y la obsesión por el enriquecimiento económico, y en un mundo donde los millonarios son envidiados, el decrecimiento no plantea un discurso muy atractivo entre una población deslumbrada por el brillo de los grandes lujos. Se trata sin duda de una propuesta ideológica que exige hábitos austeros y unas altas dosis de solidaridad y empatía.

Según los seguidores del decrecimiento, el discurso dominante – basado en tres pilares: la “ecoeficiencia”, el “desarrollo sostenible” y una fe ciega en la innovación tecnológica como solución a la mayoría de los problemas – es un error y nos condena a un futuro incierto. El consumo compulsivo de bienes es la principal causa de la degradación medioambiental. El consumismo se ha erigido en una nueva religión para millones de personas de todo el mundo y esa adicción consumista, sumada al fundamentalismo financiero, sostiene un modelo económico que devora los recursos naturales. Como afirma Susan George, prestigiosa activista norteamericana, “cada 25 años la economía mundial se duplica; hay que terminar con esa idea de crecer sin parar o acabaremos con el planeta; sencillamente este sistema es insostenible”.