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Desvalijando lo local

El capital internacional continúa expandiendo su producción y sus mercados, insiste en imponer el libre acceso a todos los recursos naturales, y a todas las formas de vida, y también a las culturas y tradiciones localizadas y a su mercantilización.

Sólo se reconoce un ‘valor’ a las culturas locales una vez que han sido fragmentadas y los fragmentos se transforman en bienes comercializables destinados a un mercado mundial. El proceso de acumulación de capital sólo puede obtener un beneficio de estas culturas locales después de transformar sus alimentos en ‘cocina étnica’, su música en ‘música étnica’ y sus cuentos tradicionales en ‘folklore’, y cuando aplica sus habilidades a la producción de objetos ‘típicos’ destinados a la industria turística.

A la vez que se diseccionan de este modo las culturas locales y sus fragmentos se transforman en mercancías, estas partes atomizadas se ‘reunifican’ por otro lado en el supermercado global, con la consiguiente estandarización y homogeneización de toda la diversidad cultural.

En el Norte, el objetivo de la supervivencia, el valor del trabajo cotidiano se transforma en una banalidad, un hecho que se da por sentado; pero la Cultura (la forma de vida) es parte de la lucha por la subsistencia y la vida, sólo es posible satisfacer las necesidades humanas (alimento, cobijo, afecto, cuidados, amor, dignidad, saber, diversión, alegría...) si se mantienen intactas las redes y los procesos que sostienen la vida, tanto en el seno de la Naturaleza como en la sociedad humana.

Para saber más: Ecofeminismo. María Mies y Vandana Shiva.1993.

sostenibilidad y necesidades humanas

Entendemos la sostenibilidad humana como un proceso que no sólo hace referencia a la posibilidad real de que la vida continúe, sino que dicho proceso signifique desarrollar niveles de existencia aceptables para toda la población en una relación armónica entre la humanidad y la naturaleza.

El desarrollo de una calidad de vida aceptable por todas las personas, sería un concepto que abarcaría no solo la satisfacción de las necesidades biológicas y sociales sino también aquellas necesidades emocionales y afectivas.

Desde una perspectiva de una economía neoliberal las necesidades humanas se limitarían a las preferencias, deseos y demandas que registra el mercado; desde otra perspectiva más integral abarcaría otros aspectos como el cariño, la afectividad, la identidad, la participación, las relaciones sociales, la creatividad, el conocimiento, el ocio, la libertad, etc.

Las necesidades humanas mas que tratarlas como ‘carencias’, habría que asignarles un papel dinamizador entre lo biológico y lo cultural. Las necesidades entonces se viven y satisfacen de manera continua y renovada de acuerdo a las características y condiciones del ciclo vital. La vida humana adquiere un papel central, en consecuencia, se vive la existencia como un cuidado de la vida misma.

Para saber mas: Epílogo del libro 'la historia cuenta' de Enric Tello, escrito por Anna Bosch, Cristina Carrasco y Elena Grau.

Poder mediático: construyendo imágenes

Los medios de comunicación suelen presentarse como simples mediadores entre la realidad, ‘la noticia’, y los receptores. Sin embargo los mensajes, la información que se transmite, no son la realidad en sí misma, sino una construcción que la representa –una fotografía no es la realidad, sino una representación icónica (de imágenes) de una parcela de ésta-; así no es lo mismo enfocar a una persona de cerca, que de lejos, desde lo alto o desde abajo...

El poder ideológico de los medios tiene mucho que ver con la naturalidad de la imagen y la tendencia a transmitir como naturales mensajes codificados y elaborados. Los medios de comunicación se ocupan de representaciones, no de realidades y sus significados no pueden separarse de la forma en que éstos se expresan.

Así las personas deberíamos de ser capaces de comprender los diferentes modos en que los medios representan la realidad, las técnicas que utilizan y las ideologías que impregnan sus representaciones. En el momento que las personas no somos conscientes de esta realidad podemos hablar de una analfabetismo funcional en nuestra manera de relacionarnos con los medios.

En los medios de comunicación (prensa, radio y televisión y también internet), sólo unas pocas personas actúan como emisores, el transmisor selecciona, codifica, interpreta y decodifica la información en función de unos patrones determinados; así los medios de comunicación se convierten en instrumentos de regulación social.

Destapando mecanismos inconscientes: Freud

Sigmund Freud nació en 1856 en Moravia (actualmente República Checa). En una sociedad puritana e hipócrita, la decisión con la que se adentró en los problemas de la sexualidad, el descubrimiento de conflictos de tipo sexual por debajo de síntomas y conductas aparentemente inocentes, su interpretación de los sueños, y sobre todo, la afirmación de que los niños desarrollan una intensa vida sexual, le acarrearon la repulsa y el aislamiento de la sociedad biempensante. Murió de cancer exiliado en Londres en 1939.

Fundador del psicoanálisis, un método para curar determinados trastornos psíquicos, lo que llevó a Freud a formular una teoría completa acerca de la estructura y dinámica de la vida psíquica. Aplicó los conceptos básicos del psicoanálisis al esclarecimiento de fenómenos colectivos como la religión, la cultura y la sociedad, a través de ensayos como ‘Tótem y tabú’, ‘el porvenir de una ilusión’ y ‘el malestar de la cultura’.

En su aportación a la comprensión de ‘lo humano’ puso de manifiesto los condicionamientos ocultos que determinan múltiples comportamientos, que influyen en gran medida en las conductas de las personas.

Freud desarrolló la Teoría de los instintos, considerando el instinto sexual (eros) y el instinto de autodestrucción (Thanatos) como objetivos primarios para la propia satisfacción cuyo incumplimiento produciría una gran frustración relacionada con la angustia.

El complejo de Edipo mediante el cual la madre del niño aparece como objeto libidinal y el padre como rival.

Propuso un modelo estructural-topográfico del aparato psíquico distinguiendo tres elementos: el ello, la parte más antigua del psiquismo que incluiría los instintos y las pasiones; el yo, que surge a partir del ello bajo la influencia de la realidad exterior, representa la razón y la reflexión; y el superyo, que constituye una instancia moral de ideales y prohibiciones procedente de la interiorización de la imagen de los progenitores.

 A partir de los conceptos sobre la Teoría de los instintos, el complejo de Edipo y el modelo del aparato psíquico Sigmund Freud elabora una especulación filosófica aplicándolos a las comunidades y a los fenómenos culturales.

Para Freud el origen de la moral y de la sociedad tiene como punto de partida la ambivalencia de los sentimientos del clan respecto del animal totémico. Así originalmente existió la horda en la cual el padre, autoritario y excluyente, monopolizaba las hembras; los hijos se reunieron y asesinaron al padre, una vez consumado el parricidio, los hijos fueron presa del sentimiento de culpabilidad y del deseo de expiación. El tótem vino así a tomar el lugar de la imagen del padre asesinado. Entre los hijos tuvo lugar un pacto de renuncia la agresión mutua y se instituyó la prohibición del incesto.

“Lo que el padre había impedido anteriormente, por el hecho mismo de su existencia, se lo prohibieron luego los hijos a sí mismos, en virtud de aquella ‘obediencia retrospectiva’ característica de una situación psíquica que el psicoanálisis nos ha hecho familiar. Desautorizaron su acto prohibiendo la muerte del tótem, sustitución del padre, y renunciaron a recoger los frutos de su crimen, rehusando el contacto sexual con las mujeres accesibles ya para ellos. De este modo es como la conciencia de la culpabilidad del hijo engendró los dos tabúes fundamentales del totemismo, los cuales tenían que coincidir, así, con los dos deseos reprimidos del complejo de edipo. Aquel que infringía estos tabúes se hacía culpable de los únicos crímenes que preocupaban a la sociedad primitiva.”

Totem y tabú.


En el malestar de la cultura analiza Freud la naturaleza de ésta y sus consecuencias para el individuo. El camino seguido por la cultura para imponer la renuncia a la agresividad consiste en dirigir hacia uno mismo la agresividad por medio de la conciencia moral, el superyo exigente y cruel.

“La tensión creada entre el severo superyo y el yo subordinado al mismo la calificamos de sentimiento de culpabilidad; se manifiesta bajo la forma de necesidad de castigo. Por consiguiente, la cultura domina la peligrosa inclinación agresiva del individuo debilitando a éste, desarmándolo y haciéndolo vigilar por una instancia alojada en su interior, como una guarnición militar en la ciudad conquistada.”

El malestar de la cultura.


Freud indagó en aspectos claves del comportamiento humano, que contrastó con un marxismo desconocedor de la naturaleza humana que lo convirtió en una teoría excesivamente ingenua y optimista.

“También yo considero que una modificación objetiva de las relaciones del hombre con la propiedad sería en este sentido más eficaz que cualquier precepto ético, pero los socialistas malogran tan justo reconocimiento, desvalorizándolo en su realización, al incurrir en un nuevo desconocimiento idealista de la naturaleza humana.”

El malestar de la cultura.


Freud desarrolló una teoría acerca de la dimensión psíquica del ser humano, la parte emocional-instintiva no funciona de igual manera que la parte cognoscitiva-racional; su conocimiento es parte fundamental para entender el discurso de la sociedad de consumo en la que nos hallamos inmersos.




Condición de Estado

El Estado es una sociedad no igualitaria gobernada desde el centro; Se prestan unos servicios costosos imposibles de contratar a título individual, pero funcionan como cleptocracias transfiriendo la riqueza neta del pueblo llano hacia las clases altas a través de los tributos. Difiriendo los distintos estados en el porcentaje de tributo recaudado que queda en poder de la élite.

¿Por qué las clases populares toleran que el fruto de su duro trabajo revierta en las clases hegemónicas?. ¿Qué hacen las clases dirigentes para conseguir el apoyo popular?.

  • La clase que regenta el Estado debe poseer las armas y el conocimiento, el pueblo ha de estar desarmado.
  • Hacer felices a las masas mediante la redistribución de parte de los tributos recibidos. Para ello suele llevarse a cabo la obra pública, y los juegos y espectáculos.
  • Utilizar el monopolio de la fuerza para promover la felicidad, manteniendo el orden público y reprimiendo la violencia. Los habitantes del territorio del Estado deben aceptar la autoridad centralizada. La resolución de conflictos se formaliza mediante las leyes, la judicatura y la policía.
  • Construcción de una ideología o religión que justifique el robo legal. Se trata de legitimar la transferencia de riqueza mediante creencias sobrenaturales (religión), o ideologías superiores. De esta manera se resuelve el problema de cómo han de vivir juntos individuos no emparentados sin matarse unos a otros, proporcionándoles un vínculo no basado en el parentesco, y una motivación para sacrificar su vida en nombre de otros.

En los Estados la especialización económica (agricultores, pescadores, ganaderos,...) es tan importante que de llegar a desmoronarse la clase dirigente, los resultados puedan percibirse como catastróficos.

El origen del Estado

El progresivo deslizamiento hacia la estratificación social ganaba impulso cada vez que era posible almacenar los excedentes de alimentos producidos. Cuanto más abundante y concentrada se la cosecha y menos perecedero el cultivo, tanto más crecen las posibilidades de grandes hombres de adquirir poder sobre el pueblo.

Mientras que otros solamente almacenaban cierta cantidad de alimentos para sí mismos, los graneros de los redistribuidores eran los más nutridos. En tiempos de escasez la gente acudía a ellos en busca de comida y ellos, a cambio, pedían a los individuos con aptitudes especiales que fabricaran ropa, vasijas, canoas o viviendas de calidad destinadas al uso personal. Al final el redistribuidor no necesitaba trabajar en los campos para alcanzar y superar el rango de gran hombre.

La gestión de los excedentes de la cosecha, que en gran parte seguía recibiendo para su consumo en festines comunales y otras empresas comerciales y bélicas, bastaban para legitimar su rango. De forma creciente, este rango era considerado por la gente como un cargo, un deber sagrado transmitido de una generación a otra, con arreglo a normas de sucesión hereditarias. El gran hombre se había convertido en ‘jefe’.

El poder para dar órdenes y ser obedecido, se incubó en las guerras libradas por los grandes hombres y jefes, eran éstos hombres violentos. La oportunidad de apartarse de las restricciones tradicionales al poder aumentaba a medida que las jefaturas expandían sus territorios y se hacían mas populosas, y crecían en igual proporción las reservas de comestibles y otros objetos de valor disponibles para la redistribución. Al asignar participaciones diferentes a los hombres más cooperativos, leales y eficaces en el campo de batalla, los jefes podían empezar a construir el núcleo de una clase noble, respaldados por una fuerza de policía y un ejército permanente. Los hombres de común que se zafaban de hacer donaciones a sus jefes eran amenazados con daños físicos.

Los primeros estados evolucionaron a partir de jefaturas, que tenían que poseer una población numerosa y un territorio que no permitiera la huida de quienes no estaban dispuestos a soportar impuestos, reclutamientos y ordenes. Además se debía poseer un almacén central de redistribución con alimentos (arroz, trigo, maíz u otros cereales) que se pudieran conservar de una cosecha a otra. Tenían que poder evitar el éxodo y las sublevaciones.


Para saber más. Nuestra especie. Marvin Harris. 1989

El mito del crecimiento ilimitado

Durante siglos el mundo occidental se ha sentido reconfortado por la creencia de que el progreso material nunca concluirá - el mito del crecimiento ilimitado-. Nuestra cultura no es la primera que ha alcanzado sus límites de crecimiento. Nuestro desarrollo depende de unos recursos energéticos no renovables, no de la tecnología que se desarrolla gracias a esta disponibilidad energética abundante y barata.

Solamente el análisis de lo que está ocurriendo en el mundo en la actualidad puede permitir el conocimiento de una realidad basada en la energía siempre disponible que permite un desarrollo supuestamente ilimitado de las sociedades occidentales, donde el ‘progreso’ basado en supermercados llenos de productos para consumir, espacios llenos de carreteras con vehículos para desplazarse, pisos llenos de electrodomésticos..., ocultan la realidad escondida de millones de hambrientos, mares contaminados, tierras estériles, mercados de droga, armas y esclavos...

Entender que la energía es la que provoca que exista un sistema global, donde se sustenta esta sociedad de consumo y de miseria, implica entender que la crisis energética pone en jaque todo el modelo de crecimiento (de materias primas, energía y espacios) en el que todos los habitantes de la Tierra estamos incluidos.

Maoríes y morioris: Choque de civilizaciones

En las islas Chatham, situadas a 800 kilómetros al este de Nueva Zelanda, el 19 de noviembre de 1835 llegó un barco que transportaba 500 maoríes provistos de armas de fuego, palos y hachas, a los que siguieron el 5 de diciembre 400 maoríes más. Grupos de maoríes comenzaron a recorrer los asentamientos de los morioris, anunciando que los morioris eran ahora sus esclavos y matando a quienes ponían objeciones. Los moriris decidieron en una junta no responder a los ataques, sino ofrecer la paz, la amistad y la división de los recursos.

Ambos grupos habían divergido de un origen común menos de un milenio antes. Ambos eran pueblos polinesios que colonizaron Nueva Zelanda hacia el año 1.000. Poco después, un grupo de aquellos maoríes colonizó, a su vez, las islas Chatham y se convirtió en los morioris. En los siglos que siguieron los dos grupos se separaron y evolucionaron en direcciones opuestas.

Aquellos maoríes ancestrales que colonizaron por primera vez las islas Chatham podrían haber sido agricultores, pero los cultivos tropicales maoríes no podían crecer en el clima frío de las Chatham, y a los colonos no les quedó otra alternativa que volver a ser cazadores-recolectores. Dado que en su condición de cazadores-recolectores no producían excedentes de cultivos disponibles para su redistribución o almacenamiento, no podían mantener y alimentar a especialistas artesanos no cazadores, ejércitos, burócratas y jefes. Sus presas eran las focas, los crustáceos, las aves marinas que se posaban en tierra para anidar y los peces que podían ser capturados a mano o con palos y no exigían una tecnología más compleja.

Las islas Chatham son relativamente pequeñas y remotas, capaces de mantener una población total de un máximo de dos mil cazadores-recolectores, que tuvieron que aprender a soportarse los unos a los otros. Para ello renunciaron a la guerra y redujeron los posibles conflictos derivados de la superpoblación, castrando a algunos varones de corta edad. El resultado fue una población pequeña y no belicosa dotada de tecnología y armas sencillas y sin liderazgo y organización fuertes.

En cambio, la parte septentrional (más cálida) de Nueva Zelanda, era apta para la agricultura polinesia. Los maoríes que permanecieron en Nueva Zelanda aumentaron en número hasta ser más de cien mil. Desarrollaron poblaciones localmente densas que libraban crónicamente feroces guerras con las poblaciones vecinas. Con los excedentes de los cultivos que podían cultivar o almacenar, alimentaban a artesanos especializados, jefes y soldados a tiempo parcial. Necesitaban y desarrollaron herramientas variadas para cultivar sus plantas, combatir y hacer arte.

Cuando los dos grupos entraron en contacto el brutal resultado de la colisión podría haberse predicho: Es fácil determinar cómo los diferentes entornos de las islas Chatham y de Nueva Zelanda moldearon de diferente manera a los dos grupos.

Para saber más: Armas, gérmenes y acero. Jared Diamond. 1998.

Para saber más: El fin de los pascuenses. Jared Diamond

Acerca de la entropía

El ser humano al ser una especie con gran desarrollo evolutivo y elevado peso necesita un gran flujo de energía para su existencia. Debido a su elevada capacidad de raciocinio ha desarrollado instrumentos para poder captar o utilizar en su provecho una mayor cantidad de energía que la que le llegaba directamente del sol o la que podía consumir a través de los alimentos, donde se encuentra energía solar fijada mediante el proceso de fotosíntesis.

Cada disminución localizada de la entropía por la acción del ser humano o de una máquina va acompañada de un aumento aún mayor de la entropía del entorno; tal acción sólo se puede llevar a cabo a través de la utilización de energía concentrada –ordenada, disponible o utilizable- que después de su aplicación o transformación pasa a un estado disperso, no disponible o desordenado; es decir, esta energía disipada o degradada ya no puede rendir trabajo.

Lo que se conoce como ‘progreso’ consiste en la creación de islas de orden aparente a costa de provocar océanos de desorden cada vez mayor. Cada vez es más costoso –en términos energéticos- mantener el orden aparente del presente modelo y más costoso generarlo.

Para saber más: La explosión del desorden. Ramón Fernández Durán. 1993.

Leyes de la termodinámica

Las leyes que rigen el comportamiento de la energía se conocen como las leyes de la termodinámica.

El primero de estos principios se denomina ‘principio de conservación de la energía’: establece que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Es decir: la cantidad total de energía permanece siempre inalterable, y constante, pudiendo transformarse de un estado a otro (por ejemplo la energía calorífica que libera la combustión de fuel puede transformarse en electricidad y en calor ambiental) pero sin crearse o destruirse en este proceso.

El segundo de estos principios o ley de la entropía dice que en la transformación, la energía pierde su calidad y se degrada disminuyendo sus posibilidades para el aprovechamiento humano; cambiando en un sentido, esto es, de utilizable a inutilizable, de disponible a no disponible, de ordenada a desordenada.

La formulación de Rudolf Clausius de la ley de la entropía puede formularse como sigue:
"Es imposible la existencia de un sistema que pueda funcionar de modo que su único efecto sea una transferencia de energía mediante calor de un cuerpo frío a uno caliente."


Se denomina reservorio o foco térmico, a una clase especial de sistema cerrado que se mantiene siempre a temperatura constante, aun cuando se le ceda o quite energía por transferencia de calor. Este sistema es una idealización pero podría asimilarse el concepto a la atmósfera terrestre o los océanos.

La formulación de Kelvin-Planck del segundo principio puede expresarse así:
"Es imposible construir un sistema que operando según un ciclo termodinámico, ceda una cantidad neta de trabajo a su entorno mientras recibe energía por transferencia de calor procedente de un único reservorio térmico."


La termodinámica enseña que como la energía y los materiales no se pueden crear ni destruir, lo que entra en forma de factores productivos tiene que salir forzosamente como mercancías y residuos, pero no puede desaparecer.

Para saber más: La bioeconomía de Georgescu-Roegen. Oscar Carpintero. 2006.

Para saber más: Fundamentos de Termodinámica Técnica. Micheael J. Moran y Howard N. Shapiro. 2004.

El decrecimiento: una salida al estancamiento sistémico

Federico Demaria

Hace poco, The Economist acusaba a los líderes de Podemos de sostener propuestas chifladas como el decrecimiento. Pero curiosamente, Podemos no ha sido el único: el consejero de Territorio y Sostenibilidad de Cataluña, Santi Vila, también ha lanzado el debate sobre el decrecimiento en el Parlamento Catalán. ¿Pero qué entendemos por decrecimiento? Este artículo esboza una explicación basada en el libro de recién publicación: Decrecimiento: Un Vocabulario para una Nueva Era (Icaria, 2015). 

En estos tiempos en que muchos intelectuales, políticos y economistas nos dicen que nada de lo que ellos consideran fundamental puede ser cuestionado, el decrecimiento es un término provocador que pone en discusión el falso consenso de que necesitamos crecimiento económico. El crecimiento tiene un precio, es alto, y no merece la pena. Tenemos que poner en el centro de la política la redistribución y la democracia real. Queremos prosperidad sin crecimiento, y se puede, ¡podemos! 

El decrecimiento no ha de entenderse literalmente. Con él defendemos la hipótesis de que es posible vivir mejor con una vida más sencilla y en común, mediante otro tipo de sociedad y economía centradas en la redistribución de los recursos, la sostenibilidad de la vida y del medio ambiente y una democracia real. La propuesta no es reducir el PIB -no hay nada peor que una sociedad dependiente del crecimiento donde no hay crecimiento- sino generar nuevas preguntas y buscar alternativas a la sociedad que tenemos hoy en día basada en un sistema económico capitalista. 

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© Bárbara Castro


Si la recesión es menos de lo mismo, el decrecimiento es simplemente diferente. Propone abandonar la obsesión por el crecimiento económico, que beneficia a unos pocos y arruina a la mayoría. Como alternativa, podemos tratar de alcanzar políticas públicas y estilos de vida que contribuyan al bienestar de las personas, la justicia social y la sostenibilidad ecológica.

El crecimiento ha fracasado en la consecución de estos objetivos. Las investigaciones demuestran que no está relacionado con el bienestar de las personas. En cambio, se puede tener prosperidad sin crecimiento. 

El crecimiento, que debería significar progreso y bienestar, tiene muchas consecuencias indeseables. De hecho, el crecimiento económico siempre tiene unos costes, y estos ya son mayores que los beneficios. Incluso antes de la crisis, había sacrificios. La burbuja inmobiliaria ha destrozado nuestro territorio, y ahora nos encontramos con 5 millones de casas vacías y más de 200.000 personas desahuciadas y endeudadas. Hoy en día se están pidiendo aún más sacrificios a las ciudadanas y ciudadanos españoles. Pensemos en los recortes, la reforma laboral o la disminución de los salarios (que llaman eufemísticamente "aumentar la competitividad del país"). Todo esto se justifica con relanzar el crecimiento. Nos dicen que ahora hay recuperación, pero ninguno de nosotros está notando algún tipo de beneficio. Mariano Rajoy ha admitido que "la recuperación no ha llegado a todos por igual". La verdad es que solo ha llegado a los poderosos, como los banqueros. La crisis será historia solo cuando se acabe con el paro y la desigualdad. 

Decrecimiento no significa menos bienestar. Si no se puede salir del estancamiento sistémico en el cual vivimos con crecimiento, ¿que es lo que podemos hacer? España es una economía madura y es poco probable que pueda volver a crecer al 3-4% como antes. De hecho, la burbuja inmobiliaria demuestra que ha sido necesario endeudarse para crecer. Ahora tenemos que crecer para pagar la deuda, lo cual deriva en una lógica perversa. Necesitamos salir de este círculo vicioso. 

La cuestión central no es generar más riqueza, sino redistribuir la que tenemos. De hecho, España es el país de la OCDE donde, con la crisis, más han aumentado las desigualdades económicas. Es necesario revertir esta tendencia. Una prioridad, por ejemplo, sería afrontar el paro con medidas como la reducción de la jornada laboral, el reparto del trabajo y una renta básica ciudadana.

Hasta poco hubiéramos podido pensar que era difícil convencer a los Gobiernos de la necesidad de no seguir creciendo. Sin embargo, los Gobiernos se cambian con las elecciones. Hay una efervescencia política en España que es prometedora. Hay partidos como Equo o las CUP que hablan de decrecimiento desde hace tiempo, o como Podemos, que ha criticado la obsesión por el crecimiento económico. Por otra parte, cada vez son más las personas que se pronuncian de manera individual o en colectivos sociales contra el crecimiento ilimitado y sus consecuencias. 

Y también hay investigadores y académicos estudiando y elaborando alternativas, como los tres mil participantes de la cuarta conferencia internacional sobre decrecimiento. Nuestro colectivo Research & Degrowth, ha realizado 10 propuestas de políticas públicas a favor de una prosperidad sin crecimiento y que pueden facilitar una transición hacia el decrecimiento. Entre ellas, están abolir el PIB como indicador de progreso económico, establecer límites ambientales, implantar una renta básica y una renta máxima, reestructurar y eliminar parte de la deuda, optimizar el uso del parque inmobiliario, limitar la publicidad, trasformar el sistema fiscal o eliminar ayudas a actividades contaminantes para destinarlas a otras sostenibles. 

En Decrecimiento: Un Vocabulario para una Nueva Era, el libro que acabamos de publicar en inglés y que Icaria publicará en castellano, tratamos estos análisis y propuestas con más detalle. Con él pretendemos contribuir a generar debate social y movilizar a los actores públicos y privados para conseguir una sociedad económicamente más justa, solidaria y respetuosa con el medio ambiente.

Algunos tachan el decrecimiento de utópico. En realidad, la verdadera utopía, en el sentido de falta de realismo, es pensar que podemos seguir con un crecimiento económico infinito en un mundo finito. Hemos comprobado ya que el crecimiento tiene un coste muy elevado que afecta a pilares básicos de nuestra vida. No solo es imposible, tampoco es necesario ni deseable. Ya lo dijo en 1977 André Gorz, fundador de la ecología política y el primero en utilizar la palabra decrecimiento: "La falta de realismo consiste en imaginar que el crecimiento económico todavía puede dar lugar a un mayor bienestar humano". Ha llegado el momento de hacerle caso.