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El maravilloso viaje de lo grande a lo pequeño

Seguir creyendo en esta sociedad excesiva que nos envuelve y ahora descubrimos es irreal se vuelve cada vez más difícil. Los científicos ya no parecen saber tanto ni los dirigentes merecer nuestra confianza. La seguridad en nuestra jubilación y nuestro patrimonio no es la misma. El trabajo y las prisas cotidianas dejan de tener sentido... El petróleo se acabará pronto y con él nuestro alocado tren de vida. Mi primer sentimiento fue como el del enfermo que sabe va a morir, sumido en la depresión, lamentando perderlo todo.¡Lo sorprendente es que, una vez pasada esa convulsión primera, me relajé y empecé a sentirme feliz! Una felicidad serena y “decreciente” ... Desprendiéndonos de lo innecesario y viviendo de forma más sencilla, después de todo, el mundo funcionará mejor. Mi felicidad sigue hoy en aumento. No es sorprendente porque, como dirían los budistas, el camino del desprendimiento facilita la iluminación del espíritu.

Así que “volvemos a la infancia”, como el niño recién nacido que descubre el mundo a cada mirada, pues dejamos de prestar tanta atención a lo antiguo (los veloces coches nuevos, las costosas vacaciones en avión, la última moda de vestir) y miramos, por primera vez quizás, a nuestro alrededor más cercano. Apagando la televisión y sin dejarnos seducir más por las acometidas rabiosos de la publicidad, admiramos pequeñas y hermosas realidades tangibles que nos rodean y que nunca supimos valorar. Es un mundo nuevo de sonidos, imágenes, sabores y texturas repentinamente a nuestro alcance; un mundo maravilloso, en el que nos sumergimos con placer porque sentimos que nos dará muchas más satisfacciones que el artificio en que vivíamos.

Es un viaje emocionante y lleno de sorpresas inesperadas. Una de las últimas fue cuando mi amigo Jose María volvió a ponerme la música de un cantante aún poco conocido por el gran público; tal vez porque los medios pensaron que no vendería lo suficiente, o porque a él no le interesó lo que le proponían los medios. Este cantante -que os recomiendo- se llama Daniel el Higiénico y también hace teatro, creo que monólogos. JM vino a visitarme a Barcelona y como vió que actuaba esa noche insistió en que fuéramos a verle. ¡La sala tenía buen ambiente! Daniel el Higiénico se mete rápidamente al público en el bolsillo. Se le notan muchas tablas y dominio del escenario. Sus canciones son hermosas y descriptivas, vivas y con energía. ¡Fue un concierto estupendo y una gran noche! Seguro que habréis pensado en ocasiones, al descubrir un cantante o un actor o pintor que os parece muy bueno, ¿porqué no será ya más famoso?. Al no ser demasiado conocido, suponemos que no será tan bueno como habíamos creído. ERROR. Dicen los expertos que en la sociedad antigua (o sea, la industrializada actual) lo que no sale en los medios, para el público, simplemente no existe. Por eso una de las primeras medidas a tomar por la persona interesada en decrecer es apagar la televisión, para crear espacio para su propio pensamiento y conocer la realidad. Y mi realidad, mi experiencia me dice que el Higiénico es un gran artista, salga o no salga en “los 40 principales”.

Hay que tener en cuenta que la realidad son un conjunto de ideas negociables, esto es: que algo en lo que creemos firmemente puede sufrir un repentino cambio si conocemos algún dato relevante sobre él (por ejemplo, ese político tan respetable acusado ahora de corrupción). La realidad que suponemos no deja de ser una programación, un software que grabamos en nuestro cerebro-computadora y que de igual manera puede ser borrado o sustituído. Así que podemos decidir qué datos ya no nos interesan y dejar espacio en nuestro disco duro para la nueva información. Lo más difícil es llegar a cuestionarse el modelo en uso, cuando ya lo hemos hecho es una simple decisión del intelecto: en lugar de esto, comenzaré a aplicar esto otro. Para tomar estas decisiones libremente debemos aislarnos de la influencia de la publicidad y otros condicionantes sociales agresivos, como la opinión de mis vecinos, por ejemplo. ¡Todo nos influye! Hay que saber elegir dónde apoyarse.

En esta nueva lógica, el descubrir -o redescubrir- al Higiénico me proporcionó una nueva perspectiva de lo grande y lo pequeño, lo apreciado y lo desconocido. No sé si mis oídos de siempre escuchaban una música que ahora me parecía nueva, o si al revés, eran mis oídos los que habían cambiado, valorando de repente una música que siempre había sonado igual, y yo había ignorado.

Ahora echo la vista atrás y comprendo mejor esas pequeñas asociaciones de pintores, exponiendo con ilusión los cuadros que tanto esfuerzo les ha costado pintar. Mi antigua visión se centraba en técnicas poco depuradas y composiciones repetidas. Era despectiva y poco generosa. Ahora les encuentro un encanto especial, el calor de la mano humana creando algo hermoso para embellecer nuestras paredes. Una vez estuve en la prestigiosa feria de arte contemporáneo de Madrid ARCO, y entre las propuestas interesantes habían no pocas mamarrachadas (estudié Bellas Artes y algo entiendo de arte moderno, ¡no por eso voy a defender todo lo que veo!) a las que se supone debemos dar crédito, aunque sea por los abultados precios que piden por ellas; parece mucho más interesante pescar algo bueno entre los mercadillos de pintura o los supermercados de arte que venden a precios asequibles.

Hay cantantes no muy conocidos, pero grandes profesionales, que actúan en salas cercanas y que nos pueden asegurar una magnífica actuación. Grupos de teatro locales que se harán merecedores de unos cálidos aplausos. En la misma calle hay excelentes músicos y artistas que se sentirán agradecidos si nos detenemos a escucharles con la atención y el tiempo debido y sin prisas absurdas (¡pagadles por su arte, que se lo han ganado!), estudiantes que empiezan y quieren darse a conocer... Todos ellos/as pertenecen al universo de lo pequeño, y ahora, a mis ojos, se han hecho grandes: merecedores de importancia. No por ello despreciaré a las personas o acontecimientos “grandes” (populares); es sólo que ahora prefiero tratar con personas reales que hablar de fotos de periódicos, ver el cuadro original que la imagen en internet, escuchar al músico callejero que al último bombazo de la radio. Cuando ya no resulte posible viajar por cuatro duros para ver las pirámides de Egipto, sabré ser feliz paseando por las calles de mi pequeño pueblo.

Andoni el músiko, 20-3-07

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